Home / Fan trabajos / Fic “1918” Mayo Capítulo 14

Fic “1918” Mayo Capítulo 14

Fic  “1918”

por Manzana9

Mayo 

Capítulo  14

 

Una figura vagaba de manera errante por Central Park  a altas horas de la noche. Sus ojos ya estaban secos después de haber llorado por un largo rato en medio de aquella soledad que lo acompañaba. Había caminado por horas tratando de no pensar. El crujir de las ramas, el canto de las aves nocturnas y los pasos lejanos se mezclaban con el doloroso latir de su corazón. Se sentó un momento en una banca solitaria y cerró los ojos tratando de respirar de manera lenta y profunda.

– ¿Quién anda ahí? – dijo de pronto al escuchar las pisadas de una persona.
– ¿Terry? – preguntó una voz – ¿Eres tú?
– ¿Albert?
– ¡Amigo mio! – exclamó el rubio acercándose para abrazarlo.
– ¡Albert! – saludó el inglés – ¡Qué sorpresa!
– ¿Por qué no me extraña encontrarte aquí?
– Jajajajaja – rió el actor – ya sabes que soy ave nocturna, pero ¿qué haces tú por aquí a estas horas?
– Salí a caminar – indicó – no podía dormir con todos los asuntos que tengo en la cabeza.
– ¿Vives aquí en Nueva York?
– Vine para el cumpleaños de Candy y por unos negocios – explicó – me estoy hospedando en el Plaza. ¿Y tú qué haces en el parque Terry?
– Yo… – titubeó un poco – yo necesitaba ordenar mis pensamientos.
– ¿Candy?
– Quien más… – dijo resignado – no sé si sepas pero ella aceptó ser la novia del doctor.
– ¿Qué? – el rostro del rubio se tornó serio en ese instante.
– Como lo oyes amigo.
– Entonces ya tomó una decisión.
– Si – señaló el actor – y lamentablemente fui yo quien apresuró las cosas de manera indirecta.
– Vi el periódico esta mañana – dijo Albert – me imagino que esa foto tuvo algo que ver.
– No sé cómo llegó el periódico a manos de Susana pero armó un escándalo.
– Ya veo.
– Michael salvó la situación diciendo que eran novios desde hacía tiempo.
– ¿Y Susana lo creyó?
– Si – dijo el actor – pero se alteró demasiado y sufrió un desmayo, su corazón casi deja de latir.
– ¿Tan grave se encuentra?
– Podría morir si no se cuida – respondió – no puedo abandonarla así.
– ¿Y Candy?
– Ella fue quien la salvo después de que Susana la insultara.
– Mi niña… – suspiró el rubio – ¿cómo está ella?
– Ella es muy valiente pero todo esto la hace sufrir – dijo pensativo – la dejé llorando esta tarde cuando nos despedimos.
– Mi pequeña es muy fuerte y te aseguro que mañana estará sonriendo en el hospital como si nada hubiera pasado.
– Ella es única Albert…
– ¿Y tú cómo te sientes?
– ¿Yo? – sonrió irónicamente – ¡yo estoy que me lleva el diablo!
– Jajajajaja – rió el rubio – ¡Pues no será la primera vez!
– Jajajajaja – rió el actor – ¡ni creo que sea la última! pero estaré bien. No te preocupes por mí, no voy a huir ni voy a cometer una locura.
– Me alegro por ti amigo.
– Solo quiero su felicidad Albert – dijo seriamente – es lo único que me importa en estos momentos, y sé que tal vez con Michael pueda ser feliz. Él es un buen hombre.
– Has cambiado mucho Terry – sonrió el rubio.
– Tal vez ya aprendí la lección.
– Me tranquiliza escuchar eso porque recuerda que si tú estás bien ella estará bien.
– Candy… – suspiró el actor – ¿cómo hace para amar de esa manera?
– Tal vez la hicieron con un corazón especial, diferente al de todos nosotros.
– Es posible – sonrió el actor – a veces me pregunto cómo alguien fue capaz de abandonarla.
– Yo también me lo he preguntado muchas veces pero al ver a Candy algo me dice que sus padres fueron buenas personas y que la amaron mucho.
– Si eso fue así, entonces ¿por qué la dejaron en el Hogar de Pony?
– Tal vez un accidente, la pobreza, una enfermedad, no sé Terry – suspiró el rubio – eso es algo que nunca sabremos.
– Solo espero que la vida la compense por todo lo que ha sufrido.
– Haré todo lo que esté en mis manos para que eso suceda.
– También la amas ¿no es cierto? – preguntó el actor al escuchar a su amigo.
– Si Terry – suspiró el rubio – pero yo jamás fui rival para ti. Te lo puedo asegurar. Para ella solo soy como un hermano mayor.
– Menos mal – sonrió el inglés – porque si no te rompería la cara en estos momentos.
– Jajajajajaja – rió Albert – ¡nunca cambiarás muchacho!
– Jajajajajajaja – rió el actor – creo que no amigo. Ya sabes “genio y figura hasta la sepultura”.
– Hablando de figuras – dijo el rubio – Candy nos habló de la obra de teatro en la que te estás presentando. Iremos a verte a la función del viernes.
– Me encantará verlos por ahí.
– Según leí en la cartelera, tu madre también actúa en la obra.
– Si – sonrió – ha sido algo maravilloso compartir el escenario al lado de mi madre.
– ¿Y cómo está ella?
– Supongo que furiosa en estos momentos.
– ¿Qué le hiciste Terry?
– ¡Hace cuatro horas que me esperaba para cenar! – exclamó sonriendo.
– Jajajajajajaja – Albert rió con fuerza – ¡eres el colmo! ¿Dónde quedó el caballero inglés?
– ¡Ni me lo recuerdes! Tendré que ir a pedirle una disculpa.
– Seguro te entenderá – le dio una palmada en la espalda.
– Me dio gusto saludarte Albert.
– A mí también Terry – dijo el rubio y agregó – si algún día necesitas algo o si se presentara algún problema mientras ella está aquí en Nueva York esta es mi dirección en Chicago – al decir esto sacó una tarjeta de su bolsillo y se la entregó – sé que puedo confiar en ti.
– Claro que si Albert – dijo tomando la tarjeta entre sus manos mientras sonreía al leer el nombre escrito en ella – William Albert Andley, ¿Quién lo iba a imaginar?
– Espero poder charlar contigo otro día y contarte esa historia.
– ¿Qué te parece si cenamos juntos después de la función del viernes? Mi madre estará encantada de conocerlos.
– Es una gran idea – sonrió Albert – Annie se alegrará de conocer en persona a Eleanor Baker, la admira mucho.
– Entonces los veré el viernes.
– Ahí estaremos.

