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Fic “1918” Capítulo 47

22 December 2012 1 views

FIC “1918”

por Manzana9

Capítulo 47

Déjame beber tus lágrimas para  que olvides tu pena…

 

Faltaban pocos minutos para el mediodía cuando Elizabeth, Arthur y Albert llegaron al hospital. Después de preguntar por Candy se dirigieron a la cafetería donde la encontraron comiendo a solas. Al verlos, la enfermera no pudo disimular su sorpresa.

 

 

 

- ¡Sra. Rothschild! ¡Arthur! ¡Albert! ¡Qué gusto verlos!

 

- ¡Hola Candy! – saludaron la dama y su hijo.

 

- Hola pequeña – la abrazó el rubio.

 

- ¿Dónde están Amy, Archie y Annie? – preguntó la enfermera – pensé que vendrían contigo.

 

- Amy se siente algo indispuesta, supongo que la cena le cayó mal y Annie y Archie se quedaron a cuidarla – explicó – pero nosotros venimos a hablar contigo.

 

- ¿Ustedes se conocen?  – preguntó  con sorpresa.

 

- Candy creo que es mejor que nos sentemos – dijo la Sra. Rothschild.

 

- ¿Pasa algo? – preguntó la joven rubia.

 

- Sí – respondió Albert sonriendo sin dar más explicaciones – ya encontramos a la dueña del guardapelo.

 

- ¿A tu hermana?

 

- Sí.

 

- Pero, ¿quién es? ¿Dónde está?

 

 

 

Albert no respondió sino que le tomó la mano a su hermana.

 

 

 

- Candy – intervino Elizabeth al notar la confusión en el rostro de la enfermera – yo nací en Chicago, mi madre murió cuando yo era muy pequeña. Mi padre se volvió a casar y de su segundo matrimonio nacieron una niña y varios años después un niño quien se convirtió en la adoración de toda la familia – dijo viendo a Albert a los ojos –  pero cuando él todavía era pequeño, mi madrastra murió.  Después yo tuve que alejarme porque me ordenaron casarme con un caballero inglés de apellido Rothschild para limpiar el honor de la familia.

 

- ¡Dios mio! – exclamó la chica al comprender de pronto la verdad – ¡usted es Elizabeth Marie Andley, la mujer de la carta!

 

- Así es.

 

- ¡Albert! ¡Sra. Rothschild! ¡Es maravilloso! – exclamó con lágrimas en los ojos – pero ¿cómo se encontraron?

 

- George reconoció a mi hermana en el teatro – dijo el rubio mostrando una gran sonrisa.

 

- Fuimos a buscarte al igual que George y ahí se encontraron – explicó Arthur.

 

- ¡Me siento tan feliz por ti Albert! – dijo abrazándolo llena de alegría.

 

- Pero no solo hay que celebrar que mi tío Albert encontró a su hermana y dos nuevos sobrinos  – dijo Arthur sonriendo – ¡también Candy tiene una tía y dos primos nuevos!

 

- ¡Arthur! – corrió Candy a abrazarlo – ¡ahora estaremos mucho más unidos!

 

- ¡Y podrás visitarme y quedarte en casa como parte de la familia! ¿No es así mamá?

 

-  ¡Por supuesto hijo! – respondió la mujer.

 

- ¡Sra. Rothschild! – se acercó Candy a abrazarla – es increíble todo lo que ha pasado. ¡Jamás imaginé que ustedes fueran familiares de Albert!

 

- ¡Pero Candy! – le reclamó con dulzura la mujer – ya no me digas Sra. Rothschild. Ahora soy tu tía Lizzy.

 

- ¡Gracias tía! – sonrió feliz sintiendo algo muy especial en su corazón.

 

- ¡Gracias a ti Candy por todo lo bueno que siempre das a las personas!

 

- Pequeña – dijo el rubio indicándole a todos que se sentaran – pero falta algo más.

 

- ¿Qué es Albert?

 

- ¿Recuerdas que las cartas de Lizzy iban dirigidas a un hombre?

 

- Sí, a un tal Ralph – recordó la chica, después se dirigió a Elizabeth – espero que me perdones por haber leído un par de ella tía Lizzy.

 

- No te preocupes Candy, no sabías de quien eran.

 

- Candy – dijo Arthur – ayer también encontramos a Ralph.

 

-  ¿Dónde?

 

- En el teatro.

 

- ¿Y dónde está ahora?

 

- Es lo que venimos a preguntarte – dijo Albert.

 

- ¿A mí? – preguntó la rubia con sorpresa – ¡pero yo no sé quién es Ralph!

 

- Su nombre completo es Ralph Alexander Meyer – explicó Lizzy – y estaba junto a ti en el palco ayer en la noche.

 

- ¡Dios mio! – exclamó la joven – ¡Ralph es el Dr. Alexander Meyer! ¡Estuvimos tan cerca y nunca lo supe!

 

- ¿Estuvimos? – preguntó Albert – ¿por qué lo dices?

 

- Me despedí de él hace rato – explicó – su tren sale al medio día rumbo a Toronto.

 

- ¡Bert! – exclamó la mujer – ¡no lo vamos a alcanzar!

 

- ¡Vamos! – dijo su hermano poniéndose de pie – ¡son 10 para las 12! ¡Si tenemos suerte podremos llegar a tiempo a la estación!

 

- Yo te esperaré aquí con Candy mamá – dijo Arthur – así no perderán tiempo.

 

 

 

La mujer le dio un beso a su hijo. Ambos hermanos salieron caminando rápidamente de la cafetería hacia la entrada del hospital.  Se subieron al auto y se dirigieron a toda velocidad hacia la estación.

 

 

 

En el andén, el doctor se encontraba iniciando la revisión a la cual se sometían los pasajeros para determinar si estaban o no contagiados.  Al terminar lo dejaron pasar para subir al vagón.

 

 

 

            Pensativo y solitario tomó su lugar. Creyó que se sentiría aliviado al regresar a su monótona vida pero no era así. La mirada fija de la mujer en el teatro era un recordatorio de que se encontraba en esa misma cuidad y estaba viva – deja de hacerte tonto Ralph – masculló entre dientes – tus excusas sonarán convincentes a los demás pero sabes que en el fondo no eres más que un cobarde – suspiró desolado – estás huyendo. ¿Pero qué motivo puedo tener para quedarme? – se preguntó a si mismo – lo sabes bien Ralph, ¡lo sabes demasiado bien! ¡Llevas 18 años pidiéndole perdón día con día por no haber luchado lo suficiente!  ¡Te duele hacer memoria pero sabes que es la verdad! ¡Tienes miedo a que te haya odiado todo ese tiempo, a que te maldiga y te restriegue en la cara lo poco hombre que fuiste por no haber ido a buscarla! – respondió con dolor – ¡Preferiste vivir oculto en lugar de luchar y morir por ellas, por tu hija recién nacida y por la mujer que jurabas amar! ¡Eres un miserable  y por eso no tienes derecho a ser feliz! – entonces escuchó el silbato que anunciaba la salida del tren. Se dejó caer en el asiento y lloró amargamente.

