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Yo seré tu realidad – Capítulo 8

Por Astrid Ortiz (eiffel27)

PARTE VIII. Debo regresar por mi propio camino

“No debí haberte contado sobre Neil”, insistió Candy con enfado.

Ella y Archie recorrían el camino de regreso al hogar de Pony en el coche de este último. A pesar del accidentado final de aquella tarde, Candy recordaría este día como uno de los mejores en toda su vida… en especial el instante cuando estuvo en brazos de Archie . Como queriendo sentir nuevamente el calor del apuesto joven, se abrazó con fuerza.

“No fue de caballeros lo que hice”, agregó él, “pero ya es hora de que él y Eliza dejen de hacer tu vida miserable.”

“Ellos no hacen mi vida miserable”, dijo ella pícaramente.

“Tan sólo lo intentan, mas no lo logran.” El sonrió.

“Me alegro que así sea.” La joven rubia sonrió también.

“En realidad quiero darte las gracias por lo que hiciste… te doy las gracias por todo… y te pido disculpas por haberte golpeado.”

“Yo también hable y actué impulsivamente…¡disculpas aceptadas!” De repente no pudo evitar preguntar: “¿Por qué decidiste contarme sobre Neil?”

Ella bajó la cabeza. “Porque confío en ti, y porque siempre te has portado maravillosamente conmigo, y merecías saber algo tan importante. Lo hice además porque tengo miedo de lo que Neil pudiera hacerme en un futuro.”

“Hiciste bien en decírmelo. Recuerda que el tío Albert se encuentra lejos y no siempre estará aquí para protegerte.” Entonces decidió corresponder a la confianza que ella había puesto en el. “Y hablando de Albert, yo también tengo algo que contarte.”

“Tu dirás.” “El otro día en el hogar de Pony, poco antes de yo terminar mi compromiso con Annie…”

“¿Si?” preguntó Candy sin poder evitar un súbito sentimiento de culpa, pues el solo nombre de su amiga era un recuerdo constante de todos los momentos a los cuales Candy no tenía derecho a compartir con Archie. “…estaba caminando cuando escuché voces. Albert te estaba proponiendo matrimonio. No fue mi intención escucharlos, Candy, pero lo hice.”

Respiró hondo antes de preguntar:

“¿Te casarás con el, Candy?”

Ella lo observó detenidamente, y lo que vio en los ojos de su amigo la desconcertó. El siempre sosegado Archie Cornwell de repente se veía ansioso y lleno de dudas… ¿pero dudas sobre qué? En el fondo, se sintió halagada por la preocupación del joven.

Hasta que por fin respondió: “Albert es como mi hermano…más que eso, es como mi padre. Mi deseo no era herir sus sentimientos, pero no podía engañarlo a él ni a mí… al par de días le dije que no, que no me casaría con él… ¡y tan comprensivo como siempre, me entendió!” De no haber sido porque el auto se había estacionado frente al hogar de Pony, Candy habría alcanzado a ver la expresión de alivio de su acompañante.

No obstante él añadió: “Me da la impresión que él y Annie han sido de mucha ayuda en África, lo cual es irónico… ¡tú eres enfermera y sigues aquí! En cambio Annie… no sé si estoy exagerando, pero por lo que Albert cuenta pareciera estar feliz, y me alegro mucho por eso.”

“Yo también recibí carta de ellos, y comparto tu opinión.”

Dicho esto bajó del automóvil. “¡Gracias por todo, Archie! Este día nunca lo olvidaré.” “Yo tampoco, Candy.”

A través de la ventana, la Señorita Pony veía a Candy llegar en compañía del joven Cornwell, y se dirigió a la Hermana María.

“Es hora de que hablemos con ella. Hacemos mal en retener a Candy para nuestros propios intereses, y debemos hacerla entrar en razón. Esta siempre será su casa, pero si Candy no reacciona esta vez, la echaré si fuera preciso.”

“¿En serio cree que ella pudiera poner resistencia, Señorita Pony?”

“Candy es una buena muchacha, pero obstinada para algunas cosas. Claro que me dolería su ausencia, pero Candy es un pájaro que debe volver a alzar vuelo.”

“¡Señorita Pony! ¡Hermana María!”, gritó Candy atravesando la puerta con el júbilo de siempre. “Se te ve muy contenta hoy, Candy”, dijo la Hermana María.

“¡Sí, estoy muy, pero muy contenta!” “Candy”, comenzó la Hermana María, “No quiero arruinar tu alegría de hoy, pero la Señorita Pony tiene que hablar contigo de algo importante. Voy a dejar que hablen a solas, pero quiero que sepas que mi opinión y la de ella son similares.” “¡Ya me están asustando!”, rió la chica con nerviosismo.

