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Fic “1918” Capítulo 48

20 January 2013 3,814 views

 FIC “1918”

por Manzana9  

Capítulo 48 

Tu ausencia es un lastre difícil de soportar…   

                                                                                                                           

Al día siguiente Terry se encontraba más tranquilo a pesar de que su corazón estaría marcado para siempre por la muerte de su hermano menor.  Sabía que jamás lo volvería a ver sin importar cuanto llorara por él y no olvidaba que tendría que ser el apoyo de su padre y sus hermanos en cuanto llegaran.   Además, Eleanor ya estaba fuera de peligro y Candy había aceptado su propuesta de casarse en cuanto regresara de la gira. Eso le dio ánimos para continuar con el curso de la vida a pesar de la tristeza que lo embargaba.

 

Ese día estuvo con Candy desde la mañana hasta el anochecer. Desayunaron juntos y más tarde visitaron a Eleanor cuyo semblante mostraba una radiante sonrisa a pesar de la tos que todavía la afectaba. Al salir del hospital dieron una larga caminata abrazados por Central Park  sintiendo el frío viento en sus rostros. Aunque su andar fue tranquilo y en silencio, la mente de Terry se arremolinaba con el dolor que sentía y las miles de interrogantes sobre lo que pasaría en los siguientes días.  Al atardecer regresaron con la actriz quien agradeció al Dr. Meyer su ayuda cuando le dio la noticia de que a la mañana siguiente sería dada de alta. 

 

Esa tarde los enamorados se encontraban preparando la cena en el departamento de Candy  cuando escucharon que alguien llamaba a la puerta.

 

- ¿Esperas a alguien? – el actor preguntó receloso.

- No mi amor – respondió la rubia caminando hacia la puerta.

- Espera – Terry la detuvo tomando su lugar – yo abriré – giró la perilla y vio a un par de hombres, uno de ellos vestido como policía.  

- Buenas noches – se escuchó la voz del hombre uniformado – ¿se encuentra la señorita Candice White Andley?

- Sí.

- ¿Podemos hablar con ella? – preguntó el otro caballero vestido con sombrero y gabardina – soy el inspector McGregor y él es el oficial Smith.

- Adelante – dijo Terry permitiéndoles el paso – yo soy Terruce Grandchester su prometido. Buenas noches.

- Buenas noches caballeros  – saludó Candy – ¿gustan algo de tomar?

- Buenas noches señorita  – dijo el inspector – y no se moleste por favor. Sé que nuestra visita es inoportuna a estas horas pero no habíamos podido localizarla por la mañana y es importante lo que le tenemos que decir.

- Dígame inspector.

- Me asignaron su caso en la jefatura y es mi deber tenerla al tanto de las investigaciones que estamos realizando.  Es importante que sepa que su agresor sigue desaparecido – explicó el caballero – en cuanto se hizo la denuncia fuimos a buscarlo pero nadie abrió en su departamento por lo que solicitamos una orden de cateo. Al día siguiente el conserje del edificio nos abrió pero al parecer el hombre en cuestión ya se había marchado.

- ¿Tienen alguna pista de él? – preguntó el inglés.

- Todavía no pero todas las estaciones de policía de la ciudad cuentan con un retrato hablado del sujeto a partir de la descripción que ustedes nos dieron de él – explicó el policía – sin embargo su búsqueda se ha complicado por el uso obligatorio de los cubre  bocas en toda la ciudad.

- ¿Hay algún dato adicional que puedan darnos que nos sirva para su captura? – preguntó el inspector.

- Él reside en Chicago – dijo Candy – seguramente tratará de regresar allá.

- En ese caso reforzaremos la vigilancia en la estación del tren y en las carreteras – dijo el inspector – también me comunicaré con la policía de Chicago para tratar de localizarlo en esa ciudad.

- Si llegamos a tener noticias del agresor – dijo el policía – nos pondremos en contacto con ustedes.

- Aquí tienen mis datos – dijo el inspector extendiéndole una tarjeta al actor – en caso de que tengan información que nos pueda llevar a su captura búsquenme en la comandancia.

- Muchas gracias – dijo el actor guardando la tarjeta.

- Ahora nos retiramos – dijo el policía – buenas noches.

- Buenas noches – dijo el inspector.

- Buenas noches – dijo Terry.

 

Los caballeros salieron del departamento y el actor cerró la puerta de inmediato. Candy permaneció quieta y en silencio por lo que el inglés se acercó a abrazarla.

 

- ¿Te encuentras bien?

- Si Terry – susurró recargando la cabeza en su pecho – es solo que esta visita me hizo recordar lo que me pasó.

- Yo haré que olvides ese mal rato – susurró el inglés estrechándola a su cuerpo.

- No sé qué haría sin ti – dijo levantando el rostro para reflejarse en el azul de sus ojos.

- Pecosa – susurró tiernamente depositando un ligero beso en sus labios – vamos a cenar para después ir a la cama.

- Terry…  – susurró en su boca besándolo ardientemente.

 

Esa noche los besos y las caricias duraron más tiempo y fueron más tiernos y dulces. Un par de horas después se acurrucaron confortándose con el calor de sus cuerpos. Ella pronto cayó en un tranquilo sueño sintiéndose amada y protegida entre los brazos de Terry. Sin embargo, él continuaba recordando la visita de los policías y una sombra de incertidumbre lo estremeció de pronto. ¿Acaso el enfermero sería capaz de vengarse de ellos? Ese pensamiento lo puso intranquilo por lo que se aferró al cuerpo tibio y adormilado de la chica – no voy a separarme de ti – pensó mientras la besaba en la mejilla – ni voy a permitir que nadie jamás te vuelva a hacer daño – después se acomodó para tratar de dormir a pesar de todo lo que lo estaba atormentando. 

 

El 19 de octubre por la mañana Candy y Terry llegaron temprano al hospital. Después de que la enfermera ayudó a Eleanor Baker a vestirse, el actor la llevó de vuelta a casa para continuar su recuperación.  Aunque estaba débil y tardaría un par de semanas en regresar al teatro daba gracias a Dios por estar viva y haber ganado la batalla contra la influenza.  El inglés regresó a su departamento para hacer las maletas ya que esa tarde saldría de gira con la compañía.

 

A las 6:00 de la tarde la pareja se encontraba en la estación del tren.  Hacía bastante frío, la gente usaba abrigos y cubre bocas, y por todos lados se veían filas de personas esperando a ser revisadas por el personal de salud pública de la ciudad.  La mayoría de los integrantes de la compañía Stratford se encontraba al pie del vagón despidiéndose de sus seres queridos. Un poco más retirado se encontraba Terry quien abrazaba a Candy en un intento por darse ánimos y seguir adelante. Poco a poco las actrices y los actores de la compañía fueron subiendo al tren.  Se escuchó la voz de uno de los oficiales de la estación que indicaba la próxima salida del ferrocarril a Filadelfia. Terry estrechó más a su prometida en señal de despedida no sin antes besarla en la mejilla.

