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Yo seré tu realidad – Capítulo 10

Capítulo 10: Amigos otra vez
por Eiffel

Los jardines, los corredores, los pacientes… nada había cambiado; como anticipando su llegada, el Hospital Santa Juana parecía recibir a Candy con los brazos abiertos, incluyendo a un apenado doctor Lenard, con quien se encontraba ahora en la oficina de este último. “¿Podrá disculparme por haberla despedido? Nunca antes había yo atentado contra mis propios principios éticos, y me he sentido muy mal desde entonces”, dijo él.

“¿Usted me contrató nuevamente por lo que yo pueda aportar como enfermera o porque se siente culpable por haberme cesanteado de mis servicios?”

El doctor Lenard la miró sorprendido y respondió: “Ambas cosas, aunque la carta enviada por el señor Andley ayudó a reivindicarla a usted y sus credenciales… por lo visto el señor Andley es aún mas poderoso que el señor y la señora Leagan.” Al parecer, no recordaba que Albert era nada menos que el paciente que tiempo antes él mismo había enviado al solitario cuarto cero.

“Así es, mucho más poderoso… aunque no dejo de sentirme incómoda por las circunstancias en las cuales regreso a mi trabajo.”
“No debería, señorita White…soy yo quien le pide que nos dé otra oportunidad así como el honor de hacerla parte de nuestro equipo de enfermeras. Si desea, puede comenzar mañana mismo.”

“¡Trato hecho!”, exclamó ella con alegría, intentando con ello aliviar la vergüenza del galeno. “¡A primera hora nos vemos!”

“¿Ha pensado dónde va a vivir?”

“Regresaré al hospital… ya no hay razón por la cual deba rentar un departamento.” Se levantó y caminó hacia la puerta. “Doctor Lenard… comprendo lo sucedido, y sé que no fue su intención haberme despedido. Puede contar con mis servicios nuevamente.”

“No sabe la alegría que me da tenerla con nosotros nuevamente, señorita White. .. gracias por entender.”

“Puede estar tranquilo, doctor Lenard”, dijo ella, y salió de la habitación.

Conforme pasaban los días, Candy procuraba por todos los medios mantenerse ocupada con sus pacientes, asistiéndolos con regularidad incluso en sus horas de descanso, y de esta manera podía apartar su mente de Archie y de todo el tumulto de emociones que él había provocado en ella. ¿En qué momento ella había dejado de pensar en él como un amigo? ¿Y en qué momento le había faltado a Annie y a su promesa de ser amigas por siempre? No era de amigos traicionarla con pensamientos sobre quien fuera su novio.

Pensó en aquella tarde en la que Archie apenas había alcanzado a declarar su amor por Candy, y ella misma lo había instado a aceptar a Annie y el amor que ella le prodigaba. ¿Por qué no lo había escuchado entonces? Ahora viviría para siempre con la duda sobre lo que acontecía en el corazón del menor de los hermanos Cornwell.

¿Qué sentía Archie por ella en la actualidad? ¿Amistad, acaso? ¿O al igual que ella, confusión? Por momentos le daba la impresión que ahora Archie la trataba con agradable intimidad y su amistad se había vuelto mas profunda… pero no podía estar segura de ello.

“No estoy lista para amar de nuevo”, se dijo en voz alta una noche mientras daba vueltas de un lado a otro de su cama, intentando dormir. “La última vez que lo hice, salí lastimada y esa herida me ha marcado profundamente… ¡tal vez para siempre!” Y no era para menos, pues los diarios no dejaban de reseñar el cada vez más cercano estreno de Romeo y Julieta en Chicago. Terry… ‘Justo cuando pienso que lo he olvidado, siempre hay algo que lo trae de regreso a mi vida. Terry, ¿qué siento por ti realmente?’

Al día siguiente Candy se disponía a tomar un paseo en su día de descanso, cuando divisó un par de siluetas conocidas caminando en dirección a ella. No podía ser… tan pronto… “¡Annie! ¡Albert!”, gritó, corriendo al encuentro de sus dos amigos.

