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Aun en el tiempo y la distancia,… al final habremos de encontrarnos Capítulo 20

Capítulo 20      El recuento de los daños

“Los cristales rotos de esa copa, mi corazón hecho mil pedazos, y los sueños que alguna vez forjamos desaparecidos por negar que tu nombre está grabado en mi corazón, qué hacer ahora, eso quisiera saber…”

El frío se dejaba sentir entre el tumulto de gente que se arremolinaba presurosa en el andén, el barullo se escuchaba como un rumor vago que servía de fondo para una nueva dolorosa partida, Candy se quedó inmóvil al llegar a la baranda del andén. Vio alejarse el tren que llevaba consigo todos sus sueños y esperanzas, ese tren que llevaba a lo único que realmente había amado en la vida y que tanto tiempo se había tardado en descubrir, parada en ese lugar se sintió presa de un frío abrumador que estremeció todo su cuerpo, cayó sobre sus rodillas mirando con los ojos inundados desaparecer la estela de humo en el horizonte, y al instante los reproches sobre sus actos no se hicieron esperar, ¿por qué?, ¿por qué el destino se había empeñado en jugar con ellos de esa manera, juntándolos y separándolos constantemente?, ¿por qué se tenía que separar una y otra vez de la gente que tanto quería? Desde niña su vida había sido así, llena de pérdidas y reencuentros… y ahora que por fin se sentía con la fuerza para buscar la felicidad en el único ser que podía brindársela, nuevamente se había ido… simplemente la había dejado atrás como en aquel puerto aquella tarde brumosa de Londres.

– Terry… Terry, se repetía una y otra vez sin dejar de llorar – ¿por qué no me escuchaste?… como aquella vez cuando te fui a buscar a la parte de atrás del teatro… pasó lo mismo que hoy… no, no pasó lo mismo, porque en esa ocasión no te había lastimado como ahora lo hice, Terry, aquí estoy…Terry vine a buscarte con la esperanza de que me aceptaras entre tus brazos y ahora te vas… Candy se repetía así misma estas palabras reprochándose a sí misma una y otra vez por sus malas decisiones y como estas habían acarreado la infelicidad de dos seres tan queridos para ella como lo eran Terry y Albert, sus errores habían ocasionado que ambos fueran infelices y sufrieran… ¡Lo último que ella habría deseado…! se levantó limpiando su rostro con la manga de su abrigo cuando entre todo el escándalo escuchó el delicado sonido de una cajita musical, la cajita musical de Stear comenzó a sonar dentro su bolsillo, Candy la sacó y recordó lo que también en un andén de tren le dijera su gran amigo:

“Siempre que la escuches te traerá la felicidad”

La bella rubia se quedó mirando fijamente el pequeño instrumento y sintió como el viento rozaba su rostro, volteó nuevamente hacia el horizonte y lanzó un gran suspiro…

Candy se retiró de la estación del tren sin saber qué rumbo tomar… se sentía algo contrariada porque no imaginó esta nueva jugada del destino, estaba plenamente segura de que esta vez podría arreglar las cosas y aclarar junto a Terry todos los problemas y malentendidos que existían entre ellos. Se fue caminando durante un buen rato por la calles de Nueva York, esas calles que en una fría noche de invierno le habían traído tanto dolor al recorrerlas, parecía que esa ciudad no tenía más que tristezas reservadas para ella, se sentía más sola que nunca y solo podía pensar en el único lugar donde podía sentirse a salvo del mundo cada que este le mostraba una mala jugada, así que sin pensarlo mucho regresó a la estación de tren y compró un boleto para regresar a Sunville, y volver a su querido Hogar de Pony.

La joven entró en uno de los vagones y se sentó junto a la ventana, recargó su cabeza en el vidrio y se fue ensimismada en sus pensamientos, de vez en cuando veía el correr de los árboles a lo largo del camino y volvía a sumergirse en su mente, habían pasado tantas cosas en esos últimos meses, los preparativos de su boda con Albert, su gran amigo, su protector… el reencuentro con Terry y el descubrimiento de que a pesar del tiempo pasado entre ellos el fuego del amor que sentían en vez de extinguirse se había tornado más fuerte y vivía encerrado en una prisión construida por ambos, una prisión que no había servido más que para lastimarlos al darse cuenta de que se amaban y eso era algo que no podía ocultar más, pensaban en tantas cosas que su mente por fin se rindió a sus fuerzas y se quedó dormida el resto del trayecto.

