Home / Fan trabajos / El padre Leagan-Capítulo 2

El padre Leagan-Capítulo 2

PARTE II:  La intuición de Clin

 

 

Neil se detuvo pensativo frente al hogar de Pony.  El chofer  había ofrecido dejarlo justo frente al lugar, pero él se negó y prefirió caminar el resto del camino y contemplar la naturaleza tal y como el Creador la había diseñado.  Eliza, por su parte, había decidido continuar dentro del vehículo que la llevaría al rancho de Tom.  ‘¡Lo último que deseo en este momento es ver a esa chica de establo!’, le había dicho.

 

El sonrió para sus adentros, recordando toda su vida al lado de su hermana y de su madre, y cómo su voluntad flaqueaba ante la toma de decisiones de ambas.  Su debilidad lo había convertido en cómplice de muchas de las acciones tomadas contra Candy…y contra terceros.  Respiró profundo, y caminó rumbo a la entrada del hogar.

 

No necesitó tocar la puerta.  Candice White Andley abrió la misma, llevando en sus manos un balde con agua.  De primera instancia no lo había visto; entonces él dijo, “Hola, Candy”, y fue entonces cuando la vio estremecerse, al punto que dejó caer el balde al suelo.

 

Candy se volteó.  La voz que tantas emociones no deseadas había causado en ella… lástima, rabia, miedo…por un momento pensó que estaba soñando, que no era  Neil Leagan quien se encontraba frente a ella.  Cerró sus ojos, y los volvió a abrir de inmediato, intentando borrar la imagen del chico, pero él continuaba allí, inmóvil, sin emitir palabra.

 

¡¡Tú!!”, exclamó Candy.  “¿Qué haces aquí, en el hogar de Pony?  ¿Y cómo te atreves a venir, después de todo lo que ha pasado?”

 

Neil bajó la cabeza.  Sabía que no sería fácil hablar con Candy, pero jamás se había preparado para tan frío recibimiento.  La chica que tan desinteresadamente lo había salvado de unos delincuentes años atrás, y que siempre mostraba una sonrisa aún en los días más grises, ahora lo miraba con ojos llenos de resentimiento, y no era para menos…su vergonzoso encuentro en la villa, en el cual la había engañado haciéndose pasar por Terry, había sido la culminación de un ciclo de actos impulsivos e inseguridades.

 

“Sé lo que debes estar pensando”, comenzó a decir, “Hace más de un año te hice víctima de aquel… desafortunado incidente.”

 

“¿Te refieres al accidente que tuviste en tu automóvil que tanto se comentó en los diarios?”, preguntó ella con cautela, aún sin poder creer que el percance al cual hacía referencia había ocurrido justo bajo el Padre Árbol, y se preguntaba, luego de todo el tiempo transcurrido, qué hacía Neil por esos lugares, y cómo el auto de éste había salido disparado tan lejos de la carretera.  El día de la colisión, ayudaba a la señorita Pony y a la hermana María dando un baño a los niños, por lo que no alcanzó a avistar a lo lejos un coche estrellado bajo el remoto árbol, su conductor siendo socorrido por algunos hombres del señor Cartwright, quienes se encontraban cerca y habían conducido a Neil a un hospital cercano.  No… Candy no se había enterado del accidente por los diarios como pretendía hacer creer a Neil, sino a través de Jimmy y la gente del señor Cartwright.

 

“No me refería a eso precisamente, sino a aquella noche que te engañé de manera tan vil tomando ventaja de tu dolor por Terry.”

 

Candy palideció ante el nombre de quien aún provocaba escalofríos en su cuerpo y latidos acelerados en su corazón, y Neil tomó nota mental de la reacción.  No quedaba rastro alguno de la chica risueña y desenvuelta de antaño, y en manos de él estaría rescatarla de las sombras.

 

La joven no le permitió continuar.  “No entiendo la razón por la que estás aquí.  ¿Acaso está Eliza escondida tras los árboles, aguardando algún descuido de mi parte?  ¿Qué es lo que quieres de mí ahora?”, preguntó, alzando la voz más de la cuenta.

