Home / Fan trabajos / El padre Leagan-Capítulo 9

El padre Leagan-Capítulo 9

PARTE IX:  La revelación de un árbol

 

“¡Candy, Candy!”, gritaba John tratando de alcanzar a la joven.  “¡Por más que corras no lograrás atraparla!”

 

“¡Esa vaca regresará conmigo a como dé lugar!”, exclamó Candy en respuesta.  “¿Traes un lazo contigo, John?”

 

“¡No, no traigo ningún lazo!  Ya no corres como antes, deberías regresar con nosotros al hogar…”

 

“¡Regresaré con esa vaca aunque tenga que llevarla sobre mi espalda!”  De repente se dio la vuelta en dirección a John, y vio cómo éste caminaba de vuelta a la casa Pony encogido de hombros.  Corrió hacia él. “¡John!  ¡John, aguarda un momento!”

 

“¡Si quieres que vaya y busque la vaca por ti, no lo haré!”

 

“¿Qué te he hecho para que me respondas así?  ¿Y por qué últimamente me hablas en forma tan áspera?”

 

John se llevó las manos a la cintura.  “¿Áspera?  ¿La señorita ahora piensa que todos los huérfanos la tratamos en forma áspera?  ¿Desde cuando eres tan sensitiva, Candy Andley?”

 

“¡Mi nombre es Candy White Andley!  ¿Tienes algún problema con eso?”

 

Apuntándola con el dedo índice, el chico respondió:  “¡El único problema que tengo es que cierta chica mimada se cree ahora la más importante desde que fue adoptada por los Andley!”

 

“¿Por qué dices eso, John?  ¿Y desde cuándo estás tan resentido por eso?”.  Se acercó un poco.  “No pensabas igual cuando te escapaste del hogar para irme a visitar a casa de los Leagan, y ellos fueron muy crueles conmigo a diferencia de los Andley.”

 

“Era muy niño entonces… ahora sé que fuiste una esclava de esa familia, y aún así fuiste adoptada por otra familia adinerada.”

 

“¿Y eso te molesta?”

 

“¡Claro que me molesta!”, contestó John visiblemente alterado.

 

“¡Deja de señalarme con el dedo!” Avanzó hacia él.  “Por que te disgusta que yo haya sido adoptada?”  Al ver el silencio del muchacho, insistió:  “¿Qué te ocurre, John?  ¿Qué es lo que te pasa?”

 

El chico abrió la boca para responder cuando Annie Britter llegó corriendo hacia ellos.  “¡Caaaandy!”, gritó.

 

Candy olvidó por un momento la conversación con John, saliendo al encuentro de su amiga.  “¡Annie!”  Ambas se abrazaron, dejando cada una escapar sus lágrimas.  “Annie, cuánto lo lamento… ¡dije muchas cosas sin pensar!”

 

“¡Soy yo quien te pide perdón, Candy!  ¡No debí haberte ocultado algo tan delicado!”

 

“Como bien dijo Neil… no importa cuándo me lo hubieras dicho, yo jamás hubiera salido al encuentro de Terry, mucho menos después de todo lo que ha pasado entre nosotros.”

 

“Archie también se siente muy apenado… guardó silencio porque yo se lo pedí.  El no tiene culpa, Candy…”

 

“También entiendo a Archie, Annie.  El siempre tan protector… ¡tal parece que todos los Andley son iguales en ese sentido!”, rió.

 

“¡Me alegra verlas tan contentas;  así ya no tengo por qué intervenir!”, exclamó Neil a sus espaldas.  “¡Nunca había subido esta colina!  Por lo visto debo hacerlo más a menudo para ponerme en forma… ¡casi me asfixio de sólo ver todo lo que tenía que subir!”

 

Candy rió más fuerte.  “¡Es porque no estás acostumbrado!”  Dirigió una sonrisa conspiratoria  a Annie.  “Una de las vacas del hogar de Pony se soltó.  ¿Que dices si le pedimos a Neil que vaya y la busque?”

 

John salió de su hermetismo y exclamó:  “¡Sí, padre Leagan… por favor, permita que yo lo acompañe!”

 

Candy advirtió la soltura con la que el chico hablaba con el recién llegado, y se propuso hablar con Neil posteriormente.  “Sí, Neil…”, dijo, “…si piensas ayudarnos con las tareas en el hogar, ¡debes hacerlo en todos los sentidos!” Tanto ella como Annie rieron.

 

“¡Al menos aguarden a que yo recupere el aliento!  ¡Subir a esta colina es como subir a la Estatua de la Libertad!”

