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Aun en el tiempo y la distancia… al final habremos de encontrarnos Capítulo 3

Capítulo 3 Viejos recuerdos, nuevas promesas

“Realmente no estoy tan solo, ¿quién te dijo que te fuiste? si uno no está donde el cuerpo sino donde más lo extrañan… y aquí se te extraña tanto, tú sigues aquí sin ti, conmigo…

Era simplemente una especie de santuario para ellos: el portal de las rosas, lleno de vida ante tan hermosas flores, les traía un sin fin de veces el recuerdo de Anthony y Rose Marie, que tanto las amaban, en ellos vivía el recuerdo de cómo estos dos seres, habían dejado en esas rosas su esencia, su amor, parte de su vida. 

Cuando se encontraban en Lakewood, Candy sentía tan cercana la presencia de Anthony que podía hasta jurar que él la cuidaba de todo como una especie de ángel guardián, sentada en una banca contemplando las rosas podía sentirlo, decirle todo lo feliz que era ahora al lado de su madre.

–Anthony, si supieras la falta que me has hecho, tu y Stear, llenaron de alegría mi vida, ambos junto con Archie lograron que mi estadía en casa de los Leegan fuera algo lindo, pues siempre estaban ahí para hacerme olvidar los regaños de la Señora Leegan, recuerdo cómo me hablabas de tu madre con tanta emoción y amor hacia ella, el cuidado y el amor que tenías hacia tus rosas, sé sin temor a equivocarme, que las querías tanto porque sentías que tu madre había dejado algo de ella en las rosas, así como yo ahora lo siento contigo, cuando vuelvo a este lugar me es simplemente imposible no sentir tu presencia en el, te veo en cada rincón, ¡ah Anthony!.., no sabes la falta que me haces, pero, para qué llorar porque ya no estás, mejor ser feliz y agradecerte con toda el alma los tesoros que me dejaste, tu amistad, el haberte conocido y uno de los más preciados quizás porque es el que más me recuerda a ti, las “Dulce Candy”, esa hermosa rosa que creaste solo para mi, gracias Anthony gracias porque sé que aun sigues aquí. Estoy segura que tú y Stear, son mis ángeles guardianes.

Después de varias horas de estar en el jardín evocando recuerdos de su infancia, la joven rubia se dirigió a su habitación mientras Albert había salido a terminar unos negocios.

–Sin Annie y Archie, esta casa se siente tan sola…, me causa un escalofrió el estar sola en semejante casona, pero en los jardines comienza a sentirse el frío, será mejor que me vaya a mi habitación.

–Buenas tardes Señorita Candice – decía George al ver entrar a la joven 

–Buenas tardes George, ¿sabes si Albert llegará para cenar?

–Me temo que no, Señorita. Candy,

–Está bien, estaré en mi habitación.

George asintió al comentario de la rubia y esta prosiguió a subir a su habitación

–Definitivamente esta será una larga noche, porque por lo visto me la pasaré sola todo el tiempo – pensaba ella mientras entraba a su habitación, al llegar a su cama notó una pequeña nota, la tomó entre sus manos y prosiguió a leerla. 

Querida Candy:

En tu vestidor hay un vestido para ti, se me presentó un baile, es muy importante nuestra presencia, lamento no haberte dicho nada antes de salir, pero estabas tan absorta en tus pensamientos que no quise interrumpirte, la doncella tiene todo lo que será necesario que lleves puesto, ya que es de verdad muy importante, el chofer te llevará al lugar de la reunión, te espero puntual a las 8:00 p.m.

                                                                                           Albert.

–Pero si son las 6:00 p.m., ¡apenas y tengo tiempo para arreglarme!– decía Candy apresurándose a llamar a su doncella para que la ayudara a arreglarse, corrió de prisa y se dio un baño rápidamente mientras que Wendy le ayudaba a tener todo listo para transformarla en una elegante dama de sociedad, al salir de su baño junto a su cama yacía un elegante vestido, Candy se quedó maravillada, y se dispuso a arreglarse, fue así que después de una hora quedo lista. La damita salió a toda prisa y se dispuso a abordar el auto que Albert había destinado para que la llevase a su encuentro.

