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Una puerta abierta hacia el pasado

por Dorita

Unos años después del final de la serie y de la separación de Terry y Candy, Terry hace una visita al hogar de Pony.

Martes

El carruaje avanzaba lentamente por el camino al Hogar de Pony. Sentada en el asiento trasero, Candy pensaba tan profundamente que no veía el paisaje. Regresaba de un almuerzo con Albert. Desde hacía ya mucho tiempo él la invitaba a salir, a comer, al teatro, a tomar el té. Candy aceptaba porque era divertido salir de vez en cuando del Hogar de Pony como una chica de su edad y pasarla bien. Pero, desde hacía un par de meses, las salidas habían dejado de ser agradables, un día que Albert, de la nada, le había propuesto matrimonio a Candy.

Esa “locura”, como le decía ella, había sido una de las sorpresas más grandes de su vida, sobre todo porque nunca se había puesto a pensar en Albert de esa forma. Él era su hermano mayor, y más recientemente ocupaba el lugar de lo más cercano a un papá. Pero por delicadeza, no quiso darle una negativa tan bruscamente y le dijo que lo pensaría. Y habían pasado los días, las semanas, los meses y Candy no le daba respuesta. Es más, Albert no volvió a mencionar el tema, esperando que Candy tomara la iniciativa. Pero Candy no sabía eso y no decía nada, esperando ingenuamente que se le hubiera olvidado.

Lo cierto era que en esos tres meses, ella había tratado. De verdad había intentado sentir algo por Albert. Pero sencillamente no podía. Lo quería, sí, pero no había ni una décima parte de la pasión y de la emoción que había sentido brevemente con Anthony y más tarde tan intensamente con Terry. Todos los días se regañaba interiormente, pues indudablemente él era un excelente partido: era muy guapo, rico y era una persona bondadosa y generosa. Pero por más que Candy se forzara, no se podía enamorar de él. Y sabía que tarde o temprano tendría que explicárselo. Le haría mucho daño, pero ya las cosas no podían seguir así, Candy no estaba feliz de verlo con esa mirada ansiosa todo el tiempo. Tomó su decisión: la próxima vez que salieran, le diría a Albert que no podía aceptar casarse con él.

Mientras Candy iba en camino al hogar de Pony, un carro manejado por un joven de cabellos negros se detenía frente a la casa. El joven se bajó rápidamente y tocó a la puerta. La hermana María abrió:

« ¡Dios mío! ¡Si es Terry! »

Candy se bajó del carruaje de los Andrey y se despidió amistosamente del chofer, que era el que siempre la acompañaba cuando Albert no podía llevarla personalmente al Hogar de Pony. Abrió con su llave y cerró cuidadosamente la puerta sin haber notado el carro que estacionaba a un costado de la casa. Se quitó los guantes y saludó jovialmente:

« ¡Hola a todos! ¡Hace frío afuera!

– ¡Candy! » exclamó la señorita Pony en un tono ahogado.

Sólo entonces Candy se percató de la presencia de un extraño en el cuarto. El hombre estaba sentado de espaldas a ella con lo que parecía ser una taza de té en sus manos. La hermana María se excusó:

« Lo siento mucho, pensábamos que ibas a demorar más. »

Las dos mujeres se levantaron y salieron del cuarto. Candy no se había movido, perpleja. No entendía el porqué de la turbación de sus dos “mamás”. Miró al hombre con más atención: un momento… ¿esos cabellos negros? ¿esas manos tan finas? En ese momento, él se volteó lentamente.

« ¡Terry!»

Por poco se le caen los guantes a Candy. Terry se levantó completamente de la silla y la miró directo a los ojos.

« Candy… »

Después de la sorpresa inicial, la muchacha se repuso rápidamente y puso los guantes sobre la mesa sin volver a mirar a Terry. Dijo, imperturbable:

« ¿Qué haces aquí, Terry?

– Mi compañía está de gira por Chicago esta semana. Llegamos ayer lunes. Yo… me preguntaba qué era de tu vida y… decidí venir a visitar a la señorita Pony. No sabía que estarías viviendo aquí. »

Al notar que era té lo que Terry estaba tomando Candy se dirigió a la estufa para servirse un poco, sólo para tener algo que hacer que no fuera estar de frente con Terry. Sin dejarse impresionar, el muchacho preguntó:

« ¿Cómo has estado?

Bien -dijo ella brevemente.

Me han contado que trabajas aquí de enfermera. ¿Qué pasó con el hospital?

Yo… eeh… tuve un problema por culpa de Elisa y decidí venir a trabajar aquí. Después de todo siempre he sido feliz aquí.

Me alegra que hayas salido adelante. Yo, por mi parte, tengo el papel de Hamlet… »

Terry siguió hablando pero Candy dejó de escucharlo. Muchas veces se había imaginado como serían las cosas si se volvieran a encontrar. Nada de esto era lo que se esperaba. Sin aguantar más, soltó abruptamente la pregunta que le quemaba los labios:

« ¿Cómo está Susana? »

Al decir esto, volteó a verlo. Sorprendido, él dejó de hablar y la miró sin decir nada. Por fin le respondió mirando insistentemente a su taza de té:

« Susana y yo no estamos juntos. Nos separamos hace mucho tiempo. Cuando regresé de… eeh… un viaje, ella me estaba esperando con una noticia. En esa época sólo estábamos comprometidos. Me dijo que un admirador había venido a verla durante mi ausencia y que era un amigo de su infancia. Para ser breve, me dejó. Rompió nuestro compromiso, porque según ella, yo no la amaba como ella quería, mientras que este amigo estaba dispuesto a casarse con ella y a hacerla feliz. No tuve ningún inconveniente con ello, es más, me alegré de que hubiera encontrado alguien. » concluyó Terry en un tono serio.

Durante la explicación Candy se había sentado en la mesa. En realidad, sentía que no tenía ningún derecho de hacerla esa pregunta a Terry, así que permaneció callada. Terry interrumpió el silencio:

« Todos los días me pregunto cómo habría sido mi vida si no te hubiera dejado ir de Nueva York. »

Candy, que había estado mirando la mesa distraídamente, se sobresaltó y miró a Terry involuntariamente. Pero él estaba absorto contemplando la pared como si hubiera pensado en voz alta. Cerró los ojos y continuó:

« No te he podido olvidar, Candy. Susana… Susana no era ni la sombra tuya, jamás llegué a amarla. Es más, creo que nunca amaré a nadie si no eres tú. Ha pasado tanto tiempo desde aquella vez… Pensé que a estas alturas ya estarías casada con alguien… tenía miedo que la señorita Pony me dijera algo así, pero, Candy, realmente estoy muy feliz de haberme encontrado contigo así. Todavía te am…

¡Basta! ¡Basta, Terry, basta! »

Candy se levantó bruscamente de la silla, volcándola al piso. ¡Estaba furiosa! Si no hubiera interrumpido a Terry, ¡él habría dicho tranquilamente semejante barbaridad! Caminó nerviosamente hacia el fregador y regresó a la mesa, con las mejillas encendidas de rabia. Terry no decía nada, sorprendido por esta reacción. Ella gritó:

« ¡Después de todos estos años…! ¡Tú tienes el descaro…! ¡No tienes ningún derecho de venir así a mi casa y soltarme *eso* en mi cara!

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¡La gente cambia! -Candy seguía fuera de sí. ¡Tus palabras han venido muy tarde!

¡Candy! -Terry se puso serio. ¿Qué estás diciendo? ¿Ya me has olvidado? ¿Ya no me amas?

