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El pasado regresa Capítulo 27

Hola mis queri s chikis, ha pasado muchísimo tiempo y me disculpo sinceramente, he estado ausente durante mucho tiempo, las razones van desde el estudio hasta mi nueva maternidad.

Espero que me sepan perdonar y no decepcionarlos con este nuevo capitulo. Les mando un abrazo grande y de nuevo…¡LO SIENTO POR EL RETRASO! No se enojen y regálenme un review 😉

 

ADVERTENCIA.  ESTE CAPÍTULO NO ES APTO PARA MENORES DE 18 AÑOS.  SE RECOMIENDA DISCRECIÓN. 

Capitulo 27

Después de la pequeña charla con Albert, Candy bajó a la cocina a ordenar la canasta y lavar las tazas que habían utilizado durante la fogata, la idea que la señora Brown tuviera que limpiar algo que habían ensuciado ellos no le agradaba para nada. Algo llamó su atención en ese momento, las luces del lugar estaban encendidas, entró con sigilo y ante ella la imagen más adorable apareció. Anthony llevaba la camisa remangada hasta los codos y sus manos cubiertas de espuma, él se le había adelantado y estaba lavando la vajilla sucia, guardó silencio queriendo que sus pupilas grabaran ese hermoso cuadro.

Una vez limpias las tazas siguió con la olla, notó que la tarea comenzó a complicarse, masculló entre dientes cosas que ella no pudo distinguir. Soltó una maldición cuando al parecer por infringir mas fuerza de la necesaria, salpicó agua por todos lados quedando prácticamente empapado.

Una sutil risa detrás de él lo sorprendió, al darse vuelta se encontró con Candy quien estaba apoyada en el marco de la puerta con una mano sobre su boca intentando ocultar su risa – Candy… – dijo Anthony despacio, sonriendo de lado – Veo que te causa gracia.

– Lo siento, pero realmente viéndote así…sí – Candy se adentró a la cocina y se acercó al rubio, de repente los meses en los que estuvieron separados desaparecieron por completo, la cercanía que le otorgaba Candy le hizo creer que nunca hubo una discusión entre ambos, una bofetada y un corazón roto, el suyo. El abrazo tan íntimo entre ella y Terruce Grandchester se había borrado, como el hecho de haber subido al barco de vuelta a su hogar despidiéndose de ella frente al inmenso mar.

– Tienes espuma – volvió a hablar la pecosa, llevando su mano a un mechón el cual estaba decorado con mezcla jabonosa. Lo limpio delicadamente, tomándose su tiempo, sin dejar de verlo a los ojos, aquellos ojos en los que adoraba perderse, mostrando tantas expresiones diferentes y amando cada una de ellas. Candy sentía que si su mundo se acababa, sólo le bastaría con ver los hermosos ojos de Anthony para sentirse dichosa y partir para siempre – Tu cabello ha crecido – lo observó embelesada.

– Candy…

– Estas empapado – le dijo caminando hacia una de las gavetas en busca de algún trapo seco – Te enfermarás, aun las noches son frescas y …

– Estoy bien, gracias. Deberías descansar, ya es tarde – un tono frío, aunque forzado salió de su boca. Anthony sabía que era inevitable volver a verla cuando regresara a América, pero debía poner distancia entre ellos, Candy tomó su decisión la cual él prometió respetar y no buscarla mas. Ella tenía que ser feliz y él tendría que aprender a vivir sabiendo que la felicidad de su querida pecosa no dependía de él, sino de alguien mas.

– Déjame ayudarte – dejó a un lado el trapo y se colocó al lado de él tomando una esponja para comenzar con la labor.

– No te preocupes yo puedo – dijo sin mirarla.

– ¿Seguro? – preguntó ella en tono burlón.

– Si, estoy seguro – le contestó secamente.

Candy lo miró frunciendo el ceño, hasta que algo en la cara de Anthony llamó su atención, una pequeña marca en la comisura de su labio, la cual no había visto nunca – “Una cicatriz” – pensó y un recuerdo golpeó su mente.

Flashback

– Yo amo a Terry, él es…

– ¡Me amas a mi Candy, lo sé!

– ¡Basta! No trates de confundir las cosas.

– Tu misma me lo dijiste… – le respondió sorprendido.

– Estaba en shock, habías tenido un accidente…

Antes de que ésta siguiera la calló con un beso, desesperado, aferrándose al cuerpo de Candy con su único brazo sano. Para impedir que escapara la acorraló contra la biblioteca, profundizando el beso, haciéndolo húmedo y caliente, la cabeza de Candy parecía dar vueltas pero antes de dejarse llevar, empujó al rubio con fuerza y cuando lo tuvo lejos lo abofeteó de tal forma que cuando Anthony volvió a mirarla un fino hilo de sangre corría por el labio del joven Brower.

Candy al verlo notó que su mano temblaba y el anillo que usaba estaba dado vuelta, sin duda la piedra preciosa le sirvió para dejar una huella en el rostro de Anthony.

Fin del flashback

Candy cayó en cuenta que esa marca se la había hecho ella el día que partió a Chicago con Terry. Instintivamente quiso acariciarlo, pero antes que sus finos dedos tocaran la cara del rubio éste corrió de mala gana su rostro.

– Candy, en serio deberías irte a descansar.

La voz de Anthony sonó imperativa pero Candy era bastante testaruda, no dejaría las cosas sin hablar como antes, pero cuando él la miró su sangre se heló. Dio unos pasos hacia atrás y agachó la cabeza.

– Lo siento – susurró aquellas palabras.

Anthony suspiró cansado, se sentía un vil hipócrita, cerró el grifo del agua y secó sus manos.

– Candy, no debes de disculparte, sólo…

Ella levantó la vista y sus esmeraldas entristecidas le rogaban que la abrazara y que la perdonara de corazón. Pero él se mantuvo firme – Sólo ve y duerme, ha sido un día muy largo.

Candy desvió la mirada para que no se notaran las lagrimas que comenzaron a acumularse en sus ojos, se dio la vuelta y se despidió con un entrecortado “buenas noches”. Anthony cerró sus ojos y apretó los puños tan fuerte que llego a dolerle, pero era su corazón el más lastimado.

Candy subió las escalera lentamente, como si sus pies no quisieran responderle, se sentó en unos de los escalones y secó sus lagrimas pero las muy condenadas no dejaban de salir – Me lo tengo merecido – murmuro para ella. Volvió a secarse las lágrimas y estas volvían a salir, se frustró y se puso de pie.

– ¿Gatita?

Candy se dio la vuelta y se encontró con la mirada preocupada de su primo – Archie…llegas tarde – corrió su rostro y trato de limpiarse el rostro.

– Y tú estás aquí seguramente para esperarme, ¿verdad? – le sonrió tratando de alejar toda clase de tensión.

– ¡Claro! – contestó segura – ¿Acaso no es obvio?.

– Gatita… – se acercó apenas unos pasos – Se que estuviste enterada de mis sentimientos por ti en el pasado – Archie la vio ponerse roja – Pero ahora mi corazón y vida pertenecen a mi adorada Annie, por favor trata de ser fuerte, estoy seguro que encontrarás a alguien que te quiera y… – antes de poder seguir con la broma Candy tenía un zapato en la mano listo para practicar tiro al blanco con él.

– ¡Eres un tonto Archivald!

– Candy los modales – dijo en un intento de cubrirse con los brazos.

La rubia respiró profundamente, bajando su arma de tacón – No fue gracioso.

– Si lo fue, hasta estas mas animada.

– Gracias…creo – le regaló una sonrisa sincera y se colocó de nuevo el zapato – ¿Cómo te fue con Annie?

– Con Annie siempre es como estar en el paraíso, con su padre es otra cosa…

– ¿Tuviste la tan temible charla?

Archie comenzó a subir y le ofreció el brazo a Candy para subir juntos – Si, no fue tan temible como pensaba, estoy entero y eso es lo que cuenta.

Candy rió por el comentario, por lo menos su mente no la estaba torturando, deseaba dormir, estaba cansada, pero sabía que le sería muy difícil.
Patty se desperezó con lentitud, miró a su lado y no lo encontró, paso sus dedos por la delicada joya que él le había regalado, una cadena de oro acariciaba su piel y un relicario era el portador de un pequeño mechón de cabello engarzado y una inscripción Siempre tuyo mi amor. W.A.A. Patty lo cerró y lo besó, la piel se le erizaba al recordar el momento en el que se lo dio.

Flashback

Con la ultima estocada Albert gruño sobre el cuello de su amante y dijo su nombre de una manera tan sensual que Patricia creyó no podría existir mayor placer sobre la tierra. Él mordió su cuello una vez mas siendo consciente de las marcas en el y en su hombro.

Patty se quejó y lo miró a través del espejo, sonriéndole – Lo has hecho a propósito ¿verdad?

