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El amor de la rosa eterna – Cap 123 continúa

Todo parecía pasar tan lentamente en el restaurant del Wellington, lo que menos quería era perder tiempo, pero que más le quedaba a Terry si no hablar con el Sr. Hathaway, esperando el no le pusiera trabas en sus planes, después de la cena comenzaron a charlar.

Robert – Estas seguro Terry – pregunto mientras limpiaba su boca con una servilleta color marfil –

Terry – Tengo que irme, solo serán una semanas, es muy importante para mí –

Robert – Hace poco me dejaste votado el trabajo – le recordó en modo recriminatorio –

Terry – Lo sé – torció el gesto – por eso estoy tratando de hacer las cosa bien – contesto –

Robert – Esta bien Terry, confiaré en ti, Harry te suplirá – parecía no muy convencido –

Terry – ¡Gracias Robert! – Sonrió – no te voy a fallar –

Robert – ¿Cuándo te vas? –

Terry – Mañana mismo – se veía relajado –

Robert – Creo que eso no va hacer posible, te necesito para la función del vienes –

Terry – Acabas de decir… no puedo esperar tanto tiempo – se oía molesto –

Robert – Tendrás el permiso, pero te necesito el viernes – le dijo tajantemente –

Terry – Si no tengo opción, actuare el viernes – apretaba los labios de coraje –

Robert – No preguntare los motivos, aunque me los puedo imaginar – se levanto – me retiro pagare la cuenta –

Terry – No se moleste yo lo hare –

Robert – Te quedaras – pregunto amablemente –

Terry – Si, necesito pensar muchas cosas – le sonrió –

Robert – No te desveles, que pases buena noche – le dio una palmada en el hombro y se retiro –

Terry – Bueno son solo dos días – pensaba para sí, se llevo la copa de coñac a los labios, alguien lo interrumpió –

Harry – ¿Dónde dejaste a tu novia? – pregunto sarcásticamente –

Terry – ¿Qué haces aquí?, no me digas viniste a curiosear involuntariamente – se rio – como toda una dama chismosa-

Harry – Que gracioso eres – se sentó en donde antes había estado el Sr. Hathaway –

Terry – No te invite a tomar asiento – le replico molesto –

Harry – No creo haberte pedido permiso – Harry no soportaba a Terry, no le hacía gracia que fuera mejor actor que él –

Terry – Ya que esta aquí brindemos – pidió una copa al mesero, este la llevo y sirvió el coñac –

Harry – Que esplendido – tomo la copa – porque brindamos –

Terry – Por mi – le contesto burlonamente –

Harry – Es eres un pretencioso – aun así se llevo la copa a los labios –

Ambos enmudecieron, eran rivales en la actuación nunca se llevaron bien, todo fue silencio en esa mesa, no había nada de que platicar, evidentemente Terry no le contaría sus planes, sabía que si lo hacia el saldría corriendo a contárselo a Susana, no era tan tonto, lo conocía tan bien, de pronto Harry volteo hacia la entrada del restaurante y exclamo –

Harry -¡Por dios! – parecía que los ojos se le saldría de su lugar –

Terry – Ahora que – mostro indiferencia –

Harry – Que bella mujer acaba de entrar –

Terry – Era de suponerse – tocio la comisura de su boca –

Harry – Deberías de tomarte la molestia de mirarla un momento, te aseguro que vale la pena – dijo libidinosamente –

Terry – Deja de decir estupideces, no me interesa – claro solo le interesaba Candy, aunque por la reacción de la gente que había ahí, era de suponerse que aquella mujer debía llamar mucho la atención – ¿Tan hermosa es? – le pregunto curioso –

Harry – No tienes idea, va más allá de lo que puede imaginar –

Terry – Quita esa cara de idiota, perdón se me olvidaba que es la única que tienes – se burlo, seguía sin mirar a la dama –

Harry – Es una lástima, tiene compañía por como la mira probablemente es el novio –

