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El amor de la rosa eterna – Parte 10

AGRIDULCE ILUSION

El cielo gris hacia todo más triste, el suave golpeteo de la lluvia en las ventanas era todo lo que se escuchaba esa tarde en aquella triste y solitaria habitación, Terry ya hacia sentado en el suelo, con las rodillas flexionadas mirando como caían las gotas de lluvia, mientras que en sus ojos el agua salada no cesaba, se notaban hinchados, ardían, cuantas horas había llorado no lo sabía, sus dedos no paraban de moverse, un pequeño objeto no dejaba de girar entre ellos, Terry miro el anillo que pensaba regalarle a Candy, otra lagrima se derramo en su mejilla, no sabía que sentir si odio o tristeza, con mucho coraje aventó el anillo que cayo debajo de la cama, coloco sus manos en el rostro, comenzó a llorar amargamente, unos ojos verdes lo miraban desde la cama, también reflejaban tristeza.

Terry abrió los ojos de golpe, se levanto rápidamente empujando las sabanas, respiraba acompasadamente, estaba sudando, aun estaba oscuro, eran como las seis de mañana, casi no pudo dormir por la emoción de haber estado con ella, ya era de madrugada cuando abandono el hotel, Daniel lo esperaba dentro del auto con su gorro negro cubriéndole el rostro, Terry toco la ventanilla, se disculpo con el varias veces, este le decía que no había problema, en los ojos de Terry se veía un brillo diferente algo que su chofer percato, le dio un par de instrucciones a Daniel, cuando llegaron a casa Terry se dirigió a su habitación, Richard escucho el ruido, tampoco había podido conciliar el sueño, necesitaba contarle a Terry lo que le ocurrió en el teatro, pero Terry se vio renuente y solo le dijo “estoy cansado ya me lo platicaras mañana”. Mientras Daniel despertaba a la Sra. Rose algo le decía, por su parte Lucia fisgoneaba por la puerta, Daniel dijo “nos iremos temprano”. Terry se dejo caer nuevamente en la cama, un suave golpeteo se escucho en la puerta era la Sra. Rose.

Terry – Adelante – dijo en un bostezo –

Sra. Rose – Voy a preparar la ducha – se adentro en el baño –

Terry – Gracias – aprovecho el momento para levantarse, estaba algo nervioso, la Sra. Rose hizo rápido su trabajo –

Sra. Rose – Esta listo joven –

Terry – Discúlpeme por levantarla tan temprano – le sonrío –

Sra. Rose – No es ninguna molestia –

Terry – Ya preparo lo que le pedí – pregunto ansioso –

Sra. Rose – si ya está casi todo listo – le contesto –

Terry – Ponga una botella de vino por favor, la mejor que encuentre – le dio una llave era la única que no tenía la Sra. Rose – vaya a la cava y busque lo que le pedí – se notaba muy extraño y la Sra. Rose se percato de ello –

Sra. Rose – Claro – lo miraba muy desconcertada – con su permiso joven –

Terry se metió a la ducha, mientras el agua caía en su rostro, golpeando suavemente su piel, sonrío y suspiro. Después del baño se arreglo, se puso un pantalón blanco, una camisa color crema idéntica a la que usaba en Londres, unos zapatos blancos, el sol ya se asomaba para cuando el termino de arreglarse, se sentía mucho calor a pesar de ser tan temprano, con mucho cuidado cerró la puerta del cuarto, bajo las escaleras, la Sra. Rose ya lo esperaba en la estancia.