Albert le devolvió la misma sonrisa – Si…no quiero que se te acerque.

Acarició sus senos desnudos con delicadeza, salió lentamente del cuerpo de la joven y caminó hasta donde había dejado sus prendas que yacían en el piso, levantó el pantalón y buscó algo en el bolsillo, lo volvió a tirar y se dio la vuelta para mirarla, Patty se quitó la preciosa y arruinada prenda, sin notar que él la observaba, a ella no le avergonzaba como antes que la viera desnuda pero aun conservaba pudor y mas cuando notaba que él no quitaba la vista a su anatomía.

– ¿Por qué te cubres? – camino como felino al acecho – Me encanta cuando te desnudas para mí.

Cuando la tuvo cerca la abrazó con fuerza – Te das una idea de lo mucho que te amo, que si tú me lo pides te llevaría tan lejos donde nadie supiera de nosotros y cada noche te haría el amor de mil un formas diferentes, hasta saciar todos tus deseos. Viviría a tus pies, siempre tuyo, mi amor – la soltó sólo un poco para mirarla y acariciar su rostro – Pídemelo Patricia y nos vamos esta noche.

Patty tomó su mano y se la llevo a su boca para besarla – Sabes que jamás te alejaría de tu familia, quiero que seamos felices pero no a cuesta de sufrimiento ajeno, tu familia te necesita, eres la cabeza de los Andrews.

– Pero tú también me necesita ¿verdad? – sus ojos brillaban en busca de una respuesta positiva.

– Te necesito como el aire, eres mi vida Albert y lo serás siempre. Te amaré mas allá de todo.

Albert rompió la distancia entre ellos con un tierno beso – Jamás pensé en amar y desear tanto a alguien – dijo después – Te robaste mi corazón niña hermosa.

– Y tú el mio…

– Quiero darte algo, cerrarías los ojo para mi?

– Claro – Patty hizo lo que le pidió, de pronto sintió el frio metal en su cuello, Albert acomodó su cabello y depositó un beso en su hombro.

– Ahora date la vuelta – Ella obedeció a cada pedido de él – Abre los ojos mi amor…

Patty se quedó en silencio, se vio al espejo rodeada por los brazos de su amante y un hermoso colgante que llegaba al nacimiento de sus pechos. Ella lo miró de cerca y se dio cuenta que era un relicario – ¿Puedo abrirlo?

– Es tuyo…

La joven lo abrió delicadamente, cuando miró lo que contenía, sus ojos demostraron mas que mil palabras, porque la emoción se transformo en dulces lagrimas.

Albert la tomó en brazo llevándola a la cama – Siempre tuyo mi amor – le dijo con dulzura.

Y ella contestó secando sus lagrimas – Siempre tuya…mi amor.

Fin del flashback

El fuerte golpeteo la alejó de su hermoso recuerdo y la realidad la volvió a invadir.

– ¿Quién es? – preguntó mientras enroscaba la sabana alrededor de su cuerpo.

– ¡Soy Candy! Trajeron tus cosas de la casa de Annie.

– ¡Pasa Candy! – Patty terminó de sacar la sabana y al darse la vuelta se encontró a una Candy mas que asombrada – ¿Podrías cerrar con llave Candy?

– Si… – la rubia se apresuró a hacer lo que su amiga pedía – ¿Ahora me dirás qué te sucedió?

– Claro… – Patty caminó hasta sus maletas y las abrió buscando algo para cambiarse – ¿Crees que es muy tarde para tomar un baño?

– No, bueno todos ya han desayunado, cuando baje al comedor lo único que encontré fueron dos lugares puesto en la mesa. Se me vino a la cabeza que uno era el tuyo.

– Entonces me bañaré rápido ¿me esperas?

– Si, ¿quieres que llame a una de las mucamas para que te ayude?

– ¡No, no! Gracias. Enseguida salgo.

– No te preocupes, tómate tu tiempo – Candy se sentó cerca de la ventana, él sol brillaba con intensidad, se concentró en admirar las hermosas rosas del jardín, hasta que su admiración pasó a hacia alguien mas. Suspiró cuando lo vio vestido sencillamente, para empezar la labor en el jardín.

El tiempo pasó lento y eso Candy lo agradeció, siguió cada movimiento del rubio, con una sonrisa plasmada en la cara, Anthony detuvo su trabajo, girándose instintivamente hacia la ventana donde ella lo observaba, Candy respiro hondo y lo mantuvo el aire en sus pulmones, su día comenzaría maravillosamente si él le regalaba alguna sonrisa, pero el aire escapó pesadamente cuando él solo bajo la mirada volviendo al trabajo ignorándola completamente.

– Ya estoy lista Candy ¿bajamos a comer algo? Muero de hambre – la voz de la joven O’Brein resonó en la habitación, pero para Candy el mundo se había vuelto silencioso – Candy… – Patty se acercó cuando no recibió contestación alguna – ¿Sucede algo?

Candy siguió sin decir nada, cabizbaja, entonces Patty vio hacia el exterior y ahí encontró el causante de tal estado de ánimo.

– Candy…¿quisieras hablar? – la rubia puso una de sus tantas caras de “todo está increíblemente bien”

– Bajemos también tengo apetito…

– De acuerdo – Patty no quiso insistir, cada uno tiene su tiempo para abrirse y hablar, cuando su amiga estuviera lista ella estaría dispuesta a escuchar.

– Pero antes quisieras explicarme algo – preguntó Candy poniéndose de pie y recogiendo algo tirado en el piso – ¿Qué sucedió con esto? – preguntó conteniendo la risa, señalando su mal trecho camisón.

– Bueno, veras…anoche…anoche…

– ¿Tuviste visitas?

Patty de repente se puso totalmente roja – jaja… – Candy rió con ganas– No te preocupes, lo que si tendré que hacer es regañar a Albert, ¡mira como ha dejado tu cuello!

La castaña se llevo una mano directamente a esa zona – Si creo que también tendré que regañarlo – sonrió sintiéndose aun avergonzada – Buscaré un pañuelo.

Una vez arreglada ambas salieron de la habitación para dirigirse al comedor, donde comerían algo ligero y emprenderían su marcha hacia la residencia Britter.

A punto de salir, Patty recordó que había olvido su bolso por lo que le pidió a Candy que la esperara mientras ella subía a su habitación a buscarlo.

La rubia observó el gran reloj de la entrada, este marcaba un cuarto para las doce, el tiempo pasó rápido, Annie debería de estar ya lista, siempre puntual y perfectamente ataviada, sonrió ante tal pensamiento, en cambio ella era tan diferente a sus amigas, en ocasiones deseaba ser como ellas, saber que vestir, que decir, como actuar. A veces se lamentaba el no haberle hecho caso a la tia abuela cuando le pedía que estudiara protocolo y etiqueta. Se acercó a un espejo mirando su reflejo en el, la camisa blanca era sencilla, sin adornos ni nada que admirar, recordó haberla comprado en una rebaja. Bajó su mirada posándola en la falda verde oscuro, le gustaba mucho era muy cómoda, en especial por los bolsillos, esa era ella, Candy buscando siempre la comodidad antes que la elegancia, miró su peinado y sonrió de lado desaprobándolo, una coleta baja amarrada por una cinta verde haciendo juego con su falda – Nada especial…como siempre – suspiro y agachó su cabeza, se quedó así por unos segundos y volvió la vista a su reflejo y no fue el suyo propio donde su atención fue dirigida, sino a la del joven que la observaba – Hola… – dijo lentamente como pensando cada silaba de esa sencilla palabra.

– Hola – contestó en un intento de sonar tranquilo – “Aléjate de ella” – pensó y siguió su camino.

– Espera Anthony… – lo detuvo antes de que desapareciera – ¿Podríamos hablar? – preguntó temiendo su inminente negativa.

– Tendrá que ser mas tarde. Ahora estoy bastante ocupado.

– Mas tarde… – repitió rasposamente.

– Entonces más tarde hablamos Candy – el rubio trato de sonreír tranquilamente, sin saber que esa pequeña acción le costaría tanto.

Anthony hizo un asentamiento de cabeza en forma de saludo y comenzó a retomar su camino.

– Prefiero que hablemos ahora – dijo Candy haciendo que el joven se detuviera – Anthony sólo será un momento, no te quitaré demasiado tiempo.

Éste se giro mirándola, aunque no muy convencido acepto – De acuerdo, ¿qué sucede?

– Aquí no, podríamos ir al jardín si quieres… – contestó buscando una aprobación.

– Esta bien…

Ambos caminaron hasta llegar al jardín y tomaron asiento en una de las bancas. Candy se sentía nerviosa, no sabía cómo empezar. Se frotó las manos con nerviosismo.

– ¿Tienes frío? – Preguntó el rubio posando una mano sobre las de ellas en un acto fallido quitándola de inmediato – Lo siento.

