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Aún en el tiempo y la distancia,… al final habremos de encontrarnos Capítulo 12

Capítulo 12       Dolor, Herida abierta

“ Hace frió es tarde tienes que volver, hay alguien que te espera, seguro una vez más el tiempo se nos fue, ¿volverás?, dime si mañana volverás como lo has hecho cada tarde para contarme como muere el día,… y se marchó, ella se alejó de él, pero como en las cartas, dos puntos, posdata, se me olvidaba no me presenté.”

Ella corría, inundándose en un mar de emociones que no lograba controlar, dejando atrás el momento ¿Por qué lo había permitido?, se preguntaba tratando de encontrar una excusa para su comportamiento, más nada podía excusarla, lo había besado, y con el acto había traicionado a Albert, ¿por qué Terry le hacía esto?, ¿por qué la había besado? se reclamaba, se odiaba a sí misma, por haberse corrompido ante el momento, y no encontraba razones para el mismo, cómo podía ser posible que Terry aun lograra eso en ella, si ella no lo amaba, ¡no podía amarlo se casaría con Albert!, Terry ya no cabía en su vida, él era parte del pasado y nada cambiaría eso, – ¡yo amo a Albert! – se repetía a sí misma, como si el decirlo volvería ese deseo de amarlo de verdad. 

Estuvo vagando sin rumbo por el bosque, y sin pensarlo había regresado a donde se encontraban sus amigos, pudo escucharlos, y se detuvo para tratar de reincorporarse, limpió sus lágrimas con el dorso de su mano, estuvo unos momentos tratando de tranquilizar su respiración agitada por el correr, y el mismo llanto del que había sido presa, suspiró relajando así su cuerpo y se animó a unírseles a sus amigos, 

– Ya regresé, dijo al dejarse ver acercándose a la manta en el pasto donde estos ya recogían todo lo que habían llevado. 

– ¿Dónde has estado Candy? pregunto Archie, un poco molesto por la forma en que se había ido sin avisar, 

Pero Annie al ver esto lo miró dando en su mirada una súplica de que se controlara y evitara ese enojo.

– Lo siento chicos, pero al encontrarme libre de la casa no pude evitar trepar a un árbol y dormí una siesta… lo siento, contestó encogiéndose de hombros y colocando su mano detrás de su nuca, dando a entender una disculpa por su descuido 

Paty que hasta hacia un momento había estado callada observando la incómoda situación y rompió su silencio diciendo: 

– ¡Chicos miren que hermoso atardecer!, mientras apuntaba con su mano hacia el ocaso, todos voltearon a verlo era realmente hermoso, como un sol rojo provocaba destellos rojizos y anaranjados a su alrededor, – ¡es Stear estoy segura! – Gritó emocionada – ¡quiere decirnos que está aquí con nosotros!–

Archie al igual que las demás chicas pudo percibir la emoción que irradiaba Paty en su mirada al apreciar ese espectáculo en el cielo y no pudo evitar contener que una lágrima solitaria se asomara en sus ojos al recordar a su hermano, Annie lo tomó del brazo y lo miró dándole su apoyo, él la tomó en sus brazos y besó levemente su mejillas, Candy los miraba atenta.

Era imposible ocultar el amor que Annie y Archie se tenían, y ella acababa de vivir un momento similar al lado de Terry, no logró reconocer lo que su corazón le gritaba pero sentía claramente la melodía de Terry sonar en su corazón, de repente una especia de calma se adueñó de su ser, alejando por un momento la angustia que el traicionar a Albert le había ocasionado.

Terry no podía entender que había pasado, simplemente se había marchado, otra vez la había tenido tan cerca y se había ido sin mirar atrás, presa del llanto, se había arrebatado tan bruscamente de su contacto, le dolía el pensar que para él, ese momento había sido tan hermoso, tan esperado, había pasado siete años esperando, soñando en que pudiese repetirse y para ella había sido un motivo de llanto, no entendía por qué, ¿Qué era lo que le impedía estar a su lado? ¿Por qué nuevamente lo dejaba en ascuas sin poder saber que había pasado?, la incertidumbre ante el hecho reinaba en su ser, se quedó ahí parado como una estatua durante horas tratando de comprender que había pasado. La noche cayó en su presencia, y el frió que traía con esta, lo hizo sentirse aún más confundido, pues a pesar del rechazo percibido, una leve alegría se asomaba en su corazón al saber que por un momento ella le mostró que seguía siendo suya, entregando sus labios en esa dulce caricia, al pensar eso, como una especia de ritual hacia ella, sacó su armónica y comenzó a entonar una melodía, que a pesar de su tristeza detonaba en ella ese pequeño aire de alegría ante lo vivido. 

