Home / fanfics / Un nuevo amanecer

Un nuevo amanecer

por Dorita y Andreína
Ilustraciones por Ana Velia

Parte I
Era Otoño. Las hojas de los árboles ya se habían empezado a caer y cubrían las calles con tonos anaranjados, amarillos y marrones. Desde su oficina, Albert miraba por la ventana pensativo. Hace unos días le había prometido a Candy que la ayudaría a encontrar a sus padres y no quería fallarle.

fic2

-Señor William- interrumpió su asistente. -La señorita Candice White está afuera. La hago pasar?-

fic1

-No, no será necesario. Yo ya voy saliendo- dijo Albert al tiempo que se ponía su gabardina. Guardó unos documentos en escritorio y salió. Candy lo estaba esperando. El día anterior habían quedado en que irían a comer juntos.

ficda3

-Hola Candy- saludó Albert. – Estás lista?-

-Sí, vamos- contestó Candy.

Durante el camino hablaron de los contactos que había hecho Albert con algunos detectives para que empezaran a investigar el paradero de los padres de Candy. Pero a pesar de ver a Candy muy entusiasmada con la idea de encontrar a sus padres, Albert sentía un sentimiento de culpabilidad cada vez que hablaba con ella. Ese sentimiento no tenía nada que ver con la investigación, era mas bien con algo que Albert le había ocultado a Candy por ya mas de seis meses.

fic4

Pensé que podría vivir sin decírselo pensó Albert mientras Candy hablaba sin parar. Pero cada vez que la veo siento un deber moral de contárselo todo…

-Albert? Albert?- dijo Candy haciéndolo volver a la realidad.

-Oh disculpa! Qué me decías?- dijo Albert aún un poco distraído.

-Qué pasa Albert? De un tiempo para acá te noto extraño.-

Albert estacionó el auto y se bajó. Le abrió la puerta a Candy y la ayudó a bajar. Pero no avanzó hacia el restaurant sino que tomó a Candy de los hombros y mirándola le dijo:

-Candy, hay algo que debes saber-

-Vamos Albert, no me hables así que me asustas- dijo Candy fingiendo buen humor para ocultar su nerviosismo.

-Candy yo….Veras…..Hace seis meses yo…..yo ví a Terry.-

-A Terry?!- dijo Candy sorprendida. El corazón le había empezado a latir rápidamente y sentía que se le salía.

Albert por otro lado sentía que se había quitado un peso de encima al confesarle ésto a Candy. Aunque todavía no estaba seguro de haber actuado correctamente al sacar este fantasma del pasado de Candy, ya lo había hecho y tenía que seguir…

-Sí, Candy. Terry estuvo en Chicago cuando se fué del teatro. Lo encontré en un bar, borracho y desesperado. Hablamos y me dijo que aún te amaba, que no te había podido olvidar….

fic3

-Albert, no sigas- interrumpió Candy. -Por favor, no sigas.- Candy se volteó dándole la espalda a Albert y apoyando sus manos en el auto. Albert se arrepintió de haber hablado. Tal y como había pensado, el recuerdo de Terry todavía estaba vivo en el corazón de Candy y este tipo de conversaciones le causaban mucho dolor.

-Candy, discúlpame. Yo sé que este tema te lastima pero esque yo me sentía mal de no habértelo dicho.-

-No tienes porque Albert. Tu no tienes la culpa de que mi relación con Terry no haya podido ser.- dijo Candy tratando de volver a su alegría usual.

-Pero es que yo siento que… siento que esta vez fue mi culpa… Esque verás, Candy, cuando él me confesó eso, yo… le dije que ya lo habías olvidado… que no tenía caso buscarte más…

Un destello de cólera pasó por los ojos de Candy mientras se volteaba a ver a Albert, indignada. “¡Tú! ¡Entre todos las personas! ¿Cómo pudiste decirle eso?” Por suerte, él no la estaba mirando, pues esa mirada de reproche le habría dolido mucho.

ficadficda1

La chica respiró y ahogó la tristeza que sentía, ya que recordó que Albert siempre había sido muy bueno con ella. Le tocó el brazo afectuosamente:

