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El amor de la rosa eterna – Parte 10 continúa

Terry – En algo que he deseado hace mucho tiempo – ella sonrío, sus mejillas estaban ruborizadas, su mirada algo confundida, para sacarlo de sus pensamientos ella se acerco demasiado a él, dejando una mínima distancia entre ellos – Te sientes bien
Candy – pregunto cuando ella hizo mueca de confusión –

Candy – Si estoy bien – por dios Terry quien está bien después de beber tres copas de vino de golpe, contando con lo nerviosa que me pones, deberías de hacer lo mismo que en Escocia, solo bésame y ya, se decía mientras lo miraba de reojo –

Terry – Ahora tu eres la pensativa – no dejaba de mirar los apetecibles labios de ella, si ya eran hermosos, ahora con ese rojo que las fresas habían dejado en ellos, los hacían mas –

Candy – Solo recordaba – bajo la mirada –

Terry – ¿Qué recordabas? – pregunto ansioso –

Candy – ¿Qué tú me debes algo? – le reprocho –

Terry – ¡Yo!, estás segura Candy, porque creo que te equivocas –

Candy –Que mala memoria tienes Terry Grandchester – dijo sin mirarlo –

Terry – Si me dices que es te lo devolveré – no sabía de lo que Candy hablaba –

Candy – Estas seguro de lo que dices – clavo sus verdes ojos en los azules de él –

Terry – Claro que si, aunque no tengo la menor idea de lo que puede se… – No pudo terminar la frase, unas cálidas manos lo sujetaron del rostro, unos carnosos labios rojizos aprisionaron los suyos, estaba asombrado, su corazón se acelero y miles de mariposas revoloteaban en su estomago, no quiso cerrar los ojos hasta estar seguro de que no lo estaba imaginando, pero el sabor a fresas de sus labios, le hizo saber que era verdad lo que estaba sucediendo, así que la tomo por la espalda, rodeo su cintura, apretándola junto a él, intentando no deshacer el beso, ella sumergió sus delgados dedos en el pelo de él, acariciándolo suavemente una y otra vez, moviendo sus labios frenéticamente, solo fueron unos instantes, pero para ellos una gloriosa eternidad, no era el inocente beso de dos adolecentes, ahora eran un hombre y una mujer que se amaban, para ella fuel primer beso apasionado que daba y recibía, para él fue el único, nunca antes otra mujer había logrado despertar esa pasión que sentía, deseaba tanto ese momento y ella lo había hecho del modo más maravilloso que nunca pudo imaginar.

Candy – Te amo Terry – dijo cuando sus labios se libraron un poco de los de él –

Terry – Candy, mi pecosa, no sabes la falta que me has hecho, no debí dejar que te fueras ese día – la brazo fuertemente –

Los rayos del sol se reflejaban en el agua salada del mar, la brisa fresca chocaba con el rostro de ambos y el suave viento alborotaba sutilmente su cabello, él inundo su intensa mirada en los ojos de ella y antes de que Candy pronunciara palabra alguna, Terry se aferro a sus labios envolviéndolos con los suyos, una gaviota alzo el vuelo sobre el mar como único testigo de ello.

Detrás de ellos solo quedaban las huellas de sus pies sobre la arena, habían caminado por largo rato a la orilla de la playa tomados de la mano, todo parecía un sueño del cual no querían despertar jamás, era su momento de ser felices, ella se detuvo.

Candy – Gracias Terry – dijo suavemente –

Terry – ¿Por qué? – pregunto curioso y la abrazo –

Candy – Por un día maravilloso – dijo mirándolo a los ojos –

Terry – No tienes porque dar las gracias – le sonrío mientras con una mano le sujetaba la barbilla –

Candy – Sucede algo – lo cuestiono ya que él no dejaba de mirarla –

Terry – Tienes los ojo más bellos que jamás haya visto – ella quiso desviar la mirada pero Terry no la dejo –

Candy – Basta Terry – dijo nerviosamente –

Terry – Desde la primera vez que te vi me gustaste – Candy se puso más nerviosa ante la confesión – ¿Qué me hiciste? –

Candy – ¿Por qué? – respondió con otra pregunta –

Terry – Me tienes completamente enamorado, no puedo dejar de sentirme atraído, no puedo dejar de pensarte, me vuelves loco con solo abrazarte, Candy no sabes cuánto te amo – y la volvió a besar apasionadamente, sus manos bajaban por la espalda de ella suavemente, entonces el comenzó a besar su mejillas, bajando hasta el delicado cuello.

Candy – Terry basta – decía sutilmente, pero no se apartaba de el –

Terry – En verdad quieres que me te deje de besar – pregunto, su voz sonó rasposa debió al nerviosismo y ella se rio suavemente –

Candy – Tenemos que irnos ya – le recordó –

Terry – Podemos fugarnos si tu quieres – le propuso –

Candy – No digas tonterías – decía buscando los labios de él –

Un estruendoso sonido se escucho en el cielo, que se había tornado grisáceo, las nubes estaban cargadas, el cielo a lo lejos se ilumino por un rayo, segundos después otro trueno se escucho.

