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La rosa de Anthony “Dulce Candy” – cap 4

19 January 2010 1,141 views

Capitulo IV: “Empezando a recordar”

Candy volvió una y otra vez al sitio donde ella creyó ver a Anthony, pero su búsqueda no dio fruto alguno, así pasaron varios días, Adrian también estuvo buscando a Candy, pero obviamente tampoco la encontró, y llegada la hora en la cual Candy y sus amigos tuvieron que marcharse, así lo hicieron, pero en Candy quedó una gran pena, y finalmente intentó convencerse a sí misma, que si en realidad ese chico que había visto era Anthony, acabarían encontrándose, de alguna manera. Si su destino era volver a estar juntos, pues entonces tarde o temprano se encontrarían, y de ser así, no perdería la oportunidad de hablar con el, e intentar averiguar que pasó, si estaba vivo, ¿por qué no estaba junto a su familia, su primo que tanto le quería y por supuesto junto a ella?.

Si realmente era Anthony, ¿qué fue lo que pasó, por que le creyeron muerto?, ella lo vio tumbado en el suelo el día de la cacería del zorro, entonces…¿sería Anthony el chico que ella vio justo enfrente de ella?, si no fuera así, ¿por qué tuvo esa sensación tan intensa hacia el?, ¿por qué ese chico la miraba tan fijamente?, además ambos lo hicieron al mismo tiempo, ¿sería una mala pasada del destino?, fuera como fuese, Candy debía marcharse para Chicago, ya que tenía que incorporarse en su puesto de trabajo.

Cuando los chicos se marcharon para Chicago, Archie, le estuvo comentando a Annie y Patty, que iba a hablar seriamente con la tía abuela Elroy, quería que de una vez por todas aceptara a Candy, y que la viera como realmente era, una dulce y bondadosa chica, que siempre anteponía el bienestar de los demás, por encima del suyo propio.

Mientras tanto Adrian, continuaba con su trabajo en la mansión, ya le quedaba poco para graduarse en sus estudios de arquitectura, y además los relatos que hacía eran bastante buenos, llegando incluso a vender varios de ellos, por supuesto con el nombre de Adrian Connor, nombre que eligió al azar.

Últimamente Adrian tenía unos extraños sueños, la verdad es que no eran muy agradables, pero para el eran inexplicables. Se veía a sí mismo vestido con un kilt y tocando una gaita, cuando se despertaba pensaba, ¿será que se tocar la gaita?, es extraño, pero no dejo de tener ese sueño, y además me veo llorando con dos chicos a mi lado que también están tristes, uno de ellos tiene el cabello castaño y algo largo y el otro es moreno y con gafas, ¿será que los conozco?. Se nos ve muy tristes por la partida de alguien, que supongo sería especial para los tres, pero no consigo ver quien es, aun así, tengo que comprobar si se tocar ese instrumento, quizás no sea un simple sueño, y esté comenzando a recordar, parte de mi vida.

Pasado un tiempo, la familia Taylor, recibieron visita, eran unos familiares de origen escocés, ya que era un primo por parte de padre de la señora Taylor, su nombre de soltera era Laurie Buchannan, la verdad es que estaban ansiosos por su llegada, la cual finalmente recibieron. El señor Edwin Buchannan era un familiar muy apreciado por todos, el estaba casado y tenía una hija, su nombre era Annabel, y su mujer se llamaba Eileen, incluso en sus nombres se notaba a leguas que eran de origen escocés…

Annabel, era una señorita que pese a su buena situación social y económica, aún no se había casado, ya rondaba los 25 años, pero ella siempre dijo que hasta que no encontrara a su alma gemela, no se casaría, y si no era así, no lo haría jamás. Su aspecto físico era casi como el de un ángel, su piel de seda y sonrosada. Su cabello era castaño rojizo, se asemejaba a un cálido atardecer otoñal, cuando el cielo se vuelve con tonos rosados y cobrizos, sus ojos de color verde mar, con reflejos grises, que hacían recordar al mar cuando esta bravo, pero eso dependía de la luz con la que se reflejasen, ya que a veces parecían el color del mar en calma, en un suave día de primavera.

Ella era muy decidida, sencilla y muy inteligente, había estudiado pese a la oposición de casi todo el mundo, medicina, y era una gran doctora, amaba a los animales y siempre iba acompañada de una perra cuyo nombre era Duna, de raza Collie, y muy bien educada y bastante juguetona y pacífica.

