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Un lugar a donde ir – Capítulo 2

Capitulo II: “Renacer de una ilusión.”

Candy durmió hasta el día siguiente, después de haberse pasado horas llorando en su habitación, justo después que se marchó Annie, ya que ella creyó que Candy se había dormido.

Se preguntó casi toda la noche, ¿cómo podía ser?, ¿sería verdad?, pero estaba en el periódico, una noticia así no sale en el periódico por las buenas, ya que los interesados hubieran dicho algo al respecto, fue un duro golpe para Candy, pero llegó a pensar, ¡quizás Terry no me amaba tanto como yo creía!, ¡la eligió a ella!, ¡me dejó marchar…!, ¿por qué te casaste Terry, cómo pudiste hacerlo?, Candy creyó que iba a enloquecer del dolor y de la rabia, no quería sentirse así, pero ¡se casó el hombre que ella amaba!, lo perdió para siempre, si quedaba en algún rincón de su alma, una brizna de esperanza de volver con Terry algún día, ese periódico, hizo que desapareciera, simplemente mató lo único que hacía que Candy aún pensara que tal vez algún día, podrían haber estado juntos….

Mientras tanto, los chicos no sabían como hacer, si dejar un rato a solas a su amiga o ir a consolarla…

Esperarían un poco más, y si ella no daba ninguna señal, irían a buscarla…

Una vez Candy soltó toda su pena, sus lágrimas y su decepción, decidió que volvería al hogar de Pony, pasaría ese día con sus amigos y luego al día siguiente se marcharía, necesitaba su hogar de Pony, para poder continuar…

Cuando los chicos vieron que Candy finalmente salió de su habitación, se acercaron a ella y le preguntaron que como se encontraba, ella les dijo que ya estaba mejor, que no quería hablar mas del tema, que solo le hacía daño recordar y que por favor, pasaran bien el día juntos ya que se marcharía al día siguiente, todos quedaron muy desilusionados por la noticia de su marcha, pero la entendieron, ya que sabían que el hogar de Pony para ella era una dulce medicina, que curaba su corazón, Annie y Patty comenzaron a llorar, diciéndole a su amiga: “Por favor perdónanos, Candy…”, “Nunca quisimos hacerte daño…”, Candy abrazó a sus amigas y les dijo: “no me habeis hecho daño, de verdad, el daño me vino por otro lado…” Ellas comprendieron y no dijeron nada mas…

A la mañana siguiente, todos estaban despiertos desde muy temprano, ya que sabían que Candy era propensa a marcharse sin despedidas, ya que a ella no le gustaban. Candy al bajar las escaleras, se llevó una gran sorpresa al ver que todos sus amigos la esperaban, su corazón estalló de felicidad, al ver que tenía tantas personas buenas alrededor, que además la querían mucho, aunque esta felicidad vino acompañada de un mar de lágrimas, mas en su boca había una gran sonrisa, y es que sus lágrimas eran de felicidad, acompañada de una inmensa melancolía, ya que sabía que se alejaba de sus mejores amigos, aunque eso no sería ningún problema ya que ellos irían a visitarla.

Candy se despidió, con un fuerte abrazo de cada uno de ellos, y finalmente al llegar a Albert, este se acercó a Candy y le susurró al oido, -“Me debes una fiesta…”, la próxima vez no te escaparás tan fácilmente- seguidamente le sonrió le dió a Candy un dulce beso en la frente, ella pudo notar algo húmedo y así era, ¡Albert estaba llorando!, el realmente sentía mucho dolor al saber que Candy sufría….
Se secó rápidamente sus lágrimas, y con una gran sonrisa, que ocultaba su tristeza por la marcha de su amiga, se despidió de ella, con la promesa de que se verían muy pronto.

Candy se disponía a subir al coche, y mientras tanto sus amigos decían: -¡Adios Candy, hasta pronto!, iremos a verte al hogar de Pony-, -“¡Adios chicos!, “si, pronto nos veremos”, afirmó Candy mientras pensaba: -será en mejores condiciones, cuando nos reunamos, espero estar recuperada-, mientras el coche donde iba Candy se alejaba, los chicos comentaban, -¡Ojalá encuentre pronto la paz que necesita, y pueda superar lo de Terry!.

Finalmente cuando llegó al hogar de Pony, la hermana María y la srta Pony ya habían acostado a los niños, -Así es mejor, mañana será otro día y ellos me verán mas alegre, no quiero entristecerlos-, se alegraron mucho de ver a Candy, estuvieron hablando mucho rato de lo bien que lo habían pasado todo el verano, pero Candy no contó nada acerca de Terry y Susana, no quiso que se preocuparan por ella, bastante lo habían hecho ya.

Además, al día siguiente comenzaría a trabajar en la clínica de nuevo, eso le haría pensar en otras cosas, y tendría su mente mas ocupada.