 

 

 

 

 

En ese momento la pareja de hermanos estaba llegando a la estación. Se dirigieron de inmediato a los andenes tan de prisa como les permitió la multitud de personas que caminaban por los amplios pasillos del lugar.

 

 

 

- Disculpe señor – se acercó Albert a uno de los guardias – ¿cuál es el andén del tren que sale a Toronto?

 

- Él de allá – señaló hacia el fondo de la gran galería – pero les recomiendo que se den prisa porque ya sonó el silbato de salida.

 

- ¡Gracias! – el rubio tomó de la mano a su hermana para salir corriendo hacia esa dirección, sin embargo avanzaban con dificultad entre la gente y las filas de personas que se sometían a la revisión por parte de los inspectores de salud pública.

 

 

 

            En eso, el sonido del arranque de la locomotora frente a ellos estremeció el corazón de la mujer. Estaba a unos cuantos pasos de los vagones que comenzaban a avanzar sin detenerse – ¡Bert! ¡Se va el tren! – gritó desesperada. Después trató de pasar entre la gente para gritar a todo pulmón – ¡¡Ralph!! ¡¡Ralph!! – pero todo fue inútil.  El tren se fue alejando perdiéndose en la lejanía mientras que ella sentía que su corazón era aplastado por la desesperanza. Su hermano la abrazó para consolarla – Lizzy no llores, tú sabes que no todo está perdido. Ya sabemos dónde vive así que te prometo que iremos juntos a buscarlo.

 

 

 

- Gracias Bert – se limpió el rostro con un pañuelo – es un alivio que estés junto a mi.

 

- Es mejor que regresemos al hospital – la abrazó por los hombros y juntos caminaron hacia el auto.

 

 

 

Cuando entraron por la cafetería Candy y Arthur los estaban esperando.

 

 

 

- ¿Qué pasó? – preguntó el muchacho al notar la desilusión en sus rostros.

 

- No llegamos a tiempo – respondió Elizabeth.

 

- ¡Qué mala suerte mamá! ¡Tenía tantos deseos de conocerlo!

 

- ¡No estés triste! – lo animó la enfermera – te aseguro que pronto lo verás.

 

- Ya le prometí a tu madre que yo mismo la llevaré a Toronto para visitar a Ralph – dijo Albert.

 

- Mamá, creo que tienes que tienes que decirles toda la verdad – dijo Arthur.

 

- Tienes razón hijo.

 

- ¿Cuál verdad? – preguntó Albert.

 

- Como saben – explicó Elizabeth – yo tuve una hija con Ralph, la cual me arrebataron a los pocos meses de nacida. Me dejaron recluida en Lakewood y solo podía ver a mi hermana Rose Marie y a su pequeño hijo.

 

- ¡Usted conoció a Anthony! – exclamó Candy.

 

- Sí – respondió con nostalgia – y gracias a ellos no morí de tristeza. Era un niño encantador. Mientras yo lo cuidaba, mi hermana salía al pueblo a enviar y recoger las cartas que nos escribimos Ralph y yo durante esos meses. Un día llegó la tía Elroy para avisarme que el Sr. Rothschild, amigo de mi padre, había aceptado casarse conmigo en un plazo de dos meses por lo que tendría que irme a vivir a Inglaterra. Cuando lo supe me negué pero me amenazaron de nuevo y me juraron que mis seres más queridos sufrirían sino acataba las órdenes de la familia. Tuve que aceptar pero no me iba a ir sin despedirme de Ralph, así que le mandé una carta contándole todo con la esperanza de poder vernos antes de mi partida. Días antes de salir  para tomar el barco a Europa llegó su última carta. Me estaría esperando en la ciudad para escaparnos. Cuando  llegamos a Nueva York, él estaba aguardando mi llegada en la estación del tren. Lo ví de reojo donde habíamos acordado. Se había disfrazado con un sombrero, barba y bigote. Esa era la clave para saber que me estaría esperando por fuera del edificio donde me hospedaría. Nos siguió en taxi y aguardó escondido hasta la hora de la cita. Esa noche me retiré temprano a dormir pero poco antes de las 11 salí por la ventana usando las sábanas como cuerda. Después salté a la escalera de servicio y bajé corriendo. Ralph ya me estaba esperando.

 

 

 

Cuando Candy escuchó la explicación,  se estremeció sin poder comprender el por qué.   

 

 

 

- Corrimos por las calles hacia una antigua taberna de la ciudad para estar juntos sin saber que sería la última vez.  Teníamos planeado descansar esa noche y huir al amanecer.

 

- Ahora recuerdo – murmuró la enfermera – Michael, Karl y yo fuimos con el doctor Meyer a cenar a la Taberna Fraunces el día que lo conocí. Nos dijo que era un lugar muy especial para él ya que ahí se había despedido de la mujer de su vida. También nos dijo que jamás se casó porque nunca pudo olvidarla.

 

- Ralph no se casó… – murmuró Elizabeth sintiendo un nudo en la garganta mientras un par de lágrimas rodaban por sus mejillas.

 

- Lo demás ya lo sabemos – dijo Albert al ver que su hermana no podía continuar hablando – los encontraron en la taberna y aunque lograron escapar para separarse para siempre.

 

- Así fue – recordó la mujer – yo tenía mucho miedo de que lo golpearan como ya lo habían hecho esos tipos y de que terminaran matándolo. Le supliqué a Ralph que se fuera, que no me buscara. No quería un infierno mayor además del de mi hija perdida. Al otro día zarpó el barco a Inglaterra y un mes después me casé con Arthur Rothschild pero para entonces yo ya sabía que estaba embarazada de Ralph Meyer.

 

- ¿Entonces tú eres hijo de Ralph? – Albert preguntó con asombro señalando al muchacho.

 

- Sí tío – respondió el joven – el doctor es mi verdadero padre. Por eso quería conocerlo y hablar con él pero ahora tendremos que esperar.

 

- Creo que ya no tendrás que esperar – dijo una voz masculina a sus espaldas.

 

 

 

Todos se quedaron mudos de asombro cuando al girar vieron a Terry y al doctor Alexander Meyer detrás de ellos.

 

 

 

- ¡Ralph! – exclamó Elizabeth quien al verlo frente a frente se sintió desvanecer.

 

- ¿Pero qué pasó Terry? – preguntó Candy corriendo hacia el joven inglés.

 

- Después te contaré – sonrió el actor – por ahora creo que el Dr. Meyer y la Sra. Rothschild tienen una charla pendiente desde hace mucho tiempo.

