Home / fanfics / LA PROMESA DEL OCÉANO… CAPITULO 2

LA PROMESA DEL OCÉANO… CAPITULO 2

CAPITULO 2
¡Impura!, eso le había dicho Leonora a Candice cuando le contó lo sucedido en el
puerto, su madre en vez de darle consuelo en cuanto se quedaron solas le reclamo por andar
paseándose por esos lugares, como si fuese una pueblerina indecente “Por dios niña que pasa
por tu mente, que dirán nuestras amistades y sobre todo Anthon”, a la madre de Candice le
importaba mucho el qué dirán, por largo tiempo había preparado a su hija para que fuera una
buena esposa y madre, aunque por poco su honor quedaba manchado según Leonora por una
estupidez de su hija. Irremediablemente Candice sintió culpa su madre le había ordenado ir al
día siguiente a la iglesia a confesarse por su indecencia, la joven se la pasó casi en vela pues al
cerrar los ojos aquellas imágenes se hacían presentes, el padre de Candice había ordenado a
Mary que se quedara con su hija y por eso la noche fue un poco más liviana aunque no menos
tensa, la joven estaba sentada en una de las bancas de la iglesia sus ojos ardían debido a la
falta de sueño así que se los tallo y luego dio un gran bostezo.
 La iglesia no es para dormir hija – dijo un hombre desde una puerta de madera que
daba a la sacristía.
 Lo siento tanto – se puso de pie e hizo una reverencia al ver al futuro sacerdote –, pero
es que no pude dormir nada – le explico Candice mientras hacia un gran esfuerzo por
no volver a bostezar.
 Hija mía, se lo que lo sucedió ayer – el futuro clérigo camino hacia donde estaba la
chica – me alegro tanto que estés bien – él le extendió los brazos como para
consolarla.
 Padre Alistair, no sabe cuánto miedo tuve – ella acepto los brazos del padre y se soltó
a llorar.
 Sera mejor que nos sentemos – le sugirió a la joven al verla en ese estado cuando al fin
se sentaron Candice comenzó a narrar lo sucedido aunque por obvias razones no entro
en detalles, el diacono Alistair no podía creer lo acontecido pero más trabajo le
costaba creer la reacción de la madre de ella, como era posible que le hubiera echado
la culpa, que la llamara impura y poco digna –, no entiendo a tu madre – se llevó la
mano a la cabeza y la movió negativamente.
 Ella dijo que no merezco a Anthon – bajo la cabeza en señal de tristeza.
 Y te preocupa mucho lo que diga él ¿no? – el padre Alistair se puso serio, él era un
hombre alto, delgado, de cabello castaño oscuro y ojos cafés, no pasaba de los 25
años, aún no se recibía como sacerdote faltaba poco para ello además para Candice se
había convertido en su confidente.
 Anthon es muy bueno y cariñoso conmigo – dijo ella con un gesto de simpleza.
 ¿En serio? – el diacono puso cara de sorpresa al escuchar esas palabras –. hace mucho
que no lo veo pero no tengo un recuerdo de él siendo gentil y amable – se encogió de
hombros.
 No entiendo cómo es que siendo primos no se frecuentan tanto – respondió la chica se
miraba un poco más tranquila.
 Pasa que llevamos caminos muy distintos, sabes hace tiempo que no veo a mi
hermano – suspiro algo nostálgico.
 Padre puedo pedirle un favor – Candice miro al padre con ojos suplicantes.
 Dime hija en que puedo ayudarte – el padre estaba casi seguro de lo que ella le
pediría.
 Me gustaría que me acompañara a la fiesta que se dará en el palacio – miro al padre
con ojos suplicantes.
 Era eso – dijo algo desconcertado – claro que si hija aunque no estoy seguro de que tu
madre lo apruebe – el diacono Alistair no era visto con buenos ojos por la madre de
Candice, ella sospechaba que él era el que le metía ideas tontas sobre el amor
verdadero aunque a decir verdad no estaba muy lejos de la realidad.
