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Aun en el tiempo y la distancia…, al final habremos de encontrarnos Capitulo 26

Capítulo 26

Nos hizo falta tiempo… tiempo por vivir

“Donde estés, creo que es justo que te enteres, que estoy bien, que sobrevivo que hasta me dejé la barba, pero sobretodo quiero que te enteres que a pesar de tus errores y los míos… aun te amo” 

 Las mañanas frescas y llenas de luz eran un espectáculo del que el patriarca de los Andley solía disfrutar ampliamente, el trinar de los pájaros y las gotas de rocío sobre la hierba le daban una sensación de tranquilidad que procuraba atesorar en su mente para poder sobrellevar las arduas jornadas de trabajo. Los negocios de la familia crecían constantemente y aunado a ellos, las responsabilidades y atenciones que cada uno merecía. En esos últimos meses, la vida de Albert se había vuelto predecible y monótona: llena de juntas y reuniones con inversionistas, socios o clientes. George se había convertido más en su verdugo que en su brazo derecho recordándole en todo momento los compromisos pendientes de atender.

Habían quedado atrás aquellos días en los que podía vagar libremente y sin preocupaciones por lugares lejanos y desconocidos, sus únicos momentos de felicidad eran esas mañanas de nubes ascendentes acompañadas por los tenues rayos del sol matutino. Por las noches después de relajarse solía tomar una copa en el balcón de su habitación mientras miraba a través de las luces de la ciudad como imaginando que tras esas luces artificiales estaban los bosques bañados por la luz de la luna y las estrellas que tantas veces admiró fascinado hasta quedarse dormido. En varias ocasiones se repetía a sí mismo que debía detener ese ritmo de vida, ¡tantos años había huido de una vida así!, que ahora estar envuelto en un mundo ajetreado y rutinario lo hacían sentirse preso de sí mismo, sin embargo, a raíz de lo que había pasado con Candy, los negocios de la familia eran la mejor excusa para mantener su tiempo ocupado.

Una mañana durante el desayuno Albert escuchaba poco interesado la complicada agenda del día mientras su mente se encontraba lejos…

–… estimo que durara dos horas la reunión, después de ahí, habrá una cena de negocios en casa del señor Merveux a las siete de la tarde…

– ¿Qué crees que haya sido de ella George?

– ¿Perdón señor?

– ¿Crees que lo haya encontrado y ahora estén juntos?

– ¿Se refiere usted a la señorita Candy? – A lo que Albert asintió con la cabeza. – No lo sé señor, pero es probable, recuerdo que ella siempre ha sido perseverante… porque si no fuera así creo que ya nos habríamos enterado, ¿no piensa lo mismo?

– Si te soy sincero no del todo, a veces siento que debería buscarla, porque tal vez eso esté esperando, pero yo mismo conozco la fuerza del amor que ellos sienten el uno por el otro…, créeme, es un sentimiento que no se puede ignorar tan fácilmente, así que eso me detiene y me hace mantenerme firme en mi decisión de dejarla libre, aunque he de confesarte que aun la extraño… todavía la amo.

– Es natural, después de todo, el tiempo que ha pasado ha sido breve en comparación con el tiempo que estuvieron juntos. Sin duda deben ser demasiados recuerdos. ¿Me permite hacerle una pregunta señor?

– Claro George.

– ¿Por qué no comienza a poner atención en otras jóvenes?, tal vez eso lo ayudaría a ir olvidando a la señorita Candy.

– Ya lo he pensado varias veces… pero para serte sincero, aun guardo una pequeña esperanza de que regrese a mi algún día.

– Si me permite decirlo señor, yo pienso de manera diferente – George no continuó, se quedó callado dejando a Albert intrigado, era la primera vez que se atrevía a opinar sobre la vida privada del señor Andley, se sentía obligado a decirle lo que pensaba al respecto porque apreciaba mucho a aquel joven, lo veía más como a un hijo que como a su patrón, sin embargo no quería hacerlo sentir mal con lo que pudiera decirle, así que prefirió mantenerse al margen, sin embargo  no esperó que Albert si estuviera muy interesado en saber lo que iba a decirle, quería escuchar la opinión de aquella persona en la que hace años había depositado toda su confianza y que sin duda lo entendía a la perfección.