 

“No seas tan exagerado”, dijo Annie.  “¡Hace mucho que partí del hogar de Pony, y continúo subiendo la colina como antes!”

 

“¡Subes la colina, pero no trepas árboles!”, interrumpió John.

 

“Sí lo hice… una vez, en el colegio San Pablo, junto a Patty”, Annie omitió decir las circunstancias bajo las cuales lo hizo para no incomodar a Neil.  “Pero el padre árbol… ése nunca lo he trepado.”

 

“¿El padre árbol?”, preguntó Neil.

 

“¿No sabes dónde está el padre árbol?”  Candy no lo podía creer.  Entonces Neil no había reconocido el lugar donde… “John, ¿serías tan amable de llevar a Neil a que conozca al padre árbol?  Desde allí será más fácil encontrar  la vaca.”

 

“Sí, padre… ¡vamos a trepar el padre árbol!”

 

“¡Treparlo no!”, aclaró Candy.  “¿Qué espera, padre Leagan?  ¡Andando!” Lo empujó de tal manera que casi tumba a John al suelo.  “¡Vé con ellos, Clin!”

 

John condujo a Neil hasta el padre árbol, y Clin les llevó la delantera.  Atrás había quedado el seminarista, quien de vez en cuando se detenía a tomar un respiro en medio de su agitada carrera.  “¡Aquí, padre!”, exclamó el niño con suma emoción.  “¡Apresúrese, ya Clin y yo llegamos!”

 

“Sólo un poco más, Leagan”, se dijo el joven en voz alta.  Escaló una última vez hasta llegar al pie de una pequeña montaña, dispuesto a contemplar al tan comentado padre árbol. 

 

Cuando al fin lo hizo, cayó de rodillas al suelo.

 

Las piernas le comenzaron a temblar, y John se disponía a trepar por una de las ramas cuando vio a su acompañante hincado en la tierra.  Clin emitió un gemido de preocupación, y John preguntó:  “¿Se encuentra bien, padre?”

 

Apoyando sus manos en la tierra, e inclinando su cabeza de manera tal que casi cae de bruces, Neil no pudo evitar una violenta sacudida en todo su cuerpo.  “No es posible”, murmuró.  Hasta ese momento, el había pensado que su encuentro con Dios luego del accidente había sido sólo un sueño, pero aquí estaba, ante él… las ramas que lo recibían, un fuerte tronco sosteniendo las mismas… la misma sensación de una compañía no visible… Tomando control de sus impulsos, se levantó y corrió hacia el árbol.  Nunca en su vida había trepado uno, pues antes pensaba que era algo vulgar y tonto; pero el Neil Leagan que ahora escalaba como un experto y agarraba una de las ramas era muy diferente al de entonces.  “Así se hace… ¡lo está haciendo muy bien!”, oyó decir a John, quien junto a Clin ya se encontraba recostado sobre la rama más alta.

 

“¡Allá voy, John… yo también llegaré!”  Sin dudar un solo segundo de sus movimientos,  Neil fue subiendo de rama en rama, hasta alcanzar aquélla donde John y Clin lo observaban divertidos. “Creo que debí haberle lanzado una cuerda”, comentó el chico.

 

“No pude evitar escuchar la discusión que tuviste con Candy, y entre otras cosas le decías que no tenías con qué amarrar la vaca”, indicó Neil fatigado. 

 

“¿Usted escuchó todo, padre?”

 

“No pude evitarlo.  John, Candy no tiene la culpa del destino que Dios le ha dado para vivir, como tampoco es responsable por el tuyo.  Ella es muy perceptiva, y tal vez se ha dado cuenta que hay algo que te perturba, y sólo intenta ayudarte.”  Mirando al horizonte añadió:  “Por muchos años yo luchaba contra mi propio destino sin tener idea alguna de lo que Dios quería realmente para mí… hasta que hace un año, en este mismo lugar, tuve un desafortunado accidente en el cual El se manifestó y en breves palabras me indicó el camino que yo debía seguir… ahora me pregunto cómo el auto vino a dar contra el árbol, siendo este un lugar tan alto y apartado de la carretera.”  Contempló el cielo de espesas nubes blancas que parecían sonreírle, y permaneció en silencio un buen rato, hasta que sin darse cuenta, rompió el mismo con un ahogado gemido en su garganta, y dejó escapar unos intensos sollozos.  “¡Nunca antes había sido tan feliz!”