La oscura habitación solo era iluminada por los tenues rayos de luna que entraban por la ventana, ella estaba recostaba en su cama, apretaba fuertemente su almohada, mientras lloraba incesantemente, solo podía pensar en ese fugaz momento que acababa de vivir, las emociones vividas explotaban en su interior recordándole sin preámbulos ese pequeño instante en que había flaqueado, entregándose al momento y sin reservas al reclamo que los labios de Terry le pedían, no entendía el por qué le pasaba eso, si su amor por Terry hacia años se había perdido, ¿por qué reaccionaba así ante su presencia olvidándose de todo?, no encontraba respuestas a su acto, no comprendía que fuerza tan grande la había mantenido en los brazos de Terry, sin oponer resistencia, ¿qué fuerza la había orillado a dejarse llevar por el recuerdo de un momento mágico para que este pudiese repetirse en circunstancias indebidas?

Su mente era un caos llena de promesas de recuerdos de anhelos y de sueños, estaba tan confundida, y fue en ese momento que recordó la forma en que Terry se había quedado impactado ante su reacción… en ese momento comprendió que Terry no sabía nada de su compromiso, si no ¿Por qué la había besado? Era obvio que él no estaba enterado de nada, por alguna razón Albert no se lo había dicho en esas cartas que se habían intercambiado, no entendía por qué, pero asumió que sus razones tendría. 

Estaba tan inmersa en sus pensamientos Que no pudo sentir en qué momento su mente exhausta de buscar un por qué a esa explosión de emociones, comenzó a descansar, cayendo en un profundo sueño y de ese modo tratar de escapar de aquel mar implacable de confusión que comenzaba a gestarse en su mente.

Al llegar la mañana Terry se retiró de nueva cuenta a su villa, al llegar pudo notar un auto con el escudo de los Andley estacionado afuera, su rostro se iluminó al pensar que pudiese ser Candy quien hubiese acudido a buscarle. Bajó de inmediato de su yegua lleno de emoción y entró corriendo a la casa, en el recibidor lo esperaba su ama de llaves, más pasó de largo hasta la sala de estar, totalmente apresurado, abrió ágilmente la puerta, esperando encontrar a su pecosa ahí esperándole para explicarle lo que había pasado, conocer el por qué se había ido de esa forma; mas sus ojos se abrieron en un desagradable gesto de sorpresa al encontrarse ahí sentada a ¡Elisa Leegan! – ¿Qué hacia ella allí?, – se preguntó así mismo.

– Ah eres tú – pronunció en tono despectivo, y dejando ver en su rostro el desagrado que la presencia de Elisa le producía.

– ¡Terry! Gritó emocionada la joven al momento que se abalanzaba sobre el – ¡te he extrañado tanto!

El recibió el abrazo proporcionado por ella como un mero acto de cortesía, pues después de todo y a pesar de la repulsión que la presencia de esa chica le producía, el era un caballero, después del tiempo necesario por cortesía la tomó de los hombros separándola de su pecho, la miró y preguntó despectivamente

– ¿Qué quieres aquí Elisa? ¿A qué has venido?

– ¿Qué te pasa Terry? respondió ella con ese tono altanero tan característico – ¿acaso no te da gusto verme aquí? 

– No Elisa, bien sabes que tu presencia no me es grata en lo absoluto.

Ante el comentario, el odio y coraje se le subieron al rostro a la chica, – ¿Cómo podía humillarla así? Se decía, a sí misma – aun sigues locamente enamorado de la huérfana esa, pero ahora mismo lamentarás haberme humillado de esta forma pensaba para sí.

– Pero dime Terry, que gran coincidencia que estemos aquí ambos ¿no lo crees? dijo preparándose para regresar la humillación con una cachetada de guante blanco, mataría dos pájaros de un tiro, al informarle de la boda de Candy, lograría que Terry despreciara a Candy y se vengaría de la forma en que la acababa de tratar.

Él la miró extrañado, no comprendía su comentario.

– Imagino que tú también has venido a la boda de Candy… dijo Elisa con esa maldad en su voz tirando su intriga en todo su rostro, y alegrándose interiormente de la reacción de asombro y coraje que la mirada de Terry le proporcionaba.

– ¿Qué dices Elisa? – exclamó al sentir el comentario de la misma como un golpe caer con todo su peso sobre él.

– Si, ¿acaso no sabías que en algunos días Candy se desposará con el tío William? continuó ella con ese tono sarcástico y altanero en su voz 

Al escuchar eso la mirada de Terry se nubló por completo, su cuerpo se heló, y la ira lo inundó, sin embargo y como si aferrarse a ello dependiera su vida un destello de luz lo alivió al pensar en que seguramente era otra de las intrigas de Elisa, – veo que sigues siendo la misma chiquilla presumida e intrigosa de siempre Elisa, ¿por qué no vas a molestar a otras personas? dijo el mostrándole con su mano la puerta e invitándola con su mirada a marcharse.

