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Fic “1918” Mayo Capítulo 11

FIC  “1918”

por manzana9

Mayo

Capítulo 11

“Si amas algo déjalo libre, si regresa es tuyo, sino  nunca lo fué…”

Al inicio del mes de Mayo, los recuerdos volvían a la mente y al corazón de dos personas en el Hospital Presbiteriano de Nueva York. Flores, música, un hermoso día soleado y Romeo y Julieta eran imágenes recurrentes con un significado muy especial. Años atrás, en Londres, un inolvidable día de mayo que habían compartido juntos los llenaba de nostalgia.
Ese cálido mes Candy cumplía un año más de vida y por tal motivo Albert viajaría hasta Nueva York para estar con ella ese día tan especial. La joven enfermera había trabajado el fin de semana previo para tener libre el martes 7, día de su festejo. Albert la pasaría a buscar a su departamento y estarían todo el día juntos.
El día de su cumpleaños se despertó de buen ánimo. Mientras tomaba un ligero desayuno escuchó que alguien llamaba a la puerta, fue a su recámara, se colocó la bata y abrió. Afuera no había nadie pero en el piso encontró una rosa roja con una nota cuya letra le era inconfundible. Tomó la rosa y olió su fragante aroma mientras leía la sencilla frase escrita que significaba tanto para ella.

“Feliz Cumpleaños mi Pequeña Pecosa”.

– Gracias Terry – susurró la joven sonriendo mientras un par de ojos azules la observaba desde algún lugar del edificio. La chica sintió la mirada pero no encontró al dueño de la rosa por lo que acercó la nota a sus labios y la besó. Después entró a su departamento.
– Te prometo Candy – murmuró el actor mientras veía como se cerraba la puerta – que un día festejaremos juntos tu cumpleaños…

Poco después de las 10 de la mañana Candy ya estaba lista. Se sentía muy entusiasmada y feliz por la visita de Albert. Un bello vestido en color verde pastel con listones y encaje en tono marfil la hacía lucir muy primaveral y juvenil. Sus rizos sueltos sujetos con una cinta de seda y unas zapatillas a tono con el vestido completaban su atuendo. Sonriente, fue al espejo a darse los últimos toques de color en su rostro cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta. Cuando la abrió se llevó una grata sorpresa al ver que su amigo no venía solo.

– ¡¡Albert, Annie!! – gritó jubilosa – ¡Qué alegría! – ambas amigas se abrazaron felices.
– ¡Candy! – exclamó la joven de cabello oscuro – ¡tenía tantas ganas de verte! ¡Feliz cumpleaños!
– Gracias Annie – sonrió la rubia – yo también quería verte – después volteó a ver a su amigo y fue a sus brazos.
– ¿Cómo estás mi pequeña? – preguntó el joven rubio abrazándola dulcemente.
– Albert, mi querido Albert – suspiró Candy – han pasado tantas cosas.
– Ya me contarás con calma – sonrió Albert – ahora vamos a que abras tus regalos.

George entró al departamento cargando varias cajas grandes que colocó en la mesita de la sala.

– Felicitaciones señorita Candy – dijo en su acostumbrado tono formal.
– Gracias George – la chica le correspondió con una sonrisa.

Todos se sentaron en la pequeña sala y Candy comenzó a abrir las cajas. Albert le regaló un par de vestidos especiales para la temporada, Annie le compró un hermoso sombrero a juego con los vestidos y Paty le había mandado una mascada de seda. Una carta y una pequeña cajita llamaron su atención – es de Archie – dijo Albert. Candy las tomó entre sus manos – leeré la carta después – dijo guardándola en su bolsillo. Después abrió la cajita y sacó un pequeño guardapelo en porcelana y oro con la figura de una niña pintada sobre un columpio, unida a una cadenita del mismo metal.

– ¿Te gustaron tus regalos? – preguntó Annie
– Claro que si – sonrió la chica – gracias a todos.
– Espero que te haya gustado el guardapelo – dijo el rubio – es una joya familiar.
– Está precioso – dijo la chica observándolo detenidamente – lo guardaré muy bien y lo usaré solo en ocasiones especiales – se puso de pie y se llevó los regalos a su habitación. Guardó la carta y la joya en su buró. Después, todos decidieron salir a pasear por las calles de la Gran Manzana.
– ¿Quieren conocer la Estatua de la Libertad? – preguntó Albert.
– ¡¡Si!! – respondieron las chicas.

