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Aun en el tiempo y la distancia,… al final habremos de encontrarnos Capítulo 16

Capítulo 16 

Morir dos veces, corazones que sufren

 

”Hoy mis ojos miran como tantas veces este otoño gris…”

Los ojos de Terry se nublaron de lágrimas. ¡Qué dolor tan profundo! De por sí perderla cuando la suponía indiferente le causaba una gran pena, dejarla ahora cuando se sabía correspondido era como si le arrancaran el alma. Terry apretó sus hombros mientras una lágrima solitaria rodaba por su mejilla recordando su conversación con Albert, y no le quedó más remedio que aceptar con impotencia lo inevitable. Sus miradas permanecían fusionadas, pero él comprendió que debía irse y dejar atrás a Candy nuevamente. Olvidarla. ¡Cuánto deseó tener el valor de decirle  –Vente conmigo – sin pensar en nada más! Ni siquiera en las consecuencias de un acto tan indigno para con Albert.

Pero se trataba precisamente de Albert, aquél a quien consideraba su amigo. No podían traicionarlo de aquella manera.

¡Maldición! ¿Qué pecado había cometido para que Candy se le esfumara de esta forma? Ahora había aprendido aquella lección de su juventud. ¿Tendría que pagarla toda su vida? Pensó que si se hubiera tratado de enfrentar a cualquier otro hombre, él habría peleado… Pero ahora con Albert, ¿por qué la alcanzaba solo para perderla nuevamente? Sentía con impotencia cómo el destino todavía los consideraba sus piezas favoritas para jugar. La miró largamente, incrédulo, hasta que acumuló el valor de dejarla ir y la soltó.

–Tienes razón, Candy. Si esa es tu decisión… – aceptó derrotado retrocediendo, y se volteó para volver sobre sus pasos. De espaldas a ella y sin volver la vista ni un momento, agregó

–…Recuerda que siempre te amé…–

“Llegara ese día en que mi tiempo sea solo para ti… llegara ese día en que mi canto sea un canto feliz… Cuando me haya ido recuerda que ay alguien que piensa en ti… cuando muera el día recuerda que hay alguien que vive por ti…”

Ella miró conmovida sus lágrimas, lo vio alejarse y la súplica – llévame contigo – murió en sus labios. Pero no podía hacerle eso a Albert, Terry ya había comprendido y ahora solo tenía que aguantar la tentación de ir tras él para arrojarse a sus brazos por un momento más y someter su voluntad entera.

Cuando vio que se perdía de vista sintió que moría por dentro.

“Y ahora somos como dos extraños que se van sin más, como dos extraños más que van quedándose de tras…”

Candy se derrumbó en lágrimas frente al árbol, lloró incesantemente, sintiéndose sola, pensando en que cualesquiera que fueran las personas que la acompañasen siempre se sentiría sola sin Terry…

Lloró y lloró amargamente como si las lágrimas nunca fueran a acabarse… como si pudieran lavarle el dolor del alma. ¿Por qué tenían que ser así las cosas? ¿Por qué siempre después de cualquier encuentro con el hombre que amaba tenía que terminar llorando? Recordó entonces las palabras que él le había dicho apenas hacía unos minutos:

“Te he fallado siempre. Nunca pude hacerte feliz…”

Con estas palabras en su mente regresaron los mil y un momentos que compartió con él. Su primer encuentro entre la bruma del océano, el Colegio San Paulo, las vacaciones en Escocia… aún su breve encuentro en los rieles de Chicago después de verlo actuar deslumbrante ante las candilejas del Elmore; la estación de tren de Nueva York y su ausencia… el adiós en las escaleras del hospital.

… su beso…

Sin dejar de llorar Candy se llevó los dedos a sus labios recordando las emociones que estallaron en su interior cuando se encontraron con los de Terry.

“… Nunca pude hacerte feliz…”

Sin embargo ella sabía que cada lágrima derramada por él valía la pena por todos y cada uno de los momentos que vivió a su lado. Compartir un pedacito de la vida con él era lo mejor que le había pasado… sí, había sido feliz, muy feliz… ¿podría algún día volver a ser feliz otra vez y dejar de vivir de las emociones de su pasado? ¿Podría conseguir felicidad nueva sin Terry?

Lloró amargamente porque conocía la respuesta.

 “Cuando en la mañana el sol te despierte recuérdame y si estas cansada de sentirte sola piénsame. Cuando me haya ido recuerda que hay alguien que piensa en ti, cuando muera el día recuerda que hay alguien que vive por ti…”

Era la mañana del día siguiente, y parecía un poco más tranquilo que el anterior, sus ojos aún estaban cristalizados por las marcas de las lágrimas que había derramado durante toda la noche, ya que después de haber visto partir a Terry, su corazón no soportó más y antes de que llegaran los chicos huyó a su habitación, sin bajar a cenar, incluso sin abrir la puerta cuando el mismo Albert fue a buscarla.

