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Aun en el tiempo y la distancia,…al final habremos de encontrarnos Capítulo 17

Capítulo 17       Preludio de una despedida: Candy y Albert

“Arréglate mujer, se te hace tarde, y llévate el paraguas por si llueve, él te estará esperando para amarte, y yo estaré celoso de perderte…”

A la mañana siguiente Candy se despertó tarde. La larga caminata al lado de Albert había resultado muy cansada, pero más agotadores habían resultado los pensamientos que la habían asaltado durante la noche y no le habían permitido conciliar el sueño hasta avanzada la madrugada. Aunque había disfrutado muchísimo de la caminata con él, Candy había tenido la sensación de que aunque físicamente estaban juntos, realmente cada uno había estado prisionero de su propia sentencia. Fue por eso que durante casi toda la noche, Candy estuvo repasando en su mente los recuerdos de lo que había sido su vida al lado de Albert hasta ese día… pero lo que más la asustó, fue cuando imaginó el tipo de vida que llevarían de ahora en adelante: se imaginó compartiendo una casa al lado de Albert, compartir los días, la mesa, la cama… y mientras lo hacía, acudió a ella la absoluta certidumbre de que nunca podría entregarse plenamente a Albert porque Terry siempre estaría allí, rondando en sus recuerdos.

Se dio cuenta de que siempre que estuviera con Albert, estaría pensando en cómo sería el mismo momento si lo compartiera con Terry.

Antes de dormirse, agotada por el cansancio, Candy se había dado cuenta de que no debía condenar a su amigo a compartir la vida con una mujer que no lo amara completa y absolutamente, como él lo merecía. Y el pensamiento que ahora la agobiaba de forma inmisericorde, era la absoluta certeza de que esa mujer que debía amarlo de esa forma plena, nunca podría ser ella…

Ahora que se había levantado aun no podía apartar de su cabeza los constantes pensamientos que la invadieron la noche anterior, un extraño presentimiento de que algo pasaría la atacaba dejándola con una inseguridad a flor de piel, tomó un baño, y se arregló, con la intención de bajar lo antes posible a buscar a Albert, y así lo hizo, vagó desesperadamente por los jardines, y pasillos de la mansión, pero por ninguna parte lo encontró, en su piel una extraña melancolía la invadió, no entendía por qué pero su corazón se agitaba, mientras la sensación de un recuerdo ya vivido volvía a ella, ¡tantas veces había vivido este sentimiento!, ¿por qué no lograba reconocerlo? De repente al bajar por las escaleras, una súbita tristeza se coló de repente en sus pensamientos, quedó inmóvil a media escalera reconociendo aquel pensamiento. ¡Era el mismo que aquella noche! una inmensa desesperación la asalto, y rápidamente se dirigió a la zona este de la casa donde se encontraba la habitación de Albert. Llamó varias veces a la puerta pero sin éxito, no sabía qué pasaba, solo estaba segura de que debía encontrarlo. Al estar de pie en el pasillo una mucama, la miró extrañada y se acercó a ella.

– ¿Señorita Candy, le sucede algo?

Candy la miró, y dudó un momento en responderle, pero después le dijo.

– No, solo estaba buscando al señor Albert, ¿lo ha visto?

– Si señorita, el señor salió muy temprano en la mañana.

Candy solo asintió al comentario y se dispuso a ir nuevamente a su habitación.  En el trayecto la rubia se encontró con Annie.

– Buen día Candy, – dijo Annie muy animada.

– Buen día contestó ella.

– ¿Cómo amaneciste? – preguntó Annie.

– Muy bien gracias, – contestó.

– ¿Buscas a Albert verdad?.

– Si así es. Pero la mucama me dijo que salió desde temprano.

– Si, antes de salir paso a vernos a Archie y a mí.

Candy la miró atenta, era realmente extraño lo que sucedía. – ¿Qué les dijo? – preguntó.

– Ven a desayunar conmigo ¿qué te parece si hay conversamos?

Candy asintió y ambas jovencitas partieron rumbo a la habitación Corwneld.

Al llegar a la habitación todo estaba listo. La mañana había empezado muy fría, pero el sol inundaba la terraza mientras calentaba con su luz blanquecina los sillones del pequeño desayunador y junto con él, a las damas que allí se encontraban. Cuando hacía tanto frío a Candy le agradaba sentir el cosquilleo sobre la piel que le provocaba el calor del sol directo, y por eso le gustaba tanto compartir esos desayunos con Annie. Además, a su amiga le hacía muy bien disfrutar de un poco de sol por las mañanas.

