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LA PROMESA DEL OCÉANO… (POR QUE HAY AMORES PARA LA ETERNIDAD)

LA PROMESA DEL OCEANO… (POR QUE HAY AMORES PARA LA ETERNIDAD)

Esta es una pre-cuela de la serie de Candy Candy, esta basada poco mas de docientos años antes de la época en la serie, espero que sea de su agrado y bueno con esta historia regreso al mundo de los fics, espero que disfruten mis letras,mil gracias por el apoyo, en esta historia algunos de los personajes tiene modificación en sus nombres al igual que su personalidad,  puede que encuentren algún personaje con las mismas características físicas pero con diferente nombre, todo tiene un porque y lo irán descubriendo conforme vaya avanzando la historia

 

Prefacio.

¿Existe el amor eterno?, era una pregunta que me había hecho desde que tengo memoria, recuerdo que mi madre solía decirme que no importaba si él hombre que me desposara no era el amor de mi vida, que con el tiempo llegaría a quererlo e incluso hasta amarlo, pero yo tenía curiosidad de saber si el amor verdadero y eterno existe, por mucho tiempo busque en los ojos de cada uno de los chicos que me pretendía pero no encontré nada absolutamente nada hasta que lo conocí a él, un chico que llego de tierras desconocidas, un hombre que cambio mi vida, un hermoso hombre que transformo mi destino. Esta es la historia del surgimiento de una dinastía y el comienzo de un amor para la eternidad que nace desde el profundo corazón del océano.

Introducción.

La brisa marina golpeaba el rostro de Candy mientras esta recordaba lo sucedido ese día. El viaje en el Mauritania había sido sin complicaciones hasta la mañana del 28 de diciembre de 1912 en la que una joven chica encontró una gaviota herida en la cubierta del barco así que decidió cuidar de ella, el capitán Wol´s se percató del noble gesto así que mando llamar a la joven para felicitar dicho acto y en un segundo como solía ser siempre, el hombre quedo encantado con ella, esa tarde recibieron un mensaje de que una pequeña embarcación había naufragado a varias millas y que debían de ir a su auxilio, el capitán tomo la decisión de ir a pesar de que algunos de los pasajeros se reusaban afortunadamente la mañana del 29 de diciembre de 1912 los náufragos fueron rescatados con vida, Candy cerro los ojos e inevitablemente por su mente pasaron los rostros agradecidos de dichos náufragos, estaba sentada en unas de las bancas de la cubierta, el capitán Wol´s se acero a ella.

– Hola Candy ¿cómo estás? – estaba parado frente a la chica que de inmediato abrió los ojos para mirar al capitán.

– Capitán Wol´s no lo escuche venir – se puso de pie y camino hacia la baranda.

– Te noto pensativa, pasa algo malo – dijo el hombre mientras fumaba su pipa.

– Solo recordaba – se encogió de hombros mientras clavaba su mirada en el horizonte.

– Fue una mañana complicada pero todo resulto muy bien– miro hacia donde la chica lo hacía.

– ¿Qué es eso? – se estiro intentando tratar de acercarse a lo que tanto llamo su atención.

– Candy te vas a caer – el capitán la sostuvo al ver que se tambaleaba, inclusive soltó su pipa.

– Lo siento capitán – se disculpó, luego se agacho para levantar la pipa que se había apagado y lo entrego a su dueño –, ¿Aquella es una isla? – señalo lo que tanto llamo su atención.

– Así es Candy – sonrío mientras se recargaba en la baranda –, es raro ver una isla en estas aguas – suspiro.

– Le ocurre algo – cuestiono al ver la melancolía en el arrugado rostro del capitán.

– Esa isla tiene su historia – el hombre seguía mirando.

– Y le trae recuerdos – dijo Candy como afirmación.

– Esa isla mi niña se llama Isla Rendición – miro a Candy, ella se quedó boquiabierta –, tiene una historia muy hermosa, que todo marino que ha viajado por estas aguas debe saber – sonrió el hombre.

– Podría contármela – dijo la chica con gran emoción, mientras regresaba sus hermosos ojos verdes a la pequeña isla.

– Es una historia bastante larga – le explico –, tal vez en alguna otra ocasión si es que la tenemos – el rostro de Candy entristeció, en ese instante el barco bajo su velocidad y llego uno de los marines a cargo.

– Capitán, lamento interrumpirlo pero se ha presentado un problema en uno de los cuartos de máquinas – el capitán puso cara de seriedad.

– Lo siento Candy pero tengo que arreglar este asunto – el capitán se retiró mientras el barco se detuvo por completo, varios marines comenzaron a correr por la cubierta, se escuchó un golpe fuerte en el agua cuando el ancla cayo para hundirse en el fondo, Candy volvió su mirada a esa isla que extrañamente había llamado su atención y así pasaron algunas horas hasta que el sol estaba solo a unos cuantos minutos de ponerse, después de tomar el té Candy caminaba por la cubierta mirando como el cielo se pintaba de ocres y se reflejaba en el gélido mar del atlántico, al mirar sus ojos se cruzaron con esa pequeña isla.

