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Aun en el tiempo y la distancia,… al final habremos de encontrarnos Capítulo 30

Capítulo 30 Caminos separados, destinos cruzados

Mi amiga está en otro lugar, no sé bien dónde. Tal vez cerca de otro corazón y lejos de quienes también la queremos… soñando otros sueños: sueños de amores y de flores, como los que anhelamos alguna vez durante nuestra niñez”

El tiempo desde que había visto a su querida amiga por última vez se hacía cada vez más grande, mientras el pequeño Stear dormía plácida y tranquilamente en su cuna la señora Cornweld lo observaba a la par que sus manos trabajaban tejiendo. Annie aprovechaba los momentos en que el bebé dormía para encargarse de sus deberes como la esposa del joven Archibald Cornweld Andley, no sin destreza, se ocupaba de supervisar las actividades de la servidumbre, y de vez en cuando, elaborar la comida o algún postre para deleitar a su amado esposo, o para recibir las visitas de los familiares y amistades que tenían en Chicago. Llegada la tarde, al regresar Archie del trabajo, su tiempo transcurría en pasar las horas restantes del día en la compañía de los dos seres que más amaba en este mundo.

Una tarde, mientras estaba jugando con el pequeño Stear, Annie pensaba sobre la suerte que habría podido tener su querida amiga, por lo que no escuchó el momento en el que Archie entraba en la habitación.

– Hola mi amor, ya estoy aquí.

– ¡Archie!, no te oí llegar…

– Si, pude percatarme de eso… ¿sucede algo Annie? – preguntó el joven mirando a su bella esposa con un tono de preocupación, como si tratara de adivinar lo que le pasaba, mientras levantaba en brazos a su pequeño tesoro.

– No, no pasa nada, lo que sucede es que no he logrado quitarme de la cabeza a Candy en estos últimos días.

– Comprendo, ¿has sabido algo sobre ella?

– Aún no, por eso me siento preocupada, prometió que me escribiría, pero hace casi tres meses que se fue y aun no sé nada de ella, y como  no tengo la dirección de su departamento en Nueva York no he podido escribirle.

– Te entiendo – comentó Archie – a mí también me gustaría saber si se encuentra bien, hace poco me escribió Albert y me preguntó si sabía algo de Candy, pero solo le comenté que ella estaba bien y que seguía trabajando. Pero como que siento un poco de remordimiento porque realmente no sabemos nada de ella. ¿Tú crees que esté con Terry?

– Para serte sincera, presiento que no, aunque en ocasiones me gusta imaginar que ya están juntos y que no me ha escrito porque seguramente está en las nubes al lado de Terry. Ji,ji,ji…

– Ja,ja,ja… bueno, creo que tengo que reconocer que tratándose de Candy esa puede ser una posibilidad.

– Archie, ¿tú piensas que deberíamos hacer algo?

– ¿Cómo qué mi amor?

– No sé, tal vez ir a buscarla…

– Mmm… creo que lo mejor es que esperemos un poco más, y si seguimos sin noticias de ella entonces te prometo que iremos a buscarla.

– Pero…

– Tranquila Annie, te aseguro que Candy se encuentra bien, sabemos que es una chica que no se rinde fácilmente.

– Tienes razón mi amor.

Los señores Cornweld siguieron platicando y jugando con su pequeño sin volver a tocar el tema de Candy, sin embargo, ambos se preguntaban en silencio, por qué aún no sabrían nada de la bella pecosa; no obstante, ninguno expresó su preocupación al otro, lo mejor sería esperar un poco más y confiar en que tarde o temprano Candy se comunicaría con ellos.

“Hoy he vuelto a creer en la vida, es tan simple y sin embargo regresar a donde todo comenzó me perturba… ¿Qué pensar de tu silencio?, ¿Será acaso que aún es demasiado pronto?”

Los días en Vancouver cada vez eran más ajetreados. Parecía que todo el día tenía que limitarse a reuniones y cerrar e iniciar tratos. A veces, Albert sentía tal agobio que solo se la pasaba mirando el reloj, el cual cuando más fastidiado estaba de todo aquello “se volvía en su contra avanzando más lentamente de lo normal”, – o al menos, eso era lo que a él le parecía- , a pesar de que seguía sus actividades a partir de las cinco de la tarde, a veces, esto  no era posible, entonces era cuando el día entero pasaba a ser una completa rutina, como resultado de esto, el joven patriarca comenzó a programar algunos días entre semana en los que nadie lo molestara y pudiera escaparse a algún lugar tranquilo aunque fuese por solo unas horas,. Albert procuraba salir temprano en sus días libres, le gustaba recorrer el parque donde había encontrado aquella joven que había transformado su forma de pensar en unos instantes al “hacer un buen negocio” con él. Su curiosidad por volver a ver a la misteriosa chica era claramente manifiesta, sin embargo y a pesar de que regresó varias veces, hasta la “Font de l’Espoir” (Fuente de la Esperanza) aún no había logrado encontrarse con ella.

Una tarde, después de un reconfortante día sin presiones, merendaba con George, mientras éste le comentaba sobre las actividades del siguiente día, sin embargo, hubo dos noticias que capturaron su atención

 

– … por último, necesito comentarle que como lo más seguro es que se cierre el trato con los LeGrand en la reunión de la próxima semana, sus actividades en Vancouver habrán terminado, por lo que espero que me indique que día regresaremos a Estados Unidos.

– ¿Ehh?, ¿quieres decir, volver a Chicago?

– Si, siempre y cuando usted no disponga alguna otra cosa.

– No… lo que sucede es que no me había percatado de que el momento de regresar estaba ya tan cerca.

George observó a su patrón, parecía que aquella noticia lo había tomado realmente por sorpresa, evidentemente, a pesar del tiempo que había transcurrido, el regresar a Chicago era algo que le resultaba difícil de hacer, por lo que decidió distraer la mente del patriarca de los Andley con otra noticia.

-¡Ah!, me olvidaba, llamaron de casa del señor Merveux para invitarlo a una fiesta en su casa el próximo viernes. Dijo que esperaba confirmase su asistencia porque se sentiría en verdad alagado de que nuevamente aceptase una invitación a departir con él en su mansión.

– Mmm…comprendo – dijo el joven rubio algo meditativo – han sido ya varias las ocasiones desde aquella vez que me ha invitado a su casa, ¿no es así George?

– Así es señor, pero si usted no desea asistir, diré al magnate que se encuentra ocupado ese día y que le ofrece sus más sinceras disculpas.

– No, no creo que sea necesario… creo que después de todo, no es una mala idea el asistir a esa reunión.

George estaba atónito por haber escuchado esas palabras. Habría jurado que como otras veces Albert se negaría a asistir y le instruiría para que inventara alguna excusa que lo disculpara con el acaudalado magnate. La respuesta del joven en verdad lo había tomado por sorpresa, sin embargo, sabía que Albert tendría sus razones para no negarse esta vez.

– Entonces, confirmaré que asistirá a la reunión.

– Si, hazlo por favor George.

– Como usted ordene.

– Me gustaría que…

– ¿Sí señor?

– Mmm… no, nada… creo que es mejor que me vaya a descansar. Mañana será otro día bastante agitado. Que descanses George, hasta mañana.

