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Aun en el tiempo y la distancia,… al final habremos de encontrarnos Capítulo 15

Capítulo 15

Reproches, remordimientos, renuncia, olvido, ¡adiós!

 

“Justamente ahora, irrumpes en mi vida, con tu cuerpo exacto y ojos de asesina. Tarde como siempre; nos llega la fortuna… Tú ibas con él, yo iba con ella jugando a ser felices por desesperados, por no aguardar los sueños, por miedo a quedar solos. Pero llegamos tarde te vi y me viste nos reconocimos en seguida pero tarde, maldita sea la hora que encontré lo que soñé…Tarde.”

Los días pasaban y Candy guardaba celosamente en su interior el descubrimiento de su amor por Terriuce Grandchester. Solo Annie lo había adivinado, pero fuera de ella, nadie… incluso había tratado de negárselo a si misma. Pero sin éxito. Seguía como una autómata pendiente de los preparativos de su boda como si eso fuera lo único que le importara en el mundo… como si fuera un ritual que la devolviera en el tiempo a esa época en la que la idea de casarse con Albert le había parecido tan lógico. También poco a poco hacia hasta lo imposible por tratar de acostumbrarse a esa vida aristócrata que sin duda le esperaba al lado de él.

Albert… Su amigo y hermano. El hombre a quien le estaba profundamente agradecida, al que quería con todo su corazón. Un hombre tan dulce y amable, tan simpático y bondadoso… ¿cómo no había podido enamorarse de él?

Tal vez… si Terry no hubiera vuelto. Si no lo hubiera conocido.

Terriuce Grandchester… éste era el hombre que finalmente tenía la cualidad de encender su fuego interior de un modo incontrolable. Era un hombre intenso y cambiante: algunas veces actuaba de un modo tan enérgico e impulsivo y otras podía ser tan sosegado y dulce. Podía hacerla reír con la mayor de las habilidades o con una palabra volver grises sus días. Terry era el dueño de la llave de sus emociones. A su lado escuchaba fuertemente su canción haciendo danzar su corazón.

Terry Grandchester…

Pero ya no volvería a verlo. Aunque estaba totalmente segura de que él era el hombre al cual amaba con todo su ser, ya nada sucedería entre ellos, pues su corazón ya no soportaría estar de nueva cuenta frente a él sabiendo que ese amor era sencillamente imposible.

Candy estuvo vagando por los jardines, y a unos pasos pudo mirar a Annie y Archie sonriéndose alegremente compartiendo un momento más. No pudo evitar pensar en Albert, en que pronto su vida se uniría a la de él. Y se prometió a si misma que intentaría con todas sus fuerzas no pensar más en Terry y mirar únicamente hacia ese hombre que había sido su Príncipe de la Colina. Si había podido amarlo de pequeña, con toda seguridad podría volver a hacerlo en cuanto pudiera sacar de su mente y de su corazón a Terry Grandchester…

¿Pero cómo podría hacerlo ahora, si durante todos estos años él había estado siempre allí?

Se prometió que únicamente miraría a Albert.

Pero si pudiera ver una última vez a Terry…

– Buen día pequeña, puedo preguntar ¿qué haces tan temprano por aquí?

– Buen día Albert. –- contestó un poco nerviosa, al haber sido sacada de sus pensamientos. –

– Ven pequeña. – le dijo él abriendo sus brazos para asirla entre ellos. –

Ella corrió hacia él refugiándose en su abrazo, ocultando su rostro contra su pecho. Después alzo la vista para mirarlo a los ojos. Y se encontró con esa dulce mirada dirigida solo a ella, su corazón se emocionó al tenerlo cerca. Y se prometió que solo tendría ojos para él.

– Albert… – murmuró, pero sus pensamientos obstinados volvieron hacia Terry.

¡Terry!

La joven rubia bajó la vista sintiendo que traicionaba a Albert. Esto era una locura… debía decirle… Pero las siguientes palabras de Albert acabaron con su intención:

– Candy, a veces yo también estoy tan cansado de todo esto… entonces sólo necesito estar en tus brazos para que la vida recobre su sentido… tu sonrisa me basta para continuar siendo lo que debo ser.