– ¿Cuál será esa historia? – se dijo para sí misma, pero no se dio cuenta que lo dijo en voz alta y que alguien la había escuchado.

– ¿En verdad quieres saber? – respondió con otra pregunta el capitán Wol´s.

– ¿Qué ha pasado con el barco? – cuestionó ella al ver que llevaban muchas horas en el mismo lugar.

– Una de las maquinas tuvo una falla – explico –, pero los ingenieros ya están trabajando en ello, tardaran bastante tiempo ya di la orden de que avisen a todos los pasajeros que estaremos varados probablemente hasta el día de mañana – se encogió de hombros –, como yo no puedo hacer mucho en el cuarto de máquinas tendré la tarde libre – miro a la dulce adolecente – tan libre que podría contarte alguna historia – el rostro de Candy se ilumino con una sonrisa.

– Me contara la historia de Isla Rendición – se llevó las manos al pecho.

– Todo comenzó hace poco más de dos siglos – empezó a narrar –, cuando El magnífico llego al puerto de Southampton.

– ¿El magnífico? – Candy rio un poco al escuchar esa palabra –, que sobrenombre es ese.

– Era un hombre que vino de tierras lejanas – Candy lo interrumpió.

– ¿Y qué tiene que ver ese tal magnífico con la isla?– cuestiono parecía estar muy apresurada en saber la historia –

– Ese lugar lleva el nombre de Isla Rendición porque el magnífico se rindió ahí – Candy se quedó boquiabierta –, de tras de aquel hombre hay una gran historia de amor – Candy volteo por inercia hacia la isla –, como te decía todo comenzó en Southampton una noche de luna llena – dijo el hombre mientras los últimos rayos ocres del cielo iluminaban su rostro y el de Candy, ambos se sentaron en una banca y ella presto mucha atención al relato.

CAPITULO I.

30 de Septiembre de 1696.

La algarabía de esa tarde por la celebración del cumpleaños y nombramiento del que pronto seria el Capitán Brower era sorprendente, el duque de Winchester no había reparado en gastos para dicha celebración, pues además de todo eso se anunciaría formalmente el compromiso de su hija con futuro capitán, los últimos detalles de la fiesta se estaban concretando, la esposa del duque se encargaba de que todo estuviera tal y cual lo había pedido, la mejor comida, el mejor vino, la mejor cristalería, cubiertos de plata y copas del más fino cristal adornaban las mesas en las cuales estarían los más 150 invitados que había esa noche en el palacio, los más importantes nobles de Inglaterra, los altos mandos de la marina y la mejor clase social de Winchester y Londres estaban por llegar.

– Mary, Mary esta copa esta manchada – grito Leonora muy alterada mientras sostenía en su mano una de las copas que había en la mesa principal.

– ¿Qué sucede Señora? – Llego la empleada, su rostro era de sumisión era casi una niña tal vez tendría unos trece años a lo mucho, sus ojos color aceituna contrastaban con el color de su piel mulata, su cabello era rizado y negro.

– ¿Tú estás a cargo de la cristalería? – dijo Leonora altiva, la empleada agacho la cabeza y no respondió –, debí suponerlo – miró con desprecio a la niña.

– Voy a cambiar la copa – extendió la mano temblorosa para que su patrona le diera la copa, pero lo que esta hizo asusto a la niña quien cerró los ojos al escuchar el cristal chocar con los finos pisos del salón.

– Recoge esto y trae una copa nueva – le grito la señora –, y no quiero que vayas a rayar el piso – Leonora se quedó parada hasta que la niña se arrodillo para recoger los vidrios rotos –, negra inútil – dijo despectivamente y se dio la vuelta para retirarse, mientras la pequeña Mary se quedó con los ojos llenos de lágrimas. Ajena a toda esa situación una bella y joven chica se preparaba para esa noche, tenía que verse hermosa pues se anunciaría su compromiso con el Capitán Brower, la mucama dejo su vestido sobre la cama, ella estaba sentada frente al espejo de su cómoda, a través de él veía el reflejo de su hermoso vestido, echo de la más fina tela Turca, la chica se sobresaltó cuando recordó el rostro de aquel joven mercante de Telas Turcas, se miró en el espejo y como una ilusión apareció el rostro de aquel hermoso chico y como sus ojos verde esmeralda se clavaron en los aguamarina de él, ella no se explicaba cómo es que aquel joven había logrado mover todas las fibras de su ser, pero tristemente tanta felicidad había durado tan poco tiempo lo que no se imanaba era lo que esa noche acontecería.

