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Aun en el tiempo y la distancia,… al final habremos de encontrarnos Capítulo 24

Capítulo 24

Un rayo de sol para un frío corazón

 “El sol sigue asomando por el horizonte, el viento sigue soplando y los pájaros se siguen remontando en él para seguir sus sueños, el camino ha sido trazado… mejor es no mirar atrás y buscar el nuevo día que siempre ha de venir”

 

¡Era una mañana preciosa para ser jueves!, ¡era digna de pasarla fuera de casa disfrutando de los rayos del sol!, el problema era ¿cuál sería el plan perfecto para disfrutarla? Mmm…. ¡Un picnic!, si, un paseo por el Boston Common, ¡eso sería perfecto!… Margaret buscó una cesta donde puso panes, jamón, queso, unos pastelillos y un poco de jugo de naranja, buscó una manta donde poder poner las cosas y cubrió la cesta, tomó un bello sombrero con cintas y se dirigió rumbo al parque, había que caminar un poco para llegar pero no importaba… el día estaba tan hermoso que bien valía la pena hacer el recorrido, a ella le gustaba mucho ir de picnic ¡aun si estaba sola! Disfrutaba mucho de recostarse en el pasto mientras se distraía dándole formas a las nubes que invadían el cielo, no podía esperar para llegar a ese lugar así que aceleró su pasó; al llegar a Beacon Street se detuvo por un instante… – creo que será una buena idea, después de todo entre dos se disfruta más un picnic – Maggie se encaminó hasta llegar al hotel donde se hospedaba Terry, entró y preguntó al encargado cual era la habitación del actor, este le indicó su habitación pero le dijo que el actor había dado instrucciones de que nadie le molestase. Margaret salió del hotel aun sin resignarse a ir sola de picnic por lo que contó los ventanales, tomó unas pequeñas piedras y comenzó a arrojarlas hacia la ventana, al cabo de la cuarta piedrita se corrieron la cortinas y la ventana se abrió mientras la imagen de Terry aparecía en ella.

 

– Buenos días señor Terriuce! – Exclamó la joven – ¿qué es lo que estás haciendo encerrado en tu cuarto en un día tan bello como este?

– Mmm, vamos a ver… estoy tratando de descansar un poco – respondió desde lo alto el joven algo sorprendido de que aquella chica se encontrara ahí.

– Mmm, ya veo… ¿y qué te parecería descansar un rato acostado en un pasto verde, después de haber comido un rico pan con jamón y un fresco jugo de naranja?

– Creo que prefiero quedarme aquí, de todas maneras te agradezco la invitación.

 

Margaret no esperaba que Terry no quisiera aceptar su invitación, así que trató de convencerlo una vez más, Terriuce estaba por cerrar la ventana cuando escuchó que la joven le gritaba por última vez.

– ¿Y no crees que hasta un ogro ermitaño necesita asolearse de vez en cuando?

Al escuchar semejante cosa Terry comenzó a reírse, sin duda esa chica era un caso muy serio.

– Ja, ja, ja… ¿no sabes aceptar un no por respuesta verdad? está bien, señorita Halligan, bajaré en seguida – Terriuce bajó y se fue con Margaret rumbo al parque. Durante el camino Terry comenzó a retarla por gritar de esa manera, estaban a un día del estreno de la obra y si seguía gritando así lo más seguro es que no podría hablar al día siguiente y eso si sería un gran problema. Margaret lo escuchó y aceptó el regaño sin decir mucho, estaba muy contenta porque no sería un picnic solitario como los que acostumbraba hacer y sin duda el compartirlo con Terry iba a hacerlo especial. Al fin llegaron al Boston Common, un parque apartado del bullicio de la ciudad; Maggie y Terry caminaron hasta que encontraron un lugar debajo de un árbol, Maggie sacó la manta y la extendió, colocó la cesta y se sentó, Terriuce se sentó también; durante unos instantes ambos se quedaron contemplando el parque y la gente que lo recorría: había familias completas, parejas de enamorados, muchos niños jugando con sus perros o con sus pelotas, se sentía una algarabía que llenaba de paz y tranquilidad, Terry se recostó sobre el pasto y llevó sus manos a la cabeza mientras cerró los ojos para escuchar el viento que se colaba entre las hojas de los árboles, Maggie se recargó sobre el tronco del árbol y cerró los ojos para dejar que su cuerpo se relajara con el viento, ambos se sentían muy a gusto, en cierta forma buscaban una tranquilidad como esa desde hacía mucho tiempo…

 

– ¿Cómo es posible que en una ciudad tan ajetreada como Boston haya un lugar tan tranquilo como este dentro de ella? – preguntó Terry.