– Que pase buena noche señor William.

Después de colocarse el pijama y la bata, Albert se sentó en el sillón de su habitación y abrió el gran ventanal, con la luna ya en lo alto y las estrellas tintineantes, sus ojos miraban hacía el horizonte. Su mente parecía querer perderse por momentos en el sin fin de cosas que estaba pensando desde que George había mencionado aquello de “regresar a Chicago”. En vano había tratado de tener noticias de Candy por medio de Archie o Annie, se preguntaba qué sucedería cuando la tuviera que volver a ver, – eso era algo que tarde o temprano tendría que suceder, después de todo, ella seguía siendo una Andley-

Había decidido renunciar completamente a ella, y así se había conducido en estas últimas semanas, lo cual lo hacía sentirse tranquilo, sin embargo, el considerar volver era algo que lo hacía inquietarse, ya que una cosa era poner distancia de por medio para no verla, y otra era reprimir el deseo de ir a donde sabía que podría encontrarla. No podía seguir huyendo de ese momento, eso era algo que tenía muy claro, pero por otra parte le resultaba difícil pensar en lo que eso conllevaría a sus sentimientos, a pesar del tiempo, aun no olvidaba aquellos momentos al lado de la bella pecosa. Albert pensaba en todo esto cuando de pronto la voz de George le vino a la mente: “Si amas algo déjalo libre, si regresa a ti, es tuyo; pero si no, entonces nunca lo fue”

– Si… eso es algo que es muy cierto Tal vez solo me estoy confundiendo con tantas inseguridades, lo mejor es que deje que las cosas sigan su curso. Lo que más deseo en este mundo es que ella sea feliz.

Albert respiró hondamente, y después de convencerse a sí mismo de que lo mejor sería dejar de preocuparse por lo que todavía no pasaba, se fue a dormir.

“A veces llegan cartas con sabor amargo con sabor a lágrimas, con olor a espinas que no son románticas, son cartas que te dicen que al estar tan lejos todo es diferente y que en la distancia el amor se muere… A veces llegan cartas con olor a rosas que son fantásticas, que te dicen que regreses pronto que desean verte, son cartas que te hablan de que en la distancia el cariño crece, a veces llegan cartas que te dan la vida… que te dan la calma…”

Las cartas entre Terry y Margaret se habían convertido en algo cotidiano. Ambos se divertían escribiéndose sobre cualquier cosa, las cartas de Maggie eran largas y llenas de muchas anécdotas que le sucedían a la joven, mientras que las de Terry estaban llenas de regaños y burlas hacía la actriz, lo cual había creado una especie de complicidad entre ambos. Poco a poco Maggie se había convertido en una persona muy importante en la vida de Terry, habían comenzado a contarse cosas personales sobre ambos, así Terry estaba enterado de todas las adversidades que la chica había pasado para lograr llegar a ser actriz, lo cual había ido cambiando poco a poco el concepto que tenía de ella, por su parte Terry poco a poco le había comenzado a contar sobre su vida, lo cual a el mismo le parecía extraño, ya que solo una persona había ganado su confianza para abrir su corazón y ahora estaba totalmente fuera de su alcance.

Con los ensayos ya por terminarse, Terry llegaba a su casa más cansado que de costumbre. Esa noche, había pasado a comprar algo para merendar y se dirigió a su departamento. Llegó y recogió la correspondencia que estaba bajo su puerta, entre las cartas había una carta de Maggie, dejó las demás en una mesita y se llevó la de Maggie, se sentó a merendar y comenzó a leer la carta. En ella le preguntaba si estaba ocurriendo algo malo con alguna de sus compañeras, porque hacía unas semanas, Robert le había escrito una carta, donde le comentaba que tal vez necesitaría de su ayuda nuevamente, pero que pronto le escribiría otra carta para darle mayores detalles. Al leer esto, Terry se quedó pensando en una conversación que había tenido con Robert unos días antes:

– … Me alegra saber que sigues en contacto con Maggie, lo último que supe de ella es que le estaba yendo muy bien con una obra en la que estaba participando.

– Si, es un papel que le queda perfecto a una chica tan atolondrada como ella.

– ¿Por qué lo dices?

– Solo créelo – dijo Terry sonriendo maliciosamente.

– De acuerdo… oye, ¿te ha comentado si su obra terminará pronto?

– No, no me ha dicho nada, pero ya tiene bastante tiempo en escena, así que no creo que tarde mucho, aunque en alguna carta me mencionó que probablemente saldría de gira, ¿por qué lo preguntas?

– Por nada en especial, bueno, ahora quiero hablar contigo sobre…

Terry se quedó pensando, mientras trataba de sacar algunas conclusiones, hasta donde él estaba enterado, no había habido problemas entre los miembros del elenco, así que no había razón para suponer que Robert pensara en integrar a Maggie al elenco, – sería demasiada responsabilidad para alguien tan poco experimentada como ella, probablemente lo único que quería era invitarla al estreno de la obra – pensó, de cualquier manera, no valía la pena preocuparse, guardó la carta y se recostó sobre la cama, apagó la luz y poco a poco se fue quedando dormido, cuando el sueño ya casi lo vencía, el rostro de una joven rubia se fue dibujando en sus pensamientos, unos grandes ojos verdes lo miraban mientras que el murmullo de una conocida voz iba llegando hasta lo profundo de su mente… se levantó de golpe mientras sus ojos azul profundo parecían buscar algo…

– ¡Maldición!, ¿Hasta cuándo me vas a dejar en paz?… ¡Ya estoy harto de esto!…, sin embargo, después de decir estas palabras se quedó completamente en silencio, parecía que dentro de él algo le reprochaba el haber exclamado esas frases… encendió un cigarrillo y se sentó en la orilla de la cama mientras meditaba… habían pasado ya bastantes meses desde aquella última vez que la vio, a estas alturas seguramente estaría casada feliz y al lado de él… algo dentro de su ser seguía doliendo a pesar del tiempo, pero habían sido tantas las veces que había tratado de sacar ese dolor de su cuerpo, que terminó por rendirse y simplemente decidió enterrarlo en lo más profundo de su alma. Terry se levantó y se dirigió al baño, se lavó la cara y regresó a la cama. Se recostó nuevamente y una vez que logró poner su mente en blanco se quedó profundamente dormido.

Al día siguiente, se levantó muy temprano y se fue al teatro, llegó temprano como de costumbre y se dirigió a su camerino para dejar sus cosas cuando escuchó a alguien que ya estaba ensayando. Sin prisa, se dirigió al escenario para descubrir que Harold ya se encontraba ahí practicando, Terriuce lo escuchaba mientras veía al joven actor llevar a cabo su papel con mucho ahínco, de pronto el joven descubrió que ya no se encontraba solo, por lo que se detuvo y le dijo a Terry:

– ¿Es que no te han enseñado a no interrumpir a los demás?

– No he hecho nada que amerite que te distraigas, si no puedes concentrarte lo suficiente con una persona observándote, ya me imagino lo que pasará el día del estreno.

– ¿Y qué pasará según tú?

– Seguramente te equivocarás – respondió Terry con tono sarcástico.

Harold salió del escenario, en su rostro se reflejaba claramente que estaba muy molesto por lo que Terry le acababa de decir, de cualquier manera, el momento en que le demostraría que podía llegar a ser mejor que él se acercaba.

