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LA PROMESA DEL OCÉANO… CAPITULO 3

CAPITULO 3

Voces lejos, muy lejos apenas perceptibles gritando con desesperación, unos brazos
fuertes que podían cargar una pesada piedra, los cascos de los caballos golpeando con
fuerza el suelo para emprender una carrera y la calidez de una mano que lo sujetaba, un
caliente liquido resbalando por su rostro, para segundos después sentir un escalofrío en el
cuerpo recorrió todo su ser hasta llegar al corazón y hacer una explosión en él, ese
sentimiento de que su alma se estaba uniendo a otra. Erdogan despertó de golpe,
sobresaltado y sudoroso, al principio vio borroso, parpadeo un par de veces hasta que su
vista se fue aclarando, miro que sobre él había un dosel del más fino terciopelo en color
marfil, intento incorporarse pero un leve mareo se lo impido, se llevó una de las manos a
la cabeza, fue que sintió el vendaje que llevaba alrededor de su cabeza, no entendía donde
se encontraba hasta que de golpe recordó lo ocurrido con la señorita Candice, miro a su
alrededor como queriendo buscar algo o alguien, recorrió con la mirada toda la habitación,
había unos grandes ventanales que daban una vista espectacular hacia unos grandes
campos, por un lado un mueble de madera, con grabados finos y tiradores de latón con
forma de vectores estilo barroco, aun costado una gran cómoda con un amplio espejo, una
mesa de servicio circular y junto al gran ventanal un diván blanco que hacia juego con
todos los muebles incluyendo la cama, pero eso no fue lo que capto su atención pues ahí
en el diván se dibujaba una silueta femenina que dormía bajo una cálida manta, Erdogan
se puso de pie lentamente para incorporarse, cerca de la cama se encontraba una silla con
sus ropas, se vistió pues no quería incomodar a Candice, pues él estaba seguro de que la
chica dormida en el diván era ella, ya vestido se acercó al diván.
 Señorita – la movió de uno de sus hombros – señorita, está bien – pero ella no
respondió – Candice estas bien – la tuteo.
 ¿Qué pasa? – respondió la joven, Erdogan se sobresaltó al darse cuenta de que no se
trataba de Candice.
 Lo siento – se disculpó con la niña mulata –
 No debería estar en pie – Mary aventó la manta y se puso de pie de inmediato –
necesita descansar.
 Estoy bien gracias – Erdogan se sentía confundido – ¿Dónde estoy? ¿Cuánto tiempo
dormí? – cuestiono mientras miraba al su alrededor.
 Está en el palacio Winchester – explico la jovencita mientras doblaba la manta con la
que se cubría – y estuvo inconsciente desde el accidente de ayer en la tarde.
 ¿En el palacio Winchester? – estaba sorprendido de estar en donde vivía la señorita
Candice – ¿Cómo es que llegue aquí? – comenzó a interrogar a Mary.
 Después del accidente lo trajeron por órdenes de la señorita Candice – explico la
jovencita mulata – con su permiso – hizo una reverencia, estaba por retirarse.
 ¡Espere! – Erdogan la detuvo – está segura de que fue ella quien pidió que me trajeran
aquí – no podía creerlo, Mary asintió afirmativamente – ¿Dónde está ella? – cuestiono
ansioso.
 Me pidieron traerle el desayuno en cuanto despertara – Erdogan puso cara de
confusión – pero si usted gusta y se siente mejor lo puedo llevar al comedor – sonrió la
jovencita – la señorita Candice ya debe estar ahí, los ojos de Erdogan brillaron.
 Claro – intento sonar tranquilo, no quería que la sirvienta se diera cuenta de su
desesperación por ver a Candice, caminaron por unos grandes y largos pasillos muy
sobrios pero elegantes, había candiles en las paredes, bajamos por una grandes
escaleras que daban al salón principal el cual cruzamos de extremo a extremo para
luego volver a un pasillo, al fondo del lado izquierdo estaba una puerta de madera
tallada con finos detalles, supongo que era el comedor y que la cocina estaba muy
cerca ya que olía delicioso – Erdogan aspiro el aroma del pan recién horneado y café
caliente, hace tanto que no disfrutaba de esos sabores.
