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Aun en el tiempo y la distancia…, al final habremos de encontrarnos Capítulo 27

Capítulo 27   Hoy me olvidaré de ti, por favor deseo que seas feliz.

“Y aun mis manos recuerdan tu roce, y mi boca sigue
sintiendo el calor de tu boca, sin embargo, el momento de partir ha llegado,
¡Adiós mi amor! Te fuiste y yo entenderé… que tu ausencia será un dolor que he
de encerrar para siempre en lo profundo de mi corazón”

 

Albert se
despertó temprano como era su costumbre, tendría un largo día por disfrutar, se
arregló como en aquellos días en que se sentía tranquilo y sin preocupaciones:
jeans, camisa, gafas oscuras y botas negras. Salió a caminar por el amplio
jardín de la mansión Andley respirando el fresco aire matutino mientras
escuchaba a los pájaros dar sus primeros trinos que saludaban al nuevo día.

 

Sus ojos azules observaban todo este espectáculo natural mientras traían a
su ser una paz y una tranquilidad que hace tiempo no sentía. Después de estar
un rato ahí, regresó a la mansión y se metió a la cocina.

 

– Buenos días Sra. O’Connor – al escuchar esto, la cocinera dio un salto y tiró un blanquillo
al descubrir al patriarca de los Andley en ese lugar saludándola tan
cordialmente.

– Señor Andley… buenos días, discúlpeme por favor…

– Discúlpeme usted a mi – dijo Albert – no pensé en que se asustaría al verme aquí.
Permítame, le ayudaré.

– No, por favor – dijo la mujer mientras se agachaba a la par de Albert para recoger los
restos de aquel blanquillo – no haga eso por favor señor, fue mi culpa.

– Yo no lo veo así, además, ¿por qué no he de ayudarla? Si no la hubiera asustado, ese huevo
no hubiera terminado en el piso, sino en mi estómago ja,ja,ja.

 

La pobre mujer no pudo más que
reírse ante lo que acababa de escuchar, se sentía muy apenada por lo que había
pasado y sobre todo porque fue enfrente de su patrón, al cual solamente había
visto un par de veces y siempre acompañado por George.

 

– Señora O’Connor, ¿qué le parece si ambos lo recogemos?

– Pero, una persona tan fina como usted… NO, además, el señor George me llamaría la
atención.

– ¿George? –  Preguntó Albert – ¿acaso lo ha hecho alguna vez?

– No, nunca señor Andley, pero, ¿qué tal que esta vez se enoja?

 

Bueno, en ese caso nos tendrá que regañar a ambos je,je,je.

 

Albert y la señora recogieron y limpiaron. Una vez hecho eso, Albert
convenció a la señora que lo dejara prepararse el desayuno, esto puso a la
mujer más nerviosa que al principio y se negó diciendo que ella le prepararía
lo que quisiera, pero al decirle el bello joven que lo tomara como una orden,
terminó por aceptar.

 

Albert comenzó a manipular todo con destreza y a prepararse un desayuno que
abriría el apetito a cualquiera.

 

– ¿Me permite decirle algo señor? – Preguntó la señora.

– Por supuesto…

– Jamás imaginé que fuera usted tan diestro en la cocina.

– Ja,ja,ja… lo imagino, pero créame que durante muchos años cociné para mí mismo y a veces
para alguien más… ¡listo! Comencemos…

 

Albert sirvió dos platos, uno de los cuales le dio a la señora que se
encontraba en la pequeña mesa de la cocina.

 

– Pero señor… – dijo nuevamente sorprendida la robusta mujer.

– ¿No pretenderá dejarme comer solo?, cualquier platillo se disfruta mejor si se
comparte, ¿no lo cree?

– Sí señor,  siempre he pensado lo mismo.

Ambos desayunaron, la señora elogiaba constantemente lo rico que sabía el
platillo mientras escuchaba atenta los comentarios del joven rubio… a medida
que transcurría el desayuno la imagen que tenía del patriarca de los Andley
comenzaba a dar un cambio hacia una persona sencilla y amigable, nada que ver
con el altivo y frívolo señor Andley que ella se había imaginado.

