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Un día de luna de miel

Un Día de Luna de Miel  (1)

por Manzana9

 

 

Este minific lo empecé a escribir el día 28 de enero para celebrar el cumpleaños de Terry, y también como una pequeña continuación del último capítulo del Fic 1918. Desde hace algunos meses me preguntaba, ¿cómo sería un día de luna de miel de Candy y Terry? Nuestra pareja consentida me permitió escribirlo pero me pidieron que el minific no fuera muy indiscreto, y esto fue lo que resultó. Espero que les guste y que lo disfruten tanto como yo.

 

 

Enero, 1919.

Edimburgo.

 

 

–  Amor, ya llegamos.

 

Candy abrió los ojos sintiéndose feliz. Por fin, después de mucho tiempo, estaba de vuelta en Escocia, la tierra del tartán y la gaita. Un par de horas antes se había acurrucado en los brazos de su marido arrullada por el vaivén del tren.  Habían viajado desde Londres después de pasar varias semanas en la mansión Grandchester en compañía de la familia de Terry. Ahora planeaban continuar su luna de miel en la casa de campo de Edimburgo.

 

– ¿Qué hora es? – preguntó dando un largo bostezo.

– Van a dar las 5.  Dormiste un buen rato pecosa.  ¿Estabas cansada?

– Alguien no me dejó dormir ayer por la noche sabiendo que tendríamos que madrugar el día de hoy – Candy respondió en tono de reproche.

– Tú tuviste la culpa – le reclamó Terry – usaste el camisón de la noche de bodas y no me pude resistir. ¿No será que me tendiste una trampa y ahora te quieres hacer la víctima?

– ¿Y no será que tú eres un sinvergüenza? – dijo la rubia poniéndose de pie para caminar hacia la ventana.

– Ayer por la noche no escuché ninguna queja sino todo lo contrario – el actor caminó hacia ella y se acercó para abrazarla por detrás – creí que la estabas pasando muy bien.

– A veces puedes ser muy… convincente – la rubia suspiró al sentir al amoroso abrazo de su marido.

– ¿Solo a veces? – susurró el actor en la mejilla de su esposa.

– ¿Cuándo dejarás de ser tan arrogante?

–  Cuando tú dejes de hacerte la víctima – el actor le dio un beso en el cuello.

– Terry… – Candy se estremeció al sentir la caricia – ya sabes que hay cosas que haces muy bien.

– Eso sí que es un halago pequeña pecosa – susurró el actor aspirando el suave aroma de su mujer.

– Mi amor, todos nos están viendo por la ventana.

 

El inglés levantó el rostro y sonrió con complicidad a su mujer.

 

– Te prometo que esta noche descansaremos – dijo besándola en la mejilla – pero te advierto que te abrazaré toda la noche.

– Esa idea me gusta – sonrió – va a hacer mucho frío, no ha dejado de nevar.

– Si mañana deja de nevar tal vez podremos salir de paseo.

– Me encantaría hacer ángeles y muñecos de nieve – dijo la rubia –  ¿se puede patinar en el lago?

– Sí, creo que hay unos patines de madera en la casa.

– ¿Tienes trineos pequeños?

– ¿Para qué?

– En el Hogar de Pony, Tom y yo usábamos unos trineos de madera para deslizarnos colina abajo – recordó Candy – ¡era muy divertido! ¿Te gustaría intentarlo?

– Creo que si hacemos eso terminaremos en el lago, pecosa. La pendiente está muy inclinada y no quiero pasar la luna de miel rescatando monas pecosas congeladas en el lago.

– ¡Terry! ¡Yo soy muy buena en el trineo!

– Jajajajajaja – rio el actor al verla hacer una mueca de disgusto – mona pecas no te enojes, si encuentro trineos en el hangar te prometo que lo haremos.

– ¿Y si sigue nevando? – preguntó pensativa – no podremos salir.

– Iremos al cuarto de música. ¿Te gustaría?

– ¡Qué buena idea!

– Tocaré el piano y cantaré para ti todo lo que quieras.

– ¡Será maravilloso Terry!

–  Ahora vamos – dijo dándole un pequeño beso – la gente ya está saliendo del tren.