Ambos jóvenes estrecharon sus manos. El actor observó como lentamente la silueta de Albert se perdía en la oscuridad de la noche – tienes el don de aparecer cuando más te necesito amigo – murmuró Terry – me hizo bien hablar contigo, así me ahorraste la visita a un bar – después, cubierto por las sombras tomó un camino solitario y regresó más tranquilo a su departamento.

– ¿Terry? – murmuró Susana mientras lentamente abría los ojos después de una noche en la sala de cuidados intensivos.
– Aquí estoy Susi – dijo el actor acercándose a su cama – ¿cómo te sientes?
– Gracias por estar aquí – dijo sonriendo – pensé que ya no te volvería a ver.
– Ya no pienses más en eso, me exalté demasiado y hablé de más.
– ¿Qué me pasó Terry? Solo recuerdo que discutimos y después mi mente se puso en blanco.
– Susana – él se detuvo frente a ella – no sé si sea conveniente que te lo diga.
– ¿Qué pasó? – lo interrumpió – por favor dímelo, mi madre habló con el doctor pero no me ha querido decir nada.
– Está bien – titubeó por un momento y la tomó de las manos. Susana desconocía su afección cardiaca así que prefirió ocultarle la verdad para no alterarla – es que te desmayaste – dijo el actor.
– ¿Me desmayé?
– Estás débil Susi – explicó – y la discusión fue demasiado para ti. Pero ya estás bien – dijo sonriendo para tranquilizarla – afortunadamente llegamos a tiempo para traerte a cuidados intensivos.
– ¿Llegamos? – preguntó extrañada – ¿Quién me trajo para acá?
– Pues… fue Candy y el Dr. Girard.
– ¡Candy! – exclamó y unas lágrimas salieron de sus ojos – ¿Por qué tenía que ser ella?
– Susana – se sentó en la cama – olvídate de lo que pasó por favor. No es bueno que te alteres en estas condiciones.
– Mi madre siempre me dice lo mismo.
– Es lo mejor para tu salud.
– Terry – apretó sus manos con el presentimiento de que algo le ocultaba – dime la verdad por favor. Quiero saber a qué me estoy enfrentando y sé que los doctores no me van a decir nada.
– Susana – se quedó pensativo un momento, después se puso de pie y caminó a la ventana – te desmayaste, eso es todo. Estás débil, solo necesitas comer bien y hacer tus ejercicios.
– Está bien Terry – dijo girando su rostro para verlo – haré todo lo que me indiquen los doctores.
– Me alegra escuchar eso – sonrió el inglés.
– Dime – preguntó sin dejar de mirarlo – ¿Se enteró mi madre de lo discusión que tuvimos ayer?
– No, ella cree que te desmayaste por haberte levantado de la cama en busca del periódico.
– ¿Te lo dijo? – preguntó avergonzada – no debí leer esa noticia, no debí. Nada de esto hubiera pasado si yo no hubiera leído la noticia, perdóname.
– No es a mí a quien tienes que pedirle perdón Susana – dijo seriamente.
– Lo sé – fue lo último que dijo antes de darle la espalda a Terry mientras se acomodaba en la cama para quedarse meditando profundamente en la charla que acababa de tener.

Eran cerca de las 7:00 de la noche cuando Candy estaba terminando de arreglarse. Para la ocasión había elegido uno de los vestidos que Albert le había regalado el día de su cumpleaños. Éste era sencillo y elegante, de un exquisito color azul rey, ajustado en el talle, con un escote discreto, mangas vaporosas y pequeños detalles de flores bordadas. Dio un poco de color a su rostro y se acomodó los rizos sueltos en su espalda. Michael llegó puntual a la cita. Estaba vestido con un elegante smoking negro. Tocó la puerta y esperó un momento a que Candy le abriera.

– Buenas noches Michael.
– Buenas noches Candy – saludó el doctor besándola en las mejillas y se detuvo un momento para verla – luces encantadora esta noche.
– Gracias – ella se sonrojó al escucharlo – tú estás muy elegante. ¿Quieres tomar algo antes de irnos?
– No te molestes – dijo el doctor – hice reservación para las 7:30 así que creo que es mejor irnos.
– Muy bien – sonrió la joven. Tomó su bolso y salieron.

Chris salía de su departamento para ir a cenar cuando observó a la pareja que bajaba las escaleras tomada de la mano – ¡entonces los rumores son verdad! – susurró molestó – ¡el doctor y ella ya son novios! ¿Y ese cuento de que tu corazón solo pertenecía al actor? ¿Dónde quedaron aquellas lágrimas de tristeza? ¡Mira que rápido te consolaste! Pero me alegra que ya no estés pensando en ese tipo. Ahora si podré cobrarme lo que me hizo ya que por lo que veo lo olvidaste muy pronto. Un día nos encontraremos cara a cara y entonces veremos quién es el valiente…