– No lo sé, – respondió al tiempo la chica – eso es algo que siempre me he preguntado, aunque pienso que eso es lo que menos importa, lo que cuenta es que este parque está aquí y que podemos disfrutar de él.

– Es cierto – contestó el joven tranquilamente.

 

Ambos jóvenes se quedaron un rato sin decirse nada, solamente escuchaban el rumor de los niños corriendo y gritando por el parque, mientras se respiraba un ambiente de tranquilidad.

 

– Y bien, ¿Dónde está ese pan con jamón del que me hablaste? – preguntó Terry acomodándose a un costado de su cuerpo.

– ¿Tienes hambre ya? – respondió la chica girando la cabeza para mirar al joven.

– Por supuesto que sí, esa larga caminata le abre el apetito a cualquiera.

– Ji, ji, ji… bien, veamos…

 

Margaret comenzó a sacar las cosas que llevaba en su cesta y preparó emparedados mientras Terry la ayudaba sirviendo en unos vasos el jugo de naranja, ambos comenzaron a comer mientras platicaban sobre lo variante del clima en Boston, Margaret le nombraba muchos sitios de la ciudad que Terriuce no conocía aun, le habló del edificio de la biblioteca, del palacio de gobierno y de las múltiples casas de variadas fachadas coloniales que había por el lugar; Terry por su parte le contaba sobre Nueva York, sobre los grandes teatros y los múltiples comercios.

 

– ¡Que maravilloso debe ser vivir en una ciudad tan cosmopolita como Nueva York!, promete que alguna vez iremos.

– Claro que sí, iremos cuando actúes en alguna de las compañías de teatro.

 

Al escuchar las palabras de Terry el rostro de la chica borró la sonrisa que tenía para tornarse en preocupación, tímidamente inclinó la cabeza y la juntó con sus rodillas mientras miraba como el viento movía suavemente la fauna del lugar, volteó y miró el rostro sereno y tranquilo de su compañero que observaba fijamente este cambio en la actitud de la chica sin comprender del todo que era lo que pasaba.

 

– ¿Terry, tu ya estás listo para mañana?

– Si,… ¿tu aun no?

– Mmm…. No lo sé

– ¿Cómo es eso jovencita?

– La verdad es que más que nervios tengo algo de miedo.

– ¿Miedo?, Maggie no debes preocuparte, ya verás que todo será muy sencillo, además no estarás sola en el escenario… escucha, te daré un último consejo: pase lo que pase, no te quedes callada; si llegaras a olvidar alguna línea no expreses pánico, simplemente habla tratando de seguir con tu actuación, ya verás que poco a poco retomarás tu texto.

– ¿Pero si estoy en un diálogo con alguien?

– Bueno, en ese caso deberás confiar en la capacidad de los demás para improvisar contigo…

– ¿Tú crees que pueda llegar a ser una gran actriz?

– Si, aunque eso va a depender directamente de ti.

– Sabes, desde que era una niña mi deseo ha sido convertirme en una gran actriz, mis padres no creían mucho en que esta decisión fuera la más indicada para mi pero cuando logré ingresar a la academia de actuación se dieron cuenta de que esto no era solamente un capricho, así que decidieron apoyarme, así fue como llegué hasta aquí pero tengo miedo de defraudarlos si no doy un buen espectáculo mañana…

– Comprendo – dijo tiernamente Terriuce al escuchar a la jovencita – Todo va a salir bien pequeña, te lo puedo asegurar.

 

Terriuce acarició suavemente el mentón de la chica, le provocaba cierta ternura el ver como estaba asustada ante algo que él consideraba tan sencillo; la tarde transcurrió entre pláticas y risas… sin duda habían pasado un día especial, ambos sentían que había nacido un lazo de amistad entre ellos, Margaret veía a Terriuce como una persona de quien podía aprender muchas cosas, no solo del teatro, sino también de la vida aunque no conocía mucho sobre esto último; Terry por su parte veía a la joven como una pequeña estrellita llena de sueños, lo único que hacía falta era que alguien le diera un empujoncito para que se convirtiera en toda una gran actriz, pero también había comenzado a descubrir que esa chica podía también convertirse en una amiga a quien llamar, con quien salir y conversar largamente tal y como lo estaban haciendo… el carácter alegre y juguetón de Maggie contrastaba mucho con su carácter serio y su reputación de solitario sin embargo, tenía que reconocer que se sentía bien estando con ella; cuando el sol comenzaba a ocultarse ambos decidieron que ya era momento de irse, recogieron todo y se fueron caminando, Terriuce acompañó a Maggie hasta su casa y después se dirigió a su hotel tranquilo y contento: lo que él creía sería un día triste como el anterior se convirtió en un día divertido y tranquilo al lado de una jovencita atolondrada a la que le gustaba siempre sonreír y a la que tenía que reconocer que había extrañado el día anterior.