 Señor es por aquí – Mary señalo la puerta mientras la abría, Erdogan se quedó como
bloqueado no sabía si era correcto entrar, tomo aire y entro – el joven despertó – dijo
Mary en cuanto entro al comedor, el padre de Candice, su madre y Anthon se
encontraban sentados apunto de desayunar.
 Buenos días – Erdogan saludo amable, las miradas se postraron en él, Mary se retiró
de inmediato a la cocina.
 Vaya susto el que nos diste – Anthon se puso de pie y camino hasta donde Erdogan.
 Estoy bien – Erdogan recibió el abrazo de Anthon, miro al padre de Candice y a su
madre, luego la busco a ella pero no había signos de su presencia.
 Señores puede Erdogan sentarse con nosotros a la mesa – Anthon creía que le debía
mucho a su amigo por haber salvado la vida de su futura prometida.
 Claro será un placer – dijo el padre de Candice, él era un hombre alto, tendría
alrededor de unos cuarenta años, el invierno se empezaba a hacer presente en su
barba y cabellera, sus ojos verdes eran muy parecidos a los de Candice, se veía que era
una buena persona, la madre de Candice tenía las facciones más endurecidas y lo
miraba con recelo y desaprobación, muy por debajo de ella pero a Erdogan no le
importaba eso así que decidió aceptar la propuesta de Anthon, se sentó junto a
teniente, frente a él había una silla vacía, estaban la cristalería puesta así supuso era
de Candice, pero ¿Dónde estaba ella?.
 Papá el pan ya está listo – Candice arrastro un poco las palabras había entrado en el
momento justo como si hubiera adivinado el pensamiento de Erdogan, sus verdes ojos
se cruzaron con los aguamarina de él.
 Buenos días señorita –se pudo de pie e inclino un poco la cabeza.
 Hija, no seas mal educada saluda – el padre de Candice la saco de su trance.
 Buenos días – respondió Candice, llevaba en sus manos una charola con pan, Erdogan
observo como las manos de la chica temblaban, ¿acaso era por él?
 Cariño siéntate deja que la servidumbre se encargue de esto – Anthon iba a ponerse
de pie para acomodarle la silla pero fue interrumpido por la madre de Candice.
 Ella tiene que aprender a atenderlo como usted se merece teniente Brower – la madre
de Candice no dejo que ella se sentara – deja el pan niña – le ordeno a su hija, Candice
se acercó a la mesa y dejo la canasta con panecillos – recuerde que pronto ella será su
esposa, además se le educo para eso – la madre de Candice remarco la frase, “pronto
ella será su esposa”, como un recordatorio pues no le gusto como el mercantes de
telas miraba a su hija, Candice dejo el pan y luego fue nuevamente a la cocina.
 Cuando nos casemos le aseguro que ella no tendrá que preocuparse por estas cosas –
Anthon dijo un poco molesto, no le gustaba que la madre de Candice la tuviera como
una sirvienta más – tendremos servidumbre suficiente para que ella solo se dedique al
cuidado de nuestros hijos, la madre de Candice apretó los labios, ese momento la
joven entro con una charola de fruta.
 Siéntate niña – ordeno Leonora a Candice, la joven se quitó el delantal el cual entrego
a Mary que llevaba en sus manos una tetera con Café – Mary puedes servirnos por
favor, la madre de Candice se doblegaba ante la presencia de su futuro yerno, la joven
se sentó junto a su madre y bajo la mirada como gesto de sumisión.
 Erdogan – hablo el padre de Candice, quiero agradecer su valentía al salvar a mi hija de
ese penoso accidente – Candice apenas y levanto la vista para ver la reacción de él.
 No tiene nada que agradecer, duque de Winchester es algo que hubiera echo
cualquiera si se hubiera encontrado en las mismas circunstancias que yo – Candice
miro a Erdogan fugazmente.
 Me parece increíble que dos acontecimientos terribles pasaran con tan poco tiempo
de diferencia – Anthon no podía creer la mala fortuna de Candice.