 

Alquilaron un carruaje que los llevó a la casa por varias veredas que atravesaban la campiña. El paisaje mostraba un hermoso atardecer escocés. Las nubes arreboladas teñían la nieve con tonos anaranjados y rojizos,  reflejando miles de tonalidades que parecían cristales de colores adornando el lago.

 

– Escocia me trae hermosos recuerdos – susurró la rubia admirando el entorno a través de la ventana del carruaje.

– A mí también – susurró Terry.

– ¿Qué pasó con el biplano de tu padre? –  Candy recordó de repente – quedó en muy mal estado después de que Stear se estrelló en la colina.

– Se lo regalé a Mark, después lo vendió a un coleccionista.

– Me divertí mucho aquella vez – la rubia dijo con nostalgia – creo que nunca podré olvidar ese día.

– Tampoco yo. ¿Recuerdas lo que pasó en la  tarde?

– Sí, te di dos bofetadas.

– Yo me refería al beso que te di sin pedirte permiso.

– No fue el mejor de tus besos – dijo Candy viéndolo a los ojos.

– ¿Ah no?

– ¡Claro que no! Fuiste rudo y poco caballeroso.

– Ya veo – Terry mostró una sonrisa de lado –  tenías que esperar a llegar a Escocia para reclamarme por ese beso.

– ¡Por supuesto! – exclamó la rubia – y creo que tengo todo el derecho de exigir una compensación.

– ¿Sabes que eres una mona muy tramposa? – dijo Terry con una amplia sonrisa. Después la tomó por el cuello y la acercó para besarla abriendo su boca para morderla suavemente. El carruaje continuó su marcha durante un buen rato pero ellos no separaron sus labios hasta que llegaron a la casa.

 

Esa noche, el fuego ardía en la chimenea de la estancia de la casa de campo. La decoración, cálida y acogedora, mostraba el escudo de armas de la familia Grandchester enmarcado en un hermoso tartán de color rojo. Después de cenar, los amantes esposos, abrazados y arropados frente a las llamas, bebían una taza de chocolate caliente para entrar en calor.  Afuera, los copos de nieve caían ligeros embelleciendo las ramas de los árboles con una hermosa vestimenta blanca.  Parecía que el tiempo se había detenido esa noche. Ambos contemplaban el resplandor del fuego sin percatarse del correr de las manecillas del gran reloj al fondo del pequeño salón.

 

– Terry…

– ¿Qué pasa amor?

– ¿Sabes qué ha sido lo mejor de este día?

– No.

– Que estamos juntos y que Eliza no se aparecerá por la puerta.

– Eliza – Terry susurró pensativo – preferiría no volverla a ver en mi vida, ni a ella ni a su adorable hermanito.

– Tienen planes de irse a la Florida.

– Tal vez el calor les haga bien, tienen el corazón muy frío.

–  Seguramente no los veremos en mucho tiempo.

–  Es lo mejor para todos. Solo espero que para entonces ya hayan cambiado su actitud.

 

Los minutos continuaron su marcha mientras recostados en el sofá, los esposos permanecían absortos mirando al fuego.

 

– Terry…

– ¿Mmm?

– En dos días será tu cumpleaños.

– Es verdad.

– ¿Y no piensas celebrarlo?

– No lo sé, nunca he celebrado mi cumpleaños.

– ¿Por qué?

– Porque antes las cosas eran diferentes.

–  Pero ahora han cambiado. Tal vez podríamos organizar una pequeña fiesta.

– ¿Fiesta? ¿A quién invitarías?

– A tu familia.

– Prefiero celebrarlo solo contigo.

– ¿No quieres pasar tu cumpleaños con tus padres?

– Acabamos de pasar tres semanas con ellos.

– ¿Y no te gustó? Yo me divertí mucho con ellos y con tus hermanos.  Tu padre y tu madre estaban felices.

– Pecosa, decidimos quedarnos en Londres hasta que terminaras la terapia en mi pierna. Además te recuerdo que estamos de luna de miel.

– Entonces, ¿no quieres una fiesta?

– No.

– ¿Y qué haremos en tu cumpleaños?

– Pues podemos irnos a pasear por la ciudad, cenar en un restaurante, y por la noche te podrías poner de nuevo el camisón de la noche de bodas.

– ¿Y los regalos?

– Lo único que quiero es que tú seas mi regalo pecosa – dijo divertido – te verás preciosa usando ese camisón y con la boca pintada de rojo.