 

“Voy caminando sin mirar atrás, todo eso acabó vuelvo a sentirme lleno de ánimos, quiero olvidar todo lo que viví a su lado y comenzar a sentir sin ver el pasado, vuelvo a creer en mi suerte, en mi mismo… hoy tomo el control de mi vida otra vez”

 

El esperado día del estreno había llegado, el elenco ya estaba reunido y alistándose en los camerinos, Terry llegó desde temprano sin embargo nadie sabía dónde podría estar Margaret. Conforme pasaba el tiempo todo el elenco comenzaba a sentirse nervioso… al fin a casi dos horas del inicio la joven por fin apareció, llevaba la cesta del día anterior y después de disculparse ante medio

mundo, comenzó a repartir a cada actor unos pequeños ramilletes de flores deseándoles a la vez que tuvieran mucha suerte y que todo saliera bien. El último en recibir el obsequio fue Terriuce, sin embargo para el no hubo un ramillete de flores, lo que él recibió fue una hermosa rosa blanca envuelta en un papel oscuro.

 

– No entiendo, ¿qué significa esto?

– Te deseo mucha suerte y que todo salga bien Terry… tengo que apurarme o no voy a estar lista, y la verdad lo que menos deseo es que me retes el día de hoy – le decía Maggie quien se disponía a partir rumbo a su camerino.

– Espera, ¿si a todos les diste un ramillete de flores, porqué a mi no me diste lo mismo que a los demás?

– Porque a cada quien le di lo que creo que lo describe… y yo creo que tu eres igual a esa flor, pero eso es algo que tienes que descubrir por ti mismo.

 

Maggie se fue dejando a Terriuce algo contrariado, esa chiquilla se había vuelto loca, eso era lo más seguro… así que decidió no dar más importancia al asunto y terminar de arreglarse.

 

La obra fue todo un éxito, todos estaban felices con los resultados, Margaret había resultado ser una buena actriz a pesar de haber cometido algunos errores, afortunadamente todo el elenco salió en su ayuda y todo se solucionó sin mayores contratiempos. Las semanas trascurrieron rápidamente, el trabajo aumentó y eso dejaba casi extintas las posibilidades de algún descanso, Terry y Margaret tenían poco tiempo para charlar o salir, sin embargo se la pasaban bromeando cada que podían hacerlo, y habían salido en varias ocasiones en las cuales Maggie había mostrado a Terry todos aquellos lugares interesantes y bellos de Boston, se acompañaban mutuamente durante el camino de salida del teatro aunque para ello tuvieran que esperar más de una hora para poder salir caminando sin problemas de ser interceptados por algunos fanáticos, la amistad que había nacido entre ellos los hacía hallar un sentido diferente a las largas jornadas de trabajos y ensayos, poco a poco ambos habían descubierto en el otro

a un amigo sincero y eso los hacía sentirse contentos, sin embargo el paso de los días es algo que no se puede detener, y el tiempo de que Terriuce partiera a Nueva York se acercaba cada vez más.

 

– ¿Entonces te irás el domingo al mediodía?, ¿no crees que es muy pronto?, ¿por qué no te quedas una semana más?

– Me gustaría pero tengo que irme, Robert me ha dicho que cuando regresemos realizará audiciones para la nueva obra que presentará la compañía y la verdad es que deseo competir por uno de los papeles principales.

– ¿Competir?, pensé que a alguien como tu ya no lo ponían a competir por los papeles, sino simplemente se lo asignaban y ya.

– Ja, ja, ja no, no es así señorita actriz, también yo tengo que luchar de vez en cuando por obtener lo que quiero – respondió Terriuce a la chica guiñándole un ojo.

– Ya veo – el rostro de la chica se entristecía al escuchar sobre la partida inminente del apuesto actor, se había acostumbrado mucho a pasar largos ratos con él y se preguntaba qué pasaría con ella ahora que ya no estuviera.

 

– ¿Qué pasa?, ¿por qué pones esa cara triste?

– No, por nada Terry… mmm, se me ocurre una idea, ¿por qué no vamos nuevamente de picnic antes de que te vayas?