– Ya todo está listo para el gran día ¿o no es así Candy?

Al oír sobre su boda, Candy pensó en las resoluciones que empezaban a atosigarla desde el día anterior. Conforme pasaban los minutos poco a poco iba adquiriendo el valor de aceptar que no era justo lo que le estaba haciendo a Albert, a Terry, o a ella misma. Reconocía que ahora tenía que hablar con la verdad, cualesquiera que fueran las consecuencias.

– Si, ya todo está listo – contestó ella pero el gesto de una gran pesadumbre se hizo presente en su rostro.

Annie, la miró un poco melancólica. –- Veo que estas decidida a casarte.

– Así es, yo le di mi palabra a Albert.

– Entonces no hablarás con él.

Candy se sorprendió con la idea de que Annie hubiera podido adivinar sus intenciones en su rostro.

– ¿Hablar? ¿Sobre qué?

– Sobre Terry.

Candy por poco y se atraganta al escuchar aquel nombre pronunciado con tanta naturalidad en labios de su amiga. A veces se admiraba cómo la gente podía pronunciar aquellas cinco letras sin sentir las intensas emociones que la invadían a ella al escucharlas. Y sobre todo ahora, que por causa de él su corazón se debatía ante la difícil resolución que no se animaba a aceptar.

– Annie, Terry se fue…

– Porque tú se lo pediste.

Candy bajó la vista, recordando que efectivamente ella se lo había pedido. Y no sólo una, sino dos veces… ahora ese era un obstáculo insalvable entre ellos. Ella recordó lo triste que se veían los ojos de Terry esa noche después de que ella lo soltó, su mirada tan vacía y tan derrotada, tal como la que habían intercambiado en la azotea del hospital aquella noche de estreno en la que Susana sollozaba bajo la nieve, después de que Candy hubiera evitado que se suicidara.

Nuevamente, la mirada ensombrecida por el deber se había adivinado en los ojos de ambos.

– Annie… – y fue justo en ese instante, cuando ante el recuerdo del dolor de Terry, Candy aceptó que le hablaría con la verdad a Albert. Le contaría todo. Sin embargo, si ahora ni siquiera podía mirar a su amiga a los ojos para decírselo primero a ella… ¿cómo podría hacerlo cuando viera a los ojos de su prometido? Debía ser fuerte – Annie, voy a romper mi compromiso con Albert…

Candy esperaba ver una mirada escandalizada en los ojos de Annie. Pero en lugar de eso, su amiga solo asintió suavemente e intentó sonreírle para darle ánimo. La tomó de una mano.

– Candy, yo… esperaba que esto sucediera tarde o temprano.

Ella de pronto se sintió inundada con todo el peso de la culpa. Se sorprendió de que ni Annie, ni nadie parecieran comprender.

– Annie, no entiendes: ¡Voy a romperle el corazón a mi más querido amigo…!

– ¿Y amar a Terry te dio derecho de rompérselo a él?

Candy se quedó sin palabras al escuchar semejante frase de su amiga, mientras los bellos ojos de Annie la miraban si encausar reproche alguno, solo mostrándose expectantes a una respuesta de la delicada rubia.

– Eres muy dura… – Candy bajó la vista, recordando de nuevo la última mirada que el actor le dirigió – Terry es fuerte, más fuerte de lo que yo jamás llegaré a ser.

– Yo… creo que por fin has tomado la decisión correcta, Candy.

– Tal vez sea lo correcto, pero eso no hace que duela menos – suspiró la rubia.

Annie miraba atenta a su amiga, esa tristeza que había en su rostro desde hacía varios días tenía que acabarse de alguna manera, ella no era así, Candy siempre había sido la chica decidida fuerte y valiente que la había alentado a lo largo de toda su vida y ahora al verla así sentía que debía ayudarla a que tomara la decisión que realmente su corazón le dictara.

Se quedó pensativa y recordó el encargo que le había hecho Albert antes de salir, por lo que pidió a la doncella, que le llevara un pequeño cofre de madera. Cuando lo tuvo en sus manos, lo puso sobre la mesa y lo empujó hacia Candy, ella se asombró, pues no entendía de qué se trataba.

– Lo dejó para ti el señor Albert por la mañana antes de salir. – comentó entonces Annie. –- dejo instrucciones de que fueras a la habitación que se encuentra al final de los jardines al mediodía.

Candy se extrañó de lo que le decía su amiga. Pero no dijo nada, solo tomó el cofre y junto al seguro de este se encontró con una pequeña nota que decía:

“No abras este cofre hasta que te encuentres de frente en donde nuestra cita.”