¡NO! »

Candy gritó la respuesta despiadadamente y le dio la espalda a Terry. Él no pudo dejar de pensar que su respuesta había sido demasiado rápida. Sin voltear a verlo, la chica dijo fríamente:

« Por favor, vete. Tú no mereces estar en esta casa. Vete. »

Terry se levantó sin una palabra y tomó su abrigo que estaba en una silla. Caminó hasta la puerta, decepcionado. Cuando puso la mano sobre la manija, una voz interna le rogó a gritos que dejara su orgullo a un lado y no se fuera. Se volteó: Candy aún estaba parada sin moverse frente al fregador. Terry respiró hondo y soltó:

« Candy, yo… lamento que esta conversación se saliera de la tangente. He perdido dos veces a mi novia Candy. La primera vez, la perdí porque era demasiado niño para tomar la decisión de permanecer con ella. Me dieron una segunda oportunidad, pero… -hizo un gesto de disgusto con su mano pues no quería hablar de ello. Ahora que nos hemos encontrado una tercera vez, por favor, no me digas que debo perder a mi amiga Candy. Porque ha sido tu amistad, más que nada, la que me ha ayudado a seguir adelante en cada momento de mi vida. Por favor, dime que si vuelvo en la semana me recibirás y tal vez aceptes salir conmigo alguna vez. »

Terry observó como los hombros de Candy se relajaban. La escuchó suspirar y responder pausadamente:

« Sí. Me agradaría. »

Entonces Terry giró la manija y se fue lanzando un breve adiós. Candy se sobresaltó al oír la puerta cerrarse: típicamente Terry, irse así tan bruscamente, dejándola esperando mucho más. “¿Algunas cosas no cambiarán nunca?” se preguntó mientras salía al pasillo a saludar a los niños.

Miércoles

Candy estaba haciéndole un vendaje a una niña que se había caído al jugar con sus amiguitos, cuando escuchó una gran conmoción afuera. La niña empezó a moverse con impaciencia:

« ¡Apúrate, Candy, quiero ir a ver qué pasa!

Pero, Carla, si no dejas de moverte, no te podré sanar tu herida. Listo, ya está. ¡No corras! » le advirtió inútilmente a la niña que se precipitó afuera.

Aún recogía los instrumentos de enfermería cuando Carla regresó otra vez, muy animada:

« ¡Candy, Candy! ¿Adivina?

¿Qué pasa, linda?

¡Es un muchacho! ¡Tiene un carro azul y dice que ha venido a verte! »

Candy guardó la cajita de primeros auxilios con mucha calma, porque sospechaba que era Terry, ya que Albert no tenía ningún carro azul. Efectivamente, la puerta del Hogar de Pony, que Carla había dejado abierta, dejó pasar al joven. No saludó a Candy, sino que la miró directamente a los ojos. Ella mantuvo su mirada, repitiéndose interiormente que no eran más que amigos.

« ¿Quieres venir a dar una vuelta conmigo? Acabo de terminar mi ensayo de la mañana y tengo un poco de tiempo antes del de la tarde. »

Candy asintió y fue a ponerse algo más apropiado que su vestido viejo y su delantal de enfermera. Unos minutos después, se iba con Terry hacia Chicago. Recorrieron la ciudad hasta que Terry detuvo el carro en un parque.

Se pusieron a caminar por las veredas, cada uno ensimismado en sus pensamientos. Como era otoño, las hojas caían de los árboles, formando una alfombra marrón, verde y roja sobre el camino. Terry no quería iniciar ninguna conversación pues para él era más que suficiente estar así, caminando junto a Candy. Las palabras sobraban. Llevaban casi una hora en silencio cuando Candy soltó de repente:

« ¿Sabes, Terry? Albert… Albert me ha pedido que me case con él. Pero aún no le he respondido. Ya que estamos saliendo así ahora, pensé que sería justo que supieras. ¿Quieres seguir viéndome después de esto? »

Terry se había detenido al oír esas palabras: que Albert ¿QUÉ? Recordó el día que había venido a Chicago, miserable y borracho, buscando a su Candy. Al encontrarse con Albert, éste le había asegurado que Candy estaba muy bien y lo había convencido plenamente de que su lugar no era junto a ella, sino junto a Susana. Y él había regresado junto a ella en Nueva York, sólo para enterarse que quería romper con él. ¡Así que el discursito altruista de Albert no era más que una farsa para satisfacer su egoísmo y sus ganas de quedarse con Candy! Terry apretó los puños, furioso. Pero recordó que Candy no sabía nada de lo sucedido, así que adoptó su máscara impasible al responder mientras seguía caminando:

« ¿Qué quieres decir con que si quiero seguir viéndote? Claro que quiero seguir viéndote. Después de todo ¿no somos amigos? Tu vida con Albert no tiene nada que ver con nuestra amistad. »

Candy se sorprendió un poco de la respuesta de Terry, pero tuvo que admitir que tenía razón. El trato había sido ser amigos y él se estaba comportando como tal. Caminaron un momento más sin decir nada hasta que decidieron volver.

Terry pasó por el teatro antes de ir al Hogar de Pony, porque no había avisado que se ausentaría por tanto tiempo. Pero al llegar, le informaron de una mala noticia: el actor que interpretaba a Horacio estaba enfermo y habían llamado al suplente, por lo que tenían que empezar el ensayo de inmediato. Terry se excusó con Candy al no poder llevarla de regreso al orfanato y le consiguió al chofer de la compañía para que la condujera hasta allá.

Al llegar al Hogar de Pony, otra sorpresa esperaba a Candy: Albert estaba sentado en el portal contándole historias a los niños. Candy se bajó del carro a toda prisa para que él no se diera cuenta de qué carro se trataba. Se sentía extrañamente culpable por haber estado con Terry. Albert se levantó al verla y la fue a saludar efusivamente:

« ¡Candy! ¿Dónde has estado?

Eeh… yo salí a dar una vuelta, Albert… -explicó ella zafándose del brazo que Albert insistía en ponerle en el hombro.

Ah, sí, los niños me dijeron que te habías ido con un amigo

Eeh… sí… -Candy se sonrojó e inventó: Era Archie, vino a buscarme para… ¡ir a comprar algo para la boda, sí! Era un secreto… »

Albert le sonrió cariñosamente y Candy se asombró de lo fácil que era decir mentiras. Pero por otro lado, pensó que Albert le creía sin dudarlo porque ella nunca le había dado razones de desconfiar de ella. Se sintió muy mal: “Ahora ya no puedo decirle la verdad, sabrá que trataba de escondérselo… no veo por qué lo hago…” Pero Albert la sacó de sus pensamientos exclamando:

« ¡Salgamos hoy en la noche, Candy! ¿ Te parece?

Sí, claro, ¿por qué no? ¿Adónde iremos?

Es una sorpresa. Te pasaré a buscar a las 8:30. Nos vemos, Candy. »

Mientras esperaba a Albert sentada en el portal, Candy alisó su vestido cuidadosamente. Recordó que mientras peinaba sus rizos dorados, se había acordado de su decisión de hablar con Albert sobre su propuesta la próxima vez que salieran. Inconscientemente había escogido un vestido sencillo y no tan despampanante para no hacerle más daño. ¡Pobre Candy, si hubiera sabido!

Albert la pasó a recoger a la hora acordada y se fueron a Chicago. Él se obstinaba en no revelar a Candy el lugar donde la llevaba. ¡Pero cuál no fue el horror de Candy cuando vio que Albert se estacionaba frente al teatro!

« ¿Al teatro? ¡Albert! Yo… ¡yo no creo que sea una buena idea!

Tonterías, Candy, hace rato que no venimos, vamos, ¡será divertido! -exclamó Albert enseñándole los dos boletos.

Pero yo no… es que… ¡yo de verdad no quiero ir! -Candy estaba dispuesta a llorar ahora.

Te va a gustar, Candy, es Hamlet. Debiste leerlo en el Colegio San Pablo. Además, ya compré los boletos.

¡Pero Albert! »

Albert la tomó de la mano como a una niña de cinco años y la arrastró literalmente hasta el teatro. Él no sabía cuál era la compañía, ni el actor principal de la obra, sólo había pasado por esa avenida y había visto que estaban dando Hamlet: no lo pensó dos veces y compró los boletos para invitar a Candy. No entendía por qué Candy estaba tan nerviosa, pero no le prestó mucha atención: ella nunca dejaría de sorprenderlo.