Terry – Esta todo listo – preguntaba mientras arreglaba el cuello de su camisa –

Sra. Rose – Como lo ordeno, Daniel lo espera a fuera – dijo señalando a la calle –

Terry – Ya sabe lo que tiene que decir, si alguien pregunta por mi – esta asintió con la cabeza y se retiro, Terry estaba colocando su reloj en la muñeca, tomo las lleves de su casa, estaba a punto de salir cuando alguien le hablo –

Lucia – Buenos días joven – salió de la nada, Terry se sorprendió al verla que hasta las llaves se le cayeron –

Terry – Buenos días Lucia – contesto mientras se agachaba a recogerlas – no creo haber solicitado sus servicios – le recrimino –

Lucia – Lo sé, me despertó el ruido – se encogió de hombros – va usted a salir –

Terry – No es obvio – contesto muy cortantemente – le tengo que dar explicaciones a mi servidumbre – le tuvo que recordar
su lugar en aquella casa –

Lucia – No, solo preguntaba para traerle una chaqueta, al parecer lloverá por la tarde –

Terry – Que tonterías está usted diciendo – se burlo –

Lucia – Este calor anuncia la lluvia se lo aseguro, mi abuela era sabia – le contesto guardándose el coraje – los viejos son sabios, hágame caso la puede necesitar – Terry cerró los ojos se quedo pensativo –

Terry – Tráigame la chaqueta café por favor – Lucia obedeció, ya estando en el cuarto de su joven patrón saco la chaqueta y en una bolsa interior coloco la carta de Susana, bajo deprisa y se la entrego –

Lucia – Si alguien pregunta por usted que le digo – necesitaba saber a dónde iría para informarle a Susana –

Terry – Solo que salí y que no saben a qué hora regresaré – se dio la vuelta y salió de la casa, Lucia miraba por la ventana –

Lucia – El joven está muy raro ¿Por qué será? – se preguntaba ella misma –

Terry – Vamos Daniel – Este arranco el auto, no habían avanzado mucho cuando Daniel se detuvo en una esquina – ya sabes a quien recoger te estará esperando en la entrada del hotel, yo los veré en el Puente de Brooklyn, salió del coche –

Ya en el auto Candy se sentía incomoda con aquel hombre que la miraba interrogante por el espejo retrovisor, “Terry que es lo que estas haciendo”, se preguntaba molesta, tenía la idea de que sería él quien pasaría por ella.

Candy – Tiene mucho que trabaja con Terry – dijo para entablar conversación –

Daniel – Unos días – contesto con su voz rasposa, Daniel era una hombre de color, tendría unos 39 años de gran estatura y corpulento –

Candy – No sabía que ya tenía chofer – dijo amigablemente –

Daniel – El duque me contrato – era fácil entablar una plática con ella – lo conoce hace mucho –

Candy – Si hace varios años, no sabia que Terry veia a su padre –susurro, se detuvieron antes de llegar al puente, ella no dijo mas, estaba nerviosa, que quería ver a Terry, alguien toco la ventanilla –

Terry – Gracias Daniel – este salió del auto y entrego las llaves a su patrón, Terry saco unos dólares de su billetera le dio unos cuantos, Daniel lo rechazo pero Terry insistió, el corpulento Daniel dio la vuelta y se fue; Terry se aproximo a la portezuela del lado de Candy y la abrió – Srita. Podría hacerme el honor de sentarse junto a mi – ella cambio de lugar, quería estar junto a Terry el mas tiempo posible –

Candy – ¿A dónde iremos Terry? – estaba muy nerviosa –

Terry – Recuerdas que un día me pediste que fuéramos de picnic – le guiño el ojo, arranco el auto y se fueron cruzando el puente –

Candy – No me dirás a donde me llevas –volvió a preguntar –

Terry – Es una sorpresa, no te desesperes, está un poco lejos pero te gustara – ella miro al volante, se percato de que Terry llevaba envuelta su mano en un pañuelo –

Candy -¿Terry que te paso? – dijo preocupada –

Terry – ¡Eh! – ella señalo la mano con la mirada – nada me lo puedes quitar por favor – le extendió la mano, ella deshizo el nudo, los delgados y largos dedos de Terry se liberaron del pañuelo –