 

Después del desayuno Albert decidió salir a dar un paseo por Vancouver.
Pidió al chofer que lo llevara a algún lugar tranquilo y posteriormente se
retirara, ya que el regresaría a la mansión solo. Después de conducir por un
rato, el chofer lo llevó hacia la entrada de un gran bosque a las afueras de la
ciudad y se retiró de ahí.

 

Albert recorrió gran parte del lugar, los rayos del sol se filtraban entre
los arboles mientras la distancia entre ellos permitía ver un cielo
profundamente azul. Pronto llegó a una pequeña aldea, recorrió sin prisa las
pequeñas y pintorescas calles hasta llegar a la plaza principal donde en medio
se alzaba una fuente de mármol blanco con una pareja de enamorados como figura
principal. Se acercó poco a poco hasta llegar al pie de la fuente, se mojó la
cara y las maños en el agua cristalina y se sentó en la orilla a escuchar el
ruido del agua.

 

Sus pensamientos divagaban sobre muchas cosas: los negocios, su vida y
todos los cambios que había tenido desde que asumió su papel como cabeza de los
Andley, su familia… pero sobre todo pensaba en Candy y Terry. Tan entretenido
estaba, que no se dio cuenta de que alguien estaba sentado también en la fuente
a una distancia no muy lejana de él.

 

– Monsieur, le ofrezco un centavo por todos sus pensamientos – dijo una voz femenina.

– ¿Ehh? – dijo al sentirse descubierto y sorprendido por alguien.

– Sí, le ofrezco un centavo por todos sus pensamientos – volvió a decir la voz.

– Ja,ja,ja… vaya, ¡un centavo!…

 

Albert volteó para descubrir a quien le hacía esa oferta, descubrió cerca
de si la silueta de una jovencita que portaba un bello vestido color claro, su
cabello era adornado por un sombrero de ala ancha y usaba unas gafas oscuras…
sin duda la había visto anteriormente aunque no recordaba en donde o cuando
había sido.

 

–  Y puedo saber ¿por qué precisamente esa cantidad? – preguntó el joven rubio.

– Porque se nota que no son pensamientos muy felices, no creo que valgan mucho, por eso creo que
es un precio justo por todos ellos. – respondió la joven.

– Mmm… no, no crea, también hay algunos que son muy gratos…

– Bueno, esos tendrán un costo aparte – dijo la joven con una sonrisita pícara –  yo estoy interesada en sus pensamientos malos y tristes…

– ¿Por qué le interesan precisamente esos? – Preguntó Albert intrigado por lo que acababa de
escuchar.

– Mmm… eso es mi propio secreto –  pero entonces ¿qué dice?, ¿me los vende?

– Mmm… no lo sé, es que puede que aun los necesite…

– Comúnmente, esos son los que “menos” necesitamos, a no ser que le guste hacerse daño a sí
mismo y por eso quiera conservarlos.

– ¡Por supuesto que no! – Respondió Albert en el acto – A nadie nos gusta hacernos
daño a nosotros mismos.

– No se crea, hay de todo tipo de personas en este mundo… entonces, ¿eso quiere decir que me
los vende? – volvió a decir la joven, mientras sus palabras dejaban escuchar en
ellas una fuerte determinación a cerrar ese trato a como diera lugar.

– De acuerdo – dijo Albert interesado en saber en qué terminaba eso – le vendo todos mis
pensamientos malos y tristes por el precio de un centavo.

– ¡Magnífico! – Exclamó la joven – en este momento pasan a ser míos y pago por ellos lo que
convenimos.

 

La joven se incorporó y abrió un pequeño bolso del que sacó un monederito
lleno de centavos, sacó una moneda y se la dio al joven, se incorporó y se
dispuso a marcharse.

 

– ¿Eso es todo? – preguntó Alberto extrañado.

– Sí, así es – dijo ella.

– No creo que un centavo me sirva para comprar nada – dijo el joven sonriendo.

