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El amor de la rosa eterna – Parte 11

CUANDO EL AMOR LASTIMA

Toda la noche no paro de llover en gran parte de la ciudad, la mañana era fría, pero el ilusionado corazón de Terry ardía como nunca, parecía que el trayecto de la vida nuevamente tomaba su curso, sería feliz con la mujer que amaba, nada ni nadie impediría sus planes. Muy temprano se alisto para ir al hotel, tenía que hablar con Albert, le pediría formalizar las cosas con Candy, entro a la recepción del hotel, el mismo tipo impertinente de la otra noche estaba ahí, no tuvo más remedio que acercase a él para hablar con los Andley.

Terry – Buenos días – el tipo lo miro y torció el gesto – quiero hablar con el Sr Andl… – no pudo terminar de hablar cuando alguien lo volteó del brazo y le soltó un golpe en la cara –

Albert – Eres un imbécil – dijo muy molesto a Terry que ya hacía en el piso, por instinto se llevo la mano a la boca, limpio la sangre que comenzaba a derramar su labio inferior –

Terry – ¿Qué te pasa Albert? – Dijo confundido al tiempo que se levantaba –

Albert – Todavía lo preguntas, pero si le ocurre algo… – se abalanzo nuevamente contra él pero un hombre muy elegante lo detuvo –

George – Sr William no perdamos tiempo, los hombres que solicito ya están aquí – cuatro hombres lo esperaban en la entrada del hotel –

Albert – Una cosa te advierto Terry, si Candy comete una tontería lo pagaras caro – Estaba muy molesto Terry jamás lo había visto así, al salir, Albert lo señalo con el dedo índice en señal de su advertencia, se fue con los hombres –

Terry – Albert que está pasando – grito pero este no le hizo caso, se dirigió a las escaleras ahí se encontró con Emily, la reconoció sabía que era la mucama de Candy – Srita que está pasando, ella lo miro confundía – ¿Dónde está Candy? – dijo con gran desesperación, le apretó el brazo, ella se asusto –

Emily – La Srita. Candy desapareció – se notaba preocupada

Terry -¿Qué? – las piernas no le respondieron, solo sintió como si alguien le hubiera apuñalado el corazón – no puede ser verdad, yo la deje ayer aquí – parecía que hablaba consigo mismo –

Emily – Ayer que llego se veía muy contenta, mientras se bañaba le llevaron la cena, pero hoy por la mañana cuando fui a buscarla a su cuarto no abrió, cuando por fin pudimos entrar nos dimos cuenta de que no estaba, ni siquiera probo la cena – le explico –

Terry – ¿Pero porqué? – se llevo las manos al rostro, se dirigió a la salida pero Emily lo detuvo –

Emily – Joven – Terry volteo, ella sacaba algo del bolso de su vestido – solo dejo esta nota – le extendió el pedazo de papel –

Terry – Candy – solo dijo eso y comenzó a leer –

Albert: lamento darte tantos problemas, espero que este sea el último, no sé porque no te escuche, ahora ya es tarde para remediar las cosas, solo te puedo decir que me voy ya que el amor de que siento por Terry me lastima tanto y no quiero hacerlos presa de mi sufrimiento, no sería justo, ya que yo lo busque sola. Candy.

Terry apretó entre sus manos la hoja que termino completamente arrugada, exhalo fuertemente para sacar el aire que había acumulado en sus pulmones, no dijo más y salió corriendo del hotel, “¿Dónde estás Candy? “ era lo único que pasaba por su mente en esos momentos angustiosos.

Una joven caminaba sin rumbo, con la mirada perdida e inundada en lágrimas; queriendo olvidar el ayer, en esos breves momentos de felicidad que ahora la atormentaban tanto, se sentó en un una banca de un pequeño jardín, dejo su pequeña maleta en el suelo, apretó la falda de su vestido, soltándose a llorar nuevamente llamando la tención de un anciano –

Anciano – El amor duele verdad Srita – dijo mientras se sentaba junto a ella –

Candy – No debería de ser así – dijo entre sollozos –

Anciano – No deje que la lastime de esa manera – le tomo la mano –

Candy –Seria menor desaparecer – le dijo melancólicamente –

Anciano – Muchas veces buscamos la salida más fácil –

Candy – Solo deseo no sentir – se limpio las lagrimas –

Anciano – Busca la ayuda de dios, él te guiara – le señalo una pequeña capilla con la mirada, le dio un fuerte apretón de manos, luego se levanto y se fue –