– ¿Por qué? No has hecho nada malo, al contrario…soy yo la que debería disculparse. Mi comportamiento anterior no fue el correcto. Yo estaba confundida, asustada…

– Candy – suspiro profundamente – He aceptado cual es el mi lugar en tu vida, quizás fue arrogante de mi parte pensar que después de tanto tiempo tus sentimientos hacia mi seguirían intactos, éramos unos niños, ni siquiera podría definirse como amor – Candy lo miró atónita – Nos sentíamos necesitados de cariño y …

– ¿Dudas del amor que te tuve? – dijo ella poniéndose de pie con un tono de reproche.

– Candy… – él la siguió en el acto y cuando lo hizo la rubia se sintió pequeña – Sólo trato de convencerme de que todo fue una hermosa ilusión.

– ¿Una ilusión, pero por qué?

– ¡Porque quizás así algún día deje de doler! – él se movió dándole la espalda y pasando su mano por su cabello alborotándolo un poco – Tú tomaste tu decisión y ahora la acepto.

– Pero yo no puedo… – antes de que siguiera Dorothy los interrumpió anunciando una visita.

– Joven la señorita Leagan.

– ¿Eliza? – preguntó con duda.

– No, la señorita Anabelle Leagan.

Y eso era lo que a Candy le faltaba para terminar con la lista que se le había formada un rato antes de encontrarse con Anthony, el perfecto ejemplo de elegancia, belleza, buena educación, si tan sólo fuera algo pretensiosa, aunque sea algo que no la hiciera tan perfecta, pero ella era totalmente diferente a sus insoportables primos.

– Había olvidado que vendría, Candy lo siento pero…

– Entiendo – trató de sonar lo mas serena posible – Hablaremos después.

El únicamente asintió por lo que ella lo tomó como que ahí culminaba todo, no estaba segura si querría continuar con la conversación después de la visita y sentirse patética por los celos que se estaban haciendo un lugar en lo mas profundo de su ser.

-¿Candy dónde estabas? – preguntó Patty al verla entrar a la casa

Suspiró con pesadez y se tapo la cara conteniendo las ganas de gritar y descargar toda la frustración. Sacó sus manos de su rostro y respiró profundamente, miró a Patty que la observaba con curiosidad.

– ¿Puedo preguntar o…?

– Mejor no Patty, deberíamos irnos…Annie nos espera.

Comenzaron a caminar hacia la salida – Candy vi llegar a una joven, ¿sabes quién es?

La rubia se detuvo en seco – La visita de Anthony – le contestó entre dientes.

– Oh… entiendo…ya entiendo. Bueno apresurémonos – la castaña le agarró del brazo de Candy – Vamos a divertirnos ¿Si?

Candy le sonrió y salieron al encuentro de su amiga. Al llegar a casa de Annie se dieron cuenta que el automóvil que solía manejar Archie se encontraba estacionado. De pronto Patty se tensó lo cual no pasó desapercibido por la rubia.

– ¿Qué sucede Patty?

– Espero que no esté Stear.

– ¿Esa era la razón del mal humor de Albert?

– Al parecer estaba celoso – dijo agachando la cabeza.

– Pero anoche arreglaron las cosas ¿verdad? – preguntó de manera picara.

Patty se puso roja, tomando entre su mano el hermoso regalo – Si…

– No te preocupes Patty, estoy segura que Stear debe de estar en otro lado y si no fuera así, buscaremos alguna excusa para irnos.

– Gracias Candy – la castaña tomó la mano de Candy agradeciéndole.

Estando a punto de llamar a la puerta, esta se abrió dejando ver al siempre elegante Archie, con Annie del brazo.

– ¡Candy, Patty! – la morocha se soltó del brazo de su futuro esposo para abrazar a sus amigas.

– ¡Annie! – rio la rubia – ¿Estás lista? – preguntó ansiosa.

– Si…Archie, mi amor, ¿podrías llevarnos?

– Claro, siempre es un placer acompañar a tan bellas damas.

Viaje comenzaba a ser aburrido siendo Candy quien rompió el silencio – Annie ¿tu madre no se opuso?

– Al principio no se veía muy convencida, pero después se le pasó, ella sabe lo importante que es para mí esta visita.

– Lo entiendo, ha pasado mucho tiempo desde última vez que fui, la señorita Pony me regañará – dijo Candy sonriendo.

– ¿No se molestarán por mi presencia?- interrumpió Patty

– ¡Por supuesto que no Patty! – contestó Candy.

– Patty… – la llamo Archie.

– ¿Si?

– ¿Has podido hablar con Stear? – interrogó el menor de los Cornwells.

La castaña se puso nerviosa con la pregunta – Hemos hablado muy poco, ¿hay algo importante de lo que tendríamos hablar? – preguntó Patty.

– No…bueno creo que no, sólo preguntaba por curiosidad, sabes que no soy ninguna clase de celestino pero él no ha dejado de hablar de ti.

Patty se puso nerviosa – Archie…

– Estoy seguro que se ha arrepentido de su antigua decisión, yo mismo le he dicho que fue un tonto por haberte de… – las palabras quedaron inconclusa cuando Archie sintió el agarre de Annie en su pierna, dándole a entender que no siguiera con el tema.

– Lo siento Patty no es mi asunto.

– No debes de disculparte Archie – contestó con una cálida sonrisa.

Lo que quedó de camino, no se volvió a tocar el tema, haciéndolo agradable con las diversas historia que contaba Candy sobre su aprendizaje en el hospital.

Al llegar al Hogar de Pony fueron recibidos por todos los niños que alegremente se acercaban a saludar, la señorita Pony y la hermana Maria los esperaban en la entrada del hogar, ambas con una amplia sonrisa.

– ¡Bienvenidos! – dijeron al mismo tiempo.

Annie y Candy, las abrazaron con fuerza. Archie y Patty saludaron cortésmente y ésta última fue presentada como su gran amiga del alma y dama de honor de la futura señora Cornwell.

– Bien, debo irme – dijo Archie.

– No gusta beber algo antes de marcharse.

– Le agradezco hermana María, pero tengo un compromiso con mi hermano.

– Lo comprendemos – respondió la religiosa en un suave tono.

En ese momento Archie se despidió haciendo que Annie lo acompañara hasta el coche.

– Archie muchas gracias por traernos, te extrañaré ¿lo sabes verdad? – Annie acaricio la mejilla del joven sonriéndole con dulzura.

– Lo sé, así como yo te extrañaré a ti damita – se acercó a ella depositando un ligero beso en los labios de la joven.

– Uhhhh! – se escuchó en el fondo

Annie en respuesta se sonrojo y la señorita Pony después de sonreír se compuso y regañó a los niños los cuales salieron corriendo detrás del auto saludando al joven mientras éste les tocó bocina despidiéndose.

Durante el resto del día las jóvenes se dedicaron a jugar con los niños, hacer manualidades, hornear galletas y otras delicias para merendar todos debajo del gran padre árbol. Todas sintieron que el corazón se les llenaba de una calidez difícil de explicar por tan bellos momentos, por su parte Annie cada tanto lagrimeaba, los recuerdos de su niñez en el hogar y las hormonas alborotadas por el pequeño retoño que llevaba en sus entrañas eran la perfecta combinación para que eso sucediera.

Después de tan hermoso día el sol comenzó a ocultarse y las miradas triste en los niños aparecieron, no era común que recibieran visitas y cuando eso pasaba era de esperarse que no querían que se marcharan, Candy se puso a la altura de una pequeña de brillantes ojos negros y cabello castaño, la rubia podía contar en su redondo rostro unas cuantas pecas dispersas por encima de su pequeña nariz.

– ¿Qué sucede?

– Lo que pasa es que te hemos extrañado Candy y ahora tendrás que irte de nuevo.

La rubia le sonrió con ternura y la abrazó – Sé que he estado ausente y lo siento muchísimo pero pronto volveré lo prometo y pasaré una temporada aquí, ustedes también me han hecho falta.

La niña complacida con la respuesta la abrazó para después salir corriendo con el resto de sus amigos, los cuales estaban encantados jugando con Patty y Annie.

Pasadas las siete de la tarde cuando el cielo comenzó a teñirse con hermosos tonos rojizos volvieron al hogar, las jóvenes habían decidido que pasarían la noche allí, el único inconveniente era cómo dar aviso.

– Es una lástima, no haber avisado antes, nos hubiera gustado quedarnos a dormir – les confesó Candy a ambas mujeres encargadas del lugar.

– Pero quizás tu madre no esté de acuerdo Annie – le dijo la señorita Pony a la morocha.

– No es eso, el problema es que no hemos avisado y el señor Palmer de seguro que ya debe de estar en camino.

– Y porque no llamas Annie, bueno todas, no quisiéramos que ninguna tenga problemas.

– ¿Llamar? – preguntó curiosa Candy.

