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El amor de la rosa eterna – Cap 123

El amor de la rosa eterna – Capitulo 123 – Dulce casualidad
por Astareth

¿Por qué el tiempo pasa tan rápido cuando lo que quieres es que se detenga? Pensaba Candy, mientras Emily su mucama le cepillaba el cabello, Emily era una chica dulce y fiel a los Andley, ella le haría compañía a Candy y Paty durante el viaje, Emily miraba a Candy a través del espejo, no tenía mucho de conocerla pero le había tomado aprecio, se decían muchas cosas de ella pero Emily estaba acostumbrada a no juzgar a la gente antes de conocerla.

Emily –Sucede algo Srita Candy – le pregunto mientras acariciaba sus suaves rizos –

Candy – Emily te has enamorado alguna vez – le respondió con otra pregunta –

Emily – No realmente jamás me ha pasado, usted si verdad –

Candy – Que cosas dices Emily –le sonrió –

Emily – Sus ojos se ven enamorados – Candy se sorprendió y desvío la mirada – perdón Srita fui indiscreta – se disculpo, dejo de peinarla, se dirigió al guardarropa para sacar el vestido, Candy se miro en el espejo, acaso era muy evidente el amor que sentía por Terry alguien llamo a la puerta, eso la hizo reaccionar –

Albert – Candy esta visible – pregunto caballerosamente –

Candy – Si Albert, permíteme un momento, Emily dejo lo que estaba haciendo, se dirigió a la puerta y la abrió, al entrar Albert ella se retiro –

Emily – Con su permiso Sr Andley –

Candy – En un momento te llamo – le dijo necesitare aun de tu ayuda –

Albert – Lista para tu cita – le recordó –

Candy – No es una cita Albert, no tengo ganas de salir – su rostro se mostraba nostálgico –

Albert – Candy se que no has olvidado a Terry, pero no puedes cerrar todas las puertas, tienes que vivir, conocer gente, volverte a enamorar –

Candy – Pides imposibles Albert, tú mejor que nadie lo sabes, que pasara si me lo encuentro – se refería a Terry –

Albert – Esta ciudad es muy grande, sería una gran casualidad que te lo encontraras –

Candy – Tienes razón – suspiro –

Albert – Al menos que desees que eso pase – lo dijo en modo de afirmación –

Candy – Claro que no, pero quisiera dejar de sentirme nerviosa – Paty llamo a la puerta –

Paty – Candy puedo pasar – pregunto –

Candy – No tienes que preguntar – Paty se introdujo en la habitación –

Paty – Aun no terminas, se te hará tarde – le recordó mientras se dirigía a la cama –

Candy – Michael puede esperar un poco – le sonrió a través del espejo –

Paty – Una dama nunca llega tarde – decía mientras movía su dedo índice en señal negativa –

Candy – Albert como te fue en tu comida, pudiste ver al famoso abogado – se estaba colocando los pendientes de diamante –

Albert – ¡Eh!, si – titubeo – me entreviste con él – se notaba extraño –

Candy – Tuviste algún problema con él – noto a su amigo preocupado –

Albert – No, solo que paso algo muy raro, dime una cosa Paty – volteo a verla – crees que pueda existir una persona que se te
parezca – pregunto ansioso –

Paty – A que te refieres con eso –

Albert – Físicamente, que tengan un parecido impresionante –

Candy – Que clase de pregunta es Albert –

Paty – No creo que existan dos personas iguales físicamente, claro al menos que sean hermanos o parientes –

Albert – Y si no tuvieran nada que ver con la familia –

Paty – Seria imposible – le afirmo –

Candy -¿Quiénes se parecen? – le cuestiono a Albert –

Albert – No me hagan caso – cerro los ojos y movió su cabeza negativamente – Candy dejo que termines de arreglarte –

Candy – Albert me estas preocupando –

Albert – No es nada, extraña tu mira que venir a cenar al hotel pudiendo ir a otro lado – le recordó –

Candy – Ya te dije que quiero evitar in encuentro con… bueno tu sabes – se encogió de hombros –

Albert – Y el cenar en el hotel lo evitara – se recargo en la cómoda y cruzo los brazos –

Paty – Ella cree que si – intervino –

Candy – Mejor ayúdame Paty, tengo que verme como una dama de sociedad – una ligera sonrisa se dibujo en su rostro –

Albert – Diviértete Candy, disfruta esta noche – salió de la habitación –

Candy – Gracias Albert – dijo en un susurro, Emily regreso a la habitación, tenía que dejar a Candy tan hermosa como una princesa –

Por su parte Terry se arreglaba para salir al teatro, una noche más, tal vez la ultima, ese era su propósito, después de la función tenia la cena con el Sr. Hathaway, Richard había llegado de su compromiso, pero se encerró en la recamara, se notaba extraño, muy desconcertado.