 

- No quiero irme – le susurró al oído – estos días serán los más largos de mi vida.

- Ya verás que pasarán volando y que pronto estaremos juntos.

- Te dedicaré cada una de mis actuaciones.

- Y yo rezaré para que todo salga bien.

- Le di instrucciones al portero para que te dé toda la correspondencia que llegue a mi nombre así como los telegramas. Si llega alguno de Inglaterra ábrelo. Seguramente será de parte de mi padre.

- Está bien.

- Ya es hora – dijo al escuchar el silbato del tren.

- Terry espera.

- Dime.

- Creo que es mejor que tu madre sepa la verdad sobre tu hermano y sobre el viaje de tu padre. Por favor déjame hablar con ella.

- Está bien Candy, habla con Eleanor.

- Gracias.

- Prométeme que te vas a cuidar.

- Te lo prometo Terry. Tú también cuídate.

- Te amo.

- Te amo.

 

Sin importarles la gente a su alrededor se dieron un beso en la boca que duró más de lo previsto por lo que Terry tuvo que salir corriendo hacia el tren cuando comenzó a avanzar. Saltó justo a tiempo al vagón y desde los escalones se quedó observando a Candy sin moverse hasta que la perdió de vista. Ella se limpió las lágrimas sintiendo un enorme vacío en su corazón.  Después salió de la estación para tomar un taxi hacia la casa de Eleanor Baker.  

 

 Eran las 7 de la noche cuando Candy tocó a la puerta en la casa de la actriz. Ahí fue recibida por el ama de llaves quien la saludó muy cordialmente. De inmediato fue a anunciar la visita de la enfermera.  Un par de minutos después la condujo hasta la habitación. 

 

- Buenas noches hija – saludó Eleanor recostada en la cama al verla entrar por la puerta.

- Buenas noches señora Baker.

- Siéntate por favor – dijo señalando una salita contigua – pensé que ya no vendrías  esta noche.

- Lo decidí en la estación – explicó acercando una silla a la cama – hablé con Terry antes de que saliera el tren para que me permitiera venir a hablar con usted de algo que sucedió.

- ¿Qué pasó hija? – preguntó inquieta la mujer – ¿se enfermó alguien más?

- Si – dudó un momento – Richard, el hermano de Terry enfermó de influenza.

- ¡Qué terrible!– exclamó la actriz – ¿pero cómo supieron? ¿Les escribió el duque?

- Sí, Terry recibió un telegrama el día del estreno de Hamlet.

- ¿Y cómo está el chico?  ¿Han tenido noticias de él?

- Sí – respondió la rubia con voz apagada  – pero no fueron buenas.

-  ¿Qué quieres decir con eso?

- El chico… murió – dijo bajando la cabeza.

- ¡O dios mio! – exclamó la actriz sintiendo un vuelco en el corazón – ¡Qué horrible noticia!  ¿Pero por qué Terry no me lo dijo? Me imagino lo doloroso que debió de haber sido para él.

- Pensó que era mejor no decirle nada por su estado de salud – explicó – yo traté de consolarlo pero creo que le faltó el apoyo de usted. Todo esto ha sido muy difícil para Terry, sobre todo porque no pudo estar al lado de su padre.

- ¡Pobre Richard! – exclamó con dolor –  debe estar devastado. No merecía ese sufrimiento.  ¿Crees que mi hijo quiera ir a Inglaterra para estar con él?

- Al parecer el duque ya viene para América – indicó.

- Richard… – murmuró la mujer – seguramente quieres huir de los recuerdos.

- Sra. Baker, también es importante que sepa que Terry me pidió que quiere adelantar la boda.

- ¿Adelantar la boda? – preguntó con sorpresa – ¿Por qué?

- Pues no quiere esperar más – explicó – y después de lo que ha pasado no tiene ánimos para una gran fiesta.  Además quiere aprovechar que el duque va a estar aquí en unos días.

- Entiendo – medito un instante  – ¿y tú estás de acuerdo con él?

- No tengo ningún inconveniente  – sonrió – yo haré lo que él me pida.

- ¿Ya hablaste con Albert?

- No, pero estoy segura que me apoyará.

- Pues también cuenten con mi apoyo – sonrió la actriz – si esos son los deseos de mi hijo y los tuyos yo no tengo por qué oponerme. Le daré indicaciones a la modista para que tenga listo tu vestido lo antes posible Candy.

- ¡Gracias Sra. Baker!

- De nada hija,  es a ti a quien yo debo agradecer por todo el amor que le has dado a Terry.

- No tiene qué agradecerme – sonrió – Terry es muy importante para mí. Ahora la dejo descansar  – dijo poniéndose de pie – vendré a visitarla todos los días.

- Gracias Candy. Nos vemos mañana.

- ¡Hasta luego!

 

La chica salió del cuarto acompañada del ama de llaves quien la despidió en la entrada de la casa.  En la habitación, Eleanor Baker se quedó pensativa. Le dolía lo que había pasado y estaba conmovida por el sufrimiento del duque. Sonrió al pensar que lo vería después de varios años, hablaría con él, le agradecería por todo lo que había hecho por su hijo y tal vez tendría la oportunidad de recordar a su lado momentos dichosos disfrutando una humeante taza de té.  

 

A la media noche Terry ya se encontraba en el hotel en la ciudad de Filadelfia. Después de cenar en su habitación subió a la azotea del edificio. El viento era fuerte y el silencio inmutable. Como nunca antes sintió un enorme vacío en el corazón, como si la soledad en la que se encontraba lo quisiera ahogar y desesperar – Candy – susurró – han pasado unas cuantas horas desde que nos despedimos y ya te extraño. ¿Cómo podría soportar este dolor sin ti, sin saber que a mi regreso estarás ahí para darme esperanza? – sacó su armónica y comenzó a tocar. Al escuchar la música perderse en el vacío  deseó tomar el lugar del viento para volar hacia el norte como ligera ráfaga para llegar a la ciudad y así, entrar por la ventana de la habitación de su amada, confundirse entre sus ropas para cubrirla toda con el aliento de su voz y amarla hasta ver morir la noche. Cuando la melodía cesó  y el silencio ocupó de nuevo su lugar en la oscuridad, Terry limpió la armónica de las lágrimas que aún continuaban dibujando las líneas de su rostro.

