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Un lugar a donde ir – Capítulo 6

Capitulo VI: “Entre el pasado y el futuro”.

Mientras actuaba en “El rey Lear”, Terry subió su mirada hacia los palcos de honor, ¿podría ser verdad lo que alcanzó a ver por unos instantes?, ¡era ella…estaba aquí!, pero….¿con quien?, ¿acaso vino sola?. No, no podía ser, mientras recitaba su texto, intentó no perder la concentración, y cuando eran otros los que recitaban, el continuaba pensando, ¿realmente está aquí…o es quizás una mala jugada de mi mente?, ¿por qué no consigo olvidarte…? ¡Candy!, ¿acaso debo vivir una vida entera sin ti, pero deseando a cada minuto de mi vida estar contigo?.

Después de dejar a Susana en Chicago, Terry se había marchado a su mansión de Nueva York, el tenía varias casas repartidas por todo el mundo, y solo se hospedaba en hoteles en los lugares que no se había decidido a comprar nada.

Susana le había escrito, diciéndole que iría a visitarlo, ya que ella acababa de adoptar al bebé, y quería que aunque el no se ocupase del niño, que al menos lo conociera. Ella lo hacía con la intención de ablandar sus sentimientos, y conseguir así un acercamiento con el joven. Terry aceptó, con la condición de que no le molestara su presencia, ya que actuaba hasta muy tarde y debía descansar durante el día.

Cuando Eric, sus hermanos y Candy se disponían a entrar al camerino de Terry, y esté justamente se estaba volteando para saludarlos, Candy estaba justo al final, detrás de los tres hermanos, primeramente habló Cristine: -Terry, ¡que bueno que te llegara mi nota, y que te acuerdes de nosotros!…-, Terry contestó: -¿cómo podría olvidar a los únicos amigos de mi niñez, aquí en América?, pero…donde esta Jimmy-, a lo que Eric contestó con una risotada:- Jajajajaja, ¿Jimmy?, hacía mucho tiempo que nadie me llamaba así, ¡estoy aquí amigo!, pero desde hace mucho tiempo todos me llaman Eric.

Esto era porque el nombre completo de Eric era Frederic James Aston, y Jimmy era el diminutivo de James, el nombre por el cual Terry llamaba a su amigo cuando eran pequeños. Realmente, Eric fue y aun era, el mejor amigo que Terry tuvo jamás en su vida.

Los dos jóvenes se dieron un fuerte abrazo. Luego Eduard saludó también a Terry.

Candy pensó: ¿queeeeee……?, ¿ahora que hago?, ¡son amigos!, ¡Dios mío, donde me he metido!, ¡tierra trágame…!.

Al fondo del camerino, se oyó el llanto de un bebé. Había una joven acunándolo y diciéndole dulces palabras: -vamos, mi niño duérmete, no llores mas…-

-¡Vaya, un bebé!, dijeron todos, entonces Terry dijo: -ella es ….-, -“Susana, su esposa”…-dijo ella con el bebé aun en brazos.

Eric dijo entonces: -esposa…hijo….¡enhorabuena Terry, lo tienes todo!.

-¡Ah por cierto!, con tanta buena noticia….yo también tengo algo que decirte- dijo Eric tomando a Candy por la mano y acercándola a los demás. -Esta preciosa joven es mi prometida…-

Justo Terry se disponía a mirar a la joven, cuando Eric dijo: “vamos amor… no seas tímida acércate y saluda a mi amigo, ¡Candy ven…!.

-¡¡¡Como!!!, ¿Candy?- Terry dirigió su mirada rápidamente hacía la prometida de su amigo, cual no sería su sorpresa cuando vio que ella era… “Era ella…era su amor, era….Candy…., la mujer que ocupaba sus pensamientos cada día, y sus sueños cada noche, la razón por la cual el no perdía su cordura, la esperanza que le quedaba de aun sentir algo por alguien”, pero… ¿como podía ser, que razón unió a Candy con Eric?, ¿por qué el?, ¿por qué era el destino tan cruel, de hacerle ver de nuevo a Candy y que ella fuera de otro hombre?, ¿acaso estaba pagando alguna deuda por algo malo que hizo en su vida?.