Ante el acto ella se enfureció y solo atinó a decir, – puedes ir a preguntárselo tú mismo a Candy mientras salía de la casa, sembrando con esto la duda en la noticia dada a Terry.

Sin decir nada al ver alejarse a Elisa, Terry salió de inmediato de la habitación impulsado por un odio que sobrepasaba a sus fuerzas. Ahora comprendía el por qué Candy había reaccionado así después de su beso, subió a su yegua, y comenzó una desenfrenada carrera hacia la villa Andley, las palabras de Elisa sonaban como truenos resonando en su cabeza sentía tantos celos, solo llegaba a su mente la imagen de Candy al lado de Albert, ¡de Albert precisamente!, compartiendo miles de momentos juntos, la poca cordura que quedaba en su cabeza era solamente otorgada, por esa duda de que todo se tratase de una calumnia más, necesitaba verla, aclarar esas dudas que invadían su mente, no podía ser cierto que Albert le hubiese traicionado así, tan bajamente, en sus ojos se cruzaban un sin fin de veces las imágenes de Albert y Candy compartiendo un momento más juntos, ¿cuándo habían dejado de ser amigos y comenzado a verse con otros ojos?,

¿Cuándo Albert había hecho que Candy lo olvidara?, ¿Cuándo? ¿Y cómo había sucedido? No podía entenderlo, su ser no lograba comprenderlo ¿cómo se había atrevido?

Después de minutos de galopar, en su camino se cruzó un auto con la insignia Andley, alguien abordo le pareció familiar, por lo que sin pensarlo aceleró aún más el galope de Teodora.

La mañana se asomaba por la ventana, después de una larga noche que tras muchas lágrimas había logrado despejar por un momento las tormentas en su corazón, logrando que Candy despertara un poco más tranquila, y con una alegría interior que a pesar de todo le daba la calma que necesitaba, se escuchaba claramente el cantar de los pájaros afuera, y el escucharlos produjo en ella unas ganas locas de salir para encontrarse con ese ambiente natural, se vistió, con un vestido ligero, en color lila, de mangas largas, arreglo su cabello en una coleta sostenida a lo alto de su cabeza, con esos rizos alborotados y coquetos saliendo de esta, mientras afinaba los últimos detalles de su peinado, escuchó claramente afuera el llegar de un auto, y agitación ante el hecho, se asomó a su balcón y efectivamente un auto había llegado, en la ventana del auto logró divisar a George, su rostro brilló de emoción.

¡Albert había llegado al fin!…

Salió corriendo de su habitación, bajando lo más rápido posible a su encuentro.

El acababa de bajar de su auto, cuando la vio salir de la mansión emocionada por su llegada.

– ¡Albert! Gritó al verlo, y se abalanzó sobre él entregándole un fuerte abrazo, no le importó que toda la servidumbre la observara, él la recibió felizmente y al sentirla en su abrazo la elevó girando, riendo estaba tan feliz de tenerla al fin.

– ¡Te extrañé tanto princesa! – decía sosteniéndola aun en el aire.

– Yo también te extrañé tanto, ¡me hiciste tanta falta! Agregó mientras este la bajaba dulcemente, apretándola a su cuerpo. 

–Tú también me hiciste falta pequeña, continuaba mientras la miraba fijamente, al fin estaba a su lado después de tanta espera, ¡ya podía verla y abrazarla!, tenerla para él, se veía tan bella, tan inocente, estaba tan extasiado con su belleza que se dejó llevar por el momento y se inclinó depositando un pequeño beso en el borde de sus labios, justo en aquel pliegue donde terminan para dar lugar a su mejilla. 

Ella sintió el rose de sus labios como una suave caricia, y sonrió al contacto aferrándose después de este, al pecho de Albert en un abrazo. 

Estaban tan felices ambos, que no lograron darse cuenta que un par de ojos azules los observaban, desde lejos, conteniendo dentro de si las ganas de ir a reclamar lo que consideraba enteramente suyo… conteniendo los terribles celos que lo atacaban, al ver ante sus ojos, como lo que él había creído una simple intriga, se volvía verdad… 

¡Una maldita verdad!…

¡Candy y Albert estaban comprometidos!

Palideció al verlos, apretaba sus puños presa de los celos que le ocasionaba el encontrarla sonriendo dulcemente en brazos de otro hombre, estuvo a punto de dejarse ir en contra de Albert, de restregarle en la cara su traición, de tirarle un golpe a la cara en respuesta a la puñalada otorgada antes, al robarse a Candy, al robarse ese recuerdo tan preciado para él, aun sabiendo lo mucho que él la amaba, aun sabiendo cuanto había sufrido por ella…

“¿Cuándo había sucedido?”  “¿Cuándo?”