Candy miró a Annie y sonrió con amargura al pensar en qué nueva sorpresa le estaba preparando Albert. Y que ahora, ella estaba a punto de romperle el corazón. No podía pensar en otra situación en la que pudiera portarse más ingrata con él.

Estuvo un rato más acompañando a su amiga, conversando acerca del poco tiempo que faltaba para que el esperado bebé llegara. En ella distinguía tan fácilmente ese brillo en su mirada lleno de ilusión, de entrega a conocer algo nuevo en su vida, algo tan bello como lo era la llegada de un bebé.

El tiempo pasó volando y cuando menos lo esperaron ya era hora de ir a buscar a Albert.

– Voy a verlo – Candy tomó el cofre y se puso de pie, resuelta a afrontar sus demonios cuanto antes – Gracias, Annie. Gracias por todo.

 “¿Dónde estás? ¿Por qué escondes la cara en la oscuridad?, yo sé que estas llorando, más no puedo evitarlo, esas lágrimas tuyas nada cambiarán. ¿Dónde estás?, déjame ver tu rostro por última vez. No te sientas culpable, es culpable la vida que te empuja y te obliga y te aleja de mi…”

Ella salió de allí, y se dirigió a toda prisa por los jardines, al atravesarlos no pudo evitar pensar en cómo hablaría con Albert para decirle… cuando minutos antes llena de temores ni siquiera había podido decírselo a Annie sin vacilar. Esperaba que al tenerlo de frente, pudiera abrirle su alma como había hecho siempre con su amigo.

Había llegado a la habitación, y al encontrarse con una puerta cerrada con llave, recordó lo que decía la nota en el cofre, y decidió abrirlo. En él se encontró con una llave, la cual sacó y no pensó dos veces cuando intento abrir la puerta con dicha llave. Al entrar justo como aquella noche se encontró con un cuarto bellamente adornado con miles de rosas, que impregnaban con su aroma todo el lugar, los tenues rayos de sol entraban por unas pequeñas ventanillas, logrando que las bellas rosas desplegaran hermosos destellos tornasol similares a los de las dulce Candy.

El corazón de Candy saltó en cuanto las vio, y dio unos pasos hacia dentro de la habitación, con un cuidado casi reverencial, sin poder dejar de admirarlas, atónita de encontrar algo tan suave en medio de la severidad de sus pensamientos, mirando sus níveos pétalos inmediatamente la inundó la nostalgia del recuerdo de Anthony. Recordando con cuanto esmero y dedicación él se había dedicado a cuidar y crear aquel prodigio de la naturaleza como un regalo para ella. Anthony le había regalado todas las “Dulce Candy” del mundo y aquel día de mayo como su cumpleaños… ella acarició muy suavemente la corola de una de aquellas rosas.

Con una enorme sonrisa y con la respiración casi paralizada, Anthony volvió a hacerse presente como un recuerdo muy querido, como aquel dulce niño de sus primeros amores. Ahora podía recordarlo sin dolor y dar gracias a Dios por haberlo conocido. En un momento su mente saltó de Anthony a Albert. Ante semejante sorpresa no pudo evitar que una lágrima solitaria se asomara por sus ojos, al encontrarse con tan bella sorpresa justo cuando ella venía a romperle el corazón.

Su mirada se nubló por un momento y el llanto se sentía ya asomarse por su rostro. Cuando escuchó:

– Siempre me has gustado más cuando ríes… que cuando lloras. – era casi como un susurro que se escuchaba al fondo de la habitación.

Ella levantó su vista tratando de ocultar sus lágrimas. Y se encontró con aquellos grandes ojos azules, que la miraban dulcemente desde ese pequeño rincón de la habitación casi escondido entre el follaje.

– Albert…

– No llores pequeña… ven por favor. – dijo ofreciendo sus brazos para ella.

 “Ven a mí, que a partir de mañana otro hombre será el dueño de todo lo que más adoro, el dueño de tu alma tu cuerpo y tu amor. Ven a mí, que no sepan tus ojos que es la última vez, que tus labios me besen, que tu cuerpo me abrase, que tu vientre reciba mi último adiós…”

Al verlo unos nervios juguetones la atacaron, recordó el paseo de la noche anterior y la indefinida pero familiar sensación que sus palabras le provocaron la tarde anterior. No lo pensó dos veces y corrió a refugiarse en su abrazo. Él la aceptó tan calidamente, que al encontrarse ya en sus brazos ella reconoció inequívocamente la anterior ocasión que había vivido la misma sensación: había sido durante aquella fría mañana de invierno en la estación del tren, cuando Stear había ido a verla con la cajita de música que prometía la felicidad. Aquella mañana y sin que ella lo supiera, Stear se estaba despidiendo… en el paseo que había tenido el día anterior con Albert, Candy reconocía ahora el mismo sabor del adiós.