Susana también la miró, y aunque se sorprendió, se alegró enormemente de la situación, “esto hará que Terry abra los ojos hacia mi”…pensó para sus adentros. Luego dijo: “ya nos conocíamos, Candy y Terry estudiaron juntos en Londres, y yo la conocí cuando vino a ver una representación nuestra…”

-¡Vaya, que pequeño es el mundo!, ¿verdad cielo?,- dijo Eric, y continuó, -entonces tenéis que venir a la fiesta de compromiso que hacemos en nuestra casa, ya te dejo anotado cuando es y la hora, por favor Terry dime que podréis venir tu esposa y tu, ¿si?.-

-Por supuesto que iremos, ¿cómo íbamos a faltar a la fiesta de compromiso del mejor amigo de mi querido esposo- dijo Susana.

Terry y Candy no salían de su asombro… los dos enmudecieron al instante, ¿cómo se vieron involucrados en algo así?…

Terry, se volvió y miró hacia el suelo, intentando recuperarse de la impresión, y Candy que pensó que le daba igual la noticia, ya que vio que estaba en su camerino con su esposa y su hijo, no dijo nada, solo pensó: “el es feliz, ahora me toca a mi, esto no es nada malo…no lo estoy engañando, el tiene su vida y al parecer, le da igual la mía…”

Candy se marchó, junto a Eric y sus hermanos, pero le comentó a su prometido que estaba bastante cansada, y realmente no tenía ganas de ir a la fiesta, el chico la comprendió y decidieron todos marcharse a casa, mandando una nota con un mensajero, para disculparse por su ausencia.

Cuando Terry recibió la nota, pensó: “¡No quiere verme…!”, acto seguido la rompió en mil pedazos, y abandonó la fiesta, sin importarle que dejaba allí a Susana.

Susana vio como Terry le alejaba y abandonaba la fiesta, ella había ido con Marie, y con su dama de compañía, a Nueva York, a la cual había dejado en la casa que Terry tenía en la ciudad, cuidando al bebé. Marie fue a acompañar a Susana a la fiesta, también fue al teatro a ver la representación, pero ella llegó al camerino de Terry cuando Eric y Candy se habían marchado junto con los hermanos de éste.

-Por favor Susana, reconsidera todo lo que te he dicho, ¡debes decir la verdad!, yo se que tu amas a Terry, pero ¡estas llevando las cosas demasiado lejos!- dijo Marie.

-Lo siento, no puedo, no quiero, ¡no lo haré jamás….! ella esta prometida a otro hombre, ¿ves que fácil fue para ella sustituir a Terry?, quizás no lo amaba realmente, pero yo nunca lo sustituiría, aunque tuviera una lista interminable de pretendientes, la cual no tengo por estar lisiada…- dijo Susana.

Mientras tanto, Terry vagaba por la ciudad sin rumbo fijo, solo una cosa tenía en su mente “la imagen de Candy con otro…”, ella… ¡está con otro!, ¡no!, ¡no puede ser…!, ¡maldita sea mi suerte!, ¿por qué Candy?, ¿ya me olvidaste….?, ¿por qué te dejaría marchar?, solo por eso merezco perderte, pero…. ¿por qué Eric?, ¿cómo pudo ser…?, no lo entiendo…, ¡no es posible!, no…, no…¡No!.

Terry, estaba tan dolido, frustrado y decepcionado, sentía que su vida había acabado en el mismo instante que vio a Candy con otro, y además era un hombre bueno, ¡su mejor amigo!, no podía hacer nada contra eso, jamás dañaría a un ser tan noble como Eric, además el no sabía que Candy era la mujer que el amaba….No lo hizo a posta, ¿qué sabía el de lo suyo con Candy?, ni de todo lo que había ocurrido en el pasado.