Candy ya estaba resignada cuando entraron y dejó de oponer resistencia. Albert le ofreció el brazo, pero Candy lo ignoró. De repente, al pie de la escalera, todas las interrogantes de Albert fueron respondidas cuando se toparon con un cartel que decía en letras muy grandes: TERRY GRANDCHESTER EN: “HAMLET”, acompañado por una foto de Terry. Albert se paró en seco y le bastó una mirada para comprender que Candy sabía que Terry estaba en la ciudad y que esa era la razón por la cual no había querido entrar. Pero fue el temor y la culpa que encontró en los ojos de Candy lo que le confirmaron su terrible sospecha:

« ¡ Candy! ¡Tú ya sabías que él estaba aquí! »

Candy se cubrió la cara con las dos manos. Albert se puso muy furioso al ver esta reacción. Agarró a Candy por los hombros y la sacudió, fuera de sí:

« ¿Por qué te pones así, Candy? ¿Te has estado viendo con él? »

Candy, asustada de verlo tan descontrolado, asintió mirándolo sin saber cómo lidiar con este Albert. Él siguió gritando y sacudiéndola:

« ¿Hoy? ¿Fue con él que saliste hoy? ¿Por qué me mentiste? ¿Es ésta la razón por la cual no has respondido a mi propuesta? ¿¿Aún amas a ese tipo??

Basta, Albert, no grites… » lloró Candy.

En ese momento, Terry salió a la entrada frontal del Teatro: como actor principal tenía que recibir al Alcalde de Chicago. Vio a Candy y a Albert en medio de la acalorada discusión y no dudó en intervenir cuando notó que Candy estaba llorando. “¡Candy! ¡Llorando! ¡Y es Albert el que le está haciendo daño!”

« ¿Qué está pasando aquí? » gritó con voz terrible y corrió hacia la pareja. Albert, sorprendido, soltó a Candy, que exclamó:

« ¡Terry!

¡Candy! ¿Por qué estás llorando? ¿Estás bien? -se inquietó poniéndole la mano en el hombro.

¡¡No te metas en esto, Terry!! »

La advertencia de Albert llegó en un tono amenazador. Terry quitó su mano del hombro de Candy y miró a Albert de arriba abajo con desprecio:

« No me hables, Albert. Lo que tú me has hecho, más bien, lo que tú nos has hecho, no tiene nombre. ¡Qué vergüenza haber creído que eras un amigo! »

Terry se refería, por supuesto, al incidente de años atrás en Chicago. Albert lo sabía y quitó la mirada: esa era una de las cosas que más lo torturaban de noche. De no haber convencido a Terry, él y Candy se hubieran encontrado… reconciliado… y él habría perdido a Candy para siempre. Pero al recordar la actitud de Candy unos minutos antes, se preguntó si alguna vez había estado tan siquiera cerca de tenerla. Toda la cólera le volvió y miró a Candy furiosamente. Ella, que no sabía de qué estaba hablando Terry, no pudo resistir el odio que vio en los ojos de Albert y salió corriendo del teatro llorando desconsoladamente.

Terry y Albert se midieron con la mirada. Terry sabía que Albert era mucho más fuerte que él y que en un par de minutos lo dejaría fuera de combate. Pero no se movió, decidido a dar una buena pelea si Albert hacía ademán de moverse. Pero Albert no se movió. Quería pegarle a ese muchachito que venía a llevarse su pequeña esperanza de estar junto a Candy. Pero se acordaba del chico rebelde que había conocido en Londres y simplemente no podía pegar primero. Permanecieron un largo minuto así, simplemente mirándose, esperando al que pegaría primero.

Pero Terry fue mucho más sensato y dio media vuelta para seguir a Candy. La encontró sentada en un rincón apartado de las escaleras principales afuera del teatro. La chica lloraba, con la cabeza entre las manos. Terry se arrodilló lentamente junto a ella:

« Candy… »

Ella levantó la cabeza, tímidamente. El corazón de Terry se rompió en mil pedacitos al verla tan triste. Le secó las lágrimas del rostro con una caricia involuntaria. Al ver que no tenía éxito, le ofreció su pañuelo:

« No llores más, pecosa… Quiero que te veas feliz. Toma.»

Candy tomó el pañuelo y se secó el rostro. Lo sostuvo frente a sus ojos y dijo pensativamente:

« Todavía usas de estos… »

Era de los mismos que Terry usaba años atrás. Ambos cerraron los ojos: Terry recordó la vez que le había dado su pañuelo en Escocia y los días felices que habían pasado. Pero Candy, más realista, recordó el día que Terry había venido con su compañía por primera vez a Chicago. Recordó haberlo llamado inútilmente en el teatro, haber recorrido toda la ciudad para buscarlo, sin éxito y finalmente a Susana en el hotel. “Me estaba mintiendo, seguro que sí” pensó con amargura y le devolvió su pañuelo a Terry. Pero él se lo volvió a poner en la mano:

« No. Quédate con él. -Candy lo miró, perpleja y él aclaró, mirando hacia otra parte: Yo tengo la armónica. ¿Qué tienes tú? »

Dos últimas lágrimas cayeron de los ojos de Candy. Se las enjugó y guardó el pañuelo en su bolso. Terry le puso un dedo en la barbilla para obligarla a mirarlo:

« Candy… ahora puedes hacer dos cosas. Una es ir con Albert, aclarar lo que haya pasado entre ustedes y reconciliarse. La otra es quedarte conmigo y ver la obra. »

Candy lo pensó un momento y decidió irse con Terry: nunca había visto a Albert tan furioso y le daba miedo volver a verlo cuando estaba tan alterado. Tomó la mano que Terry le extendía para levantarse y dijo:

« Prefiero ver la obra… pero… Albert se quedó con los boletos. »

Terry soltó una gran carcajada:

« ¡Candy! ¡Soy el actor principal! ¡No tienes ni que preocuparte por eso! »

En nuestros días, diríamos que Terry le consiguió a Candy un V.I.P y ella pudo ver todo muy cómodamente. La obra quedó excelente, y la actuación de Terry como Hamlet fue soberbia. Al día siguiente los críticos dirían que había sido la mejor actuación de toda su carrera. Pero claro, nadie sabía que la razón de la pasión que supo darle a sus líneas tenía mucho que ver con una jovencita de pecas que estaba sentada en la sala. Ella estaba maravillada al ver cómo Terry, el joven que estudiaba obras de Shakespeare en Escocia, ahora se había convertido en un formidable actor, reconocido, respetado y admirado por todos. Sin saberlo, se sentía muy orgullosa de él, y de haber estado junto a él cuando descubrió su vocación.

Al terminar la obra, el público se deshizo en calurosos aplausos y Candy estaba segura de que Terry la había mirado al hacer la venia. Sin embargo, ya la mayoría de los espectadores se habían retirado del teatro y Candy estaba sola en los pasillos, esperando impacientemente a Terry: ¿qué lo demoraba tanto? De tanto dar vueltas se encontró con la puerta que daba a los camerinos. Armándose de todo su valor, la abrió.

Se encontró con otro pasillo, pero éste estaba lleno de actores aún disfrazados, que corrían de un lado a otro y hablaban animadamente. En el suelo habían guiones, accesorios como sombreros, decoraciones y hasta maderas viejas. Candy llevaba un buen momento parada en la puerta, observando este lado de la farándula con desconcierto, cuando un guardia muy corpulento se le paró enfrente:

« ¿Qué está haciendo aquí, señorita? No puede entrar.

Es que yo… soy una amiga de Terry Grandchester. He venido a… buscarlo.

Sí, claro, eso dicen todas. -replicó el hombre, confundiéndola con una fanática común y corriente. Por favor, váyase, señorita.

Pero, ¡debe creerme! -protestó Candy. ¡Realmente lo conozco!

Ella dice la verdad, Harold. »

La voz de Terry había venido desde una de las puertas de los camerinos. Salió al pasillo, abrochándose un abrigo. Le sonrió cálidamente a Candy y apartó a Harold. Tomó la mano de Candy:

« Ella es una vieja amiga. Ha venido a verme hoy y yo le conseguí el asiento. ¿Vienes, Candy? Quiero enseñarte algo. »

Candy se dejó llevar por Terry, sin atreverse a soltarle la mano, porque tenía la impresión que se perdería en ese mundo de gente. Notó que algunas actrices volteaban a ver cuando veían pasar a Terry, algunas lo saludaban, pero todas sin excepción se quedaban mirando a la jovencita que lo acompañaba. Candy se sonrojó y decidió no mirar más a nadie para no darse cuenta. Después de recorrer muchos pasillos, llegaron a unas escaleras que conducían a la azotea.