Se subieron al auto y llegaron a un enorme muelle al suroeste de la ciudad en una zona conocida como Battery Park, en la desembocadura del río Hudson. Grandes barcos de guerra y de pasajeros se encontraban atracados, embarcando y desembarcando gente. Albert encontró un ferri que estaba llevando visitantes a la Isla de la Libertad, lugar donde se sitúa el monumento. Subieron felices a la embarcación y en cuestión de minutos llegaron a la isla. Candy recordó con emoción cuando había viajado de polizonte años atrás para regresar a América y un sentimiento de nostalgia y tristeza apareció en su rostro al pensar que alguna vez soñó con visitar ese sitio al lado de Terry.
Todos quedaron impresionados por la altura y la magnificencia de la estatua y escucharon con atención la explicación del guía del lugar. Terminado el recorrido regresaron a tierra firme. Después de recorrer la calle Broadway tomaron la 5ª avenida rumbo a Central Park. En ese parque se encontraba el Museo Metropolitano de Arte por lo que Albert decidió llevarlas a conocer el lugar en donde quedaron asombradas por todos los hermosos objetos de culturas tan antiguas como la griega, la egipcia y la romana. Eran ya cerca de las 3 de la tarde cuando terminaron el recorrido. Subieron al auto y se dirigieron al Hotel Plaza en la avenida 59, en el extremo sur del parque. En este hotel, construido con la pomposidad y elegancia de un castillo francés se encontraron con Chris y Noemí. Albert había invitado a los amigos de Candy a comer en uno de sus restaurantes, conocido como el Palm Court, un bello y amplio salón bellamente decorado al estilo Art Nouveau.

– ¡Feliz Cumpleaños Candy! – gritaron ambos jóvenes al verla aparecer a la entrada del salón.
– ¡Hola chicos! – saludó la rubia – ¡Gracias por venir! Les presento a mi amiga Annie, ella es como una hermana para mí. Él es Albert, mi mejor amigo y mi padre adoptivo, y él es George, su administrador.
– Encantada – saludó la enfermera – yo soy Noemí Clayton.
– Mucho gusto – dijo el enfermero – yo soy Christopher Lloyd.
– ¿Y el Dr. Girard? – preguntó Albert.
– No debe tardar – indicó Noemí – tenía una junta y nos comentó que llegaría un poco después.
– Entonces pasemos al salón – invitó el rubio.
– ¡Qué lugar tan maravilloso! – exclamó Candy – ¡Gracias Albert es bellísimo!
– Sabía que te gustaría pequeña.

Todos se sentaron a la mesa. Un mesero se acercó para atenderlos y para empezar les ofreció una variedad de deliciosos aperitivos. A un costado del salón un cuarteto de piano, un chelo y dos violines amenizaba a los comensales con música suave. Algunas parejas bailaban en una pequeña zona junto a los músicos. La luz brillaba intensamente a través de la cúpula de cristal del techo y las palmeras le daban un toque sofisticado pero alegre y primaveral al lugar. El ambiente era por demás agradable. En esos momentos llegó Michael a la mesa.