Ella sintió que el suelo se abría a sus pies. Comprendió como era que se sentía él, porque a ella le sucedía lo mismo cuando necesitaba su apoyo. Albert, quien siempre estuvo allí para ella… ¿Cómo abandonarlo ahora que le había prometido que ella también siempre estaría allí para con él? Recordó que ella se había prometido con Albert… y Terry ya no cabía en su vida, había llegado tarde.

¡Terry! ¿Por qué no volviste antes?

– Tu también me haces falta a veces – tembló ella, pensando que su frágil mundo se derrumbaba inexorablemente a su alrededor, furiosa de pronto porque Terry no hubiera vuelto antes.

– ¿Te pasa algo? – le preguntó él, intrigado de pronto con la mirada tan fría que observó en ella.

La joven parpadeó como volviendo de un sueño, alejando las recriminaciones de su mente.

– No… no, es sólo que me alegra tanto verte. Tú siempre has sido mi fortaleza, Albert. Todo lo bueno en mi vida ha sido gracias a ti – Candy lo miró, casi con devoción. – Pero Albert, debes estar hambriento, ¿quieres que vayamos a la mansión a desayunar? –

– No, Candy de hecho solo vine a decirte que Archie y yo acompañaremos a la tía Elroy a Edimburgo para hacer unas compras… quería estar seguro que estarás bien en mi ausencia. ¡Cómo extraño la época en que vivíamos juntos!

– Muy pronto lo haremos otra vez.

– Sí, y podremos platicar hasta altas horas de la noche recostados en la cama sin importar el tiempo, porque ninguno de los dos tendrá que irse.

Candy recordó las largas conversaciones que siempre había tenido con Albert. Pensó en lo agradable que sería prolongarlas hasta el amanecer… pero no de la forma en que él sugería. ¿Podría ella hacerlo cuando llegara el momento? ¿Podría estar así con Albert sabiendo que con quien quería estar era con Terry?

Y como si Albert de alguna forma pudiera adivinar sus reflexiones, se acercó de pronto a ella para tomarla de la mano y besar sus manos entre las suyas. Candy lo miraba preguntándose por qué Albert había tenido que enamorarse de ella y tratarla con tanta admiración. Él la miró a los ojos y dijo con la voz enronquecida por sus deseos:

– Candy, no sabes cuánto anhelo el día en que pueda llamarte mi esposa… –- le dijo y su mirada delataba el enorme amor que había en su corazón.

Al escucharlo pronunciar esas palabras, sus labios trataron de articular lo que él en respuesta deseaba oír, quería decirle que ella también lo añoraba, más las palabras murieron en sus labios y solo atinó a balbucear:

– Albert… – mientras sus ojos se cristalizaban. Inmediatamente bajó la vista ocultando así las lágrimas que se asomaban, soltó las manos de Albert y se hundió en su pecho.

Pasaron unos momentos así, hasta que él la alejo un momento de sí y depositando un pequeño beso en su frente se despidió.

“Con ganas de huir, de no verte ni la sombra, de pensar que esto fue un sueño o una pesadilla, que nunca apareciste, que nunca has existido… Que ganas de rozarte ganas de tocarte de acercarme a ti y golpearte con un beso de fugarnos para siempre sin daños a terceros…”

Después de ese momento el resto del día tuvo un tono gris para Candy, que no dejaba de sentirse culpable. Por la tarde una particular melancolía la envolvió en una fuerte lluvia dentro de su alma.

Salió de nueva cuenta a los jardines y escogió el árbol más alto y fuerte de todos para subirse y anidarse entre sus ramas. Trepar la remontaba a las épocas de su infancia cuando la vida le parecía un poco más sencilla.., encontrarse en las alturas con el viento acariciando sus cabellos era otra de las formas que tenía para recuperar su energía cada vez que se sentía a punto de quebrarse ante la adversidad. Estar en la cima de un árbol era la mejor oportunidad que tenía para estar con ella misma y meditar en soledad escudriñando hasta el rincón más recóndito de su alma. ¡Podía hasta gritar sus pensamientos y… solo se los llevaba el viento!