Desde allá arriba Candy pudo ver toda la ciudad de Chicago con las luces encendidas. No pudo resistir a acercarse al borde del edificio para admirarla mejor:

« ¡Mira! -exclamó entusiasmada. ¡Allá está el centro de la ciudad! ¡Y allá es donde yo vivía antes! ¡Y por esa dirección debe estar el hogar de Pony, casi puedo imaginarme las luces encendidas! ¡Y en aquella, queda la mansión de los Andrey! »

Terry se acercó a ella para mirar y preguntó:

« ¿Qué es de los Andrey? Leí lo de Stear en el periódico. Me dio mucha pena, creo que realmente me caía muy bien. ¿Cómo lo tomó Patty?

Pues… estuvo muy triste, claro. Sus padres se la llevaron a un viaje durante un año y después regresó a Chicago con nosotros. Ahora tiene un nuevo novio, que vive en Cincinnati. Dice que nunca olvidará a Stear… pero que es feliz con Julliam.

Qué bueno que sea feliz. ¿Y Archie y Annie?

Ellos están muy bien -respondió Candy con una sonrisa. Van a casarse.

¡Vaya! ¿En serio?

¡Sí! Darán una fiesta para hacer público su compromiso este sábado.

Me los felicitas. Por lo que veo los has seguido viendo a todos.

Sí. Casualmente mañana en la tarde vamos a salir los cuatro a caminar al parque de Chicago. »

Terry asintió y siguió mirando la ciudad en silencio. Permanecieron callados un momento hasta que él se volteó hacia Candy y sacó algo del bolsillo de su abrigo. Al mirar con más atención, ella entendió que era la vieja armónica. Estaba un poco oxidada y golpeada, pero indudablemente era la misma. El muchacho dijo, examinándola con cuidado:

« Todas las noches después de cada actuación, dondequiera que me encuentre, subo a la azotea del teatro y vengo a tocar la armónica, con la esperanza de que, algún día, me podrás escuchar. »

Terry cerró los ojos y tocó suavemente esa melodía triste y persistente que parecía haber sido grabada en el corazón de Candy. Ella también cerró los ojos, dejando que la música invadiera sus oídos, su cuerpo, su alma. No pudo contener un sollozo y se volteó para ocultarlo: no quería que Terry se diera cuenta de la gama de emociones él era aún capaz de provocar. Pero él no lo notó, simplemente porque él también se dio la vuelta, para que Candy no viera las dos lágrimas que rodaban por sus mejillas. ¡Escocia! ¡El colegio San Pablo! Para él esas palabras significaban el mejor año de toda su vida y estaban tan íntimamente ligados a esa linda pecosa que no podía resistir llorar; por una parte infinitamente feliz de estar tan cerca de ella, y la vez, terriblemente triste de no poder jurarle su amor y permanecer con ella por el resto de su vida.

Después de que ambos se repusieran de sus emociones, Terry propuso secamente, como de costumbre, regresar al hogar de Pony. El trayecto se hizo en silencio, porque ninguno de los dos sabía qué actitud tomar de ahora en adelante. Al llegar a la casa, Terry ayudó a Candy a bajarse del carro. Pero cuando ella estuvo abajo, él no le soltó la mano. Se quedaron un largo momento mirándose a los ojos sin separarse. Candy supuso que Terry intentaría besarla o algo por el estilo, pero cayó en cuenta de que él no se movía y su mirada no tenía ningún brillo especial. Entonces lo entendió: “Terry quiere que yo piense que respeta mi decisión de ser amigos. No hará nada si no se lo permito. Todo depende de mí ahora.”

Entonces Candy le apretó cariñosamente el brazo con la otra mano y dijo dulcemente con una sonrisa:

« Buenas noches, Terry. »

¡Ésa! ¡Ésa era la señal que Terry esperaba! Con ese simple gesto, supo que Candy todavía le guardaba un lugar muy especial en su corazón. Con las mejillas encendidas de la emoción, le besó la mano con fervor.

« Buenas noches, Candy. »

Y sin más, se subió al carro y desapareció rápidamente por la carretera. Candy se quedó por mucho tiempo parada en el portal, poniendo junto a su mejilla la mano aún tibia que Terry había besado.

Jueves

Candy, Archie, Annie y Patty caminaban por el parque de Chicago, conversando animadamente. Archie le ofrecía el brazo a Annie y ambos intentaban no manifestar tanto el amor que se tenían para no incomodar a sus dos amigas. Después de tantos años juntos, Archie se había enamorado perdidamente de Annie y no podían pasar más de quince minutos sin que le expresara todo el cariño que le tenía. Sin embargo, ese día habían salido como amigos como cuando eran niños así que procuraba ocuparse también de Candy y de Patty, y no le era difícil ya que las quería mucho a ambas.

Habían caminado como por media hora cuando de repente un hombre salió de detrás de un árbol, asustándolos a todos. Nadie pudo contener su sorpresa al caer en cuenta de que era Terry. Éste saludó a sus viejos amigos efusivamente y regresó detrás del árbol. Cuando salió, traía consigo un enorme ramo de rosas. Candy se exclamó, segura de que eran para ella:

« ¡Oh! ¡Qué bonito ramo! ¡Gracias, Terry! »

Pero como siempre, Terry los dejó atónitos al decir:

« No son para ti. Son para Annie.

¿Para mí? -repitió Annie sin poder creerlo.

Sí. Oí que ustedes dos se van a casar pronto, así que te traje esto para felicitarte. »

Annie recibió el ramo y le agradeció. La cara de Candy en ese momento era para morirse de risa: reflejaba a la vez decepción, asombro, alegría y una indiferencia fingida que estaba muy lejos de sentir. Terry se rió abiertamente al verla. Ella levantó la nariz airadamente y dijo:

« ¡Bah! Total, que no las hubiera querido para mí. »

Todos se rieron entonces con esa reacción infantil, pero procuraron no molestar tanto a Candy. Los ahora cinco viejos amigos siguieron su paseo en el parque, charlando sobre sus vidas durante todo el tiempo que no se habían visto. Iban por un sendero apartado rodeado de árboles, cuando de repente Patty se exclamó:

« ¡Miren! ¡Un pajarito! »

La muchacha señaló un pajarito muy pequeño que estaba en el suelo, aparentemente se había caído de su nido. Archie lo localizó inmediatamente:

« Allá está el nido, arriba de ese árbol. »

Candy se arrodilló junto al pajarito. Lo tomó entre sus manos y lo examinó cuidadosamente:

« No tiene nada, sólo el susto. Hay que subirlo a su nido.

Candy, ese árbol está muy alto. No pienso subirme. -protestó Archie.

¿Quién dijo que tú subirías? -replicó Candy. Iré yo.

¡Candy! ¡No puedes hacer eso! ¡Es muy peligroso! »

Candy miró a Annie, indecisa. Terry sonrió:

« Veo que nada ha cambiado, Tarzán pecosa. ¿Todavía subes a los árboles?

¡Aaargh! ¡Terry! -se enfadó Candy. ¡Por supuesto que sí y te lo demostraré! »

Antes de que Terry pudiera impedírselo, Candy comenzó a subir al árbol con el pajarito en la mano. Desde el suelo, los amigos la miraban con inquietud y le gritaban que tuviera cuidado. Cuando estaba bien arriba, Candy se dio cuenta de lo absurdo de su decisión: con un vestido como el que cargaba el ascenso se le hacía muy complicado. Por suerte, ya alcanzaba el nido. Candy se estiró para poner al pajarito a salvo… lo depositó en el nido… ¡y perdió el equilibrio! La chica cayó al vacío con un grito ahogado.

Un grito general le hizo eco abajo. Terry fue el que reaccionó más rápido al correr al lugar aproximado del impacto y esperar a Candy. La recibió entre sus brazos.

(Nota de la autora: en esta parte se escucharía la Musiquita que ponían cada vez que Candy y Terry vivían un momento lindo).

Al tenerla entre sus brazos así, tan cerca, el mundo pareció desvanecerse. Un sentimiento similar corrió por todo el cuerpo de Candy. Sentía como los fuertes brazos de Terry rodeaban su espalda y su corazón comenzó a latir con fuerza. Se miraron intensamente a los ojos sin decir una palabra.