– Buenas tardes a todos, Annie, George, Sr. Andley. Feliz cumpleaños querida Candy – saludó el doctor acercándose a ella para besar sus mejillas.
– ¡Michael que alegría! – exclamó la chica mientras lo abrazaba – pensé que no íbas a poder venir.
– Dr. Girard – saludó Albert dándole la mano – que bueno que pudo acompañarnos.
– Gracias por invitarme Sr. Andley – Michael se sentó a un lado de la rubia – disculpen mi retraso pero mis colegas no terminaban de discutir en la reunión.
– Jajajajaja – rió Albert – algo parecido me sucede en las juntas de negocios. ¡Se vuelven interminables! Pero dígame doctor ¿cómo se ha portado mi pequeña enfermera?
– No tengo queja alguna – sonrió Michael, mirándola fijamente – es la mejor en el hospital, todos sus pacientes la adoran y los familiares de los pacientes también, como es el caso de la Sra. Marlow.
– ¿Sra. Marlow? – preguntó asombrada Annie – ¿Acaso has visto a Sus…?
– Si Annie – la interrumpió – ella es mi paciente.
– ¡Oh! – exclamó la morena – ¡No es posible!
– Eso no me lo dijiste en tus cartas Candy – le reprochó suavemente su padre adoptivo.
– No quería preocuparte Albert – explicó la chica – preferí a que vinieras para contarte todo personalmente.
– Espero no haber cometido alguna indiscreción – se disculpó el doctor.
– No te preocupes – dijo la rubia – ellos saben lo que pasó con Susana.
– Entonces – dijo Michael tratando de cambiar el tema de la conversación – ¿les parece si dejamos el tema del hospital y continuamos con la celebración? – después llamó a una persona con la mano – ¡Camarero!
– ¿En que puedo servirle señor? – respondió un mesero que estaba cerca de ellos.
– Por favor dígale a los músicos que toquen un vals para la señorita – indicó el doctor.
– ¿Algo de Strauss? – sugirió el camarero.
– Si, perfecto.
– Muy bien señor – respondió y se dirigió directo a los músicos.
– ¿Me concedes este vals Candy? – preguntó Michael tomándola de las manos cuando a los pocos segundos comenzó la melodía – sé que te gusta bailar.
– Claro que si Michael – sonrió la chica – será un placer.
– Después tendrás que bailar conmigo – dijo Albert.
– Y conmigo también – indicó Chris.
– Claro que si chicos – sonrió la rubia – bailaré con todos.

Candy y Michael caminaron hacia los músicos. Los bellos compases llenaban todo el salón. El galante doctor la tomó por la cintura y comenzaron a deslizarse al ritmo del vals.

– Te ves muy bella el día de hoy Candy – dijo el doctor mientras recorría su figura con los ojos.
– Gracias Michael – sonrió con un sonrojo.
– Tengo un regalo para ti pero quiero dártelo a solas.
– ¿Un regalo? – preguntó con curiosidad – ¿A solas?
– Si – respondió enfocándose en sus ojos -¿Te puedo invitar a cenar pasado mañana en la noche?
– Claro que si.
– Entonces pasaré por ti a las 7 el jueves, ¿está bien a esa hora?
– Si, pasado mañana no tengo doble turno así que estaré lista a tiempo.
– Mira – señaló hacia la mesa – parece que ya están trayendo los aperitivos, vamos.

Michael le ofreció su brazo y caminaron hacia sus amigos. Después de brindar por la felicidad de la chica, comieron y charlaron animadamente sobre algunas anécdotas de la vida de Candy en Lakewood y en el hospital. Ella les relató la forma en que confundió a Albert con un oso el día que lo conoció lo que provocó las risas de sus amigos. Les comentó como el doctor la había rescatado de la torre y como la regañaba Mary Jane en la escuela de enfermería. Pasaron un rato muy ameno entre los relatos de la enfermera y los deliciosos platillos. Después de la comida llegó el mesero con un hermoso pastel de cumpleaños adornado en tonos rosados. Candy dió una exclamación de gusto y todos aplaudieron cuando sopló las 20 velitas. Al terminar de comer pastel, las tres parejas se animaron a bailar y después cada uno de los caballeros volvió a tomar turno para bailar con la festejada.

– ¿Candy quieres ir a pasear? – preguntó Noemí cuando regresaron a la mesa – dicen que hay unas boutiques francesas muy elegantes por la 5a Avenida y me gustaría conocerlas.
– Nosotros las esperaremos en el café de la esquina – dijo Albert sonriendo – es mejor dejar que las chicas vayan solas a ver tiendas.
– ¡Me encantaría! – exclamó la rubia – ¿vamos Annie? Hace mucho que no voy a una boutique.
– Tú nunca vas a una boutique Candy – dijo su amiga – todo te lo compra Albert.

Una carcajada generalizada se escuchó entre los amigos. Se levantaron de la mesa y caminaron hacia la salida. En la calle había gran multitud de gente, soldados, caballeros con sombrero, damas elegantes. Llegaron a la zona de las tiendas y las tres jóvenes se quedaron asombradas con los enormes aparadores de las tiendas de moda francesa. Vestidos, encajes, zapatos y sombreros eran la delicia de las chicas.