“¡Caaandyyy!”, exclamó Annie, con su particular tono de voz.
Ambas se abrazaron, Candy riendo… Annie llorando. “¡Annie, qué alegría verte, estás radiante! Y tú, Albert, ¿qué esperas para saludarme?”

“No quería interrumpir este momento exclusivo de mujeres”, respondió él con una sonrisa, y extendió sus brazos para recibir a la enfermera.
Candy se refugió en el pecho de su amigo y padre adoptivo, y no pudo evitar llorar de la emoción. “Albert, Annie… ¡no saben cuánto los he extrañado! Cerca de aquí hay un banco donde podemos sentarnos,¿ les parece bien?”

“Claro que sí, Candy”, dijo Annie, abrazando a Albert por la cintura, y Candy vio cómo el la abrazaba también, y el desconcierto se apoderó de ella. ‘¿Qué está pasando aquí?’, se preguntó.

Los tres tomaron asiento, y esta vez Candy advirtió el intercambio de miradas entre sus dos amigos. “Por sus caras de felicidad es evidente que tuvieron éxito en su encomienda.”

“Así es”, dijo Albert, y decidió ir al grano con Candy. Nunca había tenido secretos para con ella, y hoy no iba a ser la excepción. “Candy, Annie y yo tenemos algo que decirte…”
“¿Necesitas hablar a solas con ella, amor?”, preguntó Annie.

“Puedes quedarte, de todos modos ya tú y yo hablamos sobre esto y no tenemos nada que ocultar. Candy, antes de mi partida yo te había pedido que fueras mi esposa, y no aceptaste. ..¿pues sabes? Sin faltarte el respeto, ¡fue lo mejor que pudiste haber hecho! En África pude hacer un autodescubrimiento de mí mismo, y ahora sé con toda certeza que lo que había sentido por ti no había sido sino un espejismo, una ilusión recreada por mí en el momento en que más necesitaba de alguien que me ayudara a sobrellevar mi pasada crisis de salud.”

“¿En serio piensas así?”

“No me malentiendas; no estoy menoscabando tus hermosas cualidades, sigues siendo una chica encantadora para mí. Lo que quiero decirte es que durante el viaje descubrí que el verdadero amor se puede encontrar en cualquier momento y en la más inusual de las circunstancias. Candy… Annie y yo somos novios.”

Candy miró a Annie, quien se había ruborizado ante las palabras de su amado… y luego miró a Albert. “¿Es una broma, verdad? “

“No, Candy”, habló su amiga. “Sé que es muy difícil de creer, pero lo cierto es que en todo este tiempo yo creía estar enamorada de Archie… ahora comprendo que en lugar de un verdadero amor, yo había desarrollado una dependencia de él… dependencia que antes tenía contigo, con la Señorita Pony y la Hermana María, con mis padres… en esa dependencia utilicé a Archie y en medio de todo yo estaba segura de que lo amaba. ¡Qué equivocada estaba! No hice más que alejarme y de repente todo me quedó claro… yo me había hecho a la absurda idea de siempre depender de alguien a mi lado para ser feliz, de no valerme por mí misma… pero en África descubrí unas facetas de mí que yo misma desconocía. Aprendí a ser útil, a tomar riesgos, a enfrentar los peligros… y aunque no me propuse tener una relación nuevamente, no pude evitar enamorarme de Albert.”

“Aún no puedo creer lo que me dicen”, dijo Candy, y por vez primera se sintió fuera de lugar, como si estuviera hablando con dos extraños y no con sus amigos.

“Sé que es muy difícil de comprender”, interrumpió Albert. “Todo sucedió tan rápido… aún para nosotros. De lo que sí estamos seguros es de que esta vez nuestros sentimientos son reales.”
Candy se apartó. “¿Y en dónde quedo yo, Albert?”

“¿Te molesta que Annie y yo estemos juntos, Candy?”

