La rosa de Anthony “Dulce Candy”
por Floryaiza
Capítulo I: “Sin identidad”.
Ummmm, ¿dónde estoy?, ¿quiénes son estas personas que están rodeando mi cama?, ¿por qué estoy aquí?.
-¡Doctor, doctor….! gritó una enfermera, -¡venga por favor… ya se despertó!, el doctor se dirigió a la habitación, apresuradamente, el chico por fin se había despertado después de un largo coma, pero justo le preguntaron si sabia quien era y el respondió: -no recuerdo nada, no se quien soy, ni como me llamo, tampoco quienes son estas personas, ¿qué me ocurre?, ¡por favor dígamelo!.
El doctor tranquilizó al joven, y ordenó a todos que se marcharan de la habitación, ya que solo conseguían confundirlo… Sus familiares, accedieron a marcharse, algunos a regañadientes, pero entendiendo que todo era por el bien del joven aturdido.
Una vez que todo se había tranquilizado, el doctor le preguntó al joven si se acordaba como se llamaba, el dijo que no, y luego le preguntó si había reconocido a alguien de los que anteriormente estaban en su habitación, contestando el joven de nuevo negativamente.
Después de haberle hecho, todas las pruebas de rutina para esos casos, reunieron a su familia y le comentaron que el chico tenía amnesia, aunque no sabrían decir si sería para siempre o temporal.
Las damas rompieron a llorar, y el doctor las consoló diciéndole que podría haber sido peor si se hubiese muerto, y que en parte debían agradecerle a Dios que hubiese sobrevivido, aunque desgraciadamente lo hizo en ese estado, pero que no desesperasen, ya que aunque poco probable, tal vez, algún día, recuperaría la memoria o parte de ella.
Al menos el chico, podía desenvolverse bien, comía, se vestía, por sí solo, y también demostró habilidades específicas, eso demostraba que se podría desenvolver bien y que podría ser independiente. Se notaba que era un joven culto, y con estudios, y de comportamiento muy educado. Todas las enfermeras estaban encantadas con el, algunas incluso se disputaban quien era la que iría ese día a ocuparse de aquel lindo paciente.
Cuando recibía visitas, el joven casi siempre estaba muy incómodo, por lo que el doctor dio orden de que “nada de visitas por un tiempo”, al menos hasta que el paciente estuviera mas tranquilo, y que poco a poco irían visitándolo.
Un día fuera de la habitación escuchó a unas damas hablando, el joven se acercó ya que no le pareció las voces de ninguna de las enfermeras que le habían tratado, y pudo oír:
-“Creo que será mejor que lo mandemos a una clínica especializada en estos temas, y que no deberíamos decirle a nadie que es lo que ha pasado, ¡imagínese, en nuestra prestigiosa familia un caso así…!, mejor le diremos a todos que ha muerto, y cuando todo se arregle, ya veremos que hacemos, aunque no podemos saber si algún día, el se recuperará del todo, así que creo que será lo mejor, ¿no?.- Dijo la dama mas joven.
La otra dama contestó:
-“No, no…. ¡puedo decirles a todos que mi muchacho esta muerto, eso sería una crueldad!, además…¡no quiero dejarlo en una clínica, como si de un enfermo mental se tratase! – dijo sollozando.
A lo que la dama mas joven contestó:
-“¡Tenemos que mirar por el bien de nuestra familia!, si bien no quiere usted que vaya a una clínica privada, podemos también mandarlo a una de nuestras casas de campo, y contratar algunas enfermeras, para que lo cuiden hasta que recupere la memoria y mientras tanto lo visitaremos e intentaremos que recupere la memoria contándole recuerdos familiares, ¡es lo mejor!.
-¡Oh no!, me quieren encerrar-, pensó el joven, -¡no lo permitiré, huiré bien lejos…!, ¿y estas personas se consideran mi familia, que me quieren ocultar?, ¡no, no, jamás!.
El chico, se hizo el dormido cuando las damas entraron a visitarlo, y justo cuando se marcharon, lo mismo hizo el, aprovechando el cambio de turno de las enfermeras, y dejando una nota:
“Muchas gracias por cuidarme, me marcho ya que no permitiré que me encierren, ¡yo no estoy loco!, y esas mujeres ¡no creo que sean de mi familia!…Adios.










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