Home / fanfics / El amor de la rosa eterna – Cap 121

El amor de la rosa eterna – Cap 121

Cap 121 – Especulaciones
por Astareth

Arrogante, insolente, idiota, frio, soberbio, orgulloso, insoportable, sínico, vanidoso, ególatra, poco caballeroso, eran algunos de los comentarios que Richard había escuchado sobre Terry pero durante este tiempo nunca dio muestra de ello hasta esta noche.

Richard miraba a Susana por el espejo retrovisor, se preguntaba ¿tanto lo querrá para aguantar todo lo que le hace? Es evidente que no lo soporta, sé que no he tenido una buena relación con ella, pero me dolió ver como la trata, con que poco te conformas Susana se decía así mismo.

Susana – Fue una noche de ensueño – estaba feliz –

Sra. Marlowe – Que maravilla de mansión y pronto serás la señora de la casa –

Susana – Mamá fue solo una cena nada más – su voz y rostro mostraban desilusión –

Sra. Marlowe – Estoy segura que pronto te pedirá matrimonio –

Susana sonrío tristemente, era algo que estaba esperando hace mucho tiempo pero al parecer eso jamás sucedería, sus ojos se encontraron con los de su hermano, sabía que a él no podía engañarlo, el noto el trato de Terry hacia ella, pero eso no le importaba con tal de mantener viva la ilusión de poder compartir el mismo techo que Terry algún día. El coche se estaciono, Richard ayudo a su madre a bajar, luego a Susana que se apoyo en una muleta, su madre se adelanto para abrir la puerta, Susana aprovecho el momento para explicarle a Richard.

Susana – Te ves molesto – le sonrío –

Richard – Solo estoy cansado eso es todo – no le devolvió la sonrisa –

Susana – No creas que Terry es así todo el tiempo –

Richard – Si lo sé, solo se comporta de ese modo cuando está contigo – le dijo modo de reproche, su comentario hirió a Susana –

Richard- Lo siento no quise decir eso – quiso remediarlo, la Sra Marlowe los interrumpió –

Sra. Marlowe – Llévala a su cuarto debe descansar – el obedeció ya en la habitación de ella se quiso disculpar nuevamente –

Richard – No fue mi intención lastimarte –

Susana – Pero lo hiciste, déjalo así será mejor que te vayas estoy muy cansada – el intento darle un beso en la mejilla pero ella lo detuvo con su mano –

Richard – Buena noches – se dirigió a la pequeña estancia de la casa de su madre, ella aguardaba ahí, el cuarto de Susana estaba en la planta baja para su comodidad anteriormente ese fue el estudio de su padre, solo unos cuantos pasos dio para llegar con su madre –

Sra. Marlowe – Que cansada estoy, pero fue una gran noche, espero que Terry pronto le pida matrimonio a Susana, su casa es impresionante con tantos sirvientes, es un palacio que tu hermana se merece – Richard la escuchaba recargado junto a la pared de la escalera – ahora más que nunca lo presionare para que se casen porque si no fuera por ella él estaría… –

Richard – Muerto –grito a su madre – acaso no te das cuenta de que ya lo está, eres tan ciega que no te das cuenta de las cosas –

Sra. Marlowe – De que estás hablando – le grito –

Richard – No te da tristeza como trata a Susana, es evidente que no la quiere, notaste con que indiferencia se dirige a ella, la trata peor que aun mueble, si los obligas a casarse ella solo pasara a ser un objeto más en su casa, será parte de la maravillosa decoración, es lo que quieres para tu hija que tanto adoras – Su rostro reflejo la molestia –el no las soporta –

Sra. Marlowe – No me hables así no tienes derecho a juzgarnos de esa manera, ya se te olvido que te largaste en el momento que más te necesitábamos, yo tuve que trabajar y descuidar a tu hermana para poder sostenernos –

Richard – Claro se me olvidaba lo importante que es Susana para ti, yo pase por muchas cosas para sobrevivir, además no recuerdas como me explotabas –

Sra. Marlowe – Eras el hombre de la casa después de que tu padre murió, era tu responsabilidad –

Richard- Era solo un niño tenía ocho años – le remarco –

Sra. Malowe – Lo que sucede es que tienes celos, siempre los tuviste, no eres más que un egoísta –

Richard -¡Egoísta yo!, no digas tonterías, se te olvida que tuve que abandonar mis sueños por los de tu hija –

Sra. Marlowe –Claro como te recogió una familia adinerada te crees con derecho de humillarnos –

Richard – No metas en esto a mi familia – la desafió –

Sra. Marlowe – Bien. Porque no te regresas a Paris con ellos y nos dejas en paz –

