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Aun en el tiempo y la distancia,… al final habremos de encontrarnos Capítulo 14

Capítulo 14     Corazones destrozados entre el compás de una melodía

“Siento celos, es seguro que son celos, el amor es más tranquilo, tan tranquilo como un beso, siento celos que es igual a decir miedo, y por qué no tal vez sin celos nuestro amor no sea completo, celos de los ojos de mi amigo… celos ese dulce sufrimiento que te quema a fuego lento, que me hace tu enemigo.”

Terry, al prestar la atención correspondiente al alcalde, no pudo ocultar el gesto de desagrado ante lo que sus oídos acaban de escuchar:

“La señorita Candice White Andley y el señor William Albert Andley comprometidos.”

Todo así sería de hoy en delante, la peor noticia recibida en su vida, se entonaría fervientemente, a cada paso dentro de la sociedad, por ser la pareja más prometedora de la alta sociedad, tendrían sus oídos que acostumbrarse a morir a cada instante al recordar esa maldita verdad…

Tomados del brazo, la ferviente pareja pronto se acercó a la pista de baile, abriendo de esta forma el mismo.

Ambos bailaban felizmente al compás de una melodía al sonar, mas ninguno logró percatarse, de un par de recónditos ojos azules que los miraban celosos, siguiéndolos, mientras balanceaba en su mano una copa, mirándolos a través de ésta sonreírse, paladeando el sabor amargo y roto que le dejaba ver a Candy con otro, aun cuando ese otro era Albert. Lo invadió un fuerte sentimiento de impotencia y derrota al verla bailando con él y aunque trataba de no mirarlos, la radiante sonrisa de Candy para con otro, atraía su vista como un imán.

Ella bailaba con Albert… y él ya no estaba en su vida.

Inmerso en su locura, apenas y se dio cuenta que había quebrado la copa en sus propias manos, empapándose con el vino y los trozos del cristal roto, tal cual estaba su alma y su ser.

Tras el término de la primera melodía, Terry optó por salir de inmediato del lugar, su ser ya no resistiría verlos así, sus celos simplemente se lo impedían, así que salió a uno de los jardines a tomar un poco de aire fresco.

– Me siento tan dichoso a tu lado, pequeña. Todos los caballeros me miran con envidia de tener a tan bella dama a mi lado. – Le dijo Albert, mientras se dirigían a su mesa a tomar su cena.

– Albert, me sonrojas.

– No entiendo por qué te sonrojas ante una verdad tan notoria.

Ya una vez ambos sentados, prosiguieron a cenar, en la compañía de Archie, y Annie, un poco más tarde se les unió la misma Paty, todos en la mesa disfrutaban de la grata compañía al estar juntos, como en los viejos tiempos, charlando de cosas triviales.

– Bueno chicos, Candy y yo vamos a saludar al alcalde. Ahora volvemos ¿verdad pequeña?  – Interrumpió Albert la charla y se levantó junto con Candy en busca del alcalde.

– No tarden mucho, que esta mesa los extrañará. – apuntó Archie, un momento antes de que ambos se retiraran.

Candy y Albert, se encaminaron a la mesa donde se encontraba Richard O´Donnel el alcalde de Edimburgo.

– ¿Que pasa Albert? ¿No entiendo el por qué de repente te salen esas ansias de venir a saludar al alcalde? – dijo ella extrañada.

El volteó a mirarla y guiñando un ojo dijo – es que quiero que salgamos a caminar un momento y me temo que es la única excusa válida para retirarnos de ese modo de la mesa.

– ¡Albert eres malo! – dijo ella totalmente de acuerdo con la idea y sonriendo ampliamente.

Ambos se dirigían sigilosamente para el jardín, haciendo todo lo posible porque nadie se diera cuenta de su escape, creyéndose victoriosos Candy logró salir, más su gesto fue de desagrado cuando se volvió para con Albert y se dio cuenta que justo antes de salir un caballero lo había descubierto y ahora intercambiaba saludos con él, estuvo a punto de regresar para hacerle compañía, mas vio un gesto disimulado en Albert que le indicaba seguir.

Candy caminaba sin rumbo fijo por el jardín, cuando sus ojos descubrieron un pequeño lago artificial, corrió hacia él, sintiendo emoción de descubrirlo, al estar parada a un lado de este, notó que otra persona había descubierto ya ese lugar, era un varón, lo miró de espaldas, después de un momento este sintió su presencia y se giró para con ella.