 No sé qué mal persigue a mi hija – dijo Leonora afligida.
 Solo ha estado en el lugar y momento equivocado – Erdogan intervino en la
conversación – la madre de Candice le lanzo una mirada fulminante, como diciendo
“cierra tu maldita boca”, pero Erdogan hizo caso omiso y siguió la plática – sería
injusto culparla por dichos acontecimientos, son solo cosa del destino – en ese
momento entro Mary para servir la fruta en los platos, Leonora le ordeno que le
sirviera primero al duque y Anthon, Candice y Erdogan aprovecharon ese breve
momento de distracción para mirarse, él le sonrió.
 Así que usted cree en el destino – cuestiono Leonora a Erdogan mientras se
acomodaba la servilleta en su regazo.
 No veo porque no creer en el – Erdogan miro a la madre de Candice como retándola –
todos tenemos un destino ya trazado y el de la señorita era pasar esos terribles
acontecimientos por alguna razón – el joven creía que el accidente del día anterior no
fue por casualidad, el haber ido detrás de Candice no era casualidad, Erdogan sentía
que el destino lo había en ese momento por alguna razón, Mary ahora le servía fruta al
joven.
 ¡Bueno, bueno! – Anthon por fin hablo, las miradas de todos se postraron en él – como
ustedes saben en unos días será mi nombramiento como capitán, lo principal es que
pediré la mano de su hija – Candice bajo la mirada como si esas palabras le pesaran
como costales sobre sus hombros – espero que puedas acompañarme Erdogan –
Anthon se dirigió a su amigo – este no supo que responder.
 Sería un honor que el salvador de mi hija no acompañara en un día tan importante –
dijo el padre de Candice, en verdad estaba agradecido con el joven.
 ¿Por qué no responde? – cuestiono Leonora, tenía esa típica mirada de altivez.
 Sera un honor – Erdogan aceptó la invitación – Candice lo miro confundida.
 Cariño – se dirigió a su futura esposa – tengo que ir a el havre por unos días pero
estaré de vuelta una noche antes de la fiesta – le aseguro.
 ¡Anthon!, ¿Cómo es posible que a unos días decidas irte? – Leonora recrimino al
teniente.
 ¡Cariñó! – podría prepararme un té – el joven teniente pidió a Candice, ella se levantó
de la mesa sin protestar y fue directo a la cocina.
 Leonora es importante que vaya – dijo en cuento Candice se fue, Erdogan escuchaba
con atención – los hombres que agredieron a Candice no dejan hablar de Le Grand – el
padre de Candice y su madre abrieron los ojos como platos – si es verdad todo lo que
dicen tal vez pueda capturarlo.
 ¿A quién capturara? – dijo Candice desde la puerta, ya llevaba una taza de té en la
manos.
 ¡Candice!, no tardo… – Anthon se sorprendió de verla.
 Mary ya traía el té, como siempre lo hace – Candice se acercó a la mesa para dejar la
taza frente a Anthon – pero no respondiste, ¿A quién quiere capturar? – volvió a
preguntar mientras se sentaba junto a su madre.
 No interrogues a tu futuro esposo – Leonora recrimino a Candice.
 Está bien Leonora – Anthon interrumpió a la madre de la joven – creo que tiene
derecho a saberlo – el joven suspiro antes de proseguir – Candice los hombres que
capturamos aquel día – le costaba trabajo encontrar las palabras adecuadas para no
herir la susceptibilidad de la joven – los hombres que la agredieron no dejan de hablar
de alguien – Anthon arrastro las palabras.
 ¿De quién? – cuestiono la joven, aunque ya se imaginaba a quien se refería.
 Ellos dicen que alguien más estuvo el día de la agresión aparte de ellos y de usted–
Candice recordó el momento pero no por la agresión si no por el misterioso hombre
que la salvó, Erdogan miraba los gestos de cada uno de ellos mientras hablaban – yo no
he querido preguntarle nada por respeto, pero como futuro capitán de la marina
inglesa creo que es mi deber – Candice parecía adivinar la pregunta que le haría
Anthon – ¿Eso es cierto? – Erdogan se dio cuenta que la respiración de Candice se
aceleró y que ella bajo la mirada como dudando.