El trayecto duró unos veinticinco minutos, por fin había llegado a su destino mas Candy se sentía un poco desconcertada, el lugar al que había llegado era una gran mansión a la altura de una majestuosa fiesta como la que Albert había descrito en su recado, pero algo no concordaba si era un baile tan importante ¿por qué esta se encontraba totalmente a oscuras?…, algo no estaba del todo bien, era lo que Candy se repetía una y otra vez, no sabía qué era exactamente lo que sucedía pero iba a averiguarlo.

El chofer la ayudó a bajar del auto. Acto seguido ella se dispuso a entrar a la oscura mansión, al dar el primer paso dentro de ésta, un bello salón decorado con grandes y hermosos arreglos de rosas se iluminó con una tenue luz producida por candelabros arreglados elegantemente con rosas que bajo la luz de los mismos destellaban en sus pétalos con la misma intensidad que las Dulce Candy bajo los rayos del sol, a lo lejos del pasillo la esperaba un elegante caballero arreglado con un frack azul marino y con su melena dorada recogida en una coleta que lo hacía lucir seductor, Candy estaba maravillada ante tal sorpresa no había invitado alguno en ese baile majestuoso, solo su príncipe de dorada cabellera y ella.

Algo impresionada aun, se dispuso a bajar los escalones que la conducían al pasillo donde la esperaba su protector.

Albert simplemente la admiraba maravillado con la elegancia e inocencia que irradiaba aquella jovencita que bajaba uno a uno los escalones aproximándose a su encuentro, bella, simplemente se veía bella, en aquel vestido color rosa pastel que el mismo escogiera para ella, el escote de este dejaba sus blancos hombros al descubierto, dando a la hermosa rubia un aire inimaginable de frescura y sensualidad, entre las telas de su vestido se notaban claramente las curvas que venían a delatar que aquel ángel de dorada cabellera que se le aproximara escalón tras escalón había dejado de ser una niña para transformarse en una mujer, su cuello solamente adornado con esa gargantilla color rosa que el le obsequiara en su cumpleaños era el complemento perfecto a su sin igual belleza, no podía creer que el estuviera ahí, la sintió ya tan cerca que simplemente la tomó entre sus brazos levantándola así del suelo, giró con ella al compás de una conocida melodía que se comenzaba a escuchar.

– ¿Bailamos? –- Preguntó el joven aun sosteniéndola en el aire. –-

– ¡Albert! –- Le replicó ella dando con su sonrisa un inconfundible si por respuesta. 

Y así comenzaron a bailar, sintiendo como la magia del lugar se apoderaba de ellos mismos, la alegría afloraba en los rostros de ambos moviéndose al compás de la melodía que al unísono se dejaba escuchar por toda la habitación.

–Candy– pronunció él dejando a su vez de bailar. 

– ¿Pasa algo? – decía la pecosa impaciente por saber qué era lo que su acompañante traía entre manos. –-

– Quisiera saber si, ¿eres feliz conmigo?

– Pero que pregunta…, sabes que soy feliz a tu lado Albert.

– Entonces… ¿Te casarías conmigo? – decía Albert mientras sacaba de su saco un bello anillo con un solitario diamante. – 

– ¿Qué? –- dijo la pequeña totalmente asombrada ante semejante declaración. – ¿Qué si me caso contigo?

–- Si pequeña, te amo y quiero que seas mi esposa ¿aceptas? – Preguntaba nuevamente tomando su mano e intentando colocar en su dedo el precioso anillo. 

–- Si Albert, acepto.