 

John observó el valle que se extendía debajo de ellos, absorbiéndolo como si lo estuviera viendo por primera vez.  El césped, el ganado, Jimmy galopando a lo lejos, seguramente regresando a casa y al señor Cartwright… todo se veía diferente, más brillante, como si nunca antes hubiera estado allí.  “He trepado este árbol miles de veces, pero nunca he tenido las emociones que veo en usted, padre.”

 

Neil colocó una mano sobre su hombro.  “No pierdas la esperanza, John… mientras Dios sonría a través de la naturaleza, y mientras tengas este hermoso paisaje en el cual te puedas mirar a ti mismo y a los demás, nunca estarás solo… y verás cómo Dios te ayudara.”  ‘Y espero ayudarte yo también’, pensó.   “Ya casi estoy hablando como el tío Albert y su amor por la tierra y los animales… ¡no te ofendas, Clin!”, exclamó al ver cómo el mapache gimió en señal de protesta.

 

“Es usted digno de admirar, padre Leagan”, dijo John.  “Candy y la señorita Pony también le han tomado mucho cariño, y piensan que usted es un buen ejemplo de lo que todo ser humano debe hacer.”

 

“Tomaré tus palabras como una pauta a seguir el resto de mis días… ¡gracias por haberme mostrado el padre árbol!”

 

“Mejor debe darle las gracias a Candy… ella fue la de la idea… pero creo que perdimos la vaca.”

 

“¡Tienes razón!”  Ambos rieron hasta el cansancio.  ‘Candy’, pensó Neil, ‘¡qué hermosa vida has tenido… y qué bueno ha sido Dios contigo!’.  Suspiró.  ‘Sólo espero que Eliza y el resto de mi familia también puedan apreciar la verdadera belleza… la belleza de Dios.’

 

 

 

A sólo unos pasos, Candy y Annie conversaban, y esta última abrió su corazón a su amiga acerca de su relación con Archie.  “No te molestes por lo que voy a decir, Candy, ¡pero a veces pienso que él sigue enamorado de ti!”

 

Candy emitió una risilla nerviosa.  “Perdón, no me estoy burlando de ninguno de ustedes, ¡pero es absurdo que pienses que a estas alturas Archie todavía piense en mí como mujer!”

 

“¿Entonces por qué no es más romántico conmigo?  Ya estamos a punto de casarnos, ¡y todavía no he recibido un beso de él!  Tú y Terry se besaron mientras estudiaban en el colegio San Pablo.”

 

“No nos besamos, Annie”, intentó aclarar Candy, sintiendo un rubor traicionero en sus mejillas.  “El me robó un beso, y éramos apenas unos niños.  ¡El no sabía lo que estaba haciendo!”

 

“¿Tampoco sabían lo que estaban haciendo cuando se enamoraron?”

 

“¡Annie Britter!”

 

“¡Yo sí sé lo que voy a hacer, Annie!” Un encolerizado Archie Cornwell se abría paso para agarrar a Annie por el hombro.  “Candy, ¿te importa si te pido que me dejes a solas con Annie un momento?”

 

“Claro, Archie, pero primero cálmate.  Antes de irme quiero pedirte disculpas por haberme enfadado contigo y con Annie.”

 

“No hay nada que debamos perdonar, somos nosotros quienes te pedimos una disculpa.”

 

“¡No hay problema, Archie!”  Dio media vuelta y se marchó, dejando a Annie bajo el escrutinio de la iracunda mirada de su novio.  “¿Qué sucede, mi amor?”, preguntó con temor.  “¿Y por qué me hablas así?”

 

“No me digas mi amor”, dijo él.  “Ya me contaron todo, ¡te ves a escondidas con otro en plena calle!”

 

“¿De qué estás hablando, Archie?”  Annie no podía dar crédito a lo que estaba escuchando.  “¿Y quién te ha dicho semejante cosa?”

 

“Una señora de nombre Abigail Townsend envió un telegrama indicando que estabas abrazada y tomada de manos con un chico que no era yo.”

 

“Pero yo estaba haciendo unas compras cuando…”  De repente recordó su encuentro con Neil.  ¡Claro!  De seguro la señora Townsend era nueva en la ciudad y no conocía a Neil, interpretando las cosas de otra manera.  “Sí”, le dijo a Archie, “¡estaba hablando con otro muchacho!  Pero no es lo que te imaginas…”

 

“¿Qué debo imaginar entonces?  ¿Que mi novia me hace creer que anda preparando todo para la boda cuando en realidad se burla de mí a mis espaldas?”

 

“¿Tan poco confías en mí?  Pues ya que no quieres escucharme,¡ permíteme decirte que ese muchacho ha hecho mucho más por mí que lo que tú has hecho en años!” 