Lentamente, Terry puso a Candy en el suelo, sin quitarle la mirada en ningún momento. Cuando la muchacha estuvo de pie, Terry colocó sus brazos contra el árbol, atrapando así a Candy entre el tronco y él. Ella no se movió y él acercó su cuerpo, haciendo peso contra el de ella. Candy palideció al reconocer la mirada de deseo que le había visto en Escocia. Pero Terry se apartó bruscamente y se volteó para ver donde estaban sus amigos como si nada hubiera pasado.

Archie, Annie y Patty volvieron a aparecer en el sendero como si no hubieran visto nada. Habían corrido a ver si Terry había logrado apañar a Candy, pero apenas vieron las miradas que intercambiaron, entendieron que se trataba de un momento muy íntimo entre esos dos y decidieron esfumarse para no incomodarlos. Sin embargo, se quedaron a una distancia prudente, porque estaban muy interesados en ver cómo iba a terminar todo. Al ver que Terry se apartaba, decidieron que era prudente regresar. Annie y Patty corrieron a abrazar a una Candy toda sonrojada.

« Estoy fuera de práctica » se excusó, pero nadie le hizo caso. Archie y Terry comenzaron a caminar juntos y las tres chicas se quedaron un poco atrás. Archie miró a Terry y dijo:

« Vi lo que pasó.

¿Sí? ¿Y entonces? -preguntó Terry con desenfado.

Sé lo que estás haciendo. Te estás comportando exactamente como en el Colegio para conquistarla de vuelta, ¿no es cierto?

Sí. Es cierto.

Créeme que está funcionando muy bien. » concluyó Archie con una sonrisita. Los dos muchachos rieron con una risita entendida.

Mientras, Annie y Patty también le hacían un interrogatorio a Candy:

« Candy ¿qué pasa con Terry? ¿Han decidido volver juntos?

Nada de eso, chicas… Terry y yo decidimos que sólo somos amigos.

Amigos, ¿eh? -molestó Patty. ¡No se veían como amigos debajo de ese árbol! »

Annie y Patty se rieron a carcajadas mientras Candy se ponía roja como un tomate. Hizo ademán de pegarle a sus amigas mientras gritaba:

« ¡Cállense! ¡No me molesten! »

Jugaron a perseguirse por un buen rato como cuando eran niñas, hasta que, cansadas y jadeantes, regresaron donde los muchachos. Archie conversaba amistosamente con Terry y les dijo apenas las vio:

« Ya que Terry va a estar aquí toda la semana, lo he invitado a tomar el té con nosotros mañana, ¿qué les parece? »

La mirada de Candy le hizo ver que no había sido una buena idea. Sin embargo, ella no dijo nada para oponerse y después de caminar un buen rato más, se separaron. Mientras conducían a la residencia Andrey, Archie preguntó:

« Candy, ¿estás molesta porque invité a Terry a la casa?

No, Archie, para nada. Pero me hubiera gustado que lo consultases conmigo antes.

¿Para qué? ¿Qué hubieras dicho?

No lo sé… No me siento tranquila cuando él está cerca.

Bueno… eso ya es otra cosa -musitó Archie entre dientes. Mira, él se va el domingo. Annie y yo queremos invitarlo a nuestra fiesta.

Candy… -intervino Annie. ¿No te gustaría invitar a Terry como tu pareja? Creo que sería agradable.

Yo… yo tengo que pensarlo bien. »

Después de dar esa respuesta vaga, Candy no volvió a decir más nada hasta llegar a la mansión de los Andrey. Una vez ahí, lo primero que hizo fue dirigirse al despacho de Albert: ese asunto no podía dar más vueltas. Lo encontró sentado en su escritorio.

« ¡Candy! ¡Qué sorpresa! »

La mirada de Albert ya no era furiosa, sino tierna y amable como siempre. Parecía realmente feliz de verla. Sin esperar más, Candy comenzó a hablar:

« Por favor, no me interrumpas y déjame hablar hasta el final. Tienes que escucharme, Albert, y te ruego que me creas. Mi decisión estaba tomada desde siempre. De verdad lamento haberte hecho esperar todo este tiempo, pero… una parte de mí quiso darte una oportunidad. Verás, yo te quiero muchísimo… pero no como un novio ni como un esposo. Te quiero como el mejor de mis amigos y el más querido de mis hermanos, pero no es el Amor que tú esperas. Lo siento si te estoy haciendo daño, pues es lo último que se me ocurriría hacerte, Albert… »

Vaya. Eso había sido más fácil de lo que Candy se esperaba. Albert asintió y dijo:

« Mi turno, ahora. Candy… todo el día de hoy he estado reflexionando. Yo me enamoré de ti cuando estuve amnésico. Cuando recuperé mi memoria, hice y dije algunas cosas de las cuales me arrepiento porque no había querido olvidar que te amaba. Sin embargo, creo que hubo una parte de mi memoria que yo no había recuperado hasta el día de hoy después de pensar mucho. Había olvidado, voluntariamente o no, que yo te había adoptado, porque tus rizos rubios y tu forma de ser me hacían desear haber tenido una hermanita menor como tú. Mi enamoramiento surgió por mi enfermedad y mi egoísmo no quiso dejar ir a una jovencita tan linda y buena como tú. Por eso te pido sinceras disculpas, Candy, por este error mío, por la presión que ejercí en ti y por mi actitud. Por favor, hermanita, volvamos a ser buenos amigos como antes.

¡Oh, Albert! »

Candy y Albert se abrazaron, renovando ese amor de hermanos que se tenían. Se quedaron un largo momento así hasta que Candy se separó diciendo:

« Ya es tarde, van muchos días que regreso tarde al hogar de Pony. »

Albert se ofreció a llevarla, pero Archie ya se había comprometido, así que Albert decidió acompañarlos a los dos.

Viernes
El almuerzo acababa de pasar cuando Terry llegó con su carro azul a la mansión de los Andrey. Había tenido ensayo toda la mañana y había advertido que no regresaría al teatro hasta como las 6, después de que pasara la hora del té. Nadie se había opuesto, pues la mayoría de los actores también querían un rato libre. Cuando llegó, se asombró de ver que Candy lo esperaba en la puerta.

« ¿Me esperabas? -preguntó.

¡Claro! ¡Siempre he querido enseñarte esta casa! Vamos a caminar. »

Agradablemente sorprendido, Terry vio como Candy tomaba el brazo que él le ofrecía y se dirigieron hacia los jardines de la propiedad Andrey. Recorrieron todos los rincones de la propiedad, admirando la belleza del paisaje otoñal. Ya Candy se estaba acostumbrando a estos paseos callados con Terry. Sin embargo, cuando iban pasando por una llanura muy verde, le dijo:

« Terry… ayer hablé con Albert. Ya ni es una posibilidad que nos casemos. Él se excusó por su comportamiento. Terry… yo creo que deberías hablar con él. »

Terry le quitó el brazo a Candy. Dio unos pasos hacia al frente con los puños apretados y regresó hacia Candy. Mirando el cielo, comenzó a contar:

« Como un año después de que tú y yo termináramos, mi vida se había vuelto un auténtico infierno. La madre de Susana y Susana misma me tenían agobiado con la necedad de hacer público nuestro compromiso. No pasaba un día sin que, al salir de los ensayos, me fuera a un bar. Tenía peleas espantosas con Susana. En la más horrible de ellas, estaba completamente borracho y le grité que ella no sería nunca nadie para mí mientras tú vivieras. A la mañana siguiente, decidí huir de toda esa farsa. Le dije a Susana que me iba de viaje. Pero no pensaba volver junto a ella jamás. ¿Adónde crees que vine a parar? A Chicago, claro. Estaba más que borracho y me encontré a Albert en el bar. Acababa de recuperar su memoria. Albert me dijo que tú estabas y estarías mucho mejor sin mí y me mandó de vuelta a Nueva York con Susana. Regresé, y ella me dejó como ya te conté. Hasta ahora, nada extraordinario ¿verdad? Yo pensé que al aconsejarme Albert actuaba desinteresadamente, como el buen amigo que siempre había sido. ¡Y vengo a enterarme anteayer que lo único que él quería era tenerte para él! »

Terry caminó hasta un árbol y lo pateó. Candy se quedó sin palabras al escuchar esta historia. ¡Así que Terry había venido a buscarla! ¡Y Albert, oh Albert! ¿Acaso no había visto como había sufrido al terminar con Terry? ¿Por qué lo había alejado así de su vida? “Candy, si Terry te hubiera hablado ese día… ¿lo habrías recibido?” Indudablemente que sí, se respondió. Pero le hubiera dado un buen regaño. Comenzó a hablar casi sin darse cuenta:

« Albert te mintió… Yo no estaba bien. Una parte de mí se quedó en las escaleras de ese hospital en Nueva York. Yo… yo también me he preguntado muchas veces que hubiera pasado si hubiéramos tomado otras decisiones. »

Terry dejó de apoyar su frente en el árbol y caminó hasta donde estaba Candy. La miró con mucha ternura y le acarició un rizo:

« Lo siento. -dijo con una voz grave y profunda

¿Qué cosa?