 Mi padre ya lo aprobó así que lo que diga mi madre no importa – le aseguro la
hermosa chica de ojos verdes –, si supiera que he hablado con usted en vez del padre
Davis me mandaría colgar – se rio traviesamente, en ese momento sonó la campana
de la iglesia que anunciaba que ya era casi medio día –, por dios tengo que irme – no
se había cuenta cuando fue que paso el tiempo tan rápido.
 ¿Por qué la prisa? – cuestiono el futuro sacerdote al verla tan apurada.
 Anthon estará esperándome, muy temprano mando decir que quería verme pasado el
mediodía, no sé cuál sea la urgencia – se encogió de hombros –, y creo que voy
retrasada – se mordió el labio inferior –, lo veo el día de la fiesta padre – ella se acercó
y le beso la mano, el sacerdote de inmediato la quito pues no era de su agrado ese
gesto.
 Hija sabes que no me gusta – le recordó con una mirada de desaprobación.
 Lo siento padre Alistair, bueno lo dejo no quiero llegar más retrasada de lo que voy –
casi salió corriendo de la iglesia.
 Eres todo un caso hija mía – en ese momento el padre Davis entraba por la sacristía.
 Esa jovencita está perdida – dijo el padre moviendo la cabeza en señal de negativa, el
padre Davis era un hombre calvo de la coronilla, cabello casi cano en su totalidad,
tenía barba, de mirada fría y dura –, pero preferí que tú la escucharas no me siento tan
bien como para enojarme obviamente no le creíste la ridícula historia esa que te conto
– dijo con gran indiferencia, Alistair apretó los puños de sus manos.
 Se supone que estamos al servicio de dios, para escuchar a quienes necesitan
consuelo, no nos instruyen tanto tiempo en la palabra de Dios solo para juzgar a las
personas – respondió el joven mientras se daba la vuelta dejando al clérigo con la boca
abierta ante sus palabras.
Anthon aguardaba en el palacio que su futura esposa llegara, estaba algo molesto por
algunos de los comentarios que había escuchado sobre lo sucedido con Candice, decían que
ella había provocado el ataque, por su parte Leonora estaba que rabiaba ante la impuntualidad
de su hija, esperaba que el padre Davis la hubiera reprimido por su actitud, en una de las
habitaciones del palacio unos hombres y damas la esperaban pues Anthon le tenía una gran
sorpresa.
 No sabe cuanta pena me da la impuntualidad de mi hija – se disculpó con el joven
teniente.
 Supongo que la charla con el padre Davis debió de prolongarse – dijo serio mientras
torcía el gesto.
 La señorita Candice acaba de llegar – dijo Isabel quien miraba desde una ventana,
 ¡Oh, al fin!, qué alivio – expreso Leonora con alivio mientras se acercaba a ver que el
carruaje de su hija llegaba y como esta bajaba a toda prisa para adentrarse, siquiera
noto que Isabel camino hacia donde Anthon, contoneo sus caderas de manera
sugestiva.
 Sí, es un gran alivio – miro a Anthon coqueta y mordió su labio inferior.
 ¡Mamá!, lo siento se me hizo tarde – llego lo más rápido que pudo pues el vestido
apenas le permitía moverse.
 ¿Qué vergüenza? – su madre la reprimió discretamente cuando se acercó a ella –
Anthon lleva horas esperándote – exagero un poco las cosas.
 No ha sido tanto tiempo – se acercó a donde las damas –, lo cierto es que nos tenías
preocupados –
 ¿Y bien, para que querías verme? – fue directa con la pregunta.
 Hija no seas mal educada, no te comportes así con tu futuro esposo – Leonora la miro
con gesto reprobatorio.
 No se preocupe Leonora – Anthon sonrío –, vengan vayamos al salón de costura – le
dio el brazo a su prometida quien de inmediato lo tomo.
 ¿Al cuarto de costura? – pregunto curiosa Candice pero Anthon solo se dignó a sonreír,
caminaron por uno de los pasillos del palacio hasta llegar a una de las habitaciones que
daba a la parte trasera donde se encontraba el hermoso jardín, Candice miro la puerta
de madera nuevamente esa extraña sensación lleno su corazón, lo mismo había
sentido el día anterior cuando Anthon la invito a ir con él al puerto, pero a que se
debía esos extraños sentimientos, la joven tomo aire mientras Anthon tomaba la
perilla y la jalaba para abrir la puerta, Candice cerró los ojos como queriendo
encontrar algo o a alguien en especial.
