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Yo seré tu realidad – Capítulo 7

25 April 2009 3,527 views

Por Astrid Ortiz (Eiffel)

PARTE VII: Un encuentro más que amistoso

Archie revisaba unos documentos en el despacho de Albert en Chicago, y mientras procuraba que todo estuviera en orden, avisó a George para que recogiera a Candy en el hogar de Pony según disposiciones de Albert. 

El joven no comprendía del todo a su excéntrico tío, ¿acaso no le había propuesto matrimonio a Candy semanas antes? ¿Por qué se encontraba en África entonces? A Archie no le parecía lógico que Albert abandonara a Candy luego de su declaración. Su cabeza dio varias vueltas ante lo consideraba una remota esperanza: tal vez Candy le dijo que no…apartó a Candy de su mente en cuanto la vio entrar a la oficina.

“¿Me llamabas? Debe ser algo muy importante para haber enviado por mí”. Archie observo cómo los enormes ojos de Candy evitaban mirarlo. ¿Qué era lo que la incomodaba?

“De hecho, se trata de Albert. Recibí un telegrama.”

“¿Se encuentra bien?” Candy temía lo peor ante la epidemia en suelo africano.

“El esta bien, así como Annie, según me cuenta. En realidad me encargó solucionar un asunto relacionado contigo. Candy, si yo te dijera que tienes tu empleo de vuelta en el Hospital Santa Juana, ¿qué pensarías?”

“Pensaría que un mosquito debió haber picado a la señora Leagan para haber cambiado de opinión y hablar nuevamente con el doctor Lenard.”

“No fue la señora Leagan quien habló con el doctor Lenard… Albert es la máxima autoridad en la familia Andley, y como tal tiene mayores influencias.”

“Pero Albert se encuentra en África… ¿cómo hizo para convencer al doctor Lenard?”

“Me escribió y entre otras cosas me dejó una carta que envié al hospital… me encargué de hacer de esa carta una legalmente válida.”

“Qué bien… sólo que hay un pequeño detalle, Archie. ¿Alguno de ustedes ha tomado en cuenta mi parecer al respecto? ¿Qué hay respecto a Patty? Ella es mi invitada, y no debo dejarla sola en el hogar de Pony. Y la Señorita Pony y la Hermana María necesitan de mí más que nunca…” “Regresaste al hogar de Pony por voluntad propia. Nadie te lo pidió, Candy.”

“Ellas nunca se atreverían a pedírmelo… pero sé que me necesitan.”

“¿No hay nadie más que las pueda ayudar?”

“Les debo todo… ¡incluso la vida!” Sin saber por qué, Archie vio cómo su amiga comenzaba a encolerizarse. 

“¿Por qué no pueden dejar que yo continúe mi propio camino, sin que nadie tenga que gobernar mi vida?”

“Nadie ha gobernado tu vida, al contrario… desde muy temprana edad has tomado tus propias decisiones. ¿Sabes lo que pienso, Candy?” 

Se levantó del escritorio y caminó hacia ella, sin poder ocultar la ira en sus ojos. 

“Pienso que aún no has logrado olvidar lo sucedido con Terry, y tienes miedo de seguir adelante por ti misma de manera que prefieres…”

“Archie, ¿cómo te atreves?” “…¡de manera que prefieres huir de todo y enclaustrarte en tu lugar de origen, sin hacer otra cosa más que trepar árboles y arrear cabras! ¡Por una vez en tu vida, madura!” Candy lo miró estupefacta, sin poder emitir palabra alguna, hasta que por impulso alzó su mano y golpeó el rostro de Archie con fuerza.

El sólo la miró sorprendido, y luego de un largo silencio entre los dos dijo: “Lo siento, Candy, no quise ofenderte ni tampoco fue mi intención hablar mal sobre tu vida en el hogar de Pony. Tienes todo el derecho de hacer lo que quieras… yo sólo quería darte mi opinión, y creo que aquí en Chicago hay un gran mundo de personas que necesitan de tus servicios, y es aquí además donde puedes mostrar al máximo tus capacidades como enfermera… y yo espero muy pronto hacer lo mismo como abogado.”

Una vez más reinó el silencio, y finalmente Archie vio los ojos de Candy llenos de lágrimas. Sin detenerse a pensarlo, avanzó hacia ella y la tomó entre sus brazos. Candy sintió un mar de emociones agolparse en su pecho, y terminó estallando en llanto sobre el hombro del chico. El tiempo se detuvo, y por una fracción de segundo Archie pensó, ‘¿Dios, será posible? ¿Son los latidos de su corazón los que escucho, o son los míos?’ De inmediato recordó la escena en la colina de Pony donde Albert confesaba a Candy que la amaba, e intentó apartar cualquier esperanza de su cabeza.

“Tienes razón, Archie…”, alcanzó a decir Candy en medio de su llanto. 

“¡Tienes razón en todo lo que has dicho!” Alzó la vista hacia el. 

“Pero por favor, no me hagas tomar una decisión ahora… ¡ahora mismo no quiero pensar!”

“No tienes que decidir nada ahora… la posición seguirá vacante hasta tanto nos des una respuesta.”

“Gracias…” 

Sin ella esperarlo, le sobrevino otro ataque de llanto, y Archie colocó su cabeza sobre el hombro de él. 

En sus brazos Candy se sintió tranquila y segura, y deseó que el abrazo nunca terminara, hasta que Archie la apartó con suma delicadeza y preguntó: “¿Qué dices si salimos a dar un paseo y tomamos aire fresco? Vamos a olvidarnos de todo por un momento.” 

