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Yo seré tu realidad – Capítulo 6

Por Astrid Ortiz (eiffel27)

PARTE VI: Una carta llena de esperanza

Clin y Miena corrían alrededor del hogar de Pony mientras July intentaba en vano alcanzarlos cuando Tom arribó en su caballo, al mismo tiempo que Candy llegaba con Archie en el coche de este último. Patty se encontraba alimentando unos patos cuando vio el auto, y su corazón dio un vuelco… el coche de Stear… su imaginación la traicionó por un momento creyendo que era Stear quien había llegado, y Candy reconoció la mirada de su amiga. ‘Es la misma expresión que yo debí tener esa noche que confundí a Terry con Anthony en el barco…’ Archie bajó del vehículo, y Candy temió que Patty sufriera otro desmayo, pero se había equivocado, su amiga había recobrado la compostura, dejándose envolver en los brazos de Archie. Candy sintió un nudo extraño en la garganta al ver la escena.

“Me contaron que estuviste muy enferma. ¿Ya te sientes mejor?”

“Sí, Archie.” A distancia, Tom los observaba en silencio, prestando mayor atención a la joven de los anteojos, y fue entonces cuando Candy advirtió su presencia. 

“¡Tom, qué bueno que llegas! ¡Mira quién acaba de llegar!”

“¡Qué gusto verte, Tom!”, exclamó Archie, extendiendo la mano del granjero.

“Hola, Archie…” respondió el joven un tanto distraído, y volvió a concentrarse en Patty, quien bajó la cabeza ante la penetrante mirada del muchacho. Ninguno de los dos sabía que Archie había visto el intercambio de miradas entre ambos.

La Señorita Pony y la Hermana María salieron al encuentro de Candy y tomaron las provisiones que había traído del pueblo. 

“¡Se nos ha llenado la casa, Hermana!” exclamó con júbilo la Señorita Pony.

“Siempre es bueno llenar la casa de jóvenes”, sonrió la Hermana María, “Tom, Archie, ¿por qué no entran a la casa con nosotras?”

“Debo regresar con George y ayudarlo con unos asuntos financieros de Albert”, respondió Archie. 

“Gracias por la invitación de todas formas.”

“Patty, ¿te ayudo con ese balde?”, preguntó Tom. Patty asintió con la cabeza, y ambos entraron a la casa detrás de la Señorita Pony y la Hermana María.

“Enseguida voy”, dijo Candy. 

“Voy a despedirme de Archie.” Candy y Archie se miraron, y él dijo, “Tal vez esté equivocado, pero me pareció ver a Tom muy interesado en Patty.”

“No me había fijado…si fuera así, ¿te molestaría, Archie? Es decir, Patty era la novia de Stear…”

“¿Bromeas? Tom es un buen tipo, y ahora que lo pienso sería un buen amigo para Patty. Es lo que mi hermano hubiera querido, y también lo que yo quiero… que ella sea feliz.”

“¿Y tú, Archie? ¿Tú eres feliz?” La pregunta lo tomó por sorpresa, y en cierto modo le agradó. Nunca antes ella le había hecho una pregunta tan directa ni tan personal; sus conversaciones siempre giraban alrededor de terceros, exceptuando aquella tarde en Londres en que él intentó mostrar sus verdaderos sentimientos. 

Entonces respondió, “Supongo que lo soy, tengo a la tía Elroy que se ha hecho cargo de mí y de Stear y ahora también cuento con el tío Albert.”

“Tus padres siempre han estado lejos, y también perdiste a tu hermano… y ya no estás con Annie. Debes sentirte muy solo.”

Archie la miró fijamente al punto de hacer sonrojar a la chica, y él lo notó de inmediato. ‘Ese color rosado en sus pómulos’, pensó con orgullo. 

Finalmente dijo, “Candy, desde que te conocí mi vida siempre ha sido un torrente de alegría, y a tu lado nunca me sentiré solo.”

Continuó observándola como si tuviera todo el tiempo del mundo, y ella decidió cambiar de tema, ocultando su emoción. “Dijiste que ayudarías a George con unos trámites de Albert.”

“Sí… antes de marcharse Albert me pidió de favor que lo ayudara un poco en los negocios. El piensa que yo tengo talento para esas cosas, y la verdad es que también me gusta asesorarlo, especialmente en lo concerniente a las leyes… creo que voy a estudiar abogacía, Candy.”
“¿Archie, abogado? ¡Aaaaahhhhh!” Comenzó a correr de un lado para otro. 

“No lo dudo, ¡eres tan brillante!”, exclamó con alegría. “¿De verdad crees que lo soy?”

“¡No lo dudes ni por un segundo!” Archie sonrió, haciendo que Candy se derritiera por dentro. “Es hora de irme, Candy. ¡Hasta luego!” Y antes que Candy alcanzara a despedirse, se acercó rápidamente y le dio un beso en la mejilla… y sin decir más se montó en el coche y se marchó. Ella frotaba su mano sobre el lugar donde él la había besado, y comenzó a temblar de la emoción. 

