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Aun en el tiempo y la distancia…, al final habremos de encontrarnos Capítulo 9

Capítulo 9      Palpitaciones de corazones heridos

“Yo te esperaba, imaginando a ciegas el color de tu mirada, y el timbre de tu voz, restaba sin parar días al calendario solo tú me podías curar la monotonía de mi escenario, yo te esperaba, y el espejo nos miraba mientras ya te amaba. “

Al escuchar dicho movimiento se volvió a mirarla quedando atónito al percatarse que era precisamente ella… su pequeña pecosa, era la que se encontraba parada justo detrás de él. La miró, su rostro reflejaba temor, nervios, sonrió al pensar que aun podía provocar dichas sensaciones en ella, y se alegró interiormente al ver que sí había acudido a su encuentro.

Al pasar los días había comenzado a pensar que no lo haría, que seguramente algo le impedía ir corriendo a sus brazos como tanto deseaba que lo hiciera, pero el verla de nuevo ahí parada frente a él, lo hizo sentir por un instante que no había ya nada que pudiese separarlo de ella, pues ella había acudido a buscarle…, que a pesar de todo había aun algo dentro de ellos por lo que ella había pensado en buscarle y le admiró nuevamente con detenimiento, y ahora a plena luz del día, pudo observar claramente lo bien que los años le habían asentado, admiró claramente las nuevas curvas de su cuerpo, sus rizos alborotados que coquetamente caían sobre su rostro, escapándose del peinado, pudo distinguir cierto cambio en su rostro, sus grandes ojos verdes, venían a delatar su inocencia innata, el ejercito de pecas se había desvanecido, más aún quedaban sus leves restos como una memoria de esa linda infancia en la que la acompañaron, sus labios parecían como un par de pétalos de rosa, los veía en esa semi-sonrisa provocada por los mismos nervios, se levantó inmediatamente, y con una seña en su mano le invitó a acercarse.

–Candy, – dijo usando ese tono peculiar en el, dejando oculta su sorpresa.

–Hola… – respondió ella totalmente presa de los nervios, se sentía tan extraña parada frente a él…, simplemente se había quedado muda al verlo y no sabía qué hacer, se acercó y pudo verlo claramente, había cambiado tanto, ya no era el adolescente malcriado del colegio, se había convertido en todo un hombre. –

–Veo que decidiste venir – dijo él haciendo hasta lo imposible por no dejar ver en su rostro la impaciencia que comía su cuerpo por tratar de tocarla. 

–Si… así es. – contestó ella –

Podía sentir claramente como su corazón brincaba de gusto al sentirse cerca de él, no podía negarse la emoción y alegría que provocaba la presencia de Terry cerca…

Se miraban fijamente; él, levantó su mano hacia con ella invitándole a sentarse a su lado, ella aceptó temerosa, sintió el contacto entre sus manos y la electrizante sensación recorrió su cuerpo logrando estremecerla, en ese leve contacto pudo sentir el calor de Terry, ese calor que el ocultaba a cada paso, desde el colegio, y su alegría aumentó al sentir sus elegantes y suaves manos en las suyas, permanecían sentados hombro con hombro, ella conservaba su mirada baja, sentía tanta impotencia, tantos días había imaginado cómo sería ese encuentro, había pasado noches enteras pensando qué decirle y nuevamente ante su presencia todo quedaba en nada, ¿cómo podía pasar esto?, durante horas había llegado a la conclusión de decirle todo a Terry, de confirmarle su compromiso con Albert, y ofrecerle su amistad, pero no podía hacerlo, algo en su interior le ocasionaba el mantenerse callada. 

Mientras, él la contemplaba, comparando a esta dulce joven que yacía sentada a su lado con la intrépida niña que lo había enamorado en el colegio, realmente había cambiado, ahora era más fina, su blanca piel resaltaba en contraste perfecto con el lindo vestido en color verde seco que llevaba puesto, pero aunque si bien, parecía ahora toda una dama, su verde mirada la delataba, estaba seguro que a pesar de todo ella seguía siendo esa misma niña a la que él había amado tanto, y seguía amando, pues si, indudablemente ella seguía siendo la dueña de su corazón.