– ¡Terry!

– No se me ocurre nada mejor – dijo el actor dándole un beso en la mejilla – ¿aceptas?

– Mi amor – la rubia lo miró a los ojos  – yo solo quiero que pases un cumpleaños inolvidable.

– Y lo será amor – susurró gravemente – no tengas la menor duda.

 

El seductor tono de la voz de su marido hizo que Candy se acercara para besarlo mientras él la acariciaba tiernamente. Al terminar el beso, ella quedó recostada sobre su pecho.

 

– Terry…

– Dime.

– ¿Quieres quedarte a ver el amanecer?

– Pensé que estarías muy cansada.

– Mañana podremos dormir todo el día.

– No es mala idea pecosa, pero no creo que puedas.

– ¿Por qué?

– Eres muy dormilona.

– Yo no soy dormilona.

– Llevas varios días bostezando a todas horas y aprovechando cualquier ocasión para dormir aunque sea un rato.

– Pensé que no lo habías notado.

– ¿Por qué lo dices?

– Por nada.

 

El inglés se puso de pie  para poner otro leño en la chimenea, lo que avivó el fuego. Al terminar regresó al lado de su esposa quien se recargó en él.

 

– Terry…

– ¿Sí?

– ¿Qué más has notado?

– ¿Qué quieres decir?

– No lo sé, algo que hayas visto diferente en mí en estos días.

– Pues, ahora que lo dices, te he visto más hermosa. No sé cómo explicarlo, te ves diferente, tu cuerpo es más atractivo.

– ¿Y qué más?

– Pues, creo que también has estado algo extraña.

– ¿Extraña?

– Tú eres muy comelona y no estás comiendo de la misma manera.

– ¡Yo no soy comelona!

– Claro que lo eres pero estos días casi no has desayunado y hoy por ejemplo – explicó – no te terminaste la sopa que nos preparó la mamá de Mark para cenar.

– Estaba algo insípida.

– Candy, la sopa estaba deliciosa.

– Pues a mí no me gustó.

– ¿Lo ves? Algo te está pasando. Nunca antes había escuchado que algo de comer no te gustara.

– ¿Eso es todo lo que has notado?

– No lo sé, déjame pensar.

 

Terry abrazó a su esposa y durante un buen rato solo se escuchó el crujir de la leña bajo el fuego.

 

– Candy…

– ¿Qué pasa mi amor?

– Te conozco pecosa. ¿A qué viene todo esto de los cambios que he visto en ti?  Seguramente me estás ocultando algo.

– Pues si eso es lo que crees, entonces adivina.

– ¡Entonces sí hay algo que no me quieres decir!

– A ver señor sabelotodo – Candy sonrió y lo miró a los ojos – ¿qué te estoy ocultando?

– Déjame pensarlo pecosa.

 

De pronto el rostro de Terry se tornó serio y le tomó las manos.

 

– Deja de jugar conmigo Candy y dime la verdad, ¿qué es lo que tienes? ¿Estás enferma?

– No mi amor, no estoy enferma – sonrió la rubia – a lo que me sucede no se le puede llamar enfermedad aunque, me va a durar algún tiempo y me va a causar muchos malestares.

– ¿Algún tiempo? ¿Malestares? – el inglés preguntó preocupado – pero, ¿qué es lo que tienes? ¿Cuánto tiempo vas a estar así?

– Más o menos nueve meses.

– ¿Nueve me…? – en ese momento Terry entendió todo, abrió los ojos y recorrió el cuerpo de su esposa hasta reflejarse en su mirada – mi amor, ¿eso quiere decir que estás de encargo?

– Sí Terry – lo besó ligeramente en los labios – vamos a ser papás.

– Candy, amor – el actor conmovido le tocó con delicadeza el vientre – no sabes lo feliz que me haces.

– Entonces ¿te gustó la noticia?

– ¡Pecosa es maravilloso! – Terry se puso de pie – ¡Vamos a tener un hijo! Pero ¿estás segura?

– Sí mi amor, ayer Eleanor me llevó al doctor para confirmarlo – sonrió Candy – le dije que te daría la noticia aquí en Escocia.

– Ahora comprendo – sonrió Terry – y supongo que el duque también fue tu cómplice.