– ¡Santo cielo! – exclamó Annie cuando se acercó a una de las tiendas.
– ¿Qué pasa? – preguntaron las chicas al unísono.
– ¡Miren! – les señaló un aparador en una corsetería francesa con un maniquí mostrando una prenda muy sexy para la época – ¿qué es eso?
– Es un brassier – dijo Noemí – es la última moda en París.
– ¿Un brassier? – preguntó Candy.
– Si, ahora se está dejando de usar el corsé y las chicas modernas se están animando a usar brassier.
– ¡Pero qué prenda tan atrevida! – dijo Annie escandalizada.
– Pues a mi me parece de lo más femenina y elegante – dijo Noemí.
– ¿Ya te lo probaste? – la miró la rubia con los ojos muy abiertos
– Hace unos días me compré uno – dijo la enfermera – ¡y es fantástico! ¿No quieren probárselo?
– ¡Qué vergüenza! – dijo la morena.
– ¡Vamos! ¡No seas tímida Annie! Yo si me lo quiero probar – dijo Candy – a mi no me gusta el corsé, es muy incómodo usarlo en el hospital y siento que al ponérmelo no me deja respirar.
– Pues con el brassier te sientes libre como el viento y te resalta tus atributos – dijo Noemí con una sonrisa pícara.
– ¡Oh! – exclamó Annie – ¡yo no me atrevería a ponerme eso!
– Jajajajaja – rió Candy – te aseguro que cuando me veas con él querrás uno también.

Las tres chicas entraron a la boutique y de inmediato fueron atendidas por una dama con acento extranjero. Ella les mostró diferentes modelos y colores de la prenda, con encajes, con listón bordado, en tonos pastel, blancos, marfil y hueso, en seda y algodón, satinados, lisos y con relieves muy discretos. Candy escogió tres hermosos diseños con delicados encajes en tonos claros, y fue al probador. Annie la ayudó a quitarse el corsé y salió mientras esperaba a que su amiga se colocara la atrevida prenda.

– ¿Qué tal me veo? – dijo unos minutos después dejándolas entrar al vestidor.
– ¡Te queda precioso! – exclamó Noemí.
– ¡Te ves linda! – dijo Annie.
– ¡Hasta el vestido luce más que con el corsé! – exclamó Candy mirándose en un espejo y comenzó a girar con alegría – ¡se siente muy bien!
– ¿Te lo vas a llevar? – preguntó Annie.
– ¡Claro que si! – exclamó feliz – ¡No volveré a usar corsé! ¡Esto es maravilloso!
– ¡Candy! – exclamó la morena.
– Jajajajajaja – rió Noemí – me alegra que te gustara. ¡Pruébate los otros dos!
– ¡Si! – gritó entusiasmada. Entró de nuevo al probador y quedó encantada por la forma en que se veía con las prendas. Se los mostró a las chicas que continuaron riendo dando exclamaciones.
– ¿Cuál te vas a llevar? – preguntó Annie.
– Pues me gustaron los tres.
– Déjame regalarte uno – le dijo Noemí – yo no sabía qué darte de regalo de cumpleaños y me parece que este es un buen regalo.
– ¿De verdad? – preguntó la rubia – no tienes por qué molestarte.
– Por favor amiga – la tomo de las manos – me sentiré feliz si lo aceptas como un obsequio de mi parte.
– Muy bien – sonrió Candy.
– Yo te regalaré otro – dijo Annie.
– ¡Annie! – exclamó la rubia enfermera – ¿lo dices en serio?
– Si Candy – respondió la chica – te ves muy bien y como te ví tan feliz, quiero regalarte uno también.

Las tres chicas fueron con la dama extranjera. Después de decirle lo que se iban a llevar les mostró corpiños que hacían juego con las piezas de ropa que Candy había escogido y algunas otras prendas de ropa interior muy femeninas. La rubia escogió dos corpiños para usarlos con los vestidos de tela ligera. Continuaron viendo la ropa y les llamó la atención los conjuntos de dormir.