 No lo recuerdo – respondió ella – estaba tan abrumada que creo hasta me desmaye –
intento disimular su nerviosismo pero Erdogan pudo adivinar que estaba mintiendo.
 ¡Bueno!, ellos dicen que Le Grand estuvo ahí – Candice se estremeció al volver a
escuchar ese nombre.
 ¿Quién es, Le Grand? – cuestiono Candice.
 Por dios Candice que preguntas haces – Leonora puso cara de susto – no tiene caso
hablar de semejante… plaga – la mujer hizo gesto de repulsión.
 Le Grand es un pirata berberisco – Anthon comenzó a explicarle a Candice ella presto
mucha atención – es uno de los más temidos y sanguinarios, dicen que su tripulación
es la más cruel y también la más fiel, que pueden saquear naves en cuestión de
segundos, se dice que un día, su barco “El Sherezada” – Anthon se escuchaba efusivo
al hablar de Le Grand – estuvo a punto de ser destruido y que Erlik que es el dios de la
muerte y el inframundo vino y con una sola de sus manos sujeto el barco y lo arrastro
hasta lo profundo del mar mediterráneo – Candice y su madre estaban con la boca
abierta por la manera en que Anthon se expresaba.
 Ja, ja, ja, ja – Erdogan se soltó a reír, casi se carcajeaba – Anthon en verdad crees esas
historias – Candice se estremeció con tan hermosa risa – yo vengo de esas tierras y
puedo asegurarte que todo eso es absurdo – el joven se llevó un pedazo de fruta a los
labios.
 Yo creo que el Sherezada y Le Grand si existen – los han visto y te aseguro que voy a
capturarlo – dijo con mucha seguridad, Erdogan lo miro con seriedad.
 Pero si es un pirata berberisco ¿Por qué lleva un sobrenombre en francés? – Candice
parecía no entender.
 Hace años el hijo mayor del único tío de Anthon – el padre de Candice comenzó a
hablar – decidió que la piratería seria su estilo de vida por cierto su madre era francesa
– Erdogan torció el labio – el joven Albert Andrey siempre fue rebelde y un día tomo
una gran cantidad de objetos de mucho valor y huyo de casa para nunca más volver –
Candice estaba sorprendida por lo que decía su padre.
 El tío William y su esposa murieron sabiendo que su único hijo se convirtió en un vil y
sucio pirata – dijo Anthon fríamente.
 Y que tiene que ver eso con el tal Le Grand – cuestiono la joven de ojos verdes.
 Se asegura que Albert, es Le Grand, su madre era francesa supongo que por eso su
sobrenombre – Afirmo Anthon, Candice miro a Erdogan quien ahora estaba serio ante
lo que se había contado ahí en la mesa – voy a capturarlo y cuando eso pase lo traeré
para que le pida perdón al tío sobre su tumba luego hare que lo cuelguen para que
pague sus crímenes –
 Parece impactado joven – Leonora se dirigió a Erdogan al verlo como preocupado, este
no respondió – Candice ocupo que me acompañes a Londres – la madre de Candice
aparto la mirada de él joven turco.
 Si, madre – Candice asintió con la cabeza, Erdogan miraba como la chica era obediente
y sumisa –
 Me gustaría que me acompañaras a el Havre – Anthon se dirigió a Erdogan – que me
ayudes a investigar donde esta Le Grand – Erdogan puso cara de sorpresa –
 Eso está muy bien, es mejor que andar vagando el Southampton ¿no lo cree? –
Leonora esperaba que aquel comerciante se fuera pronto de su palacio, no lo quería
cerca de su hija, lo miraba como alguien muy peligroso – Erdogan enarco una ceja y se
quedó pensativo por breves segundos.
 ¡Claro Anthon!, iré contigo a el Havre – Candice miro a Erdogan sorprendida, en el
fondo ella deseaba que se quedara más tiempo en Winchester.