 ¡Sorpresa mi pecosa! – le susurró al oído, Candice abrió los ojos y puso cara de
desconcierto no entendía nada de lo que estaba pasando, había varias mujeres que
evidentemente eran costureras, algunos hombres parados junto a varios rollos de tela,
sobre una mesa había más tela, todos miraban con admiración y respeto a Candice,
todos excepto ese hombre que les daba la espalda y miraba un pintura de la bella hija
de los duques de Winchester.
 ¿Qué es esto? – cuestiono Candice aun desconcertada.
 Déjame presentarte con alguien – en ese momento Anthon se dirigió al hombre que
admiraba la pintura -, Erdogan ya estamos aquí – Candice enfoco su mirada en la
espalda de ese hombre, su cabellera era larga, abundante y castaña oscura, demasiada
oscura, era alto y no tan delgado como Anthon, de hecho se miraba musculoso,
inexplicablemente no pudo apartar su vista de él, en ese instante el hombre giro su
cuerpo para ver de frente a quienes habían llegado, para Candice todo parecía pasar
con lentitud, fue entonces que pudo ver el rostro de aquel desconocido, su corazón
parecía que saldría de su pecho, los nervios la invadieron al ver aquel perfecto rostro,
de piel blanca, labios carnosos, nariz recta y unos impresionantes ojos aguamarina que
parecían estar delineados con un negro profundo que daban la impresión de ser dos
deslumbrantes gemas enclavadas en algún material exótico –, es un placer verte –
Anthon saludo al hombre que de inmediato clavo sus penetrantes ojos en la bella
Candice.
 Un enorme placer – Anthon siquiera noto que el comentario de Erdogan llevaba otra
connotación pero al parecer Candice lo noto al igual que Leonora quien miro con
altives al joven, la joven dama se había quedado parada en el marco de la puerta.
 Cariño ven – le hablo Anthon a su prometida, esta al fin reacciono y se acercó a donde
estaban parados.
 Es un gusto conocerlo – Leonora se acercó antes que su hija llegara y saludo por
cortesía.
 Mucho gusto señora – Erdogan le beso la mano como todo un caballero, Candice al fin
se acercó, el hombre soltó la mano de Leonora y se dirigió a la joven rubia – un
privilegio conocerla – tomo la mano de la chica y se inclinó para besarla, Candice no
podía articular palabra, solo podía escuchar el latido de su corazón luego de besar su
mano Erdogan levanto la mirada para clavar sus espectaculares ojos aguamarina en los
de Candice fue entonces que ella noto que el delineado negro en los ojos de él no eran
más que unas espesas pestañas negras.
 Igualmente – fue lo único que Candice dijo pues aún seguía impactada, Leonora se
percató de ello y rompió el saludo.
 Anthon nos dijo que había traído algunas cosas para admirar – Leonora le recordó de
manera tajante a lo que había ido.
 Es verdad – Erdogan se acercó a la mesa donde estaban las telas.
 Candice, Erdogan es un marino mercante de telas y trajo las mejores para que elijas
algunas para tu vestido de la fiesta de compromiso y para tu vestido de novia – Anthon
explicaba mientras Erdogan ponía cara de seriedad y apretó los dientes.
 ¡Oh Anthon!, tu siempre tan detallista, siempre pensando en destacar que somos de la
nobleza – la madre de la chica miro de arriba abajo a Erdogan.
 ¿Telas? – Candice no pudo decir otra cosa – eso es lo que querías que viera – parecía
molesta, su madre la miro con desaprobación.
 Esta es bellísima – toco una tela en color rosa con bordados en beige.
 Si te gusta madre, deberías de utilizarla para ti – respondió Candice algo molesta, bien
sabía su madre que el color rosa no era de su agrado.
 Creo que descartaremos este color para la señorita – Erdogan trono los dedos y un
hombre se acercó para retirar la tela.
 Hay unas telas muy lindas – miraba mientras caminaba alrededor de la mesa, debajo
de unas telas azules y marrones una destacaba por su color – puede mostrarme esa –
se dirigió a Erdogan –
 Con mucho gusto – le sonrió el hombre y el mismo saco la tela.