– ¡Imagínense usar esto en la noche de bodas! – dijo Noemí al ver un hermoso camisón muy corto en seda negra, gaza y encajes – ¡Se volvería loco el novio!
– ¡Shhhh! – trató de callarla Annie – ¡Te va a escuchar alguien! ¡Por dios santo!
– Jajajajajajaja – rió Candy – ¡el día de tu boda te regalaremos uno Annie!
– ¡Oh! – Annie se sonrojó furiosamente – ¡Pero qué cosas estás diciendo Candy!
– ¿A poco no te gustaría usar uno de estos? – preguntó Noemí con mirada inquisitoria.
– ¡Por supuesto que no! – replicó la morena – ¡es demasiado atrevido!
– Pues a mí si me gustaría – dijo Noemí tomando el camisón, modelándolo frente a un espejo – así que el día que me case regálenme uno como este. ¿Y a ti Candy, te gustaría usar uno como estos?
– Yo… – ella no pudo contestar, se sonrojó furiosamente y en su mente recordó el momento en que Terry la había besado en su departamento.
– ¡Noemí! – exclamó Annie – ¡Deja eso que algún hombre podría verte! ¡Qué vergüenza!
– Jajajajaja – rió la chica – ¡Si eso es lo que quiero!

Las tres rieron por las ocurrencias de la enfermera. Después pagaron las prendas que habían escogido y salieron de la boutique. Continuaron caminando por la avenida viendo los aparadores pero Candy no podía quitarse de la mente el recuerdo de los dulces besos de Terry.

– De repente te quedaste muy callada – señaló Annie – ¿te pasa algo?
– No – respondió la rubia – me quedé pensando en muchas cosas.
– ¿Y en qué piensas?
– Annie – dijo Candy tratando de cambiar sus pensamientos – ahorita que no están los otros chicos dime ¿qué has sabido de Archie? ¿Has hablado con él?
– Si – respondió la joven sonrojándose – fue a buscarme para disculparse por lo que pasó el día de la reunión.
– ¿Entonces ya son novios de nuevo?
– No – dijo con un suspiro – él está confundido y no está seguro de sus sentimientos así que solo nos vemos ocasionalmente y platicamos.
– Pensé que ya eran novios…
– Candy – se atrevió a preguntar – ¿Pasó algo entre ustedes?
– ¿Por qué lo preguntas?
– Es que Archie se comporta muy extraño cada vez que hablamos de ti – explicó la chica – además, cuando Albert lo invitó a venir a Nueva York para tu cumpleaños, él se disculpó diciendo que tenía mucho trabajo y yo sé que eso no es cierto.
– Entre nosotros no ha pasado nada – dijo para no preocuparla – tal vez Archie está así por lo que te dijo ese día y tú sabes que yo lo quiero como un amigo.
– Gracias Candy
– Ya verás que Archie volverá contigo Annie – sonrió la rubia.
– La próxima vez que lo veas deberías sorprenderlo con algún vestido que resalte tus atributos – Noemí le guiñó un ojo.
– ¡Oh! – exclamó Annie – ¡No sé si me atrevería!
– ¡Todo por conquistar al hombre que amas!
– Jajajajajaja – rieron las chicas.

Después de ver algunos otros aparadores regresaron a donde estaban los caballeros esperándolas.
– ¿Listo señoritas? ¿Disfrutaron su recorrido por los aparadores de la 5ª Avenida?– preguntó Albert muy sonriente.
– Si – respondió Candy – además fue muy divertido.
– Me tengo que ir – dijo el doctor – necesito regresar al hospital.
– Es una lástima Dr. Girard – dijo Albert – fue agradable conversar con usted.
– Espero que no sea la última ocasión – sonrió el doctor estrechando su mano.
– Gracias por acompañarnos Michael – la rubia se acercó a él para despedirse.
– De nada Candy – respondió el doctor – quiero pedirte que mañana antes de comenzar tu ronda con los enfermos pases a mi oficina. Tengo que comentarte algo.
– Muy bien Michael – sonrió la chica – ahí estaré.

Ambos se despidieron besándose en ambas mejillas. Chris y Noemí se despidieron también. Albert, George, Annie y Candy regresaron al departamento de la chica. George los dejó mientras él se retiraba a realizar algunos encargos de Albert.