– Es lo mismo que usted me vendió, son cosas que no sirven para nada estando dentro de uno,
no podemos comprar nada ni podemos recuperar o hacer que cambie algo que ya
hemos hecho, pero si las juntamos con otras cosas pueden tornarse hasta
peligrosas porque son capaces de comprar o darnos sentimientos de destrucción
no solo para con nosotros mismos, sino para con el mundo que nos rodea, lo
mejor es deshacernos de todo ello porque no valen nada.

 

Albert no supo qué decir, era increíble como esa jovencita tenía tanta
razón en sus palabras…había sabido llegar a lo profundo de su mente y leerla
sin mayor problema, sacando de ahí lo que estaba de más. La joven dio unos pasos
para retirarse de ahí, él la siguió con la vista y de pronto exclamó:

 

– ¿Y qué hay de los otros pensamientos, los felices?, ¿no va a ofrecerme nada por ellos?

La joven se detuvo y miró hacia atrás sin voltear totalmente todo su cuerpo y dijo:

– ¿Sería usted capaz de deshacerse de ellos Monsieur? Yo considero que esos son los que
debemos guardar en el fondo de nuestra mente y corazón como al mayor de
nuestros tesoros, son los mejores, los que dudo que exista valor material
equiparable a ellos, y al menos para mí, no tienen precio. Con su permiso
Monsieur.

 

Albert bajó la vista un momento, cuando la volvió a subir, la joven había
desaparecido. La buscó con la mirada pero no pudo hallarla. Se volvió a sentar
a la orilla de la fuente tratando de entender lo que acababa de ocurrir. Algo
en él había cambiado, parecía que había salido de su cuerpo un gran peso
mientras no perdía de vista la pequeña moneda que yacía en su mano. Un aldeano,
entrado ya en años, se acercó a él, se sentó y le dijo:

 

– Esta fuente tiene el poder de sanar el corazón de las personas y ayudarles a encontrar un
nuevo sentido… muchos dicen que un nuevo sentido de vida, otros dicen que un
nuevo sentido al amor…

Albert miró al anciano mientras éste prosiguió con su relato:

 

– Hace muchos años hubo una joven pareja que por designios del destino se vio obligada a
separarse, pero se hicieron la promesa de que algún día volverían a estar
juntos, así fuera en el más allá. Se separaron. Años más tarde ella regresó,
esperó que él regresara, pero no sucedió. Años después él regresó pero tampoco
la halló, tres veces regresó cada uno, pero nunca coincidieron, pasaron los
años y en el pueblo corrió la noticia de que ambos se habían casado y
encontrado la felicidad en otras personas; pero contaba mi abuelo que una tarde
vio como la hermosa joven venía caminando por el sendero de la derecha mientras
que al mismo tiempo un altivo y hermoso joven venia por el sendero de la
izquierda, llegaron justo a la mitad de ambos caminos donde ahora se ubica la
fuente, se miraron y se abrazaron, se besaron y se desvanecieron con los
últimos rayos del ocaso, brotando en ese exacto lugar un chorro de agua
cristalina, por lo que los aldeanos decidieron edificar esa fuente para que
nadie olvidara lo que había sucedido.

 

– ¿Tiene algún nombre esta fuente? – Preguntó Albert.

– “La Font de l’Espoir” (La Fuente de la Esperanza) – respondió el anciano – porque simboliza
la esperanza de que un nuevo mañana llegará, fresco, puro y limpio a la vida de
los seres humanos, tal y como el agua que brota ahí… mucha gente arroja monedas
y piden deseos… yo no sé si eso funcione, pero si ayuda a alguien a mantener la
esperanza en algo, pues supongo que entonces está bien.

 

El viejo miró hacía el horizonte y dijo:

El agua es algo que nunca está quieto, está un instante con nosotros, pero
no se quedará para siempre si no la sujetamos con algo, sin embargo, es tan
bella que no cabe pensar el aprisionarla, así que la dejamos correr, ella tarde
o temprano decidirá en donde formará un lago para descansar, y como será su
decisión, lo llenará de vida y tornará ese lago el más bello que pueda existir.”