Lamento como resultaron las cosas entre nosotros. Una vez me juré que te protegería y que haría todo lo posible para que no sufrieras nunca. Y fallé.

Eso no es culpa de nadie.

Pero yo siento que lo es… »

Terry tomó la mano de Candy y la miró directamente a los ojos. Esta vez ella sí estuvo segura de que la besaría. Cuando vio a Terry inclinarse hacia ella, cerró los ojos y abrió los labios anticipando el beso. Podía sentir la respiración del muchacho sobre su boca ¡¡PERO!! Terry no la besó sino que desvió la cabeza al último momento y le susurró al oído:

« ¡Te engañé, pecosa! ¿Pensaste que te iba a besar?

¡¡¡Terry!!! »

Candy fingió estar furiosa mientras Terry se reía de ella. Se puso a perseguirlo como en los tiempos del Colegio San Pablo hasta que llegaron a una banquita. Habían corrido tanto que a Candy ya se le había olvidado por qué estaba tan furiosa. Terry sacó su armónica de su bolsillo y ella se sorprendió:

« ¿Por qué has traído tu armónica?

Siempre la cargo conmigo. Aún cuando estoy en el escenario, la cargo en un bolsillo. »

Después de esta revelación, comenzó a tocarla. Candy cerró los ojos. Verdaderamente, esa armónica era un instrumento mágico, una puerta abierta hacia el pasado. Candy recordó el día que le había obsequiado la armónica para que dejara de fumar. También recordó la noche que había tocado sólo para ella antes de irse a América. “Terry…” pensó con mucha tristeza.

Abrió los ojos al oír que Terry se detenía. Se miraron otra vez. Entonces ella dijo:

« ¿Terry…?

Dime, Candy.

Ya sabes que Annie y Archie se comprometen este sábado. Van a dar una fiesta aquí en la casa de los Andrey. Yo… me preguntaba si tú querías venir… como mi acompañante.

Desde luego que sí. -después de un silencio añadió: Pero si quieres que lleguemos juntos tendrás que venir a la obra otra vez.

Está bien, no hay ningún problema. Vayamos a tomar el té, ya es la hora. »

Sábado

La mansión de los Andrey estaba de cabeza con la fiesta de compromiso de Annie y Archie. Sólo se veían sirvientes corriendo de un lado a otro, llevando pedidos y flores. Candy se sintió aliviada de tener que ir al teatro y no tener que ver ese desorden hasta cuando todo estuviera bonito y lleno de invitados. Annie y Archie habían estado muy contentos al saber que Candy había invitado a Terry, pues ambos deseaban lo mejor para su amiga.

La obra quedó muy bien, y como siempre Terry estuvo deslumbrante. Al terminar la obra, Candy decidió esperar a Terry con más paciencia que la vez pasada, pero al ver que ya casi había pasado media hora, se decidió a entrar por la puerta de los camerinos. Se encontró con Harold el guardia que la recibió amistosamente, saludándola como “la novia de Terry”. Candy no se molestó en corregir el título y entró al camerino de Terry.

Candy no estaba preparada para lo que vio: Terry estaba parado en medio del camerino, en pantalón y con un suéter en la mano… sin camisa. Los músculos del muchacho se dibujaban atractivamente sobre su pecho varonil. Al ver quien había entrado, lejos de pensar en ocultarse, Terry se irguió para que Candy lo viera bien en toda su masculinidad. Ella se quedó con la boca abierta sin poderle quitar la vista de encima: ni en sus más locas fantasías habría imaginado que Terry se vería *tan* bien sin camisa. Al mirarla a los ojos, Terry notó algo que nunca había visto, pero que siempre había anhelado en ella: ¡deseo! ¡pasión! Pero Candy se sonrojó y salió corriendo del camerino. Terry terminó de vestirse mientras ella lo esperaba en el pasillo. Ninguno de los dos mencionó el incidente mientras iban camino a la mansión de los Andrey: Candy, porque no le convenía y Terry, porque para él había sido suficiente la mirada de Candy.

Cuando llegaron a la mansión Andrey, Terry le dio el brazo a Candy y entraron con gran pompa. Todas las caras se voltearon y un murmullo recorrió entre los invitados: “Ooh, es Candice White Andrey con Terry Grandchester, vaya, bla bla bla…” Candy nunca se había sentido tan orgullosa de estar con alguien. Nadie dudaba en la sala que se veían radiantes y que eran una pareja hermosa. Archie y Annie se acercaron a saludarlos efusivamente y a agradecerles su presencia.

Llevaban un buen rato hablando cuando de repente Albert se aproximó al grupito. Terry se puso en guardia, pero al ver a todos sus amigos reunidos, a todos los rostros sonrientes, y más que todo, a Candy en su brazo, decidió escuchar civilizadamente lo que él tuviera que decir. Albert y él se apartaron de la gente y el más viejo fue directo al grano:

« Terry, te debo muchas disculpas. Perdóname por haberme ilusionado con tener un amor que nunca dejó de ser tuyo. He hecho muchas cosas de las que me arrepiento pues les hice daño a dos de mis más grandes amigos. Te pido por favor que olvidemos este error mío y que recordemos más bien todos los buenos momentos que hemos vivido. »

Terry le ofreció la más sincera de sus sonrisas y se dieron la mano en señal de paz. Albert añadió:

« Pero eso sí, Terry… hazla feliz. »

Terry asintió. En ese momento comenzó la música. Terry sacó a Annie a bailar, Archie a Candy, Julliam, el novio de Patty, a Patty y Albert a una amiga de la familia que conocía desde su infancia. Mientras bailaban Archie conversaba con Candy:

« ¿Te acuerdas que estaba enamorado de ti? -ambos se rieron. Y tu estabas perdidamente enamorada de Terry. Candy, regresa con él. Nunca te vi tan feliz como cuando estaban juntos. »

Candy asintió con lágrimas en los ojos. Una conversación similar ocurría entre Annie y Terry. Annie decía:

« Por favor Terry, haz muy feliz a Candy. Yo sé que la amas, pero se han hecho tanto daño… ya han sufrido suficiente. Es hora de que sean felices juntos. »

La pieza se terminó y Candy dejó a Archie para ir a tomar un poco de aire. Terry la vio salir a la terraza y la siguió. Era un balcón muy bonito y se podía sentir el aroma de las flores que crecían en el jardín de abajo. Candy y Terry miraron las estrellas sin pensar en nada. Entonces los primeros acordes de un vals familiar empezaron a sonar (el famoso vals que todos conocemos). Terry propuso sin dudar:

« ¿Me concedes este vals? »

Candy aceptó y comenzaron a bailar. Terry comentó:

« Este es el vals que bailamos en el Festival de Mayo.

Y también en Escocia.

¿Te has dado cuenta? En ninguna de las dos ocasiones llegamos a terminar este vals. »

Candy dio la vuelta entre sus brazos con gracia y respondió:

« ¿Sabes, Terry? Yo creo que toda nuestra relación ha sido como este vals.

¿Qué quieres decir?

Es un hermoso vals… pero nunca lo llegamos a terminar… »

Terry se acercó más a Candy y susurró en su oído:

« ¿Y cómo termina?

