Home / Fan trabajos / Aun en el tiempo y la distancia…, al final habremos de encontrarnos Capítulo 4

Aun en el tiempo y la distancia…, al final habremos de encontrarnos Capítulo 4

Capítulo 4 Tu esencia es algo que jamás podré borrar de mi memoria

 “Soy libre y no me sirve ¿para qué quiere la libertad en la luna un tigre? No me sirve he compartido mi cama cien veces y quiero irme ¿qué me pasa? A donde vivo desde que no estás ya no le llamo casa.”

El otoño comenzaba a apoderarse de las calles de Nueva York, el lugar siempre había sido frió pero ahora se sentía un frió que quemaba en la piel, y también en el corazón, frió que se sintiera igual que el beso sin amor, que llega y te toca pero no deja nada al contacto, en su lugar solo deja la insaciable sensación de soledad. Un enorme vacío había quedado en aquel lugar, no se podía comprender por qué esa soledad y vacío ahora caían tan bien, después de todo las cadenas habían caído al fin; tras la muerte, la condena había terminado, ¿qué podía ser mejor que el sentirse libre?… pero libre ¿de qué? o mejor dicho ¿para qué?

La felicidad se había escapado de sus manos años atrás, ¿aun podía ser tiempo de recuperarla?…. 

¡Claro que no!, ¿Qué derecho podía tener de irrumpir en la vida exigiendo algo a lo que el mismo había renunciado?, seguramente la soledad hoy y siempre sería su mejor compañera, estaba destinado a estar solo, como siempre lo había estado. 

Pronto estaría lejos de ese lugar que tanto daño y malos recuerdos le había traído, y sin embargo tan pocos bienes… ¡el éxito!… ¿De qué servía si estaba totalmente solo? Su mayor sueño se había logrado; pero no tenía a nadie con quien compartirlo… ¿De qué le servía entonces? 

¡Debía marcharse cuanto antes!, Intentar vivir en sus recuerdos, pues era lo único que le quedaba, el recuerdo de lo más preciado en su vida, ¡Ilusiones!… ya no existían, solo el soñar lo mantenía vivo, o, ¿acaso tendría cura su corazón herido?…

¡Candy! ¡Candy!, ¿estás lista?

–Sí, ahora bajo…

–La tía Elroy te espera, todo está listo

La puerta se abrió después de horas de espera y tras ella una encantadora damita en la que bajo el sonrojo de sus mejillas aun se podían distinguir un pequeño ejército de pecas que la acompañaran desde su infancia.

– ¡Candy! te vez bellísima, el tío Albert caerá de espaldas al verte, y pensar que hoy se comprometerá con tan bella dama en matrimonio…lo volverá loco.

– ¡Archie! ¡Qué cosas dices!, me sonrojas.

–la tía abuela me mandó por ti, ella nos espera en las escaleras del salón principal para anunciar el compromiso y abrir el baile.

– ¿Y Albert? ¿Él donde está?

–No comas ansias Candy, el te espera también pero antes, harás tu entrada al lado de la tía abuela. 

–Está bien, – contestó ella un poco sonrojada al darse cuenta de su propia impaciencia. –

Candy y Archie llegaron donde los esperaba la tía abuela, esta, dio indicaciones a Archie con una señal, y prosiguió tomando por el brazo a Candy, y bajando a su vez por la hermosa escalinata al encuentro con su sobrino.

Albert, quien esperaba al pie de la escalera central, no podía dejar de admirar a su prometida que bajaba uno a uno los escalones, el mundo entero desapareció en ese instante, para él solo existía Candy, envuelta en ese vestido azul se veía bellísima muy sencilla pero más que nada elegante, los rizos rubios caían coquetamente por su rostro y cuello, se veía tan exquisita con ese aire libre e inocente que la hacía ver total e irresistiblemente seductora, se volvía loco por tomarla entre sus brazos, la impaciencia comenzaba a apoderarse de él, cuando sintió el rozar de la tía abuela que al tomarlos a ambos del brazo anunciaba a la alta sociedad su compromiso, ambos estaban perturbados, llenos de emoción, más la tensión se redujo al escuchar el estruendo que producía el aplauso otorgado por los invitados, seguido por el brindis dado por Archie a favor de los enamorados. 