– Continúa George, por favor.

– No tengo más que decir señor.

– George, te ruego que seas sincero conmigo y termines lo que ibas a decirme, me interesa mucho saber tu opinión, tal vez puedas ayudarme.

– Si usted lo desea se lo diré señor; yo conjugo con una frase que dice:

 “Si amas algo déjalo libre, si regresa a ti, es tuyo, pero si no regresa es que nunca lo fue”

 – Y a mi forma de ver, la señorita Candy siempre le ha pertenecido al señor Grandchester, así como el señor Grandchester le pertenece a ella desde siempre; porque no ha importado lo que pase o lo que se interponga, a pesar de darse la libertad de elegir, tarde o temprano sus caminos se vuelven a juntar, sus corazones se buscan el uno al otro y a pesar del paso del tiempo ese sentimiento no se debilita, sino por el contrario, se hace cada vez más fuerte… no importa cuántas veces se separen, siempre regresan el uno al otro. Le ruego señor que disculpe mi atrevimiento, pero eso es lo que pienso.-

Albert escuchó atentamente a George,  estaba muy de acuerdo con lo que le había dicho, porque al pensarlo fríamente no había importado cuantas veces fueran separados, Candy y Terry siempre se volvían a reunir, así había sido desde Londres. Sin embargo en el corazón no se manda y aunque el a pesar de que estimaba mucho a Terry el sentimiento de amor hacia Candy lo hacía ser egoísta y desear que tarde o temprano la bella rubia regresara a sus brazos.

– No tengo nada que disculpar George y agradezco mucho que me hayas dado tu opinión; tengo que reconocer que tienes mucha razón, porque a pesar de todo, entre nosotros nunca hubo una entrega tan plena y profunda como la que siempre ha habido entre ellos, eso es algo por lo que no pude evitar sentir celos de Terry, sin embargo, la esperanza es lo último que muere y aunque en silencio voy a mantener mi esperanza de que tal vez sea yo al que finalmente escoja algún día.

– Sinceramente, le deseo que así sea señor – respondió el fiel sirviente aunque ambos sabían que eso sería algo difícil de ver. Se hizo un silencio entre ambos caballeros por algunos minutos, George retomó su acostumbrada actitud y mirando el reloj se apresuró a decir a Albert.

– Señor, temo que se nos hará tarde para la reunión del consejo.

– Prepara el auto, en seguida nos vamos, y una vez más te agradezco mucho que me hayas expresado tu opinión.

– Estoy para servirle Señor William – George se aprestó a preparar el auto y los papeles que necesitarían para la reunión, Albert se mostró callado y pensativo durante el trayecto a la oficina mientras las palabras de George no dejaban de sonar en su mente:

“Si amas algo déjalo libre, si regresa a ti, es tuyo, pero si no regresa es que nunca lo fue”

Las reuniones de Albert seguían siempre la misma rutina: pláticas entre personas a las que solo les interesa el dinero y la buena posición. En otras ocasiones se adentraba en las negociaciones de una manera por demás apasionada, pero en otras – como en esta ocasión – su mente estaba muy lejos de concentrarse en los acuerdos que buscaban establecerse; afortunadamente en ocasiones así George salía al rescate interviniendo y cuestionando a Albert para que no fuera tan obvia su ausencia.

Después de la reunión ambos regresaron para cambiarse de ropa y alistarse para una cena en casa del principal socio de los Andley en ese momento. Albert no se mostraba muy emocionado con la reunión, pero George, recordándole que este tipo de eventos eran necesarios para las buenas relaciones entre el señor Merveux y la familia Andley logró convencerlo de que debía asistir.

 “Y afrontando el nuevo destino de verme sin ti me encuentro… preguntándome si serás feliz, ¿si todavía querrás saber de mí?”