Era la pregunta que reinaba en su interior, por un segundo cruzó por su mente la idea de tener una pelea con Albert, y al entenderlo así comprendió lo absurdo que era su comportamiento, ¿cómo pelear con él?, ¿con ese hombre que había considerado su único amigo?…

Reunió toda la cordura que le quedaba, para salir de ese lugar a todo galope en Teodora, aumentaba el correr de la yegua, como si la brisa llegara a llevarse con ella, la ira que sentía,

¡¿Cuándo?!

Se seguía preguntando, mientras recordaba que era Albert, el que se la había robado, precisamente ese al que había considerado su amigo, al que le había confiado cuidar de ella, y ¡que le había traicionado!

De repente recordó esa vez cuando él había regresado derrotado a buscar a Candy, y había sido el mismo Albert quien le había mostrado que ella a pesar de todo era feliz, el mismo que le había pedido irse, ¡alejarse de ella!, con el pretexto de ser lo mejor para ella. 

Una vocecilla maliciosa le hablaba haciéndolo pensar en que Albert lo había alejado de ella, con premeditación, alevosía y ventaja, le decía que él lo había separado de ella para poder enamorarla.

El odio se le subía al rostro lleno de cólera, bajó del caballo, y en un arranque de ira golpeó con todas sus fuerzas un viejo árbol desahogando en el contacto su furia, sacándola, desquitándola, al dejar salir toda su fuerza, todo el dolor que sentía, y fue en el acto que recordó lo que siempre había sido Albert, … ese hombre amante de la naturaleza, de la libertad, que, lo que más apreciaba era el poder vivir sin yugos y ataduras… ¡Cuánto se parecía a ella!, eran dos almas libres, luego pensó en ella, en esa tierna niña intrépida, llena de amor por los demás, tan gentil, tan hermosa, cualquiera podría enamorarse de ella, ¡cualquiera! 

Cualquiera… la razón había caído sobre él, ni Albert ni Candy le habían traicionado, simplemente se habían enamorado, ¿cómo podía reclamarles fidelidad a un recuerdo?, a un amor del pasado… al que el mismo había renunciado, esa noche en Nueva York cuando escogió a Susana, anteponiendo el deber al amor.

¡Cuánto se parecía al duque de Grandchester!

¡Qué irónica era la vida!, tanto había odiado a su padre por anteponer el “deber” al amor, y él se había comportado igual, dejando ir al amor de su vida por un falso honor. ¡Había cometido el mismo error de su padre! Y ahora no podía hacer nada, ¡la había perdido!, ante el mejor, ante ese que siempre estuvo a su lado…

Cuanto envidió a Albert en ese momento, pues él, la había conocido desde siempre, el era dueño de su infancia, de esos cuatro años llenos de dolor y ahora también sería el dueño de su futuro… Albert y solo él. ¡Qué envidia, pues sería Albert el que viviría todos esos momentos que el tanto añorase vivir!.

Pero ya nada podría ser, la había perdido, ¡la había perdido! sin siquiera tener la oportunidad de luchar por ella.

Todos en la casa estaban reunidos en el recibidor, pues acaba de llegar el señor William Albert Andley, patrón de todos aquellos habitantes y sirvientes de la villa, al fin había llegado después de casi un mes de espera, para en pocos días desposarse con la Srita. Candice White Andley, su protegida.

El mismo William entró a la mansión acompañado y tomado del brazo de Candy

– Bienvenido, querido William, pronunció la tía abuela desde la escalinata central, al recibir a su querido sobrino.

 – Gracias tía, contestó, dando una gran sonrisa y acercándose a su encuentro, para después depositar un beso en el dorso de su mano y saludarla cordialmente, al encontrarse a su lado la tía abuela solicitó la atención de la servidumbre y de sus demás sobrinos

 – A todos los que estamos reunidos aquí, quiero informarles que como se han percatado, mi sobrino Albert ha llegado al fin y quiero que sea tratado con todo el respeto, y se le otorguen todas las comodidades dignas del patriarca de los Andley, ya que por si alguno de ustedes no está enterado mi sobrino William Albert es el total dueño y representante de la dinastía Andley. Así que les exijo se le dé el mejor trato– Al terminar, dio un fuerte abrazo a su querido sobrino y se retiró del recibidor, junto a esta la servidumbre también se retiró a sus respectivas labores, dejando en el sitio únicamente a Archie, Annie, Candy y por supuesto al mismo Albert.

– Bueno ya que se fue la tía podré refrescarme un poco, expresó el joven rubio al tiempo que se aflojaba el nudo de su corbata, y estiraba sus brazos 

– fue un largo viaje desde América – comentó Archie al ver el acto de Albert, y se acercó al mismo a otorgarle un fuerte apretón como símbolo de bienvenida

– Si ya lo creo que si… – continuó Albert encogiéndose de hombros y aceptando el apretón de Archie. 