 Bueno, entonces terminemos el desayuno para irnos lo más pronto posible – Erdogan
asintió con la cabeza, Anthon seguía platicando con el padre de Candice y Leonora
sobre sus planes futuro, cuando tenían oportunidad Erdogan miraba a Candice y le
sonreía, ella bajaba la mirada pero su mejillas ruborizadas delataban su nerviosismo
después de terminar el desayuno Anthon se despedía de los padres de Candice,
estaban en la entrada principal del palacio su carruaje ya los esperaba, la joven miraba
desde la ventana la partida de su prometido y del mercante de telas, no podía dejar de
mirarlo, esa perfecta simetría en su rostro, sus ojos agua marina y esos labios que
invitaban a ser besados, a petición de su madre se había quedado dentro del palacio
pues Leonora no quería contacto alguno por parte de Candice con Erdogan, en ese
momento Mary entro a la gran estancia se acercó a donde estaba la joven que seguía
observando a través de la ventana.
 Señorita Candice – le hablo la niña mulata a su patrona –
 ¡Mary! – Candice se sobresaltó al escuchar la voz de la niña – me asustaste – la volteo
a ver pero casi de inmediato regreso su vista a donde sus padres –
 Señorita me pidieron que le entregara algo – se acercó a Candice mientras miraba que
no hubiera nadie merodeando.
 ¿Qué? – Candice volteo a ver de inmediato a la niña quien le puso discretamente en su
mano un pedazo de papel, estaba doblado en cuatro.
 Sea discreta por favor – le susurro la joven y de inmediato se alejó del lugar, Candice
no entendía que pasaba, miro a su alrededor para cerciorarse de que no hubiera
nadie, desdoblo el papel y leyó lo que decía, el rostro de Candice se llenó de sorpresa
por inercia volteo nuevamente pero esta ocasión sus ojos buscaban directamente a
Erdogan, mientras la madre de Candice se despedía de Anthon, Erdogan aprovecho
para mirar a la chica que estaba detrás de la ventana, antes de subir al carruaje él le
lanzo una cautivadora sonrisa, ella le respondió de la misma manera sellando a si su
complicidad.
Anthon preparaba la nave, “El Esus”, un enorme barco de la marina y del cual pronto seria
su capitán, esperaba poder encontrar algún indicio sobre Le Grand en el Havre, desde que
ingreso a la marina tenía el objetivo de capturarlo, se preparó mucho tiempo para ese
momento y no dejaría de aprovechar la oportunidad, por su parte Erdogan estaba con la
tripulación de su pequeña embarcación, “El Rüzgar”, parecía dar órdenes a sus marines, él
y Anthon se conocieron cuando niños en el Havre en Francia, el padre de Erdogan también
era mercante de telas pero hacía varios años murió trágicamente, Anthon miraba a su
amigo a la distancia confiaba en él ya que conocía bien el mar mediterráneo.
 Teniente estamos listos para zarpar – se acercó un suboficial.
 Esperemos un momento – camino hacia donde estaba Erdogan, entre ellos había
varios metros de distancia así.
 Capitán, el teniente viene para acá – dijo Ender a su capitán.
 Ya les dije, iré con él al Havre en cuanto regrese partiremos a Turquía – explico el joven
en ese instante se llevó una de sus manos a la cabeza, cerró los ojos e hizo gesto de
dolor.
 Capitán que tiene – Ender se a susto al verlo tambalearse.
 Estoy… bi….en – dijo mientras arrastraba las palabras y se desvanecía, cayendo de lado
sobre el suelo, Anthon miraba desde lejos como su amigo se desmayaba, la tripulación
de Erdogan comenzó a movilizarse, el Teniente Brower corrió para ver que estaba
pasando pues la gente se arremolino.
 ¿Qué está pasando? – grito Anthon mientras empujaba a los curiosos para poder llegar
a donde Erdogan.
 El capitán se desmayó – Ender se veía desesperado ya le sujetaba la cabeza.
 Erdogan, ¿Qué tienes? – Anthon intento hacerlo reaccionar pero fue en vano, lo
llevaron a un lugar bajo un gran árbol hasta que reacciono.
 ¿Qué me paso? – dijo en un susurro, Ender estaba a su lado.