 La casa del señor Merveux era sin duda una de las más lujosas y suntuosas de todo Vancouver, el camino de entrada a la casa estaba iluminado con faroles que brindaban una luz tenue y delicada a las estatuas de mármol que estaban en el lugar. Poco a poco iban llegando los muchos invitados a la velada; Albert y George llegaron y después de saludar al sr. Merveux se quedaron en el gran salón donde George le recordaba rápidamente los nombres de las personas que se acercaba a saludar al rubio magnate, Albert no podía pensar demasiado en las frases triviales y frívolas que los presentes le dirigían, elogiando lo bien que un joven como el se había desempeñado en aquel mundo de los negocios y sobre todo  por haber logrado obtener una alianza por demás estratégica con el Sr. Merveux;  – ¡sin duda un negocio perfecto!  – es lo que todos solían decir.

Las damas que asistían a esas reuniones por otro lado, solo se interesaban en conocer a Albert y algunas más a presentarlo con sus hijas con la esperanza de que alguna fuera del interés del acaudalado joven, sin embargo, ninguna lograba captar la atención del joven… ninguna era como ella.

Después de un rato de charlas triviales de negocios y protocolo, Albert encontró una puerta que conducía hacia el amplio jardín de aquella mansión, se sintió contento de haber logrado escabullirse del bullicio que había en aquel gran salón, necesitaba respirar un poco y alejarse aunque solo fuera por un momento de aquel alboroto, sin duda, eso era algo a lo que nunca había podido acostumbrarse. Salió hacia un gran jardín y mientras se adentraba en el, iba observando como la luz de la luna y las tenues luces del lugar daban una sensación de estar en un lugar lejano del bullicio, lleno de tranquilidad…

La luz de la luna bañaba las copas de los árboles, mientras un resplandor plateado cubría el amplio césped, Albert se detuvo y respiró profundamente tratando de poner su mente en blanco por un momento en aquel agradable lugar, caminó hasta toparse con una fuente que se encontraba cerca de una banca, sintiéndose atraído, por el agua cristalina se lavó la cara y se sentó. Las gotas de agua que quedaron sobre su rostro corrían por sus facciones, lo cual le produjo una sensación de tranquilidad. Cerró los ojos y comenzó a pensar en todo lo que había sucedido hasta entonces…

– ¿Cómo fue que permití que George me trajera aquí? Me siento tan agobiado entre tanta gente que pareciera que me asfixio. Siempre me han gustado más los lugares abiertos y tranquilos… Y pensar que tengo que regresar ahí… Lo mejor será que ya me retire… ¡cómo desearía dar un paseo por algún bosque! –

Albert se levantó decidido a retirarse de aquel lugar, haría uso de la fama que tenia de asistir poco a las reuniones y se iría, aun y cuando la reprimenda por parte de George fuera algo inevitable durante el camino de regreso.

Albert dirigió sus pasos por el camino donde había entrado a topar se con la fuente, seguía meditabundo, cuando de pronto la carrera de una pequeña ardilla interrumpió sus pensamientos al toparse con su pierna. Este rio para sus adentros mientras se agachó suavemente para tocar a la pequeña y cerciorarse de que no se habría hecho ningún daño, el estaba acostumbrado a tratar con toda clase de animales, tenía ese don con el cual había tenido muchos momentos agradables y felices a lo largo de su vida… después de levantar al aturdido animalito y acariciar tiernamente su cabeza lo dejó junto a la rama de un árbol sin advertir que había alguien más observando aquel dulce momento.

– Debe saber mucho de animales para haber podido atraparla, siempre ha sido muy escurridiza…

Albert giró la cabeza al escuchar estas palabras y vio a una joven sentada a los pies de un árbol, se veía que la chica llevaba largo tiempo ahí, su cabello castaño y oscuro se dejaba caer entre sus hombros, mientras que sus ojos pequeños miraban al joven sin perderlo de vista.

– Digamos que he convivido con ellos y por eso me gustan – respondió Albert mientras se acercaba un poco más a la misteriosa chica.