Terry no le dio mucha importancia al asunto y se quedó observando las butacas vacías del teatro, pensaba en cómo era posible que cuando estaban en escena no se pudiera ver a nadie desde el plató y sin embargo fuera un lugar al que le cupiera tanta gente. Al mirar los asientos venían a su memoria diversos momentos a lo largo de su carrera en los cuales había tenido que interpretartoda clase de papeles, guardaba con especial afecto aquellos roles que de alguna manera habían marcado el ascenso en su profesión, pero de todos ellos hubo uno en especial que lo dejó marcado para siempre, aquel que preparó con tanto esmero y cariño, solamente para una persona, para aquella que sin duda entendería con el alma lo que cada una de sus palabras significaban, pero que desafortunadamente el destino hizo que los cosas no se dieran como él había pensado.

Sacudió su cabellera por unos instantes, como si con esto pudiera sacar aquel recuerdo de su mente y decidió que era hora de ponerse a trabajar, se había prohibido a sí mismo volver a pensar en ella y ese no era el momento de ponerse sentimental.

Los días transcurrieron pronto. A una semana del estreno todo estaba listo, solo faltaban algunos detalles referentes a la utilería y la escenografía. Los nervios en los actores comenzaban a aflorar, por lo que Robert decidió que descansarían dos días, ensayarían el miércoles de esa semana y finalmente se verían el jueves temprano, para preparar el estreno ese mismo día por la noche. Terry se sentía muy emocionado, se le veía serio pero muy animado porque el tan esperado estreno de “Persuasión” al fin estaba por llegar. El domingo por la tarde ya al terminar el ensayo, Robert le dijo que “su encargo” ya estaba en el camerino.

Terry solo le dio las gracias y se fue para recoger sus cosas, en el camerino estaba un rollo de papel amarrado con una cinta, el cual tomó y salió rumbo a su casa. Al llegar, y después de comer algo, abrió su armario y sacó una maleta, se sentó en la sala y tomó el rollo que Robert le había dado para guardarlo, en la maleta habían muchos papeles de gran tamaño doblados, todos eran los promocionales de cada una de las obras en las que había participado. El más reciente era el de la obra de Boston, ahora podía agregar uno más a su colección. Sacó los afiches por un momento y los fue revisando todos, se sonreía al ver y recordar cada uno de esos instantes, sin embargo, su expresión cambió al encontrar uno, ese papel en especial tenía una cinta que tapaba un nombre y sobreponía otro en el cual se podía leer : Julieta: Candy White.

– Si ella hubiera actuado, seguramente habría muerto de risa al ver esas pecas moverse. –  pensó al momento que una sonrisa asomaba en su rostro – pero, por otro lado… he de aceptar que ella habría sido la Julieta más hermosa que se hubiera visto… eso era algo que desde el colegio pude darme cuenta… quien iba a decir que aquella linda y traviesa Tarzán pecosa se habría de convertir en una mujer tan hermosa. Es increíble que a pesar de que han pasado los años esa chispa de sus ojos jamás se perdió… bueno, creo que eso es algo que a mí ya no me debe importar, a final de cuentas todo lo que tuvimos se fue al demonio en el momento en que decidió no seguirme a mí y quedarse con él. Ahora que lo pienso, creo que fui un imbécil guardando durante tanto tiempo un recuerdo como ese, era de esperarse que sus sentimientos cambiaran con el tiempo… aunque…

Los recuerdos de los momentos que había vivido en Escocia iban y venían por su mente. Terry rememoraba la forma en que su cuerpo había respondido al sentir tan cerca el delicado y esbelto cuerpo de Candy, se habían entendido tan perfectamente y a pesar de que ella reconoció que lo seguía amando prefirió quedarse y cumplir su palabra dada a Albert… ¡Maldito Albert!… aunque no quiero pensarlo ni decirlo, algo dentro de mí me grita que tú me fuiste arrebatando poco a poco algo que era mío, a pesar de que sabías perfectamente lo mucho que la amaba, pero por otro lado… ¿cómo culpar a un amigo de no caer rendido ante sus encantos?… creo que eso es algo que no se puede evitar. El apuesto joven recargó la cabeza en el respaldo del sillón y cerró sus ojos un instante. Después de unos momentos de meditación solo exclamó: Definitivamente eres una buena actriz señorita, no… perdón, señora Candice White Andley.

Esto último lo hacía sentirse realmente molesto cada vez que por algo esas palabras venían a su mente, así que solo dobló el nuevo papel que habría de aumentar su colección y cerró aquella maleta de recuerdos volviéndola a guardar en lo profundo de su armario.

“¿Qué sé de ti? Pienso que nada… ¿Cómo serán tus noches?, ¿Cómo vives tus días?, ¿Cómo se cambia el ritmo de tus latidos?, ¿Con que melodía alegras tu espíritu?…”

Habían pasado tres días desde que Candy había ido a buscar a Terry, se había concentrado en su trabajo para así poder acumular horas extras y le fueran cambiadas por días de descanso que según su plan, pensaba acumular para realizar una segunda búsqueda en la cual pudiera quedarse más días.

Durante su descanso, la bella rubia gustaba de sentarse en una banquita de uno de los jardines del hospital. Mientras comía un emparedado, revisaba un periódico. Leía las últimas noticias sobre lo que sucedía en el mundo cuando al dar vuelta a la hoja se encontró con una noticia que la tomó totalmente por sorpresa

“El famoso actor Terriuce Grandchester estrenará el jueves “Persuasión” su más reciente obra de teatro”

– ¡No puede ser! – exclamó Candy, al momento qué veía el encabezado de la sección de espectáculos, siguió leyendo y pudo saber que la obra se estrenaría el jueves de esa semana en el “Ambassador Theatre” de Broadway a las 8:30 de la noche, y que las localidades para el estreno estaban ya agotadas al poco tiempo de haber sido puestas a la venta.

– ¡Ese es el nombre del cuarto teatro! – Recordó al leer la nota del periódico – pero, ¿cómo podré obtener boletos si decía que todos ya estaban agotados, al menos para la primera función?… tenía que regresar a Broadway y debía ser pronto, pero por el momento no habría posibilidades de pedir permiso, – no al menos hasta la siguiente semana – y eso sería difícil porque acababa de regresar de su descanso. Las funciones estaban programadas para llevarse a cabo los jueves y viernes, lo cual le dificultaba ir, pero tenía que ver cómo se las arreglaba para asistir.

El día del tan esperado estreno al fin había llegado, Terry se levantó temprano y salió a dar una caminata por un parque cercano para relajarse en lo que llegaba la hora de ir al teatro. Se sentía emocionado y hasta algo nervioso, – lo cual era raro en él -, caminó largo rato repasando los detalles de su personaje. Después de un rato regresó a su departamento, se dio un baño y se fue rumbo al teatro.

Pronto llegó la hora de levantar el telón, todos se encontraban ansiosos por comenzar, cuando al fin se apagaron las luces el tan esperado momento al fin estaba allí.