 

El 20 de octubre marcó el inicio del periodo más crítico de la segunda oleada de influenza, la más mortal de las tres que ocurrieron entre 1918 y 1919.  Durante la siguiente semana y hasta inicios del mes de noviembre la tasa de mortalidad en Nueva York aumentó de 10 por cada 1000 a más de 60 por cada 1000, y la esperanza de vida bajó en América de 53 años a menos de 10.  Cientos de personas morían cada día y los cadáveres se apilaban en las calles porque las funerarias no contaban con suficientes ataúdes ni hombres para cavar tumbas.  Parques, teatros y gimnasios se improvisaron como hospitales.  Tan solo el 22 de octubre murieron 869 personas en la ciudad de New York y, en Filadelfia la tasa de mortalidad en esa semana fue 700 veces mayor de lo normal. La tasa de criminalidad en Chicago bajó un 43%  lo cual se atribuyó al deceso de los criminales debido a la influenza.  Ese octubre resultó ser el mes con mayor número de muertes en la historia de la nación con un total de ciento noventa y cinco mil, todos víctimas de la terrible enfermedad.

 

Cuatro noches después, en el Hotel Plaza, Albert regresaba de una reunión de trabajo con algunos clientes del banco. Amy lo esperaba impaciente y al escuchar que la puerta de la habitación se abría, caminó feliz a abrazarlo.

 

-  ¡Albert qué bueno que llegaste!

- Hola cariño – la abrazó besándola en la mejilla – me desocupé tan pronto como pude.  ¿Cómo te has sentido?

- Mejor – sonrió.

- ¿Qué fue lo que te hizo daño?

- No lo sé, nunca me había enfermado por comer algo.

- Seguramente algo le cayó mal a tu estómago – indicó – ¿Ya comiste el día de hoy? Te ves algo pálida.  A lo mejor necesitas descansar.

- Comí algo ligero a media tarde con Annie y su dama de compañía. Me invitaron a caminar por la ciudad pero preferí quedarme a descansar.  No sé por qué pero he tenido mucho sueño últimamente.

- Ha de ser porque estás agotada por tus estudios.

-Albert, ¿cuándo regresaremos a Illinois? – preguntó sentándose en la cama – tengo mucho trabajo pendiente de mi tesis y necesito terminar para titularme.

- Pasado mañana – dijo el rubio recostándose a su lado – la próxima semana tengo dos reuniones importantes en Chicago, así que aunque quiera estar más tiempo con mi hermana tendré que esperar un par de semanas para volver a verla.

- ¿Todo está bien en el trabajo cariño? – le acarició el pecho – te he notado algo tenso estos días.

- Estoy bien Amy, no te preocupes.

- Albert creo que no estás siendo honesto conmigo – le dijo seriamente poniéndose de pie – hace varios días que ya no me hablas de tus problemas, ¿es que ya se acabó la confianza entre los dos?

 

El rubio se levantó de la cama y la abrazó por detrás.

 

- Querida te prometo que en un par de días te diré todo lo que quieras saber.  Es solo que te vi enferma y no quise agobiarte con todo lo que tengo en la cabeza.

- Déjame adivinar – sonrió – ¿tus problemas tienen que ver con tu tía?

- Sí.

- ¿Qué pasa con ella cariño? – preguntó dándose vuelta para verlo a los ojos.

- Discutimos porque traté de ayudar a la familia de Annie – explicó – los Britter le deben dinero a los Andley y por eso no ha querido aceptar su compromiso. Además, ha estado hablando con los miembros del consejo para tratar ese asunto así que debo prepararme porque seguramente los pondrá en contra mía.

- No entiendo a tu tía – dijo abrazándolo – debería procurar la felicidad de sus sobrinos y no su desdicha.

- Mi tía tiene sus ideas y desgraciadamente eso no va a cambiar.  Mejor olvidemos el asunto y hablemos de nosotros – dijo besándole la frente – en cuanto lleguemos a Chicago quiero visitar a tus padres para pedir tu mano formalmente y fijar la fecha de la boda.

- Hablaré con mi padre – dijo mostrando una gran sonrisa – se pondrá feliz al saber que la oveja negra de la familia por fin se va a comprometer.

 

Albert sonrió, la tomó de la mano y volvió a recostarse en la cama.

 

- ¿Qué tienes? – preguntó Amy sentándose junto a él -¿Estás cansado?

- Me duele la cabeza desde hace rato.

 

La joven se acercó tocándole la frente, el cuello y la nuca. 

 

- Mi amor creo que tienes fiebre – dijo preocupada – ¿no quieres que te vea un médico? 

- No tengo nada Amy – dijo cerrando los ojos – prefiero dormir.  Estoy seguro que mañana me sentiré mejor.

- Albert debo insistir – dijo tomándolo de la mano – la fiebre es indicio de que algo anda mal. Puedo llamar a George para que busque al Dr. Meyer en el hospital.

- Mañana temprano – susurró el rubio acomodándose en la cama – si mañana no me siento bien iremos al hospital, ahora necesito descansar.

- Está bien – se resignó la joven – entonces te dejaré dormir.  Después le dio un beso en la frente, apagó la luz y salió del cuarto para reunirse con Annie y su dama de compañía.

 

Al amanecer de ese día Amy despertó sobresaltada. Había estado inquieta toda la noche por las pesadillas que había soñado. Cuando abrió los ojos, su primer pensamiento fue para Albert. Se levantó rápidamente para cambiarse pero cuando llegó al baño sintió unas nauseas terribles.  Se mantuvo quieta para tratar de controlar lo que sentía, respiró pausadamente y se mojó el rostro con abundante agua.  Cuando estuvo un poco mejor, terminó de vestirse sin hacer ruido al ver que Annie y su dama de compañía continuaban dormidas. Salió de la habitación y toco a la puerta del cuarto de Albert. Al no recibir respuesta decidió entrar. Su novio parecía dormir pero al tocarlo descubrió que estaba ardiendo en fiebre, respiraba con dificultad y sus labios mostraban un ligero tono azulado. Al darse cuenta de que algo grave le pasaba salió corriendo en busca de Archie y el administrador.

 

- ¡George! ¡Archie! – tocó nerviosa a la puerta de la habitación donde dormían los caballeros. Casi de inmediato escuchó que el cerrojo se corría y se abría la puerta.

- Buenos días señorita Amy – saludó George quien ya se encontraba vestido – ¿en qué puedo ayudarla?

- ¿Qué pasa George? – preguntó Archie quien se acercó a la puerta todavía en pijama.

- ¡Es Albert! – Amy respondió angustiada – ¡tiene fiebre, tos y no puede respirar bien! ¡Tiene que verlo un médico!

 

Al escucharla, los rostros de los dos hombres se ensombrecieron.

 

- Me voy a vestir para ir a buscar un doctor – dijo Archie un tanto desesperado.