– Mmm, me parece buena idea.

– Bien, entonces es una promesa.

– Si.

 

Las funciones de teatro siempre estaban completamente llenas de gente, había muchos que querían ver a la nueva actriz que participaba en ella, Margaret se había ganado a los espectadores por su belleza y su buen trabajo además, eso aunado a la fama de su pareja había hecho que fueran una pareja envidiada y codiciada por otras compañías teatrales. Una noche después de terminada la obra Terriuce y Maggie estaban esperando como siempre a que los fanáticos

desalojaran las salidas, charlaban y reían cuando de pronto entró Robert contento de haberlos encontrado.

 

– ¡Qué bueno que aun están aquí! – Les dijo Robert – ¿me acompañarían a mi oficina?, me gustaría platicar con ambos.

– Sí, claro.

– ¿Pasa algo Robert? – preguntó Terriuce.

– Nada, nada… – expresó el hombre con una sonrisa – no se preocupen, pero acompáñenme por favor. Los tres se dirigieron a la oficina, ya estando ahí se sentaron para escuchar lo que su director tenía que decirles:

 

– Me da gusto que ambos estén aquí, así podremos charlar a gusto, lo que tengo que decirles es importante – y dirigiéndose a la joven dijo:

 

– Maggie, ¿has pensado en qué es lo que harás una vez que la obra haya terminado?

– aun no lo sé, supongo que buscaré algún nuevo proyecto.

– pues, ya no tendrás que buscarlo, hace un rato platiqué con los directores de la Compañía de teatro de Boston y me han propuesto si quieres integrarte a su elenco. Como tú sabes, es una compañía muy importante que tiene presencia no solo en Estados Unidos, sino también en Londres, en Mónaco y en otros países más, creo que sería una muy buena oportunidad para ti.

– ¿Es en serio Robert? – preguntó la chica emocionada al escuchar semejante propuesta.

– Por supuesto que es en serio, pero deberás integrarte a ellos después de que la obra termine.

– Si, por supuesto.

– Me alegro mucho por ti pequeña, – intervino Terriuce – sin duda es una gran oportunidad para alcanzar tu ideal de ser una gran actriz.

– Si lo sé Terry… ¡estoy feliz! – La chica se abalanzó sobre el joven y lo abrazó fuertemente, Terry se sorprendió ante esta actitud tan efusiva pero al ver el

rostro de felicidad de su amiga no dijo nada y la abrazó también, a el más que a nadie le daba gusto haber escuchado esta noticia porque sabía lo difícil que era entrar a un grupo teatral aun si se había tenido éxito en alguna puesta en escena como actriz independiente.

 

– Bien, pues entonces felicidades Maggie – dijo Robert acercándose a ella para abrazarla también – ahora más que nunca tienes que esforzarte para que todo salga bien.

– Gracias Robert, sé que ahora todo exigirá más de mi, pero he de decir que tuve dos excelentes maestros de los cuales he aprendido mucho, así que no puedo defraudarlos.

– Gracias pequeña, bueno, esa es una de las noticias, la otra es para Terriuce; ya todo está decidido, la próxima obra del grupo Strafford será “Persuasión” de la escritora Jane Austen ¿qué te parece?

– Mmm, sin duda es un proyecto muy interesante.

– Espero verte compitiendo por uno de los roles principales.

– Eso dalo por un hecho.

– El sábado se repartirán los libretos y el miércoles comenzarán las audiciones para los personajes secundarios, pero Joseph me ha pedido si podemos regresar antes para hacer algunas pruebas de imagen contigo, ya que te está contemplando entre los candidatos más fuertes para el rol protagónico.

– Comprendo.

– Necesito que estés en Nueva York el lunes a primera hora.

– Si, por supuesto.

– Bien chicos, eso era lo que tenía que decirles, ya es tarde, será mejor que nos vayamos, deben descansar para estos últimos días.

– Estoy de acuerdo, Maggie, ¿estás lista para irnos?, te acompañaré hasta tu casa.

– Si Terry, cuando ustedes digan.

– Bien, vámonos entonces.

 

Los tres salieron del teatro, Robert los acompañó por un rato y se dirigió hacia su hotel, Maggie y Terriuce siguieron su camino mientras platicaban sobre lo que les había dicho el director, llegaron a casa de Margaret y se despidieron. Terry se fue pronto a su hotel, estaba cansado y tenía que preparar sus cosas ya que su partida tendría que adelantarse unos días.