– Candy – dijo Annie cuando cerraron la puerta del departamento – ¡Me muero de la curiosidad! ¡Cuéntanos de Susana por favor!
– Pues – titubeó la chica – Susana es mi paciente.
– ¿Pero cómo ocurrió?
– Ella se sometió a una operación por un problema en su espalda y me asignaron como su enfermera por las mañanas – explicó Candy.
– ¿Y Terry está con ella?
– Si Albert.
– ¿Hablaron entre ustedes?
– Si Annie – respondió – él estaba muy angustiado el día de la operación porque Susana sufrió un infarto mientras estaba en el quirófano. Nos encontramos por casualidad en un pasillo y al verme nos abrazamos como viejos amigos y se soltó a llorar.
– Terry, amigo mio – murmuró Albert – me imagino como se ha de haber sentido, me gustaría platicar con él.
– Creo que lo apreciaría mucho – dijo la rubia.
– ¿Pero te sigue queriendo? – preguntó Annie.
– Annie…. – Albert la miró de reojo cuando vió aparecer una lágrima en los ojos de su pequeña.
– Perdóname Candy – dijo la morena – no quería que te sintieras mal.
– Está bien Annie – respondió la rubia – él y yo hablamos después. Me invitó a cenar a casa de su madre y conversamos un rato. Me dijo que me ama pero entendió que no puede dejar a Susana en estos momentos y yo…
– Candy – la abrazó Albert al verla sollozar – no tienes porqué darnos explicaciones.
– Ha de haber sido muy duro para ti – indicó su amiga.
– Pero estoy bien – sonrió la chica entre lágrimas – y me siento feliz porque Susana se está recuperando. Pronto va a volver a caminar.
– Mi pequeña – su amigo le acarició el rostro y le limpió las lágrimas – siempre pensando en los demás.
– Gracias Albert – sonrió – Terry y yo sabemos que estamos haciendo lo correcto.
– ¿Y lo ves seguido? – preguntó Annie.
– Casi todos los días.
– Ví que se está presentando en el teatro – señaló Albert – ¿ya fuiste a verlo actuar?
– Si, fui con Michael – explicó la rubia – si se quedan por unos días podrían ver la obra, ¡es muy buena! – exclamó.
– Creo que iremos al teatro a verlo, pero ahora – dijo el rubio caballero – ya es tarde y necesito terminar con unos pendientes. Antes de regresar a Chicago te vendremos a visitar cuando salgas del hospital.
– Gracias Albert por haber estado este día conmigo.
– No tienes nada que agradecer y sabes que siempre estaré a tu lado si me necesitas – sonrió el joven.
– Te quiero mucho – dijo Candy rodeándolo con sus brazos.
– Yo también – él la abrazó y besó su frente.

Annie se despidió de ella. Candy bajó las escaleras del edificio con ellos y les dijo adiós desde la calle. Los vio subir al auto y poco después éste se alejó de ahí. La chica suspiró con un poco de nostalgia y subió a su departamento. Ahí fue directo a la recámara, abrió el cajón de su buró y sacó la carta de Archie. Abrió el sobre y comenzó a leer.

Gatita,
Perdóname. Aquella noche perdí los estribos cuando supe que te íbas a Nueva York. Los celos me cegaron y fui un perfecto idiota. Yo no quería lastimarte, solo quería decirte la frase que nunca me dejaste terminar en el colegio. Yo te amo Candy desde siempre, desde que vivíamos en Lakewood. Primero me hice a un lado por Anthony, después por Annie, y por último por ese malcriado inglés. Todavía no entiendo como pudiste enamorarte de él ni por qué no lo has olvidado. Pero eso ahora ya no importa. Creí que tendría por fin la oportunidad de conquistarte. Sabía que te podía hacer feliz haciéndote mi esposa, protegerte de todas las envidias y darte por fin el lugar que mereces en la familia, pero perdí mi oportunidad.
No me atreví a ir a Nueva York con Albert, supongo que no quieres verme todavía después de lo que pasó. Annie no sabe nada, no es justo que ella sufra más por mi culpa.
Espero que algún día encuentres la felicidad que tanto mereces. La próxima vez que estés en Chicago iré por ti a la estación y te llevaré a dar un paseo a Lakewood para recordar viejos tiempos. Espero que aceptes. Feliz cumpleaños dulce Candy.
El guardapelo era de la hermana de Albert pero en su lecho de muerte se lo regaló a mi madre. Se lo pedí un día para dárselo a la mujer que yo quería como compañera para toda la vida y solo pude pensar en ti. Albert estuvo de acuerdo en que te lo regalara, finalmente eres una Andley y eso nada ni nadie lo podrá cambiar.
Tuyo por siempre

Archibald Cornwell

Candy se secó las lágrimas después de leer la carta. La dobló de nuevo y la colocó dentro del sobre – siempre has sido muy especial para mi Archie desde el día en que te conocí en Lakewood, siempre tan divertido pero tan tierno y cariñoso. Yo ya te perdoné primo y me hubiera gustado verte el día de hoy – después guardó la carta en el cajón de su buró.