El éxito de la obra fue más allá de lo esperaban, la gente no paraba de aplaudir el buen trabajo de la compañía, todos habían desarrollado su rol de una manera excelente. La rivalidad entre Harold y Terry había ayudado a darle un gran realismo a la función. Al terminar, todo el elenco se fue a festejar como siempre, había cientos de admiradoras esperando la salida de Terry. Las jóvenes lo llamaban entusiasmadas, mientras él les regalaba su característica sonrisa fría, lo cual las hacía enloquecer aún más. Subió a su auto con gran dificultad y para despedirse les dijo sonriendo “Buenas noches hermosas señoritas” les lanzó un beso al aire y arrancó el auto en medio de enloquecidos gritos. Pronto llegó al salón donde se realizaría el festejo por la primera función de la obra, Terry estuvo platicando con sus compañeros y con Robert, este le comentó sobre algunos detalles que había notado y que necesitaba que le ayudara a que los demás lo corrigieran, eran minúsculos, pero no menos importantes. Durante las charlas Terry estaba bebiendo un poco más de lo normal, esto no pasó desapercibido por Joseph, – otro de los directores – después de un rato de observarlo y discretamente vigilarlo, fue hacia él para proponerle llevarlo a su casa para que pudiera descansar, Terry comprendió y se fue con él. Ya afuera, Terry le dio las llaves de su auto para que Joseph condujera y se retiraron de ahí.

En el auto, ambos iban comentando escuetamente sobre la obra y las impresiones de cada uno, Terry iba mirando hacia la ventana algo pensativo. Joseph comprendió que el joven no estaba de humor para charlas y prefirió no mencionarle nada. Una vez que llegaron al departamento de Terry y este insistió en que se llevara el auto y se lo regresara después. Antes de retirarse de ahí Joseph le dijo:

– Terry, sabes que tanto Robert como yo te apreciamos mucho, te hemos visto crecer como joven y como actor. Eres como un hijo para nosotros, así que cuando necesites o quieras platicar de lo que sea, o simplemente quieras un consejo de cualquier cosa, siempre que podamos estaremos para apoyarte.

Terry no dijo nada, descendió del auto y antes de cerrar la puerta le dijo:

– Eso es algo que siempre he sabido Joe, ambos son personas a las que respeto y admiro mucho, y sé que en cualquier situación puedo contar con ustedes… es solo que mi carácter no siempre me permite ser sincero con los demás… – el director miró al joven tratando de comprenderlo, al verlo beber así era obvio que había algo que no lo dejaba tranquilo… pero difícilmente se lo diría – sabes, creo que ella tiene razón… a final de cuentas soy solo un “ogro ermitaño” ja, ja, ja…

– ja,ja,ja… quién te dijo eso? – preguntó Joseph divertido por lo que acababa de escuchar.

– Una chica atolondrada de Boston… ja,ja,ja… hasta mañana Joe.

– Que descanses Terry.

Terry subió a su departamento, abrió y sin prender la luz se recostó en su cama, se quedó mirando fijamente al techo mientras su mente divagaba en muchas cosas…

– Ogro ermitaño… no cabe duda que se parecen mucho… ambas son un par de atolondradas, ja, ja, ja… es una lástima que no tenga ojos verdes… o pecas… eso sería lo único que le faltaría…

Poco a poco el cansancio lo fue venciendo, al fin se quedó dormido mientras la imagen de unos hermosos ojos verdes seguía grabada en lo profundo de su pensamiento.

Los días desde el estreno pasaban rápidamente, habían pasado ya dos semanas y pronto se tuvieron que abrir más días para la obra, porque los llenos totales dejaban a mucha gente fuera del teatro. Con las funciones llevándose a cabo casi toda la semana, a Terry no le quedaba tiempo suficiente para pensar en otra cosa que no fuera el trabajo, lo cual lo hacía sentirse bien.

Esa noche después de la función, Terry se dirigió a su camerino como de costumbre para cambiarse e irse a casa, estaba terminando de quitarse su vestuario cuando alguien llamó a la puerta. Terry no contestó -, ya todos sabían que no le gustaba ser molestado después de la obra y solo Joseph o Robert podían llamarlo tocando de una manera diferente, como en una especie de código entre los tres. La insistencia por seguir tocando la puerta lo hizo levantar la voz

– Ya saben que no me gusta que me molesten.

– ¡Ah…! Pues no lo sabía, pero de por si dudo mucho que a un ogro ermitaño como tú le gusten muchas cosas…

Al escuchar aquella voz Terry se levantó rápidamente a abrir la puerta…

– ¿Es que nunca se te va a quitar lo “ogro”, señor Terriuce Grandchester?

– ¡Maggie!

– ¡Sorpresa!

Ambos jóvenes se abrazaron gustosos de volver a verse el uno al otro, Maggie le entregó un ramo de rosas blancas, Terry las agradeció y las colocó sobre un pequeño sillón.

– Pasa por favor

– Si, gracias

– Todavía no salgo de mi asombro… pero ¿qué haces aquí?, ¿por qué no me dijiste que venías?

– Si te lo hubiera dicho ya no hubiera sido sorpresa… vine a ver tu obra porque resulta que ya eres tan famoso como yo – dijo la joven con una sonrisa pícara tratando de provocar al apuesto muchacho.

– Ja, ja, ja… comprendo señorita primera actriz, ¿cuándo llegaste?

– Hoy en la mañana, me instalé en un hotel cerca de aquí, Robert me mandó el boleto y aquí me tienes

– No me dijo nada

– Pues no, porque era una sorpresa… ji, ji, ji…

– ¡Y vaya sorpresa! ja, ja, ja…

– ¿Qué te parece si te invito a cenar?

– Perfecto, porque me muero de hambre…

– Ja, ja, ja… de acuerdo, solo déjame cambiarme y nos vamos.

– De acuerdo, me saldré un momento.

-¿Por qué?, ¿a dónde vas?

– Afuera, no pretenderás que me quede aquí mientras te cambias…

– Es verdad, ja, ja, ja… – rió Terry al escuchar la respuesta de la chica – perdona – Estaré listo en unos minutos.

– Ok, te espero

Maggie salió del camerino de Terry y esperó pacientemente afuera, a los pocos minutos el joven salió.

– Bien, ¿nos vamos?

– Claro

– Pero antes, tengo que prevenirte de algo

– ¿De qué?

– Ya lo verás… pase lo que pase tu sigue caminando y te subes al coche por favor, ¿de acuerdo?

– ¿Me quieres asustar verdad?

– Ja,ja,ja… no, solo te quiero prevenir

– Está bien.

Ambos jóvenes salieron por la puerta de atrás del teatro, al irse acercando a la salida Margaret podía escuchar un gran tumulto afuera, abrieron la puerta y la joven se quedó sorprendida al ver a cientos de jovencitas y algunos reporteros que esperaban la salida de Terry

– ¿Lista?

– Si

– Camina.

Terry colocó a Maggie detrás de él y sujetándola de la mano se fue abriendo paso entre las muchas jovencitas que estaban ahí, entre gritos y flashes de cámara lograron llegar al auto, no sin antes no pasar inadvertido para muchos que ambos iban sujetos de la mano. Maggie subió al auto y vio como con dificultades Terry lograba subir también, no sin antes despedirse de sus admiradoras con su acostumbrada sonrisa y aquel beso al aire. Al entrar al auto, Terry veía el rostro de Maggie que seguía asombrada de ver la cantidad de gente que había ahí.