Richard – Eso hare, sabes una cosa me alegro mucho haber cambiado mi apellido, así no me avergonzare de que me relacionen con ustedes – le restregó en la cara a su madre –

Sra. Marlowe -¿Qué hiciste qué? – dijo con sorpresa –

Richard – Lo que escucho Sra. Marlowe –

Sra. Marlowe – Eres un mal agradecido ¿Cómo pudiste? –

Richard – Eso deberías preguntártelo tú ¿Cómo puedes hacer todo esto? ¿Cómo es que le das falsas esperanzas a Susana? –

Sra. Marlowe – No sé de qué hablas –

Richard – Crees que no se que fuiste tú quien le pidió a Terry que invitara a Susana a conocer su casa – ella no supo que decir su hijo la conocía muy bien – no soy idiota madre, él nunca lo habría hecho por voluntad propia –

Sra. Marlowe – Cállate, que no te oiga Susana, ella no sabe nada – quiso bajar la voz –

Richard – Me lo imaginaba, eres tan sínica –

Sra. Marlowe – Ya te dije que no tienes derecho a juzgarme soy tu madre – le recordó aunque hubiera sido mejor no hacerlo –

Richard – No te parece que ese título te queda muy grande – le grito, ella lo miro con desprecio, un fuerte sonido se escucho cuando planto la palma de su mano sobre la mejilla de Richard, por instinto el joven se llevo su mano al rostro y miro a su progenitora con resentimiento –

Sra. Marlowe – ¡Tú lo provocaste! –quiso culparlo –

Richard – Jamás volverás a hacerme esto, es la última vez – sus ojos se cristalizaron- me das lastima las dos me dan lastima – le grito mientras azotaba la puerta y se dirigía a paso rápido al automóvil –

Dentro de la casa la Sra. Marlowe se cubría el rostro con sus manos, todo lo que su hijo le había dicho la hirió en lo más profundo de su ser, si todo lo hago por su bien, por mi Susi pensó, entonces recordó a su hija, corrió hacia la puerta e intento abrirla pero tenía el seguro puesto.

Sra. Marlowe – Susana estas bien hija, abre por favor –

Susana – vete madre no quiero hablar contigo – decía atropelladamente a causa del llanto – cómo pudiste madre no tenias derecho, que va a pensar Terry de mi – su llanto no cesaba –

La Sra. Marlowe se dirigió a la sala, comenzó a llorar no podía soportar el dolor de su hija, pero dentro de una situación que ella misma provoco busco un solo culpable, Richard, no sabes cuánto te odio porque en lugar de tu padre no fuiste tú el que murió en ese maldito accidente pensaba para sus adentros, mientras seguía llorando amargamente, su noche de ensueño se había convertido en pesadilla.

Eran más de la diez de la noche cuando Richard llego a la nueva casa de Terry, todas la luces estaban apagadas Terry fue muy amable al darle un juego de llaves, así que no tuvo necesidad de tocar la puerta. No se dirigió a su habitación, ya que el disgusto con su madre lo había irritado, decidió ir al estudio recordó haber visto una cuantas botellas de licor, necesitaba relajarse y un trago le caería bien. Sigilosamente abrió la puerta, se introdujo en aquel cuarto, curiosamente las cortinas se encontraban abiertas, se filtraban los rayos de la luna llena, se dirigió a la mesa donde se encontraban las licoreras, sirvió un poco de whisky en una copa que bebió demasiado rápido, el ardiente contacto del liquido al pasar por su garganta lo hizo toser, se recargo en el escritorio dejando su copa junto a un libro del lado derecho de este un pequeño objeto resplandeció con los rayos lunares, eso llamo su atención, extendió su mano para sujetarlo pero alguien lo interrumpió.

Terry – Ni se te ocurra tocarla – la mano de Richard se movió rápidamente al reaccionar ante la voz de Terry, tanto que no pudo evitar que la copa se estrellara contra el piso –

Richard -¡Terry me asustaste!, que haces aquí –

Terry – Es mi casa no veo que tenga de malo – contesto de mal modo – Terry se levanto del sillón desde donde había estado observando a Richard y se sentó –

Richard – Lo siento, pensé que a estabas dormido – fue entonces que se percato de que en aquel lugar alguien había estado fumando – deberías abrir la ventana –

Terry – No fastidies, si te molesta puedes retirarte – se comportaba muy extraño –

Richard – Te incomoda si enciendo la luz – se escucho una risa burlona – ¿Cuál fue el chiste? –

Terry – Es estúpido e irónico –dijo mientras se ponía de pie para encender la luz el mimo, un estruendoso ruido se hizo cuando se sostuvo del escritorio y tiro algunas cosas al piso –

Richard – Estas bien Terry – lo sostuvo pero él lo empujo, pensando en que tal vez se había tropezado con algo, así que decidió ir el mismo al interruptor de luz que estaba junto a la puerta, al iluminarse la habitación regreso la vista a donde ya hacia su amigo, se percato de que no se había tropezado sino que se encontraba perdidamente ebrio, junto al sofa un cenicero inundado en cigarrillo, dos botellas de whisky vacías y una tercera a la mitad. Tambaleante Terry volteo para ver a Richard, la luz lo deslumbro, se dio cuenta que su amigo tenia expresión interrogante.