 

En los últimos días, fue casi imposible que pudieran charlar a solas, Maggie pasaba con Robert la mayor parte del tiempo viendo todo lo necesario para su ingreso a la Compañía de teatro de Boston mientras Terry se ocupaba en afinar los detalles de su viaje, el último día de la obra estuvieron más ocupados que nunca, Maggie tuvo que acompañar a Robert saliendo del teatro a firmar su contrato con la compañía y Terry decidió que era mejor irse a dormir pronto ya que al otro día saldría temprano rumbo a la estación del tren para regresar a Nueva York.

 

“Hoy me he vuelto a ilusionar, y ya no te volveré a llorar

He vuelto nuevamente a sonreír, no importa que tú ya no estés…sin ti comenzaré a vivir de la mano de mis sueños porque hoy tengo el mundo a mis pies”

 

La mañana era algo fría, sin embargo el sol comenzaba a despuntar por el horizonte. Terry dejó su hotel después del desayuno y se dirigió rumbo a la estación de trenes de Boston, no había podido despedirse de Maggie pero pensó que sería lo mejor, después de todo, las despedidas eran algo que no le gustaban, al acercarse al andén correspondiente a su tren vio a lo lejos una silueta que le resultaba familiar: ahí, recargada en un pilar estaba Margaret esperándolo.

 

– Pero, ¿qué estás haciendo aquí?

– No creías que te ibas a ir sin despedirte de mi ¿o sí?

– Las despedidas no son algo que me guste mucho.

– A mí tampoco me gustan, por eso no he venido a despedirte, solo he venido a decirte hasta luego, porque estoy segura que nos volveremos a ver algún día.

 

Terriuce no supo que decirle a la chica, sin embargo se sintió feliz de verla ahí. Maggie se acercó a él y lo abrazó fuertemente.

 

– Terry, te quiero mucho, y sé que te voy a extrañar más, gracias por todo lo que hiciste por mí.

– Yo también te quiero mucho Maggie y también te extrañaré, no es común conocer a una joven parlotee tanto como tú, prométeme que vas a esforzarte mucho para convertirte en una gran actriz.

– Te lo prometo, pero tú también prométeme que seguirás adelante.

– Te lo prometo señorita actriz.

 

El momento de partir había llegado y el garrotero anunció la partida del tren, Terriuce abrazó a la joven una vez más y le dio un pequeño beso en la mejilla, subió al tren y se asomó por la ventana.

 

– Cuídate mucho, pequeña.

– Terry, recuerda que me debes un picnic, prométeme que algún día saldaremos esa deuda.

– Te lo prometo, y tú prométeme que algún día nos veremos en Nueva York, te llevaré de recorrido por toda la ciudad,

– Me parece bien, así estaremos a mano.

 

Ambos se tomaron de la mano para despedirse, el tren comenzó a avanzar lentamente, Maggie soltó la mano de su gran amigo y corrió al costado del tren.

 

– ¡Cuídate Margaret! – exclamó Terry.

– ¡Tu también Terry, nos veremos pronto! – gritó Margaret. Se quedó en el andén mirando cómo se alejaba el tren, sin embargo no se sentía triste, estaba segura de que algún día sus destinos se volverían a cruzar.

 

Terry cerró la ventana del tren y se acomodó en su asiento, se sentía preocupado porque sabía que al regresar a Nueva York tendría que enfrentarse con todo lo que había dejado atrás, sin embargo, este viaje en tren era diferente al que hizo cuando llegó, porque había conocido a una pequeña gran actriz que le había enseñado una manera de sonreír nuevamente y así poder sobrellevar la tristeza que poco a poco comenzaba a desvanecerse de su corazón.

 

“Caminando veo la vida que va desentendida sin preocupación; veo que sin razón el mundo nos aplasta en un segundo y esconde el amor… ahora yo solo sé que lo que necesito es dejarme descubrir, lo único que quiero es detenerme junto a ti, y quiero hallarte… simplemente, para amarte, para tatuarte en mi”

 

El viaje desde Sunville hasta Chicago la había dejado exhausta, sin embargo una fuerte esperanza alimentaba ahora a su corazón, Candy se dirigió rumbo al hospital para platicar con el Dr. Leonard, director del hospital; quería retomar su trabajo como enfermera y al cabo de unas semanas buscaría su cambio a un hospital que estuviera en Nueva York, eso facilitaría un poco las cosas, además como ya no quería seguir siendo vista como miembro de los Andley necesitaría ganar dinero de alguna manera, es cierto que eso le llevaría algo de tiempo, pero por el momento era lo mejor que podía hacer. Después de estar un largo rato en el hospital y habiendo sido aceptada nuevamente la bella rubia comenzó a buscar un departamento cercano al hospital donde poder quedarse, caminó durante unas dos horas hasta que encontró un pequeño lugar a unas cuadras del nosocomio, era un edificio propiedad de una señora de edad

avanzada, acordaron los términos del alquiler del cuarto y minutos más tarde Candy se instaló en el dispuesta a comenzar nuevamente.