Averigüémoslo. »

Al oír esa palabra que Candy había pronunciado con tanta emoción, Terry quiso detenerse, pero dos veces de experiencia le sirvieron a Candy y siguió bailando para que él no parara:

« No, Terry, terminemos primero el vals. »

No era mucho lo que faltaba, sin embargo ambos vivieron ese vals como nunca. Sus cuerpos se movían en perfecta harmonía al compás de la música y sus manos estaban fuertemente unidas. En ningún momento dejaron de mirarse a los ojos. Cuando el vals hubo terminado, Terry tomó las dos manos de Candy entre las suyas y declaró:

« Candy. Te lo dije el martes y te lo repito hoy: eres la única para mí. Si no es contigo, no quiero pasar mi vida con nadie. Te amo. De verdad te amo. Pero mañana mi compañía se va de Chicago. Puedo tomar la decisión de quedarme un poco más de tiempo ahora. Entonces, Candy, te lo preguntaré una última vez… ¿me amas todavía? »

Candy bajó la cabeza y miró los dos pares de manos unidos. Cerró los ojos y pensó: “¡Acabemos este vals de una vez, basta ya de tantos tropiezos!” Alzó la cabeza y miró a Terry con los ojos llenos de emoción:

« Jamás he podido olvidarte, ni a ti, ni los días que pasamos juntos. Dejarte, irme de Nueva York, fue la decisión más difícil que he tomado en toda vida. No ha pasado un solo día sin reprocharme no haber tenido el coraje de quedarme, de enfrentar la situación y discutir nuestras opciones. -las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Me hice la fuerte, ante ti, ante todos, pero Terry… yo te amaba… ¡aún te amo! »

Candy se precipitó en los brazos de Terry y se estrecharon en un abrazo feroz. ¡Después de tantas cosas, después de tantos años! Terry escondió su cabeza entre los rizos de Candy y aspiró su perfume, embriagándose de dicha. ¡Pensar que él había dejado ir a esta mujer! Comenzó a besar su cuello con la desesperación de haber encontrado algo que creía perdido para siempre. Candy, por su parte, dejó que sus manos recorrieran la espalda de Terry para asegurarse de que era él, que estaba ahí y que no era la amarga ilusión de un sueño que se desvanecería al amanecer. ¡Terry! ¡Terry! ¿¡Cuántas veces no había deseado tenerlo junto a ella, abrazarlo de esta manera, respirar su olor a hombre, amarlo?!

Levantó la cabeza para verlo. En los ojos de Terry brillaban el amor y el deseo y Candy nunca se había sentido tan dichosa de inspirar esos sentimientos. Ambos cerraron los ojos antes de darse un beso apasionado que sellaría su destino.

¡Y vivieron felices para siempre!

Fin 

Jijiji. No pude resistir esa última frase ¿Les gustó? ¡Espero que sí!

Ah, y para los que preguntan qué pasó con Neil y Elisa en esta historia…después de pasar unos días en Londres, tomaron un barco de vuelta a Estados Unidos… su nombre era el Titanic…

By Dorita dorcat12@yahoo.com ICQ: 29377815

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53 comments

  1. Belsy Melina De Paz García

    Exelente final me gusto que Terry terminara siendo novio de Candy a pesar de que Albert al principio se enojara pero todos sabemos que el amor perfecto es con Candy Terry.Saludos.

  2. Dorita,

    Me gusto mucho tu historia, estuvo genial. Ya me tenias en la orilla de mi asiento! jajaja
    Lo unico que no me gusto mucho es que pusieras a mi amado Albert un poco de villano.
    El final con Albert o Terry seria igualmente bello, una historia formidable con cualquiera de los dos, y en cuanto a la vez que Terry y Albert se encontraron en el bar. Albert le pregunto a Terry si veria a Candy, el que tomo la desicion de irse sin verla fue Terry. Me encanta tu historia, pero para mi Albert sera siempre el mas noble, dulce y desinteresado en toda la historia de Candy Candy.

    Gracias por tan bella historia.

    Saludos,

    Raquel Martinez

  3. me encanto tu historia de verdad es perfecta me hubiera gustado que tuvieran un final parecido pero que triste lo que pasa con candy al final de la historia auntentica por que!! espero y sigas escrbiendo asi eres ggran escritora jiji

  4. Dorita,

    TE lo repito de nueva cuenta, me encantan tus historias, sólo que en esta sentí muy abrupto el final. Sin embargo, me causo mucha gracias el final de los hermanos leagan, jajaja. Eres muy buena escritora. Saludos.

  5. Me gusto mucho tu historia es una de las mas divertidas que he leido pero tengo una duda ¿cuantos años tienes’

  6. Carolina Torres

    Super!!! me encanta asi un final con Terry, yo siempre he sido fan de candy desde que era muy pequenia, y ya a mis 28 anios todavia no he podido superar el final original tan triste y sobre todo, sin Terry!!!! Para mi Terry es el hombre ideal y la pareja perfecta de Candy, porque es un chico rebelde como ella y al mismo tiempo es super tierno y amoroso. Candy fue quien logro sacar los verdaderos sentimientos de Terry y a su vez, Terry fue quien le ayudo realmente a superar la muerte de Anthony….muchas gracias por tus historias, me encanto en la version manga!!! muy buenos dibujos….espero algun dia terminar mi propia historia y compartirla con ustedes..jeje…saludos!!!

  7. Muy bonita historia, no podia soportar que Candy y Terry estuvieran separados, ya que eran la pareja perfecta, eres una muy buena escritora,Dorita, sigue asi

  8. Me kitaste el trauma que tenia por que Candy no se Kedaba con Terry mil gracias y mas por que Elisa y Neil se van el Titanic ajajaja me moria de la risa y sabes ese “y vivieron felices para siempre” es una frase que esperabamos muxas ya era justo que Candy fuera feliz despues de tanto sufrir., felicidades eres una gran escritora….ojala haya una tipo ova o nose como decirle donde nos cuentes como fue su boda sus hijos jeje espero no sea muxo pedor…=D

  9. estuvo mega extraordinario la pasion en los ultimos momentos fue una experiencia muy bonita espero aya mas historias con un final feliz ,apasionante

  10. JEZZY DE GRANDCHESTER

    jajjaja ME GUSTO ESO DE NIL Y ELISA… HEY TE QUEDO BIEN CURADA FELICIDADES, ME GUSTO MUCHO Y ME HICISTE REIR EMOCIONARME AJAJJA.. SIGUE ESCRIBIENDO LO HACES MUY BIEN.. BBYE

  11. Sabes dorita……
    Me encanto me puse tan sentimental con esta historia hasta me puse a llorar, cuant hubiera querido q asi hubiera pasado desde un principio….. candy con terry…. ellos pasaron muchas tristezas solos separados por causa de la basura de susana q la odioooooooooooooooo tant y la verdad no me imagin aun q ella lo dejo a terry, porq esa muchachita no le dejaba en paz desde q le conocio se puso peor q chiva expiatoria de terry,ella sabia q terry no la amaba y no le daba verguenza de arrastrarse tant hacia el, hasta q consiguio q el este con ella solo por compasicion q pena me da esa mujercita tan resbalosa nunca conoci una mujer q no se sabe valorar.Bueno me despido de ti dorita y espero q sigas escribiendo mas y masssssssssss porq me encant esta historia eres una buena escritora te felicito hasta pront .

  12. carolina gonzalez

    estubo bellisima tu historia me encanto aplausos.
    en mi pais repitieron muchas beses esa historia imaginate yo solo tengo 16 años y ya me la vi, mi mama dice gue es muy vieja considero gue es muy buena

  13. me encanto t felicito por fin se me quito el trauma q tengo desde que tenia 5 años ahora por lo menos me imagino a terry alli con candy ojala q en esta mundo hubiese un chico tan lindo como terry!!

  14. Hola! Me encanto de verdad este final. Te felicito por haber creado para los fans de Candy este gran final que estubo sensacional. Ojala y sigas escribiendo mas finales creativos e interesantes para la historia de Candy Candy. ¡¡¡¡¡¡Felicitaciones!!!!!!