 Es hermosa – Candice sintió la suave textura del terciopelo y lo paso por su rostro –,
esta es la que me gusta – le dijo a su prometido.
 Pero el color es demasiado provocativo – dijo su madre algo exaltada al ver el color
que su hija había escogido.
 Siempre quise tener un vestido de este color – miro nuevamente la tela de color
guinda.
 Lo haces para molestar – susurro entre dientes Leonora, Erdogan no pudo evitar
sonreír con burla.
 ¿Y a ti te gusta Anthon? – le pregunto a su futuro esposo.
 Es lindo y te luce bien – él hubiera preferido la tela rosa pero no entraría en discusión
frente a Erdogan dejaría que lo resolvieran su futura esposa y suegra.
 A mi prometido le gusta – miro a Anthon y sonrió.
 Estas son las telas para el vestido de novia – estaban por sacar las telas cuando Anthon
prefirió retirarse.
 Sera mejor que me vaya – dijo el joven de ojos azul cielo –, dicen que no se puede ver
el vestido de la novia antes de la boda – sonrío nervioso –
 No me digas que crees en eso – Candice dijo asombrada al escuchar el comentario
pues pensaba que Anthon no tenía esas creencias.
 Erdogan, espero verte pronto – le dijo mientras se encaminaba a hacia la puerta.
 Te buscare en el puerto – le aseguro Erdogan mientras junto con otro hombre sacaba
las telas de un cofre de fina madera, Leonora miraba las telas que había sobre la mesa
así que no presto más atención a Erdogan, Candice miro hacia donde estaba el apuesto
joven este ya la miraba con esos ojos que hipnotizaban luego le regalo una sonrisa que
la hizo vibrar hasta lo más profundo de su ser, la joven tenía el presentimiento de
haber visto esos ojos antes, pero no podía recordar donde, Erdogan saco del cofre
unas hermosas y finas telas para vestidos de novia, Leonora de inmediato pido que las
pusieran sobre la mesa.
 Dejen nos solas – ordeno a las personas que había en el cuarto de costura, Erdogan no
tuvo más que chasquear los dedos para que la gente se retirara.
 ¿Y bien? – pregunto el apuesto hombre a las damas –, hay alguna en especial que les
agrade – se acercó con sigilo a donde Candice, ella le regalo una mirada y el respondió
con una sonrisa, en ese momento entro Isabel al cuarto de costura claro no sin antes
tocar la puerta.
 Duquesa su esposo solicita verla – estaba bastante seria, siquiera miro a donde estaba
Candice, se veía bastante molesta.
 Isabel puedes traer un poco de agua por favor – pido la joven dama.
 Con gusto señorita – dijo apretando los dientes, fue entonces que al fin miro a donde
Candice y vio a Erdogan, irremediablemente quedo aturdida por el apuesto hombre.
 Isabel ve a traer lo que te pidió mi hija – dijo Leonora al ver que Isabel se había
quedado parada como tonta, la joven mulata se dio la vuelta y fue hacia la cocina –, iré
a ver que quiere tu padre – explico la madura mujer, le dio otro vistazo de reojo a
Erdogan y se dispuso a salir – por favor no escojas la tela para tu vestido de “novia” –
remarco esa palabra – sin que este yo – ordeno a su hija, esta asintió la cabeza en
señal de obediencia –, Leonora salió del cuarto de costura, no había pasado ni un
minuto de haberse quedado sola con Erdogan cuando Candice ya se sentía perturbada
por su presencia.