– Oh claro – dijo sonriendo la hermana Maria – No saben la novedad, hemos podido conectar el teléfono gracias a la ayuda del señor Stevens.

– Entonces no perdamos más tiempo – habló entusiasmada Candy – Annie tu primero.

– Después de dar aviso las tres amigas ayudaron a preparar la cena cuando de repente se comenzaron a escuchar el repiqueteo de las gotas de lluvia la cual inició ligeramente para dar paso a una sonora tormenta acompañada de una brisa que helaba.

Una vez que se finalizó la cena todos se sentaron enfrente de la chimenea mientras Patty les contaba un cuento a los niños quienes estaban fascinados.

– Ella es realmente alguien especial – hizo el comentario la hermana María hablando bajito para no interrumpir la narración, a lo que Candy y Annie asintieron con la cabeza – Es novia del hermano de Archie ¿verdad?

Las dos jóvenes se miraron con complicidad – Bueno… – empezó a decir Annie – Ellos terminaron.

– Oh, que lastima – se escuchó de la religiosa.

– Si, pero… – y Candy se tapó la boca

– Candy… – la señorita Pony la miró entrecerrando los ojos – Sucede algo malo.

Entonces la rubia se acercó a ella y le dijo – Ella tiene un pretendiente, pero no es algo que se le pueda decir a la familia, por lo menos no aun.

– Entiendo pero saben que guardar un secreto por mucho tiempo no es bueno, cuando se llegue a saber puede herir mas.

Annie miró a Candy – Lo sabemos pero no nos corresponde a nosotras el decirlo.

– Sé que no, pero también sé que ustedes aconsejaran a Patty para que haga lo correcto.

– Si señorita Pony… – dijeron ambas como si de un regaño se tratara. La mujer no pudo hacer otra cosa que sonreírles.

Ya acostados los niños las tres jóvenes se despidieron dispuestas a descansar.

– Gracias por haberme traído, he pasado un día maravilloso – habló Patty.

– No tienes nada que agradecer ¿verdad Annie? – la morocha sólo le sonrió – Creo que estaremos un poco apretadas – Candy miró la única cama del lugar – Es pequeña…

– Es perfecta – dijo Patty – Aunque no la usaremos, el piso es de madera asique si ponemos algunas mantas en el piso podremos dormir juntas sin sentir frío.

– Me parece estupendo, iré a pedirle algunas cobijas mas a la hermana María – Annie salió del lugar y volvió con unas cuantas mantas de mas.

Acomodaron todo y se sacaron la ropa para quedar en enaguas ya que no habían llevado ni pijamas o camisones, en ese momento cuando Patty cepillaba su cabello de lado. Annie quien estaba cómodamente recostada, salió de esa posición para taparse la boca asombrada – ¿Patty que te sucedió en el cuello?

La joven O’Brein se sonrojó al instante – Bu…bueno, lo que pasa, es…bueno… – comenzó a balbucear.

Candy empezó a reírse y miro a Annie – Eso se llama reconciliación, ¿no es así Patty?

– ¡Candy! – Patty se tapó la cara abochornada.

Annie siguió a Candy y rieron juntas.

– ¿Patty ese collar es nuevo? Nunca te lo había visto – habló Annie.

La joven se emocionó – Si es nuevo, Albert me lo dio ayer en la noche – Patty se lo quitó y se lo extendió para que lo vieran.

– Es hermoso – dijo Candy – ¿Podemos? – preguntó la rubia.

– Claro, pueden abrirlo.

La sorpresa fue grata y un suspiro se escapo de ambas jóvenes – Albert es un romántico – comentó Annie – Y…espera…¿este pequeño mechón engarzado es de él? – Patty asintió – ¡Oh Patty! – Annie saltó a abrazarla – ¡Te felicitó!

– ¿Qué sucede? – interrogó Candy ante tal efusividad.

– No lo sé… – respondió sinceramente la castaña.

– ¿Qué no lo sabes? El que te diera un mechón de su cabello…, bueno antiguamente era al revés , la joven es la que se lo da a él…

– ¡Annie! – pidió Candy exasperándose.

– ¡Patty está comprometida!

– ¡¿QUE?! – tanto Patty como Candy no lograban entender.

– No Annie, te equivocas. Es sólo un regalo… – le dijo la joven O´Brien.

– Siiii…en Europa se utilizaba y creo que aun lo siguen haciendo, por lo general la joven en cuestión le regalaba a su amado un pequeño mechón de cabello y él lo engarzaba en una sortija la cual usaría simbolizando el compromiso. Es una bella muestra de amor – se lo dijo convencida.

– Pero Albert no me dijo nada.

– Quizás dio por hecho que lo sabías.

– ¿Cómo iba a saberlo Annie?

– Porque vives en Inglaterra.

– No…yo no tengo ideas de esas cosas.

– Entonces tendrás que esperar hasta mañana para preguntarle – interrumpió Candy con una sonrisa plasmada en la cara.

– Si, tendré que esperar, pero como dije antes, él no mencionó nada, por eso no debo de dar por hecho lo que me acabas de decir – Patty se llevó ambas manos al pecho suspirando con fuerza.

– Me parece que alguien tendrá insomnio esta noche – Dijo Annie para abrazarla de nuevo.

El chofer de los Britter fue puntual, las jóvenes se despidieron con un fuerte abrazo y un hasta pronto, Candy había prometido que haría todo lo posible para regresar pronto y pasar unos días con ellos, Annie por su lado lo haría una vez que volvieran de la luna de miel y Patty se animó a preguntar si existía la posibilidad de que la recibieran nuevamente, ya que la experiencia de cuidar a los niños le había fascinado a lo que ambas mujeres encantadas le contestaron que si – Esta es tu casa Patty, fue un gusto haberte tenido con nosotras y puedes venir cuando quieras – esas habían sido las palabras de la señorita Pony.

El día estaba maravilloso el sol en todo su esplendor y una brisa suave podían ser la perfecta combinación para hacer un picnic. Nadie diría que la noche anterior había caído una estrepitosa tormenta si no fuera por los grandes charcos de lodo en el camino y si que estos se hicieron sentir cuando el automóvil en donde viajaban quedó atascado.

– ¿Es malo señor Palmer? – preguntó Annie con un tono angustioso.

– Nos hemos quedado atascado será difícil de salir, tendré que ir a pedir ayuda.

– Pero si no recuerdo mal – comenzó a hablar Candy – La primera casa que encontrará en el camino esta a varios kilómetros tardará un par de horas, nos perderemos el picnic.

Las otras dos jóvenes la miraron con una clara confusión – ¿Qué picnic Candy?

– El que se me acababa de ocurrir – le contestó guiñándole el ojo.

– Lo siento señoritas, trataré de ir lo mas rápido…

– ¡No! – dijo Candy levantando la voz – Tengo una idea, Patty sabe conducir ¿no es asi? – y la castaña solo asintió con la cabeza – Entonces Annie, el señor Palmer y yo empujaremos mientras Patty acelera.

– Señorita no podría pedirles eso, se ensuciarían – dijo el chofer.

– Candy me encantan casi todas tus ideas pero esta no me convence – Annie estaba renuente a participar.

– Pero Annie vamos que podría pasar es solo barro. No vas a desfallecer por ensuciarte un poco.

– Esta bien… – aceptó Annie sin estar del todo convencida.

– ¡Bien manos a la obra! – dijo la rubia animada.

20 minutos mas tardes….

– ¿Están Bien? – pregunto Patty saliendo del automóvil.

– ¡Mi madre va a matarme! – gritó Annie extendiendo los brazos mostrando su atuendo totalmente arruinado por las enormes manchas de barro.

– Creo que también tienes un poco… – Patty dejó de hablar cuando vio que Candy le hacía señas para que no siguiera.

– ¿Qué? ¿Dónde? – fue cuando se tocó el cabello y este estaba completamente manchado – ¡CANDY!

– No entiendo como hiciste para ensuciarte tanto si al fin de cuentas no empujaste, todo el trabajo lo hicimos entre el señor Palmer y yo – Annie la observó entrecerrando los ojos – Hay que mirar el lado positivo y es que podremos volver temprano a casa – le sonrió con una mueca que en vez de reconfortar atemorizaba.

Patty comenzó a reírse y en eso sintió un golpe y algo frio en el pecho – No te salvaras Patty – le dijo Annie riendo esta vez ella con la mano llena de barro.

– ¡Annie no es justo!- se quejó pero antes de que pudiera seguir hablando otra bola de barro se el estampó cerca debajo del busto salpicándole hasta la cara.

– ¡Oigan deténganse! ¡Ya verán! – les dijo corriendo a devolverle el gesto.

El automóvil que horas antes estaba reluciente ahora mostraba notables manchas cafés. El señor Palmer estacionó en la mansión de las rosas y dos jóvenes se bajaron de el.