“Lágrimas que no consiguen apagar el fuego que hay en mí, hay ilusiones muertas por doquiera, solo quedan ruinas de mi…”

Los primeros rayos de la mañana sacaron a Candy de su letargo, había sido una noche muy pesada, el tren se detuvo media hora después para llegar a su última estación, Candy se bajó y respiró fuerte y hondamente para sus adentros para encaminarse hacia su querido hogar… decidió seguir el sendero por una parte y después seguir a través del bosque que la había visto crecer, pronto llegó hasta la pequeña cerca blanca de la casa le parecía más alta hace algunos años, se desarrugó lo mejor que pudo el abrigo y tocó a la puerta algo extrañada de no escuchar ningún ruido de niños jugando a los alrededores. Al abrir la puerta una pequeña niña salió y le dijo:

– Hola

– La rubia sonrió y contestó a la pequeña

– Hola, buen día, disculpa, ¿puedo pasar?  Busco a la Señorita Pony o a la hermana María—al momento que decía esto la silueta de una mujer alta y delgada se dejó entrever

– ¿Quién es Marianne?… – Ohh… ¡Candy!

– ¡Hermana María! – gritó la joven y se arrojó a sus brazos feliz de ver a una de sus madres…

– ¡Qué hermosa estás!… pero pasa, pasa… la Señorita Pony y yo teníamos tantas ganas de verte… Marianne, puedes ir a jugar con los chicos…

– Si hermana, gracias, con su permiso señorita, contestó la pequeña y se alejó corriendo para unirse a sus amigos

–Vaya, es más educada de lo que yo era a su edad je, je, je…

– Es cierto, siempre fuiste una niña muy traviesa…

Al ir caminando y acercándose hacia un pequeño despacho la hermana María le dijo…

– Candy, te has convertido en una hermosa dama, pero no has dejado de ser una niña.

Candy no supo que responder, le extrañaba el comentario que la hermana le hacía quería decirle a la hermana que eso no era cierto, que ella ya era una mujer, hacía muchos años que había dejado de ser una niña pero al querer responderle a la hermana un nudo en la garganta le impidió hablar, por lo que solo se limitó a sonreír.

– ¡Candy! ¿Eres tú?… decía una mujer robusta, de cabello cano que se incorporó rápidamente al ver a la recién llegada

– Señorita. Pony soy yo – dijo Candy contenta al ver a la mujer y forzándose a si misma para seguir sonriendo

– No puedo creer que seas tú, estas tan hermosa

– Es lo mismo que yo le dije – intervino la hermana María—se ha convertido en toda una señorita de la más alta sociedad.

Candy sonreía tratando de disimular la inmensa tristeza que parecía ya decidida a vivir permanentemente en su cuerpo, sin embargo, el estar en el hogar rodeada de dos seres tan queridos para ella hicieron que su dolorido corazón no pudiera resistir más y se arrojó a los brazos de ambas llorando desconsoladamente, al ver esta actitud ambas mujeres abrazaron a la rubia sin hacer preguntas, así estuvieron algunos minutos hasta que la joven tomó su segundo aire y comenzó a calmarse

– ¿Qué pasa Candy?, ¿Por qué lloras así?

– Dinos pequeña, ¿qué es lo que te pasa?

– Señorita Pony, Hermana María… exclamó Candy al sentir a sus queridas madres tratando de comprender lo que le pasaba — los he perdido, los he perdido… decía entre sollozos

– ¿A quiénes Candy?, explícanos – decía la hermana María angustiada al ver que la pecosa no dejaba de llorar.

– Candy, dinos que te pasa, cálmate pequeña y cuéntanos que te sucede, pero tranquilízate por favor—decía la Señorita Pony al tiempo que con gran ternura acariciaba los bellos bucles dorados de la joven.