Cuando estaba en la cima de un árbol podía ser libre… ¡imaginaba que debía ser el mismo sentimiento que invadía a Terry cuando actuaba! Estaba pensando en eso cuando como si lo hubiera invocado con sus recuerdos, Candy escuchó desde abajo que la llamaban con insistencia:

– ¡Señorita Candy! ¡Señorita Candy! Un caballero quiere verla…

Candy se asomó entre el follaje y no necesitó preguntar para saber de quién se trataba. El rostro se le iluminó al ver tras la doncella la figura recia de Terry Grandchester. Vestía un traje gris claro, bien recortado y bajo su cuello asomaba una corbata cuidadosamente colocada. Encontrarlo tan elegante le causó una agradable sensación interior.

El sol salió dentro de ella y le iluminó el día. ¡Terry estaba allí!

– ¡Gracias Wendy! – exclamó Candy muy animada.

La doncella se fue y Candy pudo ver como Terry se acercaba al pie del árbol. El sol estaba de frente, así que no podía ver su rostro con claridad. ¡Pero estaba muy emocionada de saberlo allí!, ¡Qué contraste de esta emoción con su tristeza anterior!.

–… ¡Terry sube! – agitó su mano invitándolo mientras una enorme sonrisa llenaba su rostro. –- supongo que aun eres bueno trepando.

Terry sonrió al encontrarla tan autentica, ¡Qué gris era su vida sin ella!, ¡Cómo añoró haber aceptado la invitación y haber subido a compartir su mundo!… Pero justamente venía a salir de él.

– Candy baja por favor. Tengo que hablar contigo. – le dijo gravemente, y ella percibió la lejanía en sus palabras. Algo estaba pasando.

– Ahora bajo Terry. – contesto algo contrariada y recogió su falda para empezar a bajar.

Mientras se deslizaba de rama en rama, Candy pudo observar como Terry se acercaba a la base del árbol para ayudarla a bajar. En ese momento ella fue terriblemente consciente de que usaba vestido y que por la forma en que debía bajar posiblemente se le descubrirían las piernas más arriba de las rodillas.

Su rostro se llenó de rubor al pensar que Terry estaría allí para verlo. Y él parecía particularmente interesado en ser público de ese espectáculo.

– Terry por favor voltéate para otro lado, ya no te aceptaré eso de “Te vi, pero no te miré”

Él por poco suelta una carcajada al descubrir que ella se acordaba con exactitud de aquella frase.

Luego recordó el día en que se la había dicho, cuando a lo lejos había visto una silueta cambiarse de ropas. Y cuando se había acercado después de un momento para saber de quién se trataba, había descubierto a su pequeña Julieta, vestida para un baile…

En aquella ocasión él realmente no había visto mucho y solo alardeaba.

– Vamos Candy, ya no somos unos niños te ayudaré. – y le tendió una mano para que ella se apoyase.

Candy lo pensó un segundo y acepto resignada. Recogió lo mejor que pudo su vestido y tomó la mano de Terry – una hoguera desbordada se encendió en su corazón después de la reacción mágica de aquel roce. – resbaló por el tronco y estuvo a punto de dar como cuando niña contra el suelo, pero Terry la atrajo rápidamente hacia su cuerpo, asiéndola en un abrazo, la hoguera se había encendido en su corazón ahora al sentir los músculos del dorso de Terry contra su pecho, nuevamente tembló de pies a cabeza entre sus brazos.

Levantó la vista hacia él sonriendo nerviosa en un intento por salvar la situación. Pero volvió a encontrarse con los profundos ojos de Terry, que parecían interminablemente oscuros, con una mirada insondable cargada de emociones. Candy estuvo a punto de sucumbir ante la intensidad, su aroma y las miles de sensaciones que embotaban sus sentidos embriagándola con su contacto. Sintió que se derretía cuando sintió sobre su rostro el tibio aliento de Terry.

Él se sumergió en sus ojos esmeralda, totalmente ajeno al mundo de su alrededor.

– Candy, dime que no te bese y no lo haré… – dijo con la voz enronquecida por el anhelo. Mientras sus ojos recorrían cada rincón de su rostro.