“No… es sólo que… Annie, todo este tiempo yo pensé que estabas sufriendo por Archie…”

“Lo hice, y me sobrepuse, como tú lo hiciste con Terry…” Annie se alarmó ante el casi imperceptible gesto de dolor que hizo su amiga, “¿… o no, Candy?”

“Supongo que sí.”

“Candy”, dijo Albert. “Creo saber lo que te inquieta. Temes que Annie y yo estemos tan concentrados en nosotros que vamos a hacerte a un lado y ya no nos preocuparemos por ti, ¿no es así?” Al ver la respuesta en los ojos de su amiga, avanzó hacia ella y la tomó en brazos. De inmediato Candy se sintió protegida, y dio rienda suelta a sus lágrimas.

“Albert, Annie… ¡no quiero quedarme sola!”

Annie la abrazó también. “Nunca has estado sola, amiga. Lo que ocurre es que siempre has salido adelante por ti misma sin depender de nadie, y en ocasiones el destino te ha alejado de nosotros. Pero te prometo que nuestra amistad nunca cambiará, ¡ni tampoco la de Albert!” Ambos la abrazaron con más fuerza.

“Perdónenme…¡ todo esto es tan extraño para mí!”

“No tienes que disculparte”, dijo Albert. “En tu lugar yo me hubiera quedado sin habla!”

Pero había algo en la mirada de Candy que preocupaba sobremanera a Annie; era como si su amiga llevara consigo una carga muy pesada…el peso de una culpa… “Albert, ¿recuerdas que a la vuelta de la esquina había un señor vendiendo helados? ¿Te gustaría comprar helados para todos?”

Albert captó el mensaje de su novia… necesitaba estar a solas con Candy. “¿De qué sabor lo prefieres?”

“Yo no quiero”, dijo Candy.

“Yo prefiero uno de vainilla”, dijo Annie.

“Está bien”, dijo Albert, alejándose de las dos jóvenes.
Annie tomó las temblorosas manos de Candy entre las suyas, desconociendo a su amiga por completo. “¿Hay algo más que te preocupa, Candy?”

Candy no se atrevía a levantar la mirada, y cuando al fin lo hizo, Annie pudo ver sus ojos verdes atormentados. “¡Annie, he sido una mala amiga!”

“¿Por qué lo dices?”

“No he estado tranquila estas últimas semanas… por un lado, tiemblo de pensar que muy pronto Terry va a estar en esta ciudad, y por el otro…¡Annie, estoy tan confundida!”

“Puedes confiar en mí, Candy.”

“¡Después de lo que voy a decirte, lo dudo mucho!”

“Estaré preparada para lo que sea.”

“Está bien”, Candy tomó aire y lo soltó diciendo, “He estado pensando en Archie, más de lo que imaginas. Hemos estado más tiempo juntos, y pienso en él noche y día. Veo muchas cosas hermosas en él y… ¡Annie, siento que te he traicionado!” El llanto volvió a apoderarse de ella.

“Oh, Caaaandy…” Con su mano enjugó las lágrimas de su amiga, y comenzó a reír.

“¿Te ríes? ¿Qué puede ser tan gracioso si apenas acabo de decir que me gusta Archie?”

Annie dejo de reír. “Lo siento, Candy, mas que reírme de ti me reía de mi misma y de lo absurdo que fue haber estado con Archie. Candy, no me has traicionado, tú y Archie son libres de escoger con quién desean estar…”

“De todos modos no debí haberme fijado en el novio de mi amiga.”

“Ya sabías que habíamos terminado, y estoy segura que de Archie y yo haber seguido juntos, hubieras respetado nuestra relación… Candy, soy yo quien está en deuda contigo, por tu amistad incondicional, no debí haber rechazado tu visita cuando terminé con Archie.”

Y al ver que Candy permanecía en silencio añadió: “Ahora es mi turno de hacer algo por ti, pero por favor no le digas a Archie sobre esta conversación…”

“¿Qué es, Annie?”