23 de Septiembre de 1696 (una semana antes de la fiesta de compromiso).

La mañana de ese domingo, los duques degustaban de su desayuno en el comedor de su palacio, el joven y futuro capitán Brower los acompañaba al igual que su hija la bella joven Candice Winchester, habían pasado solo algunos meses de que cumpliera diecisiete años, mientras que el apuesto teniente contaba con la edad de veinticinco años, él la pretendía y estaban a solo una semana de formalizar su compromiso.

– Todo está delicioso – el joven alago a la duquesa.

– Gracias Anthon – Leonora dijo orgullosa aunque a decir verdad no era ella quien cocinara.

– La comida de Isabel siempre es exquisita – dijo Candice evidenciando a su madre –, y los postres de Mary son deliciosos – dijo sutilmente, su madre le lanzo una mirada recriminatoria.

– El próximo domingo daremos una gran fiesta en honor a su nombramiento y cumpleaños – dijo el padre de la joven chica a su futuro yerno mientras miraba a su retoño y le sonreía en complicidad por haber dejado a su madre en evidencia.

– Se lo agradezco mucho Duque de Winchester – también miro a Candice –, pero me gustaría que nos enfocáramos más en el compromiso, inevitablemente Candice se ruborizo.

– Me alegra tanto que vayan a casarse pronto – respondió la duquesa mientras Isabel retiraba los platos de la mesa, al agacharse Isabel a recoger los platos sus voluptuosos pechos se asomaron como para abrirle una invitación al joven Brower quien discretamente miro el detalle de la joven hacía él.

– ¿Y usted que piensa Candice? – cuestiono Anthon a su prometida para disimular su nerviosismo, pero antes de que esta pudiera articular palabra su madre intervino.

– Ella está de acuerdo en todo – Candice bajo la mirada –, ella me ha dicho que está muy enamorada de usted.

– Y yo de ella – aseguro Anthon –, he esperado tanto para poder pedir su mano – miro con devoción a la chica, Isabel torció el gesto al ver la cara de estúpido que puso el joven –, me gustaría dar un paseo con ella en el jardín si lo permiten ustedes – se puso de pie.

– Por su puesto, vayan, vayan al jardín – Leonora no dudo en dejarlos solos, Anthon ayudo a la chica a levantarse y antes de que estos salieran al jardín su madre se acercó a la chica para acomodar su vestido y aprovecho para susurrarle algo –, se amable con él, es tu futuro esposo – más que un consejo pareció una orden, luego se alejó de la chica y la miro retadoramente. Anthon era el sueño de toda joven, un hombre educado, con un gran futuro en la marina inglesa, además era el cuarto en la sucesión al trono después del rey Guillermo, Anthon era alto y delgado, siempre limpio y bien vestido cuando te miraba parecía que te perdías en el mismo cielo pues sus ojos eran exactamente de ese color, su cabello era rubio, de nariz recta y labios delgados y finos simplemente era el príncipe azul de cualquier mujer aunque para Candice había algo que no terminaba de convencerla.

– Está muy callada – dijo Anthon mientras se dirigían al jardín.

– Solo pensaba – dijo ella melancólicamente.

– Y podría saber ¿en qué? – cuestiono el apuesto joven.

– Está usted de acuerdo con la boda – Candice tenía una gran curiosidad de saber si en verdad aquel chico la amaba.

– ¿Usted no? – el respondió con otra pregunta, para ese momento salían del palacio, desde esa parte se podía mirar los enormes jardines que adornaban el lugar, el más impresionante y hermoso era aquel que en forma de laberinto rectangular, era tan grande que cualquiera que no lo conociera se podría perder fácilmente en la entrada un hermoso fresno daba la bienvenida, el follaje en los altos muros por un lado estaba cubierto de romero y por el otro lo adornaban gran cantidad de flores como rosas, violetas y jazmines, si lo mirabas desde alguna parte alta del palacio se podía apreciar que en el centro había un pequeño prado con hierba muy menuda salpicado de una gran variedad de flores delimitado por hileras de piedras de río, en el centro del prado había una fuente de mármol en el centro de esta una estatua de este mismo material,

eran dos leones custodiando a una mujer desnuda, de la boca de los leones salían chorros de agua que caían en el estanque para correr por unos canalillos, que estaban primero ocultos y después visibles, circundaban el pequeño prado para alejarse después e irrigar las diversas partes del jardín, la fuente estaba cubierta con un pabellón sostenido por columnas, alrededor de ella había una explanada libre para colocar mesas y silla, para llegar a la fuente se tenía que cruzar un pequeño puente que pasaba por encima de un estanque artificial por donde nadaban peces de muchos colores –, es hermoso el jardín – dijo el chico maravillado –, aunque no tan hermoso como usted.