Candy fue tomando poco a poco fuerzas y les relató todo lo que había pasado en esos meses: la abrumadora vida aristócrata que tenía que llevar como prometida de la cabeza de los Andley, los preparativos de la boda, su ida a Escocia y su reencuentro con Terry y el amor que ella creía extinguido hacia tanto tiempo, la decisión de Albert de dejarla libre para buscar su felicidad al lado del hombre al que realmente amaba y cómo no había podido alcanzarlo una vez más al ir a buscarlo, expuso a aquellas mujeres todo el dolor y la tristeza que sentía dentro de ella, y la confusión que sentía al encontrarse sin saber qué rumbo tomar en su vida.

La Señorita. Pony y la hermana María la escuchaban atentamente tratando de no intervenir demasiado para que Candy no se guardara ningún detalle, estaban interesadas en saber que había pasado con esa pequeña a la que consideraban su hija y les preocupaba el hecho de ver tanta tristeza en su corazón y cómo esta se reflejaba en su rostro, sin embargo no quisieron opinar nada por el momento. Candy comprendía la actitud de sus maestras,  ella misma no se había atrevido a pedirles un consejo sobre qué hacer… así que solo terminó de relatarles todo, también les contó de Archie y Annie y cómo fue la llegada del pequeño Alistear, y lo hermosa que Annie se veía con su pequeño en brazos, así fue buscando cambiar el rumbo de la conversación hasta que les dijo:

– Bueno, pero cambiemos de tema… veo que ustedes están muy bien

– Así es Candy, – contestó la Señorita Pony – gracias al apoyo del Sir William Andley ahora nuestro hogar tiene más espacio para atender a los chicos, tenemos una granja que ha ido creciendo poco a poco,  los dormitorios son más amplios para que los niños estén más a gusto, y hasta tenemos un carruaje, que nos donaron nuestros benefactores a parte de la carreta, y dos caballos que nos regaló Tom

– ¿Tom? ¿Siguen viéndolo, cómo está? Hace mucho tiempo que no lo veo…

– Si, vive con su esposa  y su padre en el rancho Steve.

– pero ¿cómo? ¿Acaso ya se casó? – preguntó Candy muy sorprendida ante tal noticia

– Tom te fue a buscar a la casa Andley para invitarte, pero le dijeron que estabas en Escocia, por eso es que ya no te pudo avisar, fue una boda muy bonita y emotiva y él se veía muy feliz junto a su esposa Clarice, se fueron de luna de miel y regresaron hace un mes,

– Creí que buscaría vivir aparte – dijo Candy que no terminaba de salir de su asombro

– No, – contestó la hermana María, – bueno, nosotras también pensamos que sería así pero ni Tom ni Clarice quisieron dejar solo al Sr. Steve, por eso ambos decidieron que vivirían en el rancho.

– Tom viene de vez en cuando a traernos queso para los niños y así aprovechemos la leche de nuestra vaca para los niños, tal vez en estos días puedas saludarlo… porque, ¿te quedarás unos días con nosotras no Candy?

– Eso quisiera Señorita Pony si ustedes me lo permiten y no les ocasiono muchas molestias.

Esta respuesta las dejó algo sorprendidas, nunca se imaginaron que Candy siendo como era pudiera responder tan tímida y educadamente a una invitación suya a permanecer en un lugar por demás familiar para ella, la Señorita Pony solo rió para sus adentros y mirando a la pecosa dijo:

– Bien, Hermana María, por qué no le enseña a Candy donde puede dejar sus cosas para que se refresque y descanse del viaje…

–Si Señorita Pony, ven Candy acompáñame

– Si hermana María, Señorita Pony… gracias, con su permiso.

Ambas mujeres salieron de la habitación mientras la Señorita Pony las seguía con la mirada y pensaba en la Candy que había crecido junto a ellas y esta damita confundida que tenía ahora frente a ella.

Al llegar  los dormitorios la hermana maría le indicó a Candy que se quedaría en el mismo dormitorio que la Señorita Pony y la hermana compartían desde hacía mucho tiempo, pues como la señorita que era ya no podía quedarse a dormir con los niños, Candy sonrió y pensó en aquellos días en que su dormitorio era el mismo que el de cualquiera de los chicos del hogar, recordó las pequeñas camas bien tendidas y los pijamas de los niños sobre las mismas, la habitación tenía que estar bien recogida y todo en su lugar… todo estaba igual, la habitación estaba iluminada por una gran ventanal que daba vista a la colina donde se encontraba el padre árbol. Candy pensaba en todos estos detalles al tiempo que se quitaba su abrigo y se ponía ropas más cómodas ya que para estar en su querido hogar de Pony, no necesitaba de vestidos lujosos ni de joyas costosas,  ya estando más cómoda se sentó sobre la cama y miró a la colina del padre árbol, su mente quedó por un momento en blanco y decidió que más tarde le haría una visita, tenía tanto tiempo para hacerlo, pero antes había otro lugar al cual deseaba ir.