 

 

 

El doctor se acercó nervioso tomándole las manos temblorosas a Elizabeth – hola Lizzy – susurró con la voz entrecortada – hace 18 años dejamos una charla inconclusa. ¿Te puedo invitar a tomar un helado? Como en los viejos tiempos. ¿Recuerdas?

 

 

 

- ¡Ralph…! – exclamó la mujer en un grito ahogado mientras  lágrimas cargadas de recuerdos le empapaban el rostro. Sin poder contener por más tiempo todo el sentimiento que la embargaba se lanzó a los brazos del hombre en un acto desesperado. Su cuerpo se comenzó a agitar por la sacudida que el llanto le provocaba mientras que él la estrechaba con fuerza entre sus brazos y susurraba con exquisita ternura –  mi dulce Lizzy, por fin estamos juntos…

 

           

 

Candy y Arthur se miraron emocionados, ambos estaban llorando de felicidad. Albert mostraba una amplia sonrisa, sin embargo Terry permanecía sereno tratando de descifrar algo que no alcanzaba a comprender, como si hubiera una pieza del rompecabezas que no estuviera todavía en su lugar. Instintivamente abrazó a su prometida y agradeció a Dios el tenerla a su lado. Cuando Elizabeth se tranquilizó le indicó a su hijo que se acercara.

 

 

 

-  Ralph – dijo tomando la mano del doctor  – él es nuestro hijo Arthur.

 

- Ya nos conocíamos – el hombre dijo conmovido.

 

- Sí, lo recuerdo – balbuceó el joven turbado por lo que estaba ocurriendo  – fue en la estación.

 

- Dame un abrazo –  susurró el doctor sin poder contener las lágrimas – llevo esperándote una eternidad.

 

 

 

Padre e hijo sintieron por primera vez en sus vidas la dicha de estar juntos y el poder expresar su amor filial. Elizabeth y Albert no pudieron ocultar sus miradas de satisfacción al darse cuenta que por fin habían recuperado a la familia.

 

 

 

- Doctor  – dijo Arthur – ¿puedo llamarle papá?

 

- Por supuesto hijo mio – sonrió el caballero – me sentiré feliz de escucharte que me digas así.

 

- Dr. Meyer – dijo Albert acercándose para estrecharle la mano – yo soy William Albert Andley, hermano menor de Elizabeth y creo que ya conoce a Candy, ella es mi hija adoptiva.

 

- Encantado de conocerlo Sr. Andley – respondió el doctor. Después se dirigió a la enfermera – Candy, me siento muy feliz de saber que eres parte de la familia de Elizabeth.

 

- Gracias doctor – sonrió la joven – creo que esto les pertenece – sacó de uno de sus bolsillos el guardapelo que había encontrado hacía meses en la cabaña para depositarlo en las manos de Ralph.

 

- ¡Tú guardapelo!  – exclamó el caballero viendo a Elizabeth  – ¿pero cómo…?

 

- Candy y Terry fueron de día de campo al bosque en el verano y encontraron el guardapelo en una cabaña  – explicó Albert.

 

- ¡Está como nuevo! – exclamó Lizzy  al tomarlo.

 

- Me permití mandarlo arreglar – indicó Terry – espero que no les moleste mi atrevimiento.

 

- Al contrario – dijo Ralph – gracias por haberlo hecho.

 

- Por cierto ¿es de usted la cabaña? – preguntó el actor – cuando la encontramos nos dimos cuenta que llevaba muchos años abandonada pero que se mantenía en buen estado.

 

- La cabaña iba a ser el regalo de bodas de mis difuntos padres – el doctor recordó con nostalgia – pero después de lo que pasó ya no pude regresar.

 

- Supongo que las cosas cambiarán ahora – sonrió el inglés.

 

- Es posible  – dijo el doctor viendo a Elizabeth con una amplia sonrisa.

 

- Quiero que sepa que apoyaré incondicionalmente a mi hermana sea cual sea la decisión que tome en el futuro – dijo Albert – y que haré todo lo posible para encontrar a la hija que les fue arrebatada.

 

- Muchas gracias Sr. Andley.

 

- Este rencuentro hay que festejarlo. ¿Les parece bien si vamos a celebrar con Amy, Archie y Annie? – preguntó Albert con entusiasmo – yo invito.

 

- Gracias – dijo Terry – les ruego me disculpen en esta ocasión pero quiero estar con Eleanor, además tengo que ir al teatro.

 

- Espero que muy pronto se recupere – dijo el rubio – en cuanto salga del peligro pasaré a verla.

 

- Dile a tu madre que le deseo una pronta recuperación y que los felicito a ambos por tan grandiosa actuación  – dijo la Sra. Rothschild.

 

- Gracias señora.

 

- Caballero  – Ralph se dirigió al actor estrechándole la mano– muchas gracias por todo.

 

- Fue un placer – sonrió el inglés.

 

- Más tarde vendré a ver cómo sigue tu madre.

 

- Gracias.

 

 

 

Todos se despidieron y salieron de la cafetería del hospital menos Candy y Terry quienes permanecieron de pie hasta que los perdieron de vista.

 

 

 

- ¿Qué pasó mi amor? – preguntó la rubia cuando se quedaron solos – ¿por qué regresó el Dr. Meyer?

 

- No lo sé – el inglés la abrazó por la cintura – solo te puedo decir que estuvimos charlando en la estación un buen rato. No sé por qué pero le comencé a hablar de ti, de cómo nos conocimos, del por qué nos separamos y de todo lo que sufrí por no poder estar a tu lado. También le dije cuánto te amo y de  lo que sería capaz para hacerte feliz.

 

- Terry…

 

- Creo que algo de lo que hablamos lo hizo reflexionar – continuó – ya que me quedé en la estación un rato hasta que escuché el silbato del tren y cuando estaba por arrancar lo vi salir corriendo por una puerta lateral decidido a buscar a la mujer que amaba. En el trayecto de vuelta me pidió regresar al hospital para darte la buena noticia de que se quedaría unos días más.  Fue cuando los vimos y al notar el cambio en su expresión entendí lo que estaba pasando.

 

- Me siento tan feliz por ellos – suspiró la joven – por fin podrán estar juntos.

 

- Primero tendrán que hablar – Terry dijo pensativo – ha pasado mucho tiempo desde que estuvieron juntos y ambos tienen sus vidas hechas.

 

- Es verdad, pero siento en mi corazón que terminarán juntos – dijo Candy – tú leíste las cartas y se notaba que se amaban demasiado. Un amor así no se olvida fácilmente.

 

- Es verdad.

 

- ¿Tú crees que algún día encontrarán a su hija?

 

- Tengo el presentimiento de que muy pronto toda la familia estará reunida – dijo Terry mirándola fijamente.

 

- Espero estar presente cuando eso suceda.