- Espere joven Archiebald – dijo George tratando de calmarlo – es mejor que vaya a buscar a su tía Elizabeth y regrese de inmediato al hotel.  Yo me encargaré de buscar al médico. También le avisaré a la señorita Candy.

- Está bien George – dijo Archie –  hablaré con Annie para avisarle lo que está pasando e iré por la tía Lizzy.

- Yo cuidaré a Albert – dijo Amy.

- Señorita – dijo el administrador – por el momento no es conveniente que esté con el señor William hasta que sepamos que tiene. Si usted se llegara a enfermar, él no me lo perdonaría.

- No voy a dejarlo solo – dijo Amy con firmeza.

- Solo le pido que no se acerque hasta que llegue el doctor.

- Está bien George – asintió la mujer – pero solo hasta que llegue el doctor, después no me separaré de él.

- Con su permiso – dijo Archie – voy a cambiarme.

- Trataré de regresar lo más pronto posible – dijo George.

 

El administrador cerró la puerta de la habitación caminando de prisa hacia las escaleras. Temía lo peor y sabía que no había tiempo que perder. Amy regresó a la habitación de Albert para estar a su lado.  Se sentó cerca de la ventana mientras observaba cómo se iba deteriorando su estado de manera angustiante al paso de los minutos.  El caballero rubio comenzaba a mostrar un ligero tono azulado en la punta de los dedos, tosía y un sordo ronquido salía de su pecho, lo que le dificultaba la respiración.  Amy comenzó a llorar en silencio, estaba desesperada sin saber qué hacer para ayudar al hombre que amaba.  Entonces sintió nauseas de nuevo y corrió al baño para vomitar. Cuando terminó lavó su rostro y se miró al espejo. Fue entonces cuando comprendió lo que le estaba pasando – ¡o dios mio! – exclamó llena de angustia – ¡no te lleves a Albert! ¡No ahora! – y aferrada al lavabo soltó un largo sollozo.

 

Cuando esa mañana Candy llegó al hospital encontró a mucha gente esperando en la recepción, hombres y mujeres con gestos de preocupación, algunos desesperados, otros llorando inconsolablemente. Noemí la estaba esperando y en cuanto la vio se acercó a ella.

 

- ¡Candy, qué bueno que llegas! ¡Todo es un desastre!

- Buenos días Noemí, ¿qué está pasando?

- Llegaron veinte personas con influenza en la madrugada y ya no hay lugar donde ponerlas  – dijo preocupada – y por desgracia fallecieron diez más pero no han venido por ellas de la funeraria. Parece que ya no tienen ataúdes donde poner los cuerpos.

- ¡Qué terrible! – exclamó Candy al escucharla.

- Lo  más grave es que tres doctores y cinco enfermeras también se enfermaron y uno de ellos es el Dr. Girard.

- ¡Michael! – exclamó sorprendida – ¿dónde está?

- Todos están en camillas en emergencias porque no hay camas donde ponerlos.

- ¡Vamos!

- ¡Espera Candy! ¡Primero cúbrete! – dijo tomándola del brazo. La rubia se colocó el cubre bocas y ambas corrieron hacia emergencias.

 

Todo era una locura en el lugar. Muchas personas se encontraban arremolinadas por fuera de la puerta preguntando por la condición de sus familiares.  Todas las camillas estaban ocupadas, casi no había lugar para caminar y las pocas enfermeras disponibles no se daban abasto para atender a todos los pacientes. Candy llegó como pudo hasta la camilla donde se encontraba el doctor y vio con sorpresa que una enfermera estaba sentada a su lado tomándolo de la mano.  

 

- ¿Cómo está? – preguntó la rubia al notar la angustia en los ojos de la mujer.

- Tiene fiebre muy alta y le duele todo el cuerpo – explicó la enfermera – empezó a sentirse mal en la noche pero no quiso dejar de trabajar. En la madrugada comenzó a toser y a mostrar síntomas de gripe.  Hasta hace un rato lo convencí de que viniera a atenderse, estaba muy cansado y se quedó dormido.

- ¿Usted es su asistente? – preguntó Noemí.

- Sí, soy la enfermera Hero.

- ¿Ya vino el doctor Meyer a verlo?

- No, al parecer todavía no ha llegado.

- ¿Dónde está el médico de guardia? – preguntó Candy.

- Fue a hablar con el director del hospital – respondió Hero – parece que van a trasladar a los enfermos a otro lugar.

- Al parecer tendremos mucho trabajo – murmuró Noemí. La rubia asintió con la cabeza.

- Si quieres puedes irte a descansar Hero – dijo Candy – acaba de empezar mi turno así que yo puedo cuidar a Michael.

- ¡No! – gritó sorprendiéndolas pero después reflexionó al darse cuenta de lo que había hecho – perdona no quise gritarte, es solo que no quiero separarme de él.

- Está bien – sonrió la rubia –  cómo gustes, pero recuerda que también necesitas descansar. Voy a buscar al Dr. Meyer para que Michael inicie el tratamiento homeopático.

- Gracias.

- ¡Candy mira! – exclamó Noemí – ¡acaba de llegar el médico de guardia!

 

Dos hombres con bata entraron a emergencias y llamaron a todas las enfermeras y enfermeros que se encontraban atendiendo a los pacientes.

 

- ¡Su atención por favor! – dijo uno de los médicos – por órdenes del director del hospital, a partir de hoy todas las personas que lleguen con síntomas de gripe serán remitidos al  gimnasio de la localidad que ya está siendo habilitado por la Cruz Roja y el personal de Salud Pública con camillas, almohadas, sábanas, toallas y medicamentos. También recibimos órdenes de trasladar para allá a todos los enfermos con influenza lo cual haremos en ambulancias y durante todo del día. La mitad de los enfermeros y enfermeras de cada turno de emergencias irán con ellos. También nos informaron que el ejército está acondicionando varios parques municipales con tiendas de campaña y baños para que más enfermos sean atendidos en caso de ser necesario.

 

- ¿Quiénes van a ir al gimnasio el día de hoy? – preguntó una enfermera.

- Primero se anotarán los voluntarios – el doctor señaló una libreta la cuál colocó en una mesa contigua  – si hace falta más  personal, la jefa de enfermeras los seleccionará. Los  primeros dos de la lista se irán en media hora, una hora más tarde los siguientes dos y así sucesivamente para que vayan recibiendo a los enfermos.

- ¿Qué vas a hacer? – preguntó Noemí a su amiga.

- Anotarme – respondió Candy con decisión – mi deber es cuidar a los enfermos con influenza y ofrecerles el tratamiento del Dr. Meyer – después caminó hasta donde se encontraba la bitácora para escribir su nombre.  