Se alegró al pensar que vería de nuevo al amigable doctor Mitchell, este era un hombre que rondaba los 50 años mas o menos, de complexión ancha, pero no obeso, su cabello era castaño oscuro y tenía canas por las patillas y alguna dispersa por todo el cabello, llevaba bigote y barba, que quizás le hacía mas mayor de lo que realmente era, su voz era un poco grave, y sus ojos eran de color miel, se adivinaba que había sido un hombre realmente atractivo, era bastante alto, y sobre todo muy agradable.

La hermana María y la srta Pony, vieron que algo andaba mal, pero no quisieron preguntarle nada a Candy, -ya nos dirá cuando esté preparada-, comentaron las buenas señoras, -algún día, nuestra niña encontrará la felicidad, ella lo merece…-

Candy llegó a la clínica bien temprano, el doctor Mitchell la esperaba, y la recibió muy alegre, estaba contento con el regreso de su enfermera, -¡Que bien, al fin regresaste!, ¿lo pasaste bien con tus amigos?, ¿vendrás repuesta y con ganas de trabajar, verdad?, jajajajaja, se rió escandalosamente. –Si, con muchas ganas- contestó Candy. –Eso esta bien, he de decirte que le dí unos días a mi sobrino, ya que trabajó muy duro, pero lo conocerás mañana, acaba de regresar de ver a la familia, pero llegó algo cansado del viaje, tendrá que reponerse-, dijo el doctor, -claro es natural- contestó Candy.

Doctor y enfermera se dedicaron todo el día, a arreglar un poco la clínica, ya que había sido una jornada tranquila, así aprovechaban para cuando estuvieran mas ocupados y no pudieran hacerlo. Se marcharon pronto a casa, ya que todo estaba tranquilo, pero antes el doctor le dió las gracias a Candy por su ayuda, y también por la subvención que recibió de parte de la familia Andrew, que le había llegado mientras ella estaba de vacaciones, -¡Ah si, fue idea de Albert, es mi tío!- dijo Candy, -Aún así, muchas gracias, la ayuda nos vendrá muy bien- dijo el doctor.

Candy, decidió ir al pueblo a dar una vuelta y a comprar unas cosas antes de volver al hogar de Pony, entró en varias tiendas, y compró pasteles y caramelos para los niños, al salir de la tienda, como iba un poco cargada, tropezó y se le cayó todo por el suelo, se dispuso a recogerlo todo, cuando de repente alguien se acercó y comenzó a ayudarla.

-Muchas gracias señor- dijo Candy, -¿Señor, acaso se me ve tan mayor?- respondió el chico con una sonrisa en la boca, -¡vaya es la primera vez que me ocurre!- dijo mientras se tocaba la barbilla. -¡Oh disculpe, no le vi bien cuando le contesté!- contestó Candy, cuando finalmente ella miró al joven, se quedó muda, era realmente guapo, un chico alto de complexión fuerte pero muy elegante, con unos profundos ojos verdes miel, y el cabello de color castaño miel, su voz era muy varonil pero a la vez melodiosa, una sonrisa divina, y su piel era trigueña, dorado por el sol, ¿quién era esa aparición?-

-¡Vaya!, ¿no te habrás hecho daño?, te quedaste sin habla… – dijo el joven, -No, no pasa nada estoy bien, me ocurre a menudo que suelo caerme, jejeje,- rió Candy, -Pues ten mas cuidado, siguió diciendo con una bella sonrisa en su boca, no quiero que una cara tan linda se arañe,- le guiño un ojo y continuó, -tengo mi coche aquí, ¿quieres que te acerque a algún sitio?, si no es mucho atrevimiento por mi parte, por cierto soy Eric, -mucho gusto Eric, contestó toda sonrojada, yo soy Candy, no te preocupes me gusta caminar, gracias por el ofrecimiento- dijo mientras se alejaba, -bueno entonces ya nos veremos por ahí- dijo Eric saludándole con la mano, mientras pensaba –Candy, ¡que nombre mas dulce, para una chica tan linda!…-

Cuando Candy llegó al hogar de Pony, todos los niños se pusieron muy contentos, comieron y jugaron todos juntos, realmente lo pasaron muy bien, Candy se encontraba muy tranquila, pero de repente le vino a la memoria, ese misterioso chico, ¿de donde había salido?, no parecía ser de allí, era bastante refinado, pero no se veía, el típico chico rico, mas bien era muy sencillo, aunque por la forma de expresarse se veía que tenía una buena educación, -bueno ¡basta ya de pensar!-, siguió jugando con los niños, y cuando estos ya se habían acostado, se despidió de la hermana María y la srta Pony, ya que ella tenía que acostarse temprano, porque tenía que madrugar para ir a la clínica.