Terry – Eres un gran observador – dijo de modo sarcástico –

Una oleada de calor lo invadió en ese instante, su corazón comenzó a latir frenéticamente, no supo a que se debía, sus manos comenzaron a temblar de los nervios, la ansiedad se hizo presente, esa extraña sensación la había sentido solo una vez, cuando fue a Chicago y supo que Candy estaba en esa ciudad, pero que me pasa se preguntaba, fue entonces que varias cosas pasaron en el mismo instante. Una dama dijo “es la heredera de los Andley”, otra dijo “Es una mujer muy hermosa digna de pertenecer a esa familia”, Harry no quitaba la cara de idiota que tenia, pero sobre todo eso lo que más resalto fue una dulce, cristalina y celestial risa que se dejo escuchar, hasta en el último lugar del mundo el reconocería esa juguetona risa, suavemente giro la cabeza, dirigió su mirada a la dama, se quedo helado al ver de quien se trataba, ella lucia más que hermosa, tal como lo había dicho Harry, envuelta en un vestido color turquesa que se ceñía hasta la diminuta cintura, la vaporosa tela de la falda caía formando algunos pliegues, las mangas resbalaban en los hombros, dejándolos al descubierto, el escote dejaba ver el principio de su bien torneado pecho, el cabello recogido en un chongo, algunos risos se escaparon traviesamente sobre su cuello y sus labios empapados en un rosa remarcaban lo carnosos que eran. Antes de que ella volteara Terry dejo de observarla ¿Qué hacia ella en Nueva York? ¿Quién era aquel hombre? ¿Acaso ya lo había olvidado? Tengo que averiguarlo, estaba tan confundido, se suponía que así no debían ser las cosas.

Harry – ¿Qué tienes? Estas muy pálido – le cuestiono –

Terry – Lárgate y déjame solo – le dijo entre dientes y muy molesto –

Harry – Como quieras, estas completamente loco – le contesto del mismo modo en que Terry le había hablado y se retiro, al pasar junto a la dama le sonrío, ella lo ignoro –

La pareja se aproximo a donde ya hacia Terry de espaldas, sentado en la mesa contigua, el biombo calado de madera era lo único que los separaba, Candy se sentó dándole la espalda, no tenía ni la más mínima idea que detrás suyo esta a quien deseaba evitar encontrarse.

Michael – Te gusto el espectáculo – pregunto intentan do entablar una conversación –

Candy – Si, mucho – no lo dijo muy convencida –

Michael – Me hubiera gustado llevarte a ver Romeo y Julieta, el actor que interpreta a Romeo es sensacional – Candy puso cara de sorpresa –

Candy – No me gustan los actores, nada que tenga que ver con el teatro – dijo tratando de mostrar indiferencia, Terry puso
atención a todo lo que platicaban, ese comentario lo tomo por sorpresa, sobre todo la gran indiferencia con que lo dijo –

Michael – ¡Ah! Puedo saber porque – dijo con gran curiosidad –

Candy – Porque son personas muy temperamentales y superficiales – no pensaba decirle que estaba perdidamente enamorada de ese Romeo, no quería abrir esa herida – ¿Qué hacías en la estación esta mañana? – pregunto intentando cambiar el tema –

Michael – Un colega fue a Boston, así que lo acompañe – un mesero los interrumpió llevando el menú, después de seleccionar la cena Michael pidió el vino, era francés así que eligió el mejor.

Michael – Tráiganos el Chateau d´ Yquem –

Mesero – Excelente elección Sr.

Michael – Gracias, soy francés conozco de vinos – le explico a Candy ella solo sonrío –

Pretencioso pensó Terry, así que es un estúpido francés, los ingleses somos mejores, estaba celoso, ¿Candy qué diablos estás haciendo con ese tipo? deseaba preguntarle, tuvo que controlar sus impulsos muy a su pesar, para no armarle un escándalo, tengo que esperar el momento oportuno, se decía mientras los escuchaba.

Candy – Así que tú amigo se fue a Boston –

Michael – Si es una de los mejores cirujanos que hay en la ciudad – la miraba asombrado – Candy no puedo evitarlo –

Candy – ¿Qué cosa? –

Michael – Dejar de mirarte, luces preciosa – eso sonaba a un cumplido –

Candy – Gracias nuevamente – le regalo una dulce sonrisa –

Como se atreve a decirle eso a mi pecosa, es un imbécil, sino fuera por ella ahora mismo le rompería la cara, se decía Terry para sus adentros, estaba furioso, confundido y desconcertado. Los minutos trascurrieron lenta y tormentosamente para Terry, no veía la hora en que ese prospecto de medico dejara sola a Candy, tenía que saber que hacia ella en Nueva York, si estaba sola, ella y Michael no platicaban mucho, de que pueden hablar un medico y una enfermera, solo de trabajo, ella le conto que dejo el hospital Santa Juana por cuestiones personales.