  15. que precioso cuento .me encanto muchisimos.ojala este se hiciera caricatura por que es precioso(una vez mas),super

  16. Muy buena la parte del Titanic, jajaja

  17. hermoso, me encanto sobre todo el titanic jaja
    bueno la historia estuvo preciosa, me gustaria ver el anime 😀 jaja

  18. estaba muy bonito la historia la verdad eres muy buena en escribir me hubiera gustado ver con esenas la parte final no puedo soportar que lo unico es leerlo nada mas, quisiera verlo que mal pero gracias dorita es genial bye

  19. Y tomaron un Barco llamado el titanic

    -JaJaJaJaJaJaJa

    pobre par pero linda historia

  20. MUY LINDA … TE SALIO SUPER EL FINAL DE ELIZA Y NEAL QUE SE SUBIERON AL TITANIC JIJIJI… BUENO SUPONGO Q ALLI LES FUE OTRA HISTORIA Q YA ME IMAGINO EL FINAL JIJIJI… MUY BONITA TU HISTORIAA

  21. QUE EMOCIÓN !! QUE LINDA HISTORÍA DE AMOR……. ME TRANSPORTA CASI LO PUEDO VER QUE GANAS DE HABER ESTADO AHÍ !!OHH!!BELLO SIMPLEMENTE BELLO….

  22. me gusta tanto q la he vuelto a leer yo tengo una inmaginacion tal q es como si me tranportece a lo q leo y cada q leo una de las historias aqui escrito deseo q todo fuera asi para todas xoxoxo para todos

  23. que linda historia! me dio mucha risita lo de eliza,neil y el titanic XD bello

  24. me super encanto ya vi tambien que lo dibujaste EXCELENTE
    TE INVITO A VER EL FINAL DE CANDY QUE HICE EN YOUTOBE LO PUEDES ENCONTRAR COMO CANDY CANDY FINAL NUEVO THE END
    M,E SUPER ENCANTO JIJI AGREGALE MAS DE PASION ENTRE ELLOS JIJI
    SUPER LINDO

  25. MUCHAS GRACIAS POR TU PAGINA, ME ENCANTO TU RELATO, ES VERDADERAMENTE MUY BELLO, ME HIZO SUSPIRAR PORQUE, COMO TU, YO TAMBIEN SOY SUPER FAN DE CANDY, OJALA QUE EL FINAL HUBIERA SIDO ASI.

  26. lindisimo no tengo palabras para describir lo que senti a recordar mi infancia y te felicito y sige la historia x favor que no termine hai
    felicidades tienes mucho talento te felicito amor

  27. me encanta tu historia para mi el hombre perfecto es como terry rebelde pero tierno y tan romantico ese si es un hombre lastima que solo se un anime y nadamas pero bueno la pareja idal candy y terry juntos por siempre ese si huviera sido un buen final

  28. Muy buena fanfic, gracias que Terry regresa con Candy. Lo del barco esta super divertido.
    felicidades, esperamos mas fac fic.

  29. wowww…¡¡¡¡ creo que estoy un poco atrasada en la lectura de estos lindos fics…ojala sigas escribiendo mas sobre nuestra adorada pareja Terry – Candy.

    Te felicito por el final del “Titanic” todavia me estoy riendo… estuvo genial¡¡¡¡ Felicitaciones ¡¡¡¡

  30. me encanto lo del titanic,ya parece ke los veo como tempanos de hielo jajajajajaaja fue genial tu idea …..
    gracias por esta linda historia..

  31. Me encanto, este tambien. fELICIDADES DORITA!!!!!!

  32. Espero o esperamos mas Terryfic de tu parte.

  33. me encanto… mas el final que tuvieron Neil y Eliza 🙂

  34. MIL GRACIAS X TU FIC ESTA PADRICIMO ME REI COMO LOCA CON EL FINAL DE NEIL Y ELISA BIEN X TI
    ESTE FINAL SERIA PERFECTO PARA LA SERIE ORIGINAL ME ENCANTAN TODOS LOS FIC DE CANDY PERO CREO Q EL TUYO ES EL Q MAS ME GUSTO GRACIAS Y
    SIGUE SIENDO TAN CREATIVA

  35. JAJAJ QE GRAN FINAL!! ME ENCANTO NUNCA ME GUSTO QE TERRY DEJARA SU ACTITUD DE REBELDE I POR FIN ESTAN JUNTOS ES MAS TE DIGO ALGO? EN TU HISTORIA LA PERSONALIDAD DE TERRY Y CANDY SON LA MISMA QE EN LA SERIE ME ALEGRO MUCHO DE QE ALGUIEN HAGA QE RECUPEREN SU FORMA DE SER I LO ELIZA Y NIEL WUAJAJA AME TU HISTORIAA! ERES INCREIBLE OJALA QE ESCRIBAS MAS 🙂
    SALUDOS A TODAS<3

  36. hay que linda historia

    me quede satisfecha con toda¡¡¡¡¡

    y mas por el final porque quedaron

    felices ♥-♥y tambien me causo risa

    por lo que dijiste de el Titanic jajaja

    deverdad que linda adaptacion te felicito

    saludos¡¡¡¡****

  37. me encanta el comentario sobre lisa y neil…
    q buena imaginacion grax!!!:p

  38. que lindo pero me hubiese gustado aunque sea un dibujo.

  39. Hola Dorita me encanto tu historia ese final de Neal y Elisa me hizo reir muchisimo te agradezco bastante eso. Tambien me gusto que pusieras a Candy y Terry mucho mas humanos y terrenales con esos sentimientos y emociones tan reales, siempre pense que el final no era lo que todos esperabamos pero con tu historia de verdad que te sacaste un 10 y me quitaste un trauma de mi infancia, muchas gracias.

  40. Yasmine Juliete - Venezuela

    Me encanto este trabajo tambien me gusto el manga espero que siempre alla mas trabajos tan buenos como este 🙂

  41. ilian cristina armenta chavez

    es muy buena esta historia te felicitho y me dio mucha risa la ultima oraciona
    ‘y vivieron felices para siempre’ me dio un monton de risa pero la historia exelente un 10 de calificacion bye y besos

  42. Muy bella tu historia, Felicidades, escribes muy bonito

  43. jajajajajaja buen final para eliza y neil ya m los imagino jajajajaja x lo demas te felicito x el final ya m tenias preocupada x la reacion de cndy pero estubo bien sigue escribiendo asi FELICIDADES

  44. apenas me encontré esta pagina traída por el fic 1918 de manzanita9 me puse a explorar el trabajo de las demás chicas y que me topo con esto me encantó pero el manga esta genial no sé como son capacez de hacer tantas maravillas tanto amor y lealtad hacia Candy y sus personajes especialmente hacerle justicia a mi Terry, porque Candy con lo que tenga es feliz y resignada pero mi Terry nunca si no la tiene a ella. Muchas gracias y saludos!!

  45. ME ENCANTO GRACIAS POR LOS MOMENTOS QUE PASAMOS LEYENDO ESTE FIN ESTA GENIAL UN ABRAZO

  46. Muy bella tu historia me encanto fue cortita pero bien realizada cuidaste todo muy bien. felicidades. por fin Terry y Candy seran felices.

  47. Lo que más me gusto de este fic, es el final de Elisa y Neil.. Jajajaja no es cierto, todo me encanto.. Felicidades!!!

  48. ajajajaja!!!!!!!!! estuvo gracioso lo de neil y elisa me alegro tanto

  49. que bonita historia dhsahdsa

  50. hermosa tu historia , me he vuelto una super fan de uds los escritores de fics de candy , que talento sigan escribiendo .. genial lo de los hermanos ligan

  51. Me encanta este fic…. No puedo dejar de leerlo…

  52. kalessi de ganchester

    Bonita historia…pero lo que no me gusto es la forma como describis a albert el no es asi, el jamas trataria a candy asi no lei toda la historia solo una parte pero eso no me agrado albert era bueno y queria la felicodad de candy asi fuera con quien fuera

    Pero bonira historia sobre todo por que candy se queda con terry

  53. yuli guadalpe solano ruvalcaba

    Me gusto muchisimo la historia y el final pero me gusto mas lo que paso con elisa neil

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