– ¿Estás segura que no quieres que te acompañe y me disculpe con tu madre? – preguntó la pecosa.

– No te preocupes Candy, se cómo controlar su enojo, aunque no podré participar en ningún picnic, de seguro tendré que quedarme en casa, ella organizó un té para sus amigas al cual me quedaré, eso la pondrá feliz y me evitará un regaño.

– De acuerdo…

– Trata de que la señora Elroy no te vea, pondrá el grito en el cielo.

– Claro que no, entraré por la parte de atrás, a esta hora ella está bordando o leyendo algo en el cuarto de costura.

– Bien adiós… – dijo la morocha saludando a sus queridas amigas.

– ¡Adiós Annie! – se despidieron al mismo tiempo Patty y Candy.

Candy miró a su amiga y la tomó de la mano – Tendremos que ser rápidas y sigilosas Patty.

– Si Candy

– ¡Bien vamos!

Caminaron bordeando toda la mansión para que no fueran vistas, su objetivo era entrar por la cocina, rogaba que la puerta estuviera abierta. Llegaron a destino pero se encontraron que la puerta estaba cerrada, tendría que seguir buscando.

– ¿Y ahora Candy?

– ¡Ya sé! por la puerta de la sala.

– ¿Estás segura? – preguntó Patty con un leve rastro de sudor frio en su frente por los nervios.

– Confía en mi – le contestó segura.

No había nadie era su oportunidad de entrar sin que nadie las vieras, a pesar que podrían confiar en Albert, Anthony, Archie y Stear, ninguna de las dos querían ser vistas en esas fachas.

Caminaron a paso apresurado Patty detrás de Candy, con semblante serio se acercaron a la puerta sonriendo al comprobar que estaba abierta…

– ¡Candice White Andrews!

Ambas se enderezaron de golpe y giraron lentamente hacia donde se había escuchado la voz de la matriarca de la familia.

– ¿Qué son esas fachas señoritas?

Las dos jóvenes abrieron los ojos sorprendidas todos las estaba observando con curiosidad entre ellos familia y visitas.

– Tia abuela… – la voz de Candy se sentía ahogada su vista viajó por todos y se detuvo en el joven de ojos color cielo con un lindo entrecejo fruncido pero que combinaba perfectamente con la joven que llevaba del brazo la cual no descifraba bien si su rostro mostraba mas asco que sorpresa o viceversa. De todas formas Anabelle Leagan hiciera la cara que fuese no dejaba de ser bella.

Patty dio un pequeño paso hacia un costado, un leve movimiento pero lo suficiente como para esconderse detrás de Candy, levantó la vista y sus ojos se posaron en la mirada divertida de Albert, ésta arreglo un mechón suelto de su peinado y quiso alisar su falda pero se encontró con esta totalmente manchada, ahora su mano también lo estaba, disimuladamente se llevó la mano atrás y la limpió en la parte de atrás de su ya arruinada prenda.

– ¿Y bien? – volvió a tomar la palabra la tía abuela.

– El auto de la familia Britter se atascó – en ese momento Candy temía que su temple se la llevara el viento – El automóvil se atascó en un charco y lo quisimos sacar – miró de reojo a Anthony que la observaba atento aun sosteniendo el brazo de la joven Leagan – Bueno este fue el resultado – contestó señalando su persona, sin una pizca de gracia y a punto de llorar frente a todos.

La tía abuela suspiró y negó con la cabeza – Candy estoy segura que tus intenciones fueron buenas pero aun así una jovencita…

– Tía por favor… – la interrumpió ya con la voz a punto de quebrarse, lo que no paso desapercibido para ninguno que la conociera bien – Lo siento, yo quisiera ir a mi cuarto no me siento bien – dijo agachando la cabeza escondiendo sus ojos en aquel cabellos despeinado y enlodado.

Albert como siempre su fiel amigo notó enseguida la reacción de su pequeña pecosa y a que se debía.

– Candy sube, le diré a Dorothy que te ayude – la rubia asintió y salió de la vista de todos prácticamente corriendo dejando a una desconcertada Patty y varias miradas escudriñándola.

– Patricia… – volvió a hablar Albert – ¿No quieres ir a bañarte? – enseguida las mejillas de la joven se tiñeron de rojo y el ego de Albert creció, era fascinante verla con ese tipos de reacciones.

– ¡William! Así no se dicen las cosas, la incomodarás… – lo regañó la tía abuela – Patricia querida, puedes ir a asearte y cuando termines nos encantaría que nos acompañaras en el almuerzo.

– Si, gracias señora Elroy. Si me disculpan… – dio media vuelta y se adentró en la casa.

– Patty – la voz Archie se escuchó preocupado – Annie ¿ella está bien?.

– Si Archie, un poco enlodada – sonrió recordando la cara de horror de la morocha.

– La idea…

– De Candy – se apresuró a responder a los que algunos rieron y otros acompañaron con una leve sonrisa.

– Era de imaginarse – soltó Anthony, pero ninguno descifró si lo decía con gracias o disgusto.

– Iré a avisar a Dorothy para que vaya a ayudarlas – habló Albert y la tía abuela asintió dando su aprobación.
Cuando Dorothy entró a la habitación de Candy, esta estaba a oscura, las pesadas cortinas cubrían las ventanas sin que se filtrara ni siquiera un diminuto rayo de luz

– ¿Candy? – preguntó dudosa

– Estoy en el baño Dorothy.

– ¿Necesitas ayuda? El señor Williams…

– Albert exagera, yo podía sola – la voz de la rubia se notaba triste – ¿A qué hora llegó Eliza con su prima?

– Poco después del desayuno ¿Estás bien? Te noto extraña… – le dijo la joven.

– Sólo estoy cansada, quisiera dormir.

– Pero el almuerzo estará en un momento, la señora nos pidió arreglar todo para que el almuerzo fuera en el jardín, el día está tan bonito.

– No gracias, discúlpame con ellos, ahora si no te molesta Dorothy quisiera estar sola.

– Si Candy…

Candy sintió la puerta cerrarse y con esto pudo dejar salir su frustración, su enojo con él, con ella misma, dejó salir sus propios reproches, su arrepentimiento al no saber manejar la situación y las lagrimas, dejó escapar las lagrimas que se escondía detrás de ese muro de autosuficiencia que ahora se mezclaban con el agua en la tina.

Un escalofrío le recorrió la espalda y fue así que se dio cuenta de que la calidez del ambiente la había abandonado hace un par de horas. Se secó lo más rápido posible y envolvió su cuerpo en una sencilla bata, tan sencilla como ella.

– ¡Rayos! – maldijo de repente, se sentía estúpida de prestar atención a esas nimiedades que hasta sólo un par de días atrás no le interesaban – “Y que si soy sencilla para vestirme y peinarme” – pensó. Así se había criado, pero ahora el orgullo de mujer le picaba y no podía parar de compararse con la perfecta señorita Leagan.

Bloqueando todo tipo de pensamientos se recostó en la cama, abrazándose a si misma no tardó en quedarse dormida.

Un maravilloso día, con compañía agradable y un exquisito almuerzo ¿qué más se puede pedir? Esas habían sido las palabras de Anabelle las cuales sonaron mas que coquetas para Anthony, pero no podía negar que su compañía en cierto sentido le reconfortaba, podían hablar cómodamente, una joven culta, la cual participaba en obras de caridad, organizadora de eventos a beneficencia, una joven de carácter suave, pero determinante, se podría decir que llena de cualidades pero algo faltaba, no era ella.

No tenía ese brillo en los ojos que solo existía porque ella sonreía, no tenía esa ternura desgarradora, esa inocencia que desbordaba por sus poros y que él estaba dispuesto a robar, con besos y caricias. Aquel perfume natural en su piel el cual no llegó a descifrar la noche en la que estuvo a punto de hacerla suya, de marcarla y dejarse marcar. Dulce Candy, dulce tortura que lo visitaba cada noche en sus sueños dispuesta a darlo todo.

Sus pensamientos se esfumaron cuando vio que todos esperaban algo de él de lo cual no estaba enterado – Perdón…me distraje, me decías…

– Si podrías acompañarme a Chicago algunos de estos días…

– ¿A Chicago? – preguntó desconcertado.

– Lo que sucede es que hace un par de semanas atrás abrieron un gran vivero, y según me ha contado mi amiga hay cientos de variedades de plantas y flores.

– Claro…

– ¡Gracias!

Anthony podía jurar que el ambiente se tensó de golpe con su respuesta, pero no prestó demasiada importancia.

El reloj de la sala marcó las cinco en punto y Candy no bajaba de su habitación, la culpabilidad comenzó abrirse paso en el corazón del rubio, ya en ese momento no prestaba la mas mínima atención a lo que pasaba a su alrededor, ni a su taza de té ya fría.

– Estás distraído ¿sucede algo? – preguntó Anabelle, al notar que Anthony ya no participaba en la charla.