Ella levantó su mirada y volvió a mirarlo, rogando con su mirada que hablara, siempre había disfrutado de sus silencios, siempre se habían entendido sin palabras, y era verdad que aun podían hacerlo, pues en ese largo silencio del que estaban siendo presos ninguno podía negar que el amor aun reinaba entre ellos, más ella a si misma trataba de negárselo y por esto con sus ojos reclamaba una explicación, pues no podía ser real lo que sentía, inconscientemente quería escuchar de sus palabras la explicación de la realidad que los separara, pues ella se casaría, no podía ser cierto que estuvieran bien juntos y que por ella se separasen,

¡No podía amarlo, solo debían ser amigos!

Y se desesperaba al pensarlo, al anhelarlo y saber que ese anhelo la desbarataba, él reconoció el reclamo de sus ojos y asumió que era en busca de una respuesta del por qué él estaba ahí, no sabía qué decir, había pasado tanto tiempo ¿cómo comenzar?, ¿Cómo podía decirle que moría por ella? que cada momento sin ella había sido una tortura, si ni siquiera sabía si ella podría aceptarlo, cómo aventurarse a entregarse sin reservas, si los años habían pasado cambiando las cosas entre ellos, y en el tiempo no había vuelta atrás, sin saber de donde tomó las fuerzas de aventurarse en su pasado, de encaminarse a preguntar sobre ese lapso tan doloroso de tiempo en el que él no había existido en su vida, en el que quizá ella lo habría olvidado, se aventuró diciendo:

–Supe que regresaste a la casa Andley. – Dijo en un tono tan natural que la tomó totalmente desprevenida, ella no había sabido nada de él desde esa noche en Nueva York, desde su despedida había decidido olvidarlo y evitaba enterarse de cualquier cosa que hablara de él, dejó de leer periódicos, revistas, y no concebía en su mente el por qué él estaba enterado de lo que sucedía en su vida. –

–Sí, así es… – respondió ella. – ¿pero cómo lo supiste?

–Por Albert, 

– ¿Tú y él han estado en contacto todos estos años? – Aclaró ella, mientras pensaba en que, si era así, él ya debería estar enterado de su compromiso, y dejando ver un su mirada la extrañeza de ese hecho, pues resultaba realmente extraño, que si incluso ya estaban comprometidos, el tuviera ese tipo de secretos para con ella, más inmediatamente pensó en que lo habría hecho por protegerla y la ternura para su compañero volvió a su sentir, apartando toda duda o extrañeza.-

–Sí, nos hemos escrito con frecuencia, ¿nunca te dijo nada?

–No, pero bueno, no era algo que yo debiera saber. – continuaba ella, pensando en la dulce labor de su eterno amigo al alejarla de lo que él sabía la haría sufrir –

Mas un vuelco en su corazón se volvía contra ella al pensar, en que entonces, efectivamente Terry era feliz, pues no había alguna reacción sobre su compromiso, al contrario podía percibir una clara indiferencia al mismo, por lo que pensó en que tocar el tema no sería algo importante. Después de lo dicho un largo silencio se apodero nuevamente de su encuentro. –

– Y ¿qué me cuentas pecas? ¿Qué ha sido de tu vida en estos cuatro años?, – comenzó él, aludiendo ese viejo apodo que ella odiase en su niñez. –

– ¡Terry! – Exclamó fingiendo molestia ante ese apodo, pero denotando en sus grandes ojos un infinito e inconfundible aire de felicidad –

Le traía tantos bellos recuerdos ese horrible apodo, podía incluso hasta hacerla sentir libre de correr y trepar árboles, como lo había sido en su infancia, y los recuerdos de esa hermosa niñez se agolparon en su mente, los inventos de Stear, las salidas del dormitorio para reunirse con ellos, esa noche de bruma en el Mauritania… cerró los ojos y su mente se transportó a esa tarde de mayo cuando utilizando su disfraz de Julieta logró escaparse de su castigo y acudir al festival, por un momento hasta sus mejillas se tornaron rojas, y un escalofrió recorrió su cuerpo al recordar aquel momento fugaz en el que por primera vez se había sentido entre sus brazos al bailar alegremente ese vals, suspiró al sentir como todo parecía tan real.