 

“¿Candy, qué haces?  ¿Ha llegado carta de la hermana Ma…”, preguntaba la señorita Pony asomándose por la puerta.  Entonces vio a Neil, y miró a  Candy lo suficiente para advertir la helada expresión de su adorada criatura.  Esbozando una amplia sonrisa, dirigió nuevamente su atención hacia el acompañante de ésta.  “Buenos días, joven…  ¡Qué gusto contar con personas que puedan servir de compañía para mi Candy!  Hace más de un año que vive conmigo y con la hermana María, y aunque ella insiste en negarlo debe sentirse muy sola…”

 

“¡Señorita Pony!”, exclamó Candy.  “Este es Neil Leagan, el hermano de Eliza… ¡y una de mis peores pesadillas!  ¡No olvide todo lo que le he contado sobre ellos!”

 

La señorita Pony permanecía impasible, y por un momento la chica se preguntó si realmente la había escuchado.  Fue entonces cuando Neil decidió romper el hielo y poner fin a la tensión que se había generado.  “Un placer conocerla, señorita Pony; tengo entendido que con ustedes vive también la hermana María, a quien una vez conocí durante una visita que ella hiciera a la mansión Legan.  ¿Se encuentra aquí con ustedes?”

 

“Ella y Albert están sirviendo como misioneros en África, al igual que Patty”, contestó la señorita Pony, y luego añadió:  “Supongo que a Patty la conoces, como supongo también que estás al tanto de la labor humanitaria que está realizando Albert…”

 

“Sí, estaba enterado de la expedición de Albert, pero no tenía idea que estuviera acompañado.  Lástima que yo no fuera con él, de no haber sido porque continúo en el seminario…”

 

“¿¿¿Seminario???”, preguntó Candy.

 

La señorita Pony creyó preciso permitir a ambos jóvenes conversar a solas, pues una voz interna le decía que el encuentro que acababa de presenciar cambiaría la vida de Candy para siempre.  “Iré a ver si los niños necesitan algo, Candy”, indicó, y justo antes de desaparecer por la misma puerta por la cual había salido momentos antes,  dijo a ésta:  “¡Procura atender bien a tu invitado!”

 

“¿Invitado?”, murmuró Candy entre dientes.  Se dirigió a Neil.  “¿Y qué nueva broma es ésta?  Has llegado muy lejos, Neil… ¡con los asuntos de Dios no se juega!”

 

“Para ser tan joven eres muy amargada, Candy…”, comentó él, sonriendo burlonamente al mismo tiempo que cruzaba los brazos, gesto que la rubia reconoció de inmediato.

 

“¿Y por qué razón debería serlo?  ¿Será porque por causa de tu familia yo perdí mi trabajo y mi credibilidad?  ¿O más bien porque gracias a la trampa que me tendió Eliza en Londres yo me separé de lo más hermoso que me había sucedido en la vida?  Si no se trata de todo esto, ¿recuerdas el intento de secuestro del cual me hablabas hace apenas unos segundos, o es que eso también lo olvidaste?”  Trató de continuar, mas su voz se entrecortó y lágrimas de furia se asomaron a sus ojos.

“Candy…” Neil dio un paso hacia la iracunda enfermera, haciendo que ella retrocediera.  “¿Acaso Albert no te ha contado nada sobre lo que he estado haciendo todo este tiempo?”

 

“El ha estado viajando mucho en este último año, y en las ocasiones que ha regresado sus visitas han sido tan breves que apenas hemos tenido tiempo para hablar sobre ti y Eliza.”

 

“¿Y Annie y Archie?  ¿Tampoco los has visto?”

 

“Muy pocas veces… ambos están atareados con los preparativos de su boda, que como debes saber será el mes entrante.”

 

“¿Significa que no sabes que estoy estudiando para ser sacerdote?”

 

“Sigo sin entender,  Neil…”, dijo Candy, sintiendo un travieso y familiar cosquilleo en uno de sus pies; pero cuando se inclinó con intenciones de cargar a Clin, el animalito corrió en dirección a Neil, saltando al estómago de éste, justo a tiempo para que él lo tomara entre sus brazos… y el sonido de alegría que escapó de la garganta del alegre mapache no pasó inadvertido para la chica de cabellos dorados.  “¡Clin!”, exclamó ella riendo, “¿Desde cuándo tienes tanta confianza en…”  Fue entonces cuando lo supo.  Bastó con mirar a Clin a los ojos para saber que la selectiva criatura no fallaba en escoger a aquéllos que inspiraban amor.