“Hermana María…”, ordenó la Señorita Pony, y la religiosa abandonó la habitación. Se volteó a mirar a su adorado tesoro.

“Candy, la Hermana María y yo hemos estado pensando esto por mucho tiempo, y hemos llegado a la conclusión de que necesitas… hacer otro tipo de cosas, cosas más relacionadas al camino que tú escogiste.”

“Este es el camino que yo escogí. ¿Y a qué cosas se refiere?”

“No me malentiendas. Tu estancia con nosotras es siempre un bálsamo de felicidad para todos en el hogar, y para nosotras una alegría inmensa… pero creemos que has estado aquí demasiado tiempo, y deberías dedicarte a lo que en realidad amas hacer, que es la enfermería.”

“A mi me corrieron de todos los hospitales, Señorita Pony”, le recordó Candy.

“No fue sino hasta hoy que Archie me dio la noticia que el doctor Lenard está dispuesto a recibirme de vuelta en el Hospital Santa Juana en Chicago.”

“Y supongo que aceptaste.”

“No lo hice…no lo he hecho… aún.”

Trató de esquivar la mirada inquisitiva de quien se había convertido en su madre por derecho.

“No puedo hacerle ese desaire a Patty luego que hiciera un viaje tan largo desde Florida para estar conmigo. Además, no puedo dejarlas a ustedes con tanto trabajo; Tom terminó de convencerme de ello el día que llegó Patty.”

La Señorita Pony comenzó a reír a carcajadas, y Candy no comprendía la razón.

“¿Qué le parece gracioso?”

“Candy, ¿recuerdas la vez que ibas en tren rumbo a aquella peligrosa mina en Georgetown? El tren se detuvo debido a que el ganado de Tom se había atravesado en medio del camino. ¿Recuerdas lo que dijo Tom en ese momento?”

“¿Cómo olvidarlo? Me hizo creer que usted estaba a punto de morir y le pedí que me trajera a toda prisa para verla…. ¡y todo era una mentira! Pero lo perdoné pues lo hizo porque había intuido que yo estaba triste, y no estaba equivocado”, explicó, en referencia a su entonces reciente ruptura con Terry.

“¿Y no se te ocurre que si esta vez te convenció para que te quedaras con nosotras, lo había hecho por alguna razón?”

Ella no había pensado en esa posibilidad. Después de todo, no era la primera vez que Tom la llevaba al hogar de Pony bajo bromas o engaños.

“¿Y que razón podría haber, Señorita Pony?”

“La razón, Candy, es una chiquilla de anteojos que se ha robado nuestro corazón, especialmente el de nuestro muchacho. Tal vez Tom tenia miedo que Patty abandonara el hogar de Pony si tú te ibas también.”

“De todos modos no creo que Patty permanezca aquí por mucho tiempo.”

“¿Te lo ha dicho? ¿Has pensado que tal vez Patty quiera quedarse a vivir con nosotras permanentemente?”

“Ella tiene su familia en Florida.”

“Al igual que tú, cada quien tiene la libertad de escoger su propio camino, y es posible que Patty haya encontrado el suyo…y estamos más que dispuestas a permitir que viva con nosotras si así lo desea. ¿Sabías que ella es excelente como maestra? ¡Tienes que ver cómo los niños aprenden con ella!” Candy no pudo evitar sentir celos ni impotencia ante lo que la Señorita Pony intentaba decirle, y era lo mismo que le había dicho Archie horas antes… había llegado el momento de enfrentarse al mundo y vencer sus propios demonios.

Como si estuviera leyendo sus pensamientos, la Señorita Pony dijo: “Candy, quiero que observes a través de esta ventana.”

Candy la obedeció, y lo que vio le sorprendió y al mismo tiempo se lo esperaba: Tom y Patty platicaban animadamente, y el rostro de esta última había adquirido un visible resplandor no visto por Candy en mucho tiempo. Un rayo de esperanza entraba a la vida de su amiga, y Candy no quería ser un obstáculo para su renovadas ilusiones.

“¿Lo ves?”, prosiguió la Señorita Pony. “No hacen falta palabras para describir lo que esta ocurriendo entre ellos…”.

Quiso añadir, ‘al igual que entre tú y Archie’, pero aún era prematuro decirlo… ese misterio tenía que resolverlo Candy por sí misma. La chica permaneció en silencio. Por mucho tiempo había temido que este momento llegaría, y ya no podía continuar negando sus propios temores. Y aislarse de sus conflictos internos y pretendiendo ser la salvadora de todos no ayudaba a vencer sus miedos… su miedo… Terry. Se apartó de la ventana y miró a la Señorita Pony con resolución.