 

Candy se levantó muy temprano para irse al hospital, al llegar se presentó con la jefa de enfermeras quien de inmediato le asignó los pacientes que tendría que atender y debería comenzar pronto. La rubia comenzó por hacer su primera ronda para conocer a sus pacientes y sus padecimientos para así saber qué era lo que cada uno necesitaba, todo el día estuvo muy ocupada, pero al final del turno lejos de sentirse cansada se sentía muy feliz, hacía tiempo que no la pasaba tan ocupada haciendo lo que le más le gustaba y eso la hacía sentirse satisfecha, sin embargo al término de la jornada y camino a su casa solía sentirse muy sola, el recuerdo de las tardes compartidas con Albert al término del trabajo por esas mismas calles que habían recorrido tantas veces la hacían sentirse como una intrusa en el lugar; después de lo que lo mal que se había portado con él, la hacía sentir que no tenía derecho a estar en sitios donde habían planeado una vida juntos, sin imaginar que una vez más el tiempo se encargaría de cambiar sus planes de una manera inesperada.

 

Las semanas en el hospital transcurrían rápidamente, el trabajo no cesaba un instante y Candy tenía que andar de un lado a otro para poder atender a sus pacientes. A medida que iban pasando los días se sentía más inquieta por saber si su traslado había sido aceptado, el Dr. Leonard se había sorprendido mucho cuando escuchó aquella petición, sin embargo, no quiso preguntar mucho porque imaginaba que aquella decisión seguramente tendría algo que ver con la disolución del compromiso con el Sr. Andley, sin duda esa fue una noticia de la que todo Chicago se enteró, esto preocupaba de sobremanera al galeno al pensar que la decisión de la joven estuviera tomada impulsivamente sin embargo, al ver el entusiasmo y dedicación con el que Candy desempeñaba su trabajo decidió no ponerle obstáculos a la joven y apoyarla en su solicitud.

 

Después de terminar sus reportes se quedó sentada un buen rato mirando hacia la ventana, el día había sido soleado y había dejado una bella tarde, Candy pensó por un instante en cuantas tardes así habían pasado desde que se fue de Chicago, después de la ceremonia de compromiso difícilmente pudo disfrutar de una tarde tan bella como la que tenía frente a ella… comenzó a pensar en Terry… ¡Que maravilloso sería pasar una tarde tan bella como esa juntos!, tal vez paseando por algún parque, o simplemente caminando sin rumbo alguno solamente disfrutando de su amor…

 

– Terry… ¿ya habrás vuelto de tu viaje?, el encargado del edificio donde vives me dijo que solo saldrías unos días y de eso tiene poco más de dos meses… sin duda ya debes haber vuelto, ¿cómo estarás?, ¡cielos!, ¡Ahora pienso que debí dejarte alguna nota o algo que te hiciera saber de mi presencia en tu departamento!, ¡Candy, eres una torpe! Pero no vale la pena pensar en lo que pude haber hecho, lo importante es que es lo que haré ahora que te vea nuevamente.

 

– ¿Señorita Candy? – le llamó una enfermera al verla aún sentada ahí.

– ¿Ehh?, discúlpeme usted, ¿tiene mucho tiempo hablándome?, perdón pero estaba algo distraída.

– No se preocupe, pero le aviso que ya terminó su turno por el día de hoy, ¿por qué no aprovecha esta tarde tan bonita para salir y despejarse un rato?, con todo el trabajo que tuvo el día de hoy supongo que debe estar cansada.

– Ji, ji, ji… si, me siento un poco cansada pero estoy bien, y estoy de acuerdo, lo más conveniente será disfrutar de esta bella tarde, gracias, nos vemos el día de mañana, que descanse.

– Igualmente que descanse usted, hasta mañana.

