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Al amor de la rosa eterna – Parte 17 Continúa

Isaac – No me digas seguramente fue mi niñera – una suave sonrisa se dibujo en sus labios –

Richard – No entiendo por qué te desagrada, es una chica muy linda – le explico con un gran brillo en los ojos-

Isaac – Ni yo mismo lo sé – se cuestiono –

Richard – Isaac ya sé porque lo hiciste – este puso cara de no comprender lo que Richard le acababa de decir –

Isaac – No te entiendo – le dijo confundido –

Richard – Anoche cuando llegue a casa estaba Nicole, ella me conto lo que paso, se que ella fue quien te pido que le mandaras
las flores a Candy – Isaac estaba boquiabierto, nunca imagino que Nicole fuera capaz de contárselo a Richard – por qué caes en su juego – le cuestiono, pero este no le respondió – está bien si no quieres responder no importa – se levanto de la silla – nos vamos –

Isaac – Richard yo… – apretó los labios, pero Richard lo animo con su sonrisa – bien vayamos – también se levanto de la silla, ambos caminaron por la gran biblioteca, Isaac dejo el libro que estaba leyendo para luego abandonar el lugar, se sentía mejor de que su amigo lo acompañara en estos momentos tan amargos para él –

Era más de medio día las nubes grises cubrían el cielo, el viento frio golpeaba el rostro de Isaac que estaba parado, ahí mudo, con los ojos llenos de lagrimas, no sabía qué hacer o decir tenía mucho que no estaba en ese lugar, Richard lo miraba a lo lejos, estaba para apoyar a su amigo, al único que le brindo su amistad cuando el llego a ese país, tan temeroso, sabía que era un momento muy difícil en la vida de su amigo.

Isaac – Papá espero me perdones por no haber venido todo este tiempo, pero créeme que ha sido muy difícil para mí asimilar las cosas, me siento tan mal, tan culpable por lo que paso esa noche, me duele ver a mi madre sufrir de esta manera, ella no me reprocha nada, pero sé que piensa que fue mi culpa, perdóname papá, si al menos tuviera un recuerdo de ella, si solo pudiera recordar su rostro, tal vez así desaparezcan los sueños que me torturan tanto, papá ya no puedo mas ayúdame a olvidar por favor – entonces se dejo caer al césped humedecido por la suave llovizna, no le importo ensuciar su elegante traje negro, las lagrimas caían de aquello ojos grises, resbalaban por sus mejillas hasta llegar al suelo para perderse con las gotas de lluvia – te quiero papá – dijo mientras acariciaba la lapida de mármol blanco, la cual cubría la última morada de su padre desde hace diecinueve años –

Richard – Isaac está tranquilo – se había agachado hasta él – tu padre sabe que no fue tu culpa – luego Isaac lo abrazo –

Isaac – Gracias Richard por acompañarme – se seco las lagrimas, luego se levanto – será mejor marcharnos – dejo un ramo de claveles blancos sobre la tumba de su padre y se despidió de el haciéndole una oración desde su interior, luego se marcho con Richard de ahí mientras las gotas de lluvia resbalaban sobre la lapida que tenía escrito sobre ella “Recuerdo de tu esposa e hijo que te aman Aleric Veruck 1867 -1898” –

Candy miraba con gran curiosidad un placa de que estaba puesta al final de un pasillo, Eugénie caminaba cerca de ahí, así que observo a Candy que acariciaba la placa con sus dedos.

Eugénie – Sucede algo Candy – le pregunto cuándo se vio cerca de ella –

Candy – No nada – la volteo a ver – es que nunca había visto esta placa – le explico – de quien es – pregunto curiosa –

Eugénie – La pusieron en memoria del doctor Veruck – Candy la miro con asombro –

Candy – Era algo de Isaac – le cuestiono –

Eugénie – Si era el padre del doctor Veruck – por cierto hoy fue su aniversario – recordó – Candy por favor necesito que lleves
estos medicamentos al consultorio de él –