El señor Buchannan, era totalmente pelirrojo, con ojos azules, y de piel dorada por el sol, muy apuesto y muy alto, de complexión fuerte y saludable, y muy amigable.

La señora Buchannan, era muy elegante y refinada, de estatura media, y de cabello y ojos castaño claro.

Para recibirlos a todos ellos se dio una fiesta en la casa Taylor, y en su honor, trajeron muchos motivos que le recordarían a su país Escocia, todos iban vestidos con las ropas típicas escocesas, desde luego todo quedó muy hermoso.

Cuando los Buchannan, vieron ese hermoso jardín, les dieron sus felicitaciones a los Taylor, ya que no habían visto nada igual, era un gran trabajo. Los Taylor dijeron, que era gracias a su joven jardinero, que al parecer tenía un gran talento.

Esa noche el señor Buchannan tocó la gaita, y Adrian al escucharla se quedó, perplejo, y comenzó a recordar a una hermosa joven rubia con ojos verdes, ¿sería la misma que vió en la calle?, no podía recordar muy bien su rostro, y pensó que como la había visto a ella, quizás eso le hizo pensar que la chica que le vino a la memoria era la misma que el vio.

De pronto sonó un vals, que le era tremendamente familiar, y ahí si que no pudo dejar de pensar en ella …. ¡bailando con el!…

¡No puede ser, yo sí la conozco, era ella, yo he bailado este vals con esa chica!, ¿qué puedo hacer para encontrarla?- dijo Adrian.

Al día siguiente, cuando Adrian se dirigía a su trabajo, tuvo que pasar por una salita en la cual vio una gaita, colocada sobre un sillón, de repente, notó el terrible impulso de tomarla y comenzar a tocar.

¡Cual no fue su sorpresa cuando vio que de ella brotaban notas que el ya conocía!, y además melodías muy hermosas…

Los habitantes de la casa, se acercaron para ver quien tocaba la gaita. Pensaron que era el señor Buchannan, ¡cuando vieron al jardinero que tocaba con gran maestría la gaita, quedaron muy sorprendidos!, ¿cuándo aprendiste a tocar así?- le preguntó April, que también se encontraba allí presente, nunca antes habías tocado este instrumento, o al menos mientras has permanecido en esta casa, y eso que tenemos una gaita, en la sala de los instrumentos musicales, y tu ya la habías visto antes, ¿por qué nunca me dijiste que sabías tocar?- volvió a preguntar la jovencita.

Adrian quedó muy sorprendido cuando vio, que todos le observaban, entonces pidió disculpas pensando que había hecho algo indebido, y dijo que no pudo resistir la tentación de tocar algo, y luego contestó a April, que el no creía que supiera tocar la gaita, hasta el momento que lo hizo, luego fue aparte con ella y le confesó que el había perdido la memoria hacía unos años, y que no recordaba nada, y justo con la visita de sus familiares es que comenzó a recordar pequeñas cosas…

Los Buchannan, aunque habían venido a visitar a los Taylor, decidieron que se quedarían un tiempo en su casa de Chicago. Una vez finalizada la visita se marcharon para allá. El señor Buchannan, después de tener una conversación con los señores Taylor, y dándoles estos su aprobación, fue a hablar con Adrian, el tenía conocimiento de los estudios que estaba realizando el joven, y le brindó su ayuda si alguna vez pasaba por Chicago, además quedó muy impresionado cuando vio lo bien que tocaba la gaita, April les había dicho a sus padres y a su hermano y además a su tío lo que le había ocurrido a Adrian, ya que no quería que ellos se molestaran cuando tomó la gaita sin permiso. Ninguno de ellos se habían enfadado, ya que quedaron gratamente sorprendidos con tan bellas melodías, y además el señor Buchannan pensó que era una sorpresa que tenían para el. Adrian al saber que April les había contado tampoco se enfado con ella, porque sabía que esta lo había hecho con buena intención.

El señor Buchannan se quedó pensando, -“si este chico está amnésico y toca tan bien la gaita…. ¡quizás es de origen escocés!, por lo que me han contado es un joven muy capaz y además me ha causado una buena impresión, así que le brindaré toda la ayuda posible, además quizás seamos paisanos… y también por eso me causa mas simpatía”-.