-Albert… no pienses más en eso. Yo sé que tú lo hiciste pensando en lo mejor para mí.-

-Te aseguro que así fue, Candy.-

-Entonces, no se hable más de ello. Ya no se puede hacer nada por el pasado. –

Albert la miró con desconfianza, pero cuando ella le sonrió, se tranquilizó y le ofreció el brazo para entrar al restaurante. Sin embargo, a lo largo del almuerzo pudo observar que a veces durante la conversación, los ojos de Candy se nublaban y adoptaban una mirada perdida. Pobre Candy pensó él. Y pobre Terry. ¡En qué lío se metieron esos dos al tomar esas decisiones! Pero respetó el silencio de Candy. Sólo con el tiempo… suspiró mientras se servía más agua. Le preocupaba mucho que Candy no fuera feliz y ya no sabía qué distracciones inventarle para que no pensara en Terry.

ficda4

Albert conducía hasta la residencia de Lakewood después de dejar a Candy en el Hogar de Pony. Envidiaba un poco a Candy, por tener un refugio en ese Hogar. Ojalá tuviera él un lugar así, donde se pudiera esconder de la tía Elroy y de todas las obligaciones desagradables que conllevaba su posición. Pero ya se había resignado a aceptar estoicamente su papel de cabeza de los Andrey así que decidió apartar esos pensamientos.

Al pasar por la verja de la mansión, no pudo evitar sentir mucha nostalgia: después de todo, él había nacido y pasado su primera infancia en ese lugar. En aquellos tiempos, todo era más fácil y agradable y esos recuerdos estaban teñidos de un dulce color rosado, rosado como el color favorito de Rosemary.

Pero era precisamente por ella que Albert había venido a Lakewood: la última vez que había estado en la mansión había notado que el polvo se acumulaba en todos lados, que los cuartos de Rosemary y de Anthony estaban llenos de telarañas y que sus pertenencias estaban metidas desordenadamente en unas cajas del desván. El corazón se le había encogido al ver los vestidos de su querida hermana todos arrugados en un viejo baúl y se había prometido que al primer rato libre que tuviera se dedicaría a poner todo en orden.

Ese día la residencia tenía un ambiente particularmente agradable, ya que ningún mayordomo o mucama estaba para “molestarlo”. Sólo los guardias y los jardineros estaban en la propiedad, pero no entrarían a la casa para interrumpirlo. Feliz, se dirigió al despacho que daba sobre el Jardín de las Rosas. Dejó su gabardina negligentemente sobre una silla y tiró los guantes sobre el escritorio. Se subió las mangas de la camisa y, dedicándole una mirada sonriente al retrato de Rosemary, subió al desván para empezar con la limpieza.

ficda5

Pasó mucho tiempo con los vestidos del baúl, porque se detenía a admirar cada uno y a recordar, o a tratar de recordar, en qué ocasión se lo había puesto Rosemary. La verdad, no sabía qué iba a hacer con ellos, pero los alisó y los puso sobre una pila ordenada. Después los guardaría en algún armario para que estuvieran bien colgados; el espacio libre era algo que sobraba en la mansión. Cuando terminó con esto, comenzó a arreglar las cajas. En una de ellas encontró el juego de cepillos, de peines y de brochas de Rosemary. Todos estaban hechos de marfil y tenían grabados delicadamente una rosa en su centro. Albert recordó que su padre se los había mandado a hacer especialmente para su boda. Un juego tan hermoso no estaba hecho para estar guardado en una caja, sino para que una linda joven lo usara. Tal vez se lo regale a Candy se dijo Albert mientras abría otra caja.

Encontró una colección de los libros preferidos de Rosemary. Decidió poner la caja aparte para llevársela a la biblioteca de la otra mansión. Estuvo a punto de cerrar la caja cuando algo en ella le llamó la atención y estiró la mano para sacarlo.