Al soltarlo, se acercó Annie que estaba parada junto a ellos, tomó su mano y depositó un beso en esta en símbolo de saludo. 

– El embarazo te sienta bien, se te nota radiante y muy feliz le indicó sonriendo y pensando en cómo se vería Candy cuando ella esperase un hijo de ambos, pues su sonrisa no tenía comparación, ¿podría el lograr superarla por una alegría mutua?, – se preguntaba al imaginar todo lo que les esperaba juntos.

– ¿Y cómo han estado? ¿Cómo les ha parecido Escocia en esta estación? – preguntó Albert

– ¡Muy bien! Contestó Candy entusiasmada, – ¡es bellísima! el bosque te encantará estoy segura, y lo sorprendente es que a pesar del otoño ya avanzado, no se siente tanto el frió como en Chicago.

– Me imagino entonces, si el bosque, es tan bello como dices que te gustara ir mañana a pasear conmigo al lago – dijo Albert. Al ver el entusiasmo en el rostro de Candy, pudo adivinar que se sentía libre, y quiso de inmediato verla así, tan libre como él la había conocido, y como tanto la amaba.

Al percatarse de las ansias que comían a Albert de estar con Candy, Archie dijo:

– Bueno chicos, nosotros nos retiramos para dejar que ustedes dos puedan charlar, ya que me imagino que se han extrañado mucho este tiempo; tendrán muchas cosas que decirse – terminó Archie mientras tomaba del brazo a Annie y se alejaba con la misma a los dormitorios. 

– Ja, ja, ja, – rió Albert ante el acto de Archie. Y volvió a mirar a Candy, la tomó del brazo, y dijo…– ven acompáñame afuera, quiero dar un paseo ¿qué te parece?

– ¡Me parece perfecto!, no sabes cuánto he extrañado nuestros paseos. 

Ambos salieron al jardín, al encontrarse a su lado, la paz había vuelto a Candy, tal como lo había imaginado al encontrarse nuevamente cerca de él, los recuerdos y remordimientos se habían alejado, y la tranquilidad había regresado, Albert le inspiraba tantas cosas buenas, en su abrazo había podido despejar todas esas tormentas que llenaban su cabeza, lo había extrañado tanto que el verlo había logrado revivir esas sensaciones sentidas en su interior por él, la llama del cariño que sentía para él, comenzaba a arder al sentirse cerca.

– Te ves muy bella hoy pequeña, creo que el lugar te sienta muy bien. – dijo acariciando su cabello. 

– ¡Qué cosas dices Albert! Estas mintiendo, si apenas, y tuve tiempo de arreglarme. 

– Pues no lo parece, ¿o será que te he extrañado tanto? Porque te noto más radiante, más llena de vida, se nota en tu sonrisa, y tu bien sabes cuánto amo verte sonreír. 

– ¡Albert! Exclamó y sus mejillas se tornaban rojas por la timidez que el comentario del rubio le ocasionaba. 

– ¡No tienes ni idea de las ganas que tenía de estar aquí!, todo en Chicago era demasiado estresante para mí, ya necesitaba sentir el aire golpear de frente en mi rostro, – pronunciaba mientras abría sus brazos doblegándose a la suave brisa que la mañana otorgaba, se sentía fascinado, ese era su lugar, la naturaleza era su hábitat, y desde que había tomado sus responsabilidades en la familia, se había sentido tan limitado para liberarse en ese medio en el que era tan feliz, pero ahora el estar ahí, en Escocia, el poder admirar, los bosques que el lugar tenía, la naturaleza y el perfecto conjunto que este hacía en contraste, con la bella sonrisa de su pequeña, lo hacía sentir irremediablemente feliz. – y por supuesto necesitaba aún más ver tu sonrisa pequeña, continuó, y tomó el mentón de Candy levantando su rostro para con él, dando en el acto una sonrisa para ella, – te vez tan hermosa cuando sonríes. 

– ¡Basta Albert! O terminarás haciendo que lo crea 

– Pues créelo pequeña, eres la mujer más dulce y hermosa que puede existir. – dijo mientras la tomaba de sus manos y sonreía ampliamente, estaba tan feliz de al fin estar con ella. – Pero cuéntame ¿qué tal te fue, este tiempo sin mí?

– Bien, todo ha sido tranquilo, los chicos y yo hemos salido un par de veces de día de campo, al bosque, y Paty ya está aquí, continuó, omitiendo deliberadamente sus encuentros con Terry sin saber por qué lo hacía, ¿tal vez para evitar encuentros innecesarios? – también llegaron hace poco tiempo Elisa y Neil, tenía tantos deseos de que estuvieras aquí. Te extrañé.