– No – contestó secamente.

– No sabía que tu tía cocinara – comentó tratando de entablar conversación.

– Yo tampoco lo sabía hasta… – se quedó callado y el recuerdo le vino de golpe sonriendo sin darse cuenta.

– ¿Si?- lo incitó a continuar.

– Realmente la tía abuela hace unas tartas deliciosas.

– Anthony harás que me sonroje – le dijo la matriarca feliz ante el comentario de su querido sobrino – Creo que me han dado ganas de cocinar quizás para el postre de la cena.

– Eso sería estupendo…si me disculpan – Anthony se puso de pie – Tengo que hablar con Stear…

– Anthony entonces nos despedimos, es hora de irnos Anabelle – Eliza miró a su prima y esta le devolvió una mirada de reproche.

– ¿Eliza no te quedarás a cenar?

– No tía, le agradezco pero me está doliendo un poco la cabeza y quisiera ir a acostarme temprano, mañana quedé en ir con mi madre y mi tía a la cuidad para hacer una compras.

– Es una lástima querida.

– Será en otra ocasión tía – la joven pelirroja se despidió a lo que su prima la siguió.

– Queda pendiente la visita al vivero Anthony – éste le sonrió y le contestó con un simple “esta bien”.
La tranquilidad de la noche se interrumpió por un gruñido, no tenía ni las mas mínimas intenciones de salir de su habitación pero su estomago se lo exigía. Estiró la mano para encender la lámpara que reposaba sobre la mesa de noche y la luz fue bastante molesta, se refregó los ojos y buscó su reloj el cual le indicaba que eran las dos de la mañana. Bostezo por tercera vez desde que se había despertado, seguía cansada, con sueño y un humor de los mil demonios pero aun así el hambre era mas fuerte.

– Quizás un pequeño sándwich… – se dijo para si misma y su estomago volvió a gruñir – O quizás uno grande – tomó un listón y ató su cabello el cual no estaba del todo seco y desprendía un aroma frutal. Buscó entre su ropa algo para colocarse encima de la bata, un abrigo de lanilla serviría.

Bajó las escaleras en completo silencio dirigiéndose a la cocina, la idea de saquear la alacena le hacía gracia, tembló un poco por el frió así que apresuró el paso, entro en la cocina y la puerta de esta crujió.

– Entre el ruido de la puerta y de mi estomago despertaré a todo el mundo – encendió la luz de la cocina y se encontró con la agradable sorpresa que en la mesa estaba puesta esperando a alguien, una taza de té con su respectiva cuchara al lado, una delicada servilleta bordada y… una deliciosa rebanada de tarta en un pequeño plato de postre, se le hizo agua la boca y su estomago volvió a gruñir – Ya va – dijo mirándose el vientre.

Se aproximó al exquisito postre y podía jurar que este la llamaba y pedía encarecidamente que la comiera – “Definitivamente me he vuelto loca” acercó su nariz deleitándose con el sutil aroma a duraznos con una pizca de canela, entrecerró los ojos y miró a su alrededor, nadie, no había nadie quien fuera testigo de lo que iba hacer, pellizco un poco de la masa y cerró sus ojos cuando el sabor a mantequilla con un toque de miel invadió su sentido del gusto. Tomó el tenedor que se encontraba minuciosamente al lado del plato y…no podía hacerlo, esa rebanada no era para ella, tendría que saciar su hambre con otra cosa.

– ¿No vas a comer? – se escuchó detrás suyo y soltó el tenedor pegando un pequeño grito – ¡Shhhh! – le reprochó el joven – Despertarás a todos.

– Crees que no lo sé – le contestó enojada – Si no te aparecieras de repente no habría gritado – se agachó y recogió el tenedor el cual lavó, secó y lo volvió a colocar en su antiguo lugar.

Anthony levantó una de sus cejas curioso por lo que veía y la contestación que recibía – ¿Entonces no comerás la rebanada de tarta?

– No – dijo sin mas y se dirigió a la alacena en busca de un poco de pan.

El joven apretó los puños y la miró con recelo – Preparé esto – dijo señalando la mesa – Porque sabía que te levantarías en la madrugada con hambre.

Ella se dio la vuelta y casi sin mirarlo le respondió – No te hubieras molestado.

– Estas de mal humor por lo que veo.

– No… – Por fin dio con lo que tanto buscaba, sacó el pan y tomó un cuchillo para cortar unas rebanadas, si por ella fuera se devoraría la pieza entera, pero no quería dar otro espectáculo y menos enfrente de él.

-¿Puedo preguntar qué te sucede? – le dijo Anthony cruzándose de brazos.

– Nada…solo que ahora no tengo ganas de algo dulce.

– Está bien, entonces me lo comeré yo ¿quieres un poco de té? – pasó por al lado suyo para poder calentar agua.

– No, sólo vine por el pan, tengo agua en mi cuarto.

– ¿No prefieres comer aquí? Podríamos terminar la conversación que quedó pendiente.

Candy terminó de envolver su improvisado tentempié en una servilleta y lo miró por unos segundos antes de contestar – No hace falta, me quedó claro tu postura, no hay que darle mas vuelta al asunto.

– Entonces todo está claro entre nosotros – afirmó el joven quien no estaba del todo de acuerdo con la simpleza de aquella contestación.

– Así parece – contestó sin mirarlo – Nos vemos en la mañana, que descanses.

– Espera… – la tomó del brazo antes de poder irse – ¿Qué te sucede? Es como si me ignoraras, como si no te importara…

– Tú has sido el primero en ignorarme – lo cortó de pronto y fue ahí cuando Candy levantó la vista que notó los ojos de la rubia los cuales opacos y rojos lo miraban con enojo – Desde que nos hemos vuelto a ver es lo único que has hecho, crees que no me he dado cuenta de la frialdad con la que me tratas, crees acaso que no me dolió la formas en que me mirabas hoy cuando llegue cubierta de lodo, vi claramente el desprecio en tus facciones, al parecer mi repentina aparición en ese estado interrumpió el maravilloso día que estaba pasando con la señorita Leagan. – se lo dijo como escupiendo las palabras – Perdón por arruinar tan agradable momento – se soltó con fuerza del agarre del rubio y comenzó a caminar hacia la puerta – Le pediré a Annie que extienda una invitación para Anabelle, hacen una pareja encantadora – comentó entre dientes.

– Gracias por tu preocupación pero se lo pediré yo mismo a Archie, me imagino que ya le entregaste la suya a Terry… – le dijo mordazmente.

Candy lo miró con el ceño fruncido, las cosas se estaban tornando ásperas entre ellos – ¡Claro! se me había olvidado…quizás tenga tiempo de ir Europa a entregarle personalmente la invitación y arreglar las cosas con él – Anthony la observó desconcertado – Tal vez pueda pedirle disculpas y retomar nuestra relación y hacer como si nada hubiera pasado.

Candy se marchó del lugar dejando al rubio en un claro estado de confusión, cuando salió de su ensoñación se dio cuenta que necesitaba saber mas, por lo que fue detrás de ella.

– Candy… – la encontró subiendo las escaleras – ¡Candy!

– ¡SHHH! – contestó mirándolo con enojo.

– Tenemos que hablar.

– Ahora no…y habla mas despacio, no quiero que la tía abuela se despierte.

– Ella no se despertará y si…hablaremos ahora – la agarró nuevamente del brazo prácticamente arrastrándola.

– Anthony… – forcejeó pero no se pudo soltar – suéltame…

Anthony se quedó quieto al pie de la escalera decidiendo a dónde irían – Hablaremos en la biblioteca…

– No quiero – se detuvo en seco haciendo fuerza para que la soltara – Déjame en paz.

– La levantó en brazos y se dirigió a destino, una vez que entraron Anthony la puso en el piso pero ella en un mal movimiento cayó sentada, él quiso ayudarla extendiéndole la mano pero Candy la apartó furiosa – ¿Quién te crees que eres para hacer eso? ¡Cuando alguien te dice que no es no! – se levantó tratando de acomodarse la ropa, se arrepentía tanto de no haberse puesto su pijama de franela, sus piernas estaban heladas al igual que sus manos.

Anthony por su lado encendió la lámpara que se encontraba encima del escritorio – Candy… lo siento.

Esta respiró profundamente – Sólo quiero ir a mi habitación a comer… – miró sus manos vacías – ¿Dónde quedó? – se preguntó mirando alrededor buscando lo que iba a saciar su hambre.

– ¿Terminaste con Terry?

– ¿En serio quieres hablar de eso ahora?

– Si…

– Mañana – sentenció la rubia.

– ¿Porqué lo hiciste?

Candy sin contestar comenzó a caminar hacia la puerta pero antes de abrirla el rubio se interpuso cerrando la misma con llave – No hemos terminado…

– Si, lo hicimos hace mucho tiempo ¡ahora hazte a un lado que quiero salir!