– Tranquila, esto es todos los días

– ¿En serio?

– ¿Qué, a ti no te pasa igual? – dijo en un tono burlón

– Aaahh… Si, pero con chicos… – respondió la chica ligeramente ruborizada – aunque tengo que reconocer que son varios cientos menos que aquí.

– Ja, ja, ja… comprendo, bien, vámonos.

Terry encendió el auto y se fueron de ahí, durante el trayecto iban platicando de lo que había pasado en estas últimas semanas con cada uno. Maggie le hablaba a Terry de muchas cosas mientras que él era más escueto en su relato. Después de cenar, ambos seguían platicando tranquilamente:

– Creo que se puede decir que no has cambiado absolutamente en nada en estos meses, sigues siendo una chica atolondrada y que habla demasiado

– Y tú tampoco cambias Terry, sigues siendo un grosero, además no tengo por qué cambiar, a final de cuentas así soy yo…

Al oír esto, Terry se quedó pensativo por unos instantes, hacía tiempo atrás esas palabras se las había dicho a alguien más. Alguien a quien había decidido era mejor olvidar. Maggie se dio cuenta de que Terry se quedó pensativo, – era algo que no había visto antes en él. Pensó en preguntarle qué le pasaba, pero decidió que era mejor no hacerlo-, al menos no por el momento.

– Es cierto – respondió Terry, siempre seremos los mismos a pesar de que pasen los años… ¿y bien señorita Halligan, piensas quedarte mucho tiempo?

– Como la obra ya terminó no tengo prisa por regresar a Boston, así que pienso tomarme unas buenas vacaciones.

– Comprendo.

– Y dime ¿cuánto tienen programado que dure la obra en cartelera?

– ¿Ehh?… Ah, está proyectada para unas 8 semanas

– Mmm… Pues si las funciones están como la de esta noche yo creo que va a durar mucho más…

– Si creo que tienes razón… Y bien señorita primera actriz, cambiando de tema, ¿ya decidiste que vas a querer de postre?

– Mmm… creo que una rebanada de pastel de chocolate… ¿y tú?

– No, yo no quiero postre…

– Ah no-refunfuño la joven – si tú no quieres entonces yo tampoco, no me van a tachar de glotona en este restaurant tan elegante.

– Ja, ja, ja… ¡Pero si eso es lo que eres!, ¿no dijiste tu misma que te encantan los postres?

– Sí, pero no me gusta comerlos sola cuando estoy con alguien

– Esta bien, ¿qué te parece si entonces mejor pedimos un par de helados de chocolate para cada uno en vez de pastel?

– ¡Sí! , estoy de acuerdo

– Ja, ja, ja… Ok.

Salieron del restaurante y siguieron platicando durante un buen rato, cuando se percataron de la hora, Terry llevó a Maggie a su hotel y quedaron de verse nuevamente. Las horas que habían estado juntos habían logrado que Terry estuviera de muy buen humor, lo cual, tenía tiempo que no sucedía.

“Lo que necesito es dejarme descubrir, lo único que quiero es detenerme y volver a empezar junto a ti, aun no te conozco, y ya te puedo distinguir, quiero dejar los fantasmas de mi pasado, quiero volver a ser feliz”

Maggie y Terry comenzaron a salir frecuentemente, la chica lo esperaba a terminar la función para ir a tomar un café, caminar, o simplemente platicar, en las últimas dos semanas su amistad había crecido y se había fortalecido mucho más.

Margaret con su interminable parloteo y sus ocurrencias, hacía de aquellas reuniones toda una aventura. Ella se divertía mucho con el señor “ogro ermitaño”, y el por su parte se dedicaba a molestarla, pero como la chica ya estaba acostumbrada a sus sarcasmos le devolvía las palabras logrando que ambos pasaran tardes y noches realmente divertidas. Maggie fue contándole poco a poco más sobre ella y su vida, y Terry –aunque un poco más reservado- le contaba brevemente de algunos sucesos de su vida. En compañía de Margaret, poco a poco Terry fue dejando de lado sus pasadas tristezas, disfrutaba de la compañía de aquella chica – que si bien hablaba hasta por los codos -, era divertida, optimista y decidida, lo cual, le gustaba de ella. A veces por las mañanas después de desayunar juntos Terry la llevaba a recorrer Nueva York para que conociera los diferentes atractivos turísticos de la ciudad, pero las ocurrencias de Margaret eran algo que hacía de esos paseos toda una experiencia.

Una noche después de la función, Maggie esperaba a Terry como de costumbre, cuando se encontró con Harold

– Buenas noches, señorita.

– Buenas noches.

– ¿Busca a alguien?

– No, gracias, estoy esperando a Terry.

– ¿Terriuce Grandchester?

– Sí…

– ¿No me diga que es su novia?

– No, solo somos amigos – respondió de inmediato la joven.

– Mmm… – murmuró despectivo el joven rubio al escuchar ese nombre – señorita, ¿puedo darle un consejo?

– ¿Ehh?… por supuesto – respondió Maggie extrañada.

– No espere mucho de esa persona, él no es alguien que tome en serio a las mujeres, hay que ver lo desdichada que hizo la vida de nuestra querida Susana hasta que por fin acabó con ella.

– ¿Quién es Susana? – preguntó sin saber ni entender por qué ese joven le estaba diciendo esas palabras.

– ¿No sabe usted que fue la esposa de Terry? – ¡Ahh, si la pobre Susy viviera…! por eso le aconsejo que no se fie de ese hombre, porque en el fondo es un ser perverso al que le encanta jugar con los sentimientos de las jovencitas. Hay que ver como se burla de todas las chicas que lo esperan todos los días al terminar la función. Bien, buenas noches señorita, con su permiso.

El joven se retiró complacido de haber soltado su veneno en contra de Terry dejando a Margaret totalmente sorprendida y sin saber que decir, ¡Terry jamás le había contado sobre que hubiera estado casado! Las palabras de aquel hombre la hicieron sentir como si estuviera junto a una persona que para nada era aquel muchacho que conocía o que ella suponía conocer. Pronto, comenzó a pensar en Terry y se dio cuenta que de su vida personal había demasiadas cosas que desconocía. La cabeza de Margaret comenzaba a hacer todo tipo de preguntas sin respuesta cuando Terry salió de su camerino. Al verla algo distraída le dijo:

– ¡Listo! ¿Nos vamos?

– ¿Ehh?, ¡Ahh, si!

– ¿Qué te pasa?

– Nada – exclamó la joven tratando de que él no se percatara de que estaba confundida con lo que Harold le había dicho – Te tardaste mucho.

– ¿Te parece?… bueno, para lo desesperada que eres, cualquier persona se tarda mucho.

– Es cierto…

Al salir del teatro, Maggie observaba a Terry mientras subían al auto. En el trayecto, la joven iba callada, apenas si cruzaba palaba alguna con Terry, lo cual hacía que el apuesto actor se diera cuenta de que las cosas no eran como ella las decía, había algo que la perturbaba o la molestaba, y eso lo intrigaba, ella no era así. Terry dirigió su auto hacia un pequeño restaurant, cenaron y después de pasar la cena con breves conversaciones. Terry dijo:

– ¿Maggie, me vas a decir que te sucede?