– Sí, por eso te pidió que lo acompañaras al parlamento.

– ¿Fue por eso que te pusiste el camisón de la noche de bodas? – le acarició la mejilla.

– Sí – la rubia sonrió pícaramente – estaba loca de amor y sabía que así no te ibas a resistir a pesar del viaje que teníamos en puerta.

– Pecosa tramposa – la ayudó a ponerse de pie para abrazarla – lo tenías todo planeado.

– Y tú caíste redondito.

– Pero la venganza es dulce – dijo cínicamente – ven, vamos a la cama.

– ¿Qué quieres decir con eso de “la venganza es dulce”?

– Olvídate de los patines y los trineos.

– ¡Eso no es justo!

– Además, ya nos vamos a ir a dormir.

– ¿Qué no vamos a ver el amanecer?

– Claro que no, tienes que descansar y recuperarte del desvelo de anoche.

– ¡Pero yo me siento bien!

– ¿Tan pronto se te olvidó mi cumpleaños? – dijo con una sonrisa seductora – en dos noches más no vas a dormir ya que no solo serás mi regalo sino también mi pastel de cumpleaños y te quiero con betún de vainilla y cerezas. Esa será mi dulce venganza.

– ¡¿Qué?!  ¡¿Estás bromeando?!

– ¿Quieres apostar?

– ¡Atrevido! ¡Ni creas que me voy a dejar!

 

Candy se alejó enojada en medio de gritos de reclamo y las tremendas risotadas de su esposo quien segundos después la alcanzó en la recámara. Al verla la acorraló rápidamente en la pared.

 

– Mona gritona, no te vas a escapar de mí tan fácilmente – dijo levantándole la barbilla con una seductora sonrisa.

– Déjame ir.

– No, eres mía.

– ¡Estas loco!

– Así me tienen tus pecas.

– Te lo advierto, ¡no voy a dejar que me embarres de betún y cerezas!

– Yo solo voy a cumplir tus deseos.

– ¿Cuáles deseos?

– El que yo tenga un cumpleaños inolvidable – susurró con su aterciopela voz de barítono – y te aseguro amor que me aseguraré que se cumpla cabalmente.

 

La miró con deseo y la sorprendió besándola como un tigre hambriento. Ella no pudo resistirse. Lo abrazó y después los brazos de Terry la llevaron con mucho cuidado hasta la cama. Se cubrieron con las cobijas pero algo fue diferente. Terry le besó el vientre con devoción, la acarició con delicadeza y le recitó poemas de amor hasta que ella se quedó dormida entre sus brazos, entre las tibias sábanas, soñando con el particular festejo que tendrían para celebrar el cumpleaños de su amado esposo.

 

FIN

 

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11 comments

  1. Hola
    Tengo 41 años y encontrar estas historias adicionales a la que conocemos de Candy y Terry me gusta. Veo que no soy la única que quedó inconforme con el final que le dieron en la caricatura.

    Cuando veo o leo Candy me vienen a la mente recuerdos de mi infancia…MUchas gracias

  2. Hermoso! Me encantó! Te felicito!

  3. Mi querida manzanita 9 me encanto este nuevo capitulo ya extrañaba esta clase de capitulos eres genial sigue asi saluditos

  4. Felicidades Manzanita,una hermosa luna de miel como solo ellos
    merecen.Abrazos desde la distancia.

  5. Simplemente hermoso,muchas felicidades, la historia de principio a fin es maravillosa

  6. Bellisimo cuando vi esta continuacion no dude en leer la me encanto grasias manzanita te felicito

  7. Bellisimo…. eres increible escribiendo
    que dia mas hermoso el que paso Terry

  8. MUY LINDO. GRACIAS POR TU PUBLICACION. OJALA PRONTO NOS VUELVAS A REGALAR OTRA HISTORIA ASI DE HERMOSA. FELICIDADES.

  9. HOLA.
    ¿QUE PASA QUE YA NO HAN PUBLICADO NADA DESDE HACE MESES?
    SERIA MUY BUENO QUE CONTINUARAN LAS HISTORIAS QUE QUEDARON INCONCLUSAS.
    OJALA PRONTO PUEDAN PUBLICAR ALGO.
    GRACIAS. Y SALUDOS

  10. Simplemente hermoso

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