“No digas no, que te conozco y sé cómo piensas, no digas no… porque ya desde hace tiempo de amor no me hablas, usando el tiempo futuro ya no, ya no sirve decirnos de nuevo te quiero amor…”

Deseando estar equivocada, lo apretó fuertemente contra ella misma, sintiendo la proximidad de su abrazo que era cálido y dulce, tal cual Albert, él, acariciaba dulcemente sus cabellos, sintiendo miles de emociones al encontrarla tan próxima en esa situación de saber que la perdía.

– ¿Te gustaron las rosas? – preguntó, mientras seguía acariciando sus cabellos y asiéndola en ese cálido abrazo.

Ella levantó su rostro para verlo, con los ojos cristalizados,

– Albert…

– Te he notado triste estos días… y pensé que esta sería una linda forma de hacerte sonreír. Estas son las últimas rosas que el otoño ha dejado, pronto se marchitarán, pero espero, que la sonrisa que por un momento provocaron en tu rostro siga floreciendo por el resto del invierno… Siempre me has gustado más cuando sonríes… Sin embargo desde hace un tiempo noto que ya no sonríes como antes, y creo adivinar la causa…

Él soltó por un momento su abrazo, y tomó con su mano su mentón, mirándola tiernamente a los ojos.

– Pequeña… me iré a Canadá por un tiempo. Eres libre de nuestro compromiso…

Al escuchar esas palabras Candy sintió un gran sobresalto desde el fondo de su ser… no podía creer lo que estaba escuchando por lo que como una reacción casi automática estalló en llanto.

– Albert, no. –- pronunció con su voz quebrada, y su rostro empapado por las lágrimas.

– Candy, no podemos seguir con esto, sé que has tratado de ser lo más fiel posible a nuestra promesa y has tratado de callar tus verdaderos sentimientos. Pero entiende que es inevitable para mi, descubrir en tus ojos cuanto amas a Terry. Y tampoco puedo evitar ver cuánto te ama él a ti. Me bastó un momento de verlos mirándose uno al otro, para comprender que todavía se pertenecen.

Ella no comprendía, en qué momento Albert lo había descubierto, sentía morir de solo pensar en el dolor que efectivamente le había estado ocasionando a su amigo por no hablarle con la verdad.

– Albert, yo… – susurró ella.

Pero él puso un dedo sobre sus labios logrando con esto que no dijera nada. Tomó sus manos entre las suyas, las besó dulcemente para luego volverlas para con ella.

– Ahora te devuelvo tu palabra, para que vayas en busca de tu felicidad, como siempre lo has hecho, ¡eres libre, Candy…! agradezco tu generosidad y cariño, pero si realmente quieres hacerme feliz quiero que vuelvas a sonreír como aquel día en la colina cuando te conocí.

– Albert, yo quiero estar contigo… – dijo tomando nuevamente sus manos.

– Candy, tu amas a Terry, y esto no puede ser, alguien debe tener un poco de sensatez en esto. Veo que tu y él están tan sumergidos en el caos de sus emociones que se perderán nuevamente si alguien no hace algo antes… tu y él son mis amigos, y ambos se han olvidado que yo también soy amigo de ustedes… no quiero que sientas remordimientos por mi partida, trátame siempre como tu amigo, creo que me conoces y sabes que no te quiero a mi lado si tu corazón está en otro sitio… no te preocupes por mí, para ser sincero en cierta forma me lo esperaba. Desde que supe que tu y él estaban en Escocia, cierto temor se apoderó de mi.

Ella sentía cada una de sus palabras clavarse en ella, mientras las lágrimas rodaban sin cesar por su rostro, en su alma sentía un hueco y una profunda culpabilidad, al escuchar la tranquilidad con la que Albert le decía todas esas cosas, al fin de cuentas se había dado cuenta de sus sentimientos, y aunque aparentaba una serenidad ella podía adivinar claramente en sus ojos ese halo de tristeza y sufrimiento…

– Ven Candy, por favor, déjame sentirte una última vez… – le dijo él, tomándola por los hombros.