– Ya te lo dije Terry, nada.

– Podrás decir lo que quieras, pero en esto de la actuación te llevo una total ventaja, no me engañas tan fácilmente

– Eso es lo que me temo

– ¿Por qué lo dices?

– No, por nada.

La chica permanecía callada, no sabía cómo poder preguntarle a Terry sobre lo que le había dicho Harold, aunque siendo sincera, ella quería saber.

– Creo que ya es algo tarde, ¿te parece que nos vayamos ya?

– Sí, como tú digas.

Ambos salieron de aquel lugar, camino al hotel seguían sin decir palabra alguna, Terry no se iba a quedar con la duda de qué era lo que estaba pasando, así que detuvo el auto enfrente de un pequeño parque que tenía una fuente.

-¿Qué sucede?

– Quiero que me acompañes a caminar un rato – dijo Terry

– Pero tú dijiste que ya era tarde. Además me siento algo cansada el día de hoy.

– Será solo un rato, lo prometo.

– Bueno, está bien.

Bajaron del auto y comenzaron a caminar. La luz de la luna iluminaba sus rostros, Terry observaba a Maggie pensativa; ella por su parte pensaba en mil y un cosas, de vez en vez volteaba a ver el rostro de Terry, se veía tan apuesto, tan varonil, ese aire aristócrata que tenía en su porte lo hacían distinguirse de entre cualquiera. Se sentaron en una banca frente a la fuente y después de unos minutos de silencio escuchando el rumor del agua corriendo él inició la conversación.

– Bien señorita Halligan, quiero que me digas que es lo que sucede, porque no creas que me creo eso de que “no pasa nada”

– ¡Que insistente eres!, – exclamó la joven –

– Si fueras otro tipo de persona no te diría nada, pero en tu caso las cosas son demasiado obvias. Simplemente porque tú no eres así; qué, ¿acaso no me tienes confianza?

– Eso es lo que yo debería preguntarte a ti – respondió Margaret casi al instante mientras Terry la miró extrañado al escuchar aquella respuesta.

– Terry, yo siempre he sido sincera contigo en todo, pero creo que hasta ahora me doy cuenta de que tu no lo eres conmigo.

– ¿Por qué lo dices? No entiendo a qué viene todo esto…

-Terry, te voy a hacer una pregunta y quiero que me respondas con la verdad… ¿Quién es Susana?

Al escuchar ese nombre, la expresión del apuesto joven cambió instantáneamente, su gesto se tornó serio y sus facciones se endurecieron.

– ¿Quién te habló de ella?

– Eso no importa, por favor, respóndeme.

– Está bien, te lo diré, Susana fue mi esposa hace algunos años, era una actriz de la compañía.

– ¿Por qué nunca me dijiste que habías estado casado?

– Porque es una parte de mi vida de la que no me gusta hablar.

– Pues creo que al menos deberías haberme mencionado algo de eso, ¿no crees?, parece que solo te gusta jugar con las mujeres.

– ¡Eso no es verdad! – exclamó Terry molesto por lo que la chica le acababa de decir.

– ¿Ah no?, ¿Y entonces cómo se le puede llamar? Me engañaste, creí que eras soltero.

– Yo no te engañé, nunca me preguntaste nada sobre eso, y además eso es algo que no te importa, porque final de cuentas esa persona murió hace tiempo.

– ¡Quiero irme a mi hotel!

– ¿Qué dijiste?

– ¡Lo que oíste!, quiero irme a mi hotel, ¿me llevas o tomo un taxi?

– Antes tenemos que terminar esta conversación – dijo Terry también molesto.

– No quiero seguir platicando, buenas noches señor Grandchester.

Maggie decía esto mientras se acercaba a la calle y le hacía la señal a un taxi para que se detuviera.

Terry intentó alcanzarla pero ella ya se había subido al taxi, así que simplemente dejó que se fuera, estaba realmente molesto por haber tenido que hablar de Susana, pero sobretodo le intrigaba el saber cómo era que Maggie se había enterado de ello. Se subió a su auto y se fue a su casa, en el trayecto, su mente buscaba una explicación sobre cómo se habría enterado. Robert y Joseph jamás se hubieran atrevido a decirle, tenía que haber sido alguien que pudiera gozar con las consecuencias, por lo que solo un nombre cruzó por su mente: Harold McLain. Al llegar al departamento y sin más preámbulos se puso el pijama y se fue a dormir: ya mañana pondría las cosas en su lugar con aquel mequetrefe.

Maggie por su parte se encontraba ya acostada en su habitación, no podía dormir porque había muchas cosas en su mente. Se sentía enojada por esa discusión con Terry, pero también algo triste porque había descubierto que él no confiaba en ella como creía, pensaba además, que ella no era nadie para reclamarle a Terry esas cosas, a fin de cuentas eran solamente amigos, pero no podía evitar sentirse confundida.

Así pasaron tres días desde aquel incidente, Maggie no había ido al teatro esos días y a Terry se le veía de mal humor la mayor parte del tiempo, ese día ya casi a la hora de iniciar la función Terry se topó con Harold.

– Te voy a pedir que hagas el favor de no meterte en mis asuntos – le dijo Terry al joven rubio en un tono claramente molesto.

– ¿Yo ¿por qué lo dices?, ¡ah!, lo dices por lo que le dije a aquella jovencita… deberías agradecérmelo, yo solo le advertí la clase de tipo que eres.

Terry estaba furioso al escuchar esto, empujó a Harold contra la pared ante el asombro de varios de sus compañeros del elenco.

– ¡No te atrevas a meterte con ella!, te lo advierto, si te vuelvo a ver cerca de Maggie te aseguro que no me voy a contener.

– ¡Vaya! ¡Cuánto te importa esa chica!… ¡pero cómo han decaído tus gustos Terriuce, Susana era mucho más hermosa que ella!

Al oír esto Terry no pudo más y soltó un puñetazo en la cara del joven que lo hizo caer al suelo.

– Te lo advierto Harold, no vuelvas a meterte con Margaret o te vas a arrepentir.

– ¿Me estas amenazando?

– Te lo estoy advirtiendo, me tiene sin cuidado si crees que es una amenaza o no.

Terry se encerró en su camerino, azotó la puerta tan fuerte que cualquiera hubiera jurado que se rompería en mil pedazos con ese golpe. Se sentía furioso, ¿quién se creía ese imbécil que era? ¡Quién sabe qué tantas cosas le habría dicho a Margaret para que estuviera tan enojada con el!, no lo había buscado en tres días, ni el a ella… su orgullo podía más que él, sin embargo, al saber que Harold era el responsable en el cambio de actitud de la chica sería necesario buscarla y arreglar la situación.

Después de la función, Terriuce salió en busca de Maggie; llegó al hotel y subió a su habitación. Llamó a la puerta y unos instantes después la joven abrió.

– ¡Terry!, ¿Qué haces aquí?

– Necesito que hablemos.

– Yo no quiero hablar contigo.

– Pues tendrás que escucharme, porque no pienso irme.

– ¿Por qué siempre eres tan grosero?

– Por favor Maggie, necesitamos hablar

– De acuerdo, de acuerdo, pero no es correcto que estemos aquí. ¿Si lo entiendes verdad?