 

- Te aseguro que así será.  

 

 

 

Esa noche en la taberna Fraunces, Ralph y Elizabeth cenaban en una mesa apartada.  Cuando terminaron el doctor le tomó las manos con delicadeza.

 

 

 

- Lizzy – susurró amorosamente – todavía no puedo creer que estemos aquí.

 

- Ni yo tampoco – dijo la mujer apenas tocándole el rostro – todo parece un sueño.

 

- Dime ¿qué fue de tu vida en todos estos años?

 

- Ralph, no quisiera recordarlo, prefiero hablar del futuro.  Tal vez más adelante pueda contarte todo lo que viví desde que nos separamos.

 

- ¿Tanto así sufriste?

 

- Fue horrible al principio – recordó con dolor – tanto que hubiera querido morirme en ese barco a Inglaterra pero sentí en mi interior una esperanza, un hijo tuyo en mi ser y eso me dio fuerzas para seguir adelante.

 

- Lizzy… – el doctor sintió un nudo en la garganta – nunca terminaré de pedirte perdón por todo lo que no hice. Fui un cobarde.

 

- No Ralph – lo confortó acariciándole una mejilla – no digas eso.  Yo te supliqué que no me buscaras.  Esos hombres ya te habían pegado y casi te matan. Si algo te hubiera pasado no lo hubiera resistido.  Saberte vivo y a salvo era lo único que importaba para mi y estuve dispuesta a soportar lo que fuera para lograrlo.

 

- Lizzy – le besó la mano – ¿entonces no me odias?

 

- No Ralph y me siento feliz porque nuestro sacrificio valió la pena.

 

- Dime, ¿te trató bien tu esposo?

 

- No hubo amor entre nosotros, solo respeto, derechos y obligaciones pero fue más comprensivo de lo que fue mi familia – recordó – él sabía que yo había estado embarazada y aun así nunca me juzgó. No sé si alguna vez sospechó que Arthur no era su hijo. Tampoco me lo cuestionó y yo por agradecimiento le puse su nombre para no provocar dudas entre sus allegados.

 

- Pero tienes otro hijo.

 

- Y se llama Ralph – sonrió la mujer.

 

- Como  yo.

 

- Sí.

 

- ¿Por qué le pusiste mi nombre?

 

- Para no olvidarte.

 

- Lizzy – dijo tomando aire reflexionando un momento –  ¿qué esperas  del futuro?

 

- Espero dejar de sufrir, espero encontrar a mi hija y ser feliz – suspiró.

 

- ¿Qué sientes por mí?

 

- No lo sé – desvió la mirada – fuiste un hermoso recuerdo durante muchos años. Me aferré a él para no morir de tristeza pero ahora parece como si todavía estuviera soñando, y tengo miedo de que al abrir los ojos te desvanezcas frente a mí.  Necesito que dejes de ser un recuerdo para descubrir mis verdaderos sentimientos. ¿Y tú?

 

- Ahora que te veo – susurró reflejándose en su mirada – me viene a la mente la primera vez que te vi en aquel salón de baile.   

 

- Han pasado 25 años desde esa noche – sintió humedecer sus ojos – éramos muy jóvenes y teníamos muchas ilusiones.

 

- Y aún recuerdo la pieza que me concediste para bailar.

 

- Fue una melodía muy bella.

 

- Sí, y te pusiste nerviosa cuando sentiste mi mano en tu cintura.

 

- Eras el más apuesto del salón – sonrió la mujer.

 

- También recuerdo cada uno de los días que estuvimos en la cabaña – susurró el doctor.

 

- Ralph…  –  la mujer se sonrojo sin poder evitarlo.

 

 

 

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- Lizzy  – le apretó las manos con ansiedad – ¿pudiste olvidar todo lo que vivimos juntos durante esos días y esas noches?

 

- No – respondió sintiendo una lágrima correr por su mejilla.

 

- Recuerdo como si fuera ayer esa tarde cuando nos bañamos en el río y te hice una corona de hiedra, flores  y lavanda.

 

- Cómo olvidarlo – lo miró a los ojos – me dijiste que parecía una novia celta envuelta en velos de hada y gotas de miel.

 

- Después nos subimos a un árbol, tomé tu mano y te puse un anillo de florecillas entrelazadas – dijo rozándole los dedos con suavidad.

 

- Ahí nos juramos amor hasta la muerte siendo nuestros testigos el bosque, el cielo y la montaña  – susurró perdiéndose en su mirada.

 

- Bajamos y te llevé en brazos hasta la cabaña y ahí me hiciste el hombre más dichoso sobre la tierra – le besó la mano.

 

- Ralph, fueron los días más felices de mi vida.

 

- ¿Recuerdas qué fue lo único que luciste para mi esa noche?

 

- El guardapelo – se sonrojó.

 

- Mi dulce Lizzy… – se acercó despacio para abrazarla y besarle una mejilla – siempre estuviste conmigo.

 

- Ralph – dijo recargando la cabeza en su hombro – ¿qué va a pasar ahora?

 

- Pasará lo que nosotros queramos que pase.

 

- ¿Entonces?

 

- Dejemos que el tiempo nos dé la respuesta.

 

- Pero…

 

- Por lo pronto – dijo tomándole el rostro con ambas manos – mañana te invito a almorzar.

 

- ¿Es una cita? – sonrió la mujer.

 

- Sí – sonrió el doctor – ¿Aceptas?

 

- Claro que sí.

 

 

 

Ralph le besó la frente y después se abrazaron de nuevo. Estuvieron juntos hasta cerca de medianoche, soñando con el futuro y con el nuevo porvenir que se mostraba frente a sus ojos.

 

 

 

Los días siguientes fueron complicados y difíciles en el hospital.  Cada día llegaban más enfermos de influenza provenientes de todos los estratos y clases sociales. Empezaban a hacer falta las camas y los cuartos donde mantenerlos aislados del resto de los pacientes. Los turnos de doctores y enfermeras se hacían más largos para poder atenderlos a todos.  Varias personas habían empezado el tratamiento homeopático y aunque algunos pacientes mostraban mejoría en pocos días, en algunos casos los resultados no habían sido los esperados.  Sin embargo, las muertes eran mucho mayores en los pacientes que no estaban siguiendo ese tratamiento.

 

 

 

            Eleanor Baker había pasado cuatro días en condiciones muy graves. Sufría de tos con sangre, dificultad para respirar, fiebre muy alta y malestar en todo el cuerpo.  El doctor Meyer y Candy revisaban su estado continuamente esperando a que su cuerpo reaccionara al medicamento.  Finalmente,  al amanecer del quinto día, la fiebre y los dolores cedieron y su piel adquirió un tono rosado.  Si no presentaba una recaída regresaría a casa en 48 horas, justo el día en que Terry saldría de gira con la compañía de teatro.