A simple vista parecía un libro, pero al examinarlo cuidadosamente se dio cuenta que en verdad era como un cuadernillo, con las hojas amarillas por el paso del tiempo. Al abrirlo, reconoció inmediatamente la letra redonda y elegante de su hermana. Entonces lo entendió: “¡Un diario! ¡El diario de Rosemary!”

ficda6

Albert vaciló un momento sobre qué hacer con él: una parte de él pensaba que era mejor volverlo a dejar en la caja. Pero, por otra parte, no podía evitar sentir curiosidad de leerlo. Si ella estuviera viva, sería una indiscreción tremenda. Pero no lo estaba… Lo pensó un poco más y luego se decidió: lo leería. Eso le ayudaría a recordarla y además, él había sido su hermanito preferido, seguro que a Rosemary no le hubiera importado. Regresó al despacho y se sentó cómodamente en un sillón. Con cierta solemnidad abrió el diario y lo empezó a leer.

ficda7

Albert notó que su hermana había comenzado a escribir cuando ya estaba casada, poco tiempo después del nacimiento de Anthony. En las primeras páginas, Rosemary explicaba las razones por las cuales había decidido tener un diario: estaba muy aburrida con su vida y quería desahogarse y reflexionar mejor. No escribía todos los días pero si con bastante frecuencia. Sus primeras anotaciones relataban sucesos anodinos de la vida diaria y no tenían nada extraordinario. Pero lo que Albert leyó a medida que pasaba las páginas por poco lo hace caerse de la silla. Definitivamente el contenido de ese diario era algo para lo que no estaba preparado. Pero no se pudo despegar del relato hasta llegar al final del diario.

PARTE II. Lo que Albert leyó en el diario.

18 de Julio de 1897

Hoy fue un día normal como todos los demás. Estuve trabajando en el jardín toda la mañana y la mayoría de las rosas están en flor. Eso es lo único que me distrae últimamente, de verdad me fascinan mis flores.

Anthony está cada vez más grande, hoy insistió en acompañarme a ver las rosas. Pobrecillo, todavía no sabe caminar muy bien y tuve que cargarlo la mayor parte del camino. Todo el día se la pasa detrás de mí, como un duendecillo rubio. Me recuerda a Albert cuando era un bebé.

A propósito, vino a visitarme ayer. Me dijo que está muy triste y que se siente solo en la mansión. Pobre Albert, lo comprendo muy bien. Nadie debe ocuparse bien de él, y debe ser difícil para él ya que éramos inseparables. De verdad no entiendo porqué Madre y Padre se oponen tanto a que venga a vivir aquí en Lakewood.

Les he dicho una y mil veces que Albert, o más bien, que “William” estaría mejor conmigo. Hasta ahora no me habían dado razones, sólo un rotundo “NO”, pero la última vez, Madre me dijo, y cito sus palabras, porque me indignaron: “Pero Rosy, querida, sería imposible. William estorbaría tu vida matrimonial, tu relación con tu esposo…”

Primero que todo: ¿Albert, un estorbo? Es el niño más dulce que hay. Y después ¿mi vida matrimonial? En el momento no respondí nada porque Madre me tomó por sorpresa, pero ahora le respondería de una vez: “¿Qué vida matrimonial?”

Mi esposo nunca está en casa. El año estuvo unas 4 veces y una de ellas era la noche de bodas, así que no cuenta. No sé de donde sacó Padre esa idea descabellada de casarme con Arthur Brown. La verdad no veo ninguna razón económica válida. De todos los maridos que me pudo conseguir, ¿tenia que darme un capitán de barco? Ni siquiera el nacimiento de Anthony lo hizo venir. Creo que este pobre niño crecerá sin conocer a su padre.

Las pocas veces que hemos estado juntos, ni siquiera hemos llegado a ser muy amigos. Para mí él es un extraño, a pesar de que es mi marido. Sin embargo lo aprecio mucho y su compañía me es bastante agradable, pero no he tenido la ocasión de cultivar esa amistad.

Me gustaría decir que les guardo rencor a mis padres por haberme casado sin haberme pedido mi opinión. Pero sería un sentimiento inútil, a la mayoría de las jóvenes de esta clase les pasa lo mismo. Sé que ellos tomaron la decisión que creyeron más acertada. Sin embargo, muchas veces me he preguntado cómo habrían sido las cosas si me hubiera negado a ese matrimonio y hubiera escogido casarme con George.