 

Una hora más tarde la rubia se encontraba en el gimnasio. Enfermeras y doctores iban y venían acomodando a los pacientes en las improvisadas camas.  Otras organizaban pequeños almacenes con toallas, sábanas y medicamentos en las gradas del lugar.  Candy hablaba con los pacientes sobre el tratamiento homeopático. Algunos daban su consentimiento para seguirlo, otros lo rechazaban. En eso Michael llegó acompañado de la enfermera Hero.  En cuanto le asignaron una cama Candy le ayudó a recostarlo en la cama.

 

- Michael  – dijo la rubia mostrando preocupación en el rostro al notar el estado del doctor – tienes que empezar el tratamiento enseguida.

- Sí Candy – respondió el médico con dificultad – gracias por estar aquí – susurró tomándole la mano.

 

El gesto no pasó desapercibido por Hero quien cambió su semblante abruptamente.  Candy se dio cuenta y se soltó con suavidad.

 

- Le explicaré a tu asistente para que ella se encargue de darte el medicamento – sonrió la rubia.

- Gracias.

- Eres muy amable – sonrió Hero entendiendo la actitud de Candy.

- Aquí están escritas las instrucciones – indicó después de preparar el medicamento de acuerdo a las indicaciones del Dr. Meyer –  es importante que lo empiece de inmediato.  Estaré en el gimnasio todo mi turno por si necesitas ayuda.

- Se lo daré ahora mismo – dijo la enfermera.

- Pasaré más tarde para ver cómo te sientes – dijo la rubia dirigiéndose a Michael.

- Gracias Candy – el doctor sonrió débilmente.

 

La joven se alejó para continuar con sus labores. Cuando estaba colocando las sábanas a un par de camas levantó la mirada y vio una figura conocida a la entrada del gimnasio. De inmediato corrió hasta la puerta con un mal presentimiento.

 

- ¡George! – exclamó al verlo – ¿qué pasa? ¿Por qué estás aquí?

- Buenos días señorita Candy – respondió el caballero – vine a buscarla porque el señor William se encuentra enfermo.

- ¿Qué tiene Albert?

- Amaneció con fiebre, tos y no puede respirar bien.

-  ¿Ya lo revisó un doctor? – preguntó preocupada.

- No, todos están ocupados en el hospital. Por eso vine para acá para preguntarle por el Dr. Girard o por el Dr. Meyer.

- El Dr. Girard enfermó de influenza – señaló hacia una de las camas – y no he visto al doctor Meyer ni a su sobrino Karl.

- Señorita Candy ¿qué podemos hacer? Creo que el señor William está grave.

- Iré contigo George – respondió de inmediato – yo lo cuidaré y le daré medicamento mientras encuentras a un doctor.

- Pero si viene conmigo pondrá en riesgo su trabajo.

- Se trata de la vida de Albert – dijo con firmeza – no hay nada más importante en estos momentos. Le avisaré al médico de guardia que cubriré las horas que me falten por la tarde y pediré permiso para ausentarme por enfermedad de un familiar.

 

Se alejó para hablar con un doctor que se encontraba a pocos pasos de ahí. Después de una acalorada discusión tomó sus cosas para salir del gimnasio junto con George. Minutos más tarde llegaron al hotel. Bajaron del auto y subieron de prisa por las escaleras hasta la habitación del rubio.  Al entrar su semblante cambió al darse cuenta de la gravedad del estado de su querido amigo.

 

- Buenos días Amy – saludó al ver a la joven – ¿cómo está Albert?

- ¡Qué bueno que llegaste!  – exclamó un poco aliviada – no ha dejado de toser y está ardiendo en fiebre.

- ¿Cuándo comenzó a estar así?

- Ayer por tarde ya se sentía mal.

 

En eso el rubio se movió inquieto en la cama por un acceso de tos muy fuerte.

 

- Amy abre las ventanas y cúbrete como yo o te vas a enfermar – indicó la enfermera poniéndose el cubre bocas, después se dirigió al baño para mojar unas toallas. Caminó hasta la cama y se las colocó en la frente y en la nuca – Albert – susurró acariciándole el rostro – ¿por qué no me mandaste llamar desde ayer si te sentías mal?  Hubiera venido sin importar lo que estuviera haciendo.

- Pequeña… – abrió los ojos hablando con dificultad – no quise causarte problemas.

- Nunca serás un problema para mí – dijo con una lágrima en el rostro.

- ¡Es mi culpa! – sollozó Amy – ¡yo debí de haber ido por un médico!

- Cariño – el rubio levantó la mirada – no te culpes. Tú has estado enferma, yo fui el que no quiso ver al doctor.

 

De pronto comenzó a toser con fuerza escupiendo sangre por la boca. Candy lo miró angustiada y rápidamente lo ayudó a sentarse.

 

- ¡Respira Albert! – gritó desesperada al darse cuenta que su amigo se estaba ahogando.

-¡Albert! – gritó Amy sintiendo resquebrajar su alma.

 

En ese momento la puerta se abrió. Rápidamente el doctor Meyer entró corriendo hacia la cama mientras Elizabeth, Arthur, Archie y George permanecían inmóviles y aterrados por lo que estaban viendo.

 

- ¡Salgan por favor! – ordenó el doctor – ¡los veré en el vestíbulo!

- ¡Vamos! – indicó el administrador cerrando la puerta tras de sí al ver el gesto de horror de Archie y Elizabeth.

- ¡Candy, tenemos que recostarlo boca abajo para que pueda respirar mejor! – ordenó el doctor – debe tener un coágulo. ¡De prisa!

 

La enfermera movió el cuerpo de su amigo quien desesperado trataba de respirar mientras el doctor le golpeaba con fuerza la espalda.  Es eso vieron un manchón de sangre cubriendo el piso y escucharon una inhalación profunda seguida de jadeos intermitentes.  Amy corrió al baño sintiendo su estómago revuelto al tiempo que el doctor y la enfermera ayudaban al rubio a sentarse. Cuando su respiración volvió a la normalidad acomodaron varias almohadas en la cabecera de la cama para que pudiera recargarse. 

 

- Ya pasó – la rubia lo confortó mientras le limpiaba el rostro lleno de sangre con una toalla húmeda.

- Gracias Candy… – jadeó Albert – ¿qué me pasó?

- Todo va a estar bien – respondió con dulce voz – pero primero el doctor te va a revisar para decirte lo que tienes.

 

El Dr. Meyer abrió su maletín sacando sus instrumentos para auscultarlo.  Cuando terminó, comenzó a prepararle varios medicamentos.

 

- ¿Y bien? – preguntó el rubio.

- Tiene influenza y neumonía – respondió el doctor – su estado es grave, pero con el medicamento trataremos de evitar que avance la enfermedad.