“¡Síiii, me encanta Chicago, sus calles, sus edificios, sus hoteles!”, quiso agregar ‘sus teatros’, pero se detuvo.

“¿Qué estamos esperando? ¡Vamos!”

Salieron a caminar, el brazo de él rodeando la cintura de la chica, y el gesto no pasó desapercibido para ella. Luego de lo ocurrido en el despacho Andley, le resultaba natural su cercanía… después de todo, no era la primera vez que ella y Archie se abrazaban casualmente, aunque esta vez tenía la impresión de que el contacto entre ambos era diferente… ¡y jamás pensó que llegaría a sentirse tan delicioso! Andaban en silencio, disfrutando del entorno. En eso, Archie se detuvo frente a un puesto de periódicos. 

“Me pregunto si ya todos saben de mi rompimiento con Annie…”

“¿Te importa mucho eso?”

“No, pero la señora Britter no debe pensar lo mismo, y no puedo evitar preocuparme por ella y por su familia.” Compró el diario y sin abandonar el puesto revisó el mismo, mas su vista se posó en otro titular, y dejó de hablar de repente.

“¿Qué ocurre, Archie?” El joven levantó la vista del periódico y dijo: “ No sé si debas ver esto, pero supongo que lo sabrás tarde o temprano. Candy, prepárate para leer…” 

Le mostró el diario. En la segunda página del periódico un artículo captaba la atención de la joven: ¡Regresa mejor que nunca! Terrence Grandchester en Romeo y Julieta, a presentarse aquí en Chicago a finales de mes- “¡Ya veo que te enteraste de la noticia!” Exclamó Eliza a espaldas de ambos. 

Ninguno de los dos había advertido su llegada. “¡Y ya veo que no pierdes tiempo en molestar a Candy!” Dijo Archie molesto. Neil apareció, y Candy sintió un escalofrío recorrer su espalda. Se aferró al brazo de Archie y dijo, 

“¡Este encuentro no sólo es inesperado sino también desagradable! Sí, me enteré de ‘la noticia’ como tú dices, ¡y francamente me importa un bledo!”, exclamó, tratando de ignorar la creciente adrenalina que surgió en su interior luego de haber leído el encabezado del artículo.

“¿Estás segura?”, indagó Neil, rememorando el suceso en el que él convenció a Candy para encontrarse los dos a solas, haciéndole creer que era Terry quien la buscaba. 

“Tu cara lo dice todo, ¡aún te importa ese actorcito!”

“¡Eso no es de tu incumbencia!”, gritó Archie. “¡Yo digo lo que se me dé la gana!” “No sigas, hermanito, no vale la pena hablar con esta limpiapisos…”dijo Eliza. Neil dirigió una mirada asesina a su hermana. 

Aun le gustaba Candy, y no le agradaba que Eliza se refiriera a ella en esos términos. No obstante dijo: “Tienes razón, estamos en público y no vamos a armar un escándalo por culpa de Candy y el simple y aburrido de Cornwell…”

“Este simple y aburrido Cornwell, como tú dices, es todo un caballero, ¡y mucho mejor que ustedes!”, exclamó Candy. “Déjalo”, sugirió Archie. 

“De todos modos ya nos vamos.”

La forma energética como Candy defendió a Archie no pasó inadvertida para Eliza, como tampoco para Neil, quien alzó la ceja en señal de desconcierto ante la excesiva camaradería entre la rubia y su acompañante de espesos cabellos, hasta que Eliza dijo: “Voy a decirle a la tía Elroy que tú sigues viendo a Candy, Archiwald..”

“Dile lo que desees, la única opinión que cuenta es la del tío Albert.”

Eliza y Neil se miraron, y sin decir más, dieron media vuelta y se alejaron, mientras Candy y Archie proseguían su camino en dirección contraria. Fue entonces cuando Candy decidió depositar su confianza en el joven Cornwell, en agradecimiento por haberla defendido de los Leagan hacía unos segundos. 

“Archie, tengo algo que confesarte… sólo Albert lo sabe. Promete que no vas a enfadarte, por favor…” “¿De qué se trata, Candy?”

“Es Neil… hace unos meses me citó a una villa alejada de la ciudad y yo acudí como una estúpida al lugar pues me hizo creer que era Terry quien me procuraba. Una vez allí, me dijo toda una serie de cosas como que me amaba y que deseaba que yo fuera su novia y al yo negarme, entonces…” 

No pudo completar la frase, pues tan pronto Archie escuchó lo que ella le dijo, corrió en otra dirección, saliendo al encuentro de Neil, quien junto a Eliza caminaba a espaldas de él. Archie volteó a Neil de manera que ambos quedaran frente a frente… y propinó un puño en el rostro del otro diciendo,

“¡Esto es para que no vuelvas a meterte con Candy!”

“Archie, eres un… ¡un salvaje!”, gritó Eliza. 

“¡Esto lo sabrá la tía Elroy!” Candy se acercó a ellos. 

“¿Archie, qué haces?”

Archie alisó su chaqueta y contestó, “Algo que debí haber hecho hace mucho tiempo.” Dicho esto, tomó a una avergonzada Candy por el brazo alejándose así de los dos hermanos mientras escuchaban a Neil invocar un nombre harto conocido por él… “¡Mamáaaaaaa!

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12 – Gran final

Comentarios

comentarios

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One Comment »

  • mari dice:

    Q buen capítulo aww archi siempre defendiendo a candy q lindo

 

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