Creo que siempre amé a George, desde el momento en que entró a nuestra familia. Primero fue el hermano mayor que nunca tuve, más tarde mi único amigo y confidente. Ahora me parece normal el habernos enamorado.

En el momento en que me confesó su amor, jamás dudé de mis sentimientos hacia él. Creo que ni él ni yo recordamos que a pesar de que Padre lo había adoptado, él y yo pertenecíamos a esferas sociales muy diferentes. Nunca cuestioné siquiera que pasaría el resto de mi vida con él y me hacía mucha ilusión pensar que algún día sería la señora Rosemary Pauna Johnson.

Jamás olvidaré su mirada cuando se anunció que me casaría. Desde ese día no me ha vuelto a hablar. Y sin bien lo extraño a él, a sus lindas atenciones y a sus besos, extraño más que todo a mi mejor amigo, el único que sabe los secretos de mi corazón.

Pero soy una Andrey. Y como tal, debo asumir el papel que se me ha asignado para no deshonrar el nombre de nuestra familia en la sociedad.

Creo que si no fuera por Anthony, sería muy desdichada. Él es mi mundo, mi caballerito, mi acompañante durante el día. Verlo caminar, cargarlo y escuchar sus balbuceos son lo único que me impiden pensar en George y soy feliz. Pero en las noches, cuando ya se ha dormido mi bebé, y que me quedo sola en esa cama demasiado grande de mi habitación, entonces lo recuerdo y desearía volver al tiempo en que paseábamos por el jardín, que éramos un par de chiquillos y que yo ni sospechaba que algún día estaríamos separados.

27 de Julio de 1897

Soy la mujer mas feliz del mundo!!! Después de tres años que George no me hablaba, lo ha hecho!!! Fue esta mañana en el jardín mientras Anthony y yo jugábamos entre mis rosas. De pronto lo vi allí junto a la fuente mirándonos con ternura. Me sorprendió tanto que dije su nombre en voz alta. El se disculpó y se iba a ir pero yo lo llamé. No sé porqué lo hice, no debería haberlo hecho, estuvo muy mal pero no pude evitarlo. Desde que me casé he querido pedirle que me perdone y hoy no soporté más y se lo dije. El me dijo que no tenía nada que perdonarme, que yo no tenía la culpa de que mis padres hubieran decidido mi vida. Tengo que confesar que eso me hizo sentir mejor. El saber que George no me desprecia ni me odia, me hace sentir muy feliz!!!

10 de Agosto de 1897

No sé ni cómo empezar. He hecho algo muy malo. En realidad ya no sé cuánto he llorado…llorado por mi Anthony, por mi esposo que, aunque nunca está conmigo, no se merecía una traición así y también he llorado por mí. Sí por mí, porque después de lo que pasó con George anoche creo que ahora seré más infeliz que antes. No pude evitarlo y creo que él tampoco. Oh no!!! Porqué fuimos tan débiles!!! Ahora nos hemos causado mas daño a los dos!!! George se fue para Escocia esta mañana temprano. Le dijo a la tía Elroy que tenía que arreglar un asunto en Escocia pero yo sé que no es verdad. Yo sé que lo hizo porque también se siente mal por lo que pasó entre nosotros anoche. Oh George!!! Mi amado George!!! Anoche me di cuenta cuánto ha sufrido por nuestra separación.

20 de Setiembre de 1897

Las cosas se complican cada vez más. Creo que estoy embarazada y no sé qué hacer!!! Estoy desesperada!!! Qué voy a hacer con este bebé. Todo el mundo se enterará que le fuí infiel a Arthur. No quiero ni imaginarme a la tía Elroy que siempre se ha preocupado tanto por el honor de los Andrey. Al mismo tiempo me siento muy feliz. Tener un hijito de George es lo mejor que me podría pasar. Y Anthony tendría un hermanito. Debo de ser fuerte para cuando nazca. Tendré que enfrentarme a toda la jerarquía de los Andrey, pero pienso quedarme con el bebé. Anoche le estuve tejiendo unas botitas. Usé lana rosadita porque estoy segura que es una niña. Una niña…estoy segura que se llevará muy bien con Anthony. Desde ahora mi razón de vivir serán ellos dos. Cuando el bebé nazca seguramente me echarán de la mansión pero estoy segura que George no me desamparará. Sin embargo, no le quiero decir nada a George todavía. Sólo lo sabe Celia y yo sé que ella primero muere antes de revelar uno de mis secretos.