 Si quiere puedo ir mostrándole las telas – sugirió Erdogan para romper un poco la
atmosfera de tensión que se había creado. Candice lo miro a los ojos y asintió con la
cabeza de manera afirmativa, Erdogan clavo sus ojos en los finos y desnudos hombros
de ella, se acercó con cautela, su manera de moverse era tan hábil tanto que Candice
no se dio cuenta en que momento él ya estaba junto de ella, se puso detrás suyo y le
dijo al oído –, esta tela es Shantung – Candice pudo sentir su cálido aliento sobre su
piel – es una tela muy sutil – los nervios de Candice casi se desbordaban, sin pensarlo
ella toco otra tela –, mi hermosa dama esa es organza esta tejida con finos hilos de
seda así que es muy delicada – los labios de Erdogan ahora rosaban su cuello, ella
volvió a tomar otra tela y la apretó con fuerza, parecía estar excitada, Erdogan le dijo
al oído mientras besaba su cuello y con una de sus manos acariciaba sus hombros –,
dulce Candice esa es seda pura – mordió el lóbulo de la oreja de ella –, ideal para los
vestidos de novia – las mejillas de Candice estaban ruborizadas – tiene una hermosa
caída y se adapta muy bien al cuerpo – las manos de Erdogan subían y bajaban de el
talle de Candice con frenesí, fue en ese instante que una voz hizo reaccionar a la joven
de ojos verdes –, señorita se siente usted bien – dijo el joven mientras le mostraba la
seda que había sobre la mesa.
 ¿Por qué lo pregunta? – respondió con la poca voz que tenía –
 Parece que se perdió en otro mundo – le dijo, Candice cayó en cuenta de que todo lo
ocurrido con ese hombre había sido producto se su imaginación – está usted muy
ruborizada voy a abrir una ventana – Erdogan se apresuró a abrir la ventana miro muy
desconcertado a la chica pues no hacía tanto calor como para que ella se pusiera de
esa manera, la tomo del brazo para ayudarle asentarse en uno de los sillones color
marfil que había en el cuarto, en ese instante Isabel llego con el agua que había
solicitado Candice, Erdogan se acercó a donde Isabel y tomo uno de los vasos para
luego entregárselo a la joven que inevitablemente miro al chico ambos quedaron
atrapados en la mirada del uno y otro.
 ¿Qué pasa? – pregunto Leonora al entrar al cuarto de costura.
 La señorita se siente un poco mal – Erdogan al fin dejo de ver a Candice.
 No me vengas a hora con tus tonterías – Leonora le reclamo a su joven hija –, esto es
muy importante es para tu futura boda – le recordó –
 Parece que lo único que te importa es eso – Candice le reclamo a su madre –, ni
siquiera pareces preocupada por lo que me sucedió – al recordar el abrumador paisaje
del día anterior Candice sintió una enorme tristeza.
 Como puedes ponerte a hablar de eso frente a extraños – le señalo con la mirada a
Erdogan.
 No me importa mama, lo único que buscaba era consuelo tuyo – se puso de pie y dejo
el vaso de agua en la mesa – ¿y que obtuve a cambio? – alzo la voz –, solo reclamos de
tu parte diciendo que fue mi culpa.
 Calla, hija ingrata – le grito Leonora que contuvo el coraje para no darle una bofetada a
su hija –
 Lo que digas mama – Candice se puso de pie y se dirigió a la puerta –, escoge la tela
que más te guste para “mi vestido de novia” – hizo énfasis en esa última frase
mientras abría la puerta, Erdogan estaba atónito ante lo sucedido luego se dio la
vuelta para seguir acomodando las telas que estaban en la mesa como si fuera
indiferente ante una situación que no era de su incumbencia aunque en el interior se
moría de ganas de saber que había pasado el día anterior, al cerrar la puerta Candice
corrió hacia sus habitaciones con los ojos llenos de lágrimas, no sabía que pensar o
sentir, todo era tan confuso al llegar a su habitación cerro con llave para que nadie
pudiera molestarla, se tiró sobre las sabanas de seda roja que cubrían su cama y se
dispuso a llorar amargamente mientras intentaba aclarar su mente y sus sentimientos.