Terry – Richard puedo pasar – llamo a la puerta –

Richard – Si claro entra – le contesto a duras penas –

Terry – Te sientes bien – el semblante de Richard no era muy bueno –

Richard – No tengo nada – estaba recostado en la cama –

Terry – Que tal tu cita, arreglaste algo – pregunto cauteloso, se paro junto a la ventana –

Richard – Si trabajare con él, quiere que me haga cargo de los asuntos legales de su hija –

Terry – Te harás cargo de los asuntos legales de una niña –

Richard – Si creo que eso fue lo que dije – contesto un poco cortante – es muy joven para tener una hija, tendrá uno veintiséis o veintisiete años, su hija que tendrá unos cinco o seis años –parecía hablar consigo mismo –

Terry – Ahora entiendo el porqué de esa cara –

Richard – No es eso lo que me tiene así – le respondió – es otra cosa –

Terry – ¿Qué es lo que pasa? –

Richard – Me sucedió algo muy extraño – Terry frunció el ceño de modo interrogante – crees que haya otra persona que se parezca a ti – le pregunto –

Terry – Algún familiar probablemente – le remarco –

Richard – No – decía mientras se sentaba en el borde de la cama, colocando sus manos en la frente – olvídalo creo que me estoy volviendo loco –

Terry – Acaso no te había dado cuenta – se burlo –

Richard – Me han pasado cosas raras este día –

Terry – Como cuales –cuestiono, seguía parado junto a la ventana –

Richard – Hoy vi a la mujer más hermosa que jamás haya imaginado – cerro sus ojos como para recordar ese momento memorable y suspiro –

Terry – ¿De verdad? Si que te debió haber gustado, ¿Cómo se llama? – pregunto ansioso –

Richard – No lo sé – se rio de sí mismo –

Terry -¿Qué? Te gusto una mujer y no sabes quién es, creo que ya te perdimos – le dijo en son de burla –

Richard – Cuando salía para ir a la cita, vi a la mujer más bella, su rostro era el más dulce que he visto en toda mi vida – sus ojos azules reflejaban la emoción que sentía –

Terry – Le hablaste –

Richard – No, estaba en un auto, cuando reaccione este arranco, si tan solo supiera su nombre –

Terry – Te flecho – le afirmo –

Richard – Si eso parece, cada que recuerdo su rostro mi ser se estremece –

Terry – Este mundo es grande, está lleno de casualidades, si ella es para ti la volverás a ver, te lo aseguro –

Richard – Me parece algo absurdo –

Terry – Deberías de arreglarte se te hará tarde – le recordó lo del teatro –

Richard – Ya estoy listo – le mostro su atuendo gris que traía puesto –

Terry – Eso llevaras – movió la cabeza negativamente – es algo informal no crees –

Richard – No pensaba ir al teatro así que no traje ropa de etiqueta – se quiso disculpar –

Terry – Tengo uno azul, más presentable – se dirigió hacia la puerta –creo que te quedara –

Richard – Gracias no deberías molestarte –

Terry – No es ninguna molestia, yo iré de negro ya sabes la absurda cena –

Terry le prestó el traje azul marino a Richard, era el que pretendía llevarse ese día pero de último momento cambio de opinión, no se imaginaba siquiera que Lucia había puesto la carta de Susana en el bolso del saco, aunque ella era la que se llevaría la gran sorpresa, Terry bajo primero que Richard y hablo con la Sra. Rose.

Terry – Me voy llegare tarde, tengo una cena –

Sra. Rose – Que le vaya bien joven – en ese instante Lucia entro a la estancia –

Lucia – Joven – dijo sorprendida cuando vio que Terry no llevaba su traje azul – creí que llevaría el otro traje – no salía de su asombro cuando Terry le contesto –

Terry – Tengo una cena el negro es más formal –

Lucia – Enseguida colgare el otro para que no se arrugue – tengo que sacar la carta antes de que esta vieja la vea, pensaba para sí –

Terry – No se moleste, Richard lo ocupara se lo preste para esta noche – Lucia quedo atónita ante la respuesta de Terry, si el joven Richard veía la carta echaría todo a perder –

Richard – Estoy listo vamos – dijo cuando bajaba las escaleras, traía el saco en la manos –