– ¡Sólo respóndeme de una maldita vez Candy!

– ¡Por ti! ¿¡Estás contento?! ¡Terminé con Terry por ti, porque nunca he dejado de amarte! – soltó con toda la rabia contenida.

Y allí, en ese preciso momento él la besó ansioso, con rudeza, quería sentirla, saber que era real y no uno de sus tantos sueños el cual acabaría al alba. La pegó a su cuerpo con fuerza, ella se quejó y a él parecía no importarle. Candy puso las manos en su pecho en un intento de alejarlo, pero entre besos le suplicó que no lo hiciera, que no lo alejara – Te amo… – pronunció como la mas profunda de las declaraciones y ella se sintió débil ante tales palabras y caricias – Te amo tanto… – besó sus ojos, mejillas y nariz – No me pidas que me aleje por favor…- sus besos bajaron por el cuello y la piel de Candy se erizó – Por favor mi dulce flor… – recorrió su cuello con besos húmedos, se deleito en su mentón y volvió a sus labios que lo recibieron gustosos. Candy llevó sus manos y las entrelazó alrededor del cuello de Anthony y esté acarició su espalda, bajando sus manos y posándolas en el trasero de la rubia apretándolo suavemente notando que debajo de esa fina tela solo había la exquisitez de una piel desnuda, ella no se quejó al contrario soltó un pequeño gemido que le dio a entender que lo estaba disfrutando.

Enredó sus dedos en los dorados cabellos de él, se regocijó al sentirlo tan sedoso, Candy suspiro sobre sus labios en busca de aire y contención a sus deseos.

Anthony la miró hambriento, lleno de deseos pero cuando Candy quiso retomar el beso éste la frenó – Candy… – tomó su rostro con ambas manos – Será mejor que paremos, la conversación se nos está saliendo de control – bromeó, pero Candy no se sentía satisfecha, había esperado tanto para volverlo a ver, que la pregunta se formuló sola.

– ¿Por qué?

Él levantó una de sus cejas incrédulo por la pregunta – ¿No es obvio? – instintivamente desvió la vista a su entrepierna y la razón del porque era mas que notoria, ella bajo la vista y sus mejillas se pintaron de rojo.

Anthony beso su frente y la tomó de la mano, cuando el puso la llave en la cerradura, ella lo detuvo – No quiero parar… – le dijo nerviosa colocándose entre él y la puerta – Quiero que me tomes entre tus brazos, quiero ser tuya Anthony…

– Candy – éste acaricio su rostro sonrojado y le dedicó una tierna sonrisa – No te imaginas lo que he deseado escuchar eso pero…tú te mereces sentir la suavidad del mas fino algodón sobre tu piel perfumado por pétalos de rosas que yo mismo cultivaré – la abrazó y habló cerca de su oído – Quiero amarte despacio, tomarme el tiempo de recorrerte entera – acarició su rostro y se detuvo en sus labios rozándolo delicadamente con su pulgar – Quiero que sea dulcemente y no de arrebato, tú mereces que sea perfecto.

– Y lo será, porque serás tú quien me abrace – se acercó lentamente y acarició con la punta de la nariz el cuello de Anthony – Si mi amor, será perfecto porque será tu boca la que me bese, la que me lleve a descubrir nuevas sensaciones – cada palabra era pronunciada con sensualidad sobre los labios de él.

– Candy… – sus alientos se encontraron entrelazándose como los mas hermosos colores de una aurora – Dime que me amas… – le pidió recorriendo con sus dedos la piel desnuda de su cuello, llevando su mano a la nuca de la joven hundiendo sus dedos en la espesa cabellera rizada hasta toparse con el lazo que con solo jalarlo liberaría una cascada de dorados rizos. Y así lo hizo.

– Te amo… – posó sus manos en el pecho de él acariciándolo con cuidado, temerosa de equivocarse – Anthony… – lo miró con intensidad revelando un brillo particular en sus ojos verdes – Te amo tanto…y si hoy mismo Dios nos separa sabré agradecer por haberme regalado la oportunidad de volverte a tener aquí, conmigo, saber que me amas, que sepas que te amo – sus ojos se mostraron cristalizados por la emoción – Te amaré hasta mi ultimo aliento…

El corazón de Anthony se hincho de felicidad, había esperado demasiado tiempo para escuchar esas palabras, conformándose únicamente con su inquieta imaginación que se escabullía durante sus momentos de sosiego y en los mas profundo sueño regalándole un poco, sólo un poco de consuelo.

No quiso que el momento se le escurriera de sus manos el consentimiento estaba dado haría cada segundo inolvidable. La besó con ternura, con paciencia, saboreó el dulce gusto de sus labios, inundó sus sentidos con la profundidad de su boca jugando suavemente con su lengua.

Llevó sus manos hasta los hombros de Candy y comenzó a bajar el sweater con delicadeza, como desojando una rosa antes de que el otoño llegue y se llevé con su brisa cada pétalos de la ya entregada flor. Sintió la textura de la tela de aquella bata que cubría el cuerpo de su amada, ella suspiró y cerró los ojos disfrutando de las sutiles caricias. El abrigo calló sobre sus pies, no quería que el juego fuera injusto entonces ella comenzó a desabotonar cada botón de su camisa, sin prisa, abrió la prenda y sintió como si miles de mariposas jugaran en su estomago cuando fijó su vista en el pecho de él. Lo deseo y no se limitó a observarlo, acercó su boca y besó la clavícula de Anthony, seguidos de suaves toques en aquella piel de caramelo, se tentó de saborearla por lo que apenas con la punta de la lengua la degustó y la disfrutó como si hubiera sido el dulce mas delicioso.

Anthony luchó para que sus mas primitivos deseos quedarán guardados pero la rubia no se lo hacía fácil, la tomó por la cintura apretándola contra él para que ella misma se diera cuenta de lo que estaba provocando – ¿Lo sientes verdad? – preguntó con voz ronca.

– Si… – contestó después de un suave gemido – Anthony… – lo llamó con la voz entrecortada – Quiero mas…

Las prendas en el cuerpo del rubio comenzaron a estar de mas dándose a la excitante tarea de despojarse completamente de todas ellas. Candy encontró perfección en cada parte de su cuerpo, se dejó tentar y tocó lo que ahora consideraba suyo, Anthony Brower sería solo suyo – Mio… – le susurró al oído mientras su mano acariciaba lentamente el abdomen de su ahora amante .Sintiéndose atrevida siguió recorriendo aquel camino tentador hasta toparse con la masculinidad de Anthony recorriéndola en su completa extensión.

Un gemido ahogado salió de su garganta, y la desesperación nubló lo poco que le quedaba de cordura, la levantó obligándola a que abrazara su cintura con las piernas

– Es injusto que sigas vestida cuando yo he quedado completamente desnudo – sonrió de lado, su mirada era fuego puro, la apoyó contra la puerta por un momento Candy se quejó por el movimiento tosco y desesperado pero no podía negar que le gustaba, recibió la boca sedienta de Anthony sobre la suya, se besaron con pasión con desespero, se separaron porque el aire era necesario, él sosteniéndola de los muslo comenzó a apretarlos, apoderándose del cuello de su pequeña muñeca, lo lamió como queriendo apropiarse de su esencia natural.

Los jadeos no se hicieron esperar cuando sus intimidades se rozaron, los movimientos lentos comenzaron a subir de intensidad, gimiendo sobre sus bocas sin llegar a besarse mirándose fijamente a los ojos. Anthony liberó su mano izquierda tratando de desatar el nudo de la bata labor que resultó ser desesperante. Quería verla, disfrutar una vez mas de aquellos senos desnudos que tantas veces fueron participes de sus sueños húmedos, Candy al entender lo que quería le facilitó la tarea, liberándose de una vez por toda de su única prenda.

Sin desaprovechar un segundo más Anthony acarició uno de sus senos suavemente jugando con su pezón erecto, ella gimió con fuerza pero él tapo su boca con la suya propia – Tranquila… – le susurró luego en el oído, bajó su cabeza buscando al torturado pecho y lamerlo, teniendo como respuesta las uñas de Candy clavándose en sus hombros, ella rogó que se detuviera, ya que le estaba provocando una inquietante pero deliciosa sensación en su vientre bajo. Él lo notó cuando los jadeos de Candy se hicieron mas agitados, dejó de prestar atención a su seno y buscó su rostro el cual estaba sonrojado – Aun no mi amor … – por un momento ella lo miró confundida pero comprendió cuando comenzó a caminar con ella aun en sus brazos hasta el sofá el cual estaba en medio de la habitación, se sentó y cuando su cuerpo desnudo toco el frió cuero dio un respingo que le provocó a Candy una pequeña risilla. Anthony la miró divertido y en un rápido movimiento consiguió recostarla en el frio mueble para ponerse encima de ella.

