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El amor de la rosa eterna – Parte 17

CAPITULO 132

VERDE ESMERALDA

El mar embravecido golpeaba con fuerza el barco, la gente gritaba mientras la lluvia caía sobre ellos, los truenos asustaban al pequeño Isaac que no paraba de llorar, quería estar con su madre, su padre le explicaba que también su pequeña hermana necesitaba la protección de ella, pero Isaac no dejaba los brazos de su madre, tenía miedo, mientras ella lo consolaba y le decía a su padre que el tomara a la niña en brazos, intentado calmar a Isaac, repentinamente una gran ola golpeo el bote que apenas había bajado, su padre no pudo sostenerse y cayó al mar con la bebe, las olas los aprisionaban mientras el padre de Isaac intentaba sostenerse de un pedazo de madera que flotaba cerca, protegiendo a su pequeña hija, el bote donde Isaac iba con su madre se alejaba de aquel lugar mientras ella gritaba desesperada, Isaac entre el llanto y la tormenta solo podía ver los ojos de su padre que lo miraban tristemente. Isaac despertó en un grito, estaba agitado, transpiraba demasiado, su corazón se acelero, se llevo una mano a la cabeza todo había sido un sueño, eran dolorosos y amargos recuerdos que pensaba que ya había dejado atrás.

Isaac – ¿Qué demonios me pasa? – dijo mientras se levantaba – pensé que lo había olvidado – se dirigió hacia la puerta, noto que ya había oscurecido, no supo en qué momento se quedo dormido, miro su cama había unos cuantos libros, el cansancio lo venció, se dirigió a las escaleras, bajo a buscar a su madre, sabía que ella se encontraba en el cuarto de costura, así que cuando llego hasta ahí toco la puerta –

Laureen – Adelante – dijo con gran delicadeza –

Isaac –Mamá puedo quedarme un rato contigo – se sentó en el sofá que estaba frente a la chimenea –

Laureen – Claro que si hijo – sabía que algo le pasaba – te sucede algo Isaac – dejo su costura –

Isaac – No nada mamá –dijo entrecortadamente, mientras se recostaba en el sillón y colocaba su cabeza en el regazo de su madre –

Laureen – Isaac cuéntame hijo – le insistió conocía muy bien a su hijo – es por lo de Richard – el volteo a mirarla –

Isaac – En parte – dejo de mirarla – mamá han regresado los sueños – ella acariciaba los negros rizos del cabello de Isaac –

Laureen –Creí que ya lo habías olvidado – dijo tiernamente –

Isaac – Yo también lo creí pero regresaron – miraba como se quemaban los leños – me siento tan mal mamá – sus ojos comenzaban a llorar – Siento que papá no me lo perdona –

Laureen – Tu bien sabes que no fue tu culpa y sé que el también lo entiende – le partía el alma ver a su hijo así –

Isaac – Fui yo quien debió morir ese día – su voz estaba por quebrarse – ella no debió de morir así – se reprocho – era solo un bebe –

Laureen – Isaac ya deja de hablar de eso – también estaba a punto de llorar – no vez que a mí también me duele – se llevo su mano para cubrirse la boca –

Isaac – Yo soy causante de tu dolor madre, por mi culpa tu perdiste lo que más amabas – se seguía culpando – debería estar muerto –

Laureen – Basta Isaac, yo no soportaría perderte – los ojos grises de su madre dejaron caer las lagrimas, ella era una mujer muy hermosa, de piel blanca, labios carnosos, nariz respingada cabello negro rizado Isaac se parecía tanto a ella –

Isaac- Perdóname mamá – se levanto del regazo de su madre, quedando sentado junto a ella – lamento tanto lo que dije – la
abrazo – no llores por favor –

Laureen – No vuelvas a repetir eso – beso el pelo de su hijo – Isaac tu también eras un niño – le explico – yo nunca te culparía de nada –

Isaac – Te quiero tanto mamá – se abrazo mas fuerte a ella –

Laureen – Espero mañana me acompañes – le recordó – iremos a ver a tu padre – esperaba que no se negara como las últimas veces –

Isaac – Mamá yo no sé si deba – dijo entrecortadamente –

Laureen – No me hagas esto cariño, sabes que necesito de ti – el dejo de abrazarla –

Isaac – Mamá por qué nunca me hablas de ella – le cuestiono – quisiera saber cómo era –