No paso más de media hora cuando ya se encontraba más tranquila aún seguía
recostada pensando en cosas que no comprendía, fue entonces que decidió levantarse
y asomarse por una de las ventanas que daba a uno de los patios laterales, ahí se
encontraba dos carruaje uno era para pasajeros y otro era de carga, los cargadores
eran guiados por Erdogan llevaban cajas con telas y algunos rollos de estas, Candice
clavo sus almendrados ojos verdes en aquel apuesto joven, observaba con detalle cada
gesto que hacía, cada uno de sus movimientos, sus manos parecían danzar en el aire
con cada ademan que hacía, en ese instante apareció Isabel que llevaba una costalito
con lo que evidentemente eran monedas de oro y se las entregó a Erdogan, Candice se
escondió detrás de una de las cortinas pues no quería ser descubierta luego de que
Isabel y Erdogan intercambiaron unas palabras la sirvienta se retiró, el joven comenzó
a jugar con la bolsa de monedas, las lanzaba con suavidad sobre su mano, luego como
si alguien le indicara que volteara hacia una de las ventanas lo hizo, ahí puso apreciar
la fina silueta de una dama, Candice se sorprendió al ver como Erdogan la miraba, tan
insistente, tan intensamente, finalmente él le sonrió ella se puso más nerviosa de lo
que ya estaba, repentinamente sintió culpa por sus pensamientos pecaminosos con
Erdogan cuando estuvieron en el cuarto de costura, no pudo más, tomo su chalina y su
bolso dispuesta a salir a confesar sus culpas, en su camino se topó con Isabel que
guiaba a varias personas al cuarto de costura, era evidente que eran las que
trabajarían en hacer su vestido para la fiesta de compromiso, “Pobres mujeres” pensó
Candice al pasar frente a ellas, seguramente su madre las haría trabajar día y noche
para que el vestido estuviera listo, para su fortuna uno de los carruajes estaba en la
entrada del palacio, ella bajo corriendo los escalones levantando la falda de su fino y
costoso vestido, por un momento se olvidó de que Erdogan estaba aún en el castillo, el
joven mercarte de telas miro a la distancia como la bella joven bajaba las escaleras las
ondas que se hacían en su dorada cabellera con el movimiento la hacían lucir hermosa,
Erdogan no pudo evitar sentirse atraído por aquella dulce y bella joven – Lléveme a la
iglesia por favor – pido suplicante –
 Señorita, pero si casi acabamos de llegar – dijo el cochero refunfuñando –
 Haga lo que le pido – ordeno un poco molesta – estaba tan apresurada en ir expiar sus
culpas, ojala estuviera el padre Davis para ponerle una dura penitencia pues sentía que
lo merecía, el cochero no tuvo más remedio que obedecer las órdenes de Candice, jalo
las riendas de los caballos para echarlos andar, la joven iba hundida en sus
pensamientos, tanto que no se dio cuenta de que Erdogan la miraba a la distancia, el
joven se quedó pensativo por unos minutos luego hizo algo que a sus sirvientes
sorprendió.
 Acomoda a los caballos – ordeno Erdogan a uno de los cargadores, comenzó a soltar a
un hermoso caballo dorado que guiaba el carruaje –
 ¿Qué locura harás ahora? – cuestiono aquel hombre al ver que su patrón había soltado
a Aldebarán.
 Lleva todo al puerto – ordeno el apuesto joven, monto su caballo – vamos Aldebarán –
dio un golpe en sus costados, el caballo reparo para luego caer con gran fuerza,
Erdogan lo guio por el mismo camino que había tomado el carruaje, para ese
momento el coche donde viajaba Candice le llevaba ventaja esperaba poder
alcanzarla, Candice jugaba con un pañuelo que había bordado con hilo de seda, sentía
culpa mucha culpa por sus malos pensamientos, el camino a la iglesia se le había
hecho eterno como si dios quisiera castigarla, miro por la venta del coche, sus verdes
ojos pudieron apreciar como el otoño comenzaba a hacerse presente en las hojas de
los árboles, los caminos comenzaban a tapizarse de ocres, el viento comenzó a soplar y
las hojas a desprenderse de las ramas, miro que estaban por llegar al puente que
cruzaba el río después una colina más y llegaría al pueblo, en ese momento una de las
ruedas del coche choco con una piedra, fue tan fuerte el golpe que Candice salió
disparada de su asiento hacia el suelo, el choche comenzó a descontrolarse mientras el
cochero hacia su mayor intento por controlar los caballos, en ese instante la rueda
salió disparada y el coche se ladeo, los caballos estaban fuera de control, en un
movimiento brusco el cochero salió volando hacia el suelo, golpeándose la cabeza,
Candice no tenía idea de lo que estaba pasando, como pudo se reincorporo para luego
asomarse por la ventana, en ese instante vio que su sirviente estaba tirado en el suelo
inconsciente y sangrando de la frente.