Candy miro la capilla, recordó a la Srtia. Ponny, tomo entre sus manos el crucifijo que llevaba puesto, mientras su adolorido corazón seguía llorando, tomo su maleta camino hasta la iglesia, había perdido la noción del tiempo, casi no pudo dormir pensando en que hacer, todavía era muy temprano cuando abandono el hotel, solo le había dejado una nota a Albert, tomo solo la ropa necesaria, un poco de dinero y llorando abandono el hotel. Entro en la capilla camino lentamente hasta el altar, se sentó en la banca que estaba enfrente, miro la imagen que tenía enfrente y lloro amargamente.

Candy – ¿Qué he hecho para merecer este dolor? – dijo en voz alta como queriendo que le respondiera, sus manos cubrían su rostro, alguien la tomo del hombro y le hablo –

Padre –A caso es un reclamo hija – le dijo en un tono muy apacible –

Candy – Solo quiero saber porque no puedo ser feliz – dijo sin mirar al padre –

Padre – Tal vez tu felicidad es otra – Candy lo miro confundida –

Candy – ¿A qué se refiere con eso? – Seco sus lágrimas con un pañuelo que le había regalado Paty, como obsequio de cumpleaños tenía sus iníciales bordadas –

Padre -¿Quieres hablar hija? – le pregunto, sabía que ella necesitaba ser escuchada, se veía que era una buena chica –

Candy –Si, necesito desahogarme – tomó su maleta, había puesto el pañuelo en su regazo, cuando se levanto se cayó y ella no se percato de ello, sus pensamientos estaban en otro lugar –

El padre la guio hasta la sacristía, perdiéndose por una puerta de madera, un auto se estaciono frente a la capilla, un joven entro desesperado, camino hacia el altar, sus ojos azul verdoso reflejaban la tristeza, necesitaba respuestas, necesitaba un consuelo, no podía creer que los momentos de felicidad hubieran durado tan poco, ¿Qué paso?, ¿Por qué desapareciste?, ¿Dónde estás?, ¿Por qué el amor lastima?, muchas preguntas al mismo tiempo sin ninguna respuesta, “Yo nunca me acerco a ti” dijo a la imagen que tenía enfrente, “pero no me castigues de esta manera, tu sabes que yo la amo, que no puedo estar sin ella, dame una señal para poder encontrarla”, tenía varias horas de estar buscando a Candy, no entendía porque ella se había ido sin decir nada, agacho la cabeza, cerró los ojos intentando no dejar salir las lagrimas de desesperación, cuando los abrió un pañuelo blanco llamo su atención, se agacho, lo tomo estaba húmedo alguien lo había ocupado para secar sus lagrimas, reconoció las iníciales que tenia bordadas en una orilla, “Candy es de Candy, sigue húmedo, no debe tener mucho que estuvo aquí, volteo a ver nuevamente la imagen, “gracias”, dijo en voz baja mientras apretaba el pañuelo entre sus manos y salió corriendo del lugar, esperanzado en que Candy no debía de estar muy lejos.

Padre – Cuéntame lo que te sucede – le dijo amablemente –

Candy – No puedo estar con el hombre que amo – dijo soltándose a llorar nuevamente –

Padre – ¿Y porque? – pregunto mientras ponía una taza de té sobre la mesa, enfrente de donde estaba ella sentada –

Candy – Hay otra chica – solo atino a decir eso –

Padre – ¿Es casado? – dijo tomando una gran bocanada de aire, mientras se sentaba junto a Candy –

Candy – No pero ella ha sacrificado demasiado por él y así le pagamos – parecía reprocharse ella misma –

Padre – Y él ¿A quién ama? –pregunto buscando su mirada –

Candy – No lo sé, ya no se qué pensar Padre me duele tanto el corazón – dijo llevándose las manos al pecho –

Padre – El dolor es algo que no se puede evitar, pero el sufrimiento ya es tu decisión – dijo apaciblemente –

Candy – Cree que yo quiero sentir esto – dijo alzando la voz – cree usted que me gusta sufrir –

Padre – Hoy sientes, mañana comprenderás – dijo mientras tomaba una hoja de papel –

Candy – ¿Quién es? – miro una foto que estaba junto a la hoja de papel que tomo el Padre –