 

“¿Que yo no qué?  ¿Tienes alguna idea de lo que yo he sacrificado por ti?”

 

“Si te refieres a Candy, ella nunca fue tuya ni lo será.  Entiéndelo, nunca se fijará en ti porque tiene su corazón puesto en alguien más, ¡aunque ella no quiera admitirlo!  Además,  nunca te obligué a ser mi novio, esa decisión la tomaste tú solo.”

 

“Cancelaré la boda, Annie…”

 

“¿Cómo… ahora que estamos a punto de casarnos piensas romper nuestro compromiso?  ¡Archie, mi familia ha invertido una fuerte suma de dinero en los preparativos!”

 

“¿Es eso lo único que te importa, el dinero?  ¿No has pensado que hay cosas que me importan mucho más que una frívola fiesta?  ¿O es que para ti es más importante el vestido de novia que el daño que le hicimos a Candy?”

 

“Todo se reduce a eso… ¡a Candy!”

 

“No seas injusta, Candy ha sido como una hermana para todos.”

 

“Muy bien”, con mirada altiva, Annie miró a Archie diciendo:  “Si prefieres cancelar la boda, no te detendré, ¡pero yo tampoco detendré los preparativos!  Te demostraré que tú y esa señora, que no tengo idea de quién es, están equivocados.  Y si ya terminaste de decir todo lo que querías, no tienes nada más que hacer aquí.”

 

“¿Ni siquiera vas a darme una explicación de lo hiciste?”

 

“¿Respondiste el telegrama de la señora Townsend pidiendo a ella una explicación sobre lo que vio?”

 

Sin poder ocultar su sorpresa, Archie caminó de regreso a su coche.  ¿Era su imaginación, o la Annie Britter con la que había conversado se mostraba astuta y desafiante?  Por razones que no lograba explicar, sintió la adrenalina correr por todo su cuerpo… ¡nunca antes Annie se había visto tan hermosa!  ¿Pero  quién sería  ese otro hombre?

 

 

 

Y a medida que el auto desaparecía de su vista, Annie sonreía para sus adentros.  ¡Archie estaba celoso de Neil!  ¿Pero por qué no le había dicho toda la verdad…que era Neil la persona con la que ella hablaba frente al hospital Santa Juana?  ‘No diré nada aún’, se dijo.  ‘Si Archie confía en mí lo suficiente, entenderá que esto no es más que un rumor mal infundado.’

 

 

Una vez más, John y Clin tomaron una gran ventaja sobre Neil en su carrera de regreso al hogar de Pony.  “Candy, ya llegamos…”, exclamó el chico, “…¡pero no pudimos encontrar la vaca!”

 

“¡No te preocupes!”, respondió Candy lanzándole un guiño de ojo.  “Verás cómo muy pronto aparecerá.”

 

“Quiero pedirte perdón por la forma como te he tratado.  Hablé con el padre Leagan, y ahora estoy más tranquilo.  ¿Y sabes qué? ¡Voy a tratar de no mojar la cama otra vez!”

 

“¡Me alegra escuchar eso, John!”

 

Cuando Neil llegó, su fatiga apenas lo dejaba hablar.  “¿Candy, qué has hecho conmigo?  ¿Quieres matarme de un infarto, mujer?”

 

“Eso es la falta de ejercicio, padre”, indicó John antes de entrar a la casa, y Candy comentó  a Neil:  “¡Veo que John te ha tomado mucho cariño!”

 

“Está un poco confundido porque no ha sido adoptado, pero logré calmarlo un poco.  ¿Dónde está Annie?”

 

“Archie llegó de repente y pidió hablar con ella a solas.  ¡Estaba furioso!”

 

“Ahora que estamos solos”, interrumpió Neil, “quiero hablarte sobre la plática que sostuve hace un par de días con el doctor Lenard… acerca de un posible trabajo para ti.”

 

“¿En el hospital Santa Juana?”, preguntó ella con cautela.  “Por cierto, ¿cómo está Susana?”

 

“Mejor de lo que pensamos.  Creo que con un poco más de tiempo, se recuperará por completo.”  Cambió de tema.  “¿Sabes lo que me dijo el doctor Lenard cuando le solicité que te dieran un empleo nuevamente?”

 

“Supongo que no tiene nada disponible…”

 

“De hecho, me informó que se necesitan muchas enfermeras para recibir de vuelta a los soldados heridos provenientes de la guerra en Europa, y ayudarlos en su recuperación.  ¿Qué dices, Candy… aceptas?”