Candy salió de la habitación y fue a buscar a la hermana María, la encontró junto con la Señorita Pony entretenidas con los niños, la hermana les pedía a los chicos que pasaran a asearse para pasar al comedor, la hermana miró también a Candy y le dijo:

– Tú no eres la excepción, Candy, por favor ve a lavarte para que pasemos al comedor

–Sí, hermana… respondió la pecosa ruborizada por la orden que le diera la hermana, por un momento se sintió como una pequeña niña a la que siempre había que estar retando para que se aseara antes de comer… a Candy le pareció divertido y salió a lavarse tal y como la hermana le había ordenado.

La hora de la comida transcurrió de lo más tranquila y amena, Candy pensaba que en ese lugar las cosas siempre eran así, todo era más fácil, se dedicó a ayudar a sus maestras en las diversas actividades que tenían, al final del día se sentía agotada, hacía mucho que no trabajaba así, sin duda era muy distinto a estar en la casa Andley cumpliendo “funciones de prometida” como ella solía decirles… después de la merienda, decidió que ya era hora de descansar, se retiró a su cama  y se recostó, fingió dormir cuando escuchó que sus maestras entraban al cuarto tratando de no hacer mucho ruido para no interrumpir su sueño… la hermana María se acercó a Candy y le retiró un rizo que le caía en el rostro y comentó con la señorita Pony:

– Se ha convertido en una dama, pero aún no ha dejado de ser una niña

– Es cierto hermana, pero creo pienso que esta vez nuestra Candy se ha confundido más de la cuenta, creo que lo que necesita es un poco de tranquilidad para que ponga en orden sus sentimientos y pensamientos, una vez que lo haga estoy segura que volverá a ser la chica alegre que conocemos

– Eso espero Señorita Pony pero…

– No se preocupe hermana, nuestra Candy es una chica muy inteligente y fuerte, ella jamás se ha dado por vencida en nada, es cierto que estos problemas no son tan sencillos, los problemas del corazón nunca han sido sencillos pero sin duda nuestra pequeña sabrá afrontar la situación y alcanzar finalmente su felicidad