– ¿Qué pasa Tarzán? ¿En qué piensas que hasta roja te has puesto?… y así se te notan más las pecas… – Preguntó con ese tono tan peculiar en él, que inmediatamente la hizo sentir como si el tiempo no hubiese pasado, como si todo hubiese sido solo un largo paréntesis en sus vidas y ahora se cerrara poniéndolos nuevamente frente a frente para continuar su amor. – 

–Pensaba en los días del colegio… lo hermosa que fue mi vida en ese entonces… ¿lo recuerdas? – Le dijo mirándolo con esa chispa en su mirada que él adoraba desde ese entonces. –

– ¡Cómo olvidarlos…! – continuaba con ese tono irónico – si han sido los más bellos de mi vida, –- volvió a mirarla con un brillo de melancolía en sus ojos y continuo con un tono serio, – tú hiciste esa parte de mi vida la más bella de todas y la que más atesoro… así es Candy, tú y tus lindas pecas, despertaron en mi tantas ilusiones, tantos anhelos, tú me hiciste siempre tan feliz…

La miraba fijamente, sus ojos verde azul traspasaban las ligeras telas de su vestido, provocando escalofrió en su piel, penetraban cada milímetro de esta, devorándola, entrando hasta lo más profundo de su ser, llegando a su corazón, logrando removerlo, y dentro de ella ese viejo amor que sentía por él, logró brincar en su corazón, y ese temblar agitado volvió.

– ¡Terry! –Susurró en un intento de escapar de las sensaciones de las que en ese instante era presa –

– ¿Qué pasa pecas? ¿Me vas a negar que a ti no te gustaría volver a vivir esos días? 

Ella lo miró tan tiernamente, y cerró sus ojos, pensando, recordando aquellos hermosos días, cuando era tan libre, cuando los días pasaban llenos de emociones, de alegrías, de bellos atardeceres, de gratas platicas, llenos de cosas por conocer, llenos de ilusiones por cumplir, de sueños que alcanzar, recordó cada mirada, cada contacto, cada charla, cada carta, cada encuentro y cada despedida… 

 “Que ganas de volver a esos días”

Dijo apenas en un susurro, más inmediatamente, cayó sobre ella el peso de esa promesa y pronunció: 

“El tiempo jamás regresa”.

Sus miradas se nublaron ante tal comentario, ella sintió el peso de la situación y optó por cambiar el tema rápidamente… 

– ¿Y qué me cuentas tu? Imagino que ya eres un gran actor de Broadway…

–Pero, ¿cómo que imaginas? Tuve varias giras nacionales en América, y dos internacionales…decía él asombrado de cómo ella no se hubiese enterado de nada de su carrera en esos años, si era el blanco predilecto de la prensa desde su boda con Susana. 

–Lo siento Terry, – dijo apenada y con sus mejillas sonrojadas, – No leí muchas revistas durante este tiempo.

–Ya veo, aunque juraría que no leíste nada de prensa en los últimos años.

–Así es, – dijo haciendo un mohín… – La tía abuela no me lo permite, dice que no son cosas dignas de una dama. – Continuó encogiendo los hombros como una seña de resignación. –

– ¿Así que ya toda una dama que no lee revistas?– dijo soltando una carcajada. 

– ¡No te burles Terry!, – exclamó alzando los puños y abalanzándose sobre él en tono de amenaza a golpearlo.

– ¡Tranquila Tarzán! … gritaba entre risas al ver la forma tan infantil e inocente en la que aun reaccionaba, tomó sus brazos evitando ser golpeado y al tratar de levantarse sus miradas se cruzaron…, el tiempo se detuvo, como en una fantasía, la admiró tan cerca, al ver sus labios a unos escasos centímetros de los de él, las ansias de tocarlos, de volver a sentirlos lo inundaron, podía sentir su aliento tan cerca, su respiración golpear de frente en su rostro, el perfume que desprendía su cabello logró embriagarlo, ese olor a rosas que la caracterizara, hizo un leve intento de acercarse para poder rozar sus labios con los suyos, mas ella aun en su ensueño de ver a su Terry tan cerca, pudo sentir sus intenciones, y por un momento quiso dejarse llevar por el momento, y tocar esos dulces labios que la esperaban ansiosos, más la promesa hecha a Albert, vino a colarse en sus pensamientos, trasportándola a su realidad y rompiendo el momento, él sintió en su mirada, que algo más grande que la pena la detenía, y dejó escapar el momento, ayudándola a levantarse.