– ¡Pequeña no sabes cuan feliz me haces! –- Decía el caballero colocando ya sin temor el anillo en la mano de su amada, y tomándola entre sus brazos después del acto. 

– Te amo Candy, no sabes cuánto. 

– ¿Todo lo tenías preparado verdad?

– Si, ¿te gustó la sorpresa?

– Claro que me gustó, todo entre tú y yo ha sido simplemente mágico.

– Bueno, la hora de irse a descansar ha llegado, es tarde y mañana recibiremos de nueva cuenta a Archie y Annie, además de que a la tía no le gustará para nada que estemos despiertos a estas horas.

– Es cierto, está bien Albert, hasta mañana, que tengas dulces sueños

– Igual tu princesa, ¡te amo! –terminó el joven depositando un pequeño beso en la frente de su amada y con éste despidiéndose de ella. 

Candy entró a su habitación, evocando un gran suspiro al cerrar la puerta, 

– No puedo creer lo que viví hoy, – decía al admirar el anillo en su mano, – Yo esposa del señor Andley, esposa de ¡Albert! Estoy segura que él me hará feliz…, si, ah soy tan feliz con el…. ¡Lo quiero tanto!

La mañana se asomaba por las ventanas de la mansión, los rayos de sol en su esplendor matutino traían consigo el despertar de los habitantes de dicha casa, el inicio de un nuevo día, un día en el que las buenas noticias abundaban.

Archie y Annie habían llegado ya de su largo viaje de bodas, la mansión Andley los recibía con gran alegría, y más con la esplendida noticia que traían con su llegada.

Ellos habían contraído nupcias unos meses después de que Archie se graduara en la universidad de Chicago, su gran audacia en los negocios de la familia le facilitó crear su propio bufete de abogados y tener relación con los miembros más importantes de la economía de Chicago, su experiencia y el renombre de su familia le permitieron abrirse las puertas fácilmente, permitiéndole crear y administrar una fortuna que ascendía constantemente muy aparte de la que la familia tenía, su boda con Annie lo había llenado de dicha, ambos habían ido a Europa para su viaje de bodas, y para completar su felicidad, traían consigo la noticia de la pronta llegada del primogénito de la familia Corneld Britter.

Fueron recibidos en la mansión de Lakewood por la mañana en un emotivo desayuno, Candy al bajar a tomar su desayuno quedó totalmente asombrada al encontrar a sus grandes amigos ahí, esperándole a desayunar. 

–Annie, Archie! ¿Cómo es que ya están aquí? – Decía al aproximarse a ellos con gran emoción. –-

– ¡Candy!, ¡Cuánto te he extrañado! – le reponía Annie, mientras era víctima del gran abrazo de su amiga. –-

– ¡Oh Annie, apenas y puedo creer que ya estés aquí! –- Le repetía la rubia estrujándola en un abrazo lleno de emoción y dicha por recibir a su amiga. –

–Y ¿que yo no me merezco una bienvenida de tu parte? – Decía en un tono gracioso y reclamante el caballero que observaba la escena. –

–Ohh Archie discúlpame, pero es que sólo tengo dos brazos pero, ¡ya llegó tu turno! – terminaba Candy envolviéndolo también en un gran abrazo. –

–Pero si los esperábamos hasta la tarde.

–Sí, pero decidimos llegar un poco antes y darles otra sorpresa.

– ¿Cómo que otra? – preguntó Albert ante aquel comentario. –

–Si otra sorpresa porque… queremos informarles que en tan solo cinco meses tendremos la esperada llegada del primogénito de la familia Corneld Britter – decía el caballero con un tono de orgullo en sus palabras y un inigualable brillo de amor y entusiasmo en sus ojos, mientras tomaba a su esposa entre sus brazos. 