– ¿Qué cosas dice? – Candice se ruborizo.

– ¿Pero usted no respondió mi pregunta? – regreso al tema de conversación.

– Usted tampoco respondió la mía – Candice siguió caminando.

– Desde que usted se convirtió en una hermosa mujer no he podido sacarla de mis pensamientos – se paró frente a la chica para detener su marcha, Candice no pudo evitar mirar esos bellos ojos azules –, sé que lo que dice su madre no es verdad – Candice puso cara de desconcierto al escuchar esas palabras –, sé bien que usted no me ama – dijo un poco decepcionado –, pero le aseguro que yo lograre que usted me entregue su corazón – Candice no supo cómo reaccionar, Anthon estaba demasiado cerca de ella, era obvio que se moría por besarla, se acercó un poco más a ella, la tomo de la cintura y la jalo suavemente contra si –, déjate amar pequeña pecosa –, las palabras de Anthon estaban cargadas de súplica, fue entonces que Candice cedió a los deseos de su prometido y se dejó llevar por la experiencia de él, quien acerco su rostro al de la jovencita, esta cerro los ojos mientras escuchaba el palpitar de su corazón, el rozo su nariz con la de ella, luego ladeo su cabeza para poder unir sus labios con los de ella, apunto estaba cuando fueron interrumpidos por un empleado de los duques.

– Teniente Brower, el marino mercante de telas ya está en el puerto – llego corriendo hasta donde la pareja, Anthon lo volteo a ver y le lanzo una mirada fulminante –, lo siento – se disculpó cuando se dio cuenta de su error – pero me dijeron que era urgente que le avisara, que usted mismo había dado la orden – Anthon suspiro decepcionado.

– Gracias en un rato más iremos al puerto – dijo cortante y serio.

– Con su permiso – dijo el hombre algo intimidado y se fue dejando solos a la pareja.

– Porque es tan importante un marino mercante de telas – dijo la chica algo sorprendida pues Anthon no era el tipo de hombres que tratara con mercantes.

– Es una sorpresa para usted – miro con devoción a Candice.

– ¡Una sorpresa para mí! – no podía creerlo, si bien era cierto que Anthon era un hombre detallista con su prometida también se sabía un hombre frío e indiferente.

– Me acompañaría a Southampton – la miro a los ojos –, podría hacerme el honor hermosa dama – tomo la mano de Candice y la beso sutilmente.

– Por supuesto que si – respondió Candy con suavidad, conteniendo la emoción que la embargo súbitamente.

– Sucede algo Señorita Candice –cuestiono al notar la palidez en el rostro de ella.

– No, nada – intento disimular el nerviosismo que la invadió inexplicablemente al escuchar que irían al puerto.

– Nos vamos – le dio el brazo para dirigirse a donde estaba el carruaje que los esperaba. Mientras el carruaje avanzaba por el camino de que los conduciría hasta el puerto, Candice se seguía preguntando porque su corazón latía más rápido acaso empezaba a

sentir algo más que amistad por Anthon, contuvo el aire por unos instantes y luego lo dejo salir en un sutil suspiro, su acompañante capto el detalle pero no dijo nada, suponía que él era el causante de ese suspiro así que sonrió complaciente, Candice se la paso mirando los paisajes camino y cuando menos se dio cuenta ya se encontraban en el puerto y como era el lugar más importante pues ahí llegaban los grandes navíos militares y los mercantes, el bullicio del lugar le parecía poco apropiado al capitán pero si no fuera por el pedido especial que había mandado traer desde tierras lejanas no la hubiera llevado a dicho lugar.

– Cuanta gente – dijo la chica al ver una gran cantidad gente moviéndose de un lado a otro –, el carruaje se detuvo en una calle cercana al puerto, había algunos negocios que evidentemente eran para la gente de clase alta a una distancia moderada estaban algunos más para la gente de clase baja.

– Candice por favor aguarde en el carruaje – estaba por bajar del carruaje.

– Me dejara aquí ¿sola?– le asusto un poco la idea al ver a la distancia a unos hombre sucios y en aparente estado de ebriedad.

– Ve ese barco que esta allá – le señalo una embarcación no muy grande pero en muy buen estado al menos aparentaba ser decente –, voy a ese lugar y regreso por usted – bajo del carruaje –, no vaya a salir de aquí por ningún motivo – se dirigió al cochero y le dio una orden –, no tardare – le sonrió a la chica de ojos verdes quien miro alejarse a su prometido, a la distancia alcanzo a ver como la pequeña figura de Anthon subió al barco mercante –, buena tarde – Anthon saludo a uno de los tripulantes de la embarcación –, busco a Erdogan Yilmaz.

– Él salió un momento – explico al joven Anthon.

– No sabe si tardara – pregunto mientras torcía los labios como de coraje-

– Tal vez media hora o un poco más – dijo mientras se encogía de hombros muy despreocupado.