“¿Recuerdas la carta que te envié? En ella te decía que había un hombre que esperaba por ti… ese hombre es Archie, Candy. Nunca dejó de amarte, y empiezo a creer que tú también lo amas.”

“¿Me ama? ¿Archie ME AMA?”, preguntó Candy con incredulidad.

“Sí… él siempre te ha amado, mas a mí no me importo, y continué amarrándolo a mí, sin importar cuáles eran sus verdaderos sentimientos. Estaba pensando verlo para pedirle perdón… Candy, siempre has sido valiente, ¡no te cierres al amor! Sé que has tenido mala suerte, y no deseas volver a sufrir, pero tarde o temprano tendrás que comenzar de nuevo, y ya has comenzado a sanar, es sólo que aún no lo sabes.”

Candy apenas escuchaba a su amiga. ‘Me ama…¡ Archie me ama!’, pensó con júbilo. De repente Chicago le parecía más resplandeciente, y la luz del sol era más brillante.

Horas más tarde, Annie y Albert se encontraban con Archie en la mansión Andley, y este último no podía creer que Annie lo saludara sin resentimientos…entonces la joven pareja contó a Archie lo acontecido en África, y Archie no salía de su asombro. “Tú y Albert… ¡es increíble! ¡Me alegro tanto por ustedes!”

“Gracias, Archie”, dijo Annie, y mientras Albert y la tía Elroy preparaban un postre, decidió poner fin a la cadena de amargura que ella misma había creado. “Quiero pedirte perdón por la manera en que forcé las cosas… tenías razón cuando me dijiste que nuestro noviazgo no iba a conducir a ninguna parte y que casarnos hubiera sido un error…”

“¿Perdón? No tengo nada que perdonarte; ¡soy yo quien tiene que pedir perdón por todo lo que te hice sufrir! La decisión de ser novios no fue tomada únicamente por ti, Annie: ¡yo también estuve de acuerdo! Mi intención era no hacerte daño pero mientras más pasaba el tiempo empeoraban aún más las cosas. También te pido perdón por el modo tan abrupto con el que rompí contigo, debí tener mas tacto al hacerlo.”

“Entonces estamos a mano, ¿verdad, Archie?”

“Sólo si tú me perdonas”, contestó, pero al ver a Annie a los ojos, supo que ya lo había perdonado. “Gracias, Annie… pensé que no querías verme nunca más, y no aguantaba el cargo de conciencia. ¡Gracias por seguir siendo mi amiga!”

“Sólo hay algo que me resta por decir, Archie”, interrumpió Annie. “Busca a Candy. Ella está confundida ahora, pero dale tiempo y veras cómo ella va a llegar hasta ti. Si tienes paciencia, vas a tener lo que siempre has deseado.”

“¿Lo dices en serio?” preguntó Archie estupefacto, y en eso llegaron Albert y la tía Elroy. ¡Qué enorme esfuerzo estaba haciendo ahora la tía abuela en llevarse bien con todos! Pero no era la tía abuela quien lo tenía desconcertado, sino las palabras de Annie… ¿quién mejor que Annie para conocer lo que sucedía con Candy? Su corazón palpitó como nunca antes lo había hecho… Candy y él juntos…y por primera vez desde que la conoció, Archie tuvo un presentimiento que esta vez las cosas entre él y Candy sí iban a cambiar después de todo.

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12 – Gran final

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4 comments

  1. ME ENCANTA ESTE FANFIC, GRACIAS POR ACTUALIZARLO, ESTA MUY BIEN ESCRITO, FELICIDADES A LA AUTORA.

  2. este fanfic esta super espectacular me encanta pero me gusta mas candy con terry que con archie

  3. A MI TAMBIEN, MARIE, ME GUSTA MAS TERRY… GRACIAS POR LEER!

  4. gracias a ti por estar siempre creando cosas sobre candy no se pero cada vez que leo algo mas sobre ella me gusta mas
    jijijiji

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