–Su atención por favor, su atención les solicito – pronunciaba Archie interrumpiendo el aplauso, – quiero aprovechar este momento para que todos ustedes brinden conmigo por la felicidad de esta pareja – decía mientras levantaba su copa llena de champagne a lo alto invitando con el gesto a ser acompañado a desear lo mejor a la joven pareja, – 

– ¡Salud! –-se escuchó por todo el salón, mientras comenzaba una melodía por demás conocida a sonar.

Albert se acercó a su prometida y con una pequeña reverencia alzando su mano al compás de esta, solicitó la mano de Candy para bajar los pocos escalones que aun faltaban, para así abrir el baile, tomó suavemente sus manos colocándolas alrededor de su cuello, sin dejar de mirar ni un solo instante a su amada. 

Ella estaba totalmente embelesada, admirando únicamente el rostro de su prometido, se veía tan apuesto con el cabello recogido en una coleta, un traje negro cubría su cuerpo…, jamás lo había mirado como ese día, por alguna razón el reflejarse en sus ojos en esta ocasión era distinto, siempre había estado a su lado, desde pequeña, sin embargo una extraña sensación venía a anunciarle que todo cambiaba en su relación, pronto compartirían una vida juntos, nada podía ser mejor, siempre había disfrutado de su compañía y le llenaba de emoción pensar que ahora sus charlas podrían alargarlas hasta el amanecer, se sentía inmensamente feliz, nada podría desbaratar esta vez su felicidad, se sentía tan bien en sus brazos que por un momento se olvidó que todos los observaban.

–Candy, ¿estás contenta? – Susurró Albert, al ver en esta una sonrisa diferente a la que él conocía, siempre le había gustado verla sonreír, desde pequeña en su rápido encuentro en la colina de Pony. Y ahora era el más grande de sus orgullos, saber que el dueño de su sonrisa era él, y nadie más que el, pensar que ella era y sería siempre feliz a su lado, lo hacia el hombre más feliz del mundo –

–Claro, que lo estoy Albert, soy inmensamente feliz, pronto nuestras vidas se unirán en una sola.

–Lo sé pequeña, lo sé. 

Pronto las demás parejas comenzaron a unírseles, llenando el salón de seres que entre risas disfrutaban, y eran testigos de la felicidad que la pareja en compromiso irradiaba.

La noche transcurría, los invitados se acercaban innumerables veces a felicitar a la pareja, esa noche toda la alta sociedad se había dado cita en la mansión principal de la familia Andley, entre los cientos de invitados figuraban la hermana María, así también como  la señorita. Pony, la señorita. Patricia O´brian y su abuela, todo era felicidad, sin embargo una joven de cabellos rojizos no podía ocultar su envidia, 

– No puedo creer que la huérfana esa, se despose nada menos que con el tío William, sigue siendo una aprovechada, seguramente lo único que quiere es quedarse con la herencia y el renombre de la familia Andley – ¡maldita criada!–, replicaba con soberbia y desprecio. –Shh, Elisa cuida lo que dices recuerda donde te encuentras hermanita, ahora estas en sus dominios, ja, ja, ja –  decía Neil en un tono por demás burlón, al percatarse del enojo de su hermana. 

Definitivamente esa fue una de las noches más hermosas que pasó Candy en esa casa, poco antes de concluir el baile la tía Elroy anunció que la boda se llevaría a cabo en mes y medio en la villa de Escocia, ya que por tratarse del patriarca de los Andley debía casarse en el país de donde provenía la familia.

Por lo mismo la tía Elroy, Annie, Archie y por supuesto Candy, viajarían a dicho país en una semana, Albert por asuntos del trabajo y de costumbre viajaría un mes después.

Los días pasaban, y la mayoría de la familia se encontraba rumbo a Escocia, su viaje tendría una pequeña escala en Paris, donde se llevarían a cabo los últimos detalles del encargo de los vestidos para la ceremonia.