– A mí también me gustan, aunque la verdad no es fácil que se acerquen a mi… tal vez sea porque creo que me tienen miedo.

– No diga eso, en general son muy buenos y nobles, lo más probable es que haya algo más que los asuste.

– ja,ja,ja – rió divertida la joven, al momento que iba incorporándose – es cierto, tal vez debo buscar entonces que es lo que los asusta –

La luz de la luna se reflejaba en su rostro, sus facciones bien definidas y su delgado cuerpo.

-Creo que es muy difícil convencer a un animalito que confíe en una persona, aunque pensándolo bien, igual pasa con los humanos…

-jajaja…-rio Albert al escuchar el razonamiento de la joven –  es verdad,  supongo que sin pensarlo nos parecemos a los animales más de lo que creemos…

-ji,ji,ji… Es cierto, – rió la joven – le ofrezco una disculpa por mis comentarios monsieur, siempre me reprenden porque hablo de más.

– No tiene por que disculparse mademoiselle, a mi no me parece que usted hable de mas, simplemente le gusta expresar su opinión, eso no tiene nada de malo.

– Bueno, usted piensa así, pero la gran mayoría de los varones no les gusta escuchar la opinión de una mujer. Incluso mi padre me dice que no debo de meter mis narices en asuntos u opiniones masculinas. Pero es difícil evitarlo sobre todo si me percato que están mal.

– Pues no estoy de acuerdo, – dijo Albert en un tono más serio al escuchar a la joven – que mal hacen al reprimir su opinión, siempre hay que estar abierto a escuchar nuevas opiniones… pero creo que eso es parte de vivir en una sociedad aristocrática como la nuestra.

– Entonces, ¿usted dice que a pesar de todo, por el solo hecho de ser mujeres, tenemos que aguantarnos y reprimirnos, si queremos seguir siendo parte de la aristocracia? ¿Qué no se puede cambiar?

– No, eso no. Pero pienso que debe ser más sencillo…

– Si, sin duda es más sencillo acatar órdenes que llevar a cabo lo que uno cree que es correcto o lo que es mejor – respondió la joven con las mejillas enrojecidas al escuchar al apuesto rubio – pero al final, una se queda igual, callada y aguantando las opiniones retrogradas del pensamiento masculino aun y cuando nos disguste.

Albert se sorprendió mucho al ver el cambio de la joven, le sorprendía encontrar a alguien tan vivaz, alguien que estaba dispuesta a defender lo que pensaba, pero que estaba muy lejos de poder ser apoyada en un entorno tan cerrado a las opiniones y sobre todo si estas provenían de una mujer.

– Me disculpo nuevamente por mis imprudencias, y me retiro monsieur. – acertó a decir la joven decidida a marcharse después de haber escuchado aquella opinión.

-Mademoiselle, ¿acaso la he molestado con alguna de mis opiniones?

– Lo que me molesta es que al final, usted también prefiere acatar la opinión general en vez de defender la propia, por un momento me hizo pensar que tal vez usted seria de esas pocas personas que luchan por lo que quieren al escuchar tan seriamente mi opinión y no reírse o callarme, como hacen la mayoría de las personas, pero creo que me precipite al pensarlo. Tal vez me emocionó un poco el hecho de pensar que si podía entender a un animalito que no puede opinar nada, tal vez podría entender mi forma de pensar, pero veo que me equivoqué. ¡Buenas noches monsieur! – exclamó la bella joven mientras se retiraba de aquel lugar dejando a Albert pasmado y sin terminar de entender lo que acababa de escuchar. –

La joven se perdió entre los arbustos mientras que Albert caminó lentamente hacia el gran salón. Se quedó entre la multitud junto a George platicando pero sin prestar demasiada atención a lo que le decían. George no pasó inadvertida esta actitud en el joven rubio, lo conocía demasiado bien como para no saber que su mente estaba lejos de adentrarse en los comentarios que le hacían, por lo que saco de su bolsa su reloj de bolsillo y dijo:

– Me parece que si el señor desea que nos retiremos ya, este sería el momento preciso para hacerlo.-

-Sí, estoy de acuerdo – respondió Albert-

Ambos se dirigieron a donde estaba el señor Merveux para despedirse.