Terry – Me gusta la lluvia a ti no – seguía besándola –

Candy – Terry será mejor irnos, estamos algo lejos de la ciudad –

Terry – Porque no te dejas llevar por lo que sientes Candy – la dejo de besar –

Candy – Que cosas dices Terry – deshizo el abrazo, lo tomo de la mano, fueron hasta donde habían almorzado, recogieron las cosas y se dirigieron al auto, ya comenzaba a lloviznar, para cuando entraron al coche sus ropas estaban algo húmedas y la temperatura empezaba a descender – No creí que llovería – enredo sus brazos sobre su cuerpo –

Terry – Me lo imaginaba Candy, toma ponte esto – tomo una chaqueta café que estaba en el asiento trasero y se la dio – me supuse que no traerías con que abrigarte –

Candy – Gracias – la tomo, metió los brazos en ella, era cálida y tenía el aroma de Terry impregnado, ella la olio – huele muy bien – sonrío –

Terry – Me has regalado el mejor día de mi vida Candy – ya habían tomado la carretera –

Candy – Espero que sean muchos más – dijo sonrojándose, volteo hacia enfrente a lo lejos vio una pequeña bola de pelo café – Terry te puedes detener un momento – el freno, ella bajo del auto, camino unos metros atrás, se agacho, recogió algo del suelo y se encamino de vuelta al auto – vámonos Terry – este se quedo boquiabierto al ver que llevaba Candy en brazos –

Terry – Candy no podemos llevarlo – dijo desconcertado –

Candy – No lo podemos dejar aquí, solo – le reprocho –

Terry – Tal vez tiene dueño – Candy comenzó a buscar en su cuello –

Candy – No tiene collar así que tampoco dueño –

Terry – No dejas de sorprenderme Candy –

Candy – Necesitaremos un perro cuando vivamos juntos – Terry volteo a mirarla asombrado de lo que acababa de oír –

Terry – Es en serio lo que acabas de decir – ella quería esconderse en la enorme chaqueta que traía puesta – mañana mismo hablare con Albert –

Candy – Se lo diré, no puedo llevarlo al hotel – se refería al perro, era una labrador color chocolate, como de tres meses de edad, tenía un pelo muy suave aunque algo sucio, pero lo que más llamo la tención de Candy fueron el verde de sus ojos que contrastaban con su color – eres muy bonito, necesitas un nombre –

Terry – Candy es muy pronto para que le pongas un nombre –

Candy – Tu querido amiguito, iras con ese chico, he de advertirte que es un poco enojón – el perrito la miro tiernamente –

Terry – ¿Qué? No estarás pensando en que lo lleve a casa – parecía no agradarle mucho la idea, ella lo miro y frunció el seño – no me mires así Candy –

Candy – Chocolate necesita un hogar – lo miro suplicante –

Terry – No puedes ponerle chocolate a un perro Candy – evito mirarla – está bien lo llevare a casa si eso te hace feliz – no podía negarle nada a ella – pero te costara un beso – ella se rio del comentario de él, por el momento eran los seres más felices sobre la faz de la tierra.

Terry paro en el puente de Brooklyn, Daniel ya los espera, en esta ocasión se sentaron en el asiento trasero, llevando a Candy a su hotel, ya era tarde y Terry debía de llegar a bañarse nuevamente para ir al teatro, cuando llegaron al hotel, ella estaba a punto de quitarse la chaqueta pero él no lo la dejo, era una tarde fría, antes de bajar él la beso, Daniel evitaba ver por el retrovisor.

Candy – Te veré mañana – le susurro – cuida bien a chocolate –

Terry – Vendré temprano preciosa – lo volvió a besar – cuidare bien de él, Candy bajo del auto y miro como se alejaba entre la suave lluvia de esa tarde –

Candy – Te amo Terry – dijo en voz baja, alguien la jalo del brazo que la hizo reaccionar –

Paty – ¿Dónde has estado Candy? – le pregunto algo molesta –

Candy – Por ahí, estaba triste y decidí salir a despejar la mente – se dirigió a la recepción –

Paty – No las pidas Emily esta en tu habitación, te hemos estado buscando todo el día – le recrimino –

Candy – Ya estoy grandecita Paty, se cuidarme, además ya llegue – subieron al elevador –

Paty – Albert está muy preocupado – platicaban mientras subían –

Candy – No deberían de preocuparse tanto –

Paty – Estas muy extraña Candy –

Candy – Estuve con Terry – le soltó de golpe –

Paty – ¿Qué? – casi lo grito –

Candy – Cállate Paty – bajaron del elevador – Paty no me lo tomes a mal pero quiero estar sola por un momento, luego te platico – se dirigió a su habitación, Emily le abrió la puerta alguien más la esperaba en su cuarto –

Terry llego muy apurado a su casa, sabía que se había retrasado un poco, todavía le faltaba ducharse para salir corriendo al teatro, cuando entro Richard estaba en la sala, alguien lo acompañaba.

