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El amor de la rosa eterna – Parte 12 continúa

Richard – Mi padre… quiero decir el Sr. Brower , solo quiero saber si es verdad que yo… – Albert lo interrumpió, como si adivinara la pregunta que él iba a hacerle –

Albert – Si muchacho, como dos gotas de agua – le contesto, quedando atonito por la respueta–

Richard – Espero pronto conocer a su hija – cambio el tema –

Albert – Si, eso espero – puso cara de preocupación –Será mejor que me vaya – se levanto antes de que le llevaran el whisky, Richard se quedo sorprendido al ver la reacción del Sr. Andley cuando le menciono a su hija, “tendrá algún problema con ella” se pregunto, termino su copa y se retiro a su camarote –

El viaje era tranquilo, parecía que el clima seria prometedor, tres días llevaban en altamar, Richard se seguía sintiendo solo, triste, aburrido, lo único que le gustaba hacer era ir al salón para escuchar a los músicos, era una de sus mayores pasiones, algunas veces componía en su casa de París, aun que hacía mucho tiempo que no encontraba inspiración para componer algo hermoso, en su mente solo una imagen pasaba una y otra vez por su cabeza, el dulce rostro de una mujer, tenía la esperanza de volverla haber, pero regresaba decepcionado nunca supo mas de ella después de aquel día en el teatro, eso era algo que lo torturaba, por qué no podía sacarla de su mente, día y noche pensaba en ella. Se encontraba en el comedor cuando nuevamente el Sr. Andley se la pareció repentinamente, casi no lo había visto desde el día que zarparon.

Richard – Como está Sr. Andley –

Albert – Bien – dijo a secas –

Richard – Lo noto preocupado – le ofreció sentarse –

Albert – Si un poco, tengo problemas con mi hija – río tristemente –

Richard – Espero los solucione – solo atino a decir eso – no me ha dicho cuando tendré el placer de conocerla – se imaginaba que era una niña muy caprichosa –

Albert – Está un poco indispuesta, no se ha sentido bien desde que partimos – le explico –

Richard – Será en otra ocasión – se le estaban quitando las ganas de ser su apoderado legal – así son los niños – le dijo mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa –

Albert – ¿Niños? – Lo miro confundido – cree usted que mi hija es una niña – Richard quiso entender lo que Sr. Andley le dijo, el capitán del barco se les acerco para informales algo, Richard ya no pudo seguir su plática –

Capitán – Buenas tardes – se dirigió a Albert, sabía que él era uno de los pasajeros más importantes – el servicio está bien –
Albert asintió afirmativamente – el clima está cambiando, al parecer habrá una tormenta, quiero recomendarle que no salgan a cubierta, por favor, avísele a sus familiares –

Albert – Claro Capitán – miro hacia la entrada del comedor, Paty se quedo ahí parada, llamándolo con la mirada – Debo irme – se disculpo, levantándose hasta donde Paty, ella le susurro algo, el torció el gesto y se retiraron –

Albert se dirigió al camarote, se veía preocupado al igual que Paty, Emily los esperaba en la puerta.

Albert – Déjennos solos – Paty y Emily se retiraron, el cielo comenzaba a ponerse gris, este cerró la puerta – No puedes seguir así – dijo angustiado –

Candy – Déjame en paz Albert – estaba parada junto a la mesa que tenía una charola de comida sin probar –

Albert – Se que es doloroso para ti Candy, odio decir esto pero te lo advertí – no dejaba de moverse de un lado a otro –

Candy – Hubieras dejado que me fuera a la guerra – le reclamo –

Albert – ¿Qué?, no digas tonterías Candy – le grito –

Candy – Yo no te pedí que fueras por mi – su voz casi se quebraba, recordó aquella tarde en Nueva York, en el puerto estaba a punto de abordar el barco cuando Albert la detuvo, ella se negaba a regresar con él, discutieron pero esta vez no dejaría que ella hiciera su voluntad, así que la tomo fuertemente del brazo y casi a rastras la llevo a el auto, la mantuvo vigilada hasta que zarparon ese día – no deberías meterte en mis asuntos –

Albert – Perdí a un ser querido en la guerra no iba dejar que te pasara algo – le explico –

Candy – Prefieres ver morir así – su semblante no estaba nada bien, su rostro estaba pálido y su vida hecha pedazos –

Albert – Candy no puedes dejarte caer así – ella se soltó a llorar – todo esto es culpa de Terry – dijo molesto –

Candy – Basta Albert – le dolía oír su nombre –esto solo es culpa tuya – le grito – si no se te hubiera…- él la interrumpió –

Albert – Si no se me hubiera ocurrido ir a Nueva York – estaba molesto, pero lo que ella le contesto lo sorprendió a un más –