Candy balbuceo una disculpa, más esta murió en sus labios al ver aquellos ojos azules que se volvieron a mirarla con curiosidad al principio, ¡ese joven caballero era Terry!

Él reclamó sus ojos verdes en los suyos y la miró con tal intensidad que Candy sintió como un temblar helado recorrió su cuerpo, desconectando sus sentidos, Candy no podía hacer más que mirarlo: de pronto se había vuelto ciega para cualquier otra cosa que no fuera Terry, en su corazón comenzó a escuchar la melodía de una pequeña armónica… fuerte, atronadora y vibrante… como siempre la había guardado dentro de sí. Allí estaba nuevamente Terry, otra vez liberando su música, como si nunca hubiera intentado apagarla.

Estaba totalmente perdida en la profundidad de sus ojos, lo tenía frente a ella, ahora que se sabía totalmente enamorada de él,

¿Cómo evitar correr a sus brazos?,

Tenía ganas de alcanzarlo, de decirle que lo amaba, pero era una cobarde, se mantenía callada… como en aquella noche de invierno en Nueva York, cuando el silencio logró, separarlos, solo por mantener dentro de sí, los sentimientos que estallaban dentro de ella.

Lo mismo sucedía ahora, su corazón se lo gritaba, con esa melodía, que sonaba insistentemente en su corazón pero solamente se mantenía callada, mirándolo, perdiéndose en el insondable mar de sus ojos, añorando reunir el valor necesario para decirle

Te amo…

Aunque de nada serviría, pues a estas alturas, y con todo lo acontecido en el baile, bajo la misma presencia de Terry, él ya debía estar por demás enterado de su compromiso con Albert.

– ¡Ah, eres tú!… – dijo él, en un tono serio, y despectivo al reconocerla y haberse recuperado de la impresión que le ocasionó el verla justo frente a él.

– Terry, – contesto ella, sintiendo la frialdad del comentario de Terry. –

Ambos seguían siendo presas de sus miradas, capturados uno en el otro, sintiendo el calor mutuo emanar de sus cuerpos, luchando con su ser, por no ir corriendo a ese encuentro de sus pieles.

“Siento celos, que es igual a decir miedo, y por qué no tal vez sin celos nuestro amor no sea completo, celos de una sombra en tu pasado que se acuesta a tu lado entre mi amor y tu cuerpo… siento celos ni de macho ni carnudo simplemente de amor puro de tristeza y desconsuelo.”

Después de un momento, Albert, logró escabullirse al jardín detrás de Candy, recorriendo las arboledas para compartir con ella, un momento más en su dulce romance.

Inmediatamente logró divisarla, y se apresuró a alcanzarla, más una brisa helada, lo alcanzó al descubrir, que charlaba precisamente con Terriuce Grandchester.

Pensó en ir a su encuentro de cualquier forma, pero la frase dicha por Terry en su reciente encuentro vino a su mente:

– Nos hemos visto un par de veces. –

Esto lo hizo, que ella no había mencionado, ni en una sola ocasión el nombre de Terriuce Grandchester, desde que había llegado a Escocia, así que decidió aguardar, escondido tras un árbol, inducido quizá por los celos, que aparecían al verla ahí de pie, en frente de aquel por el que una vez había dejado todo por ir tras él, aguardó, escuchando todo en silencio, necesitaba estar seguro de lo que pasaba entre ellos a sus espaldas.

Sus miradas podían hacerse eternas, tal y como Terry había deseado el día del adiós. Mientras ella no podía controlar, sus emociones, así como tampoco podía acallar la canción en su interior, que sonaba tan fuerte, que por un instante pensó que Terry podría escucharla. 

Solo que de pronto el momento se rompió, porque él bajo la cabeza y dio un paso atrás, anulando la corriente eléctrica que sus mirabas intercambiaban, un momento más tarde, ya un poco más repuesto de la ansiedad inicial, la miró nuevamente y dijo:

– Hola, Candy.

– Hola…

El momento se había ido y ahora solamente quedaba el peso familiar de la realidad. 

– Supe que has venido con Albert, y que este elegante baile es en su honor…– continuó diciendo tratando de aparentar una calma que estaba muy lejos de sentir. –

– Fue a verme hace unos días, y me contó lo de ustedes, y bueno… ahora entiendo… – su mirada se ablandó por un instante, y la desvió, volviendo a mirarla un momento después pero ahora con un aire de reclamo. – perdóname por el incidente del otro día… yo no sabía que Albert y tú… – Se disculpó – 

– No te preocupes. – Interrumpió ella, al percatarse del dolor de sus palabras. –

Sin embargo el terminó: 

– Tú y Albert están comprometidos…

El comentario cayó como una losa pesada entre los dos. Devolviendo a Candy al presente, y entonces comprendió lo distintas que eran ya sus vidas. 