Laureen – Isaac será mejor que te duches, mientras yo pediré que pongan la mesa para cenar – se levanto del sofá y se dirigió hacia la puerta – te quiero hijo – le recordó tiernamente, mientras el clavaba la mirada en la chimenea, intentando adivinar por qué su madre nunca le hablaba de la que fuese su hermana –

Habían pasado alrededor de dos semanas desde que Richard se peleo con Isaac desde entonces no le hablaba, ni siquiera en el colegio cuando se topaban entre algún pasillo, todo gracias a la tonta idea de Nicole, mas le molestaba que ella ni siquiera lo tomaba en cuenta puesto que ella trataba de estar el mayor tiempo posible con Richard, pero en esta ocasión él logro evadirla, puesto había quedado en ir a tomar un café con Candy.
Richard – Te gusta este lugar – le pregunto entusiasmado –

Candy – Si es lindo – suspiro – es increíble que ha pasado bastante tiempo que estoy aquí y no conozco la ciudad – le explico el motivo del suspiro –

Richard – Cuanto lo siento Candy – se disculpo – no he podido mostrarte la ciudad, pero es que con la escuela, además todo el tiempo estas trabajando – le reprocho –

Candy – A eso vine, no lo recuerdas – le sonrió –

Richard – Te prometo que en cuanto terminen los exámenes saldremos a pasear – le prometió – te mostrarte cómo se vive en Paris de noche – también sonrió –

Candy – Richard quería preguntarte algo – dijo mientras ponía azúcar al café –

Richard – De que se trata – pregunto curioso, no dejaba de mirarla, se veía tal hermosa con su pelo recogido en media coleta, sus rubios rizos caían en su espalda, cada vez que estaba con ella todo el mundo giraba a su alrededor –

Candy – ¿Qué paso con tu amigo Isaac? – Richard puso cara de fastidio –

Richard – No quiero hablar de él – recargo sus manos en la mesa – es un mal amigo – dijo de modo despectivo –

Candy – ¿Qué fue lo que te hizo? – no quería dejar ese tema –

Richard –Es un mal amigo – dijo molesto – Candy no quiero hablar de él –

Candy – Ha estado muy raro en el hospital, la otra tarde se quedo dormido en el consultorio – recordó cuando lo vio recargado en el escritorio – creo que deberías hablar con él – le sugirió –

Richard – No puedo Candy entiende – ya no quería hablar de Isaac –

Candy – Tan malo fue lo que te hizo – pregunto curiosa, vio como Richard torcía el labio – está bien si quieres cambiamos de
tema – tomo la taza de café en sus manos, estaba a punto de llevársela a la boca cuando Richard le dijo –

Richard – Le mando flores a la chica que me gusta – ella lo volteo a ver de golpe sorprendida de lo que le acababa de decir Richard, tanto que hasta derramo un poco de café sobre la mesa, Richard se sintió confundido al ver la reacción de ella – pasa
algo Candy –

Candy – No – dijo entrecortadamente – es que no sabía que tenias interés en una chica – dijo aun nerviosa, le sonrió mientras dejaba la taza y limpiaba con una servilleta el café derramado

Richard – ¡Ah! – Noto algo extraño en Candy – creo que no debió de hacerlo –

Candy – Es muy raro tu amigo – evito mirar a Richard, “que te pasa Candy por qué reaccionaste de esta manera”, se dijo para
sí misma –

Richard – Si, a pesar de ser de una buena familia no es feliz – le explico, ella lo miro ansiosa de saber más – Candy ya no quiero hablar de él – dijo al ver la mirada curiosa de ella –

Candy – Eres malo – frunció el seño – me dices las cosas a medias – le recrimino –

Richard – Cuando era niño, Isaac viajaba con sus padres y hermana a los Estados Unidos, casi al llegar hubo una tormenta, que termino por hundir el barco, su hermana murió ahí, era solo un bebe, el estaba por cumplir cuatro años, su hermana y su padre cayeron del bote y pues a la niña nunca la encontraron, Isaac se siente culpable por eso, cree que su padre jamás se lo perdono – le explico brevemente – espero estés conforme – le dijo para que ella ya no insistiera en hablar de Isaac –

Candy – Entonces por eso es tan raro – ella quería saber más – incluso el otro día parecía que lloraba, oye Richard tu como sabes eso – pregunto

Richard –Su madre me lo conto – entonces recordó algo – mañana tiene que ir… – se quedo mudo –

Candy – Que sucede Richard – le cuestiono curiosa – recordaste algo importante –

Richard – Si, recorde que tengo que ver mañana a alguien – dijo con gran misterio –