 

El veterano hombre se incorporó con ayuda de su viejo bastón y se retiró
poco a poco, dejando a Albert sumido en sus pensamientos. Después de algunos
minutos se levantó y observó detenidamente la fuente, sonrió para sí mismo y
pensó en arrojar la moneda que tenía en su mano pero se arrepintió, ese pequeño
pedazo de metal contenía una gran lección, así que no se desharía de ella. Sacó
de su bolsillo otra moneda y mientras la arrojaba exclamó:

 

¡Adiós
mi amor, es hora de reencontrar mi camino también!

 

La moneda dio varios giros en el aire, como si en ellos recogiera uno a uno
todos los instantes tristes y melancólicos de os últimos meses para al fin caer
en el agua, pasando a formar parte de los destellos que salían del fondo del
agua.

 

“Ayer dejé de
guardarte canciones, hoy te propongo esta y me voy, dejo que tu recuerdo se
vaya con el viento por la ventana, mientras mi puerta se queda abierta
esperando la llegada de un nuevo amor”

 

Después de seguir paseando sin rumbo fijo, el patriarca de los Andley regresó
finalmente a la mansión. Esta vez había una extraña sensación en él, algo que
lo hacía sentirse relajado y tranquilo.

 

George lo esperaba en la entrada de la mansión. Se había preguntado todo el
día en dónde podría haber estado. Al ver al joven que venía caminando por la
entrada de la mansión notó algo distinto, ese no era el joven pensativo y
distraído que había sido en esos últimos meses, parecía que aquel joven lleno
de vida y ánimo del pasado se hacía presente una vez más en la vida de su patrón.

 

– ¡Hola George!

– Señor Andley buenas tardes, ya comenzaba a sentirme preocupado por usted.

– Sí, lo siento, es que se me hizo tarde andando por aquí y por allá. Tengo un hambre
que podría comerme a un elefante.

-Le dispondré la mesa de inmediato, aunque creo que hoy no tenemos “elefante” para la
merienda.

– Ja,ja,ja… rió Albert al escuchar aquella respuesta – está bien, no te molestes George, yo
mismo iré a la cocina, espérame en el comedor.

 

Albert se metió a la mansión dejando extrañado al fiel sirviente. George se
fue al comedor según las indicaciones que le diera Albert, después de un rato,
el joven apareció y se sentó a la mesa, George repiqueteó una campanilla y en
el acto apareció la cocinera quien dejó los platos de ambos, sonrío al joven
Albert y se alejó.

 

– Bien, buen provecho George.

– Buen provecho señor William.

Al levantar la capucha que cubría el platillo la sorpresa de George fue tal que solo acertó
a soltar una carcajada. Albert divertido con su travesura miró a su amigo de
toda la vida contento de verlo reír.

 

-Tenía que hacer algo, porque en verdad quería comer un elefante ja,ja,ja – dijo el joven
rubio.

– Me alegra mucho ver que está usted de mejor humor que ayer.

– Sí, en verdad lo estoy George, pero come que se enfría.

– Me pregunto, ¿por qué la señora O’Connor nos daría esto de merendar?, yo le dije
que merendaríamos otra cosa.

-¡Ah!, es que a mí se me antojó más esto, y además, unos blanquillos son mucho más fáciles de
moldear como elefante que un trozo de filete je,je,je – dijo Albert aun
divertido por su ocurrencia.

– Ja, ja,ja… es cierto señor, bien, está bien entonces.

Ambos comenzaron a comer. Albert lo hacía con un apetito que hacía tiempo
George no veía en su joven amo, mientras comían, George no dejaba de preguntarse
qué habría ocurrido para este cambio tan repentino en su patrón.; después de ir
a la mitad de su segunda ración, Albert lo miró y le dijo:

 

– He notado que no dejas de observarme George, ¿pasa algo?

– No, no es nada señor William.

– Quedamos en que serías más sincero conmigo, ¿recuerdas?

– Sí señor, bueno, lo que sucede es que me preguntaba qué es lo que ha pasado para este
cambio tan repentino en usted, es todo.

– ¡Ah!, es eso… bueno, es que el día de hoy vendí todos mis pensamientos malos y tristes
por un centavo.

– Me temo que no comprendo señor.