– ¿Tan pronto se va? -comentó el robusto caballero.

– Así es, le ruego me disculpe -dijo Albert- pero el día de mañana tengo actividades que requieren nuevamente de mi completa atención. Por lo que creo es mejor descansar bien esta noche.

– Negocios son negocios – aseveró el hombre al escuchar al joven – solo lamento no haber podido presentarle a mis hijas, pero ya será en otra ocasión.

– Por supuesto – contesto Albert, sin duda será un honor. Le agradezco sus atenciones. Buenas noches.

– Buenas noches señor Andley.

Ambos caballeros se despidieron. Durante el trayecto de regreso a su mansión, Albert iba tratando de asimilar lo que había pasado esa noche, no solo en la reunión, sino lo que había pasado en el jardín.

– ¿Se encuentra usted bien señor?- pregunto George al ver tan distraído a su patrón.

– Si George, estoy bien, es solo que vengo pensando en muchas cosas que pasaron hoy, no te preocupes. ¿Cuál es el itinerario de mañana?

– Me he tomado el atrevimiento de cancelar las dos reuniones que tenía para mañana señor, contesto George – discúlpeme por atreverme a tanto, pero creo que le es muy necesario un día sin atender reuniones largas y pesadas, sobre todo considerando que aún faltan algunos días para el descanso del día domingo.

– Creo que si a alguien me costaría trabajo engañar es a ti, me conoces demasiado bien – comentó Albert riendo para sus adentros.

– No diga eso señor.

– ¿Por qué no he de decirlo si es la verdad? – Replicó Albert  –  guardo silencio por un momento y mirando a aquel hombre serio que iba a su lado le dijo:

– Gracias George.

– No tiene nada que agradecer señor, – contestó el fiel sirviente – pero debe prometer que…

– Prometo solemnemente  dedicarme más a mis deberes – respondió Albert como si se tratara de un niño después de una reprimenda de su padre.

– Ja,ja,ja…

– Ja,ja,ja…

El resto del camino transcurrió en silencio. Al llegar a la residencia ambos caballeros se retiraron a sus aposentos. Después de ponerse ropa más cómoda Albert abrió el ventanal y se sentó en un sillón para contemplar la noche. Mientras

bebía una copa de vino, su mente divagaba entre muchas cosas: todo lo de la reunión de la mañana, la cena, el centenar de personas que había conocido ahí y que difícilmente recordaría… Pero sobre todo a aquella señorita del jardín… parecía tan delicada, y sin embargo tenía ese carácter tan fuerte. ¿Cómo era posible que alguien pudiera no prestarle atención a su opinión? Pensándolo bien, hasta el no la tomó tan en serio… Tal vez eso fue lo que hizo que se disgustara…

Definitivamente esa no había sido su intención, Pero lo que nunca imaginó, es que existiera alguien con un fuego en la mirada equiparable solo con el de ella. Esa determinación la había visto pocas veces en su vida, y sobre todo en una mujer…

– ¿Qué estarás haciendo en este momento pequeña?, ¿han pasado ya tantos meses y sin embargo aún recuerdo esa fría mañana que salí de Edimburgo…¿Lo habrás encontrado ya? Seguramente… pero… ¿Estarán juntos? Te habrás olvidado ya de mi Candy?… No, no puede ser, es demasiado pronto… Sé que el tiempo ha pasado, pero no creo que me hayas olvidado tan fácil… no eres tan frívola como para hacerlo… No, eso no he de creerlo…

¡Cuántas veces me imagine estar contigo en las noches!, acariciar tu rostro, tu cabello mientras esos hermosos ojos verdes me mirarían a mí… ¡A mí! Sin embargo, cuantas veces también no pensé en qué tan sincera serias en tus sentimientos…