– Me gusta saber eso, sonrió Albert – porque yo me moría por dejar todas esas juntas de negocios y los números para venir y estar todo el tiempo a tu lado, pequeña.

Candy se sorprendió de la tranquilidad que Albert le inspiraba, y de cómo la presencia de este había logrado calmar las tormentas de sentimientos que habían llenado su cabeza desde su primer encuentro con Terry. Albert era como la calma después de la tormenta. 

– Albert, ¿recuerdas cuando te conocí?

– ¿En la colina de Pony?, ¿O en el bosque de Lakewood? 

– En la colina conocí a mi príncipe, a ti te conocí en el bosque, con una gran barba y unos grandes lentes oscuros. Corrigió ella, en un tono travieso 

– Es cierto, discúlpame princesa, pero claro que lo recuerdo, eras apenas una niña llorona, cubierta de pecas, con una pequeña naricita respingada. – dijo para después reír con gran simpatía. 

Candy se ruborizó al recordar que en casi todas las ocasiones que lo había visto efectivamente se encontraba llorando – siempre, eras tú el que se encargaba de consolarme. – Agregó

– ¡Y de asustarte!, dijo al recordar aquella vez en que al despertar ella se había desmayado al verlo cubierto de una exuberante barba, con su facha irremediable de vagabundo.

– Pues con toda esa barba y los lentes, pensé que me habías secuestrado, de hecho casi no te reconocí en Inglaterra, ya sin barba. Pues te veías mucho más buen mozo. 

Al escuchar eso de los labios de Candy, él sonrió y se acercó lentamente a ella, 

– Tu siempre te has visto bella, aunque sigo pensando que “te vez más bonita cuando sonríes, que cuando lloras” 

– ¡Albert!… susurro ella, mientras veía como este se aproximaba, temblaba lentamente todo su cuerpo, adivinando las intenciones de éste, lo apreciaba, y veía claramente, la dulce imagen de su príncipe, cerró los ojos esperando su contacto, él la tomó ligeramente de su cintura y se inclinó sobre ella, depositando un suave beso, ella se estremeció al contacto, era tan distinto al beso de Terry, era más suave, al principio, pero poco a poco sus labios se volvían más atrevidos reclamando su contacto, sus brazos lentamente se aferraban con más fuerza a su cuerpo, estrujándola contra su pecho, Candy volvió a respirar pensando en cómo responder, y sin saber cómo se encontró buscando la forma de corresponder aquella caricia, solo sabía preguntarse, ¿si lo estaba haciendo bien?, se sentía muy nerviosa, como saber si lo estaba haciendo bien, ¿si acaso estaba decepcionando a Albert?.

Luego, sin poder evitarlo recordó como cuando Terry la había besado no había dudado ni un instante en responderle, revivió sus labios ardientes y húmedos, llenos de deseo hacia ella, la posesión de Terry sobre su beso, sobre sus labios, su propia entrega, para él, pero no…

¡No!… ¡otra vez Terry se colaba en su mente!

No podía ser, aun cuando eran los labios de Albert los que la añoraban, ni así podía dejar de pensar en Terry, Se sintió muy culpable, y poco a poco rebatía el contacto de Albert, el entendió, el rechazo, y la soltó de su abrazo. 

– ¿Pasa algo Candy? – preguntó contrariado, ella bajó su rostro, no podía verlo de frente, – alguien puede vernos, se excusó y controlando sus emociones levantó su rostro, y sonriendo tímidamente dijo – lo siento, pero alguien puede vernos, insistiendo en su excusa tratando de ocultar el verdadero motivo, ya que prefería ser tomada por una chica demasiado inhibida, a que él se diera cuenta de sus motivos reales. 

– Si, lo siento me dejé llevar por el momento, en verdad discúlpame pequeña.

– No tienes por qué disculparte Albert, por el contrario, discúlpame tu – dijo mientras se arrojaba a sus brazos cubriendo en su pecho su rostro, evitando que Albert se diera cuenta de la embestida tan furiosa que le había propiciado el embravecido mar de sus sentimientos. 

– Está bien pequeña, tienes razón, alguien puede vernos, no es lugar para un acto tan íntimo, perdóname, es solo que estas bellísima y no pude evitar dejarme llevar por el momento.- continuo resignado, luego, la abrazó aún más fuerte, mientras acariciaba, con sus manos su cabello, tratando que se tranquilizara, sintiendo evidentemente, que para ella ese beso no había sido el momento mágico y hermoso que para él había sido, se lamentó interiormente por ello, y un deje de tristeza nubló su rostro. Sin saber por qué unos celos silenciosos, y apaciguados recorrían cada gota de su ser.