 

Candy tomó su abrigo y su bolso y salió del hospital, el atardecer teñía de rojo el cielo mientras el sol terminaba de ocultarse, la joven caminaba lentamente ensimismada en sus pensamientos, los cuales iban dirigidos a una sola persona…

 

“Estas en cada paso, en cada instante… siénteme, te puedo tocar y cada vez que mire hacia delante tu mirada me llevará”

 

– ¿Qué estarás haciendo en estos momentos?, ¿estarás viendo el mismo atardecer, o los atardeceres en Nueva York serán diferentes?, ojalá estés viendo este bello atardecer Terry, me gustaría tanto saber que lo miras, así podría imaginarme que estas a mi lado y yo al tuyo… no sabes cómo desearía que estuviéramos juntos en este momento…

 

La bella pecosa llegó a su departamento con algunas cosas para merendar, después de haber comido se puso el pijama y se recostó en la cama… se sentía tranquila por el día que había transcurrido mientras seguía pensando en Terriuce, de pronto comenzaron a rondar su mente una serie de pensamientos: hasta ahora ella había pensado solamente en lo que haría cuando estuviera en los brazos de Terry pero, ¿qué es lo que pasaría si él ya no la quisiera a su lado y la rechazara?, ¿y si tuviera a alguien más?, después de todo, él era un joven muy apuesto y además él tenía la idea de que ella se casaría con Albert en unos días, ¿qué le impedía entonces rehace su vida al lado de otra chica?… ¡No!, ¡Eso no puede ser!, Terry no podría hacerlo… durante muchos años sin saberlo nos seguimos amando, no se puede olvidar un amor como el nuestro así tan fácilmente… pero…. ¡Basta Candy!, prometiste que no dudarías y serías firme para alcanzar lo que quieres… pero sin duda es malo dejar pasar tanto tiempo sin saber nada el uno del otro, es necesario buscar la manera de que Terry se entere que no me casé con Albert y que rompimos nuestro compromiso… tengo que buscar la manera de que me trasladen a Nueva York lo más pronto posible o al menos de ir a buscarlo una vez más y contarle todo lo que pasó. Terry… mi amado Terry…

 

Poco a poco la joven se quedó dormida, mientras en su inquieto corazón algo la hacía dudar sobre si Terry seguiría esperándola o habría renunciado a su amor por ella, sin embargo eso tendría que descubrirlo al estar frente a él una vez más.

 

Después de varios días la tan esperada noticia llegó, el Dr. Leonard llamó a Candy para informarle que se había autorizado su traslado al Medical Center Hospital de Nueva York, el cual era uno de los más importantes de esa ciudad, Candy se emocionó muchísimo al escuchar la noticia aunque había un pequeño inconveniente: tendría que presentarse el primer lunes del mes siguiente porque antes sería imposible recibirla según informaron al Dr. Leonard; Candy se sintió algo decepcionada al escuchar esto último, sin embargo decidió no decir nada y esperar pacientemente a que se cumpliera el lapso de tiempo que indicaba el oficio de aceptación del traslado…

 

Esa noche ya en su cuarto Candy se puso a escribir, escribió una carta a la Srita. Ponny y a la hermana María en donde les contaba sobre su próximo traslado a Nueva York y lo emocionada que estaba porque al fin podría ver a Terry. Al cerrar el sobre se quedó pensando en su querido hogar de Ponny cuando de pronto una imagen vino a su mente: ¡Annie!,

 

– ¡No es posible!, ¡Me he olvidado completamente de Annie!, tengo que contarle todo lo que ha sucedido porque le prometí que la mantendría al tanto de lo que hiciera… ¡Candy torpe! Será mejor que comience a escribirle de inmediato – Candy comenzó a escribir una larguísima carta a su amiga donde le contaba todo lo que había pasado desde que partió buscando a Terry, después de terminarla y ponerla en su sobre se sintió más tranquila y se fue a dormir.

 

“Y he retornado al punto donde todo empezó…, y hoy tu recuerdo parece pesar menos como si se alojase en el espacio del olvido porque hoy he comprendido que mirar hacia delante es la única y verdadera manera que tengo para vivir”

 

Terry había vuelto a Nueva York después de un viaje tranquilo, había vuelto al punto de partida y regreso de muchos sucesos de su vida, sin embargo esta vez era diferente, se sentía optimista y con ánimos para enfrentarse a los recuerdos que había dejado en aquel lugar el día que partió. Se encaminó a una pequeña cafetería para merendar algo, dio algunos autógrafos a unas jovencitas que lo reconocieron al entrar al lugar y después de eso se fue a su departamento. Comenzó a acomodar su equipaje quedando sobre su cama el libreto de la obra que acababa de terminar con la rosa blanca ya seca y aun envuelta en el papel oscuro entre sus hojas, sin duda eso sería una buena forma de guardar el recuerdo de aquella pequeña gran actriz, tomó el pequeño libro y lo colocó en su librero donde tenía guardados los libretos correspondientes a cada una de las obras en las que había participado, se había vuelto una especie de costumbre hacerlo, sin embargo, era la primera vez que podía atesorar algo en ellos que no fueran recuerdos tristes. Después de acomodar apagó la luz y se dejó caer sobre su cama, cerró los ojos y trató de poner la mente en blanco mientras se iba quedando dormido, al día siguiente se presentaría en el teatro y sin duda necesitaba descansar.