 

“Entonces es cierto…” murmuró Candy.  A su mente llegó la imagen de Neil llevando puesta una sotana y confesando feligreses… le parecía increíble… tan increíble que sintió cómo su garganta se llenaba de un golpe de aire ya casi olvidado por ella… y le sobrevino una risa incontenible, tanto que comenzó a dolerle el vientre y a hinchársele los párpados.

 

Neil sonrió y continuó acariciando a la mascota.  “Qué intuitivo eres, Clin… de no ser por ti, Candy jamás hubiera creído que quiero pertenecer al clero.”

 

Candy siguió riendo por unos minutos, hasta que tomó aire y dijo:  “Conozco a Clin como la palma de mi mano, ¡y si confía en ti es porque eres digno de que lo haga!  Pero si quieres que te diga la verdad, creo que la señorita Pony también vio algo especial en ti…¡fui yo la única en no haberme dado cuenta antes!”

 

“Es por tu enojo, y lo comprendo.  A eso he venido; a decirte que no espero que me perdones de inmediato por todo lo que he hecho.  Quiero ganarme tu perdón de la misma forma como debemos ganar nuestro pase al Cielo: con hechos más que con palabras.  Es por eso que quiero pedirles a ti y a la señorita Pony que me permitan pasar algunas tardes con ustedes mientras yo esté en Lakewood.  Y con la hermana María lejos, creo que necesitan un poco de mi ayuda…”

 

“Conociendo a la señorita Pony, estoy segura que aceptará…”  De repente pensó en Eliza.  “¿Qué piensa su hermana de todo esto, padre Leagan?”  Volvió a reír.

 

“Aún no me llames así, apenas he iniciado mis estudios en teología.  Sobre Eliza, no está de acuerdo con el rumbo que he decidido tomar, pues cree que estoy cegado por el accidente y lo que no comprende es que no he tomado lo ocurrido a la ligera ni como un incidente aislado.  Es cierto que el accidente me hizo pensar muchas cosas sobre qué había hecho yo con mi vida y de cómo había llevado la misma espiritualmente, pero a medida que fui leyendo más la Biblia y tratando de obrar según la fe cristiana descubrí que no quería limitarme sólo a manifestar mi devoción, sino también a tratar de llevar la Obra y la Palabra de Dios por todos los lugares, y dedicarme por completo a El.  Me he enamorado de Dios, y solo a El quiero servir… a nadie más.”

 

Candy enmudeció.  El Neil que nunca tomaba acción por sí solo y que siempre se escudaba bajo las faldas de su madre y su hermana, de repente había madurado y se independizaba lo suficiente como para diferir de su familia en un asunto tan importante… ¡su propia vida!

 

“Eso no es todo…” añadió Neil.  “¿Has hablado con Tom en estos días?  ¿Es el mismo Tom que mi hermana y yo conocimos una vez… aquél cuya carreta impactó a Eliza mientras cabalgaba con Anthony?”

 

“Sí, es él… y me comentó que esta semana recibiría a una joven de alta sociedad a quien daría una buena dosis de lo que es la vida en el rancho… al menos eso fue lo que me dijo.”

 

“Pues quiero que sepas que esa joven a la que se refiere es Eliza.”

 

“¿Cómo?  ¡Eliza! ¿Y eso por qué?”

 

“Mi padre insiste en que le hace falta conocer la vida de los humildes y así ser una mejor persona…”

 

“¡Pobre Tom!  Lo que le espera…”

 

“Supe que su padre falleció;  tal vez la compañía de Eliza le sirva de distracción.”

 

“¡Y vaya distracción!”  Ambos rieron al unísono, y a medida que entraban al hogar para hablar con la señorita Pony, Neil sentía cómo liberaba un gran peso de sus hombros.  Candy estaba dispuesta a darle otra oportunidad, y él, con la ayuda de Dios, devolvería la sonrisa a su rostro. 

 

 

 

Ver todos los capítulos de este fic

 

 

Comentarios

comentarios

Check Also

Caminos del destino Capítulo 33

CAMINOS DEL DESTINO POR SHELSY Capitulo 33   Rencor La luz del sol iluminaba la …

One comment

  1. ilian cristina armenta chavez

    O.O
    es enserio

Leave a Reply

Your email address will not be published.