Terry – ¿Qué haces aquí? – dijo molesto –

Richard – Vino a verte, eso es tan malo –

Terry – Ella no tiene voz propia – sentía que el momento de felicidad se lo habían arruinado –

Susana – Solo quería saber cómo estabas – dijo mientras lo observaba – ¿A dónde fuiste?

Terry – No tengo porque darte explicaciones de lo que hago –

Susana – Soy tu novia, tengo derecho a saber no lo crees – dijo molesta –

Terry – Ya me viste a hora si me disculpan tengo que arreglarme, voy a trabajar – se dirigió a las escaleras – Richard no dijo nada, no le gustaba el modo en que Terry trataba a Susana, pero no quería meterse en su “relación” –

Susana – Eres un grosero conmigo Terry, yo que te quiero tanto –

Terry – Yo no te pedí enamorarte de mí, espero que para cuando me vaya ya no estés aquí – subió las escaleras, solo se escucho como azoto la puerta –

Richard – Deberías de tener un poco de dignidad –

Susana – Nadie pidió tu opinión – dijo amargamente –

Richard – No lo entiendes el no te ama – le recordó, sabía que era algo que le dolía pero quería abrirle los ojos –

Susana – Algún día te enamoraras y sabrás lo que siento –

Richard – Si pero no pienso enamorarme de un imposible, de alguien que ya este enamorada de otra persona –

Susana – No sabes lo que dices Richard, me puedes llevar a casa me está doliendo la cabeza –

Richard – Te dije que mejor nos fuéramos, Terry ha estado un poco raro, pudiste haber evitado todo esto – se dirigieron a la puerta ella estaba en silla de ruedas –

Susana – Nadie te apartara de mi – pensaba para sí, Richard ayudo a que subiera al auto, mientras alguien se asomaba por la ventana –

Terry – Pronto terminara todo esto Susana, no me gusta tratarte así pero eres tan asfixiante que me ahogo cada que respiro el mismo aire que tu – cerro la ventana cuando el auto arranco – Candy pronto me casare contigo y ni Susana ni nadie lo impedirá –

En la habitación del hotel, Albert reprimía a Candy por su actitud aparentemente tan inmadura.

Albert – Todo el día hemos estado preocupados, porque desapareces así – no dejaba de moverse de un lado a otro –

Candy – Albert ya no soy una niña a la que tengan que estar cuidando –

Albert – ¿Dónde estuviste? – quiso saber –

Candy – Ya se lo dije a Paty, solo quería estar sola – intentaba no mirarlo ya que él la conocía muy bien –

Albert – Estuviste en la playa no es así – no era una pregunta, sino una afirmación –

Candy – No – dijo nerviosa, como lo sabia acaso la estuvo espiando –

Albert – No Candy, no te estuve espiando – parecía haber adivinado lo que ella pensaba – tienes arena en el pelo, además de que hueles a mar –

Candy – Albert yo… déjame que te explique las cosas – su voz sonaba angustiada –

Albert – Candy solo espero que sepas lo que estás haciendo – dijo bajando el tono de su voz – sabes que yo te quiero mucho, no me gustaría verte sufrir de nuevo –

Candy – Albert tu sabes cuánto lo quiero, las cosas se dieron inesperadamente, lo que sucede es… –

Albert – Yo no te estoy pidiendo explicaciones, no lo único que quiero es tu felicidad, pero no quiero verte triste nuevamente – se sentó junto a ella en el borde de la cama –

Candy – Tu siempre me entiendes – le sonrío –

Albert – Descansa, pídele a Emily que te prepare la bañera para que te relajes, otra cosa quiero que el venga a hablar conmigo – se levanto y se dirigió a la puerta –

Candy – Gracias Albert por tu apoyo, mañana vendrá temprano a verte –

Albert – Esta bien, Candy, muy linda chaqueta aunque te queda un poco grande – se burlo, ella se rio, Albert abandono la habitación –

Emily preparo la bañera para Candy, que por un largo rato estuvo ahí, pensando en lo inolvidable que sería ese día, Terry, Terry era lo único que pasaba por su mente, Susana tendría que comprender las cosas que Terry nunca llegaría a ser feliz con ella, no podía dejar de sentir los cálidos y húmedos labios de él, de sus manos bajando por su espalda, de los besos que inundaron su cuello, de que pronto se convertirá en la esposa de él, me ama, Terry me ama, se repetía a si misma, ya nada nos separara pensó. Candy salió del baño envuelta en una bata rosa, seco su cabello con la toalla, había dejado sobre la silla la chaqueta café que Terry le había dado, en su gran emoción no pudo evitar tomarla de nuevo entre sus brazos apretándola contra si, un sonido se escucho en la bolsa interior, ella saco una pequeña hoja de papel doblada en dos, la abrió y la comenzó a leer, conforme avanzaba la lectura ella se ponía mas pálida mientras que sus hermosos ojos que estaban llenos de felicidad se veían empañados por las lagrimas y la tristeza, la hoja se deslizo de sus manos ella cayó de rodillas al suelo sintiéndose miserable y derrotada nuevamente por una joven rubia de ojos azules Susana Marlowe.

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