Albert quería seguir leyendo pero las lágrimas le habían nublado la vista. Sacó un pañuelo para limpiarse y siguió leyendo.

13 de Diciembre de 1897

He estado en cama por una semana. Los mareos y las nauseas me han atacado peor que cuando estaba embarazada de Anthony. He estado disimulando pero la semana pasada no me pude levantar de la cama. La tía Elroy insistió en llamar al doctor pero yo le dije al doctor que seguramente había comido algo que me había caído mal. Me siento tan débil. A veces temo por la vida de mi bebé pero no puedo ir al médico. Celia me ha ofrecido llevarme a un curandero que ella conoce pero yo prefiero que nadie sepa de mi embarazo.

25 de Marzo de 1898

Es imposible ocultarlo más. Le he dicho a Celia que me lleve a su casa para ocultarme allí. La tía Elroy cree que ando de vacaciones en Europa.

8 de Mayo de 1898

Ayer nació mi bebé, fué una hermosa niña. Estoy muy débil pero quise escribir estas palabras. También le he escrito una carta a George diciéndole que hemos tenido un bebé…

Albert pasó la página pero ya no había nada más escrito. Albert buscó desesperado algo más pero no había nada. Esto era lo mas impactante que hubiera leído en toda su vida. Una niña, su hermana había tenido una niña y nadie lo sabía!!! En algún lugar del mundo él tenía una sobrina de 18 años, pero dónde?! ¿Qué había pasado con esta niña?¿La tendría George escondida en algún lugar? Después de todo Pauna decía que le había escrito una carta. Como si el diario hubiera leído sus pensamientos, un papel doblado se cayó de entre las hojas. Albert lo juntó y al abrirlo se dió cuenta que era casi imposible encontrar a esta niña. El papel doblado era la carta a George, quería decir que Pauna no la había enviado. George no sabía nada.

Parte Final

-Señorita Candy- dijo George -El Señor Albert me ha pedido que venga a recogerla ya que había quedado de tomar almuerzo con usted.

-Gracias George- contestó Candy subiéndose al carro.

Candy simpatizaba mucho con George. Al estar Albert casi siempre ocupado en los negocios, George era el que siempre estaba disponible para cualquier cosa que se le ofreciera a Candy. Y George lo hacía con gusto pues le había tomado mucho cariño a la pequeña pecosa que un día fuera a recoger al Hogar de Pony para llevar a casa de los Leegan.

Candy, cómo has crecido! pensó George mientras manejaba. Me da mucho gusto que en realidad te hayas convertido en la señorita educada que el señor William quería. Nunca te lo he dicho pero tus ojos me recuerdan mucho los de Pauna, mi único amor. Estoy seguro que serás tan dulce y elegante como ella. Sin darse cuenta, una lágrima se deslizó por su mejilla. La última vez que estuvo con Pauna habían fantaseado con tener una niña y ponerle Candy por nombre. Candy, quizás por eso desde que te vi por primera vez me dio un vuelco el corazón, ese es el nombre que a Pauna siempre le gustó.

Llegaron a la mansión. Candy se bajó del carro y se dirigió hasta la entrada pero nisiquiera tuvo que tocar. Albert abrió la puerta agitadísimo:

-Candy! Tenemos que irnos ya! El detective me acaba de informar de la persona que te abandonó en el hogar!

-Oh Albert! Estoy tan emocionada que quisiera llorar!- contestó Candy que ya se había contagiado con la emoción de Albert.

-¿Los acompaño señor?- preguntó George viendo que Albert estaba tan agitado que no sería seguro que manejara.

-Creo que es una buena idea, George- dijo Albert sin saber lo que les esperaba.