LEER EL SIGUIENTE CAPÍTULOnada, no es justo que ella sufra más por mi culpa.

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19 comments

  1. Hola!!! Fue bueno el capitulo, algo como que mas casual!!! Porfa continua escribiendo
    Argelis

  2. Que lindo capitulo me gusto mucho manzanita, eres muy buena escribiendo, me conmovio mucho la rosa que le regalo Terry a Candy y tambien la carta de Archie, esperare la continuación…

  3. ES BUENO EL CAPITULO GRACIAS POR PUBLICARLO……
    ESPERO QUE SALGA EL DE JUNIO PRONTO

  4. FABULOSO ………!!!!!!!!!!

    Me encanta tu historia, me ha atrapado la trama y como cada día es más y más emocionante……….. espare la continuación con ansias!!

    Felicidades por tan magnifica imaginación espero nos continues regalando esa inspiración y que la sigas reflejando tan bien como hasta ahora!!!

    saludos!!!

  5. entetenido…. me gusto aunque pense que en algun momento apareceria terry en el restaurante……

    entretenido…… me gusto aunque pense que terry se apareceria en el restaurante …ahora a esperar el proximo capitulo

    entretenido…..me gusto aunque

    entretenido

    ahora a esperar el siguiente capitulo

  6. oye que pena pense que se me habia borrado y volvi a escribir disculpen

  7. Que.emocion.mas.emocionante.con.este
    y.todos.los.demas.caps.de.esta,tan
    fabulosa.historia.

    Te.quedo.fantastico.lo.del.brassier.

    Lo.de.Archie,bien,bien.

    Y.lo.de.mi.GALAN.FAVORITO,fue.muy.lindo,
    el.detalle.y.que.haya.sido.la.primera
    felicitacion.recibida.por.Candy.

    Que.continues.con.esa.inspiracion.

  8. MUY LEENDO SI VERDADERAMANTE LEENDO

  9. SEEEEEEEE MUCHAS GRASIAS EN VERDAD Y SI AMI TAMBIEN ME GUSTO LO DEL BRASIER OJALA K EN SU NOCHE DE BODAS CON TERRY CANDY USE UNO JAJAJAJA NO PS SE ME MUERE TERRY JAJJA BUENO YO DIGO K SI LOS VAS A CAR NO JAJAJ GRASUIAS?!!!!!1

  10. esta lindo el capitulo muy ameno me imagino al bello de albert sonriendo dulcemente realmente el es un caballero muy detallista amable comprensivo y bondadoso manzana9 ¿crees que exista un hombre tan perfecto en la vida real? sigue escribiendo eres muy buena

  11. Yo tambien quiero un Albert que me sonria dulcemente!!! Magnifico capitulo Manzanita, fechas, lugares y sucesos toooodo te queda fantastico tu trabajo es admirable, si bien me encanta Albert pero tu trabajo me encanta, me encanta! y a Archie pobresito el es un buen chico que sea feliz con Annie o con una linda chica. felicidades y aqui andare esperandon tu continuacion.
    saludos!!!

  12. Que lindo por favor manzanita haz pasar a nuestra candy mas tiempo com terry es lo mas esperado en otro lado escribes muy bien fue un lindo capitulo

  13. muy buena, espero la conti
    chao!!!

  14. heeeeyyy manzanita!!!
    no habia podido darme una vuelta por aca y grata fue mi sorpresa al encontrarme no uno sino dos capitulos… no ma m hiciste el dia!!!
    en fin ya es algo noche y no tengo imaginacion para comentar… solo t digo que muy buenos los capis… espero pronto el siguiente!
    besos y abrazos!

  15. Sigues manteniendo mi completo interés!!! esperare con impaciencia el capitulo que viene, Saludos Manzana!!

  16. aaaaahhhh! me has dejado picada!
    a eso si k se llama suspenso!
    bien echo, porque estoy enganchada!
    saludos y sigue escribiendo..

  17. Con ese detalle Terry mato….Cuanto amor….mejor apago las velitas y se las guardo a Susana…..

  18. Q bonito en realidad estoy cautivada con tan hermoso fic .

  19. Adriana Garay García

    Hermoso,pero Candy es muy testaruda con mi pobre Terry,lo hace sufrir mucho.

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