Tan absorto en sus pensamientos iba, que de pronto se vio en medio de la calzada, cuando un coche que venía a gran velocidad casi lo atropella, cosa que no fue, porque pudo esquivarle justo a tiempo, entonces el chico pensó, -si no puedo vivir con ella, ¡no quiero vivir!, cerró sus ojos y se quedó allí en medio del tránsito esperando que algún otro coche acabara de hacer lo que el otro justo no hizo…

Cuando de pronto alguien lo tomó del brazo y lo llevó a la acera, -¡pero chico!, ¿qué estás haciendo?, ¿acaso no ves que te pueden atropellar?, ¿estás bien, necesitas ir al hospital?, pareces un poco ido- dijo el transeúnte. –No gracias, déjeme por favor…- dijo Terry mientras se alejaba…

De los ojos de Terry brotaron un mar de lágrimas, totalmente incontenibles, algo se desmoronaba en su interior, no era posible soportar una pena tan grande, se apoyó en la pared de un solitario callejón y fue resbalándose hasta encontrarse sentado en el suelo, con la cabeza entre sus manos y su frente apoyada en las rodillas, su llanto era aterrador.
Se quedó así durante mucho rato, tanto que cuando volvió en sí, ya había amanecido. Se levantó del suelo, y poco a poco intentando mantener el equilibrio, se marchó.

Mientras tanto, Candy había estado gran parte de la noche pensando, tenía que hablar con Eric, debía contarle lo que hubo entre ella y Terry, para que así no se encontraran mas y no tener que enfrentarse a una situación tan desagradable, como era ver a Susana con el hijo de Terry, y ver lo que ella podría haber tenido con el, pero por cosas del destino no pudo ser.

Candy se repetía una y otra vez, ¡la eligió a ella, finalmente se enamoró, se casó y ahora tienen un hijo!, ¡me dijo que no me amaba, y que rehiciera mi vida!, ¿qué mas necesito para darme cuenta que no puedo hacer nada?, mi vida esta con Eric, además yo le quiero mucho, pero…¿lo amaré realmente?, si no es así, aprenderé a hacerlo.

A la mañana siguiente, Eric recibió un mensaje de su tío el doctor Mitchell, al parecer le decía que le habían escrito del hospital de Nueva York, donde Eric empezaría a trabajar después de unas prácticas, solicitando que Eric comenzara lo antes posible, así que, no debía volver a la clínica de su tío, y que Candy podría quedarse si ella quería, ya que el tenía a alguien que le ayudaba, había resultado ser una buena ayudante. Pero que si Candy quería volver, lo podría hacer en el momento que ella quisiera.

Cuando Candy se despertó, Eric le contó todo, ella le dijo que esperarían que la hermana María y la srta Pony viniesen para hablar con ellas, mientras tanto se quedaría con el en Nueva York.

-Candy respeto tu opinión, pero…si tu te marchas ¡yo me iré contigo!, ¡no pienso estar lejos de ti ni un solo día!, ¡moriría de la tristeza!. Mi hogar estará allá donde estés tu.-dijo Eric.

-¿De veras harías eso por mi?- dijo Candy. –Sin dudarlo ni por un segundo- contestó Eric.

Después de eso pasaron muchos días estupendos, Candy se sentía muy querida por todos, especialmente por la madre de Eric, ella pensó: ¡que bello es sentirse querida!, ¿quizás mi madre era parecida a la mamá de Eric, y mi padre como su padre?, me hubiera gustado que hubiera sido así, pero…eso nunca lo sabré…

Al poco en casa de Terry, le había llegado una invitación para la fiesta de compromiso, de Eric y Candy. Cuando Terry la vio, la rompió y la tiró al suelo, Susana le dijo: ¿no vas a ir verdad…?, no creo que fuera de buen gusto, además ellos se veían tan felices… no creo que se den cuenta, sobre todo Candy si no vas, es decir, si no vamos a su fiesta.