Candy – No tiene nada – le reviso la mano –

Terry – Te lo dije, pero no confías en mi – ella se sonrojo –

Candy – Me estas secuestrando – le recrimino –

Terry – ¿Qué dices? – se rio –

Candy – Te advierto que se defenderme – dijo entre risas luego todo fue silencio –

Era raro pero durante el trayecto casi no hablaron solo momentáneamente, sus miradas se encontraban juguetonamente, es una locura pensaba Candy, una locura que deseaba hacia tanto. Terry se detuvo en un paraje había maleza y el calor comenzaba a arreciar –

Terry – Bien pecosa, ya llegamos – salió del auto y fue a abrirle la puerta, al salir un suave viento agito la falda de su vestido color durazno, Terry abrió el portaequipaje y saco una canasta de mimbre –

Candy – Venias preparado – le sonrío dulcemente –

Terry – Tienes el pañuelo – pregunto ella lo saco de su bolso y se lo dio, Terry lo enrollo y le dijo – Te comente que era una sorpresa – le tapo los ojos con el pañuelo –

Candy – ¿Qué haces Terry? – quiso detenerlo, pero él no lo permitió –

Terry – Vayamos – la tomo de la mano, camino con ella entre la maleza, con mucho cuidado para que no tropezara, ella seguía rezongando por la situación –

Candy – Huele como a pescado – dijo riéndose –

Terry – Ya casi llegamos Candy, espero te guste la sorpresa – se detuvieron, el desato el pañuelo, este resbalo por el rostro
de Candy, dejándola ver una solitaria, pero hermosa playa, con un deslumbrante sol que destellaba sobre el mar, detrás suyo una verde maleza contrastaba con el dorado de la arena, un árbol era la única sombra de aquel lugar, ella no salía de su asombro cuando Terry le susurro al oído – sorpresa, espero te guste tanto como a mí –

Candy – Es hermosa, no creí que esta ciudad tuviera lugares como este – no salía del asombro –

Terry – Yo tampoco, la encontré un día que me sentía algo triste, pensado en que estabas en Londres, siempre quería cruzar el Atlántico para poder estar contigo, cada que me siento triste vengo a este lugar – ella lo miro desconcertada –

Candy – Lo siento Terry – le dio la espalda, él la miro confundido – no puedo dejar de sentirme culpable – susurro –

Terry – Candy ¿Qué pasa? – su voz sonaba nostálgica –

Candy – Terry todo es increíblemente perfecto, eso es lo que pasa – al parecer estaba a punto de llorar –

Terry – No te entiendo, me puedes explicar que te sucede –

Candy – No puedo dejar de pensar en… me siento tan culpable – Terry supo de quien hablaba –

Terry – No vine hasta aquí para hablar de Susana – sus ojos reflejaban molestia – te lo dije a noche pienso dejarla –

Candy – Pero… – Terry la cayó poniéndole su dedo índice sobre sus labios –

Terry – Candy disfrutemos este día, solos tu y yo por favor – ella no pudo más y lo abrazo – tienes hambre porque yo si – tomo la canasta, caminaron hasta el árbol sentándose a la sombra de este, ella saco un mantel tenía un fino bordado de flores en la orillas, saco los bocadillos, unos platos, cubiertos, servilletas, dos copas y una botella de vino, él se rio al ver la cara que ponía ella – es uno de los mejores, no soy francés pero conozco de vinos – ella puso los ojos en blanco –

Candy – ¿A los cuantos años probaste por primera vez una bebida alcohólica? – el se sorprendió con la pregunta –

Terry – A que le debo la pregunta – ella se encogió de hombros –

Candy – Si no quieres contestar no importa –

Terry – Tenía como unos trece años, un día me enoje con papá, decidí que lo haría enfadar mas y de la peor manera, así que compre unas cuantas botellas de licor, las lleve al colegio, termine completamente ebrio, tirado bajo un árbol, cumplí mi cometido, hice enfadar a mi padre – sonrío, tenía las rodillas flexionadas y sus codos estaban recargados en ellas –