– Gracias – dijo a secas y salió de la embarcación – es un imbécil – dejo caer su mano con fuerza en la baranda del barco, descendió de ahí, estaba a punto de regresar con Candice cuando un oficial de la marina se acercó a él.

– Teniente primero Brower – dijo el oficial y lo saludo.

– Comodoro Walker – también saludo apropiadamente a su superior –, en que puedo servirle – miro de reojo el carruaje donde estaba su prometida.

– Necesito que me ayude con algunos marines que infringieron las reglas – se notaba molesto.

– En este momento no estoy en servicio, Comodoro – dijo indiferente y con la mirada altiva.

– Son marines a su cargo Teniente Brower – lo miro retadoramente.

– Está bien Comodoro – dijo apretando los labios y tragándose el coraje – solo permítame un momento – estaba por dirigirse a donde el carruaje.

– Teniente Brower este asunto es urgente – ordeno con su gruesa y áspera voz, el comodoro Walker era un hombre alto y corpulento que imponía con su sola presencia e intimidaba con su mirada.

– Vayamos entonces – se dio la vuelta para irse con el Coronel, tenía confianza en que el cochero no dejaría sola a su prometida.

– Ya tardo demasiado – pensó Candice que ya estaba desesperada, se asomó a donde la embarcación pero se veía totalmente vacía, en ese momento un hombre se acercó al cochero y le dijo que no podía estar parado en la entrada de su negocio, así que el

hombre bajo del carruaje y le explico a quien llevaba de pasajera, el cochero entro al negocio de este hombre para llegar a un acuerdo con él fue en ese momento que la desesperación de Candice exploto –, voy a buscarlo – se bajó del carruaje y camino hacía donde el barco muy determinada, al llegar a la embarcación llamo a su prometido –, Anthon por que demoras tanto – pregunto en un grito pero nadie respondió y así fue en un par de ocasiones hasta que al fin acepto que no había nadie ahí –, eres un tonto – dijo entre dientes mientras daba la vuelta de regreso a donde el carruaje, las personas la miraban pues era muy extraño que la hija del duque de Winchester caminara sola por el puerto, Candice se sentía un poco incomoda ante las miradas curiosas, así que bajo la mirada y camino sin darse cuenta que se estaba desviando de dirección, más se asustó cuando un hombre de barba y de aspecto sucio parecía seguirla, así que sin pensarlo se dirigió en sentido contrario del carruaje camino lo más aprisa que podía intentando no voltear hacia atrás, su respiración era agitada y el empedrado de las calles le dificultaba el paso pero aun así no se detuvo, cuando se dio cuenta se había alejado del puerto y se había metido por unas solitarias calles, al voltear se dio cuenta que nadie la seguía ya y suspiro un poco aliviada aunque el alivio fue momentáneo pues se dio cuenta que se encontraba en un lugar que nunca había visto –, Candice trata de tranquilizarte – se dijo en voz baja como para calmarse tomo aire y lo saco para despejar sus pensamientos, abrió los ojos y miro hacia ambos lados la calle era extensa y bastante oscura debido a la altura de sus viejas construcciones y a las nubes grises que para ese momento ya habían cubierto gran parte del cielo, dando al lugar un aspecto tétrico y deprimente, algunas de los marcos de las ventanas se caían de los viejos que eran, el viento comenzó a soplar bastante fuerte tanto que azoto una puerta de madera de la que era una casa al parecer abandonada – ¡Ahhhhh! –, grito la chica al escuchar es estruendoso ruido de la madera al chocar con la pared para luego regresar con un rechinido a su lugar de origen, los nervios de Candice afloraban por todo su ser, su piel comenzó a erizarse cuando pequeñas gotas de lluvia empezaron a golpearla, camino hacía uno de los muros de una casona vieja para recargarse, estaba segura que para ese momento Anthon ya la estaría buscando así que no se movería de ahí, la expresión en su rostro lo decía todo, se llevó las manos al pecho como suplicando a un ser superior la salvara fue entonces que se escuchó como alguien rompía de tajo una de las ventanas y sacaba su mano para jalar el brazo de la chica – ¡No, no, por favor suélteme! – suplico a la persona que la sujetaba con fuerza, como pudo se zafo sin siquiera darse cuenta que había perdido la manga de su vestido, para ese instante la lluvia arreciaba, el suelo estaba húmedo y resbaloso así que en su intento de huida cayó al piso dándose un fuerte golpe intentando incorporarse pero no lo logro pues el vestido le estorbaba y se había lastimado un tobillo, de la casa vieja salieron un par de sujetos mal encarados sonriendo de manera morbosa y agresiva, era obvio las intenciones que tenían con la chica.