– Te espero en el lobby y de ahí nos vamos a alguna parte, ¿Te parece?

– Si, de acuerdo, dame 10 minutos.

– Te espero abajo.

Terriuce bajó al lobby, minutos después llegó Margaret, el rostro de la chica mostraba su molestia por lo que estaba pasando, Terry la alcanzó y ambos salieron de aquel lugar. Pronto llegaron al mismo parque de la vez anterior y se sentaron en una de las bancas.

– Bien Terry aquí estoy, ¿de qué querías hablarme?

– Antes que nada, quiero ofrecerte una disculpa por lo de la otra noche, he estado pensado en ello y… es cierto, tal vez no he sido del todo sincero contigo.

– mmm… no tienes por qué disculparte, discúlpame tú a mí, no debí meterme ni preguntarte, si no me quieres decir nada de tu vida personal, esa es tu decisión.

– Si…, bueno, el caso es que quiero que escuches lo que voy a contarte.

– Está bien Terry, te escucho.

Terry recargó sus brazos sobre sus piernas y con su mirada fija en la fuente comenzó a relatarle a Margaret la historia de su vida. A medida que le relataba los sucesos de su vida la actitud de la chica fue cambiando, estaba descubriendo a un ser que jamás habría imaginado antes, su vida no había sido nada fácil, ahora podía incluso comprender esa actitud de “ogro ermitaño” como ella lo llamaba y que ahora se avergonzaba de recordar que fue precisamente ella quien le puso así. Las expresiones en el rostro de Terry cambiaban constantemente a lo largo de su relato, ella lo observaba y solo de vez en cuando se atrevía a cuestionarlo.

Mientras Terriuce le iba contando todo a Maggie se iba sintiendo mejor, poco a poco se le iba quitando un peso de encima. Habló así durante un buen rato hasta que por fin, se recargó en el respaldo de la banca y dijo:

 

– Bien señorita Halligan, esa es hasta hoy la historia de mi vida…

– ¡Wow!, nunca lo habría imaginado… pero entonces, cuando llegaste a Boston, ¿acababas de dejarla en Escocia?

– Sí.

– Pero… ¿no has vuelto a saber nada de ella?

– No. He procurado no enterarme de nada de ella desde aquel día.

– Y ¿por qué?

– ¿Cómo que por qué?… ¿acaso no pusiste atención? No cabe duda que eres una atolondrada…

– Bueno, sí, pero a lo que yo me refiero es ¿por qué permitiste que se quedara si ella ya te había dicho que te amaba?

– Ella ya había tomado su decisión… y yo la mía… no había nada más que hacer…

– Pero… no lo entiendo… fuiste hasta allá, ¿y al final, te rendiste?

Esa frase puso el subconsciente de Terry totalmente alerta, ¿por qué esa chiquilla le estaba diciendo que se había rendido? ¡Él no había hecho tal cosa!… o tal vez nunca lo había pensado de aquella manera…

– Aunque no lo creas, es de sabios saber el momento en que uno debe retirarse – dijo Terry tratando de enfriar un poco el interés de la joven

– Mmm… eso más bien suena como “filosofía de ogro”

– Ja,ja,ja – rió Terry al escuchar semejante ocurrencia – de acuerdo señorita… pero… no tiene caso ya saber nada, seguramente a estas alturas debe estar “felizmente casada con él” además, yo no la obligué a nada, a final de cuentas ambos tomamos una decisión, cada uno seguiría por el camino que eligió.

– Pero…

– Maggie, en verdad es algo de lo que no quiero habla más; si te lo conté es porque a partir de ahora no quiero que haya malos entendidos entre nosotros y menos por culpa de imbéciles como Harold.

– Está bien, no voy a preguntar más… pero, ¿te puedo pedir que me prometas algo?

– ¿Qué cosa?

– Que a partir de ahora me tendrás más confianza, somos amigos y en verdad me gustaría que pudiéramos apoyarnos el uno al otro en lo que sea.

-Mmm… aun si no es mi fuerte confiar en jovencitas atolondradas, lo haré te lo prometo – dijo guiñándole un ojo a la chica.

– Gracias Terry – respondió con una amplia sonrisa.

Terry y Maggie se quedaron sentados sin decir nada por unos instantes, algo había cambiado en ambos, a partir de ese momento y sin saber exactamente qué, ambos se sentían a gusto en compañía del otro. Charlaron un rato más y después Terry llevó a Margaret a su hotel quedando de verse al día siguiente.

“He notado que el amor vuelve, he notado que comienzo a mirar hacia dentro sin dolor… vuelto a sentirme feliz contigo, sé que no eres perfecta, ni yo lo soy. Pero la oportunidad de vivir nuevamente vuelve, para alcanzar una realidad prometedora, feliz y mejor”

Nuevamente las salidas entre Terry y Maggie se habían reanudado, platicaban y bromeaban de todo y por todo, desde aquella noche Terry había cambiado mucho: se le veía más en confianza, más alegre… Maggie por su parte, había conocido a un Terry que jamás se hubiera imaginado que existía: había quedado lejos aquel sobrenombre de “ogro ermitaño” que ella misma le había puesto para dar paso a conocer a un hombre divertido e interesante además de muy apuesto… si, esta última frase había comenzado a rondar su mente con mayor frecuencia.

Cierta noche después de la obra Maggie esperaba a Terry como de costumbre, cuando el apuesto joven salió se dispusieron a abandonar el lugar cuando una voz salida desde el fondo del pasillo los detuvo:

– ¡Maggie!, ¡Terry!

– ¡Robert!, ¿qué sucede?

– ¡Qué bueno que los alcancé!, necesito hablar con ustedes

– ¿De qué se trata Robert? – preguntó Maggie

– No quiero tratar esto aquí en el corredor, ¿les importaría acompañarme a la oficina un momento?

– De acuerdo – contestó Terry al mismo tiempo que Margaret asentía con la cabeza. Una vez dentro y después de que los tres tomaran asiento el director comenzó a hablar:

– Muchachos, necesito pedirles un favor, bueno, en especial a ti Maggie.

– ¿Qué pasa Robert?, ¿hay algún problema? – preguntó Terry intrigado

– Te escucho Robert – dijo Maggie

– Seré breve e iré al punto… Maggie, necesito que suplas a Karen por lo que resta de la temporada.

Esta noticia sorprendió mucho a ambos jóvenes; aunque Terry ya sospechaba algo, no esperaba que realmente sucediera, su intuición le decía que la llegada de Margaret no había sido del todo una casualidad.

– ¿Por qué Robert? – volvió a cuestionarlo Terry

– Lo que sucede es lo siguiente: como ustedes saben, Karen está casada con Lawrence, Karen está embarazada y ha llegado el momento en que no se puede ocultar más, así que ella y Lawrence han decidido dejar la obra y mudarse a Florida, al menos hasta la llegada del bebé, esto no habríatenido por qué pasar, pero si he de serles franco, no esperaba la respuesta que hemos tenido con la obra, no me imaginé que estuviéramos tanto tiempo en cartelera, y como todavía faltan varias semanas para que termine la temporada esta situación me ha puesto en un aprieto porque no tengo con quien sustituirla al ser la actriz principal. El papel de Lawrence ya está cubierto, pero el de ella aun no, es por eso que me veo en la necesidad de pedirte que me ayudes Maggie.

