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Yo seré tu realidad – Capítulo 3

Por Astrid Ortiz (Eiffel)
PARTE III. Decisiones

Albert solicitó a George que acudiera en busca de Candy y la llevara a la mansión de los Andley en Lakewood. Minutos antes, Archie había informado a todo el clan la ruptura de su compromiso con Annie, y todos se sorprendieron.

La tía Elroy, aunque aliviada de saber que la huérfana de Pony ya no tendría un espacio en la familia, se retiró a su habitación, y Eliza y Neil también se marcharon con una maquiavélica sonrisa en los labios de cada cual. El joven millonario sabía por medio de Archie que Candy estaba al tanto de lo sucedido entre él y Annie, por lo que no necesitaba explicarle a ella lo sucedido. Pero tenía una razón de mucho peso para hablar con ella de inmediato.

La joven atravesó con alegría el portal de las rosas, tanto que en su carrera tropezó con Archie. El no hizo más que reírse.

“¡Ya veo que esa parte de ti nunca cambiará, Candy!” Los ojos verdes de ella se encontraron una vez más con los destellos acaramelados de su amigo, y sintió un inesperado rubor subir a sus mejillas. ¿Qué le pasaba? Retiró la mirada y cuando volvió a mirarlo vio en Archie una expresión un tanto conocida…sólo lo había visto así una vez, en el Colegio San Pablo, cuando él estaba por hacerle una confesión que ella no alcanzó a escuchar…o que no deseaba oír, pues ya su corazón pertenecía a un insolente chico inglés.

Archie quedó en una pieza. ¿Acaso era su imaginación, o le pareció ver a Candy sonrojarse ante el contacto?

Alcanzó a decir, “Albert te espera en el jardín, ya nos dijo a todos lo que piensa hacer, sólo quedas por saberlo tú.”

“¡Muchas gracias!”, exclamó. Caminó en dirección al jardín principal, y de repente se dio la vuelta. Archie no había apartado su vista de ella, y fue entonces cuando él se acercó, tomó su mano y la besó.

“Hasta luego, Candy…”

“¿Por qué hiciste eso?”

“Como en los viejos tiempos…eso hice la primera vez que nos vimos.”

¿Cómo podía olvidarlo? En aquel primer encuentro, Candy había visto en Archie a un apuesto y seductor joven. Más tarde conoció a Stear, y aunque también lo consideraba atractivo, no le parecía tan galante como su hermano menor.

“¡Hasta pronto, Archie!” Salió corriendo a encontrarse con Albert, a quien vio arrastrándose por el césped con Pupee. Se sentía en deuda con él, el príncipe de la colina que habría de manejar el rumbo de su vida, el eterno hermano que nunca tuvo…

“¡Hola, señor Albert!”, lo saludó como solía hacer cuando era apenas una niña. “¿Qué se le ofrece?” Albert se levantó, y su rostro se tornó serio. “Candy, necesito que hablemos…vamos a caminar.” Así lo hicieron.

“¿Qué sucede, Albert? ¡Me estás asustando!” “Recibí ayer un telegrama informando que me necesitan en África para asistir en el manejo de un brote de cólera, y he decidido ir. Candy, había prometido no presionarte al respecto, pero ante las circunstancias debo decirte que la única razón por la que me quedaría aquí en Lakewood es si tú aceptas ser mi esposa.” Candy quedó petrificada.

Su Albert, su padre, su confidente, iría al otro lado del mundo nuevamente, exponiéndose a toda clase de peligros.

“¿Te das cuenta de lo que te puede pasar? ¡Podrías enfermarte!” “Ambos sabemos que ya una vez estuve en ese continente, y créeme, tomaremos las debidas precauciones…”

“Si lo que tengo que hacer para disuadirte de que vayas es casarme contigo, entonces lo haré!” “No tan rápido, mi pequeña, esto no es un chantaje ni nada parecido. Solo quiero que te cases conmigo porque me quieres, ¡es sólo que si me aceptas no voy a dejarte sola estando recién casados! Pero si de todos modos necesitas más tiempo, lo entenderé.