Candy – Esta bien – tomo las medicinas, Eugénie se retiro dejando sola a Candy que miraba la placa, luego la volvía a acariciar – se dirigió al consultorio de Isaac, no estaba preocupada de encontrarlo ahí ya que sabía que estaría en la guardia de noche, abrió la puerta, pero cuando entro alguien estaba ahí – lo siento yo solo viene a dejar esto – puso los medicamentos sobre él escritorio y se dio la vuelta –

Nicole – Donde esta Isaac – le pregunto cortantemente –

Candy – Vendrá hasta la noche – le contesto y siguió su camino –

Nicole – Quiero que te alejes de Richard – le advirtió –

Candy – Mientras el no me lo pida no pienso hacerlo – la volteo a ver –

Nicole – Deberías de regresar a tu país – dijo con repulsión – no necesitamos más invasores aquí – la miraba con desprecio –

Candy – Pues tú deberías de comportarte como la fina dama que eres, una dama no anda buscando a los chicos todo el
tiempo – le replico –

Nicole – No dejare que nadie me lo quite – le grito –

Candy – Richard no es un objeto para pertenecerle a nadie – se dirigió hacia la puerta – con su permiso Srita – le dijo como burla y se fue dejando a Nicole muy molesta, Candy se había dado cuenta desde el primer día el interés de Nicole por Richard, pero a él parecía no importarle, aunque seguía teniendo la duda de quién era la chica que le gustaba, ¿a quién le mando flores
Isaac?, se preguntaba con gran curiosidad, era evidente que no fue a Nicole –

Isaac llego con Richard a su casa, estaban mojados, el enojo entre ellos había terminado, él le ofreció a Richard a quedarse a comer pero el dijo que no podía que tenía que estudiar para un examen, así que se disculpo, se retiro, no tenía que estudiar nada pero sabía que este era un momento solo de madre e hijo y no deseaba ser inoportuno.

Isaac – Ya vine mamá – dijo cuando entro al cuarto de costura –

Laureen – ¿Cómo te fue hijo? – Le pregunto mientras guardaba algo debajo de un cojín del sofá –

Isaac – Madre tengo algo que contarte – se sentó junto a ella, lo miraba interrogante – sabes hoy fui a la tumba de papá – le
explico, ella lo miro con un dejo de felicidad –

Laureen – Me alegro tanto hijo –le tomo la mano – me partía el alma que no fueras, le pedí tanto a dios que te hiciera recapacitar – comenzó a llorar –

Isaac – Mamá no llores, no mas lagrimas por hoy – limpio los ojos de su madre – sabes mamá Richard fue a buscarme, ya
somos amigos nuevamente – se veía contento –

Laureen – Me alegro hijo – se veía preocupada –

Isaac – Tienes algo mamá – se dio cuenta de ello – que sucede – la cuestiono –

Laureen – Isaac quiero hablarte de ella – él la miro sorprendido – de tu hermana, sé bien que no tienes un recuerdo de ella –

Isaac – De verdad mamá, dime como era por favor – su voz sonó ansiosa –

Laureen – Cuando ella nació, tú fuiste el primero en verla, decías que querías un varón como tú, para que jugaran y te pusiste a llorar, le suplicabas a tu padre que la regresara y que te trajera un hombrecito – se rio e Isaac se sonrojo –su primera sonrisa fue para ti y tu también le sonreíste, te molestabas mucho cuando yo la alimentaba, también querías que lo hiciera contigo –

Isaac – Mamá me avergüenzas – se sonrojo mas – a quien se parecía – le pregunto –

Laureen – Ella tenía rasgos de tu padre y míos, tenía mis labios, también mi nariz, los mismos rizos que tú, aunque los de ella eran del color del pelo de tu padre, tan dorados como el sol a medio día, sus ojos eran iguales a los de Aleric – hablaba de su padre – tan grandes, almendrados, de color verde, verde esmeralda – apretó los labios cuando sintió que la voz se le quebraba –

Isaac – Seria muy hermosa verdad – su rostro entristeció – perdóname mamá no quise que te pusieras triste –

Laureen – No hijo por hoy se acabaron la lagrimas – le regalo una bella sonrisa – cámbiate el traje que si no te enfermaras, mientras veré si ya esta lista la comida –