Ha sido muy difícil darme cuenta que en el fondo jamás dejaste de amarlo, Por el contrario, ese sentimiento fue haciéndose cada vez más fuerte… tal vez ni tú misma te diste cuenta… Bastó verlo de nuevo para que ese fuego se volviera a encender más fuerte que nunca… Fue tan fuerte que me hizo retirarme… Pero… Je,je,je… Creo que si lo pienso bien, yo también dejé que eso pasara…

– ¿Cómo oponerme a Terry si siempre lo he considerado como un hermano para mí?, ¡dos hermanos peleando por la misma mujer!… Tal vez ese sea el problema, que al final según yo hice lo correcto, pero en realidad solo hice lo que supuse que estaba bien, no lo que yo realmente quería… en el fondo creo que me parezco bastante a él…

¿Hubiera podido obligarte? Seguramente, pero yo siempre deseé que me quisieras a mí por mí… ahora que lo pienso, es gracioso que nunca he podido acercarme totalmente a ti… Yo fui a quien viste en la colina y sin embargo te enamoraste de Anthony, yo fui el de la idea de llevarte a Inglaterra para que pudieras olvidar, y fue ahí donde conociste y te enamoraste de Terry… Ja,ja,ja… ¡Creo que mis planes siempre me resultan al revés! –

Albert se fue quedando profundamente dormido mientras una suave brisa nocturna hacía que sus pensamientos volaran hacia donde la bella rubia se encontraba sumida en lo profundo de sus sueños…

CONTINUARÁ…

 

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11 comments

  1. ohh muy lindo pero ojala Terry y Candy se encuentren pronto

  2. Lindo.el.cap,ya.que.Albert
    tiene.derecho.a.ser.feliz.tambien.
    Y.creo.saber.con.quien,jj
    la.chica.del.jardin,hija.del.sr.Merveux.

    Bueno.a.esperar.con.ansias.el.reencuentro
    de
    Candy.y.Terry.

  3. Hola Sakura:
    Pues no sabiamos nada de Albert!!!ojala el reencuentro se aproxime!!!espero que sea en el proximo capitulo!!!gracias por no tardar tanto en actualizar,un abrazo y esperamos en sig.

  4. si muy lindo capitulo aunque pareciera que eso de aun el tiempo y la distancia al final habremos de contrarnos va mejor para Alberth y Candy pero como va esta superrrr felisidades.

  5. espero que siempre me tengan informada de todo de candy y me gustaría mucho que da sacaran más de candy y que encuntre ese amor que tiene de terry y que publicaran as de esto si se puede.

  6. Hola Sakura!!! ESTUPENDO CAPITULO!!! un poquito mas de la vida de Albert xq ya no sabiamos nada de el y esa chica por algo entra a escena verdad? y ahora que pasara con Candy y Terry? la otra niña niña volvera ala vida de Terry? esta es mi historia favorita Sakura xfa no tardes tanto en subir el prox. capitulo, saludos desde Nayarit!! y aqui andare esperando la continuacion, sigue asi vas excelente xq no distorcionaste nada de la historia real, me fascina tu historia.

  7. hola sakura,lindo cap y como dicen las otras chicas ya era tiempo de que apareciera albert, ojala pueda enamorarse de esa chica que conocio en el jardin, pero no te olvides del reencuentro entre candy y terry es lo que mas ansiamo ya no le des tanta largas a ese reencuentro.ahora a esperar el proximo cap.cuidate se te quiere-

  8. me gusta mucho pero me hubiera gustado mucho ke candy se kedara kn terry son el uno para el otro

  9. es el mejor trabajo mil gracias por no romperme el corazon deseo tanto que terminen juntos estare esperando los sig. cap.

  10. Sakura, hola!!! tu capitulo fue excelente pero ahora me muero por saber que pasara y espero con emocion el siguiente capitulo porfa no tardes!!!!

  11. esta lindo este capitulo porque mi albert merece ser feliz gracias y terry y candy tambien porfa no tardes mucho con la continuacion

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