Estuvieron de pie unos instantes, admirando el bello paisaje que otorgaba el atardecer en sus espaldas, era un momento mágico, la sensación de déjà vu volvió a ella, tantas veces había vivido esa escena y sin quererlo se repetía, trasportándola a esas tardes de verano en Escocia, era el mismo sitio, estaba con él, pero ahora la única diferencia era, que ya no era libre de saltar a sus brazos, lo miró, y sin saber exactamente que la impulsaba a romper nuevamente ese momento; aludió a ese nombre que por causas del destino había sido el causante de su separación…

–Imagino que viniste con Susana, ¿están de gira en la compañía? 

El se volvió para con ella y se extrañó de ver que ella no sabía aun de la muerte de Susana, más lo comprendió al recordar que no había leído nada de prensa, no sabía si contarle, pues el nombrar ese nombre que tanto lo había atado podía venir a desbaratar el momento, y era lo que menos quería, pensó durante unos segundos y admitió que debían hablar al respecto. 

–Veo que aun no lo sabes, – Comenzó con voz grave, Candy lo miró atenta, la forma en que había comenzado a hablar, le insinuó que algo no estaba del todo bien. –

–Cuando regresé a Nueva York, su madre y ella me insistieron de una y mil maneras que nos comprometiésemos, a pesar de mis negativas así lo hicimos, traté de posponer la boda lo más que pude, no sé, podrás decirme tonto, pero, esperaba que volvieras… aunque, ¡cómo iba a cumplirse ese deseo!, no volviste, y … me casé, estuvimos juntos en esa farsa fingiendo ante todos un amor que estaba muy lejos de ser real, no podía verla con amor, para mí siempre fue la causa de tu pérdida, ¿cómo amarla si ella me había hecho el hombre más infeliz?, me había salvado la vida… ¿de qué me servía eso? a su lado simplemente moría en vida, jamás la toqué, ¡no podía hacerlo! Era solamente una compañera, por la cual no podía sentir nada, era tal la indeferencia entre nuestras almas, que no miento en decirte que me daba asco lo que era, jamás sentí tanta pena por mí mismo, como en esos años a su lado. – Su mirada se endurecía, apretaba su puño, era su forma de sacar la ira que le ocasionaban dichos recuerdos, para ella volvía a ser el joven resentido con la vida que había conocido en aquel incidente en la iglesia del colegio, su sangre corría más rápido por sus venas, era tal el ofuscamiento y la ira que Terry despedía que lograba asustarla como cuando niña en sus desplantes de rechazo. 

–Para no sentir la soledad que su compañía me propiciaba, me dediqué de lleno a lograr mi sueño en Broadway, pronto recuperé la fama que tenía, y más pronto aun, logré superarla, me inundé de trabajo…, era la única forma de no sentir el estancamiento que su presencia me producía, durante una gira por Europa, recibí una llamada, ella estaba grave… regresé en cuanto pude, pero era tarde… acababa de morir.

Una nube de amargura cruzó el rostro de Candy, a pesar de todo al pasar los años ella había llegado apreciar a Susana, y si no a aprobar su amor por Terry, por lo menos a comprenderlo, no podía evitar sentir lástima ante semejante noticia, resultaba bastante triste como ella siendo toda una dama, bonita, triunfadora hubiese acabado de esa forma, viviendo al lado de un hombre que no podía corresponder el sentimiento que ella le profesase, a pesar de todo Candy había deseado en lo más profundo de su alma que Terry se enamorara de ella, que le correspondiera ese amor incondicional, que ella le guardase, que la hiciera feliz, que lástima, que el sacrificio no hubiese servido de nada, pues al final ella había terminado sola, una lágrima solitaria asomó por sus mejillas.

– ¿Qué pasa Candy? – Le dijo él, levantando con la mano su mentón, logrando que esta lo mirase. –

–Nada… – contestó entre sollozos –Es solo que la muerte aun no me es indiferente. 

–Lo sé… la muerte nunca es justa, y a pesar de todo ella no merecía vivir al lado de un hombre que no la amaba… y yo… lo intenté, pero el amor no es de merecerse, simplemente se siente… y ya.