Michael y Candy subieron al auto y después de unos cuantos minutos llegaron al elegante Hotel Waldorf Astoria en pleno centro de Manhattan. El amplio vestíbulo en mármol iluminado por un precioso candelabro dejó sin palabras a la chica. Pasaron por la recepción y llegaron al salón principal del hotel donde una orquesta deleitaba a los comensales de esa noche. Uno de los meseros les indicó cual era su mesa.
– ¿Gustas algo de tomar? – le preguntó después de que se sentaron.
– No sé que pedir Michael – dijo Candy.
– Yo voy a tomar vino tinto – indicó – ¿quieres acompañarme?
– Está bien.
– Dos copas de vino tinto de la casa – le indicó el doctor al mesero.
– Muy bien señor – dijo el joven – en un momento les traigo sus bebidas.
– ¿Te gusta el vino? – preguntó la chica cuando se retiró el mesero.
– Si Candy – explicó el doctor – en Francia es una costumbre en acompañar las comidas con vino tino o vino blanco. Además me trae gratos recuerdos de cuando vivía con mis padres en la campiña francesa.
– Ha de ser un hermoso lugar.
– Algún día te llevaré a conocer mi país – dijo tomándola de la mano.
En ese momento, llegó el mesero dejando las dos copas de vino en la mesa.
– Por ti querida Candy y por el futuro – dijo levantando su copa.
– Por ti Michael y porque pronto acabe la guerra – dijo la chica chocando su copa con la de él.
Continuaron charlando sobre las experiencias vividas en el hospital mientras disfrutaban de los exquisitos platillos que habían pedido para la cena. La música continuaba alegrando el ambiente y al terminar de cenar Candy dirigió su mirada hacia la orquesta.
– ¿Quieres bailar? – le preguntó Michael.
– Me encantaría – sonrió la chica. El doctor le ofreció su mano para llevarla al centro de la pista.
– Recuerdo la primera vez que bailamos juntos – dijo el doctor mientras se deslizaban al compás de la música – ese día me pareciste encantadora.
– Ese día tú me salvaste la vida Michael – recordó – nunca lo he olvidado.
– Y quisiera que me dejaras salvarte de nuevo.
– Ya lo estás haciendo.
– ¿Lo lograré Candy?
– El tiempo lo dirá – dijo la chica – las heridas del corazón tardan mucho en sanar.
– Y son más profundas.
– Michael – preguntó la rubia después de una pausa – ¿has estado enamorado alguna vez?
– ¿Así como lo estoy ahora? – dijo reflejándose en el verde de sus ojos provocando el sonrojo en la chica – fue hace muchos años.
– ¿Qué pasó?
– Éramos muy jóvenes – comenzó a recordar – ella se mudó con su familia al norte de Italia porque su madre era de allá, y nunca más la volví a ver. Prometimos escribirnos pero a los pocos meses ella dejó de hacerlo y no supe más.

Continuaron bailando en silencio algunas otras piezas. Él no dejaba de verla a los ojos y ella disfrutaba de la música que estaba escuchando. Al finalizar la quinta melodía decidieron ir a sentarse. Pidieron otra copa de vino la que degustaron tranquilamente y después él sacó un estuche de su bolsillo.

– Toma Candy – dijo al ponerlo sobre la mesa – es tu regalo de cumpleaños. Espero que te guste.
– Gracias – sonrió. Ella abrió el estuche y encontró un dije de oro con su nombre colgado de una fina cadena tipo torsal – es precioso Michael – dijo la chica tomándolo con las manos, tratando de colocárselo.
– Permíteme – él se levantó, tomó la cadena y le ayudó a abrochárselo alrededor de su cuello. Después la tomó de la mano para ayudarla a ponerse de pie – te ves preciosa Candy.
– Yo – se ruborizó de inmediato – te lo agradezco, no me esperaba algo así.
– Me alegra que te haya gustado.
– Es realmente muy lindo – dijo feliz – creo que lo usaré de hoy en adelante.
– Gracias, me alegra que lo vayas a traer puesto – así recordarás este día.
– Si Michael – sonrió.
– Es algo tarde – dijo el doctor viendo a su reloj – no quiero que te desveles por mi culpa. ¿Quieres que te lleve al departamento?
– Si – dijo la joven – ya casi son las 10 y mañana hay que trabajar.

Salieron del hotel tomados de la mano y después de un trayecto corto en el auto llegaron al departamento. Entraron en silencio y se sentaron un momento en la sala.
– Gracias por todo Michael – dijo la rubia – pasé un rato muy agradable contigo.
– Yo también Candy – dijo el doctor – disfruté mucho tu compañía y te quiero decir que hoy te ves especialmente bella.
– ¡Oh! – se sonrojó al escucharlo.

Aprovechando su sonrojo, Michael acercó su rostro al de ella y le susurró despacio – quiero besarte Candy – ella se sorprendió al escucharlo pero no supo que contestar. Las dos veces anteriores que la había besado solo había sentido el sutil roce de sus labios, e inocentemente pensó que la besaría de manera similar. Al quedarse callada, el francés la tomó entre sus brazos entregándose a ella en un beso intenso y apasionado. Cuando empezaba a corresponderle la imagen de Terry se hizo presente en la joven – ¡no puedo! ¡No puedo! ¡Lo estoy traicionando! – gritó en su interior y se separó del doctor.
– ¡Michael! – dijo agachando la cabeza – ¡esto es demasiado para mí, no puedo hacerlo!
– ¡Candy! – se sorprendió el doctor.
– Perdóname – le dijo entre lágrimas – ¡perdóname no quiero lastimarte!
– Yo fui el culpable – dijo el doctor visiblemente turbado – no quise sobrepasarme, perdóname tú a mí.
– Tú has sido muy bueno – dijo viéndolo a los ojos – pero sería incorrecto de mi parte hacerte creer algo cuando no es así.
– Te entiendo – asintió – agradezco tu franqueza.
– Solo dame tiempo – le rogó la rubia – no sé que pase después, no puedo prometerte nada, pero en estos momentos siento que estoy traicionando a mi corazón.
– Yo – dijo el doctor – no quiero asustarte ni que me rechaces por ser imprudente.
– Michael, no digas eso – dijo la rubia – yo no quiero rechazarte, me gusta estar contigo, es solo que…
– No necesitas darme explicaciones Candy la interrumpió – iremos poco a poco – después tomó su mano para besarla.
Candy acarició el cabello oscuro del doctor, realmente sentía un gran aprecio por él, lo quería y lo admiraba, pero la fuerza del sentimiento que sentía por el actor inglés, la pasión con la que se había entregado a sus besos un mes antes no podía compararse con la sensación que tuvo cuando Michael la besó – perdóname – pensó en silencio – perdóname por favor.