 

Candy se sintió desfallecer al escuchar el diagnóstico y para que Albert no se diera cuenta, pensó rápidamente en un pretexto para alejarse un momento de ahí   – iré a enjuagar las toallas – dijo sintiendo humedecer los ojos.

 

Al entrar al baño se limpió rápidamente las lágrimas pero se sorprendió al ver a Amy sujetando el lavabo con ambas manos y mostrando una notoria palidez en su rostro.

 

- ¿Qué tienes Amy? Albert dijo que has estado enferma.

- He tenido nauseas – respondió sin levantar la cara.

- ¿Cuánto tiempo llevas así?

- Varios días.

- ¿Tienes retraso?

- Sí.

- ¿Albert lo sabe?

- Todavía no se lo he dicho, quería estar segura.

- Es mejor que vayas a tu habitación, no es conveniente que en tu estado estés junto a un enfermo con influenza.

- Candy, yo sé que no es correcto lo que hemos hecho pero… – trató de explicar un tanto avergonzada pero la enfermera la interrumpió.

- Amy – la confortó – yo no te voy a juzgar ni a señalar. El amor nos hace cometer hermosas locuras. Me siento muy feliz por ambos. Pero ahora lo más importante es que te cuides para que cuando Albert se recupere puedan continuar su vida juntos.

- Gracias Candy – las lágrimas corrieron por sus ojos.

- Anda – dijo abrazándola – ve y recuéstate un rato, el doctor y yo lo cuidaremos.

- Así lo haré – dijo sonriendo sutilmente – ¿te puedo pedir un favor?

- Claro.

- No se lo digas a nadie, quiero ser yo quien le dé la sorpresa.

- Por supuesto – sonrió – ahora ve y descansa.

 

Cuando Amy salió del baño Candy no pudo evitar llorar en silencio.  Albert estaba muy grave pero ella tendría que hacer hasta lo imposible para salvarlo, más ahora que sabía que la mujer de ese hombre a quien amaba como un hermano tendría pronto  un  hijo. Terminó de enjuagar las toallas, se limpió el rostro y regresó a la habitación.  El doctor Meyer ya le estaba dando los medicamentos.

 

- Candy, le daremos cuatro preparaciones diferentes – indicó el Dr. Meyer –   cada media hora,  cada dos horas y los de tapa blanca cada cuatro horas. Recuerda que por ningún motivo debe tomar aspirina ni dejar el tratamiento.

- Sí doctor.

- Pequeña – susurró el rubio mientras la joven le ponía las toallas húmedas sobre la frente y la nuca – ¿vas a quedarte conmigo?

- Sí Albert, no te preocupes – le dijo tiernamente – yo te cuidaré.

- Pero tu trabajo…

- Eso no importa – sonrió la chica – eres Albert, mi querido abuelo William y te cuidaré sin importar las veces que te enfermes. Además, siempre podré regresar a trabajar con el doctor Martín en la Clínica Feliz.

- Gracias pequeña – respondió el rubio caballero tratando de sonreír. Después cerró un momento los ojos respirando con dificultad.

- Candy – indicó el doctor – parece que no ha comido nada desde ayer en la noche.  Necesita jugos, pan y frutas para recuperarse pero no debe de tomar café, ni té ni leche.

- Muy bien doctor.

- También pídele caldo de pollo con verduras a la hora del almuerzo.

- Está bien.

- Acompáñame un momento afuera.

- Enseguida vuelvo – dijo la enfermera viendo a su amigo. Ambos salieron de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

- Necesito hablar a solas contigo – dijo el doctor en voz baja mostrando un gesto sombrío – debes saber que Albert está muy grave y puede morir en pocas horas si los medicamentos no hacen efecto en su organismo. Si eso ocurre sólo un milagro podrá salvarlo.

- ¡No! – exclamó la joven abrazándose a él sollozando en silencio.

- Tienes que ser fuerte para que puedas darle ánimos – dijo acariciándole la cabeza – él no debe dejar de luchar.

- ¿Pero por qué doctor? – preguntó con el rostro cubierto de lágrimas – ¿por qué está tan grave si apenas ayer presentó los  primeros síntomas?

- Hay personas que están muriendo a las 24 horas – explicó – y al parecer, los pacientes más graves son en su mayoría hombres sanos y fuertes de su edad. No sé a qué se deba y nadie tiene la respuesta.

- Yo lo cuidaré día y noche – dijo con decisión – ya lo ayudé a recuperarse en una ocasión y lo volveré a hacer cueste lo que cueste.

- Eres una gran enfermera Candy – dijo conmovido – van a ser horas muy difíciles para él así que tendrás que ser muy valiente y no dejar que pierda la esperanza.  Ahora hablaré con Elizabeth y después iré al hospital para  ver a Karl y al Dr.Girard.

- Dr. Meyer, debe saber que trasladaron a todos los enfermos de influenza al gimnasio que está a unas calles del hospital.

- Entonces iré directamente para allá.

- Ahí se encuentra Michael.

- ¿Está como médico de guardia?

- No, lo internaron  en la madrugada porque se contagió de influenza.

 

El doctor consternado, movió la cabeza de un lado al otro.

 

- Qué mal – murmuró para sí – ¿está tomando medicamento?

- Sí – explicó la enfermera – lo revisé y le indiqué a su asistente la dosis que tiene que tomar.

- Bien hecho hija – dijo el doctor – entonces pasaré a revisarlo.

- Gracias doctor.

- Nos vemos más tarde.

 

El doctor Meyer bajó las escaleras hacia el vestíbulo del hotel.  Ahí se encontraban  expectantes Amy, Annie, Arthur, Archie, George y Elizabeth.

 

- ¿Cómo está Albert? – preguntó Amy en cuanto se acercó a ellos.

- Está grave – respondió con franqueza – se le complicó con neumonía.

- ¡Dios mio! – exclamó Annie.

- ¿Puede… morir? – Archie preguntó temeroso.

- Sí.

- ¡Ralph! – Elizabeth se lanzó a sus brazos – ¡por favor sálvalo! ¡No quiero perder a Bert!

- Lizzy – dijo abrazándola – te juro que haré todo lo que esté en mis manos para que así sea pero no puedo prometerte nada.

 

Elizabeth comenzó a llorar amargamente en el pecho del doctor, mientras que el rostro de George se ensombrecía al escuchar la respuesta pero trató  de no mostrar sus sentimientos.

 

 – ¿Hay algo que podamos hacer por él? – preguntó Arthur.

-  No, sólo nos resta esperar a que reaccione a los medicamentos – respondió el Dr. Meyer.

- ¿Quién lo va a cuidar? – preguntó Archie.

- Candy se hará cargo.