Pronto llegó la noche, y en la penumbra de su habitación, intentaba incesantemente calmar las tormentas que llegaban furiosas atacando su corazón, sus sentimientos eran como un torbellino de confusión, la culpa caía pesadamente sobre ella, al recordar el repudio otorgado para Albert, en ese beso vivido en la mañana, no podía entender, por qué esos sentimientos profesados por Terry volvían a ella ahora con más fuerza que en su adolescencia, no lograba apartar de su mente el beso otorgado por él, los momentos vividos a su lado pasaban innumerables veces por su mente, ahogándola en sus propias lágrimas, llenándola de remordimientos. Recostada en su cama, añoraba que el sueño llegara a llevarse con él sus confusiones, que este pudiese apartar las sensaciones que a cada momento se volvían más intensas hacia Terry, lo añoraba como si el dormir pudiese ordenar el tremendo caos de sentimientos que se había desatado dentro de ella, poniendo las cosas donde estaban antes de que Terry hubiera irrumpido en su vida sin previo aviso.

Estuvo varias horas pensando, tratando de encontrar una respuesta a sus dudas, pero el sueño llegó sin anunciarse, venciéndola y finalmente dejándola dormida. 

Candy despertó, con los primeros rayos de un sol deslumbrante que se filtraban por su ventana, se sorprendió, al descubrirse en las mismas ropas del día anterior, un fuerte impulso la hizo reincorporarse rápidamente, se concibió realmente sorprendida, al mirarse en el espejo, con sus ropas arrugadas sus rizos alborotados, pero sobre todo notando en su reflejo, un brillo diferente en su mirada que irradiaba, una inmensa alegría con una extraña mezcla de angustia. Sin duda alguna el sueño se había llevado las dudas y le había traído nuevas certezas. Su mirada vagó por un instante por la habitación, deteniéndose, en el cofre, de donde salía un pequeño retazo de tela, y a su lado brillaba un prendedor.

Sus ojos se cristalizaron y se acercó a ese pequeño baúl, tomando entre sus manos ambos objetos, los admiró en su totalidad, repasando por su mente cada recuerdo propiciado por ellos, una lágrima se asomó por sus ojos, dejando el prendedor nuevamente en el baúl, y girándose a encontrar su imagen en el espejo, apretó fuertemente el pañuelo en sus manos y al reencontrarse frente a frente con su mirada, una pequeña sonrisa se asomó en sus labios mientras las lágrimas discretamente comenzaban a recorrer sus mejillas. En ese momento, frente a nadie más que ella misma se aceptó al fin como una mujer enamorada…

Ya no podía negarlo, sus oídos no podían seguir ensordeciéndose al escuchar la insistente canción que resonaba en su corazón. Y como había sucedido aquella noche de bruma en el muelle de Southampton, nuevamente tarde como en aquella ocasión. Candy se dio cuenta que a pesar de tiempo seguía perdidamente enamorada de Terriuce Grandchester.

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12 comments

  1. Ooooh me encanto!!!

  2. es genial que ame a Terry en verdad, él me encanta… pero y Albert?? cielos, que emocionante historia.

  3. Waoooooo,SUPER!!!!!!
    PECAS.y.el.REBELDE.FOREVER.

  4. SSSSSIIIIII!!!!!! gracias por seguir dándonos tan buena historia.

    Saludos

    Geo

  5. Terry o Albert, Albert o Terry!!!oh dios!! Bueno yo me quedo con Albert pero eso no significa que Terry no me guste de hecho me enkanta y esa personalidad rebelde del san pablo derretiria a cualquiera, yo entre ellas jeje, solamente que me descepciono un buen que no luchara por Candy y se decidiera por susana. soy Albert Fan pero eso tampoco significa que no disfrute fics tan lindos como el tuyo Sakura y tambien es lindo ver que siga floreciendo un amor tan grande como el que se tuvieron Candy y Terry. pero a poco no Albert es maravilloso? porfiiiiiiis no lo hagas sufrir y que pueda ser muuuy pero muy feliz. saludos y seguimos esperando lo que siga!!!

  6. Aah no me queria quedar sin decirte que son maravillosas las palabras de Siempre es de noche, maravillosa cancion.
    saludos!!!

  7. hola:muy hermosa historia, esta super interesante, espero que actualices pronto, me encantan los Fic, en donde Terry y Candy quedan juntos, pues a Albert no puedo imaginarmelo enamorado de Candy, ¡no puedo!!gracias por compartir con todas nosotras tu talento saluditos..

  8. Magnifica historia, realmente me gusta mucho…
    Sigue asi Sakura vas muy bien, te quedo muy lindo, espero pronto
    publiques el siguiente capitulo

    Bye

  9. Muy bien!!!!!

    Que fabulosa continuación……… creo fervientemente que no podria dejar de estar enamorada de Terry!!!! creo en ese amor como se cree en la vida y en el constante inicio de cada día, como se sabe que Dios en su infinita sabúduria nos proporciona alma para encontrarnos con ese mitad de nosotros mismos!!!!!!