– ¿Eso significa que pronto seré tía? – Reponía Candy mientras su ojitos se abrían de par en par llenos de emoción ante la gran noticia. –

– Así es Candy, pronto serás tía de un bello bebe fruto del amor que Archie y yo nos tenemos, – contestaba la joven de cabellos oscuros al tocarse el vientre, y mostrando de esta manera bajo su vestido como este ya comenzaba a abultarse. –

– Lo gracioso eres tu Albert, que ahora si serás ¡tío abuelo! – comentaba en tono divertido el futuro padre. –

– Si, ya empiezo a sentirme viejo, ja, ja, ja – bromeaba ante el comentario el joven con cabellos rubios. –

Los jóvenes tomaron sus asientos entre risas y juegos, la tía abuela había avisado que no les acompañaría en el desayuno debido a un dolor de cabeza.

– ¡Candy! Espera un momento por favor.

–Sí, ¿qué pasa Annie? 

–Quería pedirte que ya que estamos aquí me acompañaras mañana a visitar el hogar. 

–Por supuesto que si Annie, pero ¿para qué quieres ir?

–Bueno lo que sucede es que ahora que pronto seré madre, empiezo a entender las responsabilidades que esto trae consigo, y quiero agradecerle a la señorita Pony y a la hermana Maria por todos sus cuidados, también Archie y yo hemos platicado y decidimos volvernos benefactores del hogar para que cuenten con más recursos para los niños, ¿qué te parece?

–Me parece algo muy noble de tu parte, y tienes razón, yo aun no sé cómo podría agradecerles a mis dos madres todo lo que me enseñaron, el haberme educado, el haberme criado como una hija propia, gracias a ellas he vivido todas estas experiencias. ¿Entonces mañana iremos?

–Si mañana mismo desde temprano para comer con ellas y los niños ¿qué te parece?

–Me parece perfecto – dijo la pecosa mientras se disponía a partir de donde su amiga se encontraba…

– ¿Y a dónde vas Candy?

–Voy a reunirme con Albert en el jardín

–Está bien, bueno voy a buscar a Archie para ir a saludar a la tía abuela.

A la mañana siguiente los cuatro jóvenes se dirigían al hogar de Pony, fue una gran sorpresa para la hermana Maria y la señorita. Pony la llegada de éstos al hogar y con mucha más razón la maravillosa noticia que Archie y Annie llevaban con ellos. Todos se reunieron en una grata reunión, al pie de la colina de Pony, los niños se divertían muchísimo con las ocurrencias de Albert y Archie mientras Candy y Annie se disponían a entablar una conversación con sus dos madres para agradecerles lo mucho que las habían instruido a lo largo de su vida.

Después de largo rato les comentaron también la idea que tenían de crear un fondo bancario a favor del hogar. Al salir de la salita donde habían entablado su charla Candy se entretuvo un poco más para que una vez que Annie saliera al jardín ella poder darles la noticia de que pronto Albert y ella se casarían.

–Candy nos llena de dicha tu noticia, pero ¿realmente lo amas? ¿Estás completamente segura que quieres vivir el resto de tu vida a su lado? Preguntaba la hermana María reflejando en su semblante una clara preocupación por aquella a la que sin duda consideraba la más querida de sus hijas – No tomes esto como un regaño, pero yo te conozco desde niña y fui testigo del amor que tenías por Terry, de lo duro que fue para ti su separación, ¿estás segura de haberlo olvidado? 

–Hermana, pero por supuesto que lo he olvidado, Terry es una parte de mi vida que ya pasó, ya quedó atrás y cuando nos despedimos en Nueva York le hice la promesa de ser feliz, y de esta forma lo seré…, Albert siempre ha sido muy bueno conmigo, el me dio un hogar, me dio estudios, me protegió siempre, y siempre ha estado ahí cuando lo he necesitado, a su lado soy feliz y estoy segura que siempre lo seré.

–Bueno Candy, confiamos en que ya eres una mujer y si has tomado esa decisión tus razones tendrás, dijo con un tono de reflexión ante aquella respuesta la señorita Pony – Nosotras sólo queremos que seas feliz.