No bajó porque no podría fingir esa noche en que sabía que él se había ido para siempre porque ella se lo había pedido. Sabiendo que ese beso que le había dado era el último.

Pero esa mañana se sentía con un poco más de ánimo como para dar una buena cara. Había llorado hasta que se le secaron las lágrimas y ahora había que intentar seguir adelante… se vistió buscando algo en qué ocuparse para huir de sus recuerdos, y viéndose en el espejo, sus ojos se clavaron nuevamente en aquel pañuelo que asomaba en ese viejo cofre de madera, las lágrimas se amontonaron en sus ojos, y recordó aquella tarde en la que se lo había dado,

¿Por qué las cosas eran así? ¿Por qué esos momentos no se podían repetir? Por un instante al recordar, miró hacia su ventana y pudo ver que los árboles ya se encontraban totalmente secos, el invierno llegaba a Escocia, y de esta forma recordó, que en una noche de invierno lo había conocido, así como también una noche de invierno lo había perdido y ahora nuevamente el invierno había llegado para dispersar su amor.

Sus ojos estaban a punto de quebrarse en llanto, cuando se escuchó que llamaban a la puerta, rápidamente limpió sus lágrimas y se volvió a preguntar.

– ¿Quién?

– Candy abre, soy yo, Archie.

Al escucharlo se reincorporó y fue a abrir.

– ¿Cómo amaneciste?

– Muy bien – dijo ella tratando de dar su mejor sonrisa.

– ¿Podrías acompañarme al despacho un momento? Me gustaría hablar contigo.

Ella se extrañó de la petición de Archie. Sin embargo aceptó y ambos fueron al despacho.

– Candy ¿Qué te ha pasado estos días?

– No entiendo Archie, ¿por qué me preguntas eso?

– No lo sé, pero te he notado muy lejana estos días, como triste. Ayer, no le abriste la puerta a Annie, ni a Albert, y aunque tratas de mostrar tu mejor sonrisa, la verdad es que no puedes ocultar ese halo de tristeza en tu mirada.

– Archie…

– Es por Grandchester ¿verdad?

– Tu… ¿cómo lo supiste? – Balbuceó, asombrada de las palabras que Archie tan firmemente pronunciaba.

– Desde hace tiempo me enteré que él estaba en Escocia, y tus salidas tan frecuentes, me imaginé que tendrían algún motivo. Además la doncella me dijo que un joven caballero había venido a verte y había preguntado por mí.  ¿Era él verdad?

Ella lo miró resignada, y asintió con la cabeza.

Al ver el gesto de tristeza y derrota en su amiga Archie comprendió, y se acercó a ella ofreciéndole su abrazo., mientras ella lo miró melancólica.

– Vino a despedirse. – dijo y se soltó en llanto en el hombro de su amigo.

– Calma Candy. – dijo Archie intentando consolarla; fue entonces que comprendió que Candy no había podido olvidar a Terry.

 “Mirándote a los ojos juraría, que tienes algo nuevo que contarme. Empieza ya mujer no tengas miedo, quizá para mañana sea tarde. ¿Y cómo es él?, ¿en qué lugar se enamoró de ti…? pregúntale ¿por qué ha robado un trozo de mi vida? Es un ladrón que me ha robado todo…”

El invierno había llegado a Escocia, y con este el terrible frió de la soledad.

– Ella lleva días sumergida en su total melancolía, y aunque el motivo de su tristeza es un voto de silencio, sé perfectamente de lo que se trata, no puedo evitar mirar en sus ojos el amor que aun siente por Terry. – pensaba Albert para sí, asomándose por la ventana de su habitación. Los días habían transcurrido, y desde aquella tarde Candy no había sido la misma. Y él… seguramente había venido a despedirse. Los celos lo invadían, desgarraban su alma, al darse cuenta, del dolor que eso provocaba en su amada.

Pero al fin y al cabo la amaba irremediablemente, y no había otra opción, siempre estaría a su lado para protegerla, le entregaría su vida y todo su amor sin reservas. Era esa y no otra cosa la que haría. Viviría a su lado como esa sombra de amor que la seguiría a todas partes como lo había hecho desde que ella era una niña… siempre había amado sus sonrisas… y ahora él sería quien las ocasionaría en su rostro. ¿Qué mayor dicha que esa?

La tarde caía. Una noche fría se aproximaba. Y como un autómata salió de su habitación.