– Maurice, me pregunto ¿qué hace una hermosa doncella por estos lugares? – dijo un hombre de cabello largo, sucio al igual que sus ropas y evidentemente alcoholizado, este se lamio los labios de manera lujuriosa, mientras miraba el blanco y agitado pecho de Candice.

– No lo sé Félix, tal vez esté buscando un rato de diversión – dijo alzando el tono de voz para terminar con una sepulcral y extensa carcajada, Candice se tapó los oídos mientras sus ojos se llenaron de lágrimas, intento ponerse en pie pero no pudo el dolor del tobillo era insoportable así que se arrastró por el mojado empedrado y sucio

de la calle, los hombres la seguían burlándose de su intento de huía hasta que al fin Maurice se desesperó y le dio alcance, se agacho para montarse sobre la espalda de ella sujetándola con fuerza de su rizado cabello jalándola contra si para susurrarle al oído – ,te haré pasar un rato lleno de placer – dijo lamiendo la oreja de la chica quien tenía en su rostro plasmado el miedo –, ven conmigo pequeña te voy a montar delicioso – bruscamente la jalo del cabello para ponerla de pie y la llevaba casi a rastras ante la mirada perdida de Félix quien solo reía como un idiota.

– ¡No, por favor, no me hagan daño! – suplico entre el miedo de lo que estaba por pasar y el dolor de su tobillo, lo que Candice no sabía era que a Maurice le excitaba ver como sus víctimas suplicaban por su vida, que era un hombre que gozaba del sufrimiento ajeno.

– Sigue suplicando niña – los ojos de Maurice parecían arder como si fueran llamas del infierno, como pudo la metió a la vieja casona, para ese momento la lluvia se había convertido en tormenta, el agua se filtraba por el viejo tejado, el lugar estaba casi en penumbras de no ser por una vela que estaba por terminarse, había una vieja mesa en el centro y muchas botellas de licor tiradas en el piso las cuales fueron pateando en el forcejeo, el lugar olía a miseria peor que el corral de los cerdos, Maurice aventó a la doncella contra la mesa, la volteo para que esta quedara boca abajo.

– No, por favor – suplico Candice con lo poco que le quedaba de voz – pero a Maurice poco le importo, levanto el vestido de ella pero no contaba que tenía capas y capas de tela.

– Ni tanta tela en tu lindo vestido te salvara primor – dijo con la voz cargada de lujuria, se bajó los pantalones, Candice intento voltearse ante la distracción de su captor pero él era más hábil, la sujeto del cabello y la colocolo en la misma posición –, me encanta cuando se ponen difíciles –volvió a carcajearse mientras Félix se acomodaba en una silla y daba un trago a la botella de licor que traía en la mano, luego la dejo sobre la mesa junto al rostro de Candice –

– Maurice te hará muy feliz – dijo el ebrio hombre mientras miraba el rostro de terror de la chica –

– ¡Bien! – dijo Maurice al deshacerse de la ropa que le estorbaba a la chica –, esto dolerá un poco al principio pero luego suplicaras por más – su rostro parecía deformado por la lujuria, Candice volteo a verlo pero apenas y fue perceptible ese gesto de su atacante pues las lágrimas le nublaban la vista, el hombre estaba por cometer su fechoría cuando repentinamente sintió la punta de un objeto en su espalda.

– No es así como se debe tratar a una dama – se escuchó como salía de la oscuridad una varonil voz.

– ¿Quién osa interrumpir mi diversión? – contesto Maurice más molesto que asustado –, te voy a cortar el cue… – no pudo terminar la frase pues ya tenía la filosa punta de la espada en el cuello –

– Deja a la señorita – dijo apretando el objeto de metal en la yugular de Maurice, el hombre acomodo la ropa de la dama y bajo toda la tela del vestido – ahora cubre tus miserias – dijo como burlándose –

– Estúpido – Maurice echaba fuego por los ojos, Candice quiso aprovechar ese momento para escapar pero el dolor en su tobillo no la dejo caminar gran distancia así que solo llego a la pared donde estaba la puerta hacia la calle, se recargo mientras miraba la escena como fiel espectador, sus ojos estaban tan abiertos como platos pues la escena parecía una pintura bastante vulgar y de muy mal gusto. Maurice estaba parado frente

a la mesa mirando una espada que estaba sobre una de las sillas, solo esperaba el momento indicado para tomarla y atacar a la persona que estaba detrás de él y de quien apenas se dibujaba su silueta entre la luz tenue del lugar haciendo que lo único que resaltara fuera la hoja de su espada, mientras que el rostro de Félix era de pánico parecía haber visto al mismo demonio, sus ojos estaban perdidos en la oscuridad.

– Félix no te quedes como un idiota mirando – bufo Maurice un poco desesperado –

– ¡Le Grand! – dijo Félix entre dientes mientras señalaba hacia la oscuridad con la mano temblorosa –

– ¿Qué? – contesto Maurice sin entender lo que su compañero trataba de decir.