–Muchas gracias señorita Pony, hermana María, estoy segura que este es mi camino para conseguir la felicidad…

Habían pasado 3 semanas desde el día de campo en el hogar, la noticia de su matrimonio se la habían dado a la tía abuela en un larga charla que después de diversas discusiones trajo consigo la aprobación de la misma con la mínima condición de que todas la ceremonias llevadas a cabo para dicha boda se efectuarían con la elegancia y prestigio característicos de los Andley, y por lo mismo con su supervisión en cada detalle.

La fiesta para anunciar el compromiso se llevaría a cabo en dos semanas en Chicago, los preparativos estaban a la orden del día en la mansión Andley.

La tía abuela, supervisaba hasta el más mínimo detalle: los vestidos para la gran ceremonia se habían mandado a hacer, el anuncio público del compromiso sería todo un evento social. 

Los días pasaban lentamente entre tantos preparativos, y Candy nunca podría ser parte de todo ese ajetreo, su alma libre jamás encajaría en ese mundo aristócrata, ella necesitaba, sentir el aire golpearle la cara, sentir el raspar de los árboles al trepar en ellos, las caricias que el pasto le daba al encontrarse sobre él, el cantar de los pájaros… ese sin duda era su mundo, la tía abuela solicitaba su presencia en todos los arreglos para el baile, Candy aceptaba un tanto renuente, y aprovechaba cualquier oportunidad para escabullirse a los jardines.

Ella y la tía abuela escogieron juntas el vestido que se usaría en la ceremonia, todo estaba listo, los invitados obviamente serían miembros de la aristocracia americana, sin embargo Candy no podía dejar de invitar a sus grandes amigos a dicha ceremonia.

Era la noche anterior del baile, Candy estaba totalmente exhausta por todos los preparativos, hacia unos cuantos minutos había estado con Albert, no lo había visto mucho últimamente, estuvieron juntos durante un rato, salieron a pasear por el jardín de la mansión, ella ya se encontraba en su recamara. Mañana se comprometería con Albert, el hombre de su vida, pero, ¿así debía llamarlo? –Se preguntaba al hacer recuentos de todo lo vivido desde que lo conoció – Siempre había estado a su lado y lo quería muchísimo…, quería estar con el por siempre pero, ¿era igual su sentir?, ¿podía asegurar que lo amaba? 

– Se sentía tan contenta, sin embargo una nostalgia increíble no dejaba de apoderarse de ella, las emociones le brotaban por la piel, sin percibir concientemente lo que hacía se sorprendió revisando uno por uno los emblemas de sus recuerdos, hasta que sin darse cuenta, se topó con un pequeño trozo de seda con las iniciales “T. G. G.” grabadas en la esquina inferior derecha, millones de emociones le brotaron por la piel a la exactitud del contacto con aquel pañuelo, se asomaron varias lágrimas por el contorno de sus grandes ojos verdes, millones de recuerdos la invadieron – 

– ¡¡Terry!! – Se atrevió a pronunciar ya entre sollozos…, los recuerdos simplemente la habían asaltado por sorpresa –

– ¿Por qué? ¿Por qué me pasa esto? – Continuaba mientras trataba de limpiar las lágrimas de sus ojos en un esfuerzo para contenerlas – El ya no tiene nada que hacer dentro de mí cabeza, seguramente es por la emoción, ¡ah! – suspiraba para relajarse de la tensión que sentía en ese instante –