- ¿Podemos ayudarla? – preguntó Amy

– No, lo mejor es que eviten entrar a la habitación porque pueden contagiarse. Si llegan a tener el más mínimo malestar, avísenme de inmediato. Ahora tengo que marcharme.

- ¿Vendrás más tarde? – Lizzy le acarició la mejilla.

- Sí – el doctor le besó la frente, después se dirigió a Arthur – hijo cuida a tu madre.

- Sí papá.

- Hasta luego doctor y gracias por todo – dijo George.

- Hasta luego.

 

El caballero se alejó  caminando hacia la entrada del hotel mientras el resto del grupo se quedaba pensativo.

 

- Amy querida – dijo Lizzy al ver a la chica – es mejor que subas y descanses un rato. Creo que todo esto te ha afectado mucho. Te ves muy pálida.

- Sí, no me siento bien – dijo la joven – me voy a recostar un rato.

- Pediré que te suban el desayuno.

- Gracias.

- Yo te acompaño – dijo Annie, tomando del brazo a Amy – todo esto  me ha quitado el apetito. Vamos.

- George – preguntó Archie cuando las chicas se alejaron – ¿le vas a avisar a la tía abuela?

- Sí, tiene que saberlo de inmediato.

- ¿Pero no sería mejor esperar?

- Joven Archiebald – respondió con un nudo en la garganta – usted escuchó al doctor. El señor William está muy grave y no sabemos lo que pueda ocurrir.  Es mejor que ella esté aquí para que pueda escuchar la última voluntad del señor William si es que él…

- ¡Por favor George! – exclamó Lizzy – ¡No sigas!

- Perdóname Elizabeth pero tengo que considerar esa posibilidad.

- ¡No quiero que se muera el tío William! – Archie gritó desesperado – ¡¿acaso los Andley están malditos?! ¡¿Por qué todos tienen que morir jóvenes?!

- ¡Archie, cállate! – grito Lizzy – ¡No hables así!

- ¡Lo siento tía pero es que no puedo aceptarlo!

- ¡Bueno basta! – exclamó Arthur – ¿qué les pasa esta mañana? ¿Podrían dejar de ser tan pesimistas? ¡El tío Albert está vivo y debemos darle ánimos como dijo mi padre, no mandarlo a la tumba antes de tiempo!

- Tiene razón joven Arthur – dijo George – les pido una disculpa, creo que es mejor que todos nos tranquilicemos por el bien del Sr. William.

- Perdóname hijo – dijo Lizzy dando un largo suspiro –  estoy muy alterada. Creo que iré a descansar.

- Te acompaño mamá.

- Yo iré contigo a poner el telegrama – dijo Archie dirigiéndose a George – necesito despejar la cabeza.

- Vamos.

 

Ambas parejas caminaron en dirección contraria sumidas en sus propias cavilaciones. El miedo de perder a alguien tan querido estaba anclado en sus pensamientos como un lastre difícil de soportar. ¿Sobreviviría William Albert Andley?  Esa era la terrible pregunta cuya respuesta estaba en el aire.

 

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Comentarios

comentarios

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33 Comments »

  • manzana9 dice:

    Hola queridas lectoras,
    espero que hayan tenido un buen inicio de año.

    Disculpen la demora pero este capítulo me llevó varias horas de investigación para poder mostrarles datos verídicos sobre lo que se vivió precisamente en esos días del mes de octubre de 1918.

    Sin lugar a dudas, fueron momentos terribles y difíciles para la población no solo de América sino de Europa y Asia. Algunas fuentes oficiales indican que entre el 20 y 40% de la población mundial enfermó de influenza y que hubieron más de 50 millones de muertos en todo el mundo, más de los que murieron por la primera guerra mundial.

    Una gran cantidad de médicos y enfermeras cayeron presa de este virus mortal y pueblos enteros desaparecieron por su causa.

    Gracias por seguir esta historia y nos leemos pronto. No olviden que el proximo día 28 de enero es el cumpleaños de Terry. Las esperamos en el foro para celebrarlo.

    Saludos!

  • María Inés dice:

    Me encanta tu historia manzana , me transportas a esa época , que no se muera albert plis , ahhh TERRY lo amo.

  • maripili dice:

    excelente historia, solo un favor se que la historia te pide que este a la espectativa por lo que va a pasar a los personajes, pero podrías hacer que los personajes no mueran que sea esas historias donde todo acabe feliz para siempre, quiero decir que Albert, no muera, que terry y candy por fin estén juntos y que todo sea felicidad por fis es que no me gustaría que alla muertes y tristezas si
    gracias y sigue asi escribiendo esta maravillosa historia

  • claus dice:

    Hola manzanita,
    Me enanta tu historia… debo felicitarte por la investigación que realizaste y por tu gran imaginación. No tardes mucho con el siguiente capítulo :D

  • virgy dice:

    graxias manzanita en verdad siempre me sacas lagrimas sonrrisas de tus capitulos solo te pido q no mates a albert porfa y grasias feliz año

  • vady dice:

    Super buena la historia,y ojala.Albert se recupere pronto saludos manzanita :)

  • Rossy dice:

    Hola manzanita :
    Me gusta mucho los datos históricos !!!
    Aunque me parece hubiera sido interesante que se enfermera Amy y no Albert!!!
    Se que nos darás mucho historia con estos eventos!!!!

    Gracias por tu imaginación y estaré atenta a la siguiente entrega!!!!
    Saludos !!!!

  • nina12 dice:

    Otro capitulo interesante gracias por esta linda historia manzanita, eres muy creativa.

  • anayeli dice:

    LAURYN felicidades por el cap espero que no se muera albert esun personaje importante para candy,es que el 28 de enero es el cumple de mi amado terry y quiero que ya termine la gira para ver a candy y a terry juntos y en su boda,espero el cap 49 avisame cuando vas a publicar
    y una pregunta sabes cuantos cumple terry

  • tina dice:

    muy bueno

  • ginaa dice:

    Hola Manzana, hay pero k terrible la situación para las personas k vivieron en esa etapa. Y para nuestros personajes igual, ESPERO no mates a Albert el es fundamental es la historia, se k eso del dramatismo es la pimienta, pero no te ensañes pliss.
    Y nuestra candida siempre como la madre teresa de calcuta aguante y aguante todas las broncas. Esperamos con ansia loca tu próxima publicación hasta entonces…

  • Miriam dice:

    Woow me super encanta como escribes,pls pls ke no muera albert,siempre me haces llorar.mi bebe me pregunta mami y ahora porke lloras si son solo letras.jijijijijij

  • paola dice:

    Manzanita, gracias, valio la pena la espera . . . felicidades :)

  • Amy dice:

    Manzanita eres ultra mega genial, me dejaste el alma en un hilo, y muriendo de la curiosidad por saber el próximo capitulo, yo se que tienes una vida pero no tardes tanto en publicar x fis!!
    Y otro favor no dejes a ese bebé sin padre, que no muera Albert, tiene que lograr que Archie y Anie puedan estar juntos y sobre todo que La Abuela Elroy acepte que separo a Lzzi y a Dr. Meyer y todo lo que eso implica!!
    Manzanita chula hermosa que Dios te bendiga, sigue escribiendo como lo haces me ENCANTA!!