– Me voy para que descanses – el francés se levantó para despedirse.
– Michael – se atrevió a preguntar – ¿Cuándo regresarán a Susana a su habitación?
– En dos días más – respondió – el sábado por la mañana ya estará de vuelta. Tuvo muy buena respuesta a los medicamentos que le dimos. Por cierto, quiere hablar contigo Candy.
– Me alegra saber que se está recuperando – sonrió la chica – el sábado hablaré con ella.
– Muy bien – dijo el doctor – pasaré por ti en la mañana para ir al hospital. Ahora duerme y descansa.
– Si Michael – ella lo acompañó a la puerta y él se despidió besándola en las mejillas – que descanses.

Tras cerrar la puerta, Candy se fue pensativa a su habitación. ¿Estaría haciendo lo correcto al haberlo aceptado como novio? Michael le gustaba, no lo podía negar pero era muy pronto para quererlo como él se merecía – sin embargo es mejor así – pensó con tristeza – así tendremos tiempo para conocernos mejor y será más fácil que Terry y yo sigamos adelante en lugar de darnos falsas esperanzas que solo nos están haciendo daño. Además – continuó – él se casará con Susana en cuanto termine la rehabilitación, ya no lo volveré a ver, solo es cuestión de un par de meses para que… – no pudo continuar. Por más que tratara de convencerse de lo contrario sabía que no podría resignarse a perderlo definitivamente. Lloró en solitario y se reprochó a sí misma. Había jurado no volver a verter más lágrimas por su amor perdido pero el sentimiento era más fuerte que ella misma – disfrutaré de tu presencia en el hospital mientras estés ahí – dijo mientras se limpiaba su cara – después de que te cases todo será más sencillo – y abrazando su almohada descargó un largo y doloroso sollozo que se escuchó en todo su departamento.

El viernes por la mañana un joven caballero muy atractivo con aire rebelde estacionaba su auto sin capota frente a una residencia en la ciudad de Nueva York. Al minuto tocó la puerta y espero.
– Buenos días joven, pase por favor – dijo el ama de llaves cuando se abrió la puerta principal – su madre está desayunando.
– Buenos días Emma – saludó esbozando una media sonrisa– dime ¿de qué humor amaneció mi madre?
– Jijijiji – se rió la señora al escuchar la pregunta – pues ayer llegó del teatro algo molesta, pero hoy se le ve mejor semblante.
– Gracias – dijo guiñándole el ojo, después se encaminó al comedor.

Ahí se detuvo un momento observando a la bella señora que en silencio tomaba el desayuno. Se encontraba envuelta en una bata de satín y su cabello de un tono rubio oscuro le cubría la espalda. Ella no se había dado cuenta de la presencia del joven. Terry se recargó en la pared y cruzó los brazos observándola calladamente durante unos minutos – sé que estás muy molesta conmigo – pensaba el actor – pero estoy seguro que me entenderás mamá. Te necesito más que nunca porque siento que me muero…