 

 

 

            Esa noche, después de haber compartido la buena noticia con su madre, el actor salió con Candy hacia el departamento.  La enfermera se encontraba agotada después de varios días durmiendo en el hospital pero se sentía dichosa porque Eleanor ya estaba fuera de peligro.

 

 

 

- Te ves cansada – dijo el inglés cuando entraron – creo que es mejor que te deje para que puedas descansar. Vendré mañana temprano para desayunar juntos.

 

- Terry, espera  – dijo cerrando la puerta – mañana tengo un día libre así que no tienes por qué irte tan pronto.  Además quiero estar contigo, casi no hemos estado juntos en estos días.

- Tienes razón amor – susurró abrazándola – no hemos tenido tiempo para nosotros y también te extraño.

- Espérame aquí – dijo alejándose de él con una sonrisa – me cambio y vuelvo enseguida.

 

Terry asintió con la cabeza, después caminó hasta el gramófono y puso un disco. La hermosa voz de Enrico Caruso se escuchó en el departamento.  Minutos después llegó Candy con el cabello suelto, luciendo un vestido de muselina en color rosa. Terry sonrió. Adoraba verla así, con ese aire inocente, sencilla y natural pero cálida y femenina.  Se quitó el saco y el corbatín dejándolos en el sillón, desabotonó la parte superior de su camisa, se acercó a la chica y la abrazó para iniciar el  baile en medio de la sala. Sus cuerpos comenzaron a moverse en un ligero vaivén mientras sus manos se acariciaban sin descanso.  Lentamente el inglés la fue guiando hasta el sillón y ahí la tomó por la nuca para besarla hasta hacerla olvidarse de todo.  Sin hablar, unidos por los labios, Terry la sentó sobre sus piernas para poder tocarla a sus anchas. La ligera tela del vestido se deslizó con facilidad descubriendo los hombros y las piernas de la chica  haciendo que el actor la mirara anhelante. Le recorrió el cuello con la boca embriagándose con su aroma mientras la tocaba ansioso, primero los hombros para después deslizar atrevidamente la mano hacia los senos llenándolos de caricias y toques sensuales que estremecieron a la chica.

 

            Los dedos del actor continuaron su andar silencioso hasta llegar al vientre de la joven rubia cubriéndolo por completo, rosando sutilmente la parte más baja provocándole un estremecimiento. Ella abrió los ojos ante la inesperada caricia mientras él seguía sumergido entre sus rizos saboreándole el cuello.  Entonces la enfermera notó que el saco y el corbatín habían caído al piso y junto a las prendas se encontraba un telegrama cerrado. Al verlo sintió una opresión en el pecho.  ¿Acaso sería lo que estaba presintiendo? ¿Por qué Terry no lo había abierto? Dudo unos segundos en tomar una decisión hasta que finalmente tomó el rostro de Terry con ambas manos, susurrando amorosamente su nombre.

- Terry – le besó los labios con ternura.

- ¿Qué pasa pequeña pecosa?

- Es que hay un telegrama arriba de tu saco y creo que tienes que abrirlo.

Al escucharla, el rostro del actor palideció saliendo de su ensoñación, dejó de abrazarla agachando la cabeza.

- Llegó hoy desde Inglaterra – dijo con la voz apagada.

- Terry ábrelo.

- No puedo.

La joven se puso de pie para recoger el sobre y depositarlo en una de las manos del actor.  Aunque no ignoraba el dolor que le ocasionaría recibir una mala noticia,  tenía la esperanza de que se trataría de otra cosa.

- Toma.

- ¡No puedo! – gritó poniéndose de pie.

- ¡Terry, sea lo que sea tienes que enfrentarlo! – exclamó la enfermera mientras lo abrazaba – mi amor, estaré a tu lado, no te dejaré solo.

- Candy – susurró el inglés mientras le tomaba el rostro con ambas manos para besarla con delicadeza. Cuando se separaron respiró hondamente tratando de calmarse, y con dedos temblorosos abrió el sobre para leer el telegrama.

 

Londres, 15 de octubre, 1918.

Richard falleció el domingo. Salgo para América el día 18. RGG

 

Por unos segundos al inglés se le cortó la respiración. Incrédulo, impotente, sintiendo un profundo dolor en su alma, dejó caer el papel de entre sus manos al tiempo que las lágrimas le corrían por el rostro. Candy sintió una gran pena al ver como el gesto del actor se demacraba y palidecía en segundos mientras permanecía inmóvil. El sufrimiento  y la desesperanza podían leerse en su mirada. Entonces la chica supo que algo terrible había sucedido en Londres.  Dio un paso al frente con la intención de tocarlo pero se detuvo.

 

- Terry, ¿qué paso? – preguntó cuando por fin se decidió a hablar.

 – Mi hermano…  murió  –  respondió con voz apagada.

- Lo siento – susurró la joven con un nudo en la garganta sin poder contener las lágrimas – lo siento mucho mi amor. ¿Le darás la noticia a tu madre?

- Todavía no, no quiero que nadie lo sepa.

- ¿Le escribirás al duque?

- ¡Mi padre! – lanzó un fuerte sollozo sin poder contenerse por más tiempo –  ¡Su hijo murió de manera espantosa!   

- ¡Terry no te tortures así!  – exclamó abrazándolo para confortarlo – ¡ya no puedes hacer nada!

- Pero me duele y siento que me ahogo – sollozó entre sus rizos con la voz entrecortada.

 – Tienes que calmarte  –  susurró con toda la ternura de su ser.

 

Ambos permanecieron abrazados por largo rato. Ella lo acariciaba, le limpiaba las lágrimas  y trataba de tranquilizarlo al escucharlo llorar.  Los minutos pasaron y parecía que el sufrimiento lo seguiría consumiendo sin fin. Desesperada por no saber cómo aliviarle su pena, Candy comenzó a besarlo y a probar las lágrimas que bañaban esos labios que tanto amaba pero que ahora sabían a dolor.  Terry continuaba llorando pero respondió a esos besos en forma desesperada como si de esa manera pudiera calmar el sufrimiento que lo aturdía.  Poco a poco, cansado por el llanto, se quedó en silencio estrechamente unido a ella.

 

- Pecosa, tengo que irme – levantó la cabeza con el rostro empapado.

- No – dijo la chica viéndolo a los ojos – no puedes estar solo esta noche.  Te prometí que estaríamos juntos, quédate aquí.

- Pero Candy…

- Shhh… – le dio un beso apenas rosando sus labios – vamos a descansar – le acarició el rostro, lo tomó de la mano juntos y juntos caminaron hacia la recámara – ¿quieres que vaya por tu pijama al departamento?

- No la necesito – respondió el actor.