– No hay nada que comprender George, es algo tan simple como eso – contestó el joven mientras
guiñaba un ojo a su sirviente.

 

George entendía menos que nunca, pero al ver al bello joven de tan buen humor, decidió
no interrogarlo más.

 

– Bueno, si ese es el caso, creo entonces que está bien.

– Sí, ahora lo que me pregunto es, ¿qué va a hacer esa jovencita con mis pensamientos?,
bueno, más importante, ¿quién sería esa jovencita? – Albert se preguntaba todo
esto en voz alta ante un asombrado George que escuchaba por primera vez en
muchos meses a su patrón preguntarse por alguien más que la señorita Candy –
¿Será que la conocemos George?

– ¿A quién señor?

– Es una jovencita delgada, de cabello café y tez blanca.

– Con esa descripción podrían ser fácilmente la cuarta parte de las doncellas que viven
en Vancouver señor.

– Ja,ja,ja… tienes razón, pero no sé darte más datos, por el momento.

– ¿No le preguntó su nombre?

– Mmm… la negociación era más importante en ese momento – dijo Albert sonriendo.

– Veo que se ha convertido en todo un hombre de negocios – dijo el sirviente con una riendo
discretamente al ver la expresión del joven.

-Así es George, así es je,je,je…

 

Después de merendar, ambos caballeros se retiraron a sus habitaciones. Sin
embargo, cada uno meditaba en sus aposentos todo lo ocurrido. George pensaba en
el cambio repentino en la actitud de Albert, y Albert en quien sería aquella
chica. A la mañana siguiente ambos se alistaron para ir al trabajo, mientras
George describía toda la agenda del día, Albert ponía toda su atención en no
olvidar nada de lo dicho por George, antes de bajar del auto, Albert preguntó:

 

– George, de casualidad, ¿hay algo programado por la tarde?

– No señor, después de las cinco de la tarde no hay nada.

– Correcto, te voy a pedir que de ahora en adelante procures no programar nada después de
esa hora.

– Así lo haré señor.

 

Las actividades de Albert transcurrieron de otra manera a partir de ese
día, se le veía animado, entusiasta, pero al acercarse las cinco de la tarde,
se le veía como a un chiquillo que espera la campana del colegio que anuncia el
fin de las clases. Ambos caballeros salían en el auto y George lo dejaba en
donde su patrón le indicara, luego se iba a la mansión y más tarde Albert
regresaba siempre de buen humor, como antes.

 

A veces contaba a George sobre lo que hacía, y otras solo comentaba por
donde había estado. Una de esas tardes, Albert paseaba por una pequeña plaza
cuando un gran pero San Bernardo salió corriendo cerca de donde el rubio
estaba, mientras la voz de una mujer se podía oír a la distancia llamándola:

 

“Biancaaa,
esperaaaa, Biancaaaaa”

 

Albert corrió también para alcanzar al corpulento animal, cuando logró
alcanzar su correa algunos metros después, la sujetó firmemente mientras la
llamaba por su nombre para que el animal no se sintiera atacado. Después que
comenzó a acariciarla, la gran perra comenzó a lamer a Albert mientras movía su
cola juguetonamente. Albert comenzó a reír mientras la dueña por fin los había
alcanzado.

 

– Muchas gracias Monsieur – dijo la chica un poco jadeante  –  y
dirigiéndose a la perra le dijo:

– ¡Ahora sí que me hiciste correr nena! – La perrita al verla se alzó en dos patas y
comenzó a lamer el rostro de la jovencita – Ja,ja,ja… tu ganas, te perdono, te
perdono…

 

Albert observaba la escena sin perder detalle, la joven tomó entre sus
manos la correa y afianzándola para que la perra no volviera a escapar hizo una
reverencia ante Albert.

 

– Nuevamente muchas gracias Monsieur, y me disculpo por la carrera que seguramente le hice
dar al atrapar a mi “Bianca”

– No tiene nada que agradecer mademoiselle, supongo que debe ser difícil dominar a un
animalito del tamaño de “Bianca”

– No creo que “dominar” sea la palabra correcta, porque no soy su domador, soy su amiga, lo
malo es que ella no comprender que aunque s una cachorra aun, tiene más fuerzas
que yo – dijo la jovencita haciendo un guiño mientras acariciaba a la perrita.