“No puede ser disimular y negar la evidencia como haces tú, cuando intentas fingir sin tener el valor de decirme qué pasa aquí… Será dentro de mí como una noche de invierno porque quizás ya desde hoy no te veré… Cuando se ama el final se presiente, se siente un frió un vació tan triste como en un fin se adivina la escena cuando se va…”

Candy miraba a través de la ventana hacia afuera en un día tan melancólico, recordándolo también a él… sobre todo ahora que estaba siempre presente en su mente, en cada actividad que realizaba durante el día: cada cosa que hacía la llevaba a desear estar compartiéndola con Terry, e imaginar lo dichosa que se hubiera sentido de tenerlo a su lado en las pequeñeces habituales que llenaban sus días.

Llevaba toda la tarde así, el frío se sentía y de repente vio a Albert en el jardín, que miraba hacia su ventana, invitándola con una gran sonrisa a acompañarlo, ella lo dudo por un instante, pero después sonrió con él, tomó su abrigo y bajó rápidamente a su encuentro.

Él la vio acercarse, y su corazón brincó por un instante al intentar creer, que en verdad lo amase. Al llegar, ella se refugió en su pecho abrazándolo fuertemente.  El sintió su calor, y por ese momento fue inmensamente feliz.

– Albert… – dijo ella tratando de apartar de su mente sus pensamientos obstinados que aun lloraban por Terry.

– ¿Qué pasa pequeña?

– Muero de ganas de que llegue el día de nuestra boda. Para irnos tu y yo lejos y ser felices juntos.

Él escuchó sus palabras, y se dijo. “Pequeña las fugas geográficas, no sirven para huir de uno mismo.”… él lo sabía muy bien, habían sido tantas las ocasiones en que el mismo usaba esos viajes para escapar de sus realidades. La abrazó con más fuerza entonces sintiendo claramente el dolor que ella irradiaba…, después de un momento se separó por un instante de su abrazo y le dijo:

– Candy prométeme, que nunca más te sentirás culpable por la tristeza de los demás – lo cual intrigó de sobremanera a la joven

– ¿Qué quieres decirme con eso?

– Lo que te dije… no quiero que nunca nadie te haga sentir culpable por las penas de los demás.

Ella bajó la vista, recordando que la última vez que se había sentido culpable por los actos de otros fue cuando lamentó que su amor obligara a Susana a querer quitarse la vida,  ella creyó que su sentimiento se interponía para realizar el amor de la actriz, y gracias a ello, ella y Terry se vieron obligados a sacrificarse. Ahora después de los años había comprendido que nadie había sido culpable de ello, y sin embargo ella había cargado con el dolor de separase de Terry. Y por eso ahora comprendía perfectamente las palabras de Albert.

– Si, Albert. Está bien.

Él la tomó de la barbilla y mirándola dulcemente dijo:

– Candy, tu eres una gran mujer, dulce, alegre, sincera, por favor júrame que jamás dejarás que alguien te quite esa sonrisa. – al decir esto logró encender por un momento las mejillas de Candy ruborizándola

– Albert, no digas eso o terminaré por creerlo.

– Pues créelo – le sonrió él. – Es la verdad, te mereces toda la felicidad del mundo; ¿Sabes Candy? Estoy seguro que pronto serás irremediablemente feliz. – agregó él después de un momento. Pero ella al verlo adivinó un toque melancólico en su mirada. – Ya no tendrás que esperar mucho.

– Claro que no, eso lo sé, pronto se cumplirá mi más grande felicidad.

– Así es, ya has esperado bastante y al fin serás feliz. – ella se intrigó con sus palabras. Por su tono de voz era obvio que él no se refería a nada referente a ellos… de repente Candy comenzó a sentir que su frió interior se intensificaba aún más. Tenía una sensación muy familiar pero que no atinaba a reconocer.

Albert, miró como su semblante cambiaba.

– ¿Qué te pasa, Candy?

– Tengo frío…

Por toda respuesta el hombre la abrazó. Suspiró al sentir el cuerpo de Candy entre sus brazos con su cabeza contra su pecho, y cerró los ojos para capturar cada una de las sensaciones que su contacto le despertaba. Su abrazo se hizo más fuerte, como si en lugar de procurarle calor su verdadera intención fuera retenerla a su lado.

– ¿Así está bien? – murmuró él.

– Sí – ella se sentía tan bien con su abrazo, le tenía un genuino afecto. Y como si él pensara lo mismo, le susurró otra vez al oído:

– Te amo, Candy…

Por un momento ella tembló ante sus palabras, lamentando no haber podido corresponder con la misma profundidad su sentimiento. ¿Por qué? Si lo quería tanto…

– Albert, yo también… – intentó corresponder ella, pero la frase quedó inconclusa en sus labios ante la certeza de que desde el día que había conocido a Terry había sabido que su alma nunca podría pertenecer a otro hombre distinto de él. Ella solo sabía ser de Terry.