  • valerii dice:

    dios !!!!!! q emocionante !!!!!! q lindo capitulo tantas emociones q ay !!! tristeza, miedo, felicidad, intrigacion que final tan como q si q va a pasar !! :/¿? ya qiero leer el otro capitulo !!!!! tienes mucho talento :D
    saludos

  • Ara dice:

    Exelente y muy dramatico gracias por continuation la historia y por favor que no le pase nada a al berth y al do for no se lo merecenesperanxo el proximo capitulo Feliz ano Nuevo y que este ano te traiga mucha inspiracion

  • marcela dice:

    Feliz año !!!! manzanita
    estoy super emocionada ,intrigada, triste y se que no es lo mismo leer que escribir pero espero con muchas ansias y curiosidad el siguiente capituleres supertalentosa y bella persona por compartir contodas nosotras

    saludessss

  • lanena d(-.-)b dice:

    Me encanto unas de las mejores historias que he leído, si sabia de las muertes en esa época por la influenza,pero no pensé que fueran tantas más de 50 millones de muertos ;( gracias por la explicación.Abrazos y :*

  • yazmin dice:

    genial gracias por tan magnifica historia espero no tardes en subir el siguiente capitulo.

  • Tamy dice:

    No por favor !!!!!!!!!! Albert no!!!… Lo siento pero tenia que decirlo, aunque fuera escrito pues no lo puedo gritar XD , bueno, no me queda más que decir que tu historia es increible, de verdad no he podido dejar de leer hasta terminar Los capitulos enteros, de verdad maravillosa, y repito la suplica, por favor Albert no !!!!!!!

  • PATTY G B dice:

    Que buen capitulo, obvio como todos los otros, estuvo lleno de cosas no tan agradables y muy graves para el pobre Albert además que con tu investigación has documentado las partes históricas que narras dentro de la historia y nos das un panorama de lo que sucedió en esa época donde tantas victimas hubo por esa enfermedad que arrebató la vida a miles de personas. Como siempre Manzanita muy buen trabajo.=)

  • Jaky G.A dice:

    HOOOOOOOOOOOOOOOOLAAAAAAAAAAAAA¡¡¡¡¡¡
    Amiga cmo estas?,esta bien genial el fic no t abia dejado coment pq no tenia inter pero me gustaria dedicarle una cancion a mi Terry…

    !!!!!!!!!FELIZ CUMPLEAÑOS A TERRY¡¡¡¡¡¡¡

    Estas son las mañanitas
    que cantaba el rey David.
    Hoy por ser dia de tu santo
    te las cantamos a ti.

    Despierta, mi bien, despierta;
    mira que ya amaneció.
    Ya los pajaritos cantan;
    la luna ya se metió

    Que linda está la manãna
    en que vengo a saludarte;
    venimos todos con gusto
    y plazer a felicitarte.

    El dia en que tu naciste
    Nacieron todas las flores
    En la fila del bautizmo
    cantaron los Ruiseñores

    Ya viene amaneciendo
    Ya la luz del dia nos dio
    Levántate de mañana
    mira que ya amaneció

    Si yo pudiera bajarte
    las estrellas y un lucero
    para poder demostrarte
    lo mucho que yo te quiero

    Con jazmines y flores
    Este dia quiero acordar
    Hoy por ser dia de tu santo
    Te venimos a cantar.

    Vicente Fernandez.

  • penny dice:

    hola manzana gracias por otro maravilloso capitulo. por favor que no muera Albert, sin el los Andrey no serian los mismo. Alchie tiene rason ya han muerto muchos de ellos a muy corta edad. Gracias por la informacion historica jamas pense que esos suceso furan tan terrible, que afortunados somos en estos tiempo por tener vacunas y tratamientos prebentivos. Espero Dios te siga iluminamdo para que nos sigas deleitamdo con tu talento. Hasta pronto

  • Iris a dice:

    Me encanto cuando actualizas me causo mucha emoción la historia …. Ya quiero leer los demás muchas felicidades x tu trabajo por mostrarnos una historia más allá de los q nos encanta candy y terry mil gracias saludos plis ya lo que sigue :D

  • yazmin dice:

    hola hola sube el otro pronto por favoooooooooooooooooooooooooooooooor.

  • Anny karol dice:

    Manzanita plis que no le valla a pasar nada a my alberth lo adoro me facina como esta fluyendo la continuacion de esta bella historia me encanta como siempre te luces eres maravillosa y espero con ancias el proximo capitulo *–*

  • Arita dice:

    Manzana:
    muchas gracias por este nuevo capitulo; ojala no se muera Albert, por fis!!! Considero que es una historia bastante buena no dejes de publicar… Espero con ansias el siguiente capitulo

  • vero dice:

    hola manzanita para cuando el otro capitulo!!!

  • MARTHA dice:

    HOLA MANZANITA
    YA TOCA EL SIGUIENTE CAPITULO POR FAVOR YA PONLO
    TE MANDO MUCHOS SALUDOS

  • Eríka bibiana dice:

    Wow, me dejaste sin palabras, sinceramente no me lo esperaba, sigo la historia hace tiempo pero no me la pierdo x nada me encanta, te felicito x tu gran talento y estams a la expextativa de lo q pasara con el patriarca de la familia

  • Valeria Andry dice:

    Tengo 12años y me gusta mucho Candy mi mama me lee algunos capitulos no todos y me encanta el fic mi mama es fanatica de Candy ya que crecio con ella felicidades

  • valeria andrew granchester dice:

    me encanta la histyoria manzana gracias por todas tus olestias y tus letras esperando que continues muy protno con la historia gracias __)
    ::)

  • Rebeca dice:

    Hola Manzana: espero que actualizes pronto bueno si no es mucha molestia…. es que me encanta tu fic de verdad que qusiera que cada dia hubiera actualizacion ni quiero nada verdad :) que tristes acontecimientos primero el hermano de Terry y ahora Albert ojala se recupere porque seria triste dejar a su hijo aunque el todavia no lo sabe y ya quisisera que regresara Terry para que ya se casen ydisfruten de su vida juntos pero que ninguno de los 2 se vaya a enfermar.. bueno espero la actualizacion y gracias por tu lindo fic nos seguimos leyendo cuidate :D

 

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