– No me beses… – alcanzó a protestar con el último resquicio de cordura que le quedaba, pero su rostro subió al encuentro de los labios que venían a apoderarse de los suyos. Era totalmente inevitable, ni un huracán hubiera podido evitar el momento deseado por ambos con tanta vehemencia. Candy sintió como si hubiera padecido sed por mucho, mucho tiempo y al fin hubiese podio beber.

Su beso era exigente y posesivo pero a la vez dulce y entregado. Era tal cual él. Candy sintió sus labios adueñándose de su boca en un largo beso húmedo y tibio en el que ella sintió entregaba su corazón. Todo su cuerpo parecía responder a cada caricia que le propiciaba la piel de Terry… sintió sus manos fuertes deslizarse por su cintura y se sorprendió de que unas manos tan fuertes pudieran tomarla tan suavemente. Ella elevó sus brazos rodeando su cuello, ansiosa por sentirlo más cerca que ahora. La mente se le nubló, solamente era capaz de sentir como Terry liberaba con un beso toda la pasión que ella ignoraba poseer.

Finalmente el beso fue perdiendo intensidad hasta que Terry terminó con dos pequeños roces en los labios de Candy, y cuando parecía que todo iba a terminar él se apoderó de sus labios con más pasión que la primera vez. Admirado al ver que ella no retrocedía. Quería bebérsela entera, extasiado por probar el sabor inolvidable de aquellos labios… quería besarla hasta desfallecer como si de una batalla se tratara.

–Candy…

–… Terry.

Era ese y no otro el momento que él tanto habían deseado. En ese momento Terry comprendió que amar, es el deseo infinito de un beso para siempre.

Candy reunió todas las fuerzas que le quedaban para terminar el beso, y ocultarse en el cuello de Terry, sabía que eso había estado mal, pero no podía evitar sentirse inmensamente dichosa por haberlo sentido otra vez.

Terry hundió su rostro sobre el cabello de Candy, aspirando su aroma, ambos se mantuvieron así unos minutos sin pronunciar palabra, disfrutando de la proximidad del cuerpo del otro, disfrutando como en aquella tarde de lluvia de sus silencios y diciendo con este las palabras necesarias para dos personas que se aman.

–- Candy –  susurró finalmente Terry a su oído. – Te amo…

¡Te amo!

Lo dijo al fin después de tantas persecuciones. No tenía caso ya, pero él necesitaba desahogar todas las voces de su alma. Después de ese beso esas eran las únicas palabras posibles.

Candy escuchó su confesión y las lágrimas vinieron a sus ojos, ¡Terry la amaba! ¿Por qué las cosas entre ellos sucedían tan tarde, cuando un suceso previo las hacía imposibles? Sus labios temblaron, pero no pudo decir nada.

 “Hoy estoy buscando la mejor manera de decirte adiós y al mirarte siento que el dolor despierta en mi corazón. Hoy mis ojos miran como tantas veces este otoño gris, hoy te estoy pidiendo que a pesar de todo seas feliz.”

– He venido a despedirme Candy… Anunció Terry. La noticia cayó como un balde de agua fría sobre ella. Separó el rostro de su cuerpo para mirarlo a los ojos con una súplica muda en la mirada.

– ¡Te vas! – exclamó y de pronto sintió el peso terrible de la soledad. De pronto creyó que no soportaría otra vez la separación.

– Me ha escrito varias veces Robert Hathaway para informarme sobre una obra que pronto se presentará. Quiere que regrese. – explicó, pero de pronto pudo percatarse de que el rostro de Candy se empapaba en lágrimas; al verla sintió como una bofetada. – No llores Candy. – le dijo secando dulcemente sus lágrimas y enmarcando con sus manos su rostro. Tú me prometiste que serías feliz… estas a punto de cumplirme esa promesa. Así que no llores por favor pecosa.

Aquellas palabras y aquel gesto terminaron por vencer todas sus defensas. ¡Qué ganas de que nunca la soltara!

– Terry… ¿cómo puedo ser feliz…? Si yo también te amo…

Oír aquellas palabras tan esperadas, pero que él consideraba imposibles sumergieron de pronto a Terry en un caos de pensamientos confusos. ¿Había escuchado bien o sus deseos lo habían hecho oír palabras no pronunciadas?