– ¿Tiene usted mucho tiempo con ella? – Preguntó Albert.

– Un año y dos meses- respondió la muchacha – la encontré merodeando por mi casa cuando
era una pequeñita, estaba delgada y sin brillo en sus ojos, yo me encargué de
cuidar de ella, a pesar de que mi padre no la quería, pero terminó aceptándola
porque se enteró que era “de buena raza” como si el pedigrí de un animal fuera
lo más importante – dijo en un tono sarcástico – a mí eso es lo que menos me
importaba, porque me habría quedado con ella de todas maneras; fina o no, eso
es algo de lo que ella no tiene la culpa, es un ser vivo hermoso y con
sentimientos… eso debería ser suficiente, pero desafortunadamente no lo es así
para los demás… yo la entiendo perfectamente, porque como mujer a veces también
tengo que soportar que se me menosprecie, tal vez sea por eso que aunque tenga
la fortuna de vivir como vivo, comprendo y entiendo perfectamente las desdichas
que hay en este mundo… ¡Ay!, lo siento Monsieur, -dijo mientras bajaba su
rostro – le ofrezco una disculpa, siempre me dicen que hablo de más. Muchas
gracias nuevamente por su ayuda, con permiso, buenas tardes.

 

-Buenas tardes mademoiselle – sonrió Albert a la jovencita mientras esta se retiraba.

 

Ambos se dieron la vuelta y prosiguieron sus caminos, de pronto una frase
resonó en la mente de Albert:

 

“Siempre
me dicen que hablo de más”

 

En el instante, el rostro de una jovencita iluminada por la luna en el
jardín de los Merveux vino a su mente.

 

– ¡Era la misma chica! – pensó para sí, volteó rápidamente pero no logró verla por
ninguna parte.

– ¿Cómo no me di cuenta antes?, sin embargo…

 

Al seguir caminando otra imagen vino a su mente, la de una joven con su
sombrero de ala ancha y gafas oscuras sentada en la orilla de una fuente.

 

– No, ¡no puede ser que sean la misma persona! Han sido muy diferentes en 3 ocasiones…
seguramente me estoy imaginando cosas… aunque, pensándolo bien… hasta ella
solía ser distinta en ocasiones… Candy… – el rostro de la pecosa apareció por
un instante en su mente mientras pasaba sus dedos entre su rubia cabellera y
seguía caminando.

 

Unos niños que iban corriendo chocaron con él, uno de ellos cayó y de sus manos escaparon varias monedas. El
joven se agachó rápidamente y ayudó al pequeño a levantarse mientras sus
amiguitos ayudaban a recoger las moneditas que estaban regadas por el suelo, una
de ellas había rodado hasta sus pies, al verla la levantó y esbozó una pequeña
sonrisa.

 

El pequeño lo miraba atento por el destino de su moneda, al darse cuenta de
eso, Albert lo miró, metió su mano a su bolsillo, sacó algo y sonriendo
amablemente dijo al pequeño:

 

-Te cambio tu moneda por este billete.

– El niño lo vio dudoso y preguntó: ¿De veras?

– Por supuesto que sí – respondió el joven rubio.

 

El chiquillo cambió la expresión de su carita y como si se tratara de algo muy importante
seriamente respondió:

– Está bien señor, acepto.

 

Albert quedó asombrado ante la seriedad del niño, sonrió y le entregó el billete. El niño lo
tomó y corrió junto con sus compañeritos, cuando Albert se incorporaba, el
pequeño regresó y le dijo sonriendo:

 

– Gracias señor.

– Gracias a ti pequeño – respondió.

 

El niño se perdió entre la gente y Albert miró la pequeña moneda entre sus manos. En su
mente resonaba una voz femenina diciendo “le ofrezco un centavo por sus
pensamientos”

 

– Ja,ja,ja… fue una buena compra – pensó para sí.