– Es cierto Señorita Pony porque esa es nuestra Candy

Pronto todos en el hogar dormían y el silencio se dejaba sentir en el lugar; Candy había escuchado cuidadosamente y en silencio cada una de las palabras de sus madres y un nudo en la garganta se dejaba sentir en ella, tomó su bata y salió de la habitación para después salir de la casa, el cielo estaba cubierto de estrellas y algunas nubes se dejaban ver, era una noche agradable y tranquila para cualquiera, pero para ella, era una noche como había pasado tantas anteriormente, llena de remordimientos y tristezas… sentada sobre el pasto la rubia pensaba en cómo las cosas no le habían salido como ella esperaba, pensaba en el porqué de la reaparición de Terry en su vida si ella había estado tan tranquila al lado de Albert durante tantos años, había logrado quererlo más allá de lo que se quiere a un buen amigo, incluso ella estaba segura de que en algún momento llegó a sentir verdadero amor hacia él, y deseó aferrarse a ello… estaba convencida de que con el tiempo llegaría a amarlo mucho, pero en esos momentos era cuando la sombra de ese joven de cabello largo y castaño volvía a aparecer… eso siempre había angustiado a Candy de alguna manera, no importaba cómo, Terry siempre aparecía en sus pensamientos y eso era algo que ella había tratado de mantener como su mayor secreto; pensaba que un vínculo roto entre dos seres que a pesar de muchas cosas se habían querido y a los cuales el destino había separado no podía seguir siendo igual de intenso no era posible seguir amando con la misma intensidad era algo que ella se repetía que no podía existir, pero cuando Terry reapareció en su vida todo aquello de lo que estaba segura pasó a segundo término, al corazón no se le ordena a quien debe querer, el simplemente decide y no hay nada que lo haga cambiar de opinión, el amor que ella decía profesarle a Albert se mostraba como lo que era en realidad: un profundo cariño pero nada más, el ser que su alma había escogido para ella era aquel al que ella creía haber renunciado en la escalinata de un hospital aquella fría noche de Nueva York, ¿cómo podía ser entonces que apenas lo vio resurgieron en ella todos esos recuerdos y deseos de permanecer a su lado sin importar nada ni nadie, aun sabiendo que ya no era posible hacerlo?, ¿cómo era posible que el amor pudiera hacer tanto daño?, porque finalmente ella había pretendido querer a Albert con un amor que no le correspondía, un amor destinado únicamente  para Terriuce, sin embargo no había sido capaz de afrontar a sus sentimientos y dudas, esa era la razón por la que había perdido a ambos, a Albert al no haber sido sincera respecto de lo que realmente sentía hacia él y a Terriuce al no haberse decidido a obedecer a su corazón y pedirle que se marchara aun cuando le había confesado que lo seguía amando; Candy lloró y lloró, durante casi toda la noche, sabía que tomar una decisión no sería nada fácil, aún tenía dudas sobre a quién hacerle caso: si a la razón o al corazón, el no haber alcanzado a Terry cuando partió le hacía sentir temor, pues conocía de sobra su carácter, sabía que si Terry había decidido irse nada de lo que ella hiciera lo haría regresar y menos después de haberlo lastimado así, sin embargo,  también pensaba que quedarse con la duda sería peor, tal vez sería mejor escuchar un “ya no te quiero” de sus propios labios, y así convencerse de que lo de ellos definitivamente ya no era posible aunque eso seguramente representaría acabar definitivamente con ella.

Por otro lado estaba Albert, él también había sido afectado por sus indecisiones al haber alimentado tanto tiempo un sentimiento contrario a la realidad; porque el si la había amado, se lo había demostrado durante cada día de esos cuatro años a través de muchas formas, pero sobretodo brindándole el apoyo y la paz que había buscado, llegó un momento en el que se hizo dependiente de él, y ahora el hecho de encontrarse sin su protección la hacía sentir frágil y vulnerable; la forma en que él se despidió de ella había sido tan dulce, pero a su vez tan única, Albert le había demostrado que la amaba al brindarle nuevamente su libertad, eso era algo que él amaba de ella, la había conocido como un ser libre como una hermosa paloma que volaba por el cielo y que de pronto se vio encerrada en una jaula dorada… Albert le había brindado una oportunidad para que buscara lo que realmente deseaba, una oportunidad de ser libre de nuevo, sin la presión de una palabra dada y de un compromiso en espera de ser cumplido, una vez más Albert la había liberado para que definitivamente buscara ser feliz y si al final ella llegaba a descubrir que el lugar en donde realmente quería estar era a su lado, el la esperaría para amarla como siempre lo había hecho. Candy lo sabía y por ello esta vez debía tomar la mejor de las decisiones… el lastimar a alguien era algo que no quería volver a hacer.

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4 comments

  1. ps muy bonita la historia eh enverdad te agradesco mucho k sigas escribeindo como hoy nada mas k si me volvi,loka de ver k otra vez no lo alcanzo porfavor k se arreglen ya porfa grasias y felicidades …esperamos pronto al continuacion

  2. Me.encanto.la.adaptacion.al
    cap.anterior.de.la.cancion.Mi
    Vestido.Azul.

    Candy.hazle.caso.al.corazon,
    Terry.y.tu.merecen.ya.concretar
    juntos.su.amor.

    Esperamos.anciosas.Que.sucede
    en.los.proximos.caps.

    Que.te.sigas.inspirando.

  3. ummm,no se sakura pero creo que quieres que candy vaya en busca de albert en ves de terry y no me gusta la idea ya que candy y terry han sufrido mucho para separarlos nuevamente, ya se que es tu historia pero esta es mi opinion,,,, felicidades y cuidate

  4. jejejeje…. chicas preciosas no se adelanten… confíen en mi ^-^!

    Mil gracias a todas y cada una de ustedes por seguir leyendo mi fic… espero que en verdad les esté gustando, ya verán lo que sucede después…

    Las quiero mucho!!!

    Sakura Hayashi.

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