¿Sería posible…? La entrega de aquel beso se lo había dicho, pero era algo tan anhelado que creyó ver en él algo que no existía. La abrazó con fuerza nuevamente, temiendo preguntar y que ella respondiera con otras palabras.

Finalmente se dio valor.

– ¿Cómo puedes amarme si siempre te he fallado? Nunca pude hacerte feliz.

Ella lo miró atenta. – Terry me has hecho más feliz de lo que imaginas. –

– Creí que amabas a Albert. – dijo él confundido.

– Y lo amo… bueno… lo quiero. Pero es tan diferente a lo que siento por ti.

Candy se dio cuenta de la revelación que estaba dando a Terry, y se separó por un momento de su abrazo, volviéndose de espaldas, para secarse las lágrimas. A pesar de que todo lo que le decía a Terry, era verdad y las palabras salían de ella sin ninguna dificultad, sentía una gran necesidad de abrirle su alma y hallar consuelo entre sus brazos, no podía flaquear ahora.

– Candy explícame por favor.

– ¿Explicarte?

– ¿Por qué vas a casarte con Albert si acabas de decirme que no lo amas?

– ¿Por qué?… porque creí que podía amarlo. Creí, que tú estabas casado con Susana, perdido en mi pasado. Y bueno… pensé que podría ser feliz a su lado.., creí que lo amaba. Pero…

– ¿Pero qué…?

– pero… volviste, y al volver, removiste todos los sentimientos que estaban enterrados en mi corazón.

– ¿Entonces por qué te casarás con él? –- insistió él.

– Por qué él se merece ser feliz.

Entonces Terry recordó, todos esos tristes recuerdos, él había vivido largo tiempo atado a un matrimonio sin amor, solo por creer que el amor llegaría con el tiempo. Pero aunque en verdad llegó a apreciarla, jamás pudo cambiar sus sentimientos.

Pero no le explicó eso a Candy.

– Creo que Albert merece saber es tu amigo. – dijo solamente.

– No, no puedo lastimarlo así. – exclamó ella. – yo le di mi palabra.

Al escucharla, Terry sintió que el mundo se movía bruscamente a su alrededor.

– Estaba muy confundida. Creí que en verdad lo amaba, que te había olvidado. Jamás pensé en que te volvería a encontrar y que me daría cuenta que a pesar del tiempo y de nosotros mismos… siempre te he amado.

– Candy… dijo y le tendió un brazo. Ella se alejó, sabía que si volvía a estar entre sus brazos no tendría fuerzas para separarse de él.

 “Y no tengo nada contra ellos la rabia es contra el tiempo por ponerte junto a mi… tarde…”

– Terry… siempre llegamos tarde a nuestras citas…

– Pero si te amo y me amas…

– No podemos ser tan egoístas. – le explicó Candy. – tuvimos muchas veces nuestra oportunidad, pero el destino se empeñó en separarnos. – ella lo miró suplicante, una gran tormenta se desató en su interior ya que las palabras que estaba a punto de pronunciar eran tan difíciles. – Terry será mejor que te vayas.

Él extendió un brazo hacia ella, tratando de que volviera.

“Que ganas de besarte, de coincidir contigo, de acercarme un poco y amarrarte en un abrazo de mirarte a los ojos y decirte bienvenida… Pero llegamos tarde te vi y me viste, nos reconocimos en seguida pero tarde., Quizás en otras vidas, quizás en otras muertes…”

– No me pidas eso después de lo que me acabas de decir… – suplicó él, su voz se quebró. Venía dispuesto a salir de una vez por todas de la vida de su pecosa, pero que ella le confesara que lo amaba lo cambiaba todo.

– Vete Terry, por favor. No me lo hagas más difícil…

Terry sintió una impaciencia súbita. En su mirada todo estaba confundido: impotencia, tristeza y una furia apenas contenida por los celos de imaginarla con otro sabiéndola suya… no podía creer lo que estaba oyendo. ¡Otra vez no!. Se acercó a ella y la tomó por los hombros obligándola a mirarlo mientras la interrogaba suplicante con sus ojos.

¿Cómo decirle a Candy que lucharan? ¿Cómo convencerla de que valía la pena?