Terry – ¿Qué? Hay que celebrar dijo tu madre, le gusto la casa no, ya se debe estar imaginando tantas cosas, es una tonta si piensa que voy a pedirle matrimonio a tu hermana –

Richard – Terry porque no te sientas –

Terry – Lárgate y déjame solo – al parecer todos tenían algo contra Richard esa noche –

Richard – No creo que sea buena idea, mejor te llevo a tu habitación – Richard había visto a Terry muy triste, deprimido, mas nunca imagino verlo tan ebrio, era imposible no sentir tristeza al ver a un hombre derrumbado de esa manera, mas sabiendo que la causante era su hermana – vamos Terry te llevare a tu cuarto –

Terry – Que te largues dije – le grito a Richard mientras lo empujaba –

Richard – Cálmate Terry –decía mientras lo sostenía de los hombros, al mirar a su amigo a los ojos descubrió que había algo
más que tristeza y dolor. Jamás miro unos ojos con tal expresión de sufrimiento, consumidos por el amor –

Terry – Vete ya por favor – Richard no insistió, en silencio se dio la vuelta y dejo a su amigo en su amarga intimidad –

¿Cómo negarse ante esos ojos que imploran piedad? Se preguntaba Richard, cuando iba subiendo las escaleras, un melancólico sonido se escucho en aquella habitación, Terry provocaba tan hermosa melodía, cargada de dolor, cada nota parecía un sollozo, lagrimas que nacían del atormentado corazón de Terry.

A Richard le gustaba levantarse temprano ese día tenía varias cosas que hacer entre ellas mandar un telegrama, sus ojos se veían cansados, no pudo dormir bien, quería entender a su madre a Susana y sobre todo a Terry, no podía entender porque le gustaba sufrir de esa manera.

Sra. Rose – Buenos días joven – dijo cuando el entro en la cocina – en un momento estará el desayuno pase al comedor –

Richard – No sea tan formal –

Sra. Rose – Le sirvo un poco de café – pregunto –

Richard –Me lo serviré yo – dijo con una gran sonrisa sirviéndose el mismo una taza de café – no debería trabajar tanto –

Sra. Rose – Por eso me pagan – le regreso la sonrisa –

Richard – Si algún día Terry se pasa de listo lo podemos demandar – le guiño el ojo y ella le volvió a sonreír –

Terry – Hasta donde sé todavía no te recibes yo podría quejarme de ello – apareció en el comedor-

Richard – Era solo un consejo –

Terry – Muy buenos consejos – se sentó –

Richard – Tráigale unos analgésicos, tiene resaca – susurro a la Sra. Rose –

Terry – Te escuche – reprocho – Richard siento mucho lo de anoche – se disculpo –

Richard – No te preocupes te entiendo –

Terry – Que te paso en la cara – le pregunto al ver su mejilla roja – no me digas que te peleaste –

Richard – Sigue rojo –se toco la mejilla – si con la Sra. Marlowe – torció el gesto –

Terry – Tu madre te golpeo – Richard asintió – vaya que tiene fuerza –

Richard – Mas que fuerza es coraje –le dijo con tristeza –

Terry – Coraje de qué – pregunto –

Richard – No te lo había dicho pero desde hace mucho no llevo el apellido Marlowe –

Terry – ¡Cómo! Si Karen te presento como Richard Marlowe –

Richard – Lo hizo para ver tu reacción, quería molestarte, pero parece que algo le salió mal – sonreía acariciando su cabello que por alguna extraña razón estaba peinado de diferente manera –

Terry – ¿Cuál es? – preguntaba mientras tomaba sus analgésicos –

Richard – ¿Cuál es qué?