Candy se sintió nerviosa al escuchar la respuesta pero continuó caminando hasta  prender la luz de su habitación. Después tomó el camisón y entró al baño a cambiarse. Terry comenzó a quitarse la ropa mecánicamente. Tenía la mirada en el limbo pero de sus ojos salían lágrimas silenciosas que recorrían como riachuelo las líneas de su rostro.  Vistiendo tan solo su bóxer,  apagó la luz y caminó hasta la ventana donde se quedó absorto viendo hacia el vacío.  Cuando la enfermera salió del baño distinguió la varonil silueta de su prometido, casi desnudo, iluminado por la luz de los faroles. Se estremeció al darse cuenta que ella vestía un delgado camisón y estaba a solas en la recámara con un hombre muy apuesto al cual amaba demasiado, pero tampoco olvidaba que ese hombre estaba sufriendo y que más que nunca necesitaba de su apoyo y comprensión. Caminó despacio hasta quedar detrás de él  abrazándolo con amor.  Terry se estremeció al sentir sus formas apenas cubiertas sobre su espalda desnuda.

- Te va a dar frío – susurró la enfermera besándole la espalda sin poder evitarlo.  Terry no respondió. Permaneció sin hablar sintiendo el cuerpo de la chica prodigándole calor, y  caricias con sus pequeñas manos en su pecho descubierto.

- Pasado mañana saldremos de gira a Filadelfia, Baltimore y Washington – dijo Terry en un murmullo – y tal vez no esté aquí para cuando llegue mi padre.

- ¿El duque viene para América? 

- Sí, mañana tomará el barco.

- Terry ¿qué vas a hacer?

- Por primera vez en mi vida quisiera no tener que actuar – dijo dando la vuelta mirándola con los ojos humedecidos – quisiera  cuidar a mi madre en casa, tenerte a mi lado día y noche y consolar a mi padre a su llegada, pero Eleanor me ha pedido que ayude a Robert, a ti te hice una promesa y tengo una obligación qué cumplir.

- Visitaré a tu madre todos los días y le daré la bienvenida a tu padre cuando llegue. Todo va a estar bien mi amor.

- ¿Y qué harás cuando leas en mis telegrama que te necesito demasiado? ¿Qué va a pasar si te enfermas mientras no estoy?

- Terry…  – lo miró con lágrimas en los ojos – no lo hagas más difícil.

- Es que no puedo dejar de pensar – la abrazó – la vida es tan fugaz como un suspiro y con lo que ha pasado tengo miedo de que me arrebaten la felicidad que tanto he soñado a tu lado.

- Eso sería muy triste y cruel – susurró con la cabeza recargada en el pecho desnudo del actor – si algo te llegara a pasar yo no podría soportarlo.

- Pero puede ocurrir  – dijo pensativo – ni tú ni yo ni nadie está libre de enfermarse Candy. Mi hermano… está muerto – balbuceó con la voz entrecortada – y yo no sé qué haría si tú…

- Mi amor – lo abrazó más fuerte – mejor no seamos pesimistas.  Me cuidaré y tú también te cuidarás.  Vamos a estar bien y a tu regreso podrás consolar a tu padre y estar con tu madre.

 

- Candy – dijo levantándole el rostro – no sé por qué mi padre adelantó su viaje a América pero eso me ayudó a tomar una decisión. A mi regreso quiero casarme contigo, no quiero esperar más. Mi padre está de luto y mi madre ya estará restablecida para entonces, así que tal vez sea mejor una ceremonia sencilla con ellos, tu familia más cercana, tú  y yo.  ¿Aceptas?

 

- Sí Terry – dijo pensativa – pero tendré que hablar con Albert.  Seguramente nos apoyará a pesar de las habladurías de la gente y del disgusto que le haremos pasar a la tía abuela.

- ¿No estás molesta?

- No mi amor – le acarició la mejilla – entiendo que no tienes ánimos para una gran fiesta.

- Gracias.

- Ahora vamos a descansar – lo tomó de las manos – ambos lo necesitamos.

Juntos se metieron debajo de la cobija. Entre las sábanas se buscaron para abrazarse apaciblemente. Las lágrimas continuaron su silencioso recorrido por el rostro del actor quien las enjugaba en los rizos dorados de su amada. Esa noche sin palabras, las caricias fueron lentas y sensuales, y los besos largos y profundos como tratando de detener el tiempo para hacerlo infinito.  Poco a poco se acurrucaron uno junto al otro para dormir tratando de olvidar el siniestro futuro que los acechaba sin contemplaciones.

 

Al otro lado del Atlántico, un amanecer envuelto en nubarrones se dibujaba en el cielo. Richard Grandchester se encontraba pensativo en su oficina.  Vestía un traje y una corbata negros los cuales ensombrecían aun más las profundas ojeras de su envejecido rostro, reflejo inequívoco del gran dolor que albergaba en su ser. Mientras daba un sorbo a su taza de té, escuchó que alguien llamaba a la puerta. 

- Pase.

- Milord – entró el mayordomo – aquí está Sir Henry – anunció.

 

- Hágalo pasar Sr. Wells.

 

Un caballero vestido de negro con un portafolio del mismo color entró a la oficina.

 

- Buenos días Milord – saludó el caballero.

 

- Buenos días Sir Henry, siéntese por favor – el duque señaló una silla enfrente del escritorio.

 

- ¿En qué puedo servirle?

 

- Sir Henry – dijo sin rodeos – quiero que inicie los trámites de divorcio.

 

- ¿Es definitivo milord?

 

- Sí.

 

- Permítame recordarle las dos cláusulas del testamento de su difunto padre referentes a su matrimonio – explicó el abogado – para ser el heredero de toda la fortuna de la familia Grandchester tenía que casarse con la mujer elegida por su padre y procrear hijos con esa mujer. En caso de un divorcio antes de los 25 años de casados la mitad de la fortuna pasaría a manos de ella y la otra mitad sería donada a la beneficencia dejándolo a usted en total desamparo.

 

- He cumplido a cabalidad con lo estipulado en el testamento – dijo el duque.

 

- Sin embargo todavía no cumple 25 años de casado con la duquesa y podría perderlo todo si se divorcia – señaló el abogado.

 

- Sir Henry ¿hay alguna cláusula en el testamento de mi padre sobre mi derecho de heredar toda la fortuna en vida?

 

- Sí Milord – indicó – solo podrá heredar todo a un descendiente en línea directa o a su esposa.

 

- Entonces quiero que todo pase a manos de mi hijo Terruce lo más pronto posible, no quiero que nada quede a mi nombre. Después iniciará el trámite de divorcio.

 

- Milord, si me permite un comentario.

 

- Adelante Sir Henry.

 

- ¿No cree que es muy arriesgado lo que me pide? Podría terminar viviendo en la calle.

 

- Confío plenamente en mi hijo.

 

- Entonces se hará todo como usted lo ha ordenado.