 

Ya por la noche durante la merienda, el joven rubio pensaba en la forma de
investigar quién habría sido aquella joven. George lo observaba atento hasta
que se animó a preguntar:

 

– Señor
William, ¿le sucede algo? Lo noto muy pensativo…

– ¿Ehh?, no… bueno…

– ¿Puedo ayudarlo en algo señor?

– George, necesito que me ayudes a encontrar a alguien.

-Por supuesto señor, pero ¿a quién?

 

Albert no sabía cómo comenzar a decirle a su fiel sirviente sobre aquellas
tres chicas, pero tenía que terminar la conversación que había iniciado así que
comenzó a relatar con detalle sus encuentros con aquellas tres mujeres, las
cuales, después de mucho pensar había concluido eran la misma persona.

 

George escuchaba a su patrón
atentamente, notaba el entusiasmo y hasta cierto color en las mejillas del
joven Andley mientras hablaba de ellas y sus razones para concluir que eran la
misma persona. Pensaba que seguramente ésta o éstas jovencitas habían logrado
un cambio significativo en su joven patrón, que desde hacía tiempo estaba
deseando ver, por lo cual prometió que haría su mayor esfuerzo para poder
encontrarla. Lo único que le preocupaba era que si en vez de una dama
resultaban ser tres las cosas tomarían un giro muy interesante, pero no le dijo
nada a William, si acaso e presentaba ese momento buscaría expresarle su
opinión.

 

Ambos se fueron a dormir, en el  fondo de Albert algo había comenzado a cambiar,

parecía como si aquel eterno
invierno por fin comenzara a derretirse.

 

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10 comments

  1. muy bien exlente capitulo alber se lo merece y espero k candy ya se arreegle con terry tambien y ojala k no tardes porfas graxias

  2. Interesante….., es hermoso él pensar que el pueda encontrar a ese ser especial que piense y ame la vida de la forma en que el lo hace!!!

    Sería justo ya que él es uno de los protagonistas que merece ser feliz, no solo ver feliz a Candy sino ser feliz por si mismo y con una gran compañera.

    Gracias por este hermoso relato y esperare con ansia la continuación, sigue como hasta ahora y felicidades por tan prolifica historia!!!!

    Saludos!!!

  3. Waoo!!!!!!!!!!!
    Sakura,SUPER,EL.CAP.

    Esperamos(en.especial.yo)
    con.ansias.la.conti.

    Que.continues.con.esa
    inspiracion.tan.realista.

  4. wooooow sakura!!!! Que bonito capitulo, por fin mi amado Albert va a ser feliz y con una chica que realmente lo quiera, ayyy el amor, que lindo que te hayas acordado de el porque como Candy y Terry, Albert tambien merece ser muy pero muy feliz. gracias por escribir esta historia te esta quedando muuuuuy bonita, maravillosa, gracias Sakura!!! espero porfis pronto la continuacion, saludos desde aca en Nayarit.

  5. me facina hojala todo termine en un feliz termino para terry, Candy y Alberth que en tu historia en cuentren a esa persona especial, sigue ispirandote que te esta quedando buenisima.

  6. Lindo capitulo Sakura,ojala que albert logre enamorarse de esa chica por lo que ella le a enseñado y no por que le recuerde a candy.Espero que el sig cap se reencuentren terry y candy.besos

  7. Lindo cap sakura,me encanto a esperar el proximo cap y espero que candy y terry logren encontrarse,besos

  8. Hola amiga!!

    Fijqte que lei la manga y de acuerdo a esta Candy si queda enamorada de Albert y deja ir a Terry, me gusta tu historia pero nos hace sufrir demasiado, no seas tan cruel con los tres, danos esperanzas para que al final sea feliz nuestra Candy.

    Te felicito por tu trabajo, saludos.

  9. Hola Sakura!!! solo para saludarte, entre haber que habia nuevo y nada pero andare x aqui haber si ya hay capitulo nuevo, ya quiero saber de Terry y Albert.

  10. estoy muy agradecida por estos capitulos es lo mas emosinante por favor donde esta la continuacion del capitulo 28 estoy tan intrigada por que va a psar felicitaciones a sakura me hace muy feliz al saber que tienes una pagina tan maravillosa

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