A la mañana siguiente, justo llegaba a la clínica, que aún estaba cerrada, era bastante temprano, pudo observar que había alguien sentado en el escalón de la entrada, era un chico, ¿podría ser…?, ¡era el, era Eric!, ¿qué hacía allí?, ¿estaría enfermo?…Candy se acercó y le saludó, -Buenos días, Eric-, -¡Hola Candy!, dijo Eric, y luego acto seguido dijeron los dos al unísono, -¿te encuentras mal?, se miraron fijamente, y bastante sorprendidos dijeron -¿no serás tu…?, en eso llegó el doctor Mitchell y dijo: -bien veo que ya os conocéis-, el asombro fue mutuo, y ambos quedaron boquiabiertos, y sin poder articular palabra…

El doctor Mitchell continuó: -Candy este es mi sobrino el doctor Frederic. J. Aston, es el hijo de mi hermana, pero todos le llamamos Eric, ¿recuerdas fue el que te dije que vendría?, y Eric esta chica es la nueva enfermera Candy. -Nos conocimos ayer en el pueblo tío,- dijo Eric, -si, justo me ayudó cuando se me cayeron algunas compras al suelo- dijo Candy. –Muy bien, pues ya que nos conocemos todos, empecemos el día- dijo el doctor Mitchell.

Y así fue, a lo largo de la mañana hubo algunos pacientes, con diversos problemas, algunos accidentados, otros por alguna enfermedad, etc.. Candy los trataba con mucha paciencia y dulzura, y sobretodo mucha alegría, Eric la observaba a la par que trabajaba, y veía el entusiasmo de la chica, era increíble su dedicación, todos ponían mucho interés en el trabajo, pero su energía era desbordante, eso era lo que pensaba el joven doctor, así pasaron muchos meses de trabajo, a veces mas cansado y otras mas ligero e incluso tuvieron sus risas, cuando algo divertido ocurría, generalmente era alguna metedura de pata por parte de Candy, claro está sin importancia y no tenían que ver con los pacientes.

Mientras tanto en Chicago, Susana se disponía a salir, había quedado con una amiga, también esperaban a Terry, aunque este estaba bastante ocupado y no sabría si le daría tiempo de almorzar con ella, por eso es que invitó a su amiga, para no comer sola.

Cuando finalmente, Susana llegó al restaurante, ayudada por una dama de compañía, que era la que empujaba su silla de ruedas, el chofer de su auto la ayudó a ponerla en la silla y seguidamente entraron en el recinto, allí estaba Marie, era una chica bastante bonita, morena, ojos oscuros, de la misma estatura que Susana, de buena familia y bastante agradable, se conocieron en el hospital, ya que Marie fue a visitar a un familiar que se encontraba allí ingresado, en la misma fecha que el accidente de Susana, y una cosa llevó a la otra, acabaron haciéndose amigas, Marie sabía todo lo que pasó, con Terry, Susana y Candy, ya estaba puesta al corriente, ella no quería involucrarse en el tema aunque era el paño de lagrimas de Susana, cuando Terry no le hacía mucho caso, o pasaba algo similar.

Marie, no podía entender por que se aferraba a un amor no correspondido, pero veía que si Susana no se daba cuenta por sí misma, no había nada que hacer.

-Vaya, creo que no vendrá, menos mal que estás conmigo- dijo Susana, -¿por qué sigues con esa postura?- preguntó Marie, -¿no sabes que lo que hiciste lo enojó mucho?, sabes que yo te aprecio, y con el tiempo he llegado a tenerte mucho cariño, por eso me permito decirte estas cosas, así que deberías hacer algo para enmendar ese error…- continuó Marie.

-Ya sé que estuvo mal, creí que así haría que se decidiese de una vez a casarse conmigo, quizás me pasé al poner un anuncio en el periódico, pero estaba desesperada, creí que el iría tras Candy, ya que después que ella se marchó, el era un hombre muerto en vida, no tenía ilusión por nada, era como un fantasma rondando por la casa, y se llevaba todo el tiempo bebiendo, y a veces ¡le oí llorar!…y ¡hasta gritaba su nombre en sueños!, yo lo podía oír desde mi habitación, cuando finalmente se tranquilizó, y parecía que todo iba a mejor, hubo momentos que lo encontraba pensativo, no estaba conmigo, si, quizás su cuerpo estaba junto a mi, pero su corazón y sus pensamientos se fueron con ella, quise retenerle, ¡es que lo amo, no puedo… no debo perderle!, ¿acaso no lo entiendes, nunca amaste a alguien así?, se que estoy desesperada, pero ¡lo amo, y no lo dejaré jamás!…

-Claro que te entiendo, pero debes saber que el aún no es tu esposo, no lo agobies tanto, ya que acabará dejándote, si así lo haces- dijo Marie.

De pronto al fondo del restaurante, se divisaba la figura altiva y elegante de un hombre, cuya presencia derretía el hielo, y helaba el fuego….Terry.

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4 comments

  1. EN VERDAD QUE SOLO HAY UN CABALLERO INGLÉS CAPAZ DE DERRETIR EL HIELO DE TODO EL MUNDO Y CONGELAR EL INFIERNO ENTERO CON SU SOLA PRESCENCIA Y ESE ES MI DULCE TERRENCE.

    MUY BONITA TU HISTORIA.

  2. Gracias Conny, perdona no habia visto tu comentario antes, saludos.

  3. si solo con su dulce y encantadora voz lo derrite y congela lo que sea esa voz como me encanta

  4. Eso si Swet, jajajaja, desde luego, saludos.

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