Terry se reveló al fin, diciéndole a Susana: “si no quieres no vayas tu, por que yo…si que iré…” Susana se quedó pálida de la impresión, creía que al decirle esas cosas, su orgullo de hombre le impediría ir, para ver como la mujer que amaba se comprometía ante todos con otro que no era el, pero Terry no era como cualquier otro hombre, el era especial, nunca se sabía cual iba a ser su reacción. Y esta vez fue totalmente contraria a la que Susana esperaba. Ella no podía permitir que fuera solo, debía ir con el, de ese modo Candy vería que ellos estaban juntos, y seguiría creyendo que estaban casados, y así no se echaría atrás, en el caso que hubiera alguna duda en su mente.

-Pues entonces yo también iré- dijo Susana, -haz lo que quieras- dijo Terry, e inmediatamente se marchó para su habitación.

Llegado el día y una vez se habían arreglado para la ocasión, se dirigieron hacía la mansión de los Aston, Terry le dijo a Susana: -no esperes que te atienda cuando lleguemos allí… para eso llevamos a tu dama de compañía-, Susana bajó la mirada y se quedó callada.

Mientras tanto, en la mansión de los Aston, hacía unos días que habían llegado todos los del hogar de Pony, Candy lo había pasado muy bien con ellos, la familia de Eric los había acogido realmente bien, la mansión era tan grande que podían tener una habitación individual para cada uno de ellos, pero los chicos no estaban acostumbrados a dormir solos y decidieron compartir habitación.

Eric pasaba los días en el hospital, y cuando llegaba por las tardes estaba todo el rato con Candy y los chicos del hogar de Pony, además de la hermana María y la srta Pony.

En unos de los momentos en que Candy estuvo a solas con la hermana María y la srta Pony, hablaron tendidamente de lo feliz que se encontraba junto a Eric y su familia, ellas le preguntaron a Candy si eso era lo que realmente quería y Candy contestó que si.

Las buenas mujeres, estaban que no cabían en si mismas de la felicidad, ¡al fin su niña era feliz!, no hacían mas que llorar de la alegría, -por favor, no lloréis mas, me haréis llorar a mi también…- dijo Candy.

Esa misma mañana habían llegado también, Albert, Archie, Annie y Patty, que por supuesto se quedarían también en la mansión, y que ya habían sido presentados a la familia de Eric, por cierto, Eduard que ese día no fue a trabajar, por ser la fiesta de compromiso de su hermano, fue muy amable con Patty, y se llevaron mucho rato hablando.

Al llegar la noche, los chicos del hogar después de cenar se habían acostado, ya que no estaban acostumbrados a trasnochar, y los amigos y familiares de Candy se encontraban en el salón.

Al rato comenzaron a llegar los invitados.

Eric esperaba en el gran salón, junto a su familia a Candy, finalmente ella apareció, y no fue una sorpresa para nadie, que luciera tan hermosa, su vestimenta era muy fina, con un vestido de terciopelo de color granate, con un estampado de color dorado, las mangas eran semi transparentes de un fino tul también granate, llevaba un delgado cordón de oro con un colgante con un topacio amarillo, su pelo semi recogido con un lazo que hacía juego con el color del vestido, el cabello que no estaba sujeto, lo tenía por delante hacia un lado de la cara y el cuello y le caía sobre el pecho, hacía el estómago.

Por supuesto todas las miradas se fijaron en ella, pero había tres especialmente fijas: Eric, Eduard, y ….Terry.

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2 comments

  1. Me encanta esta pagina 🙂 yo qued ebastante traumatizada con la historia de candy pero me alegra ver como se esmeran aqui para cambiar la historia un poco y mojorarla, me aprece increible su trabajo.

  2. Gracias Paaauu, al menos por mi parte, me alegra que te guste. Saludos.

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