 

- Gracias Sir Henry.

 

- Milord, ¿su difunto padre supo del nacimiento del joven Terruce?

 

- No – respondió el duque poniéndose de pie caminando hacia la ventana – él murió sin saber la verdad, solo le llegaron rumores de Eleanor, por eso agregó esas cláusulas al testamento.

 

- Me retiro Milord – dijo el abogado poniéndose de pie – en cuanto tenga listos los papeles se los traeré para que los firme.

 

- Sir Henry – giró el duque para verlo – en unas horas salgo para América y no regresaré en varias semanas.

 

- ¿Quiere que espere a su regreso?

 

- No,  quiero que todo esto acabe lo más pronto posible así que lo espero en Nueva York cuando tenga los papeles listos. Le mandaré un telegrama con la dirección del lugar donde me hospedaré. Ahí recibiré la correspondencia.

 

- Muy bien milord.

 

- Está por demás pedirle discreción absoluta.

 

- Por supuesto.  Que tenga buen viaje.

 

- Gracias Sir Henry.

 

 

 

            El abogado salió de la oficina. El duque giró su rostro para contemplar los jardines tras la ventana con la esperanza de ver jugar a su hijo Richard y que todo lo vivido hubiera sido una horrible pesadilla.  Entonces sintió una opresión en la garganta y un angustiante dolor en el pecho al afrontar la cruda realidad. Sin poder evitarlo lloró inconsolable solo acompañado por su soledad.

 

 LEER EL SIGUIENTE CAPÍTULO…

Comentarios

comentarios

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37 Comments »

  • manzana9 dice:

    Tina,
    los requisitos para publicar un fic en este website son los siguientes:

    – tener buena redacción,
    – tener buena ortografía,
    – si el fic tiene escenas románticas o eróticas, que éstas no sean de mal gusto ni grotescas ni explícitas, además de dejar una leyenda de advertencia,
    – y sobre todo, comprometerte a terminar el fic.

    Hay 4 editoras en este website a quienes le puedes mandar los capítulos que vayas escribiendo. Nosotras no somos correctoras, simplemente revisamos los puntos anteriormente mencionados. Si acaso hay algo que se deba corregir te lo informaremos para que tú hagas la corrección correspondiente.
    .
    Si tienes alguna duda con gusto la responderé. Saludos

  • manzana9 dice:

    Queridas lectoras,

    ando en un camión rumbo a Querétaro para pasar la Navidad con mi familia después de un viaje en avión de más de 2 horas. Debido a que no tendré mucho acceso al internet me será prácticamente imposible publicar en 15 días además de que no tendré tiempo más que para convivir con mis padres y hermanos a quienes solo veo en estas fechas.

    Les quiero agradecer de corazón por estar aquí siguiendo este fic durante todo este tiempo. Mil gracias por sus amables comentarios.

    Aprovecho para desearles una maravillosa Navidad y un 2013 lleno de éxitos y de bendiciones. Un abrazo a todas donde quiera que se encuentren.

  • vady dice:

    Gracias manzanita igual k disfrutes a tu familia,y k dios los vendiga besos y abrasos y estubo bueno el cap gracias x lo gran escritora k eres ,estubo buenk el cap ;)

  • María Inés dice:

    Manzanita como siempre muy hermosa tu historia, gracias porq es como un regalo de Navidad, q tengas una hermosa Navidad q disfrutes mucho a tu familia y también de Querétaro que es tan hermoso, y q el año q esta por venir sea de grandes triunfos y bendiciones para ti y tu familia. FELIZ NAVIDAD

  • nina12 dice:

    Antes que nada felices fiestas a todas y manzanita me hiciste llorar, transmites el sentimiento y feliz navidad y un excelente inicio de año para ti.

  • marcela dice:

    Que pases una hermosa navidad Manzanita bella que DIOS TE BENDIGA a ti y a toda tu familia y gracias muchas gracias, para mi leer tu historia es un verdadero placer estoy muy pendiente cada vez que actulizas me encanta toda la trama no hay malos ni buenos simplemente personas y circunstancias como la vida misma tiene todo los elementos que hacen que tu fic me atrape y que no quiera dejar de leer.

    FELIZ NAVIDAD!

  • Maria Isabel dice:

    Manzanita9, de parte mía y de mi familia te deseo una muy Feliz Navidad en compañia de todos los tuyos y un excelente Feliz Año 2013,
    Gracias por tu dedicación todo este año con este bello fic.
    Saludos!!!

  • tina dice:

    Estuvo bueno el capitulo.

    P.D : gracias por responder.

    Feliz navidad :D

  • Cata dice:

    estuvo increbile el capitulo realmente maravilloso ! muchas gracias y que pases una feliz navidad llena de amor con tus seres queridos ojala disfrutes mucho y gracias por tu tiempo para nosotras
    muchas bendiciones!
    saludos
    cata!

  • Rossy dice:

    Querida Manzanita:

    Espero que estas fiestas las pases muy feliz con tu familia!!! Te deseo de corazón que El Niño Dios les brindé amor, paz y prosperidad a todos!!!
    Amigas feliz Navidad y un excelente y próspero año nuevo !!!
    Que los deseos e ilusiones se consoliden de una manera maravillosa este nuevo año !!!

    Manzanita estaré en espera del siguiente capítulo y de toda la continuación
    Como siempre gracias por brindarnos tu imaginación en esta fabulosa historia!!!!

    Saludos a todas!!!!

  • Angelina dice:

    manzaaaniitaa solo preguunto no espero la respuesta ahora pero dijiste que el cuarto requisito es comprometerse a terminar el fic, ¿sabes algo de sakura? la escritora de “Aun en el tiempo y la distancia hablaremos de encontrarnos” porque desde febrero que no actualiza y recien en octubre dio una señal de vida pero no a actualizado ¿sabes que es de ella? se encuentra bien?
    saludos a todas por cierto muchas gracias por la historia! y feliz navidad!
    Angie

  • maripili dice:

    querida manzanita

    tu historia cada vez se pone mas interesante, espero que nuestros protagonista queden juntos.

    Y sobre en estas fechas disfrutala en compañia de tu familia que tenga una hermosa Navidad y el proximo año 2013 sea de mucha dicha para ti y tu familia te envio un abrazo muy fuerte desde Gto.

  • magma dice:

    feliz navidad manzanita!

    gracias por actualizar

    saludos!

  • Anonymous dice:

    Tu no te preocupes manzanita q lo bueno merese ser esperado tu nesecitas estar con tu familia para que regreses renovada e inspirada. Feliz navidad y prospero año nuevo oye una duda, tienes facebook?? Estaria muy bien poder agregarte bueno en fin te deseo lo mejor ha y gracias x este capitulo lleno de tantos matizes algunos muy felicez algunos amargos pero todos muy emocionantes, una vez mas gracias y feliz año nuevo

  • PATTY GB dice:

    MANZANITA, EXCELENTE CAPITULO. FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO.