    Gracias por esta historia esperare ansiosa la continuación por favor no tardes……..!!!!!!

    Saludos!!!

  10. seeeeeeee ya lo aseptooooooo ahora el problema esk lo diga o se kede calada y si lo dice k terry la perdone por k ese es mas orgulloso k una mala jajaja felicidades ojala se arreglen porfasssss grasias

  11. Saluditos a todas las bellas chicas del foro!!!

    Muchas gracias por sus comentarios (Lupita, coincido contigo: Siempre es de noche es una de mis muchas canciones favoritas) como ven, esto esta comenzando a ponerse interesante (je, creo que eso mismo escribí en el capítulo anterior =P) la llegada de Albert va a dejar en descubierto muchas cosas… ahora a la que le toca decidir va a ser a la querida Candy… pero desafortunadamente no será tan sencillo… hay muchas cosas en juego… pero mejor no me adelanto y lean el siguiente capítulo ^-^! Les mando un abrazo muy fuerte a cada una y les agradezco que sigan mi historia.

    Sakura H.

  12. Hola Sakura,
    Mi seudónimo en el fandom de Candy Candy es “Alexa Picos” y hace ya 13 años publiqué en el antiguo Foro Rosa de Elaine Mejía un fanfic llamado “Por siempre tuya”. Por esa época también fue publicado en los grupos de Yahoo de CCFANFICS¿4-5? de Rosa Carmona, en la página de mi comadre Lily Ramírez (de Grandchester 🙂 y en otras páginas/grupos que entonces me hicieron el honor de incluirlo entre sus archivos… Más recientemente lo subí a la “Biblioteca del Foro Rosa” – ya en foroactivo – a principios de 2011, antes de participar en la Guerra Florida de ese año. Hace algunos días le escribí un epílogo y entonces lo estoy subiendo nuevamente para publicarlo completo (incluyendo epílogo) en fanfiction.net, en donde una de las lectoras de esa página mencionó que había un fic muy, pero muy parecido en otra página. Incluso indicó que algunos diálogos eran idénticos, tanto que me preguntó si era yo la misma autora. Ese fic tan parecido es este tuyo que publicas aquí.

    Empecé a leer tu fic convencida de que sólo se trataba de una gran coincidencia, porque siempre he pensado que todas la escritoras de fics en este fandom partimos de unos personajes y un universo común, así que inevitablemente todas caeremos en situaciones/conflictos muy similares. Es decir, mi fic no es el primero que pone de rivales a Albert y a Terry, ni será el último. Sin embargo, a medida que leía tu fic me daba cuenta de que, efectivamente, había muchas situaciones y diálogos casi idénticos del mío, aunque afortunadamente también encontré que hay detalles completamente diferentes como el orden en que suceden las cosas, o que transcurran en otro lugar, personajes, etc…. No obstante, desde los primeros capítulos y conforme seguía avanzando en tu historia me encontré con demasiados diálogos y acontecimientos similares que ya no podían ser sólo casualidad. Pero seguí pensando que eran extraordinarias coincidencias… hasta que llegué a tu capítulo 12 y allí ni la mejor intención pudo convencerme de que eran una casualidad, sobre todo al final. También en algunos de los capítulos subsecuentes del 12, hay párrafos de mi obra que tú casi transcribiste con copy & paste. Como un ejemplo entre muchos, la forma en que Candy se da cuenta de que está enamorada de Terry es un calco casi palabra por palabra del final del Capítulo V de mi fic (o inicio del Capítulo VI, dependiendo de la versión). No me lo esperaba, y me dió mucha tristeza corroborarlo.

    Hasta allí dejé de leer y hasta al final sólo lo revisé. Sé que más adelante agregaste más problemas al encuentro de Candy y Terry, que cambiaste la historia de Albert, etc. Pero de todo esto, lo que realmente me interesa saber es si mencionaste en alguna parte de tu fic que habías tomado algunos párrafos y situaciones casi exactos (y otros sin el “casi”) del mío. Si lo mencionaste y no me dí cuenta, te ofrezco una disculpa sincera. Pero si no lo hiciste y sólo tomaste una parte de mi trabajo para exponerlo como tuyo, yo soy la que te pido que te disculpes conmigo y hagas la aclaración al principio de cada capítulo donde usas fragmentos de mi fanfic. Si no lo deseas, reescribe porfavor con tu prosa todos los párrafos que copiaste de la mía. Todas hacemos esto para divertirnos y por amor a los personajes de una historia tan bonita. No creo que sea necesario comportarnos entre nosotras con tal falta de ética.

    Un saludo.

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