Terry – Te queda bien, espero te diviertas –

Richard – Gracias por la entrada, me encanta la música – Lucia estaba junto a la escalera, fingió no haber visto lo cerca que estaba Richard de ella, así que provoco chocar con él, en ese instante el saco cayó al suelo, tan rápido como cayo Lucia lo recogió y saco la carta de Susana, tenia manos agiles y rápidas metió el papel en la bolsa de su delantal – Lo siento Lucia – se disculpo –

Lucia – No joven fue mi culpa –

Terry – Se hace tarde, vamos – ambos se dirigieron a la puerta, al salir un coche negro los aguardaba, lo abordaron –

Daniel – ¿A dónde vamos? – se dirigió a Terry –

Terry – Pasaremos a dejar a Richard al teatro, luego me llevas a mí, me esperaras, tengo una cena –

Richard – Llegaras tarde no es así –

Terry – Espero terminar rápido con todo esto –

Daniel – No me dijo donde será la cena – le recordó –

Terry – En el 871 de la séptima y la cincuenta y cinco –

Daniel – El hotel Wellington –

Terry – Si al restaurante del Wellington, me alegra que conozcas la ciudad – sus padres le habían puesto un chofer que conociera bien la ciudad, Terry no estaba de acuerdo al principio, pero no podía correrlo ya que Daniel tenía una familia que mantener –

Richard – Espero tengas suerte, después de todo te mereces ser feliz –

Terry – Tu también lo serás, veras que el destino te vuelve a poner a esa mujer en tu camino –

Richard – Ojala sea así – le sonrió mientras volvía a recordar aquel hermoso rostro –

En aquel auto los dos chicos siguieron conversando, Terry ni siquiera se imaginaba la sorpresa que el destino le tenía preparada, Richard por su parte no se imaginaba que aquella mujer que tanto le había gustado, era la misma de la cual Terry estaba locamente enamorado, ansiaba que el destino se la pusiera en su camino nuevamente. En el lobby del hotel Michael esperaba ansioso a Candy, ella le había gustado desde que la conoció en casa de los Andley, era una lástima que se fuera a Paris, mientras eso pasaba el disfrutaría de su compañía.

Candy – Estoy lista Michael – le hablo, el se quedo boquiabierto, la sabia bella pero no a tal grado – tan mal me veo – pregunto –

Michael – ¡Estas preciosa! Será un orgullo ser tu acompañante esta noche – ella se sonrojo –

Candy – Nos vamos no quiero llegar retrasada – quiso cambiar el tema –

Michael – Por supuesto – le dio el brazo muy orgulloso de tener tan grata compañía – eres toda una dama –

Candy – Gracias Michael – Al parecer Paty y Emily había hecho un gran trabajo –

Candy sintió como las curiosas miradas de los ahí presentes se clavaban en ella, de algún modo se sintió feliz de llevar el apellido Andley, no era una dama como las otras, para ella el protocolo era algo absurdo, pero en ese momento extrañamente se sintió feliz, se sentía como toda una princesa en un cuento de hadas, lamentablemente su príncipe no estaba ahí. ¿Qué diría Terry si me viera así? Estaría tan orgulloso como Michael al llevarme del brazo, se preguntaba –

Michael – Sucede algo Candy –

Candy – Me siento un poco extraña, creo imaginar que todo el mundo me mira – le susurro –

Michael – No lo imaginas, es verdad que todos te miran, hasta Elisa se quedo con la boca abierta, mírala discretamente –

Candy – En serio – muy delicadamente volteo a donde Michael le había indicado, ahí estaba Elisa parada guardando todo su
coraje – debe estar furiosa – dijo en voz baja –

Michael – ¿Por qué había de estarlo? –

Candy – Tiene sus motivos, te lo puedo asegurar – claro que los tenia, ella no lucia como Candy con ese vestido – Vámonos
ya – abordaron un auto –

Al llegar al teatro Richard le deseo buena suerte a Terry, había mucha gente en la entrada del teatro.

Terry – Que te diviertas – le dijo antes de que saliera del auto –

Richard – Gracias, suerte con en tu cena – un auto se estaciono dos lugares después de el suyo – creo que estorbamos, te veré después – el coche de Terry arranco y se fue, Richard se dirigió a la entrada, del último auto que había llegado una joven pareja descendió –

Candy – Cuanta gente ahí Michael – dijo asombrada –

Michael – Te encantara Candy – Por dios que bella luces, es un pena que te vayas, pensaba para sus adentros –