  • Miriam dice:

    Dios magnifica historia como e llorado estos ultimos capitulos.gracias por regalarnos esta linda historia y hacerme soñar.feliz año nuevo.espero con ansias el siguiente capitulo.

  • ccc dice:

    manzanita,feliz año 2013,al parecer terry se dio cuenta que Elizabeth y Ralph son los padre de terry,me encanto este capitulo aunque dolio la muerte del pequeño,la duquesa debio contagiarse la gripe y no el niño,me alegro que nuestra querida eleonor este sanando poco a poco me preocupa el plan de la tia abuela en contra de albert y que este se entere del plan de la tia ,ya quiero ver ese cara a cara entre ambos ojala que albert expulse de la familia a esta anciana por todo el daño causado y sin gran motivo a la familia.encuanto al duque me imagino que tendra planes de reconquistar a eleonor espero que ella no corra a sus brazos tan rapidojajaj.. que le cueste al dudue enamorarla que eleonor tenga orgullo de mujer,en cuanto a terry y candy estos ya estan listos para consumar su amor ya quiero leer ese capitulo creo que sera muyyy romantico.
    cuidate y que lo pases bien junto a tu familia .

  • lenyta dice:

    hola manzanita, me encanta tu fic, hace algunos dias inicie a leerla y no pude terminar hasta q llegue a estecapitulo, pero me tengo unas ansias de leer los proximos, espero q pronto, pero muy pronto nos deleites con tu inspiracion, x fa q sea rapido, gracias =p

  • aliuanshka dice:

    Feliz ano 2013 manzanita que Dios te brinde salud paz amor y muchas mas cosas buenas para ti y toda tu familia, que este ano te siga llenando de inspiracion para continuar leyendo estas historias tan romanticas y hermosas que escribes.

  • penny dice:

    Hola manzana, feliz ano nuevo espero que Dios te de muchas bemdisiones. este capitulo te quedo maravilloso como todos los anteriore. me da gusto que el doctor Meyer y Elizabeth se hayan reencontrado y que Eleanor has mejorado. que triste la muerte del pequeno Richart los que deben de enfermarse son la tia Erold y la madrastra de Terry

  • Arita dice:

    manzanita:
    Me encanta tu historia es muy hermosa, no he podido dejar de leerla y seguirla cada vez que actualizas… Ojalá pronto puedas subir un nuevo capitulo… Mil gracias por esta historia

  • Amy dice:

    ayyyy que bonito!!
    pobre Terry, pobre Duque!!
    espero que los padres de Terry se reencuentren al fin que se divorciara de la otra, solo espero que no le quite la herencia que le toca a Terry!!
    Manzanita eres genial ya publica el prox capitulo x fis, muero de curiosidad … =)

  • lanena d(-.-)b dice:

    Pobre Terry,sniff no es justo que haya perdido a su hermano,y para colmo tener que irse de gira y sin poder estar al lado del Duque, :( muy lindo el rencuentro de Ralph y Lizzy muy emotivo, que bueno que Eleonor ya se este recuperando y que Terry tiene a Candy a su lado para soportar tantas desgracias,no tardes tanto para el próximo cap,besos

  • zuzet dice:

    hola a todas de corazon les deseo q este 2013 sea mejor q el pasado q se cumplan todos sus deseos y manzanita q capitulo m gusta mucho espero pronto leer el siguient capitulo saludos desde puebla.

  • meryta dice:

    cuando vas a subir los otros capitulos te estas demorando …!!!! estan buenisimos el fic pero y la continuacion …???????????

  • anayeli dice:

    manzanita cuando vas a publicar el cap 48 estoy ansiosa por lerrlo

  • luciana dice:

    genial… muero de ganas de saber el desenlace de todas maneras buen trabajo es una estupenda historia! :)

  • Yeyei dice:

    Manzanita:

    Please cuando vas a actualizar ha pasado casi un mes
    jaja que dramática soy!!! Lo siento es que muero de curiosidad
    por saber que es lo que pasará, por favor no tardes en subir
    el capitulo 48, yo se que tienes una vida que atender pero
    ha pasado un mes desde la última vez que actualizaste.

    Saludos y espero que todo este bien.

  • ADRIANA dice:

    me gusta mucho tu historia pero falta que la actualises

  • Jessy dice:

    Oh cuanto buscar la continuación de esta historia espero con ansias el próximo capitulo, ojala podamos ver aquí un verdadero final y no quedarnos con nuestras suposiciones como paso con la serie de televicion

  • Jessy dice:

    Hola amigos no logro empezar a leer desde la parte uno, empiezo desde la nluevo y es por que no encuentro el primero alguien me podría dar el link del primero para poder saber bien la continuación gracias

  • manzana9 dice:

    Hola,

    les comento que el capítulo 48 lo subí el domingo pasado pero se me olvidó anclarle el link al capítulo 47 :S

    Jessy, para leer este fic desde el capítulo 1, en la parte de arriba de la página de este website hay varias pestañas, una de ellas dice TRABAJOS DE LOS FANS. Ahí le das click y te va a aparecer un listado de todos los fic, manga y dibujos que hay aquí.

    Entre ellos vas a encontrar uno que dice Fic “1918”, le das click y te llevará al prólogo. Hasta abajo del prólogo y de todos los capítulos que leas encontrarás la frase LEER EL SIGUIENTE CAPITULO. Al darle click te llevará a lo que sigue.

    Saludos y gracias por leer este fic.

  • Jessy dice:

    Muchas gracias Manzana9 estoy ansiosa por empezar a leer, gracias

  • Rebeca dice:

    Hola manzana porfavor, porfavor como puedo leer eell fic desdeel principio dime porfa que me gusta y no puedo entrar solo estan los capitulos 46,47 y 48 :(

  • manzana9 dice:

    Hola Rebeca,
    tienes que irte a la sección de TRABAJOS DE LOS FANS. En la parte de arriba de esta página hay unas pestañitas grises. Una de ellas dice Trabajos de los Fans. Le das click y te lleva al listado de todos los trabajos que hay en este website. Ahí busca este fic y al darle click en el nombre te llevará al inicio del mismo. Al terminar cada capítulo hasta abajo leerás la leyenda LEER EL SIGUIENTE CAPITULO. Ahí dale click y te llevará al siguiente. Saludos y gracias por leer.

  • Rebeca dice:

    Gracias Manzana asi lo hice y mira ya llegue hasta el capitulo 48 esta interesantisimo el fic en serio ahora solo queda esperar la actualizacion gracias y te sigo bye ;)

  • Anonymous dice:

    MUY BELLAS HISTORIAS OJALA LEONOR SE RECUPERE Y CANDY NO SE CONTAGIE

 

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