Home / Fan trabajos / El padre Leagan-Episodio 1

El padre Leagan-Episodio 1

PARTE I:  Servir al prójimo

                                        

 

Lakewood, Illinois

Un año después

 

 

La voz de Eliza resonaba por toda la mansión Leagan, y esta vez su madre no podía contenerla.  “¡Me niego a verlo!”, gritó con furia.  “¡Jamás le perdonaré que se haya ido a estudiar para convertirse en sacerdote!”

 

“Yo tampoco estoy muy contenta con la idea”, añadió la señora Leagan.  “Hubiera deseado que se casara con una joven a la altura de su prestigio social, e incluso yo estaba dispuesta a complacer su capricho de contraer matrimonio con esa chica del establo… pero Neil estaba tan decidido en marcharse y comenzar su seminario… desde que lo vi nacer no lo había visto tan convencido de algo.”

 

“No me importa cuán ‘seguro’ o convencido esté, ¡su deber era estar a mi lado y no abandonarme nunca!”

 

“Sé que debes extrañarlo mucho, pero como ya sabes hoy regresa a casa para tomar un mes de vacaciones y luego volver al seminario.  Por esta vez, hija mía, vamos todos a tratar de mantener la paz.”

 

“¡El único modo que yo pueda tener paz, mamá, es no volviendo a ver a mi hermano nunca más!”

 

“¡Retira tus palabras, Eliza!”  El señor Leagan hacía su entrada a la sala, no sin antes haber escuchado la conversación entre ambas mujeres.  “¡Quieras o no, Neil es tu hermano y merece ser bien recibido por todos!”

 

“¿Y tú con qué derecho nos dices cómo tratar a la gente?  Tú… ¡que apenas duermes en esta casa!  ¡De no haberte visto hoy, casi no alcanzo a recordar tu rostro!”

 

“¿Cómo te atreves a hablarle así a tu padre?”, irrumpió en cólera la señora Leagan.  “¡Discúlpate en este preciso momento!”

 

“¡No, no lo haré!”

 

“Querida”, dijo el señor Leagan a su esposa, “…dame un momento a solas con Eliza.”

 

La madre de Eliza abandonó la habitación, dejando a padre e hija contemplándose en silencio.  Finalmente, él tomó la palabra.  “Hija, sé que por razones de trabajo no he tenido el tiempo suficiente para estar al tanto de ustedes, por lo que me siento responsable por tu comportamiento y el de Neil… aunque él ya no me preocupa.  Ahora se encamina a ser un hombre de Dios, pero tú… tal vez creas que por mis prolongadas ausencias no tengo derecho de ejercer mi autoridad en esta casa, pero he decidido tomar medidas más drásticas contigo, aunque tu madre se oponga.”

 

La incertidumbre nubló los ojos de Eliza, antes de preguntar:  “¿Medidas como cuáles?  ¿Ponerme a trabajar como los sirvientes?”

 

“No puedo obligarte si no quieres, aunque debo admitir que estarías desperdiciando una gran oportunidad en tu vida si no lo haces.  Más bien hablaba de… refinarte un poco más, hacer de ti una verdadera dama…”

 

“¡Yo soy una verdadera dama!”

 

“No, no lo eres”, dijo el hombre con parquedad.  “Lo que necesitas es aprender a ganarte las cosas sin mirar a quién y haciendo tu mejor esfuerzo.  Eliza, he decidido enviarte a…”

 

“¡Padre!”, exclamó una joven voz masculina.

 

“¡Neil!”  El señor Leagan corrió a abrazar a su hijo, quien recién entraba a la habitación.  Eliza, por su parte, se volteó de espaldas a ambos.

 

“¡Dios los bendiga a todos, qué gusto me da ver a la familia completa reunida!”

 

Eliza volteó su cabeza con evidente disgusto.  “¿Desde cuándo eres el gran defensor de la unidad familiar, hermanito?  Ya veo cuánto nos extrañaste… ¡tanto, que me dejaste aquí, sola!”

 

Neil arqueó su ceja como siempre solía hacerlo, esta vez en completo asombro.  “¡Así que mi hermana ha estado triste por mi ausencia!”, exclamó.  “¿Pues qué te parece si recuperamos el tiempo perdido y salimos a dar un paseo?”  Intentó darle un abrazo, pero ella lo esquivó.

 

“¡Nunca!  Tú ya no eres mi hermano, dejaste de serlo el día del accidente.  A partir de entonces enloqueciste con eso de que habías tenido un encuentro con Dios.  ¿Eso es razón para que de la noche a la mañana quieras convertirte en sacerdote?”

 

“Tienes razón; todo pasó tan rápido…pero mi amor por Dios se ha mantenido intocable, y mi deseo de servirle para siempre es cada día mayor.”

 

“Eliza también va a comenzar a servir al prójimo, y lo hará mañana mismo”, interrumpió el señor Leagan.

 

“¿De qué hablas, papá?” preguntó la joven con un dejo de temor en su voz.

 

 

“Jamás cometería ese error; además, no quisiera escuchar quejas de las monjas con respecto a la conducta de Eliza…”

 

Ella llevó las manos  a su cintura.  “¡Hablan de mí como si yo no estuviera aquí!”

 

Su padre la ignoró.  “Neil… cerca de aquí hay un rancho cuyo dueño falleció recientemente, dejando a cargo a su hijo, con quien ya tuve una conversación, y desde mañana Eliza irá todas las tardes a ayudarlo en lo que necesite.”

 

Eliza rechinó sus dientes.  “¿Ayudar yoooo…. a un campesino?  ¿Cómo crees que yo haría semejante cosa?”

 

“Papá…”  interrumpió Neil.  “¿No crees que estás llevando las cosas a un punto demasiado extremo?  Deja que sea Eliza quien decida las riendas de su vida.”

 

“¡No te pedí tu opinión!”  exclamó su hermana.

 

“Desafortunadamente ya le di mi palabra a Tom; y aunque así no hubiera sido, de todos modos ya la decisión está tomada”, terminó diciendo el hombre de negocios.  Cambió de tema.  “¿Ya viste a tu madre, Neil?”

 

“Aún no, pero me encantaría.”

 

“¿Entonces qué estás esperando? ¡Vamos con ella!”  Y dicho esto, padre e hijo subieron las escaleras que los conducirían a la habitación matrimonial de la mansión, dejando a una iracunda Eliza gritando en vano los nombres de ambos. 

 

 

 

 

 

Ver todos los capítulos de este fic

Comentarios

comentarios

Check Also

LA PROMESA DEL OCÉANO… CAPITULO 3

CAPITULO 3 Voces lejos, muy lejos apenas perceptibles gritando con desesperación, unos brazos fuertes que …

3 comments

  1. Angela Saavedra fdez.

    Hola a mi me encanta candy me gustaria ser fans…

  2. ilian cristina armenta chavez

    HAHAHAHAHA, ELIZA LO TIENES MERECIDO, HAAHAHAHA

  3. bien deacuerdo es un buen comienso pero yo quiero saber con quien se quedo candy

Leave a Reply

Your email address will not be published.