– Terry… yo… si… –intentó dar una explicación, bajó la vista sin poder sostenerle la mirada. –

– Él es un buen hombre y te merece…

“Ya no te entretengo más, sé que te está esperando alguien. Dile que debe hablar más bajo al que ha dicho que no tardes… solo un último favor te pido antes de colgar: dile que te cuide mucho, ¿me prometes que lo harás? Y ahora cálmate que no note que has llorado, disimula que estas bien, como yo lo hago, mientras seguiré pensando en nuestro encuentro imaginario…”

 “Si hubiera sido otro distinto de Albert, me hubiera puesto muy… muy celoso., pero tratándose de él no hay problema.”

Eso había escrito alguna vez él, en una de sus cartas, en aquel viejo romance epistolar, pero ¿seguía siendo verdad eso? ¿En verdad no había problema? ¿Podría nuevamente dejar ir a esta Candy, increíblemente bella y cuya presencia había recibido como un regalo de Dios?

Terry tuvo que contenerse férreamente para no asirla entre sus brazos y sentir su propio cuerpo amoldándose al delicioso cuerpo de ella. Miró sus labios entre abiertos y sintió claramente ese sabor de Candy impregnado en los suyos. 

Sin embargo se obligó a dejar esos sentimientos. Aunque el siempre era y sería únicamente de Candy; ella no le pertenecía más. Lo supo desde aquel día nevado en Nueva York en que la vio partir sin mirar atrás ni una sola vez. Por eso tuvo que controlarse a tal grado que parecía un autómata cuando le dijo con frialdad: 

– Y ahora señorita Candice debo volver a la fiesta, con su permiso. –

Terry pasó de largo junto a ella para perderse entre los invitados del salón. Candy se estremeció cuando sintió la presencia de su gran amor pasar de largo junto a ella, y sintió como una ráfaga de viento helado atravesaba como un cuchillo su alma al ver a Terry partir sin más, aturdida sobre todo por la forma en que él la había llamado; “Candice”, él jamás había usado la fría impersonalidad de su nombre completo.

Candy sintió un terrible vació en ese momento, recordó, esos grandes ojos azules, la suave línea de sus labios que siempre se curvaba en una especie de semi-sonrisa, un tanto cínica y otro tanto dulce. Ahora había crecido y ya tenía el porte recio de todo un hombre, tenía las piernas largas, y el pecho ancho y fuerte donde ella podría hundirse sin vacilar para mirarlo y pronunciar su nombre como si se tratara de un sortilegio que le devolviera la magia a su vida… 

¡Terry!…

Dijo tan fuerte como sus contrariadas emociones se lo permitieron,  sus lágrimas brotaron ahora ya sin ningún obstáculo, y sin nada más que la sostuviera, se derrumbó de pie al lago, con el rostro entre las manos. 

“Y se marchó… él se alejó de ella… “

“Solo fui testigo por casualidad, hasta que de pronto el me preguntó ¿era bella no es verdad?, más que la luna dije yo, y él sonrió. “

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8 comments

  1. Ahhhhh.muy.bien
    va.quedando.
    Siempre.nos.dejas.curiosas.

    Esperamos.con.ansias.la.conti.

  2. Escribes demasiado lindo te felicito ….y yo al igual que candy sigo enamorada de Terry …..

  3. ay no! Terry no sufras porfavor. sakura esta super tu fic y me tienes picadisima.

  4. en efecto cada vez esta mas interesante, felicidades.
    Esperamos la actualizacion pronto,un fuerte abrazo y cuidate.
    que Dios te bendiga.

  5. Muy bonito capitulo espero que pronto publiquen el siguiente capitulo, tengo curiosidad de saber que va a pasar…

    Bye

  6. ahhhhh,q emocion es muy buena tu historia, estoy fasinada. gracias

  7. esperando el siguiente capitulo ya quiero leer el otro jaja

  8. Oye de verdad que esta muy bonito tu fic…no se de verdad de donde sacan tanta inspiracion de que musa o musito…jijiji..pero esta muy muy bonita tu historia…continua siempre asi

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