“Tiene razón, Señorita Pony. Debo seguir el camino que escogí… regresaré a Chicago.” “¡Esa es mi niña!” La sabia mujer extendió sus brazos, y Candy corrió a abrazarla con alegría. “¡Hermana María!”, llamó la Señorita Pony, ”¡Candy partirá pronto a Chicago!”

Anochecía, y en la tranquilidad de su habitación Candy aguardaba pacientemente a que Patty regresara de su animada conversación con Tom. En cuanto la vio entrar la saludó efusivamente:

“¡Hola, Patty! Apenas nos hemos visto hoy, ¡vaya día el que he tenido!”

“Lo importante es que hayas tenido un buen día”, suspiró la joven con emoción. “¡El mío ha sido muy hermoso!”

“Debo suponer que se lo debemos a Tom.” Patty la miró con una mezcla de sorpresa e incomodidad.

“¿Candy, cómo crees? Hace tan sólo unos meses murió Stear. ¿No crees que es muy pronto para enamorarme nuevamente?”

“El problema, Patty querida”, señaló Candy con el dedo índice, “ es que creo que ya lo has hecho, ¡pero no lo quieres aceptar!” Patty bajó la mirada.

“No puedo negarlo… Tom es un buen muchacho, de nobles sentimientos, diferente a Stear, aunque ambos poseen un enorme corazón. ¡Pero debo respetar la memoria de Stear!”

“Amiga, ¿qué crees que pensaría Stear en este momento? ¡Podría apostar que él desearía que fueras feliz! Archie piensa lo mismo, y para decirte más, el otro día se alegró al verte hablando con Tom. Aún eres joven, Patty… no tienes que tomar una decisión sobre Tom ahora mismo, y si prefieres darte algún tiempo por consideración a Stear , estoy segura que Tom lo entenderá.” La diminuta chica miró a Candy con lágrimas en los ojos.

“Me siento tan culpable cuando estoy con él… siento como si estuviera traicionando a Stear.” “No lo haces. Piensa en Archie, a él no le desagrada en lo absoluto la idea de que estés con Tom.”

“Tú y Archie se han hecho mas amigos, ¿o no, Candy?”, preguntó Patty. Candy no podía mentirle… estando con Patty, sus sentimientos estaban a flor de piel, habían sido demasiadas emociones en un solo día.

“Sí, Patty, y al igual que tú estoy muy confundida. ¿Cómo podría mirar a la cara a Annie? Está en África tratando de sobreponerse a todo lo sucedido mientras que yo…”

“Annie me escribió y no me parece que esté sufriendo…por el contrario, yo me atrevería a decir que nunca antes la he notado tan feliz; al menos eso es lo que me deja ver su carta. Además, ella y Archie terminaron.”

“¡Pero aún lo ama! Y yo no estoy segura de lo que siento por Archie.” De repente recordó la razón por la cual deseaba hablar con Patty.

“Ahora quiero que me digas la verdad con todo el corazón. Si yo te dijera que regreso a trabajar a Chicago, ¿te quedarías en el hogar de Pony?” Patty no pudo ocultar la verdad.

“Dejaría que lo decidieras tú, Candy, pero contestando tu pregunta, aquí en el hogar de Pony he encontrado por fin sentido a mi vida, no sólo gracias a Tom, sino también a través de los niños y niñas a los cuales he podido ayudar… escribí una carta a la abuela Martha y me respondió diciendo que mi felicidad sería la felicidad de ella… y que si yo quisiera podría quedarme aquí para siempre… pero sólo lo haré si tú, la Señorita Pony y la Hermana María así lo quieren”, concluyó. Candy tomó las manos de su amiga entre las suyas.

“Entonces, Patricia O’Brien, ¡si así lo quieres tú y July pueden quedarse en el hogar de Pony todo el tiempo que quieran! Hoy hablé con la Señorita Pony, y para ella será un honor tenerte aquí viviendo con ella y la Hermana María.” Y añadió,

“¡Pero mucho cuidado con usurpar mi lugar!” Ambas rieron.

“Debemos descansar”, sugirió Patty.

“¡Mañana será otro día!” Se acostó en su cama, no sin antes decirle a Candy, “No quiero entrometerme en tus cosas, ¿pero sabes lo que pienso? Que finalmente has logrado arrancar a Terry de tu corazón… tan sólo tienes que arrancarlo de tu mente.” Y dicho esto, dio su espalda a Candy y se durmió.

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Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12 – Gran final

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