Padre – Mi hermana – sonrío –

Candy – Es enfermera – pregunto tomando la foto –

Padre – Si era enfermera – suspiro –

Candy – Acaso ya no lo es – pregunto curiosa –

Padre – Ella se fue hace unos meses a Alemania, como enfermera militar – sujeto con fuerza la hoja de papel – hace unos días
me avisaron que mi hermana murió en un ataque, llego en el buque, hoy la sepulte – parecía tranquilo, la chica empujo suavemente la silla, el Padre la observo desconcertado – Te vas hija – le pregunto –

Candy – Gracias Padre – le regalo una sonrisa, Candy sabia el dolor que aquel hombre estaba pasando ya que ella también
perdió a un ser querido de esa forma, pensó que era tiempo de dejarlo solo, ya no quería importunar a nadie – le agradezco
sus consejos – tomo su maleta y se dirigió a la puerta –

Padre – Mientras más dejes tu mirada a tras, más duro será mirar al frente – fue lo último que ella escucho antes de salir de aquel lugar –

Candy salió de la capilla, seguía lloviendo ahora un poco más fuerte, saco su sombrilla, la extendió, siguió caminando por varios minutos, pensando en lo último que le dijo el padre, esas palabras resonaban en su cabeza una y otra vez. “Mientras más dejes tu mirada a tras, más duro será mirar al frente”, acaso debía dejar ese amor que sentía por Terry, necesitaba un motivo para dejar el pasado y darle la cara al futuro, “mi hermana era enfermera militar”, como si fuera una señal, paso por un hospital, a fuera de este apenas tapados con una lona, un grupo de hombres ya hacían sentados junto a una mesa aguardando en espera de gente que se enlistara para ir a la guerra, Candy se acerco y hablo con ellos. Una cafetería estaba frente a ese hospital, una bella mujer de cabello castaño estaba sentada con un amigo, platicando ya que trabajarían juntos

Karen – No entiendo porque se va – no le agradaba la idea de trabajar con Harry –

Harry – No me lo quiso decir ese día – dijo encogiendo los hombros –

Karen – Richard no me ha buscado – estaba decepcionada –

Harry – ¿Quién lo diría? Tú y él hermano de Susana – se burlo –

Karen – Eres un idiota – le contesto mientras miraba hacia la calle por la ventana – esa es… -dijo con gran asombro – ¿Qué
está haciendo aquí? – se pregunto, Harry miro hacia donde Karen había volteado –

Harry – Es la misma chica – le comento a Karen –

Karen – De que hablas Harry – pregunto ansiosa –

Harry – La noche que encontré a Terry con el Sr Hathaway ella estaba ahí – dijo sin la menor importancia – hubieras visto como se puso Terry cuando la vio, ella estaba acompañada, cualquiera se habría dado cuenta de que estaba celoso – se refería a Terry –

Karen – ¿Quieres decir que Terry sabe que está aquí? – no salía del asombro –

Harry -¿Qué hay con esa chica? – le pregunto a su acompañante –

Karen – Te lo explicare después – dijo maliciosamente – oye todavía no le perdonas a Susana el haberte rechazado verdad – el puso cara de molestia –

Harry – Lo que me pregunto es porque se está enlistando en el ejército –

Karen – ¿Qué pensara Susana de todo esto? – dijo en un susurro, parecía que en la cabeza de Karen se formaba alguna maliciosa idea para fastidiarle la vida a Susana –

Terry llego a su casa, estaba cansado, le dolía mucho la cabeza, cuando entro Lucia estaba en la estancia, recogiendo una taza de la mesita de centro, estaba asombrada de que su patrón llevara un molesto y antigénico animal, chocolate lo recibió con gran gusto, Terry se agacho para acariciarlo pero al mirar sus verdes ojos se entristeció.

Lucia – Buenas tardes joven – dijo amablemente –

Terry – Buenas tardes Lucia – sonó desanimado –

Lucia – No encontré su chaqueta café para lavarla debe estar sucia – le dijo quería saber si había leído la carta de Susana –

Terry – La perdí ayer – se llevo las manos a la cabeza, al parecer no era lo único que había perdido –

Lucia – Se le ofrece algo – se puso seria –

Terry – No gracias – dijo mientras se dirigió a las escaleras, las subió quería estar solo, quería entender por qué ella había desaparecido de esa manera, al pasar junto al cuarto de visitas un ruido llamo su atención, toco la puerta –

Richard – Adelante – se encontraba guardando ropa en una maleta –

Terry – ¿Qué haces? – dijo confundido –

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