Entonces pensó en Annie, y en cómo su amiga debía estar sufriendo, y se dijo a sí misma en voz alta: “Tengo que dejar de ver a Archie.”

Esa noche Patty acostaba a July en una canasta debajo de su cama. Días antes la Señorita Pony y la Hermana María habían acordado que ella y Candy compartirían la misma habitación, y un servicial Tom había ayudado a colocarle una cama junto a la de su amiga. Candy ya estaba acostada, lista para dormir. 

“Buenas noches, Patty.”

“Espera…” dijo la otra, “antes quiero darte las gracias por permitir que me quedara, y también por darme la oportunidad de ayudarlas. ¡En verdad me da mucho gusto hacerlo!”

“¡No sabes cómo me alegra escucharte!” Patty bajó la cabeza con timidez. 

“Tom también ha sido muy dulce conmigo…” Candy no estaba segura si hablar de su amigo con ella, y decidió correr el riesgo.

“¿Qué piensas de Tom? Es muy buen mozo, ¿no te parece?” Su amiga rió.

“ No puedo evitarlo… él es muy gentil y caballeroso, ¡y me escucha! A veces me siento culpable porque pienso demasiado en él y…”

“Y sientes como si estuvieras traicionando a Stear.” “Hace muy poco que murió. ¿Cómo puedo siquiera pensar en otro hombre?”

“No tienes que pensar en eso ahora… sólo trata de mantener las cosas como están. Sé que Tom lo entiende, y no tienen por qué dejar de ser amigos.”

“¿Como tú y Archie?” Al ver la seriedad en el rostro de su amiga, añadió, “No tienes que decir nada, Candy, vi cómo tú y Archie se miraban… ¡no te había visto tan radiante en mucho tiempo!”

“¡Patty O’Brien!” intentó exclamar la enfermera con enfado. “¿Cómo se te ocurre que voy a fijarme en el novio de mi amiga?” “No son novios”, corrigió Patty, “Y Annie está en África con Albert. Por cierto, mientras estabas en el pueblo llegó una carta para ti, y creo que es de él.” Patty salió de la habitación, y regresó con un sobre. 

“¿Necesitas que me vaya mientras la lees?”

“No tienes que hacerlo, no tengo nada que ocultar.”

“De todos modos voy a dormir… buenas noches, alma buena.” Candy abrió la boca con sorpresa; sin duda su amiga no había olvidado aquellos fraternales días en el Colegio San Pablo. 

“Buenas noches, alma buena”, respondió. Candy abrió el sobre rápidamente. En la carta Albert contaba a Candy cómo la epidemia se estaba erradicando con rapidez, y ella rió cuando el describió la reacción de Annie al ésta llevar en brazos un mono por primera vez. Entonces fue cuando vio esa otra hoja de papel… una fina y delicada hoja con una letra inconfundible…la letra de Annie Britter. De inmediato leyó el contenido:

‘Querida Candy: Perdóname por no haber escrito antes, y por no haber permitido que tú ni nadie viniera a verme luego de lo ocurrido. Estaba confundida respecto a muchas cosas, y sólo quiero que sepas que no importa en dónde esté, y no importa lo que haga, tú siempre eres y serás mi gran hermana y mi mejor amiga. ¡Gracias por haber pedido a Albert que me permitiera acompañarlo! Es un ser humano extraordinario, y junto a él he aprendido muchas cosas. Ambos estamos bien y no nos hemos enfermado… te prometo que regresaremos a casa sanos y salvos. Tú siempre has sido mejor que yo en muchas cosas, eres en muchos aspectos el ser humano que yo siempre he querido ser, y no es tu culpa que yo te envidiara por eso. Sigue siendo como eres, Dios sabe que un mundo de cosas maravillosas aguarda por ti, y eso es lo que estoy descubriendo para mí en África. Terry se fue, amiga, se fue para siempre, así lo decidieron ustedes… más cerca de lo que crees hay alguien que te espera, que siempre ha esperado por ti, sólo tienes que aceptarlo con todo tu corazón y convertirlo en tu realidad. A pesar de todo soy feliz, y quiero que tú lo seas también. 

¡Te quiero mucho!

Con amor, Annie.’

Lágrimas de felicidad descendían por el rostro de Candy… Annie no la había olvidado… ¡no la había olvidado! ¡Y había tanta alegría en sus palabras! Sintió que de una forma u otra Annie la estaba liberando de un enorme pesar y una gran incertidumbre. ¿Pero que había querido decir con que alguien la esperaba… y que esperaba su amor? Dejó la carta sobre la mesita de noche, y justo antes de sumirse en un profundo sueño, sus últimos pensamientos se dirigieron hacia un joven de ojos marrones que alguna vez intentó hablar sobre ambos en una lejana institución académica, y a quien ella simuló no haber entendido ni escuchado… y ahora más que nunca lo deseaba escuchar.

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Capítulo 5
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Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12 – Gran final

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3 comments

  1. Me encanta este fic, gracias por subirlo ya he adelantado 7 capitulos
    Agradezco a la escritora, magnifico trabajo,

  2. que linda carta la de Annie, y que maravilloso es Albert

  3. Q hermoso capítulo

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