– ¡Wow Robert! No sé qué decir…

– Pero Robert – interrumpió Terry – ¿No crees que será difícil para Maggie?, es un rol protagónico, y la obra tardó varios meses en estar lista, no hay tiempo suficiente para que aprenda todos los diálogos.

Margaret se sintió molesta al escuchar el comentario de Terry, por un momento pensó que esa parte egoísta que tanto detestaba de él hacía su aparición, pero al observarlo, se dio cuenta de que el apuesto joven no lo hacía por egoísmo, sino porque le preocupaba la obra, después de todo, un actor tan perfeccionista y bueno como él tenía que pensar en el bienestar de su trabajo.

– Yo creo que Maggie puede perfectamente con el papel, además para ayudarla espero sinceramente contar con tu ayuda, ustedes son buenos amigos y Maggie ya ha trabajado contigo antes, así que no creo que sea tan difícil para ambos, además… creo que es una magnífica oportunidad para ella, ¿tú que dices Maggie?

– En verdad es algo que no esperaba –  replicó la joven, pero no creo quesea imposible de hacer, he visto varias veces la obra y comprendo de qué se trata el personaje.

– Por supuesto se te pagará como la protagonista que serás – mencionó Robert

– Gracias, pero eso es secundario, lo que importa es saber de cuánto tiempo dispongo para ensayar y sobretodo saber si Terry me acepta como su compañera – dijo la chica volteando a ver a Terry.

– No lo sé Maggie… la verdad es que siento que será demasiado pesado para ti

– Le pido que me dé una oportunidad señor Grandchester – le dijo la chica mirándolo llena de decisión

– Mmm… de acuerdo –  contestó el muchacho – pero de una vez te advierto que deberás esforzarte más allá del 100%

– Eso es algo tan predecible tratándose de ti – exclamó la joven con el rostro resignado, lo cual solo provocó la risa de los ahí presentes

– Terry cuento contigo para que la ayudes con su interpretación, yo hablaré mañana con todo el elenco para que nos ayuden con ensayos y demás

– De acuerdo Robert

– Robert, gracias por darme esta oportunidad, te prometo que no te fallaré

– Confío en ti Maggie, muchas gracias a los dos

– ¿Cuánto tiempo tenemos Robert? – preguntó Terry

– lo que resta de esta semana y dos semanas más

– ¡Wow! ¡Vaya que si es poco tiempo!… más vale que me ponga a estudiar, porque mi profesor es bastante estricto

– ¡Ah sí! Y te castigaré severamente si no te aplicas y estudias ja,ja,ja…

Los tres rieron nuevamente, y luego Terry y Maggie salieron a cenar. Durante la cena se la pasaron hablando de la obra, Terry le exponía a la joven sus reservas respecto a la decisión de Robert pero la joven se mostraba tan segura y confiada que prefirió no cuestionarla más y ayudarla todo lo que fuera necesario, después de todo, le había prometido confiar más en ella.

A partir del día siguiente Maggie y Terry se dedicaron a estudiar arduamente, había muchas cosas que hacer y muy poco tiempo para hacerlo, durante las mañanas y antes de las funciones ambos se iban al departamento de Terry y ensayaban; cuando podían practicaban en el teatro y con los compañeros, los cuales a pesar de tener sus dudas sobre si Margaret daría el ancho del papel, la apoyaban en lo que podían, sobre todo al ver que Terry la apoyaba de una manera por demás incondicional. El día del debut de Margaret llegó pronto, gracias a las múltiples exigencias de Terry las cosas habían salido de maravilla. Pronto la prensa comenzó a hacer comentarios sobre la nueva actriz de la compañía Strafford que prometía ser equiparable en talento al multi – aclamado Terriuce Grandchester, sin olvidar que la amistad entre ambos – según los diarios- era algo más allá de lo que ellos mismos decían. La nueva y prometedora pareja de la compañía Strafford había nacido.

 

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  1. Wow. q capítulo tan emocionante aunque después de tanta espera valió la pena … pero parecería como sí entre terry y maggie fuera existir algo más bueno no hagas sufrir a candy espero con ansias el próximo capítulo

  2. Que alegría encontrar este nuevo capitulo estoy feliz te cuento que tal

  3. Este capitulo estuvo muy bueno pero comparto el comentario de Anonymous porque es como si quisieras que terry olvidara a Candy y no es justo mas sufrimiento pero espero a ver que tal el proximo.

  4. Ay me encanto el capitulo y si valio la pena tanta espera…. Pero eso de k Terry y Maggi se hacen mas amigos no me gusto por k no me kiero imaginar k vayan a tener algo mas k eso Nooooo …..y ya kiero k Candy y Terry se encuentren porfis. Espero el otro capitulo con ansias… Saludos…

  5. Que vuen capitulo, pero porfavor ya no tardes tanto en subir el siguiente! Te felicito! 🙂

  6. quedo espectacular¡¡¡BUEN TRABAJO (>.<)¡¡¡

  7. mmmmmm esto me sono como terry y maggy y no me gusto nada por q no se ablo nada de candy casi… me gusta como escribes pero este no me gusto nada…

  8. terry y candy amor para siempre

  9. no noooooooooooooooooooooooooooooo!!! quiero a la maggie para terry. please!! que se encuentre con candy, y se demuestren lo mucho que se aman. terry y candy for ever. no el tiene que quedarse con la pecas. nada mas con ella lo compartimos. please!! no tardes ya queremos el encuentro entre ellos. que sea lemon jijiji 🙂 😀 😉 cuidate.

  10. PORFIS!! QUE NO SE ENAMORE TERRY DE LA MAGGIE. 🙁 ME CAE MAL ESA MAGGIE. LA ODIO, NO LA QUIERO PARA TERRYTO.:( QUE YA SE ENCUENTRE CON LA PECAS.:) ELLOS SE AMAN, Y MERECEN SER FELICES.:D PLEASE!! YA NO LOS HAGAS SUFRIR A ELLOS Y A NOSOTRAS. 🙁 YA QUEREMOS FELICIDAD, 😀 😉 🙂 ENCUENTRO ENTRE ELLOS, PASION Y MUCHO, MUCHO AMOR. 😀 ;D 😀

  11. excelente el relato!! pero Candy y terry se encuentren please!! merecen ser felices 🙂

  12. Muy buen trabajo, gracias por ponernos al tanto de cada capítulo del Final Story, ahora quiero saber el dia que saldrá la otra publicación.

  13. donde leo el siguiente capitulo??? e bueno!

  14. Recién lo voy terminando… El siguiente capítulo está listo 🙂

  15. Espero que lo publiques pronto, mandame el link para poder leerlo. Gracas

  16. Hola Sakura,no habia tenido tiempo para leerte,como tardaste tanto en publicar,ya casi no entro como antes pero déjame decirte que aunque me gusta tu historia,no me gusto este capitulo,no quiero que Terry compare a Maggy con Candy y termine enamorándose de ella,es mi humilde opinión.Besos

  17. por favor publica lo que falta de la historia ya que hace mucho queespero

  18. hola me gustaria hacer nuevos amigos as gracias

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