 

Al día siguiente se presentó en el teatro, todos sus compañeros se alegraron al verlo nuevamente y lo felicitaban por la obra que acababa de terminar ya que hasta Nueva York llegaron las noticias de que había sido todo un éxito, Terry no le dio mucha importancia al asunto y agradeció con su actitud fría de siempre los halagos de sus compañeros, esto no sorprendía a ninguno de los ahí presentes: conocían de sobra el carácter frío y seco de su compañero así que sin darse por ofendidos escucharon atentos a los directores Joseph Hillard y Robert Hathaway quienes les hablaron acerca de lo que sería la nueva obra de grupo.

 

– ¡Buenos días a todos!, me alegro mucho de verlos nuevamente, el día de hoy les explicaremos las reglas del juego para la nueva obra de la compañía Strafford, el nombre de la obra es “Persuasión” de Jane Austen, supongo que han escuchado

sobre ella con anterioridad, por ser una historia que está de moda, bien, lo que nosotros pretendemos que sea una obra como nunca antes se haya visto, por lo que esperamos que los que participen en ella den su máximo esfuerzo. Lo que les están repartiendo es el libreto original, les voy a pedir que después de ver la psicología y personalidad de los personajes se anoten en los roles que deseen interpretar y estén listos porque a partir del miércoles comenzarán las audiciones para los personajes, porque en esta obra no habrá roles previamente designados, todos los papeles están disponibles así que será una competencia fuerte ya que todos ustedes son actores muy capaces y reconocidos, por lo que esperamos lo mejor de cada uno de ustedes. En las listas donde les hemos pedido que se anoten están las horas en que deberán presentarse para la audición, no tengo que recordarles que sean puntuales ¿verdad?

– Ja, ja, ja – Rieron los allí presentes al escuchar lo que les decía Robert Hathaway,

 

– Bueno, eso será todo por el momento, esperamos sus decisiones sobre los personajes que interpretarán y les deseamos a todos el mayor de los éxitos.

 

Todos los actores comenzaron a leer el texto que les acababan de entregar y se fueron anotando para los roles que creían más les ajustaba, Terriuce leyó detenidamente la psicología de cada personaje y después de meditar cinco minutos se levantó para apuntarse en el listado de los que participarían por el rol protagónico, después de esto se fue a su departamento, se sentía emocionado por este nuevo proyecto así que no quería perder ni un solo minuto, por lo que inmediatamente deseaba comenzar a estudiar.

CONTINUARÁ…

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8 comments

  1. Candy-Terry.esperamos
    pronto.puedan.estar
    juntos.

    Besos.Sakura.

  2. mmmmmm ojala k candy valla luego luego a buscar a terry y el la perdone y ps k no se deje engañar poresta supuesta relacion kon magui….bueno graxias por subirlo

  3. mmm.. ami no me gusta que Terry encuentre consuelo en alguien mas…espero que pronto se encuentren…

  4. Gracias x tu historia cada capitulo me ha mantenido a la expectativa y espero con ansia q ya los dos amantes se encuentren juntos!!
    Saludos!!!

  5. Esa niña sera un peligro??? bravo Sakura, no me pierdo ninguno de tus capitulos y ahora menos xq tu fic cada vez esta mejor, me enknta y la trama va perfecta, eres muy buena escribiendo, aqui andare esperando la conti, no tardes porfa!!!

  6. Sakura como siempre te quedo de lujo este capitulo y ya me declaro en contra de esa tal Maggie,por favor Candy llega yaaaaaaaa! escribe pronto que me muero de angustia jejejeje….

  7. hola sakura,hasta que al fin aparecio candy dejame decirte que no me gusta para nada que terry ,este pensando en esa niña,,,, solo espero que se encuentren pronto y que al fin puedan ser felices.besos *.*

  8. ola sakura, no me gusta mucho el hecho de que terry este pensando tanto en esa niña, y q la extrañe, no me gusta eso pero al menos ya aparecio Candy, ojala que se encuetren pronto y regresen XD

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