Candy – Todo es tu culpa, si tu nunca me hubieras adoptado yo… – se llevo las manos al rostro –

Albert – Me reclamas que te haya adoptado, lo hice por tu bien – le dolió lo que ella le dijo –

Candy – Tu me mandaste a Londres, a estudiar a esa estúpida escuela, sino lo hubieras hecho yo jamás lo habría conocido – le grito entre llanto –

Albert – Lo hice porque estabas dolida por la muerte de Anthony – dijo tristemente –

Candy – Déjame Albert, vete no te quiero ver, no quiero ver a nadie – le grito como si no sintiera dolor por Terry ahora le recordaba a Anthony –

Albert – Cálmate Candy – quiso abrazarla pero ella le respondió de otra manera, Candy planto la palma de su mano en la mejilla de Albert con gran fuerza, se quedo atónita cuando supo lo que había hecho –

Candy – Albert… yo no quise… – Albert la miro tristemente y no dijo nada – Perdóname Albert – este salió del camarote, mientras ella se quedo llorando amargamente –

Richard se encontraba en su camarote, leía un libro de un gran poeta Lord Bairon, trataba de inspirarse para poder componer algo de música, en Paris lo aguardaba los últimos meses de escuela, algunos amigos y una chica que no dejaba de perseguirlo. Suspiro al ver que la poesía no daba resultado tomo su chaqueta, se sentía algo de frío, ahora el cielo estaba casi en plena oscuridad a causa de las nubes, habían dado la orden de no salir a cubierta pero el necesitaba un poco de aire, camino por un pasillo, las suaves gotas de lluvia comenzaba a caer en la duela del piso, el barco se movía por la intensidad de las olas al chocar con este, los truenos sonaban en el cielo mientras los rayos se perdían chocando en la profundidad del mar, la lluvia cada vez más intensa comenzó a golpear su cuerpo, Richard tenía el sentido del oído muy fino así que a lo lejos comenzó a escuchar como la lluvia se mesclaba con unas suaves sicofonías marinas, se sujeto de la baranda, buscaba algo se asomo un poco, a lo lejos un grupo de delfines se asomaban embelleciendo el paisaje, el sonrió apaciblemente, disfrutando ese momento, los delfines se perdieron entre las grandes olas, supo que era momento de regresar a su camarote cuando repentinamente la lluvia se mesclaba con un lamento de llanto, discretamente se dirigió hacia donde provenía ese llanto y por fin encontró lo que llamo su atención. Sobre una banca de madera estaba sentada una chica tenia puesta una bata blanca, con las piernas flexionadas contra si, su cabeza hundida en ellas, sus manos cubrían su rostro, su cabello rizado completamente mojado, su llanto lleno de dolor, desesperación fue lo que más llamo su atención, ¿Quién será? Se preguntaba, creía que sería mejor llamar a alguien para que la ayudara, en eso estaba pensando cuando repentinamente ella levanto la cara mirando al cielo, sus ojos verdes parecían implorar clemencia, sus lagrimas se perdían con las gotas de lluvia que caían en su hermoso rostro, parecía una ángel al cual le dolía el corazón, “Es ella” se dijo, su corazón palpito, su pulso se acelero, mientras en su estomago una marejada de mariposas lo sacudían, ella volvió a hundir su rostro entre sus piernas, sin pensar él camino lentamente hacia donde estaba ella.

Richard – Srita es peligroso estar aquí – le dijo nervioso, ella no contesto – debería de ir a su camarote – siguió sin contestar – podría llamar a algún familiar – siguió insistiendo –

Candy – Déjeme en paz – contesto sin mirarlo –

Richard – No pienso dejarla sola, es peligroso con esta tormenta – titubeo, ella no contesto y siguió llorando – No llores pecosa – dijo dulcemente –

Candy por fin reacciono ante esas palabras, bajo los pies de la banca, miraba al piso “Vamos la acompañare” él le extendió la mano, ella subió lentamente la mirada, su vista estaba borrosa a causa de las lagrimas y la lluvia; conforme iba subiendo la mirada se ponía más nerviosa el traía un traje color azul con una camisa blanca, pero cuando llego al hasta su rostro se exalto, se pudo de pie quedando muda de lo que estaba viendo, “Ven conmigo” le decía tiernamente, ella no pudo mas ante el asombro y se desvaneció cayendo en los brazos de él, quería reaccionar pero no podía solo escuchaba una dulce voz que hacía muchos años anhelaba escuchar, “Eres hermosa, no sé por qué llorabas, pero me supongo que es por alguien, no dejare que te apartes de mi ahora que te he encontrado, te prometo, te juro que yo haré que lo olvides y lograre sacarlo de tu vida” escuchaba Candy lejanamente en la dulce voz de Anthony.

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