Terry – Tu nuevo apellido – sentía curiosidad, Richard guardo silencio –

Richard – Gregory – suspiro –

Terry – Gregory, ese es tu apellido –

Richard – Es el nombre de mi padre, pero no te diré mi apellido – se rio – tu no me has dicho como se llama tu novia – Terry se incomodo ante el comentario, Richard se dio cuenta de que no había sido una buena respuesta – Ayer le dije que cambie mi apellido, eso la enfureció, me bofeteo – le explico intentando cambiar la conversación – me corrió de su casa como si eso me importara, lo bueno es que pronto regreso a Paris –

Terry – De vuelta a la soledad –

Richard – Sabes tal vez regrese pronto –

Terry – Que tontería, todavía no te vas y ya piensas en regresar –

Richard – Probablemente trabajare para una de las familias más ricas de este país –

Terry – De verdad, me da mucho gusto –

Richard – Hablando de trabajo tengo que enviar un telegrama, me voy pero paso por ti para ir a comer, yo invito –

Terry – Esta bien –

Richard – Ya quita esa cara, te vez mejor con esa actitud de rebelde que a veces tienes – se levanto y se fue dejando solo a
Terry con ese absurdo comentario resonando por su mente –

Rebelde, hace mucho que deje de serlo, torció la comisura de sus labios dibujando una leve sonrisa, cerró los ojos, por su mente apareció la imagen de Richard diciéndole rebelde, como una ráfaga de viento, los recuerdos se hicieron presentes, Albert diciéndole lo mismo en el zoológico, como miles de ecos varias voces comenzaron a sonar al mismo tiempo por su cabeza –

Eres un rebelde – le decía Albert –

Un amigo en común – en voz de su padre –

Ella está intentando ser feliz – nuevamente Albert –

Mi amigo se enamoro de ella – otra vez su padre –

Alguien más puede enamorarla – le había dicho Richard –

Terry donde quedo aquel chico que conocí en Londres – Le dijo Albert en Chicago –

Terry abrió los ojos de golpe ¿Cómo es que Albert me reconoció esa vez? Se suponía que perdió la memoria, ¿Y si Albert?, se pregunto, coloco sus brazos sobre la mesa, sus manos sujetaron su cabeza presionándola, las punzadas se hacían más fuertes e intensas, hasta que no resistió mas y exploto, con gran fuerza empujo los platos que había frente a él, saliendo disparados contra el piso. Eres un imbécil, como no te diste cuenta de esto, se grito a sí mismo golpeando con su puño la mesa, te odio Albert, te odio, la Sra. Rose se quedo atónita ante los gritos de Terry, lo miro sobresaltada él se dio cuenta y le grito.

Terry – Que hace ahí parada, acaso no tiene cosas que hacer –

Sra. Rose – Si – dijo asustada –

Terry – Cambien las malditas cortinas de mi cuarto, no quiero que ningún estúpido rayo de luz se filtre en el, entiende – volvió a gritar, se dirigió al despacho y azoto la puerta –

Sra. Rose – Que haces ahí parada, ayúdame a levantar todo esto – se dirigió a una joven mucama – anda Lucia ayúdame –

Lucia – Al joven le ha dado por romper todo, lo mismo hizo anoche en el despacho –dijo mientras se agachaba a recoger los platos rotos –

Sra. Rose – Cállate, tú no estás aquí para cuestionar las acciones del joven, esta para servirle – le recordó – mejor ve y comienza a cambiar las sabana y cortinas de su cuarto – le ordeno –

Lucia – Esta bien – vieja idiota dijo para sus adentro, se dirigió a la habitación refunfuñando, estando ahí comenzó a quitar las cortinas. Lucia era ambiciosa, no le gustaba recibir órdenes, mucho menos de la Sra. Rose, tenía que ganarse la confianza de
Terry, mejor aun la de Susana, si ella era la novia algún día llegaría a ser la esposa de Terry, tal vez podría lograr que echaran a la Sra. Rose.

Lucia – ¿Pero cómo? – dijo en voz alta – tengo que ganarme la confianza de la lisiada – su mirada se clavo en el buro de junto la cama, al lado de la lámpara una pequeña caja negra llamo su atención, sin dudarlo la abrió, apareció aquella sortija de compromiso. Le pensara pedir matrimonio, tengo que averiguarlo, unos paso se escucharon en el pasillo, supuso que era la Sra. Rose dejo la caja en su lugar y siguió con su trabajo
Siguiente capítulo
Todos los capítulos de este fanfic

Comentarios

comentarios

Check Also

LA PROMESA DEL OCÉANO… CAPITULO 3

CAPITULO 3 Voces lejos, muy lejos apenas perceptibles gritando con desesperación, unos brazos fuertes que …

3 comments

  1. OLAZ
    AKI DE NUEVO

    QUE ANDES SUPER BIEN
    BESITOS

    MIL FELICIDADES POR TU FIC…!

    ♥Elisa♥

  2. ya son las 10:43 de la noche! no puedo leer mas estoy que me como las uñas para saber lo demas del proximo capitulo! creo que no dormire! jaja astareth mas bn!

  3. Esto se pone bueno.

Leave a Reply

Your email address will not be published.