– Buenos días Eleanor – dijo después de un rato.
– ¡Ay! – gritó su madre – ¡me asustaste! ¡¿pero qué modales son esos Terry?!
– Jajajajajajaja – rió desfachatadamente el joven inglés mientras se acercaba y se sentaba junto a ella – no era mi intención asustarte.
– ¿Qué quieres? – dijo enojada.
– Vine a disculparme por no haber venido el miércoles a cenar.
– ¡Estuve horas esperándote! – le reclamó – ¿dónde quedaron tus modales? ¡No es correcto no asistir sin avisar a una cita para cenar con una dama y mucho menos si es tu madre!
– Por eso estoy aquí – dijo Terry tomándole una mano – para disculparme y para que me escuches.
– Esperaba una explicación ayer en la mañana – lo miró de reojo – es lo menos que podías haber hecho.
– ¿Por eso me ignoraste toda la noche de ayer durante la función?
– Estaba muy molesta Terry.
– No lo hice a propósito Eleanor – dijo Terry poniéndose de pie y dándole la espalda – pasaron cosas…
– Está bien – se levantó acercándose a él poniendo la mano en su hombro – algo importante debió de haber pasado para que no asistieras a la cena.
– Entonces – preguntó -¿me vas a escuchar?
– Si Terry – dijo Eleanor – siéntate y dime lo que pasó aunque supongo que se trata de Candy.
– Si madre – dijo el actor regresando a la mesa y sentándose junto a ella – el día que vino a cenar con nosotros la llevé a bailar.
– ¡La llevaste a bailar! – exclamó – ¡con razón esa noche tenías tanta prisa por despedirte sinvergüenza! – después reflexionó un poco sobre lo que le acababa de decir Terry – ¡Oh no! – abrió los ojos y observó fijamente a su hijo – ¡No me digas que hiciste algo indebido con ella!
– ¡Claro que no! – exclamó poniéndose de pie – ¡Yo soy un caballero! ¡Jamás intentaría faltarle al respeto a Candy! ¡Además ella no es así!
– Está bien Terry cálmate y siéntate – dijo su madre – no dudo de tu caballerosidad ni de sus principios, pero ella es una jovencita muy inocente y en un arrebato de pasión podrían…
– ¡No pasó nada ni nunca pasará nada! – dijo desesperado.
– Explícate hijo.
– ¡Un reportero mal nacido nos tomó una foto en el salón de baile cuando estábamos abrazados!
– ¡Por favor Terry! – dijo la mujer – ¡no te expreses así!
– ¡Es lo menos que se merece ese tipo! – exclamó.
– ¿Pero qué ocurrió?
– El miércoles – explicó el actor – publicaron esa foto en el periódico. Yo estaba abrazando a Candy en esos momentos, y no sé cómo pero Susana se enteró, consiguió el periódico y armó un escándalo cuando entramos a la habitación.
– ¡Qué terrible! – exclamó su madre.
– Yo negué sus acusaciones – continuó – te puedo asegurar que después de esa noche en que la invité a bailar, ella quiso evitar problemas y decidimos no volver a hablarnos, ¡pero Susana no me creyó y la insultó!
– Yo si te creo hijo – lo tomó de las manos y después preguntó -¿pero cómo se atrevió a insultarla? ¿qué hicieron?
– Supongo que Candy y el Dr. Girard ya sabían de la foto porque de inmediato le explicaron a Susana que ellos eran novios desde hacía varios meses.
– ¡Oh Terry! – Eleanor lanzó una exclamación sintiendo un gran dolor al comprender lo que eso significaba para su hijo.
– Ella les creyó pero…
– ¿Qué pasó hijo?
– Yo estaba furioso –continuó – discutí con Susana y ella se sintió mal.
– ¿Qué?
– Estuvo a punto de sufrir un infarto.
– ¡Dios santo! – exclamó la mujer – ¿pero cómo no me lo dijiste antes?
– Cálmate – le dijo Terry – Candy llegó a tiempo para ayudarla y ya está bien.
– ¿Candy? – se sorprendió – ¿Candy la salvó?
– Si – dijo el actor – no lo dudó ni un instante.
– Que criatura tan noble es esa chica – dijo Eleanor profundamente conmovida – es un ángel.
– Si – dijo Terry sin poder contener sus lágrimas por más tiempo – es un ángel que adoro con toda mi alma pero que ha volado lejos de mí.
– Hijo mío… – musitó la mujer con el corazón adolorido al ver sufrir a su vástago.
– Ahora estará con él – continuó llorando amargamente.
Ella se puso de pie y se acercó al actor. Terry permaneció sentado y abrazó a su madre recargándose en su regazo. Eleanor acarició su cabello y besó su cabeza – cuanto lo siento hijo – dijo en un susurro – cuánto lo siento.
– ¡La amo madre! – sollozó fuertemente – ¡La amo con todo mi ser! ¡Pero ya la perdí para siempre!
– ¡No te rindas hijo! – le dijo tratando de consolarlo.
– Ella ya eligió su camino – dijo Terry – y yo no me voy a interponer en su felicidad.
– ¿Estás renunciando a ella definitivamente?
– Creo que con el tiempo se olvidará de mí…
– ¿En verdad crees que pueda olvidarte? – dijo su madre levantándole el rostro para verlo a los ojos – si ella te ama tanto como tú a ella y si no te olvidó en todo este tiempo, no tiene porque hacerlo ahora.
– El doctor es un buen hombre y se nota que la quiere de verdad – dijo resignado – va a luchar hasta conseguir su amor.
– ¿Pero Candy lo ama? – preguntó – ¿crees que sienta algo por él?
– No lo sé – respondió – solo sé que ella lo aceptó.
– Te aseguro – insistió su madre – que si tú no te casas con Susana aunque Candy sea novia del doctor, no dejará de pensar en ti. Ella te seguirá amando. Ella no se comprometerá con él.
– ¿Cómo puedes saber eso? – dijo sobresaltado, poniéndose de pie – ¡ella está decidida!
– ¡Ella está decidida porque tú te vas a casar hijo! Yo ya viví algo parecido alguna vez – exclamó – yo sé de lo que te estoy hablando. ¡Además ví el amor que te tiene en sus ojos!
– Pero ¿qué puedo hacer?
– Por el momento esperar – dijo mirándolo a los ojos – y no tomar decisiones precipitadas de las que después te puedas arrepentir.
– ¿Cómo casarme cuanto antes con Susana?
– ¡Terry por favor!
– Jajajajajajaja – rió el joven al ver la cara de su madre – no te preocupes, no lo haré. Entiendo lo que quieres decirme Eleanor y tienes toda la razón – dijo besando una de sus manos – ahora dime, ¿cómo pude vivir tantos años lejos de ti?
– ¿Sabes? – sonrió la actriz – eres adorable cuando te lo propones.
– Te quiero mamá.
– Yo también te quiero hijo.

Se quedaron en silencio, abrazados durante un largo rato. Él sabía que todo estaba perdido, que solo un milagro podía hacer que cambiaran las cosas. Estaba abatido, desesperado y herido de tristeza, pero no se sentía solo. Estaba con ella, con su amiga incondicional, con la mujer que tanto le hizo falta de niño y de adolescente. Y era ahora cuando el amor de esta mujer tan puro, tan real y sincero lo llenaba de consuelo como un bálsamo suave y delicado para su agobiado corazón.

– Tengo que irme – dijo el inglés deshaciendo el abrazo.
– ¿Vas con Susana?
– Si – suspiró resignado – me necesita en estos momentos.
– ¿Pasarás por mí para irnos al teatro?
– Si – sonrió – estaré aquí a las 6 en punto.
– Muy bien – respondió – entonces te veré en la tarde.
– Eleanor – dijo mientras caminaba hacia la puerta – se me olvidaba comentarte algo.
– ¿Qué es hijo?
– Invité a cenar a unos amigos el día de hoy después de la función…
– ¡¿Y hasta ahora me lo dices?! – lo interrumpió – ¡pero no me va a dar tiempo de tener todo listo para las 6! ¡Tengo que ver el menú, seleccionar la vajilla, hacer la lista de compras! ¡Por lo menos dime cuántos son!
– Jajajajajajaja – rió divertido al ver la angustia de su madre – ¡no te preocupes mujer! Iremos con ellos a un restaurante, mi intensión es compensarte por haber faltado a la cena del miércoles.
– ¡Por ahí hubieras comenzado Terry! – exclamó.
– Es que no me dejaste terminar – sonrió el actor – te estoy invitando a cenar con unos amigos.
– Eso me parece muy bien caballero – sonrió la actriz más tranquila – te acepto la invitación.
– Muy bien – se acercó a su madre y besó su mejilla – te quiero mamá.
– Hasta la tarde hijo.

El teatro estaba a reventar el viernes minutos antes de la función. Poco a poco damas con hermosos vestidos y caballeros con elegantes trajes iban ocupando sus asientos. Albert, Annie y George habían llegado temprano y desde uno de los palcos centrales disfrutarían de la obra. Se escuchó la tercera llamada y en punto de las 7 de la noche se abrió el telón. Los actores comenzaron a aparecer en escena y llevaron a los espectadores a ese mundo de fantasía con cada uno de sus diálogos. La presencia de Terry y de Eleanor Baker en el escenario era imponente. Dotados de una extraordinaria voz y de una calidad interpretativa inigualable, fueron el eje de la representación durante las casi dos horas que duró la obra. Cuando se cerró el telón una lluvia interminable de aplausos y vítores inundó el lugar. Un minuto después de que se terminara la ovación un mozo llamó a la puerta del palco.
– ¿Sr. Andley?
– Si, dígame.
– El Sr. Grandchester los espera en su camerino, y me pidió que los escoltara hasta allá.
– Muy amable de su parte.