Candy – En serio – quiso mostrar indiferencia – que bien –

Richard – Así que yo creo que no te veré mañana – se extraño de la reacción de Candy cuando le conto lo de las flores –

Candy – Si por mí no te preocupes ya también tengo cosas que hacer – le sonrió y guiño el ojo, Richard la observo el gesto que tanto le gustaba de ella, aunque no sabía si ella le correspondería algún día el gran amor que ahora sentía iba creciendo más con cada sonrisa que le daba – Perdona que insista Richard pero creo que deberías de arreglar las cosas con Isaac, por lo que me has contado es tu único amigo –

Richard – Si te prometo que lo pensare dejarías el tema – le propuso –

Candy – Si pero solo si lo prometes – el levanto la mano como señal de promesa – espero lo hagas – le repitió, ambos rieron mientras seguían charlando, cuando estaba con Candy a Richard se le pasaba el tiempo demasiado rápido, ella se había convertido en su razón, en su existir, teniendo la esperanza de que a ella le ocurriera lo mismo, mientras Candy en su interior sentía algo extraño, le gustaba la compañía de Richard, cuando él estaba a su lado todo era mejor, no había preocupaciones, ni dolorosos recuerdos que la atormentaba, al lado de él todo se olvidaba incluyendo a Terry –

Laureen estaba en el comedor esperado a su hijo para desayunar, la noche anterior después de su charla él no había querido comer nada, el estaba por irse a la universidad pero antes quería confirmar que fuera con ella a ver a su padre, hacia 5 años que él no iba y eso la ponía muy triste, ella amaba a Isaac tanto como amaba a su pequeña hija a la que había perdido diecinueve años atrás, no entendía la actitud tan hostil de su hijo y también se culpaba de ello.

Isaac – Mamá me voy, no me esperes a comer tengo que ir al hospital – le explico mientras tomaba de pie un vaso de jugo –

Laureen – Isaac ese no es modo de desayunar – lo reprimo – sabes que tienes que ir conmigo hoy así que te estaré
esperando – le recordó, mientras el dejaba el vaso sobre la mesa –

Isaac – Mamá ya te dije que no pienso ir, tengo cosas más importante que hacer – dijo con un gran aire de indiferencia y frialdad –

Laureen – Que puede ser más importante que tu padre – levanto el tono de voz –

Isaac – Los pacientes no esperan, recuerdas soy medicó y no tengo tiempo para esas cosas – le dio la espalda a su madre –

Laureen – Isaac cuando cambiaste tanto – sus ojos estaban llenos de lagrimas, el solo se encogió de hombros y salió de aquel lugar dejando a su madre entre el llanto, sabía que ella sufría por su actitud tan fría, pero él tenía que ser fuerte, no doblegarse ante su madre, ya que ella no soportaría verlo sufrir –

Isaac – Perdóname madre – se dijo para sí mismo cuando cerró la puerta de su lujosa casa –

El día estaba algo nublado, melancólico, las nubes están grises, Isaac estaba en la solitaria biblioteca de la escuela, perdido entre la lectura, no quería pensar en nada ese día, se sentía triste, mas por el modo en que le hablo a su madre, unos pasos le avisaron que alguien se aproximaba pero no presto mucha atención y siguió leyendo pero alguien le hablo.

Richard – Hola Isaac –dijo en voz baja, estaba parado de tras de él – te fui a buscar a tu casa –

Isaac – Ya me viste por qué no te vas – dijo mientras hacía como que leía – estoy ocupado así que si me permites – lo invito a retirarse –

Richard – Tu madre estaba muy triste – hizo caso omiso a lo que dijo Isaac y se sentó – Me dijo que estabas en el hospital, pero alguien me comento que hoy tu guardia es en la noche – Isaac cerró el libro y puso cara de molestia –

Isaac – No sabía que ahora tengo niñera – respondió secamente –

Richard – Isaac, debes de ir con tu padre, no puedes evadir la realidad – le sugirió – no le hagas esto, sé que es doloroso pero tienes que superarlo – se veía preocupado por su amigo –

Isaac – No puedo Richard – recargo sus codos sobre la mesa mientras ponía su cabeza entre sus manos –

Richard – Si quieres te puedo acompañar – puso una mano sobre él hombro de Richard – eres mi amigo y no pienso dejarte en estos momentos – le sonrío generosamente –

Isaac – No se supone que estás molesto conmigo – le recordó –

Richard – Si – dijo firmemente, Isaac lo volteo a ver – lo estaba pero alguien me hizo recapacitar – cerro sus ojos y luego suspiro –

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