 

Candy  llevó una mano a su mentón, quedando pensativa por unos segundos.  “No es mala idea… pero antes debo consultar con la señorita Pony.  No puedo dejarla sola aquí, no mientras la hermana María no esté de vuelta.”

 

“El doctor Lenard me indicó que no hay apuro porque tomes una decisión ya que debido a la guerra urge el servicio de enfermeras aquí en América.”

 

“Me parece bien.  Además, ¡extraño mucho el hospital Santa Juana!”

 

“No será allí donde trabajarías, Candy, sino en otra ciudad… muy lejos de aquí.”

 

“¿Ah, sí?  ¿Y de qué ciudad se trata?”

 

“Nueva York.”

 

Candy quedó de una pieza.  De todos los lugares del mundo, y entre tantas ciudades…”No puedo, Neil.  No necesito pensarlo, ¡en verdad no lo haré!”

 

“Supuse que reaccionarias así.  Candy, ¿dónde crees que estoy tomando mis estudios de teología?  ¡En Nueva York!  ¿Y sabes cuántas veces me he encontrado con Terry?  ¡Ninguna!  ¿Por qué debes suponer que trabajando en Nueva York tropezarías con él?”

 

“Sé perfectamente que Nueva York es una ciudad muy grande… pero me trae muchos recuerdos, Neil, ¡muy dolorosos recuerdos!”

 

“¡Y huyendo de los recuerdos perderás una oportunidad de trabajo inigualable!”  La miró fijamente.  “¿O  piensas que encerrándote en el hogar de Pony quedarás libre de todos tus recuerdos y preocupaciones?”

 

Ella sólo lo observaba en silencio.

 

“Candy, cuando Dios tiene un plan establecido para nosotros, nada ni nadie puede evitar su curso.  ¿O acaso crees que Susana se encuentra en Chicago por pura casualidad?  Dios está tratando de enviar un mensaje!”

 

“¿Un mensaje para quién… para mí?”

“Con toda certeza.  No tienes que tomar una decisión ahora, Candy; pero tampoco te cierres a la idea.”

 

“¡Neil!  ¡Candy!”  Annie atravesó la puerta a toda velocidad, y corrió a los brazos de su amiga, dejando escapar todo su llanto.  “¡Archie ya no quiere casarse conmigo!”

 

“No lo puedo creer, Annie”, dijo Candy.  “¿Por qué Archie haría eso?”

 

Annie se dirigió a Neil diciendo:  “¿Recuerdas esta mañana cuando hablábamos frente al hospital Santa Juana, justo antes que vieras a Susana?”

 

“Claro que sí, pero no sé qué tiene que ver eso con…”

 

“Pues una mujer llamada Abigail envió un telegrama a la mansión Andley diciendo que tú y yo nos veíamos… como novios.  La tía Elroy no quiere saber nada sobre el compromiso, y Archie dio por terminada la relación.”

 

“No conozco ninguna mujer llamada Abigail… debe ser nueva por aquí y tal vez por eso no me reconoció”, comentó Neil.

 

“Neil, Annie… ¡debemos escribir a Albert ahora mismo!”

 

“No, Candy”, interrumpió la joven de cabellos oscuros.  “Agradezco que quieras ayudarme, pero por esta vez debo resolver el asunto yo sola.”  Tomó las manos de sus dos amigos entre las suyas.  “Sólo un favor les pido… ¡no le digan a Archie quién es el hombre al que se refiere la señora Townsend!”

 

“No me pidas eso, Annie”, dijo Neil.  “Eso sólo empeorará las cosas.”

 

“Necesito saber hasta dónde llega el amor y la confianza de Archie.  Con respecto a la boda, no cancelaré la misma aún.  No pierdo las esperanzas de que Archie recapacite.”

 

“Yo tampoco, Annie”, añadió Candy.  “Archie es muy inteligente y en cualquier momento habrá de entrar en razón.”

 

“Annie”, dijo Neil, “si así lo deseas, no diré nada a Archie al respecto, pero al menos permíteme ofrecerle un consejo en cuanto tenga la oportunidad.”

 

“Seguro, Neil… gracias.”  Los tres jóvenes quedaron así, tomados de la mano, manteniendo el contacto, en un silencioso pacto de amistad.

Ver todos los capítulos de este fic

 

Comentarios

comentarios

Check Also

LA PROMESA DEL OCÉANO… CAPITULO 3

CAPITULO 3 Voces lejos, muy lejos apenas perceptibles gritando con desesperación, unos brazos fuertes que …

Leave a Reply

Your email address will not be published.