Los tres caminaron siguiendo al muchacho mientras comentaban los pormenores de la representación.
– ¿Qué te pareció la obra Annie?
– ¡Me encantó Albert! – exclamó la joven – ¡Terry y Eleanor Baker son maravillosos!
– El Sr. Grandchester ha madurado mucho como actor – dijo George.
– Si, pensé que había llegado a su máximo nivel la última vez que lo vi pero hoy ha superado con creces mis expectativas – señaló Albert – y la actuación de su madre me ha dejado sin palabras.
– Una mujer muy bella y muy talentosa – dijo George.
– Es verdad – dijo el rubio – supongo que también debe de ser encantadora en persona.
– A menos que Terry haya heredado el mal humor de ella – finalizó Annie.

Todos rieron por ese comentario. Un minuto más tarde llegaron a los camerinos. El mozo se despidió y ellos tocaron en la puerta que tenía una placa con el nombre de T. Grandchester. Una voz conocida les indicó que pasaran. Terry se encontraba sentado frente a un gran espejo terminando de limpiar la máscara de maquillaje blanco de su rostro. Se enjuagó la cara con agua de una jofaina que estaba a su lado y finalmente se secó con una toalla que colgaba de su cuello.

– Hola muchacho! – sonrió Albert al verlo – espero no importunarte.
– Claro que no – se acercó a saludar.
– ¡Hola Terry! – exclamó Annie – ¡estuviste increíble!
– Felicitaciones Sr. Grandchester – dijo George – excelente representación.
– Gracias – sonrió el inglés – es agradable saludar a los buenos amigos al terminar una función.
– ¿Y tu mamá? – preguntó la chica.
– En un momento más iremos a buscarla a su camerino – indicó – denme un minuto mientras me cambio – el inglés se quitó el vestuario detrás de un biombo colocado al fondo del camerino mientras sus amigos echaban un vistazo por ese pequeño universo tan íntimo y secreto del actor – ya estoy listo – señaló momentos después luciendo un elegante traje negro – vámonos.
Los cuatro salieron de la pequeña habitación cuando observaron que una elegante y distinguida mujer caminaba hacia ellos desde el fondo del pasillo.
– ¡Es Eleanor Baker! – exclamó Annie.
– ¡Qué hermosa mujer! – murmuró Albert mientras George más discretamente asentía con la cabeza.
– Ustedes deben ser los amigos de Terry – dijo Eleanor al verlos.
– William Albert Andley a sus pies señora – saludó el rubio tomando su mano para besarla.
– Encantada de conocerlo señor Andley – sonrió la actriz – mi hijo le tiene gran aprecio.
– Ella es Annie, amiga de Candy desde la infancia – señaló Albert – y él es mi fiel consejero y amigo George.
– Mucho gusto Annie, señor George.
– ¿Qué les parece si dejamos la charla para cuando estemos en el restaurante? – dijo Terry – ¡me estoy muriendo de hambre!
– Jajajajajaja – rió Albert – entonces no perdamos más tiempo. ¿Dónde vamos a cenar?
– Hice una reservación en el Delmonicos – indicó el actor – ¿saben llegar? Está en el número 56 de Beaver St.
– Ahí nos vemos.
Se encaminaron a la salida del teatro para subir a sus respectivos autos. Llegaron al lugar casi al mismo tiempo. El restaurante Delmonicos inaugurado en 1837, ofrecía un ambiente espléndido para una velada inolvidable. Acogedor, cálido y hermosamente decorado en madera, tapices rojos y fastuosos candiles ofrecía en su menú los más deliciosos filetes además de una variedad de platillos italianos. Pasaron a la mesa acompañados del mesero que de inmediato les ofreció de tomar. Una amena charla fue interrumpida cuando llegaron los platillos de la cena los cuales fueron del agrado de todos. Casi al finalizar de comer retomaron la conversación.