Candy – No me mires así, me avergüenzas – le hizo saber –

Michael – No lo puedo evitar, te vez divina –

Candy – Ya deja de repetirlo – resoplo –

Se dirigieron a la estancia del teatro, la gente la miraba con asombro, preguntándose quién era tan distinguida mujer. La presentación se retraso un poco ya que uno de los bailarines se lastimo un pie, al menos eso fue lo que dijeron. Michael se ofreció para revisar al bailarín, así que dejo un momento a Candy que había insistido para ayudarlo, pero él no lo permitió, ella se quedo sola en la gran estancia que estaba abarrotada de gente. En un alejado rincón Richard estaba de pie, algo desesperado, ansioso jugueteaba con su reloj de bolsillo, por su parte Candy se movía de un lugar a otro, molesta porque Michael no requirió de su ayuda, se detuvo frente a un grupo de señoras, algo platicaban que llamo su atención.

– Lo he visto actuar, es maravilloso –

– Además de buen mozo – dijo otra que llevaba un gran sombrero con plumas –

– Es una lástima que este comprometido con Susana Marlowe –

– Pues hasta donde se sabe, el no le ha pedido matrimonio –

– Cualquier día lo hará, la madre es insistente –

Candy sabía que hablaban de Terry, no podía tapar el sol con un dedo en donde quiera él era conocido más aun en Broadway, al menos ahora sabia que todavía no se comprometían, el grupo se señoras se movió del lugar dejando a una joven rubia, pensativa, perdida en el tiempo. Richard observaba todo su entorno, como se desenvolvía el ambiente ya hostil por la desesperación del retraso, miro a un grupo de damas de alta sociedad, una de ellas con un feo sombrero con plumas, estaban como a unos diez metros de distancia, algo cuchicheaban de pronto se movieron de lugar dejando a la vista a una escultural, atractiva y por decir de más hermosa mujer rubia, tan pensativa, triste y sola. Es ella se dijo, no puedo creerlo esta aquí, acaso es el destino tal y como lo dijo Terry, su corazón reacciono ante la sorpresa, repentinamente estaba caminado con dirección a la joven, se filtraba entre la gente, no dejaría escapar la oportunidad de saber quién era, en solo segundos había quedado cerca de ella, que seguía aturdida, apunto de hablarle alguien más la llamo.

Michael – Candy – ella reacciono ante el llamado –

Candy – Todo bien – pregunto –

Michael – Si nada de cuidado, vamos pronto comenzara – se encaminaron rumbo al área de palcos –

Richard les daba la espalda, al menos ahora ya sabía su nombre, Candy tan dulce y hermoso como ella, aunque había un problema al parecer no era una mujer sola, ¿Quién será el? ¿Tal vez su hermano?, eres un tonto cómo pudiste pensar que una mujer como ella no tendría pareja se reprocho –

Acomodador – Ya puede pasar – el no contesto – le sucede algo Sr – pregunto –

Richard – No, me puede decir por donde es – le mostro su boleto –

Acomodador – Claro que si, sígame por favor –

Richard – Gracias – volteo a la dirección donde se había dirigido la chica, suspiro y modio su labio inferior –

En el interior del teatro, ya estando en su lugar comenzó a buscar en los palcos, la tenue luz no ayudaba a su visibilidad, hasta que finalmente encontró lo que buscaba, sus ojos azules se clavaron en Candy, era como cuando el mar se encuentra con los primeros rayos de sol, en ratos observaba a los bailarines, pero no podía desviar la mirada de ella por mucho tiempo, trataba de guardar en su mente todo gesto que hacía, aunque ella en ningún momento se percato de que era observada por alguien, que tal vez le cambiaria la vida. Cuando llego el final la ovación del público fue sorprendente, todos los ahí presentes se pusieron de pie, Richard tuvo que hacer lo mismo, tratando de no quitar la vista de ella, solo volteo un momento al escenario.

Candy – Nos vamos Michael – le dijo impaciente –

Michael – Esperemos a que salga la gente – le contesto al oído –

Candy – Por favor, ya termino – lo que deseaba era llegar al hotel, esperanzada de que Michael hubiera tenido suficiente y no insistiera en la cena –

Michael – Claro, aunque no se cual es la prisa – salieron del palco –

Richard – No la perderé de vista, la seguiré, tengo que saber quién es – se decía, volteo a mirarla pero ya no estaba – ¡No puede ser! – trato de salir lo más rápido de ahí, pero la gente que comenzaba a salir le estorbaba, una vez librado de ahí se dirigió a la salida casi corriendo – tengo que alcanzarla se repetía, estaba cerca de la salida cuando a lo lejos una pareja abordaba un auto, que arranco y se alejo rápidamente, un solitario chico se quedo pelando consigo mismo –
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