– Estamos perdidos – Félix realmente se miraba asustado.

– A Maurice nadie lo intimida –dijo finalmente y con habilidad tomo la espada que estaba en la silla se giró y extendió contra su atacante –, y tú no intentes escapar todavía no termino contigo – el hombre miro de reojo a la chica, quien asustada se fue resbalando hasta llegar al piso.

– No permitiré que le hagas daño – hizo un movimiento con su espada la cuchilla hizo un estruendoso ruido al chocar con la de Maurice.

– Nunca nadie me ha derrotado y tú no serás la excepción – respondió el ataque de su rival.

– Siempre hay una primer vez – dijo el hombre misterioso y comenzó a enfrascarse en una lucha brutal con Maurice, la mesa salió volando junto con Félix quien se encontraba paralizado de miedo, por momentos el sonido estridente que hacía las espadas al chocar perturbaba a Candice quien se tapaba los oídos y cerraba los ojos, para luego abrirlos pues quería ver el rostro de su salvador, pero Maurice y aquel hombre luchaban casi en penumbras, solo ruido de golpes, espadas y maldiciones de la boca de Maurice se escuchaban hasta que finalmente Maurice cayo en el suelo casi a los pies de Candice.

– Te voy a liquidar – dijo entre dientes y con mucha dificultad al respirar, su espada salió volando de una patada en dirección contraria a donde se encontraba la mano de Maurice, el salvador de Candice ahora le daba la espalda, su vestimenta no era la que utilizaban los hombres de Inglaterra, llevaba unos pantalones más holgados de lo habitual, botas un tanto extrañas, una camisa blanca y sobre esta un chaleco, su cabello era largo, el volteo para mirar a la chica de reojo por sobre su hombro fue ahí que sus miradas se cruzaron y parecieron magnetizarse, Candice sintió un fuerte golpe en el corazón e involuntariamente se llevó las manos al pecho luego el hombre regreso su rostro a donde Maurice, Candice se percató de que la camisa de su salvador estaba rasgada del hombro y dejaba ver la piel desnuda de este, fue así como pudo apreciar que en su brazo llevaba un tatuaje en forma de media luna y de esta colgaba una especie de ojo en color azul. Félix se puso de pie e intento golpear por la espalda al hombre pero el grito de Candice lo alerto, no tuvo que hacer mucho para derribar al embrutecido Félix, solo estiro su brazo con fuerza, le dio un golpe en la mandíbula y este quedo desmayado en el piso –. Mátame de una vez – suplico Maurice en un tono de voz como implorando piedad.

– La muerte es algo demasiado sagrado como para otorgártela – respondió el hombre empuñando su espada en el cuello de Maurice que estaba boca abajo y que del miedo se había orinado hasta en los pantalones – Además no manchare mis manos con la sangre de un esperpento como tú – envaino su espada y se dispuso a sujetar a los hombres con una cuerda que encontró sobre el piso mojado no sin antes darles unos

azotes en la espalda, todo esto transcurría en la oscuridad fue entonces que Candice al fin se animó hablar.

– Muchas gracias – dijo con la poca voz que le quedaba, esperó una respuesta pero solo recibió silencio –, como puedo pagar por su ayuda – cuestiono pero aquel misterioso hombre parecía ignorarla –, necesito saber quién fue mi rescatador –intento averiguar el nombre de él.

– No sea tan curiosa señorita – al fin hablo el hombre pero seguía sin mirarla para ese momento lo que quedaba de vela era mínimo y apenas se podían apreciar las siluetas de los dos hombres amarrados y tirados en el piso, el misterioso hombre se acercó lentamente hasta donde Candice, ella intento ver su rostro pero este se movía perfectamente entre la oscuridad así que le fue imposible, el hombre se postro a un costado de ella, luego se agacho para quedar a su altura ya que la dama seguía sentada en el piso, acerco su rostro al de la chica y le susurró al oído – no me debe nada – dijo con su varonil y seductora voz, el sonido de su voz resonó en sus oídos casi al grado de perturbarla mientras que sentía como el aliento cálido del hombre se penetraba por dentro de los poros de su piel recorriendo y erizándole cada fibra de su ser, él se dio cuenta de la reacción que provoco en la chica así que se acercó más de lo debido y rozo con sus labios el lóbulo de su oreja, ella cerro los ojos y trago saliva, Candice intento incorporarse ante aquellas emociones que estaba sintiendo pero no pudo por su tobillo, hizo un gesto de dolor y se acomodó en la misma posición en la que estaba, el desconocido se tomó el atrevimiento de sujetar el tobillo de ella – no tengas miedo – dijo para calmar a la dama, froto sus manos para calentarlas y comenzó a sobar el pie le daba la espalda para evitar que ella mirara su rostro, aunque eso era difícil pues estaban en penumbras, mágicamente el dolor fue disminuyendo, Candice sintió una sensación de bienestar, en ese momento se escuchó claramente la voz de varios hombres llamándola por su nombre –, creo que la están buscando – dijo él alejándose un poco de ella –, será mejor que me vaya – estaba por ponerse de pie cuando Candice lo sujeto del brazo.