Por fin llegaron a la casa de la única mujer que podría saber el orígen de Candy. Era una casa vieja y muy humilde. La señora ya mayor que vivía en ella no era otra que Celia Casafont, la que fuera dama de compañía de Rosemary Pauna Andrey. Al ver el carro de los Andrey estacionarse al frente de su casa, Celia casi se desmaya.

Dios mío!!! El momento mas temido de mi vida ha llegado!!! pensó Celia. Desde que había abandonado a Candy en el Hogar de Pony su conciencia no había tenido paz. Cada vez que tocaban la puerta pensaba que era la policía o algún miembro del clan Andrey que se había dado cuenta de la existencia de la bebé de Pauna. Apesar de haber desaparecido cuando Albert era muy pequeño, lo reconoció immediatamente pues siempre leía todas las noticias que tuvieran que ver con los Andrey.

Dios ha tenido misericordia de mí!!! pensó aliviada. El jóven William siempre fue noble como los mismos ángeles.

Pero al ver a George el temor volvió a apoderarse de ella. Seguramente vendría lleno de ira a reclamarle el haberle robado lo único que le había dejado Pauna, su hija. Seguramente ni la bondad de Albert podría aplacar la furia de un hombre al que le privaron el derecho de ser padre. Su terror se agudizó al ver a Candy. La habían encontrado. Después de tantos años aquella bebé inocente a la que no tuvo el valor de proteger por fin había encontrado su familia. Celia no esperó a que tocaran la puerta.

-SEñOR WILLIAM!!!!! SEñOR GEORGE!!! – salió gritando desesperada. -POR FAVOR SE LOS RUEGO NO ME METAN A LA CARCEL!!! ES VERDAD LE FALLE A MI SEñORA PAUNA POR MI COBARDIA PERO LO HE PAGADO CADA DIA DE MI VIDA!!!! OH SEñOR GEORGE!!!! SEñORITA CANDY!!!! PERDONENME!!! PERDONENME!!!PERDONENME!!!

Celia se limpió las lágrimas y siguió con su monólogo:

-Tuve que abandonar a la niña porque la señora Pauna murió y yo no supe que hacer. Estaba muy asustada!!! Yo estaba muy jóven y no sabía qué hacer con un bebé. Por favor no soy mala!!!! PERDONENME!!!!

Candy y George no entendían nada. Pero Albert sí. Esta señora no era otra que la dama de compañía que su hermana había nombrado en el diario. Y Candy….Candy era la bebé que su hermana tuvo con George, su sobrina.

-Cálmese señora- dijo Albert. -No estamos aquí para acusarla o meterla a la cárcel. Estamos aquí para que usted nos cuente toda la historia desde el principio.-

Candy y George se le quedaron mirando a Albert, parecía que Albert sí entendía de qué se trataba todo.

-Candy, George- dijo Albert calmadamente. -Hay algo que no les había contado porque yo mismo no lo entendía hasta ahora que hemos hablado con esta señora. Pero prefiero que nos los cuente ella ya que yo mismo no sé muchas cosas.

Celia Casafont les contó todo; todo lo que Albert ya había leído y algo más. Cuando Pauna tuvo a Candy se la entregó a Celia para que la escondiera por mientras ella se comunicaba con George y planeaban el escape. Pero Pauna nunca se recuperó de su parto clandestino y murió a los cinco meses de haber tenido a Candy. Celia se asustó y no supo qué hacer con la bebé, por eso la dejó en el hogar. La última vez que vio a Pauna, ella le dijo que su bebé se llamaba Candy y por eso dejó el papel en su canastita con el nombre.

Cuando Celia terminó la triste historia no sólo ella sino Candy, George y Albert estaban llorando por igual. Después de abrazarse y hacer las paces unos con otros, Candy, Albert y George se subieron al carro. Pero ahora no como empleado, protegida y protector, sino como padre, hija y tío.

Comentarios

comentarios

Check Also

Caminos del destino Capítulo 33

CAMINOS DEL DESTINO POR SHELSY Capitulo 33   Rencor La luz del sol iluminaba la …