– Seguramente es por los nervios del compromiso, a partir de mañana todo será diferente…, Albert y yo seremos felices, porque Terry ya es un capítulo cerrado en mi vida y mi corazón ya está listo para albergar a alguien más en él, y ese alguien es Albert…., mi querido Albert,…  lo mejor será que descanse un poco, mañana será un día muy ajetreado – se decía a si misma, guardando el pañuelo en un pequeño cofre de madera donde atesoraba sus recuerdos, así como había hecho ya con su amor guardándolo en lo más profundo de su corazón. –  la pequeña continuó observando sus demás recuerdos; Mañana su vida cambiaría radicalmente y necesitaba algo a qué aferrarse para aceptar el cambio, admiró el crucifijo que la había cuidado desde siempre; el emblema de su infancia en el hogar, tantos recuerdos le llegaban al corazón…, sus días jugando al lado de Tom y Annie, el correr sin preocupación alguna por la colina, el grato recuerdo de sus dos madres, la fotografía de Anthony, Su Anthony. Aquel gran muchacho que conoció hacía varios años, y que le brindó esa hermosa amistad, se quedó totalmente absorta en su pensamiento, todas sus aventuras pasaban frente a sus ojos, y nuevamente sin darse cuenta volvía a ella el dulce recuerdo de aquel muchacho rebelde del colegio San Pablo…

– ¡Terry, ¿Por qué no me dejas en paz?! – Pensaba ya entre lágrimas, – Por fin rearé mi vida, por fin estoy dispuesta a ser feliz, pero… ¿qué habrá sido de ti? ¿Estarás casado ya? – Decía ella, dejando ya que sus lágrimas se adueñaran de sus grandes ojos esmeraldas. – 

– Creo que debo resignarme…, jamás podré olvidarte, tu presencia en mi vida dejó huella en mi corazón y aunque me case con otro hombre tu recuerdo siempre vivirá en mi…, creo que debo aprender a vivir con tu recuerdo en mi, seguramente debes ser feliz; yo te prometí que lo sería, y ahora lo seré, estoy segura que te alegrarás por mi…

La noche transcurría y con ella volvían los recuerdos, jamás podría escapar de ellos, estaba destinada a vivir con ellos, pero la esperanza de una vida dichosa al lado de Albert la alentaba a solamente guardarlos en su corazón.  

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8 comments

  1. aah! me encanta soberbia, increible, magnifica! sigue escribiendo porfaavoor!
    espero pronto la contii 🙂

    C@taa!

  2. De verdad que esta buena tu historia. Espero q continues con la misma inspiracion.
    Candy no a olvidado a Terry y se va a casar con Albert!! Aaah esta super buena. Voy a estar pendiente del proximo capitulo, continua asi que vas super bien. Suerte
    Argelis

  3. uuuuuuuuy que bien……………….me gusta….

  4. biennnnnn eso me gusta y ps k candy se de cuenta de k no lo kiere y k kiere a terry jajaja pero bueno si ya no hay de otra ps con el tiempo kisas lo llge a kerer ps ya ke, pero eres buena te felicitoooooo

  5. Que.lindo,continua
    Terry.y.Candy.que.bella.pareja
    pero.si.este.es.un.albertfic.ya.que.

    Espero.que.tambien.escribas
    un.Terryfic.

    Esperamos.la.conti.

  6. me encanto, mme quede con ganas de leer la continuacion, por fa di que ya la tienes…

  7. Nooo no le puedes hacer esto al pobre albert q es tan lindo

  8. HOLA SAKURA !!
    SOY NUEVECITA EN ESTA PAGINA DE CANDY CANDY OJALA LEAS MI COMENTARIO.
    ME TIENES COMIENDOME LAS UÑAS AGHHHHHHH
    ESTA EMOCIONANTE HAY ALBERT TAN GUAPO ,TAN VARONIL, UY PERO QUE ME DICEN DE MI NOVIO TERRY PERDON CORRIJO NUESTRO NOVIO TERRY JAJAJ POR QUE SOMOS MUCHAS JAJAJ , TAN REBELDE , ATREVIDO MMMM YO QUIERO UNO ASI , SAKURA SIGUE ESCRIBIENDO ANIMO!!!!!!!! ERES MUY ESPECIAL TUS NARRACIONES SON WOWWWWWWWWWWWWW

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