Su mirada, había cambiado y volvía a ser la mirada dulce y cálida que ella amase tanto cuando niña, a pesar de la pena que la noticia de la muerte de Susana producía en ella, no pudo evitar que en sus labios surgiera una enorme sonrisa, al descubrir nuevamente esa mirada en Terry, ambos a pesar de todo reconocieron su alegría interior, y comenzaron a reír sin razón alguna, ella escuchaba claramente la suave melodía que ocasionaba el escuchar a Terry así, tanta dicha le había causado siempre, el verlo tan feliz…, era algo increíble el volver a vivir un momento así con él, tan simple, pero tan bello, nada ni nadie, jamás podría reemplazar la emoción que causaba mantener esas platicas irónicas y alegres con él, en las que incluso en el silencio sus corazones se entendían.

Él la miraba, se veía tan libre, tan feliz, eso era lo que él amaba tanto en ella, esa capacidad de ser libre que llevaba en su ser, esa inocencia, que brillaba en sus ojos… sin dudarlo a pesar de los años ella seguía siendo la misma chiquilla dulce e intrépida del San Pablo. Y era obvio que aun la amaba con tanta pasión como desde el primer día. 

Candy miró hacia el cielo, en el se alcanzaban ya a percibir las primeras estrellas, volvió su rostro para con Terry, el estaba igualmente inmerso deleitándose con el maravilloso espectáculo que el cielo al caer el alba propiciaba, él al sentir su mirada, la miró, – Terry… es tarde ya, deben estar preocupados, – y haciendo un mohín continuó –- otra vez salí sin avisar…

–Está bien pecosa, ¿quieres que te acompañe a casa?

– ¡No! – Gritó alterada al pensar lo que diría la tía abuela al verla llegar precisamente acompañada de Terriuce Grandchester. – 

–Está bien Tarzán… tranquila, aun no es muy tarde, si quieres irte sola, está bien, pero no pienses que será la última vez que nos veremos, aun no me has dicho que fue de ti todo este tiempo…

– ¿Pero qué no Albert te lo había contado?

–Tal vez me dijo algunas cosas de ti, pero es necesario para mí que Tarzán pecosa me cuente su versión, ja, ja, ja. 

– ¡Terry! ¡Ya no somos unos niños, deja de llamarme así! – Gritaba ofuscada al escuchar ese apodo repetirse como en aquellos días. –

–Está bien señorita Candice, – decía emanando esa sonrisa tan sarcástica y peculiar en el, – ¿puedo ir a buscarle a su respectiva villa?

Los nervios la atacaron nuevamente, al pensar en la reacción de la familia Andley al ver que iría a buscarla nada más y nada menos que el actor Terriuce Grandchester. 

– No creo que sea buena idea el que vayas Terry, la tía abuela es muy estricta y no se verá bien que me vayas a buscar a casa… preferiría vernos aquí como en los viejos tiempos ¿Qué te parece? – le dijo tomando fuertemente sus manos, como en signo de suplica. –

De principio, él no se sintió a gusto al pensar que ella no quería que en la mansión lo vieran con ella, más el grato recuerdo de sus reuniones secretas en ese mismo sitio cuando niños, despertó en él una emoción de volver a vivirlos, y terminó por aceptar.

–Está bien Candy, aquí nos veremos entonces… 

–Bueno, tengo que irme, espero verte pronto, – Continuó mientras soltaba sus manos al tiempo en que se alejaba nuevamente de él. –

Una extraña sensación recorrió a Terry, al ver como se alejaba nuevamente de él, pero esta vez dejando la promesa de verse nuevamente pronto, al ver la silueta que después de unos momentos se apreciaba de ella, una suave brisa golpeó su rostro, pudo aspirarla, y ese cálido perfume seguía con él, a lo lejos en la misma dirección podía ver la villa en donde ella estaba, al fin sintió tenerla, y por primera vez en muchos años se sintió pleno… se sintió vivo, al ver en ella a la misma niña de siempre.

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4 comments

  1. haaaaaaaaaaa me mueroooooooooooooo

  2. Que maravilla de trabajo, me tienes impresionada
    espero que continues así
    Muy pero muy bien

  3. Aaaaaaaay Dios!!!
    Uff no c ni q decir me tienes impresionada 😮
    Ella no le dijo nada de su compromiso,eso va a traer problemas :S.
    Sta buenisima tu historia eres realmente impresionante continua asi porfavor!!!
    Argelis

  4. Vaya que confucion igual que el anime
    Muy buen trabajo no llego al final
    pero sera imprecionante de seguro
    se queda con terry o con albert no no melo digas
    sigue asi…….

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