Isaac – Tengo guardia en la noche, voy a ducharme y a preparar mis cosas – le dijo cuando se levanto del sofá –

Laureen – descansa un rato hijo, sé que no has dormido bien – el asintió con la cabeza afirmativamente, cuando se quedo sola saco de debajo del cojín una foto que miraba con gran sentimiento y tristeza, la acaricio y dijo – Aleric no sabes cuánto te extraño –

La lluvia se hizo presente durante el resto de la tarde, Richard no había ido a ver a Candy, pero no dejaba de pensar en ella, mientras Nicole había visitado a Isaac para insistirle con lo de Candy, pero este se negó ante sus caprichos, ya no quería tener más problemas con él, no después de que habían dejado de hablarse durante tanto tiempo, ella se fue muy molesta de la casa de este, diciéndole que era un mal amigo, que pensaba que ella le importaba, mientras Candy no dejaba de pensar en quien era la chica que le gustaba a Richard, “pero eso que me importa” se decía ella, cuando llego la noche había parado de llover, Isaac llego al hospital cansado, tenia días que no dormía bien, pero aun así comenzó a trabajar, luego de revisar algunos pacientes, fue a la cafetería del hospital a tomar un café ya que el sueño lo estaba matando, se sentó en una mesa tomo un trago del café, no había mucha gente, repentinamente sus parpados comenzaron a cerrarse, se recargo sobre la mesa y se quedo profundamente dormido. Los gritos de desesperación de la gente era todo lo que se escuchaba, él estaba ahí parado en la cubierta del barco, las gotas de lluvia golpeaban las ventanas con gran fuerza, mientras el barco crujía y se mecía con gran fuerza, no entendía lo que estaba pasando, no era el niño temeroso, se veía tal cual era en el presente, entre tanto gritos escucho claramente que alguien lo llamaba, con gran angustia comenzó a buscar a quien gritaba su nombre, el iba en sentido contrario a la gente que corría asustada, lo empujaban haciendo más difícil el trayecto, comenzó a escuchar más de cerca esa voz, se acerco a la baranda del barco y ahí estaba colgada ella pendiendo hacia el mar que parecía reclamar su vida, “Isaac hermano no me dejes morir” dijo la chica, que miraba hacia abajo, sus rizos dorados cubrían su rostro, entonces Isaac tomo su mano y la comenzó a jalar hacia él, pero la lluvia que caía sobre sus manos, lo hacían más difícil, ella se resbalaba, sentía como si el agua le quemara las manos, “no me sueltes le suplicaba ella”, mientras él le decía que no la dejaría morir, un relámpago ilumino el cielo, entonces algo paso, él la miraba con gran desesperación cuando repentinamente ella levanto el rostro, Isaac se quedo frío cuando la vio, como reacción el soltó la mano de ella, asustado, miraba como ella se hundía en el fondo del mar mientras lo llamaba.

Isaac – ¡No! – grito con gran fuerza, tanto que se despertó, estaba agitado, pálido, su corazón latía frenéticamente, entonces comenzó a mirar a su alrededor, había comenzado a llover, las gotas de lluvia golpeaban la ventana, mientras el cielo se iluminaba por un rayo, había volteado la taza de café que había pedio, derramando el liquido en la mesa y que había caído cerca de su mano, tomo una servilleta y se comenzó a limpiar, mientras sentía como los ahí presentes lo observaban con gran asombro, incluyendo a Candy, que estaba boquiabierta por lo sucedido – maldición – dijo para sí mismo –

Eugénie – Doctor Veruck se siente bien – se acerco a él – esta pálido –

Isaac – Si gracias – se levanto y se dirigió a la salida, pasando junto a le mesa de Candy, que volteo a mirarlo curiosa, el también la miro y sintió un gran escalofrío es su espalda, así que siguió su camino, ya estando solo en su consultorio, no dejaba de pensar en lo que había soñado, pensó que al ir a la tumba de su padre todo eso desaparecía, pero todo lo contrario ahora que su madre le había dicho como era su hermana, el fantasma que tanto lo atormentaba, ahora ya tenía rostro, pero se preguntaba por qué tendría que ser precisamente el rostro de ella, de esa chica norteamericana –

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