Al cabo de un tiempo, Adrian ya había terminado sus estudios y ya era todo un arquitecto, aun así no dejaba de pensar que habría sido de aquella chica rubia, de ojos verdes, y en uno de sus días libres fue al mismo salón de té, cuando se dirigió a preguntar a un camarero si por allí habían preguntado por el, este le hizo esperar un momento y luego vino el hijo del dueño, que le relató: “hace ya unos meses vino una joven igual a la que usted ha descrito y dejó una carta pero antes de dársela coménteme que pasó ese día para asegurarme que era usted a quien va dirigida, ella se veía muy triste por no haberlo podido encontrar y por eso dejo esa carta pero me insistió que le preguntara que pasó, ya que ella me contó la historia”.

Adrian le contó todo lo que sucedió ese día, y el joven al ver que coincidía en todo, le entregó la carta. En ella pudo leer:

“Hola mi nombre es Candy, aquel día que te vi me causaste una gran impresión, ya que te pareces mucho, por no decirte que eres el vivo retrato de un ser muy querido por mi, aunque debo decirte que esa persona murió en un accidente de caballo, por eso quedé tan sorprendida al verte y hasta me desmayé.

Me hubiera gustado hablar contigo, y no solo por tu parecido, sino porque aunque mis amigos creen que ese día estaba confundida, en mi corazón hay algo que me dice que eres esa persona.

Perdona si mis palabras te ofenden, pero no lo hago con esa intención, de verdad, me gustaría saber como eres tan parecido a aquel joven, tan amado y apreciado por todos aquellos que lo conocían.

Aunque no puedo encontrar ninguna explicación de tu parecido, quiero dejarte mi dirección por si quieres escribirme, actualmente vivo en Chicago, y trabajo en una clínica ya que soy enfermera, puedes escribirme allí, te dejo la dirección al final de la carta.

No se si esta llegará a tus manos algún día, pero espero eso de corazón, ¡ojalá que podamos hablar!, muchas gracias por leerla y espero que no me creas una loca. Solo soy una joven que amó mucho a la persona que murió en ese accidente, y de ahí mi interés por saber. Gracias de nuevo.

Atentamente:

Candice White.”

Candy, le dejó la dirección al final de la carta, y Adrián pensó, -“quizás me parezco a ese chico porque éramos familia, o a lo mejor tendríamos algún lazo que nos uniera”, tengo que averiguar que pasó, y quien soy.

A la mañana siguiente Adrian escribió una carta al señor Buchannan, aceptando su oferta de trabajo, después de haber hablado con los Taylor y habiéndole dado estos su aprobación.

Además los Taylor decidieron que en unos meses se marcharían para Chicago también, ya que tenían asuntos que resolver allá, y ellos solían pasar temporadas en algunas de sus casas dependiendo de sus intereses.

En cuanto le llegó la respuesta de su carta a Adrian, este dispuso para irse al día siguiente.

Adrian también le había escrito una carta a Candy. Cuando finalmente en Chicago, en la clínica que ella trabajaba, dijeron a la joven: -señorita ha llegado una carta para usted…-

Candy la abrió y la leyó, quedó muy sorprendida, ya no esperaba ninguna respuesta, y aunque estaba feliz, también estaba temerosa por el encuentro entre ellos, ya que no sabía que era lo que le esperaba.

La carta decía:

“Señorita Candy, la verdad es que yo cuando la vi también noté que la conocía de algo, y por eso me gustaría verla y hablar con usted, además lo que me dijo de ese amigo me dejó bastante impresionado, esto es un misterio que debemos resolver.

Quería decirle que voy a trabajar en Chicago, así que me pondré en contacto con usted en cuanto esté situado en mi nuevo trabajo, eso será mas o menos en un mes, muchas gracias por contactar conmigo, y perdone que hasta ahora no haya recibido noticias mías pero fue hace muy poco que recibí su carta. Nos veremos muy pronto.

Atentamente:

Adrian Connor.”

Cuando Candy terminó de leer la carta, dijo para si: -“¿Adrian Connor?, ¡tengo que verlo seguro no será Anthony, pero debo verlo por mi misma!, tanto parecido es muy extraño, y hubiera jurado que era el, pero ¿Adrian Connor?, no tiene relación su apellido con el de Anthony.”

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