Michael – Si me entere de eso por mi prima – le comento mientras cortaba un trozo de carne –

Candy – Pensaba regresar pero han cambiado las cosas – Sabía que Elisa y su madre habían dicho muchas cosas de ella –

Michael – También me conto que estuviste a punto de casarte – Terry apretó los puños fuertemente al oír eso, contenía la respiración expectante a lo que ella dijera –

Candy – Si es verdad – respondió tranquilamente, al oír eso Terry se pregunto ¿Con quién? A caso con Albert, pero lo que le dijo ella le sorprendió aun mas – Fue una tontería, Niel no es un buen partido –

Michael – El no te convenía, es una persona muy egoísta, no me agrada –

Candy con Niel, como puede ser posible, que había ocurrido en estos meses, estaba que echaba chispas, enojado consigo mismo por haber desperdiciado tanto tiempo al lada de una mujer a la cual nunca amaría.

Candy – Ya no quiero hablar de eso, me trae malos recuerdos –

Michael – Sabes que está por llegar un buque miliar, vendrá por mas voluntarios – dijo con gran preocupación –

Candy – No lo sabía, la guerra es cruel – y pensar que voy para allá, pensaba –

Michael – Sucede algo, de momento te cambio el semblante –

Candy – Estoy bien – le contesto, ella sabía que no lo estaba, tenía una extraña sensación, su corazón latía muy rápido, quiso controlarlo, al menos aparentaba muy bien, sentía que el aire se le escapaba inexplicablemente – Estoy un poco cansada, el viaje me agoto – que sucede contigo Candy, porque estas tan nerviosa, cálmate que Michael no se dé cuenta de ello, deja de pensar en Terry, solo dos días más, tienes que aguantar las ganas de verlo, se decía para calmarse, inesperadamente las luces se apagaron solo quedo iluminado el salón con las velas que había en algunas mesas, un mesero paso cerca de la mesa de Candy y Michael pregunto –

Michael – ¿Qué sucede? –Detuvo al hombre–

Mesero – Una falla en el sistema de electricidad del edificio, lo arreglaran pronto –

Michael – Gracias nos puede traer una vela – Este asintió con la cabeza –

Candy – Creo que la velada termino – dijo sutilmente –

Michael – Como dices –

Candy – No me lo tomes a mal pero estoy cansada, nos podemos retirar por favor – lo miro intentando convencerlo y dio resultado –

Michael – Claro, entiendo solo brindemos una vez más – le sirvió vino en su copa, ella lo tomo, el sonido que hicieron las copas al chocar apenas se escucho mientras él decía – por haberme permitido compartir esta noche contigo – le sonrío y fue correspondido de la misma forma –

En la penumbra de aquel salón un joven se había mantenido atento a todo lo que sucedía, su corazón no paraba de latir, estaba confundido, se sentía herido, traicionado, olvidado, eso era lo peor el olvido, deseaba saber si ella lo había sacado de su vida en tan poco tiempo ya que el no lograba conseguirlo de ninguna manera, tantos sentimientos encontrados lo estaban despedazando, morir mejor morir que vivir sin ti, se repetía una y otra vez. Como puedo olvidar las cosas tan fácilmente, si supieras cuantas lagrimas de dolor he derramado por ti, bien me lo dijeron pero no quise creerlo, pensé que me estarías esperando toda la vida, ya veo que me equivoque, creo que será mejor dejar así las cosas, olvidarte es lo único que queda por hacer, al parecer tu lo has logrado, sus ojos se llenaron de lagrimas, seguía apretando los puños de sus manos, parecía que al fin estaba resignado a perderla, qué más da si era Albert, Niel o ese médico francés, ya que Terry daba por hecho que la había perdido.
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