Además, tu eres muy obstinada, mas no podrás doblegar mi voluntad ni en este ni en ningún otro asunto”, rió.

“Albert…” Candy no pudo continuar. Por más que lo analizaba, no lograba dar con la respuesta que esperaba su protector.

“No sé qué decir…” El joven dejó de reír.

“Quiero aclarar algo contigo, Candy. No importa cuál sea tu respuesta, siempre podrás contar conmigo, ya sea que vivas aquí o en el hogar de Pony. Cuando te adopté, no lo hice por un día o dos, me comprometí de por vida. Me enamoré de ti de repente y sin proponérmelo, pero quiero que sepas que sea cual sea tu decisión, ¡jamás perderás mi cariño ni mi amistad!” Candy lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

“¡Eres tan bueno conmigo, Albert! Me conoces bien, no puedo mentirte…”

El sabía la respuesta antes de escucharla de los labios de ella, y pensó dos veces antes de preguntar, “¿Es Terry, verdad? Aún no lo has olvidado.” Candy lo miró sorprendida, pues aún no se había detenido a pensar si el recuerdo de Terry había influenciado en su decisión.

Luego de varios segundos, finalmente contestó: “Por increíble que parezca, acabo de darme cuenta que no se trata de Terry…”

“¿Entonces?” ‘Es una fuerza que no puedo explicar…una fuerza que me lleva en otra dirección’, quiso decir, pero terminó diciendo, “Se trata de mí, quiero seguir buscando mi propio camino y ese camino es ayudar lo más que pueda a mis dos madres, la Señorita Pony y la Hermana María, continuar trabajando y amando mi trabajo como hasta ahora…mi respuesta es no, Albert, ¿podrás perdonarme?”

“¿Perdonarte? ¡No tengo nada que perdonarte, pequeña!” Avanzó hacia ella y ambos se fundieron en un abrazo, y Candy no pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas.

“¡Oh, no, nada de lagrimas! Prométeme que vas a sonreír…eso es… ¡así me gusta, mi pequeña!” “¡Te estoy haciendo sufrir!”

“Me ibas a hacer sufrir si me aceptabas únicamente por deber, nunca fue mi intención forzarte a nada.” “¿Me visitarás al hogar de Pony antes de partir?”

“Te prometo verte antes que me vaya.” El rostro de Candy se iluminó, acababa de ocurrírsele una de las más descabelladas ideas que había tenido en mucho tiempo.

“Albert, dices que en África tomarías los debidos cuidados…¿llevarías a Annie contigo?” Su abatida amiga continuaba sin recibir visita alguna.

“Le haría bien distraerse un poco, y a Archie también le vendría bien darse un tiempo para pensar mejor las cosas…”

“Candy, Annie no es tan independiente como tú.”

“Necesitarán mas asistentes…”

“¿Qué dirían sus padres? Además, esa es una decisión que sólo ella debe tomar.”

“Tal vez si le preguntas, podría decirte que sí.” “No ha recibido a nadie en semanas, ¿cómo crees que me recibiría a mi?”

“¿Qué tal si comienzas hablando con el señor Britter, y luego le haces el acercamiento?”

“Está bien”, respondió su amigo, “no puedo prometerte nada, pero lo intentaré.”

“¡Gracias, Albert!”, exclamó Candy. Pobre Annie…si al menos aceptara la proposición de partir a África con Albert…si lo hace…al menos ella no se sentiría tan culpable por no esforzarse más en ayudar a su amiga. ¿Pero por qué se sentía culpable? ¿Y por qué en lugar de intentar reconciliar a la pareja, estaba alejando a Annie de Archie?

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12 – Gran final

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2 comments

  1. ilian cristina armenta chavez

    nose x k pero me gusto mucho la idea de k candy se casara con candy wooow es increible

  2. Wow al leer cada capítulo de este fic me gusta más jejejeje

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