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Yo seré tu realidad – Capítulo 5

Por Astrid Ortiz (eiffel27)

PARTE V: Intentando olvidar

La luz del sol resplandecía insistentemente sobre las dos figuras que viajaban en el automóvil que daba tumbos sobre la maleza africana. Albert pensaba en Candy y en la última vez que la vio al visitarla al hogar de Pony y despedirse de ella… no había permanecido mucho tiempo en el lugar pues su protegida se encontraba al cuidado de una demacrada Patricia O’ Brien, a quien no le había bajado la calentura. 

Decidió retirar la imagen de Candy de su mente y concentrarse en la chica sentada a su lado. Absorta en sus pensamientos, Annie no había reparado en el joven millonario que la observaba con detenimiento. ¿En qué estaba pensando cuando aceptó la invitación de Albert? ¿Y cómo fue que su padre apoyó la idea?

Lo único que recordaba era su urgencia en salir de América lo antes posible y no regresar nunca más… ¿pero viajar a África? ¿Y en medio de una epidemia? ¿Cómo sus padres no se opusieron? “¿En qué estás pensando, Annie?”

Por vez primera desde que iniciaron el viaje, Annie se dirigió al joven de cabellos dorados. 

“Es increíble todo esto… hace apenas un par de días me encontraba encerrada en mi habitación y ahora estoy en otro continente, lejos de mi tierra y de todo lo que conozco…”, y quiso añadir, ‘y de Candy y Archie’.

“Una experiencia nueva, de seguro…” 

La miró con seriedad. “¿Te estas arrepintiendo, pequeña?” 

Se sorprendió al llamarla de la misma forma como solía referirse a Candy. La morena rió con nerviosismo diciendo, “Estoy asustada. ¿Qué tal si se asoma un león o un cocodrilo?” Albert soltó una carcajada, y Annie sonrió ante lo desenvuelto que lucía el hombre en medio de la espesa vegetación. 

“Verás, al cabo de un tiempo te entenderás tan bien con ellos que querrás tenerlos de mascotas. ¡No estés celoso, Pupee!”, dijo al animalito cuya cabeza se asomaba ansiosa debajo del brazo de su amo.

Permanecieron en silencio una vez más, hasta que Annie preguntó: “¿Dónde voy a dormir?” “Tu cabaña esta justo al lado de la mía, de esta manera podré estar pendiente a ti, tal y como prometí al señor Britter y a Candy.”

“¿Dijiste Candy?” “Así es. Supongo entonces que no te despediste de ella…” 

Al ver a su acompañante bajar la cabeza, Albert decidió correr el riesgo y conocer la verdad sobre esta dulce e impresionante chica y las circunstancias que la trajeron hasta África con él. “¿Estás molesta con Candy, Annie?”

Los ojos de Annie adquirieron un destello relámpago que lo sorprendió. Debajo de ese velo de timidez se escondía una mujer con una fuerza interior y una pasión oculta que ella misma desconocía. 

“¿Por qué lo dices… y por qué debería estar molesta con ella?” “No la has visto desde que rompiste con Archie.”

“La única visita que recibí a partir de entonces fue la tuya, Albert… ¡y nos engañaste! Al principio pretendías hablar de negocios con mi padre. De lo contrario, tampoco te hubiera visto.”

“Tienes razón…pero Candy es tu mejor amiga, casi tu hermana. ¿No era lógico que acudieras a ella en busca de apoyo? Está muy preocupada por ti, y aunque no te quise decir antes, la idea de viajar a África juntos fue de ella.”

“¡Claro que ella iba a desear que viniera! Seguro quería que yo estuviera lo más lejos posible para ella quedarse con…”, se detuvo, y al mirar a Albert vio cómo una de sus cejas se alzaba con una mezcla de asombro y desconcierto, y no pudo evitar abrir su corazón y despejar las dudas del joven. 

“Archie está enamorado de Candy. Siempre lo ha estado. En aquellos días en Londres, el casi le confesó su amor y yo irrumpí en la conversación… no soportaba la idea de escuchar a mi amado proferir palabras de amor a otra que no fuera yo, mucho menos Candy…todos parecían estar hechizados por ella, y creo que en un principio Stear también sintió algo especial por ella, pero no estoy segura de ello. Todo lo que sé es que a lo largo de estos años viví siempre con el temor de que mi mejor amiga me quitara a Archie.”

“¿Y seguiste con él aún sabiendo que no te quería?” “Pensé que con el tiempo el llegaría a enamorarse de mí, y casi pensé que lo había hecho, pero me equivoqué…” “¿Fue por Candy que él terminó contigo?”

“No exactamente, pero…”

“¿No exactamente? ¿Significa entonces que Candy no sabe nada al respecto?”

“Archie me pidió que no dijera nada porque… porque piensa que ella nunca le va a corresponder, y Albert… prefiero que nunca lo sepa. No dirás nada a Candy, ¿verdad?”

“No me corresponde contar a Candy algo tan delicado… y sin ánimo de inmiscuirme, ¿no crees que estás siendo un poco dura con Candy? Ella no tiene la culpa de que Archie la ame, y tampoco tiene la culpa de que no te ame a ti…” 

No pudo continuar; una gruesa lágrima bajaba libremente por la mejilla de la joven, y sin pensarlo extendió su mano y enjugo su llanto. ‘Me abrió su corazón’, pensó, ‘y es hora que yo haga lo mismo.’

“Annie…” , comenzó,sintiéndose un poco incómodo; era la primera vez que él permitía que alguien lo escuchara y no ser él quien lo hiciera. 