 Erdogan tuviste un desmayo – explico Ender al verlo reaccionar.
 ¡Anthon!, ¿Dónde está? – se levantó bruscamente, nuevamente se llevó la mano a la
cabeza.
 Él va en el Esus – Ender señalo con la mirada hacia el mar, a lo lejos se miraba el barco
de la marina con rumbo a Francia – así que ya deja de disimular, el teniente se creyó
todo el teatro que armamos para evitar que fueras con él – Ender lo ayudo a ponerse
de pie – también nos dijo que te llevemos al palacio de los duques de Winchester, que
será mejor que estés ahí – Erdogan miro como el barco se perdía dentro del canal de la
mancha. A su vez en el palacio de los duques Candice estaba esperando a su madre en
la gran estancia, estaba nerviosa pero intentaba disimularlo, por su mente pasaban las
palabras escritas en aquel pedazo de papel, saco el aire aprisionado en sus pulmones,
ella no tenía ganas de ir a Londres pero si no acompañaba a su madre no se la quitaría
de encima ni el día de la fiesta así que accedió a su capricho.
 ¡Niña no te quedes ahí! – Leonora bajaba de las escaleras – Candice tomo su bolso,
mientras su madre caminaba hacia ella y también tomaba su bolso – regresaremos el
viernes por la noche – la madre de Candice se dirigió a la ama de llaves – quiero que
este al pendiente de cada detalle, quiero que el salón principal luzca impecable para la
ocasión – explico todo lo que tenía que supervisar en su ausencia – regresare cansada
del viaje así que espero no encontrar problemas – Leonora miro altiva a la ama de
llaves.
 Todo estará como usted lo desea – la señora Pony asintió con la cabeza y bajo la
mirada.
 Sera toda su responsabilidad si algo sale mal – le susurro intimidante – vámonos –
ordeno a Candice, el carruaje ya las esperaba afuera, sobre este el cochero y detrás de
ellos algunos guardias que las escoltarían hasta Londres, estaban por salir de Casa
cuando Isabel llego corriendo muy exaltada.
 ¡Duquesa, espere por favor! – Leonora frunció el ceño al ver a la mulata gritarle como
loca.
 ¿Qué es lo que quieres?, negra alborotadora – dijo Leonora despectiva.
 Duquesa surgió un gran problema – Isabel estaba consternada.
 ¿Qué es lo que pasa? – cuestiono Candice al ver la cara de susto que tenía la sirvienta.
 Vengan, por favor – Isabel las guio hasta el cuarto de costura donde había se suponía
más de diez personas confeccionando el vestido de Candice para la fiesta de
compromiso, los empleados estaba afuera del cuarto de costura todos tenían cara de
compungidos, la puerta estaba abierta, Leonora recorrió el pasillo detrás de Isabel –
esto es lo que pasa duquesa – Isabel abrió la puerta, la expresión en la cara de Leonora
fue de pánico al entrar a la habitación, se llevó una de sus manos al pecho había
quedado como en trance, Candice se asomó para ver el motivo por el cual su madre
había entrado en ese trance, al entrar a la habitación se quedó boquiabierta camino
hacia el interior observando como algunos de perros galgos que cuidaban los
alrededores del palacio había destruido lo que llevaban echo de su vestido, Sultán
estaba echado sobre la falda del vestido mientras que Júpiter y Venus jaloneaban la
parte superior y la estaban rompiendo, a Candice casi se le sale una carcajada al ver a
los perros destruyendo su vestido, pero se contuvo.
 ¿Qué desgracia? – Leonora estaba realmente consternada – ¿Cómo pudo pasar esto? –
ahora estaba furiosa – no se queden parados ahí, saquen a estos malditos animales de
aquí – ordeno Leonora a los empleados – encadénenlos, no los quiero sueltos – estaba
que explotaba del coraje – los castigaran sin comida ni agua por tres días – apretaba la
falda de su vestido con las manos.