Candy – ¿Y te sentiste mejor después de ello? – estaba sentada con las piernas dobladas de lado –

Terry – Son muchas preguntas no lo crees – le recrimino sutilmente, ella sonrío y él se percato de ello – no le veo la gracia Candy –

Candy – Cuando éramos niñas Ane estaba muy triste porque un amigo nuestro acababa de ser adoptado, para aliviar su dolor me la lleve de picnic, tome comida de la cocina del hogar – Terry la miraba atentamente, ella seguía sonriendo – incluyendo una botella de vino, cuando eres niño no piensas que esas cosas te hacen daño – quiso explicar ante la sonrisa interrogante de Terry –

Terry – Así que Ane y tú… – enarco una ceja –

Candy – Éramos niñas – volvió a explicar –

Terry – Ja, ja, ja, ¿Quién lo diría? Tan seria que se veía, de ti lo creo pero Ane – siguió riendo –

Candy – ¿Qué quisiste decir con eso? – torció el gesto –

Terry – No te enojes Candy, me hubiera encantado conocerte de niña, seguramente eras muy traviesa –

Candy – Ese día conocimos al Sr Britter, lo recuerdas en el hipódromo, él quería adoptarme pero yo me negué, no quería separarme de Ane, pero ella deseaba una familia, tal vez mi suerte hubiera sido distinta – se detuvo y cerró los ojos –

Terry – Eso quiere decir que te sacrificaste por Ane, es una egoísta – Candy abrió los ojos y lo miro – pero me alegro de que lo sea, si te hubiesen adoptado los Britter tal vez nunca te habría conocido – ella volvió a sonreír, le extendió la botella de vino para que la abriera, sufrieron un poco ya que no había destapa corchos, hicieron varios intentos, con una rama, una piedra, hasta que por fin se logro abrir con la llave, el sirvió en las copas y propuso un brindis – por nosotros – se miraban fijamente, chocando las copas suavemente –

Candy – No nos hará daño – hizo un gesto ya que el vino tinto no era de su preferencia – deberíamos comer primero – tomo un emparedado, lo puso en un pequeño plato azul y se lo dio a Terry –

Terry – Gracias Candy – ella le regalo una dulce sonrisa, el a miraba asombrado de lo hermosa que lucía ese día, hasta ese momento se percato de que sus rubios risos estaban sujetos en una coleta, apenas sujeta con una listón del color de su vestido, casi a la altura de su oreja derecha, caía sobre su hombro, ella se llevo un pedazo de pan a la boca, lo mastico y paso, luego tomo mas vino, después de un par de emparedados continuaron con la fruta, uvas, manzanas duraznos y fresas, para entonces ella ya llevaba tres copas de vino, él solo dos, Terry tomo una uva, ella no sabía si un durazno o una fresa, se decidió por la ultima, tomo una grande y roja fresa, se la llevo a los labios, la mordió, él no dejaba de mirarla, después de comer algunas sus labios se pintaron de un delicioso rojo, tan rojos como las fresas, tan apetecibles, tan seductores y tan antojadles. Por dios Candy me muero por besarte, pensaba Terry, ella se limpio la boca sutilmente con una servilleta dejando impregnado un rosáceo en ella, imaginando que la suave servilleta eran sus labios y ella los pintaba, se aproximo a ella, la miro, la envolvió en sus brazos y le volvía a robar un beso como aquel día de verano, pero en esta ocasión ella respondía aferrándose a él apasionadamente.

Candy – Terry, Terry me puedes decir en que estas pensado – lo movió del brazo, el reacciono –

Terry – ¡Eh! – salió de su trance, todo esa maravillosa escena había sido producto de su mente –¿Qué decías Candy? – puso cara de desconcierto –

Candy – ¿Qué si quieres una fresa? – el movió la cabeza negativamente –

Terry – Te gustan mucho las fresas verdad – pregunto aun confundido –

Candy – Lo que fuera que pensaras era bueno, te veías muy feliz – dijo dulcemente –

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