– Señor Andley – preguntó la actriz – ¿cómo fue que usted siendo tan joven decidió adoptar a Candy?
– Me encantaría que me llamara Albert – sonrió el rubio – así es como me llaman mis amigos.
– Entonces para usted seré Eleanor y estaremos a mano – sonrió la actriz – ¿le parece bien?
– Por supuesto Eleanor – respondió devolviéndole la sonrisa.
– Alguna vez Terry me comentó que Candy lo llamaba tío abuelo William pero al verlo tan joven no alcanzo a comprender – dijo la actriz.
– Al morir mis padres mi tía mantuvo oculta mi identidad hasta que yo alcancé la edad adulta y pude hacerme cargo de los asuntos de la familia – explicó – así que para los demás yo era el supuesto tío abuelo William, un hermano de ella cuya muerte no se dio a conocer. Yo ya conocía a Candy antes de adoptarla, pero nuestra amistad inició una noche que la rescaté cuando cayó al rio. Adopté a Candy a petición de mis sobrinos que la conocieron mientras ella vivía con los Leagan en Lakewood. Con mi facha de vagabundo podía estar cerca de ella y protegerla sin que me descubrieran.
– Ahora entiendo. ¿Y siguen viviendo en Lakewood? – preguntó la actriz.
– No – dijo Albert – ahora residimos en Chicago, la casa de Lakewood es nuestra casa de campo. ¿No conocen ese lugar?
– Nunca hemos estado ahí – dijo Terry – en las giras solo realizamos presentaciones en las ciudades grandes.
– La próxima vez que vayan a Chicago los llevaré a Lakewood – dijo Albert – ¿tienen planes de salir de gira?
– Si – dijo Terry – para mediados del próximo mes.
– Robert me dijo que a finales de junio o a principios de julio estaremos en Chicago – señaló Eleanor.
– A finales de junio es mi cumpleaños – sonrió el rubio – pero la tía abuela va a organizarme una fiesta a principios de julio porque estaré de viaje todo el próximo mes. Me encantaría que me acompañaran para esas fechas. ¿Creen que sea posible?
– Será una gran fiesta – dijo George – asistirá toda la alta sociedad de Chicago.
– No me lo recuerdes George – dijo Albert – sino soy capaz de no asistir a mi propio cumpleaños.
– Jajajajajaja – rió Terry – ¡veo que te entusiasma la idea!
– Solo accedí por insistencia de la tía – señaló – así que realmente espero que vayan. Su presencia me hará llevadera la velada.
– Entonces ahí estaremos Albert – dijo Eleanor mirando de reojo a Terry – hablaré con Robert para que el viaje a Chicago sea por esas fechas.
– ¿Crees que accederá? – preguntó Terry.
– Por supuesto hijo – sonrió la actriz – de eso me encargaré yo.
– Les haré llegar la invitación cuanto antes – dijo George.
– Puede mandarla a mi casa o al teatro – indicó Eleanor.
– ¿Qué tan lejos está Lakewood de Chicago? – preguntó de pronto el inglés.
– Como a unas 50 millas – dijo George.
– En auto podemos llegar en unas dos horas – dijo el rubio.
– Pensé que quedaba más lejos – comentó la actriz – entonces creo que si tendremos oportunidad de pasar un día ahí.
– Mándame un telegrama cuando sepas el día y la hora de la llegada del tren – indicó Albert – estaremos puntualmente en la estación.
– Lo haré sin falta – dijo Terry – gracias.
– ¿Y el Hogar de Pony queda cerca de ahí? – preguntó Eleanor.
– Queda a unas cuantas millas de Lakewood – dijo Terry.
– Hace rato me decías Annie que tú fuiste llevada al Hogar de Pony el mismo día que Candy – comentó la madre de Terry.
– Si – explicó la joven – estuvimos juntas desde entonces hasta que me adoptaron los Britter. Después nos volvimos a encontrar en Londres.
– ¿Usted también estuvo en Londres Albert? – preguntó la actriz.
– Si – respondió el rubio – quería estar cerca de Candy y de mis sobrinos.
– Ahí fue donde lo conocí – dijo Terry – cuando una noche me salvó de unos tipos que estaban a punto de matarme.
– Por lo que veo Albert – dijo Eleanor – usted ha estado cuando más lo han necesitado su hija y mi hijo.
– Coincidencias – indicó el rubio.
– Suerte – dijo el actor.
– Destino – agregó Eleanor.
– Fortuna – concluyó George.
– Pues sea lo que sea – dijo el inglés – siempre te estaré agradecido por haberme salvado pero más te agradezco por haber apoyado a Candy. En una ocasión madre, ella fue castigada por decirle vieja cabeza hueca a la Hermana Grey y Albert la ayudó a pesar del castigo.
– ¡Eso nunca me lo dijo Candy! – exclamó Albert – solo me dijo que la habían castigado y que no iba a participar en el Festival de Mayo.
– Jajajajajaja – rió Terry – recuerdo muy bien aquella ocasión. El día del festival no la encontré en el cuarto de meditación. La busqué en el salón de baile pero como no la vi me subí a un árbol y de repente apareció ¡disfrazada de Romeo! Así que no finjas Albert porque ¡tú fuiste su cómplice en aquella travesura!
– Jajajajaja – rió el rubio – es cierto, yo le mandé ambos disfraces para que disfrutara de ese día. Conociéndola sabía que iba a encontrar la manera de hacerlo. A ella le encanta la música, el baile, las flores.
– No conocía esa anécdota de Candy – dijo Eleanor – pero ¿por qué le dijo eso a la hermana Grey?
– Porque descubrieron que nuestra amiga Paty tenía una tortuga en su habitación y la Hermana Grey le ordenó que la tirara – explicó Annie – Cuando Candy vió las lágrimas de nuestra amiga le suplicó a la hermana que no diera esa orden porque la tortuga era la amiga de Paty, pero la monja no la escuchó.
– Así que quiso ayudar a su amiga – dijo Eleanor – y se arriesgó por ella.
– Si – respondió Annie – aun a costa de su propia felicidad.
– Me suena conocida esa historia – murmuró la actriz viendo a Terry.
– Mamá…
– Candy es capaz del mayor de los sacrificios por el bien los demás – señaló Albert – y también es capaz de dejar una huella imborrable en el corazón de quien la conoce.
– Por eso es tan fácil amarla y tan difícil olvidarla – pensó Terry.

Era cerca de media noche cuando los amigos se despidieron después de una agradable reunión. Albert regresó al hotel con Annie y George. Terry llevó a Eleanor a su casa pero antes de despedirse quiso preguntarle algo.

– ¿Por qué aceptaste de inmediato la invitación?
– ¿Hay algo de malo en que quiera conocer Lakewood y divertirme en una fiesta? – sonrió divertida.
– ¿Qué tramas ahora Eleanor?
– Jajajajaja – rió al ver su cara de incógnita – nada hijo, te lo aseguro.
– Mmm… – se quedó pensativo – no te creo pero te aseguro que lo voy a averiguar.
– Averigua lo que quieras Terry pero recuerda que la curiosidad mató al gato – le guiñó un ojo, después se acercó a él para darle un beso en la mejilla – gracias por la cena, la velada fue encantadora. Qué descanses.
– Tú también descansa mamá.

Observó como su madre entraba a la casa y después de que cerró la puerta arrancó su auto. Antes de regresar a su departamento manejó hasta el edificio donde vivía Candy. Apagó el auto y se quedó observando una de las ventanas. Sin pensarlo sacó la armónica de su bolsillo y comenzó a tocar una melodía – te amo Candy – dijo en silencio cuando terminó la canción – y eso nada ni nadie lo podrá cambiar. Algún día mi amor, algún día seremos libres para amarnos y para repetirnos dulces palabras, para besarnos sin límites, para decirte todo lo que significas para mi, algún día…

Una silueta se asomó a través de una de las ventanas del edificio y vio cómo el actor subía al auto y se alejaba a la distancia – Terry, mi mocoso atrevido, mi tierno rebelde – dijo en silencio – sabía que eras tú, lo he sabido siempre, desde la noche que te conocí en aquel barco. Desde ese día has estado en mis pensamientos, y te apropiaste de mi amor. ¿Cómo podré olvidarte si los recuerdos más bellos de mi vida han sido a tu lado? ¿Será posible que el destino deje de jugar con nosotros? Tal vez, algún día…

 

LEER EL SIGUIENTE CAPÍTULO

Comentarios

comentarios

About manzana9

Check Also

Un día de luna de miel 2

Un día de luna de miel (2) Por Manzana9 Otro día más de la luna …

21 comments

  1. Hola!
    Como la próxima semana no voy a publicar porque salgo mañana de vacaciones me permití adelantarme 7 días para que puedan continuar con la lectura del fic.
    Gracias a todas aquellas personas que siguen esta historia, gracias por sus comentarios.
    Dios mediante nos leeremos en tres semanas.