– Candy, no puede ser… No otra vez… Ahora que sabemos que nos amamos podemos luchar contra cualquier cosa…

– ¿Contra Albert? – lo desarmó ella con un gesto amargo y desafiante, y al ver la vacilación de Terry, le dijo con la mayor frialdad que pudo acumular con la intención de alejarlo – Si ya sacrificamos una vez nuestro amor por Susana, ¿cómo no hacerlo ahora por Albert?

Él la miró a los ojos viendo en ellos una gran determinación y comprendió entonces que Candy había hecho su elección por Albert aunque lo amara a él, de la misma forma en que él mismo lo había hecho años atrás al anteponer el deber al amor. ¿Cómo reclamarle nada si él lo entendía perfectamente?

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16 comments

  1. No,puede.ser(NPS)!!!
    No.cometan.esa.locura.

    Aunque.se.que.Albert.detendra
    eso.ya.que.el.es.muy.razonable

    Siempre.nos.dejas.con.la.intriga
    a.flor.de.piel;escribes.muy
    lindo.Que.Dios.te.siga.dando.inspiracion.

    BYE.

  2. En que dilema se encuentra candy espero que toda salga bien, yo se que albert es un hombre pacifico y lo comprendera, cuidate amiga escribes muy bonito tienes talento…

    Bye…

  3. Que emotivo capítulo, ojalá y Albert se de cuenta de los sentimientos de Candy y la deje que se vaya con el amor y no que la retenga por el compromiso con él, sería formidable, escribes muy bien y sobre todo subes los capítulos pronto, te lo agradezco, espero continues así.
    Te deseo tengas mucha inspiración y pronto tengas los próximos capítulos.
    Muchos Saludos

  4. AHHHHHH TERRY!!! SE ESTA PONIENDO MUY PERO MUY BUENA TU HISTORIA SAKURA SIGUE ASI, TIENES MUCHO TALENTO.

  5. hayyyyyyy me me mueroooooo no puede ser k hace?{””””””’ k ¿dificil esss?????????

  6. la cancion es perfecta amo esta canion

  7. porque siempre dejan a la mitad todos los fics ya es el tercero que quiero leer y lo dejan asi , estan como la escritora de candy candy

  8. Geacias por escribir tan hermoso ,pero me tienes con el alma en un hilo, espero no tardes por que nos tienes muy picadas con tu relato..

  9. HAY QUE TERRIBLE..POBRE TERRY POBRE CANDY POBRE ALBERT…..QUE RABIA POBRE TODAS NOSOTRAS QUE TENEMOS QUE ESPERAR PARA SABER SI CANDY TOMARA LA DECISION CORRECTA…..ESPERAREMOS PACIENTE MENTE ……

  10. Candy me conmovio mucho es una historia muy dulce felicidades a los creadores de tan maravillosa historia

  11. Que dilema!! pobre Candy, tomar una decision asi debe de ser muy dificil, si este es un Terryfic que Candy y Terry sean muy muy felices porque ademas en tu fic Terry me parece fantastico y super tierno, como para enamorarse pero a mi adorado Albert no me lo hagas sufrir porfa porque el es el que menos tiene que sufrir si solo le ha dado felicidad a Candy. escribes muy lindo, sigue asi!!!

  12. este capitulo te quedo genial espero que sigas la historia con terry y candy ya que terry es mi favorito y la cancion no pudo ser mejor a mi me encanta jose luis perales……escribes muy bn espero pronto el desenlace de tu historia cuidate

  13. Gracias a todas chicas por seguir leyendo…

    Sakura Hayashi ^-^!

  14. Aunque candy ame a terry el papichuko de albert lo entendera…ya al menos candy le ubiera de dar un bechito bien cachondon para dejarlo tranquilo….me gusta ;P

  15. no no los separes merecen será felices ya han sufrido mucho
    no se porque pero todas las escritoras estan empeñadas en separarlos eso no es justo.

  16. este es mi capitulo favorito !!! esta escrito con tanta emocion que cada detalle te hace flotar en ese ambiente!! como extraño este fic cada parrafo expresa muchas emociones , un drama extraordinario!

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