 Fuimos a comer explico Isabel, quien era la encargada de supervisar el trabajo de las
costureras – no sabemos cómo es que entraron al cuarto de costura – para ese
momento sacaban a el ultimo perro que era sultán – cuando regresamos ya estaban
aquí – Leonora miro a Isabel con reproche –
 Tú eras la encargada de que todo estuviera bien – la señalo con el dedo índice – ¿Qué
haremos con tu vestido? – Leonora estaba preocupada.
 Si me lo permite duquesa, podríamos volver a empezarlo – hablo una mujer, por su
apariencia era evidente que pertenecía a la tripulación de Erdogan.
 Eso sería imposible – aseguro Leonora.
 Si la señorita y usted nos lo permite podemos trabajar a marchas forzadas para que el
vestido quede listo – dijo muy confiada.
 Pero tengo que hacer un viaje a Londres y no puedo retrasarlo – La cara de Leonora
era de preocupación.
 Madre quieres que luzca hermosa el día que me comprometa con Anthon ¿Cierto? –
tal vez podemos comprar un vestido en Londres – Leonora torció el gesto pues sabía
bien que por el tiempo no encontrarían algo apropiado para la ocasión además de que
le había encantado la tela turca.
 Quédate – Leonora camino hacia donde Isabel – que te tomen las medidas y trabajen
día y noche – ahí de usted donde el vestido no esté listo para ese día – Leonora intento
calmarse, luego miro a Isabel – ¡y tú! – Isabel miro a su patrona – iras conmigo a
Londres, así que prepara rápido algunas de tus pertenencias para que no vayamos.
 Estas segura madre que no quieres que vaya contigo – Candice miro a su madre.
 Prefiero que estés aquí para que te prueben el vestido – Leonora se sentía tranquila de
dejar a Candice, Anthon había salido de viaje llevándose a ese tal Erdogan, Leonora se
había dado cuenta de cómo ese apuesto joven miraba a Candice y como para ella no
era indiferente, ¡sí! Leonora veía a Erdogan como un peligro para la relación de Anthon
y Candice – Leonora salió del cuarto de costura, mientras Isabel preparaba su
pertenecías los otros empelados bajaban las de Candice, luego de unos minutos
Leonora abordo el carruaje y poco después Isabel, Candice miraba como el carruaje
emprendía su marcha, metros más adelante una gran puerta de madera se abría para
dejar ver el camino que se encontraba en medio de los olmos que ya se habían pintado
de ocres pues el otoño acababa de llegar, la puerta se cerraba mientras se hundía en
sus pensamientos. Algunas horas había pasado desde que la madre de Candice había
partido hacia Londres, ella estaba en su habitación como esperando que pasara el
tiempo, se asomó al balcón para mirar la noche, la luna y las estrellas, lanzo un suspiro
al recordar a alguien, miro el reloj de bolsillo que le había obsequiado Anthon, lo había
adquirido con Thomas Tompoin quien era considerado el mejor relojero de Londres,
en el marcaba exactamente las diez menos quince, era tarde y ella no podía dormir, es
más siquiera se había quitado el vestido para acostarse, Candice entro a su habitación
casi de inmediato cerro las ventanas pues el aire era frío, se acomodó el cabello y se
miró en el espejo, luego discretamente salió de su habitación esperando no ser
descubierta por nadie, camino por un largo pasillo en el camino vio que en la
habitación de su padre ya no había iluminación, sigilosamente llego hasta las escaleras
sujeto la falda de su vestido para no tropezar, al llegar a la planta baja camino deprisa
para salir por una de las puertas que daban a los grandes jardines que había en el
palacio, unos guardias pasaban por ahí, ella se ocultó detrás de una columna hasta que
los guardias se retiraron, corrió para una escalinata que bajo deprisa se adentró en
aquel gran laberinto amurallado por el follaje de aquellos altos muros, un fresno en la
entrada parecía ser su único testigo, el aire soplaba alborotando el aroma de los
jazmines y violetas, corrió por esos pasillos, en veces miraba hacia tras para ver si
nadie la había seguido, hasta que llego a un puente que la guiaba a un pequeño prado
lleno de flores, delimitado por hileras de piedras de río, en el centro del prado había
una fuente de mármol en el centro de esta una estatua del mismo material, dos leones
custodiando a una mujer desnuda, Candice miro a su alrededor, cruzo el puente como
buscando algo desesperada con la ayuda de la tenue luz de la luna que iluminaba un
poco el lugar, pero no encontró nada o a nadie se llevó sus manos al cuerpo como para
abrazarse a sí misma, a pesar de que su vestido tenia mangas y el cuello alto, sentía
frío tanto que empezó a titiritar segundos después se reprochó por haber ido a ese
lugar.