Ella cubrió su rostro con sus manos y aceptó su abrazo…

– Creo que al igual que tu, hubiera preferido que las cosas fueran distintas… me hubiera gustado poder cerrar los ojos y pretender que nada pasaba… pero cuando lo hice solo se me ocurrió amarte y amarte es hacerte feliz… por eso es que te devuelvo tu libertad… busca a Terry, pequeña y se feliz con él.

– Te amo…  susurró finalmente apretando por un momento su último abrazo, y después se alejó de ella, mirándola tiernamente.

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18 comments

  1. por eso amo a Albert!! jajajaja me encantó este capitulo y aunque fue un poco triste por la despedida fue muy lindo y tierno, espero que ahora Candy si se decida a buscar a Terry… por favor!! felicidades 🙂

  2. Wuaaaa!esto si me hizo llorar que tierno, yo un Alberth a si…Gracias por tu trabajo

  3. muy lindo y hermoso grasias por subirlo tienes mucho existo en verdad …espero muy pronto k pasara con la tia abuela y terry….

  4. Exactamente, esi es mi amado Albert, y se que asi reaccionaria porque el es el ser mas hermoso con un gran corazon. Albert por eso te amo y eres un personaje maravilloso y si realmente pudieras existir en este mundo serias el hombre perfecto. yo quiero un Albert!!!
    maravilloso Sakura!!!

  5. Lo.sabia,si!!!!!
    Albert.gracias.por.todo,jj
    Que.lindo.cap,super.tierno.

    Ahora.si.a.conocer.el.reencuentro
    forever.de.ntros.tortolos.

    Felicidades!!!!!.Escribes.SUPER.

  6. oye me dejaste sin palabras….eres magnifica te felicito un capitulo muy lindo y triste a la ves eres muy buena escribiendo espero cn ansias el siguiente cap….. cuidate

  7. Demostro ser gentil albert al dejar libre a candy, que bien de su parte, me gusto mucho el capitulo sakura

  8. Hola es muy triste, necesita con toda premura ser concluida esta historia entre Candy y Terry. Albert fue muy noblbe en haber dejado a Candy libre del compromiso, pero ahora esto requiere de que pronto se reuna Candy con Terry y de que el sepa que ella esta libre del comromiso de matrimonio

  9. haaa me emociono mucho espero que el reencuentro de candy y terry se apronto y hermoso gracias

  10. Hola me gustaría recibir fotos de candy candy y de sus amigos

  11. ESTA ES LA HISTORIA DE UN AMOR INOLVIDABLE, QUE LLENA DE ALEGRIAS SUEÑOS Y GRANDES EMOCIONES ESTOY ESPERANDO EL SIGUIENTE CAPITULO MUY ANSIOSA BAY

  12. aaaaaaaa ameee a albert en este capitulooo!!!
    wow qe historia tan boniitaa!!!

  13. k bellooooooooooo…
    pero me da mucha tristeza q albert deje asi a Candy, la verdad aunque yo adoro a terry y Candy como pareja, me hubiera gustado q albert tmb pudiera ser feliz con ella
    pero igual me encanta

  14. “Arréglate mujer, se te hace tarde, y llévate el paraguas por si llueve, él te estará esperando para amarte, y yo estaré celoso de perderte…” hahaha esta frase es de una cancion que le gustaba a mi mama Jose Luiz perales, hahahaha!!! y como es el en que lugar se enamoro de ti de donde es, a que dedica el tiempo libre preguntale porque a robado un trozo de mi vida es un ladron que me lo ha robado todo hahahahaha…. dedicada a su hija que se casaba hahahaha.. buena cancion pero esa fracesita hahaha es inolvidable hahaha

  15. wow… que capítulo tan emotivo..eres genial Albert, eres único…yo quiero a alguien así.. te felicito tu historia es muy buena aunque me da tristeza por Albert pero al final sabemos que Candy y Terry son la pareja ideal..

  16. Wow. me dejaste sin palabras y me sacaste las lágrimas. pobre albert q triste porque no se enamoró candy de el :'(

  17. Hola sakura…soy una mujer dura de roer y es el primer fanfic que me ha hecho sacar las de san pedro y te lo digo en serio llore a moco suelto…siempre he preferido a candy y a terry como mi pareja ideal…pero aqui me dolio mucho que candi no se hubiera podido enamorar de albert…o ya minimo le hubiera regalado momentos llenos de pasion a albert…yo te consolare mi amado albert..te amo…no te preocups amado albert le pedire a sakura q te haga un minific donde candy te ame y se entrege a ty solamente…verdad sakura!?…me encanto…

  18. Ahh me duele q albert sufra , es un ser increíble

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