El viaje resultaba bastante largo, pero Candy disfrutaba mucho de pasear por la cubierta del barco admirando el ir y venir de las olas, el revolotear de las gaviotas y los bellísimos atardeceres que desde éste se contemplaban, el barco pronto arribaría en el puerto, y se tenía planeado realizar una elegante cena para celebrar el término satisfactorio del viaje; la familia Andley era por sobre mención él invitado de honor en dicha ceremonia, ya que esta era la familia más importante que se encontrara en el barco.

Entre tanta aristocracia en el salón principal del barco, el ambiente se volvía pesado, la charla era acerca de vanas trivialidades, y cosas sin importancia, los caballeros solo sabían hablar de negocios y en contraparte las damas, lo único que sabían hacer era criticar y chismorrear, así también como hacer alarde de sus grandes pertenencias materiales… 

– Pero ¡qué fastidio!, no puedo creer que esta gente sólo sepa hablar de tonterías y cosas tan vacías, espero realmente jamás tener que soportar una charla tan aburrida con gente que piensa que el poseer es todo en la vida – comentaba Candy a su amiga Annie con un terrible gesto de desagrado, a ella nunca le había gustado tener que formar parte de esa sociedad que era fiel seguidora de la avaricia, simplemente no entendía que tenía el dinero y las cosas materiales como para cegar a la gente de esa forma. –- 

–Tranquila Candy, como miembro de los Andley y como futura esposa de Albert tendrás que acostumbrarte a este tipo de reuniones y de gente

–Solo espero que en esas ocasiones cuente a mi lado por lo menos con una persona un poco más sensata con la que pueda conversar, de lo contrario no sé cómo podré sobrevivir a ese martirio. 

– Tranquila Candy, ¿qué te parece si sales un momento a los pasillos para que te refresques un poco? – sugirió Annie a su amiga al percatarse de una vez del fastidio del que era presa. –

Y así Candy decidió tomar la petición de su amiga y se levantó para dar un pequeño paseo por los pasillos del barco.

–Quizás Annie tenga razón y lo que necesito es tomar aire fresco – decía Candy cerrando tras de si la puerta del salón, ya era de madrugada y se sentía fuertemente el frió, era una noche de bruma, al salir Candy sintió el frió golpearle en la espalda, se abrigó un poco más abrazando su abrigo con un poco más de fuerza hundiéndose en él, y fue en ese instante que le pareció ver a alguien parado contemplando el mar…, de inmediato Candy reconoció esa escena, – ¡Terry! –pronunció sin pensarlo, y la imagen se esfumó, podría haber jurado que era real, más sólo desapareció, igual que lo había hecho tantas veces en sus sueños, el escenario era el mismo, sin embargo ahora Romeo no estaba…, sintió un frió en su corazón, ese había sido el escenario en el que lo había conocido, y desde ese día su vida se había vuelto una especie de “Romeo y Julieta”, pues su amor mutuo nació en ese escenario, pero solo fue un amor de adolescentes, al que el tiempo y el destino se encargaron de separar, ¿Por qué el destino les había hecho tan mala jugada?, su amor siempre fue inconcluso, comenzó en una persecución, al irse Terry del colegio, y se llenó de encuentros y desencuentros siempre sin concluir, cuando parecían haberse alcanzado, llegó el destino y de tajada los separó, sin previo aviso, los destinó a vivir siempre uno sin el otro, y ¿de qué servía ahora esa frase que la había mantenido viva en tantos desencuentros?, 

 “Mientras estemos vivos, habremos de encontrarnos”

Si, ya de nada servía encontrarse, su amor se había perdido en la inmensidad del invierno. Los ojos de Candy se poblaron de lágrimas, sentía como de repente a su corazón le costaba incluso palpitar, todo había terminado y ahora se daba cuenta de ello, jamás podría ya recuperar a Terry.

– ¡Basta ya Candy! No puedes pensar así, el hombre al que amas es Albert, pronto te desposarás con él, y al fin cumplirás con la promesa que le hiciste a Terry en Nueva York, Albert te hará feliz por siempre. – Se decía a ella misma tratando de esta forma de espantar el fantasma de Terry de su cabeza.

LEER EL SIGUIENTE CAPITULO

Comentarios

comentarios

Check Also

Caminos del destino Capítulo 33

CAMINOS DEL DESTINO POR SHELSY Capitulo 33   Rencor La luz del sol iluminaba la …