 ¡Que tonta soy! – se dijo a sí misma como reprochándose – ¿Qué diablos hago aquí? –
frunció el ceño, estaba dispuesta a marcharse cuando sintió como alguien estaba
parado detrás de ella.
 Espera a alguien – se escuchó una voz varonil, Candice se sobresaltó al creerse
descubierta, quería voltear y ver de quien se trataba pero se contuvo – pensé que no
vendría – Candice reconoció la voz.
 Creo que no debí venir – empezó a sentir culpa – será mejor que me marche – estaba
por voltear cuando sintió como la sujetaron de su diminuta cintura, ella se ruborizo por
aquel atrevimiento.
 Gracias Candice por estar aquí – le susurro Erdogan al odio de la joven, ella intento
articular alguna palabra pero no pudo, su corazón latía frenético, sus piernas
temblaban, él la giro con suavidad para quedar de frente, ella miraba al suelo y él no la
soltó ni un segundo de la cintura, instantes después él con una de sus manos tomo la
barbilla de ella para levantar su cara y poderla mirarla a los ojos, poco a poco ella
levanto la mirada hasta que sus verdes ojos se cruzaron con los agua marina de él –
lamento tanto lo de su vestido, pero debía de impedir que fuera a Londres – ella
estaba embelesada y aun que quería no podía responder – le regalare el más hermoso
vestido se lo aseguro – Erdogan se había acercado demasiado a ella.
 Imagine que había sido usted – fue lo único que se le ocurrió decir.
 Lo lamento – se disculpó – Señorita quería preguntarle algo – Erdogan la miraba con
ternura.
 ¿Qué cosa? – Candice sentía que el corazón le explotaría.
 ¿A caso no siente usted lo mismo que yo? – Erdogan tomo una de las manos de
Candice y la llevo a su pecho para que ella se diera cuenta de lo acelerado que estaba
su corazón, los ojos de Candice se abrieron como platos – nunca nadie había
provocado una reacción así en mi – dijo muy seguro, Candice no respondió a la
pregunta que hizo Erdogan, solo sujeto la mano del joven y la llevo a su pecho para
que el pudiera sentir su corazón, él se sonrojo cuando ella puso sus manos en ese
joven y virginal pecho, Erdogan puso sentir como el corazón de Candice latía al mismo
ritmo que el de él, acelerado, extasiado, quería entender por qué tenía ese
sentimiento de atracción hacia ella.
 ¡Desde que su sangre se mezcló con la mía! – explico ella como si adivinara la pregunta
que él se estaba haciendo – no he dejado de sentir esta terrible necesidad de estar
cerca de usted.
 Nuestra sangre se unió – Erdogan se quedó pensativo – Candice, mi querida Candice –
él la jalo contra si en un loco impulso por sentirla cerca –
 ¡Candy! – Erdogan la miro desconcertado – dime Candy – ella acerco su rostro al de
Erdogan, puso sus manos en el rostro de él, se miraron con dulzura, con unas ganas
inmensas de probarse, el joven no pudo resistirse más a el encanto natural de ella
repentinamente llevo sus labios a los de Candice plantándole un suave beso, que fue
subiendo de intensidad con forme los sentimientos se iban arremolinado en sus
corazón, para Candice el primer beso en su vida, para Erdogan el primero beso de
amor que daba, Candice sentía que era como si flotara, como si pudiera mirar la
escena desde lo alto, ellos dos ahí en la oscuridad de la noche, abrazados, besándose y
como únicos testigos, la luna y esa estatua de mármol, en medio una hermosa mujer
desnuda en los costados dos leones que la custodiaban o tal vez dos fieras que
pelearían por su presa.

Continuara…

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