 ¡Por dios! – grito cuando vio la gravedad del problema, se acercaba al puente, si los
caballos no se detenían, cosa que difícilmente pasaría, ella caería al rio y lo más
probable es que solo encontraran su cuerpo hecho pedazos – ayúdame dios mío – solo
pudo encomendarse a un ser superior – fue entonces que escucho como los cascos de
un caballo se acercaban, se asomó por la ventana y miro que pocos metros venia
Erdogan, si el marino mercante de telas ese que había descontrolado sus
pensamientos – ¡ayuda por favor! – grito ella suplicante, el joven acelero la carrera de
su hermoso caballo, Candice lo miraba en momentos ya que el carruaje se tambaleaba
de un lado a otro, la bella joven abrió los ojos y miro que junto a la ventana estaba
Erdogan.
 Sujétese fuerte señorita – ordeno el joven un grito, Candice obedeció y se agarró con
fuerza de la manija de la puerta, Erdogan acelero para alcanzar a los caballos esperaba
poder detenerlos, hizo algunos intentos para subir al asiento del cochero pero no lo
logro – Aldebarán no me decepciones – le dijo al oído al caballo – acércate más – el
caballo pareció obedecer, Erdogan al fin pudo subir al coche, se tambaleaba por la
brusquedad del movimiento – Aldebarán al frente – grito Erdogan el caballo acelero su
carrera para llegar a la orilla del rio dejando muy atrás el coche, Erdogan sujeto las
riendas y comenzó a controlar los caballos, le estaba costando mucho trabajo pues el
peso del coche era demasiado y la fuerza de los caballos no eran una buena
combinación, estaban a punto de llegar al rio fue entonces que Erdogan silbo al caballo
este reparo en sus patas traseras, Candice miro como cada uno de los músculos del
hermoso animal se imponía ante los equinos que llevaban su coche – sujétese – grito
el joven, los caballos se detuvieron frente al garañón turco, no así el coche pues la
fuerza que llevaba era demasiada, parecía el carruaje caería sobre uno de sus castados
– Erdogan salió por los aires directo al rio, el coche jalo con brusquedad a los caballos
mientras se arrastraba por el suelo, el relinchar de los equinos fue tan fuerte como el
golpe del coche al caer por completo sobre el suelo, una nube de polvo se levantó
varios metros a la redonda, Aldebarán entro al agua para buscar a su amo, cuando eso
paso lo ayudo a salir, el joven se sostuvo del lomo de su caballo, la otra mano se la
llevo a uno de los costados, las piernas le temblaban, pero aun así se apresuró a llegar
a donde estaba la nube de polvo que empezaba a dispersarse con el viento que
comenzó a soplar – ¡señorita!¡señorita! – grito desesperado el joven que corría como
podía, comenzó a buscar la puerta, esperaba que su esfuerzo por salvarla no fuera en
vano, esta estaba atacada, subió al coche y comenzó a patearla, en su rostro se podía
percibir el dolor físico por el golpe en su costado, aun así no le importo y siguió
pateando la puerta hasta que al fin pudo abrirla.
 ¡Auch! – se quejó la joven al intentar moverse, estaba sobre la ventana que quedo
justo en el lado del suelo, se tallo los ojos luego levanto la vista, sus hermosos ojos
verde esmeralda se encontraron con los aguamarina de Erdogan.
 ¿Se encuentra bien? – cuestiono el joven, ella lo miro con reprobación – quise decir no
se lastimo gravemente – corrigió la pregunta –
 Al parecer no – Candice toco sus brazos y sus piernas – puede ayudarme a salir –
suplico, el joven extendió su mano y como pudo la ayudo a salir jalándola hacia fuera,
el joven le ayudo a bajar del coche – muchas gracias – dijo la joven al chico fue
entonces que rompió en llanto.