– ¡Anthony! – se quejó entre risas, pero de un momento a otro su rostro se puso serio – Dime que es a mí a quien deseas… – tomó su rostro con ambas manos – A nadie mas…

– Sólo te he deseado a ti mi amada Candy. Mi cuerpo, mi corazón y mi alma te pertenecen desde el momento en que nos conocimos en el portal de las rosas.

Con una sonrisa tímida lo atrajo hacia su boca para besarlo, sentirlo suyo, sentirse suya, firmar con besos ese pacto que los uniría para siempre. Lo amaba tanto que las palabras no alcanzaban para expresarlo, acarició su espalda apreciando sus músculos, consiguiendo que él se estremeciera por el sutil contacto enterrando su rostro en el cuello de la rubia para besarlo, Anthony se movió quedando entre las piernas de Candy y ella volvió a gemir por esa caricia tan intima, empujando sus caderas en busca de mas. Anthony temía no controlarse, jamás pensó que esas sensaciones lo quemarían por dentro, quiso probar el sabor de la anatomía femenina que se encontraba debajo de su cuerpo empezando desde su boca, bajando nuevamente por su cuello encontrándolo cada vez mas delicioso, siguió por sus hombros, sus senos, llevándose a la boca cada uno de ellos, haciendo que Candy se retorciera debajo de é,l sabía que ella estaba lista, la humedad que desprendía lo estaba desesperando. Entre besos y lamidas llegó a su vientre, cuando él quiso continuar con su recorrido ella lo detuvo.

– Espera…- Candy acarició su rostro sonriéndole – No hace falta que llegues…

– Pero quiero…¿no lo deseas? – preguntó él dejando un ligero beso sobre su monte de Venus – ella lo miró embelesado, la tenue luz de aquella pequeña lámpara producía sombras sobre su cuerpo y esto lo hacía mas tentador – Prometo ser gentil Candy – volvió a dejar otro beso acercándose mas a su meta.

Ella dio su consentimiento y Anthony comenzó a acariciar sus piernas separándolas, dejando besos húmedos entre sus muslos hasta llagar a su vulva, la observó por unos segundos que le bastaron para que su miembro ya totalmente rígido comenzara a doler por el deseo contenido. Lamió con suavidad un labio y después otro, ella se tensó lo sintió por la repentina rigidez de su cuerpo – Relájate… – le dijo levantando la cabeza para mirarla, ella apoyó toda su espalda respirando entrecortadamente, Anthony bajó su cabeza, concentrándose en el sexo húmedo de su adorada Candy, besó con delicadeza y jugó con su lengua sobre su pequeño botón erecto arrancando los mas dulces gemidos, aumentó la velocidad del juego y levantó unas de sus manos para acariciar sus senos. Candy tomó la mano de Anthony apretándola consiguiendo que esta se cerrara con mas fuerza sobre su pecho. La escucho decir su nombre entre jadeos y sintió como con su mano libre tocaba su cabeza enterrando sus dedos en su cabellera. Anthony adentró su lengua en la cavidad virginal y ella comenzó a mover las caderas provocando suaves embestidas.

– ¡Anthony…ahh! – un gemido tras otro y otro. La rubia llevó sus manos a su rostro, una desesperación de lo mas deliciosa se estaba apoderando de ella, hasta que entre jadeos el placer llegó a lo más alto provocando que la rubia alcanzara el clímax.

Anthony sintió como el cuerpo de su pequeña flor se relajaba, levantó la vista y ella seguía con sus manos tapándose el rostro – ¿Estás bien amor?

De repente ella se incorporó con una sonrisa, mordiéndose suavemente su labio inferior – Si… – respondió con una mirada picara – Pero tú… – dijo al ver que él aun estaba excitado.

El le sonrió con ternura – Yo estoy bien amor, aunque si no queremos que se enteré será mejor cambiarnos…

– No quiero… – le dijo empujándolo para sentarse encima de él. Anthony cerró los ojos sintiendo que tocaba el cielo cuando sus sexos volvieron a encontrarse, la sensualidad que ella desprendía lo volvía loco – Y tú tampoco quieres – se acercó y depositó un suave beso sobre sus labios que estaban entreabiertos.

– Candy pueden darse cuenta…

– No lo harán… – contestó acariciando su pecho dejando castos besos sobre el. Anthony se rindió y se dejó hacer, dejando caer su cabeza hacia atrás disfrutando lo que ella le otorgaba.

Las caricias comenzaron a ser mas osadas, las pequeñas y traviesas manos de Candy lo recorrieron por completo, de pronto él gruño de goce cuando ella tomó su miembro y comenzó a masajearlo – ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Te gusta? – preguntó con una mezcla de inocencia y temor.

– Candy me estas volviendo loco…eso se siente…¡ahhh!. Te deseo mi amor…

Ella lo miró embelesada, estaba perdida en las hermosas facciones de Anthony cuando se decidió

– Te amo – le dijo acercando su rostro para que él la mirara fijamente y fue que en ese momento ella levantó las caderas y posicionó el miembro de Anthony en su entrada.

– Candy espera… – y su queja quedó en el aire cuando ella bajo su cuerpo penetrándose por completo. Candy cerró sus ojos con fuerza, el dolor fue punzante – Mi amor…tranquila – dijo acariciando su cabello bajando su mano por su espalda – ¿Estás bien?

La rubia abrió sus ojos y le sonrió de lado – Si… – respondió comenzando a mover las caderas.

Los gemidos de Anthony no se hicieron esperar ni tampoco los de ella que a pesar de la incomodidad, el dolor de ese momento empezó a ser placentero. Él tomó sus caderas ayudándola en los movimientos que cada vez fueron mas acompasados. La imagen que tenía de ella se grabaría en su memoria para siempre, tenerla a horcajadas mientras sus pechos se movían al compas de las embestidas, su cuerpo perlado por el sudor, su cabello, sus gestos, sus gemidos – Cielos eres hermosa… – le dijo entre jadeos.

El placer parecía no tener fin hasta que la sintió que el interior de Candy se contraía alrededor de él, ella lo abrazó con fuerza ahogando un gemido cerca del oído, esto provocó una mayor excitación en el rubio quien provocó que los movimientos fueran más rápidos y asi poder alcanzar un delicioso orgasmo junto a ella.

Agitados se miraron juntando sus frentes. Las palabras parecían estar de mas porque sus cuerpos se encargaron de decir todo por ellos.

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  1. Haaaaaaaaaaa si por fin no tardes tanto con el próximo por favor

    Felicitaciones por tu niña o niño aca en argentina fue ayer el dia de la madres asi que feliz dia desde aca besotes

  2. Maravilloso deveras me encanto q ni queria q terminara alfin mi Anthony y candy juntos se lo merecen. Muchas grasias por continuar te felicito estuvo magnifico est cap espero actualices pronto aqu tu fiel seguidora. Bendiciones y felicidades por tu Nuevo baby grasias cuidate

  3. Hola Lala, que buen capitulo. Tienes una gran destreza narrativa y mucha imaginacion. Realmente no pense que aceptaria leer algo como esto ya que me encanta Terry como unico amor para Candy, sin embargo, debo de reconocer que Antony nunca tuvo oportunidad, y esta version de la historia es muy buena. Gracias por tener el tiempo para escribir y deleitarnos con esta historia. Felicidades por tu maternidad. Espero con ansias el siguiente capitulo… me tienes hasta soñando con el. Gracias.

  4. Muy bien estuvo interesante. No tardes mucho para el próximo ok.ah muchas felicidades por tu baby bye.

  5. Me gusta mucho el pasado regresa quisiera leer toda la serie

  6. Me gusta mucho el pasado regresa quisiera leer toda la serie es increible que escriban un romance de candy y antony

  7. Me encanta esta historia xfa continúa ……….

  8. Muy hermoso!

  9. Por favor cuando lo continúas con tu historia enserio la curiosidad me está matando , por que ya quiero saber qué va pasar en el siguiente capítulo de tu historia amiga porfavor siguela no nos dejan con la curiosidad de saber que va pasar en el siguiente capítulo , también me intigra que va pasar con Albert y Patty y también stear enserio todo eso me está matando de curiosidad . Y un saludo cordial desde Perú

  10. Reisa dice:
    Hola solo quiero hacer una pregunta sin faltar el respeto a este espacio, espero no me lo tomen a mal. Sin menospreciar este fic tan lindo y su escritora , quisiera preguntar si alguien sabe donde puedo encontrar mas historias de la escritora de Primavera otra vez. Es que escribí mi comentario en el capítulo final de ese hermoso fic y no sale publicado y ya lo intente muchas veces. Bueno me disculpo por mi atrevimiento e impertinencia. Agradeceré mucho si alguien me da alguna respuesta. Gracias.

  11. Nayla Tun Estrella

    Exelente historia sin final Porfa espero algun dia la logres terminar saludos

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