– ¡Por favor! – dijo ella con voz suplicante –, dígame dónde puedo encontrarle – no quería perderle la pista a su salvador.

– Le aseguro que nos volveremos a ver – por alguna extraña razón él estaba nervioso, las voces se escucharon más cerca, ella lo soltó del brazo como si en verdad le creyera que lo volvería a ver, él se puso de pie y por una puerta contigua a donde se encontraban salió para perderse entre la oscuridad fue entonces que la voz de Anthon resonó muy cerca.

– ¿Candice dónde está? – grito con desesperación el teniente Brower.

– Anthon ayúdenme por favor – respondió con un grito, segundos después se escuchó como golpearon la vieja puerta, Anthon entraba con una antorcha en sus manos así que se ilumino el lugar, detrás de él un par de soldados, Anthon dio la antorcha a uno de ellos y corrió a donde estaba Candice.

– ¿Qué es lo que sucedió? – pregunto pero uno de sus soldados le respondió.

– ¡Teniente! – Anthon volteo a verlo y este le señalo con la mirada uno de los rincones ahí estaban Maurice y Félix amarrados de pies y manos, amordazados y con los ojos vendados, se miraba en sus espaldas el castigo que les habían impuesto, al vislumbrar a Candice alcanzó a ver que su vestido estaba roto, sucio, mojado y ella estaba despeinada y con el rostro desencajado, fue que por la mente de Anthon paso el peor de los escenarios –, ¡Malditos malnacidos! – grito con rabia, sus ojos azul cielo se

habían enardecido, su rostro se endureció de pensar lo que ese par de hombres le hubiera podido hacer a su futura esposa.

– Anthon, cálmese por favor – la voz de ella comenzaba a quebrarse – no me hicieron nada – aseguro la chica y fue entonces que rompió en llanto, Anthon la abrazo.

– Llévense a este par y con su vida me pagaran si alguno de ellos escapa – dijo el teniente a los soldados, estos lo obedecieron, soltaron sus tobillos para que se pudieran poner en pie, les quitaron las mordazas de inmediato Félix comenzó a gritar desesperado.

– ¡Le Grand!, ¡Le Grand! – gritaba Félix desesperado –

– Calla o te pondré la mordaza otra vez – grito uno de los soldados mientras que Candice se tapó los oídos para no escuchar la voz de ese hombre enloquecido, los soldados salieron llevándose a los agresores.

– ¿Qué es lo que quiere decir Le Grand? –, pregunto uno de los soldados a otro.

– Quiere decir “El magnífico” – explico a su compañero – pero no hagas caso este hombre está delirando – explico indiferente mientras caminaba para llevarlos en el carruaje destinado a los delincuente, mientras tanto Anthon hacía tiempo para sacar a Candice del lugar, no quería que se topara con sus agresores, uno de los soldados regreso para avisarle a Anthon que los hombres habían sido llevados a prisión.

– Vámonos de aquí mi amor – dijo Anthon con dulzura mientras tomaba en brazos a Candice, salió de la vieja casa, por instinto miro hacia ambos lados de la solitaria calle, la lluvia no cesaba así que se dispuso a caminar con su prometida en brazos el soldado iluminaba el camino empedrado y húmedo, Candice se aferró a Anthon y recargo su cabeza en el pecho de él, repentinamente sintió como una punzada en su pecho, un impulso que la hizo mirar hacia donde había estado en peligro, levanto un poco el cuello y por sobre el hombro de Anthon miro la casona derruida, esperando ver a su rescatador pero no había nadie, cerró los ojos mientras la lluvia caía sobre su rostro, luego de unos segundos los abrió nuevamente para contemplar que sobre el techo de la casona se dibujaba la silueta de una persona, su corazón se aceleró, estaba segura que era él, ese hombre que sin conocer su rostro la inquietaba tanto, ese hombre del cual lo único que había conocido era su mirada cautivadora, ese hombre que le había prometido volver a verse, Candice volvió a poner su cabeza sobre el pecho de Anthon y a pesar de haber vivido una de las peores experiencias de su vida no pudo evitar sonreír nostálgicamente y sentirse afortunada pues por ese penoso incidente conoció a ese hombre misterioso y por vez primera había sentido una extraña atracción hacía algo totalmente desconocido.

CONTINUARA…

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One comment

  1. Ya me estoy enamorando está muy bella tu historia A. Bendiciones escribes muy bello

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