    Un abrazo.

  2. que gran idea! jaja me sorprendi con encontralo tan pronto 😀 gracias me alegra qe seas tan cumplidora o como se diga jeje
    saludos a todas
    cataa!

  3. graxiassssssss por adelantarnolas pero triste pork tendremos k esperar tres semana jajaja pero te felicito mucho espero k sigas escribiendo como hasta hoy eres genila grax…

  4. Gracias.Manzana
    por.regalarnos.una.maravillosa
    historia.de.nuestra.pareja.favorita.

    Aprecio.mucho.tus.esfuerzos
    por.tener.un.nuevo.y.dulce.final
    y.que.tengamos.los.cap.al.dia.

    Que.la.pases.muy.bien.mereces
    tus.vacaciones.

  5. ok gracias me encanta la historia y que te pases unas hermosas vacaciones 😉

  6. Manzanitaaaaa !!!!1 Muchas gracias por la publicación, felices vacaciones y estaremos esperando la continuación de esta fantástica historia.
    Una ves más te felicito !!!!!

  7. felicidades,manzana muy lindo de tu parte de hacer participe a eleanor, que buena suegra consiguio candy,,jajaja solo espero que lo que este tramando le salga bien y que de una buena vez nuestra pareja favorita se reconcilie. y con respecto a tus vacaciones que pases unas super megas vacaciones te lo mereces. cuidate

  8. Hola Manzana:
    Como siempre te pintas sola para escribir,muy hermoso capitulo aunque…mas tiempo de espera,sabes?…¡Que disfrutes tus vacaciones!que estaremos esperando con ansias la continuación y tu regreso! cuidate y un gran pero gran abrazo!!!

  9. gracias por pensar en nosotras en no dejar esperandonos pero creo que ahora tendremos que esperar tres semanas pero te deseo que tengas unas bonitas vacaciones y las disfrutes diviertete y cuidate

  10. Excelente historia Manzanita! Te felicito por tu gran talento, eres grandiosa, nos haces vibrar de emoción, es como si estuvieramos viendo la historia en la televisión, como recuerdo cuando era niña y veía a La Dulce niña Candy, cómo olvidarla! la tengo en mi memoria siempre y ahora con tu bella historia, estamos a punto de ver juntos y felices a Candy y Terry. Tú les darás esa felicidad que les fue arrebatada hace años. POR SIEMPRE JUNTOS CANDY Y TERRY! Es y seguirá siendo la mejor caricatura-novela de todos los tiempos! TE MANDO UN FUERTE ABRAZO MANZANITA!

    Y qué gusto saber que existen admiradoras de esa hermosa caricatura y que personas como tú, con es gran talento, logran escribir tan bonito y dan continuidad a esa bella historia. LES ENVIO UNA FELICITACION A TODAS LAS ADMIRADORAS DE CANDY Y TERRY! SEGUIMOS EN CONTACTO!

  11. cuando vas a poner el siguiente capitulo esta historia me gusta mucho ya espero con ancias el nuevo capitulo

  12. bueno manzana9 solo espero que te pases unas buenas vacaciones y el 14 nos des el proximo capitulo, esta muy bonito y ojala terry y candy se queden juntos, y gracias por poder continuar la historia de candy y terry porque la verdad, me kede muy intrigada… saludos y cuidate muxo

  13. jeje disculpen mi impaciencia pero perdi la cuenta entonces cuando pondras la conti? porfavoor disculpa pero te compasion por una simple fan que solo quiere que candy y terry queden juntos(L)
    saludos a todaas y muchaas gracias

    C@taa!

  14. Hola C@taa.
    El nuevo capítulo llegará, aproximadamente, para mediados de agosto, Manza todavía de vacaciones 😉
    Saludos

  15. muchas gracias Nan 😀

  16. Manzanitaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa !!!!! Te extrañamoooooos !!!!!!

  17. ilian cristina armenta chavez

    YA ME ACORDE KIEN ES MICHEL
    TENGO SOLO 13 AÑOS Y ME FALLA MUCHO LA MEMORIA POR TENER K ESTAR EN LA SECUNDARIA Y MAS AHORA K YA VOY A ENTRAR A SEGUNDO Y CON TODO LO K TENGO K HACER NO PS AHI SE ME OLVIDAN CASI TODAS LAS COSAS SERA UNA ENFERMEDAD D:

  18. Hola primero que nada te volaste la barda, tu historia es grandios, espectacular, no sabes, pero me imagine todo, todo, me hisites reir, gritar, me estrujaste el alma, que barbara, y acada rato prendi velitas,para velar a Sunana, y tambien llore con Candy y Terry, pero sobretodo me diverti mucho, gracias desde el fondo de mi corazon….estare asiosa de leer el final.

  19. Hola Manzana, Me uno a todas las fans k quieren k Candy Y Terry keden juntos. Me gusta mucho tu historia. Ojala y Gusanita de 1 vez comprenda k Terry nunca la va a querer y lo deje libre. Espero y pronto subas la conti, saludos a ti y a todas tus fans y fans de candy y terry.

  20. que linda tu historia manzanita estaba desesperada por leer el sig capitulo pero tube problemas con internet pero ya se arreglo gracias por regalarnos esta bella historia que se pone tan interesante que descanses y felices vacaciones

  21. Adriana Garay García

    Candy eres mala y haces sufrir a mi bello Inglés.

Leave a Reply

Your email address will not be published.