Sin embargo, el abrazo de su prometido no se aflojó ni un milímetro.

– Lo sé, Candy. No te preocupes. Sé cuánto me quieres…

– Albert…

– No recuerdo si alguna vez te lo he dicho, pero quiero que lo sepas… Estoy muy orgulloso de ti. Siempre has perseguido tus sueños hasta alcanzarlos. No es momento de que ahora te traiciones, Candy.

Ella no levantó la vista, pero estaba extrañada.

– Albert, estás raro hoy…

– ¿De verdad? Será que me siento extraño.

– Son tantas preocupaciones que te agobian, Albert. Creo que a veces es muy pesado para ti cargar con todas las desdichas de los Andley. Precisamente tú… que eres de un espíritu tan libre.

El sonrió amargamente, alegrándose de que en su abrazo ella no pudiera ver su gesto. Nunca como ahora sentía su espíritu tan enjaulado, y su carga tan pesada.

– Alguien dijo alguna vez que sólo es digno de la libertad aquél que sabe conquistarla cada día… ¿Crees que todavía somos dignos de ella, Candy?

Ella intentó bromear, pero sintió que las palabras que diría nunca habían sido tan dolorosamente ciertas. ¡Se estaba volviendo una cobarde!

– Albert, me da miedo contestarte porque presiento que me darás una buena reprimenda…

El aspiró su aroma, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo, y en su siguiente frase encontró por fin el valor que había intentado reunir durante todo este tiempo, desde aquella noche del compromiso.

– Yo jamás haría algo que te hiciera daño, Pequeña…

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10 comments

  1. ME ENCANTO ESTA PARTE…AUN QUE ME SIENTO MAL POR ALBER,POR QUE DE SEGURO K LA VA DEJAR PARA QUE VAYA CON TERRY……NO MEGUSTA K SUFRA NADIE JAJAJA PERO NI MODO ASI ES EL AMOR…FELICIDADES POR TU HISTORIIA Y ESPEREMOS EL PROXIMO CAPITULO.

  2. Que lindo capitulo me fascino y si que esta algo extraño Albert sera que dejará libre a Candy para que sea completamente feliz con Terry??????? bueno yo espero que eso pase, gracias Sakura por la continuacion de tu fic…

    Bye

  3. Excelente!!!

    Q buen capítulo amiga, t felicito, estaré pendiente de tu actualización.

    Geo

  4. chispasssssssss…ijolessssssss ni modeo kiero mucho a alber al igual k candy perooooooo no lo amo al igual k candy amo a terry igual k candy jajajajajaj esta chifa pero escribes muy pokitoooooooooo…grasias

  5. Bello.cap.escribes.espectacular,
    nos.cnquistas.con.cada.cap.
    haces.que.nos.ensimismemos.en
    tan.bella.historia,como.lo
    es.Candy.Candy,y.por.tanto
    merician(merecen)ella.y.Terry
    vivir.juntos.su.GRAN.AMOR.

    BYE!!

  6. tengo la impresión de que Albert va a hacer algo muy especial para Candy para que ella sea feliz… que linda historia 🙂

  7. felicitaciones este capitulo te quedo genial,,,solo espero que albert no sufra mucho al separarse de candy,,, ahora a esperar el proximo cap

  8. Me encanto este capitulo, toda la ternura, amor y lo que este implica, que bella forma de expresarlo amiga, sigue asi!!!, por cierto, no podrias hacer los capitulos mas largos??? se me acaban rapidisimo!!!!, continua que esto es lo tuyo!!! saluditos niña!!!

  9. De verdad esta historia es fascinante, y lo peor que así como se siente Candy en este ca´pitulo a si mi siento, te felicito por tu manera de escribir es fabulosa, leerte es algo que me hace sentir realmente bien y no sabes como lo necesito, mil gracias!!!!
    no tardes con los siguientes capitulos.

  10. Chicas bellas:

    Mil gracias a todas por sus comentarios… coincido con ustedes… fue un capítulo de sentimientos encontrados… yo creo que a todas nos pasó lo mismo… yo por mi parte he de decir que quiero mucho a Albert… le tengo mucho cariño… pero… Terry… aaahhhh… Oh God!… jejeje… me hace muy feliz saber que mi pequeña historia les hace sentir y revivir tan bellas emociones y recuerdos… pero sobre todo que les ayuda (así como a mí) a distraernos un poco de nuestro alrededor para meternos en un mundo lindo y especial para cada una de nosotras.

    Sakura Hayashi. ^-^!

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