“Annie, si te dijera que he estado enamorado de Candy por mucho tiempo, ¿me creerías?” Annie se sobresaltó preguntando: “¿Tu también, Albert? ¿Ella lo sabe ?”

“Le propuse matrimonio aquella tarde en el hogar de Pony… el mismo día que tú y Archie rompieron… hablé con ella antes de partir y me rechazó.”

“Tal vez no haya olvidado a Terry después de todo…”

“Eso pensé, aunque ella no lo ha querido admitir. ¿Pero sabes? No estoy enfadado con ella, ¡y no deseo estarlo nunca! Claro que me duele no ser correspondido en mi amor, pero más me dolería perder para siempre su amistad, y no creo que tú la quieras perder. Annie, Candy no es responsable de lo ocurrido entre tú y Archie, en todo caso él tomo la decisión de estar contigo pero recapacitó a tiempo… y digo que recapacitó porque de ustedes haberse casado habrían sido muy infelices… las decisiones y las consecuencias de sus acciones han sido y serán únicamente de ustedes dos, no de Candy.”

Ella quedó sin habla, y cuando estaba casi convencida de que Albert estaba equivocado, de que sus palabras respondían únicamente a una defensa de su protegida, sintió la gentil pero incisiva mirada de sus ojos claros, y fue entonces cuando sus defensas se derribaron. 

“¡Aaaalbeeert!”, sollozó y se lanzó a los brazos del millonario.

“Eso es, pequeña… eres más fuerte de lo que imaginas… ¡mira que venir hasta aquí, al otro lado del mundo! Soy yo quien te da las gracias por acompañarme…vas a ser mi asistente, verás lo bien que la vamos a pasar…” Permitió que ella siguiera llorando sobre su hombro, y sintió una paz que no tenía desde la temporada que vivió con Candy en el departamento… y tomo la resolución de compartir esa paz con Annie. No había mucha gente en el pueblo… y con sus provisiones en mano, Candy aguardaba porque un coche la llevara de regreso al hogar de Pony, con resultados infructuosos. 

‘Ni modo, tendré que ir caminando…’ Dio comienzo su marcha, admirando la limpieza de las calles y la decoración de las tiendas. Estaba tan distraída contemplando la escena que al doblar una esquina tropezó con Archie Cornwell. Fingiendo enfado, el joven dijo, “¡Veo que voy a tener que comprarte unos anteojos pues al parecer ya no me ves!”

Candy se rascó la cabeza. “¡Cielos, Archie, qué torpe soy! ¿Qué haces aquí en el pueblo?” “Me contaron que en este lugar trabaja una persona que podía encargarse de arreglar el auto que pertenecía a Stear y así yo poder manejarlo…y me disponía a recogerlo.

“¿Tú, manejando el auto de Stear?” Archie bajó la mirada. “Mi hermano siempre decía que si algún día diseñaba un avión y lograba hacer que volara, nunca más conduciría un auto y prometió darme el suyo…y logró volar como siempre había querido.” Volar… hasta la eternidad. “El auto… ¿se encuentra cerca?”

“Así es. ¿Qué dices, Candy, te llevo?” “¡Por supuesto, estos encargos pesan demasiado! Y quiero subir al auto y ver cómo se siente ahora…”, quiso añadir, ‘… ahora que tú vas conduciendo, y que yo voy sola contigo…’

“¡Entonces vamos! Aunque te aseguro que no sentirás los brincos y piruetas que hacía el auto cuando lo manejaba Stear.”

“¡No importa, vamos!” Recogieron el vehículo, y dieron marcha rumbo al hogar de Pony. 

Tal y como Archie había anticipado, el movimiento del auto ahora era más seguro y estable, ‘como su nuevo dueño’, pensó Candy, y de súbito le dijo a su acompañante, “Nunca te pregunté cómo has estado todo este tiempo sin la compañía de tu hermano. Yo nunca tuve hermanos, ¡y ustedes eran tan unidos!” 

Se arrepintió de sus palabras casi al mismo tiempo que las había pronunciado. Archie percibió el sentimiento de culpa de la chica. 

“No te sientas mal, Candy. Siempre lo extrañaré, y quiero ser feliz porque eso es lo que él hubiera deseado para todos… trataré de ser el mejor hombre que pueda ser, para la gloria de mi hermano.”

Candy no pudo más que sobrecogerse ante la tranquilidad con la que Archiwald aceptaba la ausencia de quien fuera su hermano y mejor amigo, y creció su admiración por el joven.

“Por cierto”, dijo él, “antes de partir Albert me dijo que Patty se estaba quedando contigo en el hogar de Pony, y que estaba muy enferma.”

“Afortunadamente ya se recuperó, y ha ganado un poco de peso. Tom y yo la convencimos de trabajar como asistente de la señorita Pony y así olvidar un poco su pena.”

“Quiero verla, Candy. Ella me necesita.” “¡Pues no se diga nada más!” Entonces preguntó algo que deseaba saber hace tiempo. “¿Te dijo también que Annie se encuentra con él?” El joven respiró hondo. 

“Sí… y pienso que le haría bien un tiempo alejada de todo, aunque te confieso que me preocupa la epidemia y los peligros a los que se enfrenta… aún así confío en el tío Albert y sé que cuidará bien de ella.”

“Yo también.” Continuaron la marcha, y Candy sintió un inesperado y placentero bienestar que no tenia desde que estaba con… ¡Terry! Se llevó una mano al rostro, contemplando al chico de ojos ámbar que conducía el renovado y estilizado vehículo. ‘Annie,’ un sentimiento de culpa se apoderaba de todo su ser. ‘Annie, ¿qué estoy haciendo?’

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Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12 – Gran final

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