 Porque me pasan estas cosas – se cuestionó así misma mientras se llevaba las manos
al rostro –
 Señorita no estuvo en sus manos todo lo que paso – intento consolarla – él se acercó a
ella – mama tiene razón me merezco lo que me pasa – se llevó las manos al pecho, a
pesar de su cabellera despeinada y que su vestido estaba sucio y maltratado el rostro
de ella le parecía perfecto, no pudo evitar tomar el rostro de la chica con su dedo
índice y pulgar, levanto su rostro e hizo que lo mirara a los ojos.
 Usted no merece nada de lo que le ha pasado – le dijo de manera tierna mientras
acercaba su rostro a el de ella.
 Usted en verdad cree eso – ella no pudo evitar perderse en esa bella mirada.
 No solo no lo creo… – hizo una pausa – estoy seguro de ello – la respiración de él era
agitada – ni lo que acaba de suceder, ni lo que paso ayer en el puerto con esos
hombres fue su culpa – los ojos de Candice se abrieron como platos al escuchar esas
palabras.
 ¿Cómo sabe usted lo que paso? – cuestiono sorprendida.
 ¡ahhhh! – se quejó el joven mientras se lleva la mano a las costillas – necesito
sentarme – hizo gesto de dolor y se fue agachando hasta quedar sentado en el suelo,
en ese momento se escuchó como una diligencia se acercaba.
 Ayuda – Candice grito mientras agitaba las manos para que llamar la atención, al
acercar los carruajes ella noto que eran los trabajadores de Erdogan, un coche se
detuvo metros más atrás, Aldebarán fue corriendo a donde el otro coche y los guio a
donde se encontraba su amo.
 Erdogan – grito un hombre delgado, de piel canela, bajo del coche y fue corriendo a
donde estaba el joven – ¿Qué te sucedió? – cuestiono el hombre.
 Es solo el golpe, no te preocupes Ender – parecía que le costaba trabajo respirar, en
ese momento llego otro hombre que venía en el carro de atrás – como está el cochero
– pregunto Erdogan.
 Se golpeó la cabeza pero ya está volviendo en si – explico el sirviente.
 Señorita no se lastimo – Ender pregunto a la dama al verla sucia y desalineada.
 Estoy bien – se sacudió el vestido, por increíble que pareciera Candice no tenía algún
golpe de gravedad, solo una pequeña herida en uno de sus antebrazos que apenas
sangrabas y que era casi imperceptible – si no hubiera llegado a tiempo el joven, no sé
qué habría sido de mí – Erdogan volteo a verla – muchas gracias, le debo la vida – ella
parecía estar hipnotizada.
 No tiene nada que agradecer – Erdogan le sonrió amable, en ese instante la sonrisa se
volvió gesto de dolor.
 Que tiene – Candice se agacho para estar a su altura, se puso a un costado suyo y lo
tomo de la mano – Erdogan que le sucede – fue entonces que la sangre comenzó a
correr por su rostro, el joven ya no dijo más pues comenzó a desvanecerse quedando
entre los brazos de ella quien se aferraba a su mano, todo parecía pasar lentamente
ante los ojos de Candice, tuvo que soltarlo cuando un corpulento mulato se lo llevo en
brazos a un coche, ella no dudo en ir con ellos, lo acomodaron en uno de los asientos,
colocando la cabeza de él en el regazo de Candice que lo miraba con devoción y
admiración, ella tomo nuevamente su mano y se aferró a él como para que Erdogan
supiera que estaba ahí y no lo dejaría solo, el rostro del joven se movió quedando
sobre el antebrazo lastimado de Candice, este hizo un leve gesto de dolor al parecer la
herida era no era grande pero si profunda, la sangre de Erdogan seguía brotando
corrió por su frente para resbalar por su sien, fue en ese instante que Candice observo
como el ardiente liquido rojo cayo en antebrazo pero a ella no le importo solo sintió
como la sangre de Erdogan penetro por su herida, en ese momento sintió que su
corazón se aceleraba y un escalofrío recorrió su espalda sacudiendo súbitamente su
corazón.
Continuara…

Leer Siguiente Capitulo 

Comentarios

comentarios

Check Also

LA PROMESA DEL OCÉANO… CAPITULO 3

CAPITULO 3 Voces lejos, muy lejos apenas perceptibles gritando con desesperación, unos brazos fuertes que …

Leave a Reply

Your email address will not be published.